Mostrando entradas con la etiqueta cine de los 70. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine de los 70. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de marzo de 2025

La tapadera (1976)

 Hoy no voy a hablaros de La tapadera de 1993, la que dirigió Sydney Pollack, sino de otra tapadera algo anterior, dirigida por Martin Ritt, antiguo represaliado por el comité de actividades antiamericanas que tanto daño hizo. Ambas pelis llevaron el mismo título en España, pero la protagonizada por Tom Cruise se llamó en inglés "The firm" (Algo así como la empresa queriendo definir al bufete de abogados), la protagonizada por Woody Allen se tituló "The Front", que quizá sí fuera una traducción algo más ajustada.


Aunque al protagonista lo encarna Woody Allen no es una peli dirigida por él. Esta es una de las pocas veces en que Allen no ha actuado en una peli que no fuera suya. Su personaje se llama Howard Prince y es un tipo algo buscavidas que sobrevive como cajero en un bar. Se dedica a apostar y a dar sablazos a su hermano. Howard tiene un  buen amigo que es un brillante guionista. El guionista es bastante famoso, se llama Alfred Miller y tiene éxito. Lo malo es que estamos en la mojigata Norteamérica de los años 50. Durante aquella época gazmoña hubo un senador de apellido McCarthy que se dedicó a enarbolar una caza de brujas sobre cualquier persona que oliera a progresismo sin ser necesariamente comunista. 

Alfred, el escritor y su amigo Howard, la tapadera.

Como suele ser habitual, en las profesiones artísticas suele darse con frecuencia una sensibilidad palpable del sentido crítico  y eso, en aquella época, y, por desgracia en la nuestra aunque aún no hayamos tocado fondo, significó que gente reaccionaria e hipócrita por lo muy cristiana, pero sin los valores propios, se dedicara la vida a amargar la misma a tantos artistas. El comité de actividades antiamericanas, nombre pomposo donde los haya, prohibió a miles de personas poder ganarse la vida. Hasta en pelis de la época franquista como en Bienvenido, mr. Marshall, queda retratado este comité, concretamente en el sueño agitado del señor cura. La censura era un mal que está de vuelta. Aprovecho para hacer un guiño a pelis que tratan el tema como "Buenas noches, y buena suerte".

Heckie Brown (Zero Mostel) actor que lo tuvo todo y que está en horas muy bajas.

Volviendo a la historia de Howard Prince, éste acuerda con su amigo, el escritor Miller, hacerse pasar por autor de los guiones del segundo, para poder comer los dos. Y Prince, que ve el negocio, empieza a sumar guionistas censurados para ir viviendo bien como un gran escritor aunque no sepa ni escribir la lista de la compra.

El impostor se despide de su chica hacia un sombrío destino.

El impostor va subiendo hasta que la situación se hace insostenible. El asco a la delación y el tener miedo a todo se plasman en el papel del actor célebre que un buen día deja de tener las puertas abiertas de todas partes. Quizá las escenas de Hecky Brown (Zero Mostel, otro actor que estuvo en la lista negra) sean de lo más logrado de esta peli.

Hacía mucho que no volvía a ver esta peli tan cargada de ironía y, tal y como está el patio, me da bastante angustia que este clima de puritanismo rancio, miedo y delaciones vuelva a ponerse de moda. A modo de curiosidad, los títulos de crédito del final empiezan desde el director, el guionista y algunos actores indicando el año en que fueron incluidos en la lista negra del comité de actividades antiamericanas. 


Saludos y parabienes,

Juli Gan.

viernes, 21 de abril de 2023

Siete días de enero, una peli de la transición.

 Desde que hay redes sociales la gente hace ránkings: Las mejores ciudades que visitar, los platos más populares, las pelis más famosas sobre un tema....Pero no siempre se acierta. A veces, incluso, se omite, más por desconocimiento que por otra cosa, citar elementos de esos rankings que deberían ser fundamentales. Estaréis preguntándoos de qué os hablo. Allá voy: Hace unas semanas, un medio de comunicación on line hizo un ránking titulado "10 películas para conocer a transición". No sé si el ranking lo ha hecho el biznieto de Antonio Alcántara, el del "cuéntame", lo digo por lo desinformada que es su lista de pelis, porque la verdad es que yo habría metido unas cuantas( El puente, la fuga de Segovia, el caso Almería...), pero sobre todo porque eché a faltar una fundamental: "siete días de enero" de Juan Antonio Bardem.

El "España se rompe".


En este momento de nuestras vidas en el que hay tanto revisionismo y tanto interés por colarnos fakes news (AKA trolas en los medios) con el fin de hacer germinar ese mismo revisionismo para cultivar el voto verde que pretende crecer cara al sol, quizá fuera bueno que alguien se acordara de emitir esta peli sobre la transición y cómo jodía a quienes se creían (Y se creen) dueños del cortijo ver perder su poder amasado  a base de rellenar cunetas para que lo acabaran detentando aquellos a los que reprimían con saña y despreciaban con odio furibundo.

Asalto al despacho de abogados de Atocha

Esta recomendable cinta parte del lamentable hecho real que fue el asesinato de los abogados laboralistas de la calle Atocha a manos de unos pistoleros de extrema derecha. Bardem escenifica una narración ficticia alrededor de unos hechos reales. Hasta es real uno de los personajes: El abogado Joaquín Navarro, que sale interpretándose a sí mismo. Aquél enero de 1977, apenas catorce meses después de la muerte del dictador, bajo un gobierno preconstitucional de Suárez en una época convulsa llena de huelgas y algaradas callejeras, algunos ultraderechistas se resisten a ver perder el poder que tenían.

Las modas vuelven, por desgracia.

La peli se centra en la historia personal (Ficción, claro) de un niño pijo de familia fascista, de esos que se disfrazan de azul con gomina en el pelo y gafas Rayban para sus algaradas. Y de cómo se les insta a actuar por "patrioterismo". Lo malo que la tal actuación es el asesinato a tiros de unos abogados de ideas intolerables (para ellos) y de cómo, oh vaya, por dios, luego de esa "hazaña", ningún superior quiere tomar la responsabilidad que les toca.

El abogado Joaquín Navarro actor en la peli de su propio personaje real.

La peli que se rodó muy poco tiempo después, ya que se estrenó en 1979, sufrió, como no puede ser de otra manera, las amenazas de esos mismos grupos a los que retrata empuñando armas de fuego. Mezcla con naturalidad la historia dramática de sus personajes con imágenes tomadas de la realidad como las carreras delante de los grises o las escenas finales donde se muestra la ingente congregación de ciudadanía al paso de la comitiva fúnebre de los abogados de Atocha. 

Imágenes reales de los funerales de los abogados.

"Siete días de enero" no sólo no debería quedar olvidada de esos rankings de pelis que explican la transición, a no ser que se sea fan de los documentales escorados a la derecha de Victoria Prego, sino que deberían volver a exhibirse en cine o cualquier plataforma para que la gente deje de creerse las trolas de los hijos y nietos de esos pistoleros retratados en la cinta. 

Juli Gan

sábado, 18 de junio de 2022

El Rocío, documental maldito (1980)

 Hace ya varios años que vi este impactante documental acerca del fenómeno de la romería de la virgen del Rocío (Huelva) En él se da un repaso histórico y antropológico de cómo se ha llegado a ese álgido punto de fervor religioso popular. Sin embargo, aunque el documental, que costó mucho trabajo filmar y editar, es didáctico y brillante, se convirtió en maldito.

Durante una hora larga sus autores se dedican a explicar el devenir de esta tradición y, para ello se remontan hasta que la iglesia se conforma en la vieja Hispania romana. Histórica y antropológicamente bien documentada, explica cómo el alto clero y la nobleza al alimón con la rica burguesía, que han mandado desde entonces y eso es algo que no tiene visos de cambiar, se han dedicado a enajenar al pueblo llano de tal manera que han conseguido convertirlos en obedientes seres manipulados.  No dice nada que no se sepa ya, como que la romería popular es clasista en realidad, por poner un ejemplo. Este devenir del documental, claro está, molestó tanto a la jerarquía de aquella España "de la transición" que consiguieron arrastrar a los tribunales a su director, Fernando Ruiz Vergara. Esa es su parte maldita. 


El documental se rodó con un respeto impecable, pero diciendo verdades como catedrales, si se me permite el chiste, y eso picó tanto a los pudientes en cuestión que hicieron lo posible por prohibir la exhibición de la cinta y arruinar la vida del director del documental. Estaba visto que, aunque nos vendían "la transición" como si fuera el paraíso, España seguía siendo cuartelera y de misa dominical.

Fernando Ruiz Vergara, el director, y Ana Vila, la guionista, habían vivido la revolución de los claveles en Portugal, y, a pesar de que no tuvieron  impedimentos y de que el ministerio de cultura la seleccionó para el festival de Venecia, cuando algunos "españoles de bien" vieron el documental, se armó tal escándalo que este acabó secuestrado por las autoridades.


El motivo de la indignación de esa gente que manda tanto es que, en un momento del documental, cuando se explica la manipulación de la derecha  del sentir popular durante la República, un vecino del pueblo explica como un alcalde y fundador de la hermandad rociera fue el instigador del exterminio de rojos al ganar los sublevados en la zona. Eso, claro, no gustó nada y se intentó matar al mensajero, el documental, además de sentenciar a Ruiz Vergara a dos meses de arresto y una multa que lo dejara temblando, para aviso a navegantes. El vecino que habla en la cinta y la guionista, Ana Vila, resultaron absueltos al hacerse cargo Ruiz Vergara de toda la culpa, si es que la había, lo cual pongo en duda. Resumiendo: Fernando Ruiz Vergara terminó residiendo en Portugal, dado el maltrato en su tierra. 

La cinta siguió secuestrada hasta que se decidió exhibirla mutilada y el doloroso proceso de tribunales, siempre con sentencias en contra del director, acabó con su carrera cinematográfica. Así es España, me temo, que culpa de atentados contra el honor a directores de cine que plasman en sus cintas narraciones de hechos cuyos autores no ven oprobio en sus matanzas. En fin, zinéfilas todas, no hay mayor argumento para la justicia que el ver el documental con ojos curiosos y desprovistos de prejuicios. Háganlo.  Por cierto, aquí está el documental sobre el documental. Rizando el rizo:


Juli Gan. 

viernes, 14 de mayo de 2021

Mi querida señorita (1972)

Hoy traigo una película curiosa del cine hecho en España. Creí que el tiempo la había tratado peor, pero con el paso de las décadas, y ya va por la cuarta, ahora se ve desde otra perspectiva y no luce mal. Deja ver algunos aspectos de esa sociedad tardofranquista con las tribulaciones de un protagonista que lo hubiera tenido un poquito más fácil en este nuevo milenio. Un poquito nada más. Tampoco vayamos a pasarnos.

Una señorita de buena sociedad de provincias y su criada.

La dirección corrió a cargo de Jaime de Armiñán, un director y novelista que ha rodado no pocas historias con su tempo bien medido. La que hoy nos ocupa acabó compitiendo como mejor película de habla no inglesa en los Oscars. Según Armiñán, si no ganó fue porque la academia hollywoodiense tenía una deuda con Buñuel, perdedor el año anterior, y lo ganó aquél año por mala conciencia de los "oscarienses". No ganó pero George Cuckor dijo de López Vázquez, dada su interpretación, que era el mejor actor del momento. La peli en cuestión trata el caso de la transexualidad desde la óptica misteriosa y pudorosa de los años 70.

El director.

Adela es una señora, instalada ya en la cuarentena, de una ciudad de provincias. Su educación de buena familia, pero sin oropeles, ha sido la propia de las señoras de su condición: Cultura general, algo de música, mucho rezo, mucha beatería y mucho recato. Adela se resignó desde joven a ser una solterona porque se sabía fea y, además, los hombres siempre le dieron igual. 

Hay carteles menos logrados que otros...

Doña Adela, porque es una señora de la época, vestida con recato y algo cursi, vive asistida por una criada joven a la que ella llama "Isabelita". Doña Adela es una mujer decente y pudorosa, como se espera de ella, pero cuando maneja el 600 conduce como el Fittipaldi de la época (Hoy la llamaríamos Hamilton). 

Doña Adela conduce rápido

Doña Adela se reencuentra con un viejo amigo de su edad, Santiago, que ha quedado viudo con dos hijas adolescentes. Santiago, que se siente solo, intenta convencer con ternura a Adela para iniciar un noviazgo con fines serios. Pero Adela no se siente convencida, quizá porque no se siente atraída por el hombre. Además, una bronca con la criada, que se asemeja más a una riña de novias, acaba dejándola sola porque el servicio se despide.

Pretendiente otoñal

Y Adela acude a confesarse con ese cura moderno que predica ese cristianismo nuevo tan comprensivo y "buenrollista" de la época postconciliar. El sacerdote le envía a un especialista médico que le da la sorpresa (Agradable) de su vida.

Dedicada a las labores de su sexo.

Aquí empieza la segunda parte de la historia, saliendo de un túnel de ferrocarril y llegando a una estación madrileña donde le llaman "señor". Porque Adela ahora atiende por Juan y aunque gasta bigote recortado y lleva traje con corbata sus gestos y sus manos siguen siendo femeninos.

Las manos de Juan lo dicen todo.

Busca una pensión dirigida por dos intransigentes mujeres (Dos conocidas actrices que son Lola Gaos y Chus Lampreave pre-Almodóvar). También busca un empleo, pero dónde puede ir sin un DNI donde figure un nombre y un sexo que ya no son el suyo.

Las dos arpías de la pensión

Por casualidades del destino, Isabelita, su antigua criada, vuelve a cruzarse en su vida. Primero el pánico le hace huir pero poco a poco comienza una relación con ella como jamás se hubiera atrevido en su vida anterior. A su edad aún no ha besado a nadie. Es Isabel quien toma la iniciativa porque Juan no sabe cómo actuar. No olvidemos que una señorita de su reputación debía ser casta hasta el matrimonio. Cosas de la educación rancionalcatólica.

Noviazgo

Para Juan no es fácil tirar hacia adelante. Sin oficio ni beneficio, ¿Cómo, si hasta hace nada fue una señora bien con unas pocas rentas? decide volver a su tierra a vender lo poco que le queda para emprender su nueva vida, aunque lleno de miedos.



Gracias a una vecina de la pensión, y chica de alterne (Mónica Randall), Juan decide iniciarse en el sexo, pero la cosa es un desastre y huye despavorido. Escena fastuosa de López Vázquez (Durante toda la peli, habría que decir) mirando con angustiosa nostalgia las mantillas de los escaparates.

La "mala" mujer de buen corazón y el asustado Juan.

Juan está sumido en una pesadilla. No sabe cómo tirar hacia delante. Isabel se presenta en su casa hecha todo dulzura y amor. La última escena es memorable (Atención: Spoiler). Ambos, desnudos, en la cama, Juan le anuncia "Un día de estos tengo que contarte un secreto", a lo que ella responde sin pensar "¿Qué me va a contar, señorita?".  

El mejor actor del momento, según Cuckor, con Liza Minelli que lo acaba de petar con Cabaret y Charlton Heston, Juan Luis Borau, detrás.

Una historia poco frecuente, la de la transexualidad, y más aún, la masculina, en una época en que "de estas cosas no se hablaban". Una historia bien contada interpretada de manera brillante por  José Luis López Vázquez (Juan) y también por Julieta Serrano (Isabel). Lo único que chirría de la peli (Ya me chirrió cuando la vi de jovencita) es el doblaje del personaje de Doña Adela siendo mujer. Aunque la actriz de doblaje era una consumadísima actriz (Irene Guerrero de Luna) y esposa de otro gran actor como fue Félix Fernández, la voz no le pega nada al personaje. La voz en la peli, por muy graciosa que le quedara a Sophia Petrillo en "las chicas de oro", le da aspecto de vieja bruja a doña Adela.

Juli Gan.

viernes, 8 de enero de 2021

Muerte en Venecia

 

Basada en la novela de Thomas Man, "Muerte en Venecia " es una película de 1971 de Luchino Visconti.

La vi hace años y he vuelto a recuperarla ahora, llevándome una grata sorpresa, otra vez.

Interpretada por Dirk Bogarde, Björn Andrésen y Silvana Mangano ,ambientada a principios de siglo XX, nos cuenta la historia de un compositor alemán cuya última obra ha fracasado y que decide pasar el verano en Venecia.

Es curioso pero en ese momento en la película Venecia está asolada por una pandemia, dato que me resultó irrelevante la primera vez que la vi, y  por razones obvias, ahora me parece como poco casual, dada la situación de pandemia que vivimos en la actualidad.


Más allá de este paralelismo, el epicentro de historia es la fascinación que el compositor Von Aschenbach se verá impactado por Tadzio, un joven andrógino que le hará plantearse su creencia de la belleza absoluta solo es asequible mediante el intelecto. 


En plena crisis creativa, Von Aschenbach ,parece viajar a Italia ,en concreto a la ciudad de los canales en busca de inspiración, pero lejos de resultar un viaje fecundo a nivel literario o musical, resulta ser un viaje iniciático que le conducirá de forma inexorable en cierta manera a la plenitud, al culmen de la belleza en la recta final a una Ítaca ficticia que tal vez nunca hubiera llegado a imaginar.




Visconti incurre  en los temas centrales también en la obra de Thoman Man: las dualidades entre la esperanza y la muerte, la juventud y la vejez, el amor y la muerte, la inteligencia y la pasión, la muerte creadora y la vida instintiva.

 Todas esas luchas de contarios subyacen en el declive de Von Aschenbach, al que la cámara acompaña en un la búsqueda incesante de Tadzio, como un ideal que sabe inalcanzable, al igual que su juventud ya no regresará jamás.


Es casi predictivo que tras las conversaciones filosóficas con su amigo Alfred, Von Aschenbach sea víctima del caprichoso destino con la irrupción de Tadzio para poner a prueba el dominio de la razón sobre la pasión .El miedo a sus propias emociones se ve en cada encuentro con Tadzio, en su mirada, en el pánico que también le despierta la oscura situación de la peste en la ciudad, una amenaza que las autoridades intentan ocultar a fin de no espantar el turismo.


Es casi onírica la escena de la playa, con Tadzio señalando un horizonte que bien podría ser la eternidad, esa última visión que conduce al infierno o al paraíso, una imagen imborrable completamente deslumbrante bañada por la luz del sol.

Esta escena con la sinfonía  5 de Mahler, es probablemente la escena más bella de toda la película.

Si no habéis visto la película, siempre es un buen momento para rescatar un clásico.Si la visteis, no os privéis de dejar aquí vuestras impresiones.

Feliz fin de semana

Troyana

viernes, 27 de noviembre de 2020

El thriller americano de los 70


Vengo hoy a Zinéfilaz, como hago de vez en cuando, a hablaros de un libro de cine sobre uno de los géneros cinematográficos que más me atraen y del que ya he tratado en entradas varias.
El libro, El thriller USA de los 70, es una recopilación de artículos de varios autores y una sola autora, Desirée de Fez, que he leído con verdadero gusto, de manera que me he molestado en haceros un resumen de lo más destacado, salpicado, por supuesto, de mis apreciaciones personales.

Los años 70 en los USA: muy fuerte todo
La década de 1970, históricamente apasionante en los Estados Unidos y  tremendamente peliculera, vino marcada por tres acontecimientos gruesísimos: el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, el caso Watergate y la guerra de Vietnam. Y estas tres cosas gordísimas, a las que estoy tentada de añadir el asesinato de Martin Luther King, sucedían mientras en las calles de las grandes ciudades la violencia y la delincuencia arrasaban con la convivencia social.
El thriller se nutrió de todo eso y de más y, en consecuencia, las temáticas se desplegaron desde el eje del crimen hacia múltiples direcciones, todas ellas profusa e inteligentemente tratadas en este libro. Como tengo que elegir, he elegido dos: la paranoia y la testosterona.

La paranoia
Ángel Sala dedica un articulito a la paranoia y las conspiraciones en los thrillers americanos de los setenta.
Según su teoría, los acontecimientos que marcaron la década trajeron consigo un nuevo cine, “lleno de energía, poder visual y genio narrativo”, pero también más crítico, que advertía de los peligros que acechaban al país con un punto de vista paranoico. Para ello se servía del pensamiento conspirativo casi siempre presente en la sociedad norteamericana.
Sala agrupa las pelis paranoicas en tres ciclos. Primero hubo uno que alertaba contra el renacimiento de viejos fascismos como el nazismo; otro trató sobre el peligro del comunismo y finalmente un tercero presentaba al gobierno americano como el enemigo que acosaba a la ciudadanía, la privaba de sus libertades e incluso intentaba su eliminación física.
En este apartado paranoico cita Salas, entre otros, los filmes Marathon Man, Harry el fuerte, Odessa, Chacal y Los niños del Brasil.

La testosterona
Ramón Freixas y Joan Bassa firman un artículo dedicado a la presencia femenina en el thiriller americano de los 70. Lo titulan muy acertadamente “Estar sin ser” y lo subtitulan un poco estereotipadamente “Duelos y quebrantos de la mujer en el thriller norteamericano de los 70”.
Me lanzo a leer el capítulo con una idea en la cabeza: estando la década de los 70 en los USA  atrapada de pleno por la segunda ola del feminismo, qué poco sale el este movimiento en su cine, ni siquiera en sus thrillers políticos. Y resulta que más o menos eso mismo dicen Freixas y Bassa en su artículo.
Dicen que los 70 en USA fueron años de redefinición de conductas e implantación de nuevos valores (feminismo, black power, activismo gay, flower power, pacifismo…) que, sin embargo, no inciden plenamente en el thriller, como sí lo hicieron, en cambio, la crisis urbana, la creciente inquietud social, la inseguridad ciudadana, la desconfianza en la clase política, el caso Nixon y la figura del policía contra el mundo.
Tras las vampiresas del cine mudo, las señoras independientes de los 30 y los 40 y las muñequitas ambiciosas y crueles del cine negro, que lograron sobrevivir hasta los 50 y los 60, en los 70 se impuso, un tanto inesperadamente o quizás como reacción, la supremacía masculina.
En los 70 el cine y las mujeres se dieron mutuamente la espalda y, en consecuencia, tenemos personajes femeninos de escasa complejidad y un incremento exponencial de la violencia, tanto en lo verbal como en lo figurativo y fetichista.
En este apartado los filmes citados son, entre otros, Klute, La noche se mueve, Chinatown y Perros de paja.

Mi selección de películas
No hace falta decir que ponerse a elegir entre tantas pelis y seleccionar unas pocas es condenadamente difícil. Así y todo, os voy a recordar algunas de las que ya he escrito aquí, Todos los hombres del presidente y Marathon Man, y voy a añadir La noche se mueve, aunque tampoco puedo resistirme a citar, cómo no, Taxi Driver.

Vigencia y transición
Acabo parafraseando al coordinador del volumen, Antonio José Navarro, cuyas afirmaciones suscribo por completo. Dice Navarro que el thriller americano de los 70, con solo tres elementos (crimen, entramado psicológico y un estilo visual que potencia la claustrofobia, la paranoia y el nihilismo) y una ausencia total de edulcorante, consiguió una vigencia que se mantiene hoy en día, quizás también porque los problemas sociales y políticos que reflejaba no han desaparecido, sino simplemente han adoptado otras formas.
Con todo, su tiempo pasó y fue sustituido por una época de mayor infantilismo y espectáculo vacío. Pero, qué demonios, así y todo, seguimos disfrutando. Y lo que disfrutaremos.

Noemí Pastor

VV.AA.:
El thriller USA de los 70
Coordinado por Antonio José Navarro
Donostia Kultura 2009

viernes, 11 de octubre de 2019

El Sacerdote (1978) vs The Priest (1994), o pelis de curas

Hoy os traigo dos pelis que tratan sobre unos sacerdotes de una religión muy concreta, la católica, en un momento en que su fe flaquea. Su fe flaquea porque la carne, que no es tan débil, les puede y el entorno represivo donde se desarrolla su apostolado les hace casi imposible continuar con su sacerdocio.   

El sacerdote (1978)

Simón Andreu vestido para oficiar.


Película española de Eloy de la Iglesia rodada durante la explosión de libertad de la no tan modélica transición  quizá demasiado escandalosa para la época, aunque estaban en pleno destape, con escenas innecesariamente eróticas  y desnudos sin venir a cuento sólo para sacudirse de encima tantos años de represión sexual (Entre otras represiones). 

Obsesión erótica del cura (Esperanza Roy y José Manuel Cervino)

Precisamente de esto va este drama con tintes de comedia. El padre Miguel (Simón Andreu) es un sacerdote en la treintena que empieza a obsesionarse con el sexo. Ve erotismo en todas partes y siente una atracción vertiginosa. Su historia transcurre en la segunda mitad de los años 60 en esa España franquista a la que le cuesta aceptar los cambios que el concilio vaticano II ha traído para los católicos. El padre Miguel aún viste con sotana mientras curas jóvenes y entusiastas como el padre Luis (Emilio Gutiérrez Caba) representa a la iglesia moderna de los curas obreros de izquierda a punto de empaparse de la telología de la liberación.

¿La última cena en la casa cural?

El padre Miguel se siente obsesionado por una atractiva mujer y devota creyente, Irene (Espranza Roy), que le cuenta en el confesionario sus dudas acerca del diferente uso que hace del matrimonio con su esposo porque la iglesia le prohibe los anticonceptivos. El deseo de la carne martiriza al sacerdote que no duda en usar cilicios para autoflagelarse y reprimir ese deseo carnal prohibido por la iglesia. En la casa parroquial donde vive conviven varios sacerdotes, quizá demasiado caricaturizados, que representan las disyuntivas de la iglesia en aquel momento postconciliar. Tenemos al cura nacionalcatólico, al cura izquierdista, al cura que quiere casarse y colgará los hábitos, y al terriblemente confundido (Andreu).

Mortificación y cilicio para combatir la tentación, amén.

El padre Miguel acaba por iniciarse en los placeres de la carne y finalmente acaba por consumar el acto sexual con Irene. Confuso ante sus demonios internos acaba ingresando en un centro de salud mental después de un brote por el que se acaba automutilando.

Priest (Sacerdote) (1994)

Linus Roache vestido con ropa talar.

Esta cinta británica de Antonia Bird nos cuenta la historia del joven padre Greg (Linus Roache) que llega a una parroquia de un barrio obrero de Liverpool, donde viven católicos irlandeses y escoceses. El párroco del lugar es el padre Thomas (Tom Wilkinson), un sacerdote de ideas izquierdistas que pasó años de su juventud trabajando en esa Latinoamérica fervorosa de la teología de la liberación (Vuelve a salir el tema, como veis). Le padre Thomas no tiene pelos en la lengua y sus homilías son bastante políticas cosa que al estirado del padre Greg no le parece demasiado bien. El tema de la castidad vuelve a salir en esta cinta cuando el padre Greg  descubre que el padre Thomas y Maria (Cathy Tyson), la asistenta del hogar, viven en pareja. Greg se entera por boca de Maria que si Thomas no ha colgado los hábitos ha sido por decisión de ella, ya que, a pesar de vivir como un matrimonio, el padre Thomas mantiene una vocación intacta.

En la casa sacerdotal el padre Thomas y Maria son una sólida pareja.

El padre Greg tiene otras inclinaciones, una noche se adentra en un pub de ambiente gay donde conoce a Graham (Robert Carlyle) con el que se acuesta. Los problemas del padre Greg se multiplican. Por un lado es incapaz de asumir su debilidad carnal y por otro se enfrenta a una atormentada persona que revela un secreto de confesión el cual no sabe cómo arreglar. El padre Greg trata de una manera horrible a Graham para luego ir a buscarlo. Mientras están reconciliándose dentro de un automóvil los detiene la policía y entonces la mayoría de su comunidad religiosa lo rechaza.

Decidir entre voto de castidad y deseo natural es complicado.

El padre Thomas insiste en apoyarle pero el obispo (Rio Fanning) demuestra una nula caridad cristiana y lo envía a otra parroquia rural muy lejos junto a un viejo sacerdote que sólo habla en latín y lo vigila con desconfianza. Un buen día, el padre Thomas aparece por el nuevo destino del padre Greg y lo anima a que de una misa con él en su antigua parroquia de Liverpool, porque el padre Greg es homosexual pero tiene claro que quiere seguir con su vocación sacerdotal y no piensa colgar la sotana. Esa noche gastan una broma muy merecida al viejo cuervo que habla en latín y que desprecia tanto a Greg. 

Concelebrando la eucaristía.

La escena final se desarrolla durante la misa concelebrada de Thomas y Greg. Muchos de los feligreses no aceptan al padre Greg y marchan furibundos, como si ellos pudieran tirar piedras libres de pecado. Después, durante la eucaristía, sólo alguien muy especial se acerca a recibir la comunión de la mano del padre Greg, y esa es la persona que confesó su terrible secreto de víctima frente  a él. Ambos lloran abrazados.

Escena dramática.

Dos películas con el mismo título que cuentan las vicisitudes de dos sacerdotes católicos que se enfrentan a sus deseos interiores y sus dudas de fe. Dos películas que distan dieciséis años la una de la otra. La peli española nos muestra el aire represivo del tardofranquismo y la inglesa el aire represivo de las comunidades religiosas cerriles. Ambas se plantean el tema del celibato y su idoneidad según los tiempos que corren. En ambas cintas se habla del conflicto de la vocación y su incompatibilidad normativa con la vida marital. Mientras en la cinta española el padre Miguel acaba renunciando a todo, tanto al sexo como a la vocación, en la cinta británica la vocación sacerdotal del protagonista sigue indemne.

Ambos curas, con la hostia en la mano.

Estas dos cintas reflejan, con tres lustros de diferencia, varios aspectos similares dentro del sacerdocio de una religión concreta en dos países europeos. Las dos tratan el tema del celibato, en ambas el celibato se cuestiona con la diferencia de que la película de Eloy de la Iglesia trata el tema en la época de los cambios conciliares y la de Antonia Bird es algo que ya está bien asumido. También queda en un segundo plano el poder de la ideología política dentro del seno de la iglesia. El izquierdismo, el progresismo y la lucha obrera van de la mano de las ideas del padre Luis y del padre Thomas, mientras el conservadurismo y la detentación del poder están representadas por el padre Manuel y el obispo de Liverpool.


El confesionario tiene su peso en ambas pelis.

Ambas pelis, claro está, se centran en la transformación de dos sacerdotes desde una integridad, casi podríamos decir pureza, hasta la crisis de fe suscitada por la tentación de la carne. Para ambos protagonistas el ceder a las pasiones trastoca el ideal impuesto por sus votos. En el caso del padre Miguel, su obsesión le hace tomar una drástica decisión que, sin embargo, el padre Greg lleva de una manera mucho más tranquila. Greg, además, elige seguir en el sacerdocio, aunque ambos rechazan a la persona por la que sienten deseo.
Confesionario preconciliar con mantilla y todo.

La peli de Eloy de la Iglesia, quizá demasiado provocadora para la época, esbozara personajes demasiado estereotipados y su dramatismo fuera exagerado, pero así era el cine de este autor. La película de Antonia Bird, en cambio, es una película bastante suave que quizá nos deja a falta de un final mucho más explicativo. Ambos films, en definitiva, tratan el tema de ser sacerdote y la dificultad de cumplir unas normas anquilosadas en el medievo en pleno siglo XX dentro de sociedades europeas, una donde el catolicismo era la religión mayoritaria, y en el momento de la peli, religión de Estado, y la otra en un país democático y algo más moderno donde el catolicismo es una religión minoritaria y la presión social no es tan fuerte, aunque la homofobia supere la barrera religiosa.

Con la bendición urbi et orbe de Juli Gan.

viernes, 10 de mayo de 2019

Una jornada particular


Hoy os traigo a este rincón cinéfilo una película italiana que ya tiene cuarenta y dos añazos. Se trata de una cinta de Ettore Scola, guionista y director de cine asociado a la commedia italiana. La peli se titula "una jornada particular", en italiano original "una giornata particolare", y ciertamente, la peli se basa en un día concreto que fue realmente particular: el seis de mayo de 1938. Este día Hitler y sus secuaces más cercanos asistieron, como egregios invitados por Mussolini,al desfile en su honor de miles de italianos fascistizados hasta las pestañas. Todo eran camisas negras (color de los fascistas italianos), penachos en los cascos, uniformes imposibles y afilados gorritos de militares alpinos que si no estás lista y se giran para decirte algo, te sacan un ojo...y este acontecimiento es el punto de partida de la historia que Scola nos trae.

Cartel


Sinopsis con espóiler, que es lo de menos. Por mucho que se cuente la trama, echadle un ojo.

Es la mañana del gran día y Antonietta (Sofía Loren), una mujer en la cuarentena, sufrida esposa y madre, con una educación elemental, y fascista, como todo el mundo de alrededor, comienza el día despertando a sus seis hijos y a su marido, rudo, dictatorial y poco sensible fascista que trabaja en el ministerio del África Oriental. (Mussolini se las dio de genio militar al haber invadido la Abisinia, hoy, Etiopía, de Haile Selassie con armas de fuego, aviones y vehículos Fiat, mientras los pobres abisinios iban a la guerra desigual con algún animal semoviente, sus propios pies y lanzas y cuchillos) 

La familia desayuna para el desfile, mientras la sufrida madre curra.


Todos se arreglan, se lavan y desayunan aprisa porque van a ir al desfile militarizado para que lo vean los altos jerarcas de la Alemania nazi. Cada uno con su uniforme, chicos, chicas, adultos o niños, salen de sus domicilios en ese grupo de viviendas para clase media como si fueran una legión de hormigas (Predomina el color negro del fascismo) con destino al desfile. El enorme grupo de viviendas de tono gris queda prácticamente vacío, sólo Antonietta, como abnegada esposa y madre se queda en casa para hacer las tareas propias de la buena mujer italiana y fascista. Ella y la portera, una anciana bigotuda, malencarada  y fascista que, como no va al desfile, lo escucha a todo volumen por la radio que ha encendido para tal ocasión.

El grupo de viviendas manifiesta su fascismo y sus vecinos salen, de uniforme, a honrar a Hitler.


La radio juega un papel importante en esta cinta porque continuamente suena por todo el grupo de viviendas erigido por el fascismo, como puede notarse por el enorme fascio que hay de adorno en su fachada, nunca mejor dicho. Se difunde por las ondas la manifestación, los discursos de los jerifaltes engreídos en sus uniformes de chichinabo y las marciales y viriles marchas militares, rugidas, más que cantadas a coro por recias voces de barítonos.

Hasta se olvida de su mal momento recordando su infancia


Y Antonietta, sola y abúlica se prepara de mala gana para recoger los desayunos, limpiar un poco, preparar la comida y hacer las camas de seis hijos y la de matrimonio. Ella preferiría meterse en la cama porque está cansada y así se lo dice a Rosamunda, el pájaro que tienen de mascota. Antonietta está tan deprimida (No deja de ser una mujer anulada, quizá maltratada psicológicamente, y abandonada a pesar de estar rodeada de una familia que la tiene como una criada) que sin querer se deja la jaula abierta cosa que aprovecha Rosamunda para volar hasta el alféizar de la casa de enfrente. Afortunadamente en aquél piso donde se ha posado el ave hay un hombre, cosa inusitada porque debe ser el único junto a ella y a la portera que no ha acudido al gran jolgorio fascista. Antonietta corre y llama a la puerta del piso de enfrente para poder recuperar a Rosamunda, cosa que hace con ayuda del inquilino de esta vivienda.
Te presto un libro con tal de poder hablar


El vecino solitario del piso de enfrente se llama Gabriele (Marcelo Mastroianni), un hombre al que Scola nos acaba de presentar hace nada de una manera magistral (Ved la peli, no os arrepentiréis del gran trabajo de esta pareja de actores míticos) Gabriele intenta alargar al máximo la inesperada visita de Antonietta. Le ofrece café, le ofrece prestarle un libro (Los tres mosqueteros), intenta trabar conversación, pero Antonietta rehúsa alegando mil quehaceres y marcha. Al poco rato Gabriele se presenta en casa de Antonietta con "los tres mosqueteros" quizá porque se siente solo. Consigue que Antonietta le convide a café pero en esto que llega la portera bigotuda y fascista, haciendo de portera, como no, para prevenirle de que ese vecino no es trigo limpio, que a ella no le gusta hablar, pero, es un pervertido y, sobre todo, un renegado. Antonietta discute con Gabriele mientras suben a la azotea a recoger la colada. Antonietta tiene un momento de debilidad y besa a Gabriele, que no la corresponde, y es aquí donde Gabriele se descubre. Le han echado de la radio monopolizada por los mussolinianos, donde era locutor y le han echado del partido, porque estaba afiliado, como todos, por el simple y mero hecho de ser homosexual. Sin trabajo, sin amigos, sin casa, malvive en ese piso prestado y gana unas pocas liras escribiendo señas para correo, trabajo que le ha cedido un amigo antes de ser embarcado para alejarse de Italia por sus preferencias sexuales.

La portera facha viene a prevenirla
Arrepentida de su actitud, Antonietta acude al piso de Gabriele para pedirle perdón. Hacen las paces, comen juntos y después acaban acercándose tanto emocional como físicamente. Pero la parada fascista ha acabado y los primeros asistentes al desfile comienzan a regresar. Antonietta corre disparada a casa para que no la pillen con la cena por hacer. En casa todos comentan sus acontecidos fascio-fastuosos. El marido, todo ufano pretende acabar el día con una guinda coital añadiendo que de ella, si todo sale bien, le podrán llamar Adolfo a lo que venga. Antonietta prefiere sentarse a leer "los tres mosqueteros" mientras asiste atónita a la marcha de Gabriele de su piso, con equipaje en la mano escoltado por dos policías. A Gabriele también lo expulsan del país. Antonietta cierra el libro, lo guarda y se acuesta para dormir.

Tengo un invitado y yo sin arreglar
Loren y Mastroianni trabajaron juntos en once películas, como por ejemplo, matrimonio a la italiana o los girasoles, su trabajo conjunto siempre resultó excelente. Este film en concreto que resalta la belleza del momento en que dos seres que sufren, cada uno a su manera, se encuentran y buscan su compañía porque así se sienten reconfortados por un momento de sus tristes vidas.

Afecto entre dos desconocidos


La peli de Scola se llevó el golbo de oro de 1978 a la mejor película y fue candidata a los óscars como mejor película extranjera. Hasta Mastroianni fue candidato a mejor actor ese año. “Una jornada particular” es una película que, a pesar de estar ambientada en un día concreto de mayo de 1938, cuenta en esencia una historia que podría extrapolarse a cualquier época en el tiempo: Dos seres solitarios que se encuentran y se reconfortan en compañía.


Dos chismes antes de despedirme. Sofía Loren gozaba de tener un marido productor, Carlo Ponti, que le reservaba papeles estupendos y Alessandra Mussolini, nieta de aquel fanfarrón y prepotente duce, hace el papel de una de las hijas de la Loren.