viernes, 21 de abril de 2017

Sed de mal



"Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Únicamente a través del amor y la amistad podemos crear la ilusión momentánea de que no estamos solos" (Orson Welles).
Eso es lo que fue, por encima de cualquier cosa, Orson Welles: un ilusionista, un mago, empeñado en borrar con sus obras los límites entre la realidad y la ilusión. Porque, en definitiva, en eso consiste el teatro o el cine: en crear en el espectador la ilusión de una realidad que no existe.
Orson Welles fue un mago y un genio y, como tal, un hombre difícil; así, tras sus prometedores inicios (aterrorizando a la población con su radionovela “La guerra de los mundos, dirigiendo a los 25 años “Ciudadano Kane”), las puertas de Hollywood se cerraron muy pronto para él.
Era excéntrico, difícil en su trato con los productores y, sobre todo, peligroso para la taquilla. Los fracasos, en 1947, de “La dama de Shanghai” (a la que no salvó ni la presencia de Rita Hayworth ni la  genial escena, tan de magia, de los espejos)  y, en 1948, de “Macbeth”, le expulsaron de la industria cinematográfica estadounidense. Corrían, además, los años de La caza de brujas y se le tildaba de comunista.
Welles buscó refugio en Europa, donde la crítica especializada le veneraba. Aquí consiguió dirigir e interpretar dos películas con la impronta de su genio y, también, de los pocos medios con los que contó: Otelo y Mr. Arkadin. Porque Europa podía ofrecer a Welles reconocimiento y admiración, pero no la financiación y medios técnicos que sus proyectos exigían.
Así estaban las cosas cuando, en 1957, la Universal, le presentó a Charlton Heston el proyecto de una película de género negro. Heston, que se había convertido en una gran estrella tras el estreno, el año anterior, de “Los diez mandamientos”, aceptó porque en el reparto figuraba Orson Welles. Heston, que se había formado como actor de teatro y se había especializado en papeles shakesperianos, sentía profunda admiración por el director y protagonista de “Macbeth” y “Otelo”; impuso, además, que Welles dirigiera la película, y Welles aceptó a pesar de la pésima retribución que le ofrecieron.
Así, gracias a Charlton Heston,  Welles tuvo nuevamente la oportunidad de contar con los grandes medios técnicos de Hollywood; con ellos, y con su magia,  pudo convertir una mediocre novela (“Badge of Evil”, de  Whit Masterson, seudónimo bajo el que escribían  Robert Allison Wade y H. Bill Miller) en una de las más geniales películas del género negro.


“Touch of Evil” (“El toque del diablo”, en su título original) rompe con los esquemas del cine clásico negro para crear una película que es generalmente aceptada como la culminación del cine negro norteamericano (el iniciado en 1941 con “El halcón maltés”).

El argumento se desarrolla en Los Robles, una ciudad fronteriza entre Méjico y Estados Unidos, donde un rico norteamericano muere al estallar su coche en el lado estadounidense, aunque la bomba ha sido colocada en la zona mejicana.

Pasando su luna de miel, se encuentra en la localidad un importante policía mejicano, Ramón Miguel Vargas (Charlton Heston). Vargas se ofrece para ayudar en la investigación y choca violentamente con el policía norteamericano encargado de ella: Hank Quinlan (magistralmente interpretado por Orson Welles). La mujer de Vargas,  Susan (Janet Leigh), se verá crudamente envuelta en los acontecimientos.


La película se rodó en sólo cinco semanas, tras otras dos en las que Welles ensayó con Heston y Leigh, reescribiendo los diálogos del muy mediocre guion que le habían entregado. El apresuramiento quizás se note en que en esta película no hay diálogos memorables, pero la compenetración que el trio consiguió es evidente en el resultado.

Tanto Charlton Heston como Janet Leigh consiguieron, bajo la dirección de Welles, las que quizás fueron las mejores interpretaciones de sus carreras.

No es extraño que las angustiosas  escenas de la asustada, pero nunca acobardada, Susan Vargas en el motel El mirador, dieran a Hitchcock la brillante idea de hospedar a la Leigh en el siniestro motel de Norman Bates.


Y aunque muy breve, sobresale también la interpretación de Marlene Dietrich como la gitana Tanya. Marlene aceptó este papel (lo rodó en una sola noche) para ayudar a Orson en su retorno a Hollywood; tras haber sido amantes, Orson y Marlene continuaban manteniendo una buena amistad, iniciada en el espectáculo circense creado por Orson durante la guerra para elevar la moral de las tropas (en el número principal, Orson, dando rienda suelta a su vocación de mago, cortaba en dos a Marlene).

Tanya, a la que se supone antigua amante de Quinlan, tiene un papel esencial en la historia porque gracias a ella, a través del cariño que todavía guarda a Quinlan, el espectador puede hacerse una imagen del hombre que fue antes de caer en la decrepitud física y moral. Además, Tanya (creación absoluta de Welles), mezcla de Pitonisa y Parca, con sus lacónicas frases convierte a Quinlan en un personaje de tragedia clásica. En su garito, al son de la pianola, encuentra Quinlan su último remanso de paz.

En la película, rodada en blanco y negro, predominan los planos nocturnos, con violentos contrates de luces  y sombras y sórdidas escenas urbanas. La fotografía, magnífica, se debe a Russell Metty, antiguo colaborador de Welles. Está muy presente la influencia del expresionismo alemán y del neorrealismo italiano.

Es imposible no mencionar la  secuencia inicial de “Sed de mal”, una de las más
famosas de la historia del cine: un plano largo de tres minutos y veinte segundos, con la cámara sobre una grúa móvil, que se inicia con la colocación de una bomba y termina con su explosión. Es el ejemplo paradigmático de la habilidad y originalidad de Welles como director.

Aunque Welles se había especializado en la utilización del plano corto en sus películas europeas, eso se debía (tal y como explicó al crítico André Bazin) a que “un plano largo necesita un equipo técnico muy importante, muy hábil, y hay muy pocos equipos europeos capaces de resolver bien un plano largo… En “Sed de mal… fue con mucho la parte más costosa del filme…  Es mucho más barato hacer esta imagen, luego esta otra, y tratar de empalmarlas más tarde en la sala de montaje. Prefiero evidentemente controlar los elementos que están delante de la cámara mientras puedo, pero esto exige dinero y la confianza del productor”.

“En la sala de montaje trabajo muy despacio, lo que suele desencadenar la cólera de los productores, que acaban por quitarme el filme de las manos… Las imágenes en sí mismas no son suficientes, son muy importantes, pero no son más que imágenes. Lo esencial es su duración, lo que sigue a cada una de ellas; toda la maravillosa elocuencia del cine se forma en la sala de montaje”.

Por ello es de comprender la rabia que le produjo el que, al quedar terminada la película, la Universal, que encontraba la película demasiado confusa y sórdida, realizará algunos cortes y añadiera algunos primeros planos, a cargo de Harry Keller que no figura en los créditos.


Indignado, Orson redactó un informe de 58 apasionadas páginas en el que indicaba como debía montarse la película para que pudiera mantenerse su autoría. La Universal se negó a considerarlo, a pesar de los esfuerzos que Heston también hizo en ese sentido. Afortunadamente, Charlton Heston guardó una copia de este informe que sirvió para realizar una versión restaurada que se estrenó en 1998 (Welles murió en 1985).  

Los retoques de la Universal, entre otras cosas, eliminaron el tema musical principal compuesto por Henry Mancini para el plano-secuencia inicial, cuyo sonido se redujo al ambiental. “Sed de mal” fue la primera banda sonora compuesta en solitario por Mancini, que se había formado como arreglista y pianista con Glenn Miller. Welles le permitió bastante libertad, aunque le dio algunas directrices básicas, y Mancini combinó jazz y rock and roll y mucha percusión.

 

Truffaut  opinaba que “… las imágenes de Welles cantan y vuelan, mientras que la música de Henry Mancini sigue siendo agradablemente terrenal”.  Porque, ciertamente, una característica de “Sed de mal” es su rapidez, con los personajes en constante movimiento dentro del plano.

 

“Sed de mal” es una historia de ambigüedad y cinismo moral; la historia del choque violento de dos personalidades y dos maneras de entender la justicia: la del atildado y correcto Vargas y la del alcohólico y desaliñado Quinlan.

 

Welles, que sólo tiene 42 años, se envejece y afea porque quiere mostrarnos a un hombre físicamente y moralmente derrotado. Han pasado sólo ocho años desde que interpretó, en toda su plenitud física,  al Harry Lime de “El tercer hombre”, pero ahora, aunque es cierto que ha ganado kilos desde entonces, afea su aspecto extraordinariamente, porque desea que exprese la turbiedad moral de un personaje que se ha envilecido al no respetar la ley.


Pero tras esa primera impresión, y recordando que Welles, como buen mago, se niega a dar soluciones al espectador, éste ha de seguir pensando (siempre la necesidad de colaboración activa por parte del público) y decidir por sí mismo si Quinlan es realmente tan perverso como inicialmente parece; porque se deja claro que cuando utiliza pruebas falsas (cuando “ayuda a la justicia” como él lo denomina)  es porque está convencido de la culpabilidad de los detenidos y jamás busca su propio lucro. Y, además, tiene razón en sus intuiciones; es, como lo definirán en un momento de la película, un gran detective y un mal policía…

En realidad, Quinlan es un justiciero que choca con la Justicia, con letras mayúsculas, representada por Vargas. Por ello es tan adecuado el escenario de frontera, tan propio para que en él se enfrenten dos maneras de ver el mundo: la ya caduca de un Quinlan (que clama contra “los idealistas que crean al mundo las mayores complicaciones”) y la de un Vargas que defiende que  “En cualquier país libre, un policía tiene la obligación de respaldar a la ley y la ley protege al culpable lo mismo que al inocente”

Orson Welles, confeso admirador de John Ford ("Prefiero los viejos maestros, es decir John Ford, John Ford y John Ford"), del que había aprendido a utilizar la profundidad de campo característica de sus películas, parece incluso rendir homenaje a Ford en esta especie de western moderno, sórdido y terrible. Algún eco de “El hombre que mató a Liberty Valence” se puede encontrar en las dos maneras de ver el mundo que también presenta “Sed de mal”, si bien la ambigüedad y turbiedad moral de Quinlan está lejos de la heroicidad callada y limpia de un Tom Doniphon.

“Sed de mal” fue un fracaso absoluto de público y crítica. Orson Welles no volvió a dirigir con ninguna gran productora norteamericana. A pesar de ello, en la década siguiente, dirigió dos grandes películas: “El proceso” y “Campanadas a medianoche”; esta última la obra de la que más satisfecho se sentía Welles y que hoy, junto con “Ciudadano Kane” y “Sed de mal”, se considera una de sus obras maestras.

El resumen de la vida y de la pasión por el cine de Welles bien podría ser la declaración que él mismo hizo en el magnífico documental de Julia y Clara Kuperberg, “This is Orson Welles”:

“He perdido gran parte de mi tiempo buscando dinero, tratando de salir adelante. Quise vivir gracias a esas cajas de colores ruinosas que son las películas. Gasté demasiada energía en cosas no relacionadas con el cine. Una película es el 2% de creación y el 98% restante de prostitución. No es manera de vivir la vida”

Fue su manera de vivir la vida.
Yolanda Noir


viernes, 7 de abril de 2017

Clash (XV Festival de Cine y Derechos Humanos de Donostia)

Nuestra anterior entrada fue sobre el Festival de cine de Mar del Plata y ahora hacemos una sobre el Festival de Cine y Derechos humanos de Donostia. Parecerá que llevamos una vida de glamour y lujo, de festival en festival. Nos encanta dar esa imagen, aunque esté totalmente alejada de la realidad. La verdad es que yo, cuando me jubile, pienso hacerme la ruta de los festivales porque me parece un plan buenísimo pero, de momento, aprovechamos lo que tenemos a mano y lo disfrutamos mucho.
Este año es la XV edición de este festival en el que se premian corto y largometrajes y hay un premio que concede Amnistía Internacional. También se hacen actividades para niños y jóvenes, proyecciones en centros culturales y este año se proyectará una película en la cárcel de Martutene con posterior coloquio.
El 31 de marzo era la inauguración y vimos dos cortos: El mundo de Embarka (Raúl San Román) sobre una niña saharaui
El mundo de Embarka
y The cut (Evangelina Soumeli), un cortometraje griego sobre una cirujana que tiene dudas sobre si es ético practicar la ablación del clítoris a una niña para evitar que se lo hagan en pésimas condiciones. Ninguno de los dos nos interesó mucho. El de la niña saharaui dura tres minutos y parece más un tráiler que un corto; el griego, tocando un tema interesante, no llega a conmover ni a impactar, queda todo un poco deslavazado y disperso.
The cut
La película era Clash, un film egipcio-francés de Mohamed Diab. La película obtuvo el premio “Un certain regard” en Cannes en 2016 y los premios a mejor nuevo director y fotografía en Valladolid en 2016. El director, aparte de ser muy guapo como muestra la foto, estudió cine en Nueva York y luego comenzó a escribir guiones.
Mohamed Diab
Su primera película como director fue El Cairo 678. Basada en hechos reales, narra la lucha de tres mujeres contra el acoso sexual.
Clash también es una muestra de cine social, lo que no es de extrañar viviendo en Egipto. Este tipo de películas, en las que lo que te cuentan es algo impactante, cercano a la realidad y que pretender denunciar  o llamar la atención del público respecto a un conflicto son difíciles de valorar. A mí, por lo menos, me producen tal mezcla de emociones y sentimientos que me resulta casi imposible decidir si me han gustado. En este caso, no hay duda de que Clash me ha interesado.
Clash
La acción se sitúa en El Cairo en 2013. Después de la Primavera Árabe y el fin del gobierno de Mubarak, los hermanos musulmanes ganaron las elecciones y Morsi fue elegido presidente. En julio de 2013 se produjo un golpe de estado encabezado por el general Abdel Fatah al Sisi. Ese verano de 2013 las revueltas son constantes en la calle y la represión policial intensa. En un furgón de la policía acaban detenidos un grupo de personas pertenecientes a diferentes corrientes políticas y con situaciones personales diversas: un periodista americano de familia egipcia, un cámara, un hombre que busca a su hijo, un dj, un grupo de hermanos musulmanes, una familia… Hay tanto caos en el interior del furgón como en las calles. Las diferencias parecen irreconciliables. Pero todos tienen sed, calor, miedo y preocupaciones. Tienen también muchas cosas que les unen, incluso con los policías. La película es bastante desoladora, sales con la sensación de que el género humano no tiene remedio, por lo menos a la que te sales de la escala micro (y, a veces, ni en esa). Es difícil decir si me pareció una buena película, tiene una estructura muy teatral, todo pasa en el interior del furgón, hay algún momento en que resulta un poco reiterativa pero, sin duda, capta tu atención y te remueve. A la salida fuimos con mis amigos a tomar un vino para animarnos y a consultar en Google la historia de Egipto mientras nos preguntábamos qué se puede hacer para que la humanidad deje de matarse. Creo que a Mohamed Diab le hubiera parecido suficiente.

Mona Jacinta (www.niudemones.com)





viernes, 24 de marzo de 2017

Auge y caída de un ídolo: Max Linder

Hubo una vez, en la Francia que había inventado hacía nada el cine, un actor, un cómico, un artista admirado por miles de personas. Una de las pirmeras estrellas del cine: Max Linder.


Max Linder, arquetipo del dandy de principios de siglo XX

Maximilien Gabriel Leuvielle nació en diciembre de 1883 en la Gironda francesa, cerquita de Burdeos, zona vitivinícola. Tanto que su familia se dedicaba a producir vinos, aunque según algunas referencias, como el wikipedia, digan que su familia era de orígen hebreo, otras, en cambio, hablan de un orígen cristiano-católico, lo cual no importa para el personaje porque se dedicó al teatro, music-hall y cine, y no a la religión.

Primer plano con chistera

Linder era un tipo que gustaba mucho a las féminas de la época. De figura esbelta, atlético, con el bigotillo que lucían los mozos hace cien años. Sus aventuras en el celuloide hacían que fuera adorado como un dios del Olimpo. En 1905 mientras se pasaban imágenes a ritmo de pianola, Linder era el héroe que todos veían. Pierre Étaix, colaborador de Jacques Tatí, cuenta en una entrevista sobre la época que nos ocupa que Max Linder buscaba innovación y efecto. Relata que en famoso Olympia de París, al empezar una función, un presentador se excusaba porque Linder no había llegado al lugar, acto seguido, sonaba un teléfono, la pantalla del Olympia se iluminaba y salía la imagen de Linder con el teléfono pegado a boca y oreja  con ambas manos(Era un modelo antíguo), cuelga y sale de la casa corriendo, haciendo mil acrobacias y jugándose el tipo para llegar a su cita con el público del teatro. Monta en un globo que aterriza sobre el tejado del teatro, se cuela por la chimenea y aparece en vivo sobe el escenario. Un golpe de efecto espectacular para la época. La gente que asistía al Olmpia irradiaba sorpresa y admiración. Efectos magistrales -de entonces- como estos lo convertían en un ídolo, aunque cada vez tiraba más hacia el celuloide.


¿Es Errlo Flynn, es Clark Gable? No, es el adorado Max ¿Quienes son los otros?

Llegó a rodar en Barcelona hacia 1912 y para ello congregó a 10.000 personas en la plaza de toros. El film se iba a titular "Max, toreador", que ya se sabe que los franceses, Bizet lo sabe, a los toreros los llaman toreadores. Para rodar, Linder contrató una corrida de toros de verdad, y salió vestido de luces al albero (La imagen de Linder vestido de torero es la que recuerdo de toda mi vida). En aquella época no se tenía cuidado del protagonista ni había especialistas. Linder toreaba, como Cantinflas, aunque fueran vaquillas. Linder no dejaba de rodar sus aventuras de dandy alocado. 



Linder vestido de luces en Barcelona

Su éxito fue inmediato en los cinematógrafos de medio mundo. Charles Chaplin llegó a decir que era su discípulo.Pero no todo fue tan fácil en una carrera de artista adorado, pronto Linder se ve envuelto en un efecto mariposa. Si una mariposa en Sarajevo bate sus alas cercana a un atentado con bomba, se monta la primera guerra mundial. 

En plena escena

Linder es llamado a filas a defender la línea Maginot y fue intoxicado de lo lindo con gas mostaza. Ya se sabe la maldita manía de los que inventan las guerras de probar agentes químicos que destrozan las vidas de los enemigos y de los miembros de las tropas propias, además, claro de sufrir los horrores varios de la miserable trinchera, Linder nunca se recuperó del todo, siempre le quedaron secuelas de tanta exposición, que unidas al horror de aquella guerra tan sanguinaria (No hubo familia francesa que se librara de rezar un funeral por algún familiar muerto en combate) marcaron el resto de su vida con  problemas psíquicos. Corría el rumor de que había muerto en las trincheras y sus seguidores se mostraban desconsolados. Ya se sabe que en aquella época los monstruos del cinematógrafo tenían unos "fanes" que ya los quisiera Lady Gagá.

Una de sus escenas, que a todos agradaba

Licenciado del servicio y después de recuperarse de las heridas menos graves -las físicas- como combatiente, fue enviado a los EEUU para seguir con su carrera hacia 1916, donde conoció por fin a su devoto linderista Charles Chaplin. No le fue demasiado bien la aventura transoceánica, y volvió a su país recién pacificado en 1918.

Aquí, con el amigo y admirador Chaplin

A partir de esos años protagonizó algunos largometrajes, siempre con su impecable frac, su peinado cuidado, su bigotillo bien recortado y su aire de dandy, pero las depresiones postbélicas de Linder le llevaron al consumo de drogas para poder soportar su vida, decidió cercenarse las venas junto a su esposa un día gris de otoño de 1925. Este ídolo del cine mudo murió a los 41 años aún joven. Como muchos otros famosos artistas de la época del mudo, su memoria fue olvidada, aunque su hija Maud Linder hizo verdaderos esfuerzos para reivindicar su nombre.


El libro de su hija Maud

Linder cayó en un olvido injusto, como otros muchos actores que hicieron soñar a un par de generaciones, quizá porque era francés y no yankee, quizá porque se quitó la vida joven, harto de los problemas que la guerra le causó y que no supo resolver, pero el actor al que Chaplin admiraba y que otros copiaban fue un día el actor más querido y admirado del joven cine.



Documental de 2014

Hace unos tres años, el cineasta Elio Quiroga, produjo un documental sobre Linder titulado "el misterio del rey del cinema" basado en las películas y las memorias de Maud Linder sobre su padre. Cien años después, algunos pocos intentan redescubrir su nombre. 


He aquí este modesto homenaje al "roi du cinema".


Por Juli Gan.

viernes, 17 de marzo de 2017

Tallulah aleluya


(Wikimedia Commons)

Tallulah Bankhead, actriz y celebrity, nació en 1902 en Alabama y murió en 1968, a los 66 años y todavía en activo, en Nueva York. Trabajó en cine (con Cukor y Hitchcock, entre otros), en radio y televisión, pero donde verdaderamente brilló y disfrutó fue en el teatro.
Escandalosa, coleccionista de amantes y bisexual, fue pionera multimediática, celebrity televisiva, princesa del pueblo e icono gay.


NuevaYork, Londres, Hollywood, Las Vegas...

Tallulah Brockman Bankhead nació a comienzos del siglo XX en Huntsville, una pequeña localidad de Alabama, en el seno de una distinguida familia de destacados políticos demócratas.

Con quince años comenzó a trabajar en obras de teatro de Huntsville y alrededores. Con dieciséis ganó un concurso de belleza y se trasladó a Nueva York, decidida a triunfar en Broadway.

En Nueva York participó en varias películas, pero, como su verdadera vocación era el teatro, con veintiún años decició probar suerte en Londres, donde permaneció durante cuatro años y trabajó en veinticuatro obras; entre ellas, Fallen Angels, de Noël Coward.

En la década de 1930, contratada por Paramount Pictures, se trasladó a Hollywood. Allí rodó varios films y destacó especialmente en Honor mancillado (Tarnished Lady,1931) de George Cukor.


(classicfilmlover.ecrater.com)

Luego regresó a Broadway, obtuvo un enorme éxito con The Little Foxes, de Lillian Hellman, y en 1944, de nuevo dedicada al cine, rodó Náufragos (Lifeboat) con Alfred Hitchcock.

Hacia 1950 se aventuró en un medio nuevo para ella: la radio. En la NBC fue la maestra de ceremonias de The Big Show, una “extravaganza” de 90 minutos a la que invitaba a actores y cantantes de la talla de Marlene Dietrich y donde Tallulah pudo dar rienda suelta a su enorme ingenio para la conversación. Por esta época también intercaló algunos bolos en los escenarios de Las Vegas.

Su último trabajo como actriz fue para la televisión: representó a la Viuda Negra en la serie Batman.


Posteriormente trabajó en diferentes y exitosos shows televisivos y se despidió de las pantallas por todo lo alto: siete meses antes de morir compartió el plató de The Tonight Show nada más y nada menos que con Lennon y McCartney.




Flap

Tallulah fue de todo menos convencional. Empapada de los aires de libertad femenina de los años 20, fue transgresora, deslenguada y desinhibida y disfrutó con ello.

Hablaba de sexo abiertamente, en público y sin ningún reparo, protagonizaba escándalo tras escándalo con drogas, excesos y alcohol en una era sin clínicas de desintoxicación y nos dejó bonitos ejemplos de su ingenio en frases como estas:

Si volviera a nacer, cometería los mismos errores, pero mucho antes.

La cocaína no crea adicción. Lo sé porque llevo muchos años tomándola.

Mi padre me advirtió sobre los peligros de los hombres y el alcohol, pero no dijo nada sobre mujeres y drogas.

Ya durante su primera estancia en Nueva York, sin haber cumplido los veinte años, quiso la casualidad que se alojara (junto con su tía Louise, a quien el señor Bankhead había encomendado la vigilancia de la jovencita) en el hotel Algoquin, que era entonces el lugar de reunión favorito de actrices, actores, artistas y demás miembros de la élite cultural. Tallulah brilló en aquel ambiente y salía de fiesta siempre que podía dar esquinazo a la pobre tía Louise.

Impresionó especialmente a Rachel Crothers y Zoë Akins, que escribían para teatro y cine. Crothers escribió una comedia, Everyday, expresamente para Bankhead; por su parte, Akins se inspiró en ella para crear el personaje de Eva Lovelace en la pieza Gloria de un día, que luego se convirtió en un film (Morning Glory) en el que el personaje de Lovelace fuen encarnado por Katherine Hepburn, la cual obtuvo su primer óscar gracias a este papel.



Icónica y pionera

Tallulah encarna el espíritu de la celebrity actual, contradictoria y multimedia.

En su vida privada no fue conservadora; en sus proyectos profesionales, en cambio, fue muy selectiva. Así y todo, supo librarse de prejuicios, acomodarse a su tiempo y decidirse a trabajar en televisión. Tampoco lo hizo empujada por problemas económicos, pues siempre fue rica, y no solo de familia, ya que invertió con acierto en prósperos negocios y llegó a amasar una fortuna de dos millones de dólares ¡en la década de 1960!

Buena parte de esa fortuna la donó a asociaciones protectoras de animales y de la infancia.

Durante sus años en Londres, se convirtió en el ídolo de las mujeres de clase baja, para quienes representaba la encarnación de sus fantasías de belleza, lujo y glamur.

Las fans le rendían culto y copiaban su ropa, su peinado e incluso su personalidad. Asistían a sus representaciones varias veces a la semana, la esperaban durante horas a las puertas del del teatro y la recibían al grito de “¡Tallulah aleluya!”. La prensa escribía a menudo sobre este fenómeno de las fans: las llamaba las “gallery girls”.

Y Tallulah se prestaba a esta adoración. Era un icono accesible. Saludaba a sus fans, les preguntaba por su familia y amoríos y les firmaba autógrafos. Una de estas fervientes seguidoras, Eddie Smith, se convirtió en su empleada; trabajaron juntas durante treinta años.


El legado

 
Por culpa de su vida desordenada y sus adicciones, Tallulah perdió unos cuantos papeles golosos en el cine; por ejemplo, el de la protagonista de Eva al desnudo, de Joseph L. Mankiewicz, a pesar de haber bordado el papel en la versión teatral y de que el personaje de Margo Channing parecía estar inspirado en la propia Bankhead y en la relación que mantuvo con Lizabeth Scott.

Estos dos personajes femeninos fueron mucho después retomados por Pedro Almodóvar en Todo sobre mi madre, que ya desde el título nos devolvía ecos del original en inglés, All about Eve, y encarnados por Marisa Paredes y Candela Peña.

La imagen global de Bankhead, como arquetipo de los locos años 20 y los tóxicos años 30, dejó huella en muchas posteriores estrellas del rock, protagonistas de portadas, divas cool y socialities con aires de clase alta.


Y a todo esto debemos añadir un legado involuntario, ya que, al parecer, inspiró unos de los personajes más interesantes y perdurables de la cultura popular: la Cruella de Vil de 101 dálmatas.

Noemí Pastor

viernes, 10 de marzo de 2017

La la land y Moonlight


LA LA LAND

Anoche por fin en pantalla grande vi "La la land" y qué placer tan gozoso como inesperado.
Porque ya lo dijo Billy Wilder:

 “Si el cine consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces el Cine ha alcanzado su objetivo.


Aviso,que ahondaré ligeramente en la trama,como siempre indico,quien no haya visto la película y quiera ir completamente en blanco a verla,mejor postergue esta reseña aquí, tanto para La la Land como para Moonlight.


El argumento gira en torno a Mia y Sebastian.Mia (Enma Stone) es una aspirante a actriz que lucha en los Angeles para llegar a ser una gran estrella mientras trabaja como camarera.Sebastian ( Ryan Gosling)es un pianista que se gana la vida haciendo bolos con una banda mientras sueña con montar su propio local de jazz.


Los guiños al cine y las claves argumentales en torno a la capacidad de la superación y a las cosas que podrían haber sido y no serán,son los dos ejes que particularmente me han hechizado por completo.

El musical ,un género en desuso,más de otra época que de la nuestra,resurge fresco y glamuroso  en 2016  con La la land gracias al director Damien Chazelle,que ya había dejado patente su amor por el jazz con su anterior película " Whiplash"en 2014.


El cine dentro del cine nos deja constantes guiños hacia otros títulos del pasado:

- Cantando bajo la lluvia
- Casablanca
- West Side story
-"La tentación vive arriba"(Marilyn Monroe)
- Moulin rouge
- Rebelde sin causa
-Sombrero de copa


........ y  a mí particularmente la escena del planetario me recordó a Magia a la luz de la luna  y el desenlace cargado de nostalgia también me ha recordado a  Café Society   ambas de Woody Allen.

Vuelve en "La la land " el misterio que envuelve la vida,los destinos que se cruzan,la imposibilidad de vivir dos vidas a la vez y la extraña sensación de que es injusto,de que decidir es siempre descartar,y no siempre nos quedamos satisfechos con la elección.



 MOONLIGHT


....y ahora ya sí, una película maravillosa que bien ha merecido el Oscar a la Mejor Película en 2017.

Dirigida por Barry Jenkins (2016) "Moonlight" basada en una historia de Tarrell Alvin McCraney, escrita y dirigida por Barry Jenkins, es drama honesto tratado con una inteligencia y sensibilidad extrema. Estamos ante un relato contado en 3 partes,como si de tres capítulos de un libro se tratara: la infancia,la adolescencia y la época adulta.

Para quienes crean que el cine ya no nos puede sorprender,que ya está todo contado y que no hay nada que inventar,les sugiero vean "Moonlight" como una relevadora narración sobre la complicada infancia, adolescencia y madurez de un chico afroamericano que crece en una zona conflictiva de Miami.

Ese pequeño "little" ( increible el debutante actor Alex R. Hibbert ) va creciendo en ambientes deprivados,con una madre adicta al crack ( (Naomie Harris), y de alguna manera desprotegido.
Tal cual ocurre a veces,el amor se encuentra en los lugares más insospechados descubriendo figuras que ejercen de "padre" o "madre" :el traficante cubano de crack del barrio, Juan (Mahershala Ali) y su novia, Teresa (Janelle Monae), aunque no necesariamente haya vínculos consanguíneos de por medio.

Ya en la adolescencia, empieza a ser llamado por su nombre Chiron interpretado por Ashton Sanders, tampoco se escapa del amor romántico,y poco a poco va descubriendo quien es,construyendo una identidad propia haciendo frente a la diferencia,agravada por el contexto marginal en el que va creciendo.


Es tal vez en el tercer capítulo,el de la madurez,cuando se dan a mi modo de ver los momentos más emotivos,el reencuentro con una madre arrepentida que no dejó de querer nunca a su hijo,pero no supo darle el acompañamiento que tod@ niñ@ necesita.Este Chiron pasa a llamarse Black y está interpretado por Trevante Rhodes.

Es por eso "Moonlight" un relato íntimo sobre la condición humana,la vulnerabilidad que se desprende de una base familiar poco sólida,la búsqueda de una identidad personal y también,ese alegato sutil de la resilencia.

Y para acabar voy a destacar los momentos que para mí están cargados de más magia y emotividad:
 Infancia:

- cuando el narcotraficante Juan enseña a nadar a "pequeño".Es un momento cargado de luz donde el espectad@r se deja llevar por la música y casi nos sentimos mecer por las olas como "pequeño" y quien sin saberlo,está ejerciendo de padre con él.


-   cuando se descubren los jugadores de fútbol a ritmo de música clásica,,,,,,es un momento que parece insignificante pero que está cargado de belleza.

- la escena en la que la cámara enfoca en el pasillo a la madre gritando y se quita el sonido,y pequeño permanece inmovil sólo viendo gesticular a su madre,mientras la música se vuelve a adueñar del momento.

Adolescencia:

- el momento del cruce de miradas entre agredido y agresor,en el momento en el que se llevan detenido a Chiron.
 -Chiron agredido frente al espejo.Momento de enorme fuerza visual.

Madurez: 



- La escena más dura y a la vez  una de las más emotivas puede que sea el reencuentro con la madre en lo que parece ser una clínica de desintoxicación.Magníficas interpretaciones que sólo por esta escena ya merecen una mención aparte.

- el momento en que Black va conduciendo e irrumpe la voz de Caetano Veloso......sobran las palabras....

- .....y como no podía ser de otro modo,el desenlace que no desvelaré.....el cierre de un círculo casi perfecto,tal cual la trasformación de gusano en mariposa, ahora Black nada tiene que ver sólo en apariencia con ese frágil niño que fué, su corpulencia es la máscara perfecta en un oficio que sigue a modo de relevo como quien no tiene más legado que seguir.

Ese black sigue siendo en realidad ese pequeño niño perdido,falto de amor,buscando entre la niebla un poco de luz,alguna pista qué seguir que le guíe por muy incierta que sea,hasta el ser humano que en realidad es y no se permite ser.


Y así es como a través de una llamada de teléfono,se cumple una vez más aquella consigna del reciente fallecido Leonard Cohen, de que en todo,hay una grieta por la que entra la luz,incluso en vidas tan oscuras como la de Black.


Féliz fin de semana zinéfil@s,

Troyana.






viernes, 3 de marzo de 2017

Dramas de la BBC: Norte y Sur 1975

En los años 70, las televisiones públicas tendían a dar a conocer al público los grandes clásicos de la literatura a través de series de una duración determinada. Esta tradición, existía en España, aunque parece estar algo perdida en los últimos años, pero en otras cadenas como la BBC, siempre ha sido una “marca de la casa”. Las miniseries “British” style, se han ido realizando con una calidad muy correcta desde los inicios de la cadena pública británica, de manera, que incluso hallaban emisoras fuera de las Islas Británicas, dispuestas a emitirlas. La televisión pública PBS en Estados Unidos, siempre resultó ser una aliada, pero también otras cadenas que no hablaban el idioma de Shakespeare. 

Así, las recordarán muchos lectores, pues fueron llegando a España a través de TVE o las televisiones autonómicas clásicos como Yo, Claudio, La Joya de la Corona, Regreso a Brideshead o ya fuera del periodo de la transición, Las Aventuras de Sherlock Holmes, Orgullo y Prejuicio o Middlemarch, entre otras.


La producción literaria inglesa es amplia y la BBC se ha dedicado a la dominación cultural anglosajona, a través de estas miniseries.


El plan de dominación de la TV con dramas de época se debió fraguar en un salón británico.

La serie de la que nos hacemos eco, lamentablemente, nunca pasó por TVE. De hecho, el libro, aunque publicado en España antes de la Guerra Civil, no volvió a parecer hasta los años 90. Es Norte y Sur de Elizabeth Gaskell, que no confundir con la trilogía de John Jakes que ocurre en Estados Unidos.

Se trata de un drama social con tintes románticos, que muestra el crecimiento personal de Margaret Hale, una aristocrática joven criada en el ambiente opulento de Londres, que debe mudarse a Milton (sinónimo del Manchester victoriano) por la conciencia de su padre; la ciudad está dominada por las fábricas y los comerciantes.

Aunque ya conocía el clásico en su versión de 2004, protagonizada por Richard Armitage (El Hobbit), hace unos años, tuve el placer de ver una versión anterior, de 1975, gracias a una reedición para el mercado de habla inglesa. (*)


Margareth de visita por Milton.


Lo que más puede llamar la atención de esta serie, cuando se contempla la carátula, es ver a su protagonista, el archiconocido Patrick Stewart (el Profesor X en la saga X-MEN, Picard en Star-Trek, y muchas otras), con pelo. Es un poco risible, que lo que más nos sorprenda sea este hecho, pero por todos es conocida su famosa alopecia. Sería triste, que nos quedaramos en ese detalle, de modo jocoso, o que su aspecto no sea el de un rompecorazones.

Profesor (no X) y alumno.
Y es que lo importante de esta serie es que como adaptación de la novela, sabe plasmar, sin necesidad de recursos artificiosos, el espíritu de la obra original. Estamos acostumbrados a una televisión en los últimos tiempos, más obsesionada por las formas, y por sorprender al espectador, que de un espectáculo inteligente. Norte y Sur, en su versión de los años 70, trata la historia de Gaskell con inteligencia, sin obviar temas que son ignorados en la versión posterior, como la religión, o sin caer en discursos de buenos y malos, y con buenas interpretaciones, que suplen la falta de medios, música evocadora (**), o preciosos planos-secuencia.

La serie, que se hizo para la BBC2, es una versión muy teatral, debido a esa carencia de medios. Aunque los protagonistas saben aportar mucho de los personajes en su actuación, siendo, como no, Patrick Stewart una copia casi perfecta del carácter de John Thornton, protagonista literario. Los secundarios, están prácticamente arrancados de las páginas de la novela, y se agradece que los pequeños cambios que hay, estén tratados desde el respeto.


Margaret intentando comprender el dilema moral de su padre.


Eso no quita para que haya ciertamente algunos desbarajustes, sobre todo, entre los extras, que en alguna escena dramática, ponían caras de estar en una fiesta (recordemos a Gladiator), o algún corte importante en el desarrollo de la novela (lo sucedido minutos antes a la estación del tren). 

Sobre este último hecho, hemos de considerar que en los años 70, debido al rol de la mujer, se pudo creer que no hacía falta añadir este trozo (que puede explicar futuros sentimientos de la protagonista), lo cual es irónico, si consideramos, que la novela es de la época victoriana, y es muy explícita sobre esto. Y es que la respuesta se podría buscar en la duración de la miniserie: 4 capítulos. En los 60, David Turner, guionista de la versión de los 70, ya había escrito una adaptación para la BBC que se realizó en 1966. Dicha serie constaba de 5 capítulos, y por tanto, es probable, que con un capítulo más, contara más cosas. Al hacer la versión del 75, un capítulo quedó por el camino, pero no lo sabremos, porque esta serie del 66, sí que parece perdida para siempre…


Momento muy dramático en la relación entre protagonistas (y no sólo por la sangre).

Esto nos permite comentar esa vieja costumbre que sucedía en los comienzos de la televisión. Muchas veces, las series se emitían en vivo o bien si se grababan, pero debido al valor del material, las cintas se reutilizaban para grabar otras series. Esta es la explicación de por qué TVE perdió una versión patria de Orgullo y Prejuicio de 1966. Pero mejor dejemos eso para otro artículo.

Volviendo a Norte y Sur de 1975, si se es fan de la televisión de los 70, se ama a la literatura victoriana y no se tienen prejuicios por la falta de bonitos exteriores con una música que hechice, es una serie que no debería perderse.


Margaret de visita en casa de John, su hermana y su madre.


Junto a Stewart, están Rosalind Shanks, con una Margaret que nos terminará por atrapar. Igualmente, participan conocidos secundarios de películas y televisión británicas como Rosalie Crutchley (que acompañaba a Audrey Hepburn en Historia de una Monja, y está soberbia como la madre John Thornton), Kathleen Byron (otra conocida monja en Narciso Negro), Norman Jones, Ian Marter y Robin Bailey, dirigidos por un experto en el arte de las miniseries “made in BBC” de ese momento, Rodney Bennett. 

Así, si tienen la oportunidad, no se la pierdan.

 

Me despido agradeciendo esta oportunidad de empezar en Zinéfilaz y espero colaborar con más dramas de época, o lo que se tercie.


Carmen Romero (también Elizzyb o @salonjaneausten).
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(*): si buscan el DVD doblado o subtitulado en castellano, no se cansen, lamentablemente, no está disponible.


(**): la música está casi limitada a la cortinilla de la serie, que por cierto, no está nada mal.