«Si pudiera olvidar
Todo aquello que fui
Si pudiera borrar
Todo lo que yo vi
No dudaría
No dudaría en volver a
reir…».
Antonio
Flores.
Todo en esta película es
hipérbolico, un exceso precioso. Emocionante, llena de ternura y de historia. Igual
que es hiperbólica la inteligencia de Alba Flores para plantearse realizar este
documental. Según he podido leer en
alguna entrevista, ella se sentía enfadada con su padre y, en un momento dado, tuvo
la necesidad de saber más de todas aquellas cincunstancias que rodearon su
muerte.
Cuando Alba investiga, ¿qué
sale a la luz?
Que la familia Flores es una
piña. Una familia en la que rebosa el amor sincero, espontáneo y generoso. Y no
solo entre ellos, salta a la vista que sus amigos y allegados sienten ese mismo
afecto y son correspondidos. Te entran ganas de que te adopten.
Que durante muchos años, desde
la muerte de Antonio, han vivido tras un velo de silencio. Por respeto al dolor
de los demás nadie hablaba del tema. No se detecta ninguna intención de
ocultar, solo el propósito de no ocasionar más dolor enredando en heridas
todavía abiertas.
Que son una gente que, además
de saber querer, saben vivir la vida exprimiendo la alegría. Con visión de
futuro, pero sobre todo con visión de presente. Hedonistas con los pies en la
tierra.
Que siguen guardando cariño y
respeto a la matriarca del Clan, La Faraona, a la que ellos llaman
cariñosamente «Ole Ole», el apodo que le puso precisamente su nieta Alba. Resulta
sorprendente como se han metido en el bolsillo al público tantas generaciones. Lola
Flores era una estrella incontestable, muy relacionada con el poder en el
franquismo, y es curioso ver como sus hijos y nietos han evolucionado y no se
les relaciona para nada con esa etapa tan terrible. Algo habrán hecho bien.
Que la madre de Alba Flores y
mujer de Antonio, Ana Villa, merece una mención aparte. Alba ha tenido la mala
suerte de crecer sin padre, pero la madre que le ha tocado vale por diez. Todas
sus intervenciones son dignas de admirar. Chapeau.
Que los veinteañeros de los
ochenta y noventa fueron una generación baqueteada por la heroína. Jóvenes de
todas las extracciones sociales sucumbieron a la adicción del caballo
arruinando a sus familias económica y emocionalmente, y destruyendo sus propias
vidas. Si no habéis visto la serie «Fariña», os aconsejo vivamente que lo
hagáis. Además de ser estupenda, ilustra también esa etapa, que, por cierto, se
está replicando en nuestros días con las apuestas deportivas y on line.
Que Antonio Flores fue un gran
músico y compositor. Un artista sensible, sin duda, innovador y con voz propia,
mucho más allá de ser el hijo de Lola Flores. El documental muestra documentos
gráficos impagables de actuaciones antiguas de Antonio, Lolita y Rosario de
jovencillos que animan a pensar «qué bien han evolucionado».
La guinda del documental son
las imágenes del concierto «Arriba los corazones», que se celebró en 2023 en el
Palacio Vistalegre de Madrid, en donde
un cartel de lujo —Antonio Carmona, Sole Giménez, Miguel Ríos, David Summers,
Melendi, Victor Manuel, Rozalen, …, y, por supuesto, sus hemanas Lolita y
Rosario —homenajeó al artista
ante unas ocho mil personas.
¡Que lo repitan, por favor!
Almudena Fernández Ostolaza
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