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viernes, 21 de febrero de 2020

El crimen de la calle de Bordadores, 1946

Mi primera contribución en este maravilloso blog fue hace nueve años. ¡Cómo pasa el tiempo! Dediqué mi primer post a un simpático director de cine llamado Edgar Neville que es el autor de una de mis películas favoritas: “El crimen de la calle de Bordadores”. Creo que esta peli se merece un post y que a la gente joven, y no tan joven, se le debiera enseñar el buen oficio que tenían los actores de otras épocas. Esta obra, tanto Mary Delgado como Julia Lajos como Manuel Luna, quizá fueran demasiado actores de teatro pero quizá por ello, también, declamaban con una dicción impecable.


El crimen de la calle de Bordadores es una película de 1946, de suspense, ya que, como anuncia el título, hay un crimen. Un asesinato que fue real: El crimen de la calle de Fuencarral, una historia de finales de siglo XIX que cuenta cómo una criada mató a su señora, cosa que si sois amantes de la serie negra de televisión "la huella del crimen" hallaréis un capítulo protagonizado por Carmen Maura, pero volvamos a la peli de hoy. Neville aprovechó aquella vieja historia para recrear todo un relato bien equilibrado con sus escenas dramáticas, sus golpes de humor, sus escenas de suspense y hasta sus números musicales que convierten esta cinta en una obra deliciosa.

Guardias, sereno y el vecino Matías buscando al asesino debajo de la cama
Sinopsis
Un Madrid castizo de finales del siglo XIX, con sus chulapas, sus vividores, sus burguesas empingorotadas, sus guardias con bigotazos, sus serenos gallegos y sus vecinos de abundantes y pilosas patillas. El Madrid de los cafés, las zarzuelas y las fiestas en la Bombilla. En este Madrid tan bien ambientado vive doña Mariana (Julia Lajos), una mujer de vida acomodada a la que Miguel (Manuel Luna), un embaucador, le hace la corte.  En este Madrid tan pintoresco también se pasea despachando lotería Lola, la billetera (Mary Delgado) una joven huérfana, pobre, pero honrada. Lola es una gata (madrileña castiza) que sabe sacar las uñas.
El vividor y la cursi acomodada.
Mujeres celosas, hombres embaucadores, jóvenes inocentes y criadas justicieras. Un crimen para salvar a una inocente de un mal destino. 
Petra, criada para todo y sospechosa honorable (Antonia Plana, actriz de teatro)
Cuadro artístico:
Como decía en la introducción, si hay algo que hace maravillosa la película es el trabajo de sus actores. Todos ellos, veteranos del teatro, como solía estilarse en la época. Antes de que existieran los Goya de la academia de las artes y las ciencias cinematográficas, el círculo de escritores cinematográficos solía, y aún suele, dar medallas en varias categorías de las artes, incluidas, como no, las cinematográficas. En el año  de filmación de el crimen de la calle de Bordadores, el mejor director y la mejor película  se las llevaron Juan de Orduña con  su "Un drama nuevo". Sin embargo, la película de Neville se alzó con los triunfos absolutos de la mejor actriz protagonista: Mary Delgado y la mejor actriz  de reparto, Antonia Plana, que hace de la criada sospechosa del crimen.

Careo en el juicio entre Lola la billetera y don Matías.
No fueron premiados ni Julia Lajos ni Manuel Luna, que conforman el cuarteto de actores importantes en la historia, pero disfrutamos de sus interpretaciones así como las de José Franco que hace un cómico personaje llamado don Matías o un pequeño papelillo patibulario llevado a cabo por Julia Caba Alba, matriarca de una excelente familia de actores.

Si tenéis oportunidad de ver esta maravillosa cinta, no os la perdáis.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Edgar Neville, el seductor tras la cámara de cine.

Para comenzar mi debut en este blog tan jugoso, intentando dejar un buen sabor de boca, quisiera dar unas pinceladas sobre la vida y obra de un director de cine poco recordado, pero de gran valor constructivo. Puede decirse que Edgar Neville fue un apasionado del séptimo arte que tuvo la feliz suerte de poder sumergirse en él. Conoció el cine hollywoodiense y el carpetovetónico, y, como parte vencedora de la guerra fratricida, tuvo la gran fortuna de no tener que preocuparse de depuraciones ni censuras férreas. Neville fue un fantástico cineasta que filmó algunas de las películas más alegres y entretenidas del cine español.


Sucintos aspectos biológicos.

Edgar Neville nació en las postrimerías del siglo XIX, hijo de un ingeniero británico y la condesa de Berlanga. Vamos, que fue un nene de la aristocracia que pudo estudiar en colegios de pago y sacarse una carrera, la de derecho, por la que no sentía demasiada pasión. Estaba enormemente atraído por el mundo del espectáculo. Tanto es así que a los 18 años estrenó en un escenario madrileño el vaudeville la vía láctea, protagonizada por la famosa Chelito. Neville era un tipo alto y guapo, educado y de familia bien. Lo tenía todo para triunfar. Le gustaba mucho escribir, y además, con un alegre toque humorista. Perteneció a  “la otra generación del 27”, esa que no estaba formada por poetas petulantes y dramaturgos comprometidos, sino ese grupo de escritores humoristas geniales como Jardiel Poncela, Tono, Álvaro de Laiglesia, Mihura….

De muy joven entró a formar parte del cuerpo diplomático español, lo que le llevó a los EEUU, donde trabó larga y profunda amistad con Charlie Chaplin,  Douglas Fairbanks, jr., Gloria Swanson, etc, etc. Chaplin, incluso, consiguió que hiciera de figurante en Luces de la ciudad.  Eran los albores del cine sonoro, y por aquél entonces, al no haber doblaje, se hacían versiones al natural de los rodajes en otros idiomas. El español tenía su público y Neville comenzó a escribir las versiones  castellanas, atrayendo a sus colegas de la “otra del 27”. Los estudios hollywoodienses contrataron a Neville, Tono y Jardiel Poncela o Luis Buñuel como guionistas. Fueron años de aprendizaje y de prosperidad.

 Edgar y el amigo Charlie

En los años 30 escribe  versiones hispanohablantes de filmes como El presidio; en cada puerto, un amor;  la fruta amarga (Todas ellas dificiles de encontrar)…. En España pone a punto  Yo quiero que me lleven a Hollywood, donde sale hasta el famoso barman Perico Chicote, y la que puede considerarse su primer film en serio que es una adaptación de la obra de Wenceslao Fernández Flórez, el malvado Carabel, protagonizado por Antoñita Colomé y Antonio Vico. Un año después filma La señorita de Trevélez, basada en la famosa obra teatral de Arniches, historia que veinte años después rescatara Juan Antonio Bardem para hacer la mítica Calle Mayor.

Al poco, la guerra, que todo lo pudre, hizo posicionarse a Neville, que, sin pensarlo, se pasó al bando nacional. Durante la confrontación bélica, Neville filmó varios documentales propagandísticos sobre el frente.
Cuando la guerra acabó y con ello, el mundo del cine español tuvo que decidirse a mostrar afecto al régimen o a pillar un barco hacia América, Neville firmó sus mejores obras, aunque acertó a mantenerse alejado del boom de las películas “reeducativas” sobre la historia de España y los últimos acontecimientos, y de las películas folklóricas que ensalzaban una alegría patria que hacía tiempo que se había esfumado. Neville, dueño de unos gustos bien diferentes, y deseoso de contar historias alejadas de la moñez impuesta por los vencedores, esperó su turno dejando que otros directores como Sáenz de Heredia, Juan de Orduña o Rafael Gil coparan las salas.  Mientras se dedicó a hacer versiones españolas de películas fascistas italianas.

Neville en pleno "fregao".

Sus obras más logradas.
De vuelta de una Roma a punto de convertirse en la ciudad abierta y rota, que filmara Rossellini, Neville filma en 1944 su primera obra maestra: La torre de los siete jorobados. Una película basada en un libro de Emilio Carrère donde un pobre joven (Antonio Casal) se adentra en una increíble aventura de la mano de un fantasmagórico personaje, fiel reflejo del estilo expresionista alemán, y por él descubre una ciudad subterránea habitada por hombres jorobados que esperan dominar el mundo. Una historia realmente poco dada en el cine español de los años 40.

El fantasma expresionista que se aparece al prota ¿A que da miedo?


Al año siguiente, y entre cloaboraciones en la revista de humor la ametralladora, rebautizada, la codorniz,  filma  dos trabajos: Domingo de carnaval. Un crimen acontecido durante sus adorados días de mascarada protagonizada por un jovencísimo Fernando Fernán Gómez, inspector de policía; y La vida en un hilo, una impecable historia protagonizada por Conchita Montes, su compañera y Julia Lajos, que son  fortuitas compañeras de viaje. La primera acaba de quedar viuda de un marido soso y abúlico y la segunda es una reputada mentalista que le cuenta lo que hubiera sido su vida si hubiera elegido otro camino en un determinado punto de su vida anterior, cuando en vez de conocer al ingeniero aburreovejas de Guillermo Marín, hubiera conocido al encantador y divertido escultor interpretado por Rafael Durán. Una película encantadora, que recuerda tanto al film encabezado por Gwyneth Paltrow, dos vidas en un instante (1998) que da por creer que la de Neville no fuera fuente de inspiración. Lo que se sabe es que la pelicula Una mujer bajo la lluvia (1992) es la copia exacta de la de Neville, protagonizada por Ángela Molina, Imanol Arias y Antonio Banderas.

 El cartel no le hace justicia
En 1946 filma una verdadera joyita poco conocida por el público en general. El  crimen de la calle de Bordadores es un auténtico bombón de celuloide. Una historia magnética, con su toque castizo de los Madriles decimonónicos, su momento flamenco, que tanto pirraba a Neville, su picardía con Mary Delgado ¡contando! un strip tease ante el tribunal babeante que la juzga y su momento de serial lacrimógeno tan del gusto de la época.

Esta película es un bomboncito.

A partir de este film, Neville se mueve entre una filmografía menos interesante, donde se cuentan: El último caballo, la ironía del dinero, nada, basada en la flamante novela homónima ganadora del primer Nadal, y adaptada a guión por su compañera de la vida y protagonistade la obra, Conchita Montes, (famosa, entre otras cosas, por haber inventado el Damero Maldito de los crucigramas), y el baile, adaptación cinematográfica de su exitosa obra teatral y su última película: Mi calle, que es, además, todo un compendio de las ideas y la posición social del propio Neville, ya que en ella se trata de la historia de los vecinos de una calle desde finales de siglo XIX hasta el año 60, que es cuando se rodó, en el que narra actitudes, ideas, e historias propias de su generación.
Este es un más que sucinto paseo por la vida y obra de un gran director de cine que, a pesar de pertenecer a la época del blanco y negro y al rudimento de los efectos especiales, fue capaz de filmar obras de un nivel y pulcritud intachables. Lástima que no sea bien recordado como referente del cine español, y del buen humor, de los 40 y 50, que lo fue.

Juli Gan.