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viernes, 5 de abril de 2019

De repente, el último verano


“No esperes el día en que pares de sufrir, porque cuando llegues sabrás que estás muerto”

Esta frase del dramaturgo Tennessee Williams (1911-1983) resume en buena medida la filosofía de vida que impregna toda su obra. Traumatizado por su vida familiar, homosexual en una época en que era difícil serlo, alcohólico, inestable mentalmente… no es de extrañar que todos sus personajes sufran grandes conflictos existenciales y que esa intensidad dramática de su teatro, muchas veces con tintes autobiográficos, favoreciese su frecuente adaptación al cine, generalmente con mucho éxito, como demuestran ejemplos como el de  Un tranvía llamado Deseo -que le ganó el Pulitzer- dirigida por Elia Kazan (1952), La gata sobre el tejado de zinc, de Richard Brooks (1958) o El zoo de cristal, de Paul Newman (1987)…

En 1959 el director Joseph L. Mankiewicz, dirigió la adaptación de una de las obras más complejas de Tennessee Williams: De repente, el último verano. Como era habitual en las adaptaciones al cine de sus obras, el dramaturgo fue también el guionista de la película, con la colaboración de otro importante escritor, Gore Vidal.

Mankiewicz, Williams, Vidal… y tres grandes actores, Katharine Hepburn, Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, consiguieron una película muy original, extraña, densa, a veces turbia y, casi siempre, angustiosa.


La película se desarrolla en 1938, en Nueva Orleans, con constantes referencias al verano de 1937. Desarrolla temas muy complejos y perturbadores, algunos expresamente prohibidos de mencionar en su época: la homosexualidad y el incesto (o cuando menos, una especie de complejo de Yocasta); las relaciones de poder y de amor-odio dentro de las familias; la locura y sus métodos de tratamiento en aquel momento; el poder del dinero, bien para comprar voluntades (como las de la madre y el hermano de Catherine o la del director del hospital) o sexo; el turismo sexual…

Muchos asuntos…, y la mayoría muy escabrosos para su época. Por ello, para sortear la censura, los guionistas utilizaron una sibilina sutileza que hace que sea necesaria la plena atención del espectador para que llegue a comprender totalmente todas las pasiones y pulsiones que recorren la historia.

En cuanto a la censura, hay que comentar que en España, donde se rodó el flashback final, se eliminaron diálogos referentes a la homosexualidad y a la prostitución masculina y también la velada referencia a España que hacía el personaje de Taylor al comentar que no entendía el español –pero es comprensible que las autoridades del momento se horrorizaran ante la idea de que se pudiera considerar que España era un lugar donde se podían producir semejantes hechos-.


Aunque la película rozaba los límites de lo que era aceptable en el Hollywood de la época, el guion de Williams y Vidal, en constante lucha con los censores, fue tan habilidoso en sortearlos que pudo ser estrenada sin grandes mutilaciones y su éxito de taquilla y crítica abrió el camino a un tipo de cine más complejo del que hasta entonces había sido habitual en Estados Unidos.

Toda la historia gira en torno a la figura de Sebastian, el joven diletante (pseudopoeta y pseudofilosofo) en cuya órbita giran la vida de su madre, hasta rozar lo escabroso, y más tarde la de su prima. La figura de Sebastian es omnipresente durante toda la película, pero incluso cuando, a través de los recuerdos de su prima Catherine, se recreen escenas en las que aparece, nunca llegaremos a conocerlo físicamente; ese es un gran acierto de Mankiewicz: hurtarnos el rostro de Sebastian para que permanezca como una sombra que sólo cobra realidad para el espectador a través de las versiones contrapuestas que de él dan su madre y su prima.

La madre, en largos y potentes monólogos, a veces desgarradores y otras irreales, nos presenta a Sebastian como un ser superior, de una sensibilidad portentosa; la prima como un depredador sexual y un manipulador.


Sin embargo, ambas coinciden, aunque sea involuntariamente, en mostrar a Sebastian como alguien para quien los seres vivos se dividen entre los que devoran y aquellos que son devorados. Para Sebastian la naturaleza entera, incluidas las personas, se circunscribe a un juego, con tintes eróticos, de muerte en el que unos ganan y otros pierden (describe muy bien su mentalidad el recuerdo de Violet, su madre, de una jornada en la playa con Sebastian fascinado por el espectáculo de las tortuguitas recién nacidas siendo devoradas en su intento de llegar al mar…).

Pero el último verano, ese en que Sebastian, por primera vez, viaja por Europa con su prima en lugar de con su madre, el joven murió y su prima enloqueció…

Y la madre de Sebastian encerró a Catherine en un manicomio privado, porque Violet Venable defendía que su hijo había muerto un ataque al corazón y temía desesperadamente que la versión que Catherine pudiera dar de esa muerte enturbiará el recuerdo, absolutamente magnificado por ella, de su hijo.


Y tanto miedo tiene la madre de Sebastian, que pretende que el Dr. Cukrowicz, un joven neurocirujano que realiza una novedosa técnica quirúrgica a enfermos mentales en el hospital estatal psiquiátrico, opere a su sobrina para erradicar sus recuerdos. Y, con ese fin, ofrece una millonaria donación al hospital, sumido en las más precarias condiciones.


Ya hemos dicho que esta obra de Tennessee Williams tiene mucho de autobiográfica en cuanto a que trata temas que atormentaron al dramaturgo: su homosexualidad y el miedo a la locura… y también las consecuencias de la lobotomía, esa siniestra operación que sobrevuela durante todo el drama como una amenaza sobre Catherine Holly, y que, en la cruda realidad, con el consentimiento paterno, destruyó a Rose, la amada hermana de Tennessee.

Ahora puede parecernos increíble, pero lo cierto es que durante unos años, a partir de 1935, cuando fue inventada por el neurocirujano portugués Antonio Egas Moniz –premiado con el Nobel de medicina- la técnica fue acogida con entusiasmo para tratar enfermedades mentales graves (y en ocasiones, no tan graves). Especial difusión tuvo en Estados Unidos, gracias a un neurólogo, Walter Freeman, que depuró el procedimiento (introducía un punzón por encima del globo ocular y con un martillo golpeaba hasta traspasar el cráneo) y se hizo famoso recorriendo el país, en su lobotomóvil como llamó a su coche, realizando intervenciones en serie.

Una de las pacientes-víctimas de Freeman fue Rosemary Kennedy, la hermana mayor del que sería presidente, que sufría una leve deficiencia mental. Guapa y aficionada a las fiestas, su padre temió que pudiera propiciar algún escándalo que pusiera en peligro la carrera política de su hermano. La intervención, a los 23 años, la dejó totalmente discapacitada.



Más suerte que Rosemary tuvo la escritora neozelandesa Janet Frame (1925-2004), candidata al Nobel, que relataba en sus memorias, Un ángel en mi mesa, como, mal diagnosticada de esquizofrenia, se salvó de sufrir una lobotomía porque quién había de realizársela tuvo la ocasión de leer, el día anterior al previsto para la operación,  alguno de sus poemas…

Se calcula que en la década de los cuarenta de siglo XX se realizaron 40.000 lobotomías en EEUU y unas 17.000 en Reino Unido. En las décadas siguientes, se evidenció que mucho de los pacientes habían quedado reducidos a un estado semi vegetal.  Por ello, a mediados de los cincuenta la lobotomía cayó en desuso y actualmente está prohibida.

En este contexto, hay que entender como la amenaza de “esta pequeña operación” –como la califica la madre de Catherine cuando intenta justificar el que haya aceptado, a cambio de una importante suma, que se realice la operación a su hija- pudo convertirse en una estremecedora herramienta de control social o familiar de los individuos incómodos.


El personaje de Violet permite que una Katharine Hepburn, espléndida como siempre, demuestre lo gran actriz que era. Sin embargo, a veces se tiene la impresión de que “actúa” (en sus memorias Yo misma. Historias de mi vida, ella mantenía que el mejor actor era aquel al que no se notaba actuar), bien sea porque sus diálogos son, a veces, excesivamente grandilocuentes o por una cierta desgana de la actriz.

Seguramente, influyó en Hepburn su falta de sintonía con Mankiewicz. El director comentó lo mucho que complicaron el rodaje las actitudes de Montgomery Clift, alcoholizado y drogadicto, y de Katharine Hepbun, que pretendía dirigirse ella misma, aunque la oposición frontal del director lo impidió. La actriz nunca consideró esta película como una de sus favoritas; además, recordaba con tristeza el rodaje por el deterioro que ya presentaba Montgomery Clift.


Para Elizabeth Taylor la película fue una buena ocasión de mostrar sus indudables capacidades dramáticas. Aunque a veces sus diálogos también pecan de excesiva teatralidad, supo dar veracidad al miedo que su personaje siente a la locura y su triste desvalimiento ante el despiadado egoísmo de su familia.

Decían que Mankiewicz estaba enamorado de Liz Taylor… No sabemos si es cierto, pero sí que favoreció el que en esta película luciera sus dotes dramáticas, especialmente en la escena final, muy onírica, en la que, gracias a la intervención del Dr. Cukrowicz, afronta la verdad de la muerte de Sebastian y puede así escapar de la locura; locura, sin embargo, a la que sus palabras condenan a su tía.

La película puede entenderse como un duelo interpretativo entre estas dos grandes estrellas femeninas, cada una mostrando en densos monólogos las verdades contrapuestas e irreconciliables de los personajes que interpretan. En realidad, las dos lo hacen muy bien; las dos estuvieron nominadas al Óscar por ella (también la dirección artística) y Liz consiguió, además, un Globo de Oro y un Donatello.


En cuanto al personaje del  Dr. Cukrowicz, a pesar de que Montgomery Clift estaba ya hundido en el abismo de autodestrucción que le llevaría ocho años después a la muerte, consiguió realizar un gran papel como el íntegro doctor que intenta encontrar la verdad que salve a Catherine, aunque ello vaya en detrimento de su carrera.

Esta era la tercera película que interpretaban juntos Montgomery Clift y Elizabeth Taylor, que a partir de la primera, Un lugar en el sol (1951), se convirtieron en grandes amigos.  Durante el rodaje de la segunda, El árbol de la vida, el actor, al salir de casa de Liz, estrelló su coche contra un poste. Aunque Liz Taylor consiguió salvarle la vida (se estaba asfixiando con sus propios dientes), su cara quedó desfigurada y sus problemas mentales y de adicciones aumentaron hasta arruinar su carrera y su vida. Después de De repente, el último verano hizo todavía otras cinco y consiguió una gran interpretación en ¿Vencedores o vencidos? (1961), de Stanley Kramer, pero ya era incapaz de recordar su papel y, precisamente, fue tan veraz en esta película porque interpretaba a un pobre hombre con la mente tan perdida como él mismo la tenía.

De De repente, el último verano se ha dicho que es “muy teatral” y que es mucho más de Tennessee Williams que de Mankiewicz. Lo cierto es que el director era gran admirador del dramaturgo y, aunque no participó en el guion como solía hacer en sus películas, respetó al máximo el de William y Vidal. En realidad, Mankiewicz, adaptase o no textos teatrales, siempre tuvo un gran respeto por el sustrato literario de sus películas y eso es lo que les da ese cierto carácter “teatral” que algunos comentan.
Realmente, la película que comentamos sí que tiene el sello de Mankiewicz: en el control que impuso a sus difíciles actores, en su habilidad en el montaje de las escenas (las que transcurren en las salas comunes del manicomio son impactantes y muestran ese refinado terror gótico con el que el director había estrenado su carrera en Dragonwyck); en la magnificencia de sus decorados -en este caso, de los manicomios, de la mansión Venable y, especialmente, del lujurioso jardín tropical (con repulsiva planta carnívora incluida) creado por Sebastian como símbolo de su particular cosmogonía bajo el imperio del Ángel de la muerte-; en la utilización, recurso típico en él, del esclarecedor flashback…


Además, Mankiewicz estaba muy interesado en los aspectos psiquiátricos (había realizado estudios en esta rama de la medicina) y pudo comprender lo que pretendían transmitir los dos escritores y expresarlo tan bien como lo hizo en el onírico flashback final.

Pocos años después de esta película, el director, de la mano también de Liz Taylor, como la hermosísima Cleopatra, caería en el peor bache de su carrera como director, del que apenas logaría recuperarse. Pero durante toda su carrera dejó un puñado de películas memorables, entre las que se cuenta, aunque no sea la mejor, De repente, el último verano  extraña, turbia, opresiva, a veces abrumadora… y muy interesante de ver.

Yolanda Noir


viernes, 18 de julio de 2014

Thelma Ritter y la lucha de clases

Con apenas unos veinte años de profesión, existió una actriz en Hollywood clásico que fue nominada seis veces a los Oscars, cuatro de ellas en años consecutivos, que ganó el Tony y que participó en la gran mayoría de los títulos míticos de la historia del cine de los 50 y 60: Eva al desnudo, La ventana indiscreta, Vidas rebeldes, Carta a tres esposas, El hombre de Alcatraz, La conquista del oeste, Confidencias a medianoche...

La lista de las estrellas con las que compartió escena sería infinita y la de directores no es menos impresionante: Capra, Samuel Fuller, Hichcock, Mankiewicz, John Huston...

Su nombre, sin embargo, quizá no sea hoy muy conocido para el gran público: Thelma Ritter.




Después de trabajar como actriz radiofónica, Ritter - que había nacido casi con el siglo XX - llegó al cine tiempo después de haber cumplido los cuarenta y murió al pie del cañón, con 66 años a consecuencia del infarto que sufrió trabajando en el show televisivo de Jerry Lewis.

Quizá por haber empezado tarde en el cine, o por su físico, sus intervenciones en cine, y sus nominaciones, fueron siempre como actriz de reparto, algo que quizá pueda ser la  explicación de por qué su nombre no sea tan conocido como debería, a pesar de su evidente talento y su impresionante carrera.

Esto es curioso que si sus papeles eran de apoyo ( "support roles"), sus personajes también lo eran porque básicamente encarnó a una mujer de clase social baja que se gana la vida sirviendo a los demás, bien como criada, enfermera, camarera, etc...

Sus intervenciones iban desde el cliché de la criada respondona (Confidencias a medianoche, Boeing Boeing), hasta papeles mucho más interesantes, que daban una visión más compleja de aquellos que dedican su vida a cuidar a otras personas.

Y ahí es donde Ritter resultaba insuperable, en la sensibilidad y el sentimiento que conseguía transmitir a ese tipo de empleada que supera, con mucho, las atribuciones de su puesto para ser fiel amiga, soporte y confidente, aunque sus consejos no sean siempre escuchados ni valorados

El mejor ejemplo sería su papel como Birdie, la ayudante de Bette Davis en Eva al Desnudo. Birdie es la primera que ve las intenciones de Eve Harring y que advierte a Margo Channing, solo para ganarse su desprecio.

Y es que otra característica común de la mayoría de los papeles que representó, es la de ser un personaje con gran experiencia en la vida y con una especie de sabiduría popular que le hace saber lo que los demás personajes todavía no han descubierto.

Véase la enfermera de James Stewart en La Ventana Indiscreta, en la que tan pronto le prepara un sándwich, como que le da un masaje, le ayuda en sus investigaciones, o le aconseja en sus relaciones con la repipi de Grace Kelly.


Se que hago mal en fiarme de memoria y que no he visto su filmografía completa, pero solo recuerdo un caso en el que interpretara a una mujer de clase alta, en concreto, a la millonaria de "Tres Herederas", en la que encarna a la servicial madre de las tres herederas del título, a las que busca un buen marido. Otra vez, un personaje cuya misión en la vida parece ser estar al servicio de los demás.

Personalmente como madre es como mejor la recuerdo, sino biológica, sí la que hace las veces, convirtiéndose en una mujer que está ahí incondicionalmente, como la amiga de Marilyn Monroe en Vidas Rebeldes.

Aunque también supo representar maravillosamente la cara más oscura de la abnegada madre, tan entregada a su hijo, que no soporta que éste pueda separarse de ella y tomar sus propias decisiones, como se puede ver en "El hombre de Alcatraz".

El hecho de que Thelma Ritter encarnara mayoritariamente personajes de clase trabajadora hace que se la pueda tomar como ejemplo del tratamiento de los problemas sociales en el Hollywood clásico.

Personalmente siento un gran rechazo hacia las películas obvias, en general, y especialmente a las que parecen realizadas exclusivamente para ilustrar un problema social, y que se podrían retitular como "La película sobre los malos tratos", "La película sobre la inmigración" y cuyo único fin válido me parece que sería una clase de ética de 2º de la ESO.

Huyo de cualquier título en cuya promoción se termine hablando de "concienciar", o de las muchas películas - carne de festivales internacionales - de preferencia iraníes - sobre las muchas desgracias que acontecen a determinados grupos sociales (si son niños, mejor) y que se han convertido en auténticos tópicos sin apenas valores cinematográficos, que dudo que en nada beneficien a los que sufren la cruda realidad, pero que al parecer alivian las conciencias de algunos espectadores del primer mundo.

Sin ir más lejos, El Apartamento contiene más crítica social que todo el cine de algún director español poco aficionado al suavizante de pelo, y la filmografía de Ritter mucha más verdad sobre la lucha de clases (si que alguien aún habla de esto) que cualquier película que podáis ver en los Golem.

No diré que "The mating season" sea ni mucho menos, tan genial como "El apartamento", pero merece la pena acercarse a este título, probablemente único caso en el que Thelma Ritter fue protagonista, aunque no aparezca como tal en los títulos de crédito, ni en las dos nominaciones que recibió por este trabajo, a los Oscar y a los Globos de Oro (¿he dicho ya que era muy buena?)

Ritter es Ellen McNulty, que lleva toda la vida sacrificándose y trabajando en una sucia hamburguesería para pagarle la universidad a su hijo Val. Gracias a esto Val ha conseguido un buen trabajo muy alejado de su ambiente de origen. En una fiesta de la empresa se enamora de Maggie, la hija de un directivo (¿hubo alguna vez alguna actriz más guapa que Gene Terney?), con la que se casa poco después.

Después de un breve prólogo que expone todo esto, nos encontramos con dos situaciones paralelas: por una parte Ellen, que no ha ido a la boda de su hijo, consigue por fin comprarse un sombrero "elegante" para el que lleva meses ahorrando, para ir a conocer a su nueva y elegante nuera.

Por otra, dicha nuera espera impaciente a una criada que ha solicitado y con cuya ayuda espera salir airosa de la primera cena que ofrece la pareja como matrimonio.

En cuánto ve a su suegra en la puerta, no tiene duda de que es la criada que espera y la envía directamente a la cocina

El director, nada más y nada menos que Mitchell Leisen tiene el buen criterio de no detenerse demasiado en la decepción de la madre, aunque la cara de Ritter al quitarse el famoso sombrero, lo dice todo.

Así Ellen termina sirviendo en la fiesta, y desde su posición de criada (es bien sabido que mucha gente cree que aquellos que se dedican a la limpieza carecen del sentido del oído) descubre en una sola noche, lo que su hijo no ha conseguido ver todavía: que todos aquellos que rodean al matrimonio desean que éste acabe pronto.

¿Por qué? Porque Val ha salido de su sitio casándose con Maggie, y Maggie del suyo y familia y ex-novios conspiran para agrandar cualquier grieta que pueda haber en la pareja, empezando por la inexperiencia como ama de casa de la joven esposa.

Ritter decide quedarse con ellos haciéndose pasar por criada, para encauzar el funcionamiento de la casa y ayudar en todo a su nuera que se ve desbordada por las circunstancias, y que sea dicho de paso, recibe poco apoyo por parte de su marido.

Es esta una agridulce película con presentación de comedia que en realidad trata sobre el sistema de clases en una sociedad como la americana, que hace bandera de la meritocracia, pero que a la hora de la verdad, no acepta que un prometedor ejecutivo hijo de una cocinera, se case con la hija del dueño de la empresa.

A lo largo del metraje es difícil ponerse del lado del hijo (la interpretación del poco carismático John Lund no ayuda nada), que no parece sufrir demasiado por tener que renegar de su madre públicamente y que ningunea los problemas de su esposa. Sin embargo, el sacrificio de la madre y el esfuerzo de Maggie por salvar su matrimonio, despiertan las simpatía del público sin tardar mucho.

Atención también al retrato la joven esposa, consciente de que está en el punto de mira y de que no puede ser la perfecta esposa (esas mujeres que servían galletas caseras llevando tacones, faldas de vuelo y collar de perlas) para la que no ha sido educada y que necesita ayuda para desempeñar ese papel.

Un apunte, si buscáis la película "Casado y con dos suegras" es el horrible título español de "The mating season", título que una vez más da una idea equivocada del tono de la película y además no se corresponde con el argumento (¿quién tiene dos suegras? ¿que tu madre se haga pasar por tu criada es tener dos suegras?)

Si la película de Leisen tiene ciertos puntos de interés, "Carta a tres esposas" de Mankiewicz es directamente una obra maestra por muchos motivos. Aquí Thelma Ritter tiene un papel breve, no aparece si quiera en los títulos de crédito, pero sumamente significativo.

Lora Mae (hasta el nombre es una declaración de intenciones), el personaje interpretado por Linda Darnell, es la joven y atractiva empleada de una fábrica, a la que un día el señor Hollinsway, dueño de la empresa invita a salir. Para él, ella no es más que una conquista fácil que quedará deslumbrada por una cena y un paseo en su caro coche, pero ella tiene otros planes y hace que la velada empiece con él conociendo formalmente a su familia.

Solo esa escena, con la incomodidad evidente del dueño de la empresa, que se siente también dueño de la chica, obligado a comportarse como el caballero que no es, en la humildísima casa de la chica, hace que merezca la pena la visión de "Carta a tres esposas".

En la casa, está una de las mejores amigas de la madre de Lora Mae, Ritter, que trabaja como criada para unos amigos de Hollinsway (en la primera escena que aparece, la vemos negándose a ponerse una cofia). Por lo tanto, le ha cogido el abrigo y servido el café decenas de veces. Sin embargo, Lora Mae los presenta ceremoniosamente.

- Señor Hollinsway ¿conoce a la señora Dugan?

Él se queda desconcertado y Ritter dice con voz cansada
- Lora Mae, el señor no conoce mi apellido.

¿Se puede decir más con menos?


Loque

Nota: Todas las fotografías son de IMDB 

viernes, 22 de febrero de 2013

La condesa descalza

Acabamos de pasar unos meses llenos de festivales y premios en el mundo del Cine, en el que se premian o se ignoran cientos de películas que los cinéfilos ya hemos visto o tenemos por ver – o por ignorar, claro-. El caso es que el Cine no siempre son luces, focos, flashes y estrellas. A veces el mismo Cine se critica a sí mismo. Una de esas películas es:
 
Título original:
The Barefoot Contessa
Año: 1954
Director: Joseph L. Mankiewicz
Guión: Joseph L. Mankiewicz
Música: Mario Nascimbene
Fotografía: Jack Cardiff
Productora: United Artists
Duración: 128 minutos 
 
Reparto:
Humphrey Bogart, Ava Gardner, Edmond O'Brien, Marius Goring, Valentina Cortese, Rossano Brazzi, Elizabeth Sellars, Warren Stevens
  
Sinopsis:
 
Tres cineastas estadounidenses descubren a una extraordinaria bailarina llamada María Vargas. Sin perder ni un minuto, todos ellos se trasladan a Hollywood, donde lanzan a la desconocida al estrellato. Kirk, el productor de sus películas, corteja a María sin ningún resultado. Ella, para humillarle, accede a acompañar a Bravano, un multimillonario, durante un crucero por la Riviera...
 
 
 
 
El comienzo de esta película siempre me ha gustado mucho. Se trata de un día lluvioso, triste y gris en un cementerio en el que un pequeño grupo de personas asiste a un entierrro. Sobre la tumba, de mármol blanco inmaculado, se levanta la figura de una mujer...
 
 
El director y guionista estadounidense Joseph L. Mankiewicz ocupa un lugar muy destacado dentro de Cine Clásico. Su carrera está llena de grandes películas conocidas y admiradas por los cinéfilos e incluso me atrevo a decir que sería una decisión complicada quedarse con sólo una de sus películas. Algunas de esas películas son El fantasma y la señora Muir (1947), Carta a tres esposas (1949), Eva al desnudo (1950), De repente, el último verano (1959), Cleopatra (1963), Mujeres en Venecia (1967) ó La huella (1972).
 
 
En La condesa descalza, Mankiewicz inspirándose en el cuento de la Cenicienta -y también se dice que en la vida de Rita Hayworth y su matrimonio con el príncipe Alí Khan-, con un guión lleno de textos y diálogos brillantes, nos muestra la parte menos conocida y más cruel del mundo del cine, pero no centrándose en rodajes, fiestas o estrenos sino en la vida de una estrella de cine. Una de esas estrellas que ha surgido de la nada y que rápidamente ha cautivado a todos. Se trata de una mujer española de nombre María D´amata, nombre artístico de María Vargas.
 
 
Conocemos a María bajo la bella apariencia de Ava Gardner, en la que para muchos es su mejor interpretación. María es deseada por todos los hombres, logra el éxito y puede lograrlo todo. Todo menos la felicidad. Siempre que puede, se descalza porque se siente más segura. Ava Gardner, a sus 32 años estaba en el esplendor de su belleza. Acababa de protagonizar Mogambo (1953) junto con a Clark Gable y en esta época estaba casada con Frank Sinatra. En estos años Ava comenzó a tener problemas tanto personales como de salud, pero eso no influyó negativamente en la construcción de esta condesa descalza que tenía tanto y tan poco al mismo tiempo.
 
A los pocos segundos de haber comenzado la película en aquel triste cementerio, sabemos que los allí presentes asisten al funeral de la protagonista de la película. Para conocer a este personaje, Mankiewicz, utiliza varios flash-back cronológicos contados desde el punto de vista de los tres hombres que mejor conocieron a María en sus últimos años de vida.

 
Su mejor amigo, su director, su guionista, su confidente e incluso su ‘padre’ es Harry Dawes interpretado por un ya envejecido Humphrey Bogart. Se dice que Bogart y Gardner no se soportaban sin embargo eso no es lo que vemos en la pantalla en donde la compenetración y la complicidad están totalmente presentes. Una verdadera relación de amistad.
 
  

Conocemos la vida de María ya como actriz consagrada gracias al siempre sudoroso Oscar Muldoon, representante. El actor Edmond O’Brien se llevó el Oscar como actor de reparto por este papel. Primero es el representante en el cine del millonario y descubridor de María, el frío Kirk Edwards (Warren Stevens) y más tarde de otro millonario sudamericano Alberto Bravano (Marius Goring) dos gallos de pelea que compiten pero que no logran el cariño de María.
 
 
El último hombre que entra en la vida de María es el conde Vincenzo Torlato-Favrini aristócrata que enamora y se enamora de María a pesar de la oposición de su hermana Eleanora Torlato-Favrini (Valentina Cortese). Da vida al conde el actor italiano Rossano Brazzi, quién al año siguiente protagonizaría con Katharine Hepburn, Locuras de verano (1955) de David Lean. 


Buenas fotografía y un vestuario fastuoso que realzaba, sin cabe, la belleza de Ava Gardner que sabe lucir ese vestuario como nadie.
 
El animal más bello del mundo, Ava Gardner despliega toda su sensualidad es una secuencia en la que al ritmo de la sinuosa música compuesta por Hugo Winterhalter, baila en un campamento gitano, como no podía ser de otra manera, con los pies descalzos sobre la hierba logrando que no podamos apartar la vista de sus caderas, sus brazos, sus ojos y sus labios rojos.
 
 
 
 
En España, La condesa descalza se estrenó en junio de 1956 en pleno Franquismo, por ello fue doblada al castellano bajo la censura franquista y por lo tanto se cambiaron algunos diálogos para no tocar ciertos temas prohibidos por el Régimen. En 1972, se volvió a doblar con los diálogos traducidos literales de su idioma original. Así es que quiero advertir, por si alguien se anima a verla en su versión doblada, que existen dos doblajes diferentes y que por supuesto este último es el correcto para entender claramente el desarrollo de todo lo que ocurre en la película.
 
 
Una película de esas que se suelen clasificar como cine dentro del cine cuyo director y guionista recibió una nominación al Oscar al mejor guión y que tanto por su argumento como por sus intérpretes forma ya parte de los Grandes Clásicos del Cine.
 

viernes, 12 de noviembre de 2010

Todo sobre Eva



Hace tiempo en un programa de radio sobre cine preguntaban cuál era tu película preferida. Es de esas preguntas de difícil responder y cuando llega a ser una obsesión como a todas las firmantes de Zinéfilas,más.

Pero yo siempre lo he tenido claro.En fin, todos tenemos una película que nos ha marcado , sin duda para mi es Eva al desnudo (All about Eve, 1950) de Joseph Leo Mankiewicz.

Podría pasarme horas hablando de ella, quién me conoce sabe que puedo hacerme muy pesada y que cuando empiezo ya no puedo parar. Me gustan los dramas como género y esta película es una espectacular muestra de interpretaciones y de guión magistral, lleno de frases que han pasado a la historia del cine como es “abróchense los cinturones que esta noche habrá tormenta”!.

Pero hoy no hablaré de la película en concreto sino de un libro sobre ella. Hace unos años me compré este magnífico libro de Sam Staggs: Desnudando a Eva. Staggs hace y nunca mejor dicho, una “reveladora desnudez”, sobre esta historia en que se basó el relato de Mary Orr, desde su publicación en un periódico como relato breve, hasta todas las peripecias del rodaje, su distribución, estreno y relación entre sus actores.

La historia de Eva al desnudo tiene infinidad de anécdotas que están espléndidamente descritas en este libro, y aunque yo, como he comentado, no hablaré de la película si que me gustaría explicar algunas de las anécdotas que aparecen en el libro y no salen en la cinta. Hay tantas que podríamos llenar tres comentarios seguidos pero escogeré las que más recuerdo y que son muy curiosas:

Joseph Leo Mankiewicz, llamó a Bette Davis, en aquella época, una actriz en decadencia de 50 años, para ofrecerle el papel que sería, el de su vida (de hecho había puesto un anuncio en los periódicos para anunciar "sus servicios")

Thelma Ritter y Marilyn Monroe trabajarían juntas en esta película (una de las primeras de la Monroe) y en la última de la sex-simbol (la magnífica The Misfits de John Huston)La narración inicial de la historia, escrita por Mary Orr, era tan sólo de tres páginas y fue publicada en un periódico. Orr era también actriz

Celeste Holm y Bette Davis las dos amigas íntimas de la cinta, en realidad no se podían ver, bueno se odiaban, cosa bastante "habitual" con las parejas cinematográficas de la Davis, recordar sino la legendaria guerra de odio entre ella y Joan Crawford

El premio Sarah Siddons, el que le dan a Anne Baxter al inicio de la película, después fue un premio real que se daba al teatro y en su tercera edición lo ganó Bette Davis!

La película estuvo nominada con 14 estatuillas consiguiendo al final 6 (película, director, actor secundario, George Sanders (brutal!!), Guión adaptado, sonido,y al vestuario para Edith Head.

Edith Head (hagamos una mención especial para la persona (hombre/mujer) que más Oscar ha conseguido en la historia del cine: 8 en total!!!) fue una diseñadora de vestuario americana que se convirtió en la principal diseñadora de la Paramount en los años 30 aunque después fichó para la Universal. Siendo la modista más famosa de Hollywood que fue admirada por su amplia variedad de vestuario, elegantemente sencillo y extravagante a la vez.

Lauren Bacall interpretó a Margot Chaning en una adaptación teatral en forma de musical en Broadway, ese año ganó el Tony

Thelma Ritter, personalmente la mejor actriz secundaria de la historia, se come literalmente a todos sus compañeros menos la Davis que es con quien tiene los diálogos más espectaculares de la película y las escenas más buenas para mi! Thelma Ritter empezó muy tarde en la interpretación, con 40 años pero su valia como actriz no tiene límites,en su filmografia: De ilusión también se vive, La ventana indiscreta, La conquista del Oeste, Carta a tres esposas, El hombre de Alcatráz, The misfits, Boeing-boeing.... lo que decia, impresionante!

Y podria seguir... Si no habeis visto aún la película... es de obligada visión. Y el libro, si teneis ocasión es una auténtica maravilla.

Bargalloneta