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viernes, 22 de febrero de 2019

La ley del silencio


(Cada luchador tiene una pelea que lo hace o lo rompe, Elia Kazan)

 
Elia Kazan (1909-2003) es uno de los directores cinematográficos más influyentes en la historia del cine. De una manera directa, a través de sus propias películas, y de otra, incluso más determinante, a través de la labor del Actors Studio, la asociación que (junto con Cheryl Crawford y Robert Lewis) fundó en 1947 y en la que se han formado grandes actores y directores que han consolidado unas formas de interpretar y dirigir basadas en “el Método” (derivado del sistema del dramaturgo ruso Konstantín Stanislavski, que propugnaba que el intérprete ha de dejar que la personalidad del personaje sustituya a la suya propia).


Los actores directamente formados en el Actors son innumerables (Paul Newman, Al Pacino, Marilyn Monroe, Jane Fonda, James Dean, Dustin Hoffman, Marlon Brando, Eva Marie Saint, Robert De Niro, Jack Nicholson, Steve McQueen…) y la influencia de la institución sobre la actual manera de entender la interpretación, incuestionable.

Sin embargo, cuando en el 1999, el nonagenario y achacoso Elia Kazan, arropado por Robert de Niro y Martin Scorsese (admirador declarado de Kazan como fundador del cine moderno en Estados Unidos) subió al escenario del Dorothy Chandler Pavilion a recoger el Óscar honorifico que reconocía toda su trayectoria profesional (ya tenía dos como director), la mitad de los asistentes al acto no aplaudió al anciano director. Mientras, en la calle, se enfrentaban grupos de manifestantes a favor y en contra de Kazan.
Elia Kazan y Martin Scorsese
La polémica se había gestado medio siglo antes, cuando, en 1952, Kazan testificó ante el Comité de Investigación de Actividades Antiamericanas. Inicialmente, se negó a dar nombres y se limitó a reconocer que había sido militante comunista de 1934 a 1936, pero después identificó como comunistas a ocho miembros del extinto Group Theatre (la asociación que entre 1931-1941 llevó a cabo los postulados teatrales más innovadores y en la que Kazan había destacado como director). Más tarde, denunciaría también a Lee Strasberg, el director artístico del Actors Studio.

Kazan nunca mostró arrepentimiento por su delación, nunca se excusó (como, por ejemplo, hizo el actor Sterling Hayden). Sí explicó su actitud como la de alguien que estaba profundamente agradecido a las posibilidades que las libertades de Estados Unidos le habían ofrecido (griego, nacido en Estambul, había emigrado a Estados Unidos con su familia, huyendo de la miseria). En Estados Unidos pudo estudiar arte dramático en Yale, convertirse, primero, en un aclamado director de teatro y, a partir de 1944 (cuando dirigió Un árbol crece en Brooklyn), en un gran director de cine. Dos de sus más sobresalientes películas, La ley del silencio (1954) y América, América (1963) pueden entenderse, precisamente, como nacidas de esa necesidad de explicarse, que no de excusarse.

La ley del silencio, nació de la colaboración de Kazan con el gran guionista y escritor Budd Schulberg (1914-2009). El director y el guionista tenían origines muy diferentes: Schulberg se había criado en Hollywood, como hijo de uno de esos judíos talentosos y ambiciosos que crearon la industria cinematográfica norteamericana (Memorias de un príncipe de Hollywood es el título que Schulberg dio al apasionante libro en el que relata sus primeras décadas de vida, como espectador, primero en Nueva York y después en Hollywood, del desarrollo del cine como el primer arte convertido en industria).

Sin embargo, el príncipe y el emigrante pobre tenían algo fundamental en común: ambos fueron unos delatores.

Schulberg había sido comunista y uno de los fundadores del sindicado de guionistas de Hollywood pero, horrorizado por las noticias de las matanzas de Stalin, abandonó el partido. En 1941 ya se había puesto en contra a gran parte de los jerarcas de Hollywood con su novela ¿Por qué corre Sammy? Quizás para congraciarse con ellos y poder volver al mundo en que se había criado, en 1951 fue uno de los testigos amistosos que declararon ante el Comité de Actividades Antiamericanas.

Se puede decir, eligiendo una frase que él mismo usa en sus memorias sobre algo que nada tiene que ver con “la caza de brujas” (en su libro no toca ese asunto, puesto que cierra sus recuerdos mucho antes de que eso ocurriera), que “el valor subjetivo capituló ante una cobardía realista”.
Un sonriente Schulberg declarando ante el Comité
A uno de los que Schulberg denunció fue a su viejo amigo Ring Lardner junior, quien había entrado en el partido comunista precisamente por influencia de Schulberg. Ring Lardner fue uno de “los diez de Hollywood” que, acogidos a la Quinta Enmienda, se negaron a declarar y fueron condenados a un año de cárcel, mil dólares de multa y a la expulsión de Hollywood.

Lardner junión relató aquellas vicisitudes en sus memorias, tituladas Me odiaría cada mañana -porque eso, precisamente, es lo que dijo al negarse a declarar: "Podría contestar, pero si lo hiciera me odiaría cada mañana"-. Sobre la traición de Schulberg escribió: "Aunque no trabajaba entonces en HollywoodBudd sintió la urgente necesidad de exculparse, y por ello recurrió al procedimiento de acudir a la comisión, bendecir sus desvelos, perorar un rato sobre la amenaza comunista tanto en casa como en el resto del globo y dar unos cuantos nombres de cosecha propia. Lo mismo hizo Elia…".

Esas eran las historias que pesaban sobre Kazan y Schulberg cuando colaboraron, en 1954, para realizar una película On the Waterfront (La ley del silencio, en España) que convirtieron en una apología de la delación y, por extensión, en una justificación de la traición de ambos a sus compañeros y amigos.

Budd Schulberg creó el guion partiendo de artículos de prensa sobre corrupción en los muelles, aunque, significativamente, en su versión los sindicatos portuarios, que estaban dominados realmente por comunistas, aparecen controlados por grupos mafiosos. 

La película estuvo nominada a 12 categorías de los Óscar y logró ocho: a la mejor película, al mejor director (Kazan) , al mejor actor (Brando), a la mejor actriz de reparto (Eva Marie Saint), al mejor guion original (Budd Schulberg), al mejor montaje (Gene Milford), a la mejor dirección artística (Richard Day) y a la mejor fotografía (Boris Kaufman).
Marlon Brando como pensativo Terry Malloy
Como protagonista de la película, Kazan tuvo el acierto de, frente a la idea inicial de que fuera Frank Sinatra, elegir a Marlon Brando, uno de los discípulos del Actors Studio con el que ya había triunfado, primero en Broadway y luego en Hollywood, con Un tranvía llamado deseo y (A Streetcar Named Desire, 1951) y, en 1952, con ¡Viva Zapata! (en la que ya se mostraba inequívocamente en contra de los procesos revolucionarios, viciados por la corrupción de sus líderes).

Si hace tiempo, al comentar El beso de la muerte (1947), de Henry Hathaway, la  explicábamos como un alegato en favor de la delación que debía de ser entendido en el contexto histórico y social de la llamada “guerra fría”,  La Ley del silencio significa un gran salto cualitativo en ese mismo alegato, entendible también por ese contexto (lucha en el interior del país contra el comunismo a través del Comité de actividades antinorteamericanas y en el exterior a través de la guerra de Corea) y por las circunstancias comentadas de su director, Elia Kazan, y su guionista, Budd Schulberg.

El argumento se centra en el personaje de Terry Malloy, un boxeador fracasado, que es utilizado por el gánster Johnny Friendly (Lee J. Cobb) como cebo para asesinar a un estibador rebelde a su autoridad (con esas escenas impactantes se inicia la película) y también para obtener información del grupo de estibadores conjurados con el padre Barry (Karl Malden) contra los mafiosos. Terry encontrará, finalmente, la redención gracias al amor de Eddie Doy (Eva Marie Saint) y de las enseñanzas del padre Barry, aunque para ello deba delatar a la organización mafiosa de la que también forma parte su hermano Charley y destruir a este.

La película significó el triunfo absoluto de Marlon Brando, que bajo las órdenes de Kazan supo sacar todos los registros interpretativos necesarios para caracterizar al desconcertado, tierno y a su manera, muy desvalido Terry Malloy; un personaje al que Schulberg dotó de dos grandes pasiones propias: la de la cría de palomas, que el guionista practicó en su juventud (incluso llamó al personaje de Eva Marie Saint con el nombre de su primera paloma) y el boxeo, pasión esta que acompañaría a Schulberg toda su vida.
Marlon Brando y Rod Steiger en la escena del taxi
Brando, sin embargo, no guardaba buen recuerdo de la película (lo cuenta Luis Gasca en una biografía del actor). Así, por ejemplo, de la escena quizás más conmovedora, esa en la que Terry, en un taxi, reprocha a su hermano que le hubiera utilizado en peleas amañadas para ganar dinero a costa de hacerle perder los combates (“Podría haber tenido clase. Podría haber sido un triunfador. ¡Podría haber sido alguien en vez de un vago, que es lo que soy!”), dijo:

Tuvimos que rodar la escena siete veces, y a mí no me gustaba la forma en que estaba escrita. Yo estaba harto de la película. Rodábamos en Nueva Jersey en pleno invierno, ¡qué frío, Dios! Además yo tenía otros problemas en aquel momento. Problemas con las mujeres. También esta esa escena. Déjame pensar… La rodamos siete veces porque Rod Steiger no podía parar de llorar. Es uno de esos actores a los que les encanta llorar. La repetimos una y otra vez. La primera vez que vi La ley del silencio, en la sala de proyección de Elia Kazan, pensé que era tan terrible que me fui sin decirle nada”.

Marlon Brando y Eva Marie Saint
El resto de los actores realizaron también grandes interpretaciones: Eva Marie Saint, que siempre recordó lo amable que había sido con ella Brando y que, en este, su primer papel cinematográfico, fue recompensada con el Óscar a la mejor actriz de reparto; Lee J. Cobb, en uno de esos papeles secundarios de malvado que tan bien interpretó a lo largo de su carrera; Rod Steiger, como Charley Malloy, y, por supuesto, Karl Malden, como padre Barry. Aunque ninguno lo obtuvo, los tres fueron candidatos al Óscar al mejor actor de reparto.

Tanto Saint como Steiger habían sido alumnos del Actors Studio. Y Cobb y Malden también habían estado vinculados a Kazan como actores de teatro.

Pelea entre Johnny Friendly (Lee J. Cobb) y Terry Malloy (Marlon Brando)
Sobre Lee J. Cobb señalar que en 1953, un año antes de participar en esta película, también fue llamado a declarar ante el Comité, ante el cual delató a una veintena de compañeros.

El personaje que interpreta Malden, el padre Barry, es el encargado de apuntalar ideológicamente la delación, incluso comparando con Jesucristo a quienes en la película delatan a los mafiosos, puesto que considera que emprenden sus particulares viacrucis para lograr salvar a sus congéneres del mal.

Especialmente significativa es la conversación entre uno de esos futuros mártires con el padre Barry:

Dugan: Aquí, en el muelle, todos somos s. y m.

Padre Barry: ¿S. y m.? ¿Qué es eso?

Dugan: Sordos y mudos. Aunque nos estuviesen matando, no podríamos chivarnos…

Padre Barry: …en este país nos queda siempre un recurso: defendernos, señalar a los desaprensivos. Justificar la lucha de lo justo contra lo injusto. Lo que para ellos significa delación es para vosotros libertad…
Karl Malden como Padre Barry
Karl Malden ya se había llevado ese Óscar por su trabajo en 1951 en Un tranvía llamado deseo, también con Marlon Brando y bajo la dirección de Kazan, con el que seguiría interpretando algunos de sus mejores papeles.

Muchos años después, Malden, que era miembro de La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, y que había sido su presidente entre 1989-1992, fue el principal valedor de Kazan para que se le concediera ese Óscar honorífico del que hablábamos inicialmente.

Ante las críticas que recibió por su defensa de Kazan, el actor contestó tajantemente "Siempre he admirado su trabajo, no su ideología política".

Aunque Malden hacía trampa, puesto que lo reprochable no es la ideología sino la traición, lo cierto es que su pragmatismo puede ser la actitud más acertada en los casos en que debamos enfrentarnos a creadores geniales en su arte pero moralmente reprobables en sus actitudes personales: admirar su obra y condenar sus conducta.

Admiremos, pues, La ley del silencio.


Yolanda Noir

sábado, 12 de mayo de 2012

Un tranvía llamado deseo




Elia kazan dirigió "Un tranvía llamado deseo" en 1951.
La película es una adaptación de la obra de teatro de Tennesse Williams y está interpretada por Vivien Leigh,Marlon Brandon,Kim Hunter y Karl Malden,entre otros.


La acción tiene lugar en el barrio francés de Nueva Orleans, en 1946/47, a lo largo de unos 6 meses y nos cuenta la historia de Blanche (Vivien Leigh),una mujer madura con un oscuro pasado,que decide irse a vivir temporalmente con su hermana Stella (Kin Hunter) y su cuñado Stanley (Marlon Brando).


Poco a poco,seremos testigos de como entre las cuatro paredes de esa casa,empieza a desquebrajarse una convivencia en la que se pone de manifiesto el inestable estado de salud mental de Blanche,la vulgaridad y brutalidad de Stanley y la fragilidad de Stella,en medio de un fuego cruzado en el que parece no haber tregua.En este contexto,un amigo de Stanley (Karl Malden)se enamorará de Blanche.


Blanche,perteneciente a una familia sureña pudiente venida a menos,se ha defendido de los desengaños de la vida a través de la mentira y la fantasía.Stanley,un hombre rudo con ascendencia polaca,no podrá resistir la tentación de investigar a Blanche para averiguar el motivo de su repentina visita que termina por convertirse en una fuente de conflictos continua entre Stanley y Stella.
Da la sensación de que Blanche ha soportado tal carga de sufrimiento en su vida,que ha rebasado su propio umbral,y se ha desactivado la cordura,construyéndose un refugio de falsa ilusión,donde reina a sus anchas la fantasía y la mentira que para ella no es mentira,es sólo una realidad paralela en la que sencillamente puede al fin,vivir sin sufrir.



Stanley (un deslumbrante Marlon Brando)se siente como un gallo desplumado en un corral de gallinas,ha de defender su territorio,marcarlo con la virilidad y con la fuerza,la tosquedad,la agresividad en su gesto y su palabra.Siente amenazado su liderazgo ante la renovada unión de las hermanas y hará lo indecible para alejar a Blanche de sus vidas.Si es necesario sacar a la luz las mentiras,desempolvará el pasado de Blanche sin piedad,sin ningún escrúpulo.Después de todo,a ojos de Stanley, Blanche es una remilgada,cursi y prepotente que le hace sentirse como un elefante en una cacharrería.



Blanche,es un juguete roto,una mujer que ha visto cómo la vida le arrebataba uno a uno sus sueños y se ha visto exiliada al borde del camino,por el inexorable paso del tiempo,por falta de contemplación de un devenir que no tuvo en consideración sus deseos.


Son dos mundos tan opuestos que inevitablemente entran en choque.
Stella,quiere a Blanche,sabe de su vulnerabilidad,de su frágil y ya vapuleada consistencia e intentará protegerla incluso también de la crueldad de Stanley, pero Stanley es como un Tsunami que va creciendo en la lejanía,es imposible ya parar su impacto y las consecuencias más pronto que tarde se dejarán sentir.
¿Quíen es más frágil en el fondo,Blanche o Stanley?
Blanche busca afecto,delicadeza,algo de amabilidad en su maltrecha vida.
Stanley es el macho alfa de la manada,acostumbrado a liderar una casa,siente como una amenaza la presencia de su cuñada,de repente unida a su mujer y estará dispuesto a todo para separarlas porque en el fondo,lo que le mueve,es el miedo a quedarse solo y aislado.


Maravillosa Vivian Leigh en el papel de Stella,sus ojos de animal herido,asustadizo,quebradizo, se quedan grabados en nuestra memoria.
 Inconmensurable presencia escénica de Marlon Brando,ya no sólo por su portentoso físico con esa camiseta blanca pegada a su cuerpo,si no por haber logrado con sus miradas y su agresividad uno de los papeles más imborrables en la historia del cine:Stanley Kowalsky.Actor de método....¿el mejor de la historia del cine?

Son muchos los que están de acuerdo en que "En un tranvía llamado deseo"la conjunción de teatro y cine roza la perfección,el texto,el guión,los escenarios......la interpretación de los principales protagonistas es sencillamente soberbia.

Hay tantos temas que se abordan en el texto-guión,que es casi un compendio sobre las emociones humanas:crueldad,frustración,celos,inseguridad,necesidad de afecto...a lo que se suma  el peso del irrefrenable paso del tiempo,la falta de escrúpulos y el miedo a quedarse solos y sin ningún tipo de amparo en los demás.



No voy a desvelar el final,pero hay una frase sublime que creo sintetiza a la perfección los anhelos de Blanche y en general no sólo de cualquier alma perdida e indefensa,si no de cualquiera de nosotros en algún momento de nuestra vida:
"...siempre he dependido de la amabilidad de los extraños"

En ese duelo sin tregua entre Stanley y Blanche ¿hay alguien que salga airoso en este escenario de almas infelices?
Os dejo una última cita,que me parece tremendamente reveladora:

"¿Recta? ¿Qué entiendes por recta? Una línea puede ser recta, o una calle ¿Pero el corazón de un ser humano? "







Troyana





viernes, 30 de marzo de 2012

Feliz cumpleaños, Padrino.



Este año El Padrino ha cumplido cuarenta años y sigue siendo una de las mejores películas de la historia del cine.


En 2007, el American Film Institute nombró a El Padrino como la segunda mejor película de la historia, sólo por detrás de Ciudadano Kane.


En estas cuatro décadas, se ha convertido en algo más que en una película de culto. El Padrino ha trascendido y ya forma parte de la cultura popular. Sus míticas frases o el gesto de la mano en el mentón de Brando son reconocibles incluso para aquellos que no han visto la película. En los últimos años, una serie de éxito colaba una frase, un gesto o una imitación de El Padrino en sus capítulos, episodio si, episodio también. Estoy hablando de Los Soprano. Infinidad de películas han hecho su guiño-homenaje particular a esta obra maestra, incluidos dibujos animados como Los Simpson, South Park o Padre de Familia.


Y aún así, no encuentro mujeres a las que les guste o hayan visto El Padrino, ¿por qué? Una posible explicación a esto puede ser la ausencia de personajes femeninos relevantes, o ausencia de personajes femeninos, sin más. Por eso, al ser éste blog un blog escrito por mujeres quiero reivindicar que existen mujeres a las que les gustan las películas de gansters, el western o la acción... porque cuando alguien dice "eso es cine de mujeres" o "eso es cine de hombres" me pongo enferma y mucho, queridos amig@s.




Sin más, vamos con El Padrino, esa obra maestra.

La primera escena de la película es fundamental para situar al espectador. Un hombre sediento de venganza le pide a Vito Corleone en la celebración de la boda de su hija que "se encargue" de los que vejaron y pegaron a su hija. Nada más empezar nos damos cuenta de que Vito Corleone es un pez gordo de la mafia ("¿Qué he hecho para merecer tan poco respeto?" ) Durante la celebración de la boda atiende todas las "peticiones" de los invitados mientras espera la llegada del hijo pródigo, Michael, que vuelve de combatir en la Segunda Guerra Mundial. 

Las demás familias del hampa le piden a Vito Corleone influencia política y protección legal para un asunto de tráfico relacionado con narcóticos. Éste se niega a inmiscuirse en asuntos de droga y, a partir de ahí, empieza una guerra de bandas por hacerse con el control del negocio de los narcóticos y por vengar a los miembros de las diferentes familias.




Cuando disparan a Vito Corleone, su hijo Michael, que siempre había estado ajeno a los negocios de la familia, se ve obligado a ponerse al frente de la ésta por venganza, honor y por el poder y la supervivencia de los Corleone en el mundo del hampa.




Los personajes:

- Vito Corleone (Marlon Brando). Es el Padrino, el jefe de la familia Corleone. Controla el negocio del juego y tiene protección jurídica e influencia política. Aunque es uno de los peces gordos de la mafia, la familia es lo más importante para él.




- Michael Corleone (Al Pacino). Es el ojo derecho de Vito Corleone. Siempre se ha mantenido al margen de los negocios de su familia. Pero las circunstancias le obligan a ponerse al mando de los Corleone, pasando de ser un muchacho inocente a ser un hombre sin escrúpulos.




- Santino (Sonny) Corleone (James Caan) : Es el hijo más rebelde e impulsivo de Vito Corleone. Sus impulsos le costarán más de un problema.




- Peter Clemenza (Richard Castellano): Se convirtió en amigo de Vito Corleone tras emigrar de Sicilia y ayudó a Vito a contactar con traficantes de alcohol en Canadá. Vito lo mantuvo a su lado a lo largo de los años y es el caporegime de la familia (algo equivalente al grado de teniente).




- Tom Hagen (Robert Duvall): Se puede decir que es el hijo adoptivo de Vito. Sonny lo encontró en la calle cuando ambos eran pequeños, lo llevó a su casa y se convirtió en un hijo más para los Corleone. Es el abogado de la familia y aspira a ser el consigliere (o consejero) Suele ser la voz de la conciencia durante toda la película.




- Luca Brasi (Lenny Montana): Uno de los amigos más antiguos y leales de Vito Corleone. Es famoso por su fuerza bruta y por no temer a nada ni a nadie. 




- Virgil (El Turco) Sollozzo (Al Lettieri): Controla el negocio de los narcóticos. Recurre a Vito Corleone para que le apoye en su nuevo negocio: heroína.




- Kay Adams (Diane Keaton): Es la novia de Michael. Algo ingenua, no llega a ser del todo consciente de los negocios de su novio/marido.




- Fredo Corleone (John Cazale): Es el hijo de Vito con menos ambición. La única vez que coge una pistola le empiezan a temblar las manos y se le cae al suelo. Pronto le mandan a Las Vegas a trabajar en un casino.




- Constanza (Connie) Corleone (Talia Shire): Es la única hija de Vito. Abnegada y sufrida esposa y madre. Es víctima de malos tratos, que durante la trilogía sufrirá un cambio radical.




- Carmela (Mama) Corleone (Morgana King): Su papel en la película es tan poco relevante que por no tener, ni siquiera tiene nombre propio. En la película, al menos, no se hace referencia a su nombre propio. Pero es entrañable y por eso quería que apareciera por aquí.




- Resto de familias que lucharán por el poder: Barzini, Tattaglia, Stracci y Cuneo.




Mario Puzo, no sólo fue el autor de la obra literaria, sino que también fue el co-guionista del guión de la película, junto con el director, Francis Ford Coppola. Y le pagaron una miseria por los derechos de la obra. 
Pues, aunque ahora cueste creerlo, ningún director quería hacerse cargo de llevar a la gran pantalla uno de los libros más vendidos del momento. 


Aunque los años 30, 40 y 50 habían sido una época de bonanza para la Paramount, en los años 60 corrían malos tiempos para los estudios cinematográficos. Los primeros magnates de Hollywood (Warner, Zanuck...) abandonan los estudios vendiéndose a grandes sociedades. Debido a la televisión, la época comprendida entre 1960-1970 fue la peor para las salas de cine. 
Cinco años antes de que se estrenara El Padrino, la Paramount se compró por 600.00 dólares.


Ante tal situación, Francis Ford Coppola fundó, junto con otros directores noveles de la época, como George Lucas, su propia compañía cinematográfica, la American Zoetrope, en 1969, con el objetivo de producir cine independiente.




Mientras, en la Paramount, ni siquiera el éxito del momento, Love Story, basado en otro best-seller de la época, pudo convencer tan facilmente a los magnates de la Paramount para comprar los derechos de El Padrino. 

Esgrimian como argumento que la película glorificaba la mafia. El mismo argumento es el que expusieron todos los directores a los que la Paramount les ofreció la película. El Padrino fue de director en director hasta que la oferta llegó a Coppola. Y si la American Zoetrope no hubiese estado en crisis financiera puede ser que Coppola también la hubiese rechazado. Fue George Lucas quien le convenció de que hiciera la película, para que al menos, consiguieran algo de dinero para su productora en común.


Coppola aceptó hacer la película para la Paramount con una condición: no tratar la película desde el punto de vista del crimen organizado. La obra de Coppola es una película sobre el patriarcado, la familia y America.

Los personajes, aunque en su mayoría asesinos sin escrúpulos, tienen un lazo familiar tan fuerte, y humano en definitiva, que es imposible no sentir por ellos cierta simpatía. Por ejemplo, cuando Vito Corleone muere. Es un ser deleznable, que ha matado a muchas personas y, sin embargo, no podemos dejar de lamentar su muerte.Quizás, porque Ford Coppola, con raíces italianas supo trabajar muy bien los detalles del ambiente familiar de una familia siciliana.




La elección de los actores fue otro dolor de cabeza para Coppola. La Paramount le dijo "Brando jamás trabajará en la Paramount". Al parecer, era una cuestión puramente económica. 

El presupuesto pretendía ser bajo y la Paramount quería que Coppola ubicase la historia de El Padrino en los años 70 (en el libro es en los 40) porque el presupuesto sería menor, algo de lo que el director consiguió disuadirles. 
Aún con todas estas piedras en el camino, la técnica de rodaje de Coppola fundó buena parte de los fundamentos del cine de la década de 1970.


    Finalmente Coppola consiguió a Brando. En los créditos se nota la importancia de Brando. Su nombre aparece en los créditos el primero y a larga distancia de los demás.



    Para Brando, El Padrino supuso un retorno triunfal al cine. Aquel año ganó el Oscar, el cual rechazó:

    “Cuando fui nominado por El padrino, me pareció absurdo ir a la ceremonia de entrega de los premios. Resultaba grotesco festejar a una industria que había difamado y desfigurado sistemáticamente a los indios norteamericanos a lo largo de seis décadas, mientras en aquel momento doscientos indios se hallaban sitiados en Wounded Knee”.








    Marlon Brando, además de ser contrario a la parafernalia de los premios, era un hombre de principios y aquella noche dio una lección de ellos.




    Además del retorno triunfal de Brando, El Padrino convirtió en estrellas a Al Pacino y James Caan.

    La Paramount tampoco quería a Pacino. En el libro se describe a Michael Corleone como italiano atípico, rubio y alto. Por eso, los productores querían a Robert Redford. Pero, no sabemos porque, Ford Coppola elegió a alguien con rasgos italo-americanos, como Pacino. No sabemos como hubiera sido la película con Redford como Corleone, pero sin duda, Al Pacino estuvo inmenso. De echo, todos los actores de esta película lo están, principales y secundarios. 

    Al Pacino, James Caan y Robert Duvall estuvieron nominados al Oscar como actores de reparto. Un lujo de plantel artístico, que yo sólo acierto a comparar con El Golpe.





    Y si hay algo más propio de El Padrino que el apellido Corleone y el "le haré una oferta de no podrá rechazar" eso es la banda sonora. Creación de Carmine Coppola, el padre de Francis, y Nino Rota, colaborador de Fellini. 

    Nina Rota fue nominado al Oscar pero fue descalificado por considerarse que su canción era una versión de otra utilizada anteriormente (reutilizó una partitura de Fortunella).



    Al contrario que muchas de las películas que llegan a ser un éxito con el tiempo, El Padrino fue un éxito de taquilla en su época, hasta el punto de que numerosos comerciantes se quejaron porque las colas de los cines taponaban las puertas de sus comercios.


    Un par de curiosidades:

    - Al contrario de lo que dice el rumor popular, Brando no se rellenó las mejillas con bolas de algodón, sino que utilizó bolas de resina que se fijó en las muelas de atrás.

    - El niño que bautizan como Michael, el hijo de Connie, en realidad es Sophia Coppola.


    No está nada mal como recuerdo de "tu bautizo", aparecer en El Padrino.



    El Padrino es una obra maestra por mérito propio, sin reservas y sin discusión. Si no la habéis visto, no deberías posponerlo más y si la habéis visto, pasad a presentar vuestros respetos al Don en su 40 cumpleaños.



    Bruja Truca.