viernes, 14 de junio de 2019

El reino

Este artículo fue anteriormente publicado en la revista Calibre.38.

La reciente historia de la corrupción político-empresarial en España nos ha llenado páginas y páginas de periódicos y horas y horas de informativos o pseudoinformativos televisivos, pero sorprendentemente, salvo brillantes excepciones (y me estoy acordando ahora de Rafael Chirbes, de sus más que dignas adaptaciones televisivas y del filme “B”), se ha extendido bastante menos por la ficción. Y digo sorprendentemente porque, desde luego, le sobran ingredientes literarios y cinematográficos, en toda la gama del gris oscuro al negro, para cocinar con ellos infinitas tramas.

La trama es precisamente lo más deslumbrante de esta película, El reino, en dura pugna con a soberbia labor de actrices y actores. El guion (de Isabel Peña y el propio Sorogoyen, el dire) es tan sólido que sus dos horitas redondas se pasan en un sinsentir y los diálogos fluyen tan ligeros y frescos como si los intérpretes los improvisaran al momento.

En la historia reconocemos una y otra vez ecos y pinceladas de las bonitos asuntos de corrupción que en los últimos años han saltado de Madrid a Valencia y de Valencia a Madrid (esos son los escenarios principales de El reino, con una excursioncita, cómo no, a Andorra, y constantes referencias a Suiza y China) y disfrutamos de sutiles toques grotescos, a lo El lobo de Wall Street, pero más contenidos. Añadido a esto que ciertas escenas de tensión y suspense me han traído a la cabeza Infiltrados, se me ocurre que, si quisiera yo un título o subtítulo petardo para esta reseña, podría escribir algo así como “¿Es Sorogoyen el Scorsese español?”. En fin, ambos apellidos empiezan por ese; si obvianos la ese líquida, ambos tienen cuatro sílabas… Vale, vale, ahí lo dejo.

Ya he dicho que los actores y actrices están sublimes y quiero ahondar en ello. No solo encandilan los protagonistas (Antonio de la Torre y Josep María Pou), sino que también los secundarios (Ana Wagener y David Lorente, por ejemplo) están a mucha mucha altura. Gran parte de ellos son actores y actrices desconocidos para el gran público, de edad madura y físico anodino, muy alejados del estereotipo de Hollywood y bastante más cercanos a los castings europeos. Poco glamur, pues, por ese lado, si exceptuamos los trajes pegaditos de Antonio de la Torre, al estilo Daniel-Bond-Craig, que también es europeo.

La peli está repleta de diálogos antológicos con mucho primer plano y escenas memorables. Yo me voy a quedar con dos, ambas protagonizadas solamente por Antonio de la Torre y Bárbara Lennie, en la ficción político corrupto y estrella del periodismo televisivo, cual contrincantes que se baten en duelo por demostrar quién de los dos es más poderoso, quién va a acabar con quién.

La primera escena de ambos tiene lugar en una habitación de hotel, confortable pero desalmada, en la que apenas deja más espacio una cama vacía y enorme, un amplio espacio de encuentro y de lucha, en el que se abrazan y se arañan los corruptos y los medios.

Esa cama, que es cama y es también ring de boxeo, se amplifica y anticipa la segunda (y última) escena de ambos, esta vez en un plató de televisión.

Ahí se materializa de nuevo su relación tóxica y agresiva, de mutua dependencia, de verdadero amor-odio, y empieza a tomar cuerpo esa fantasía colectiva y casi sexual de que alguien, de una maldita vez por todas, tome aire, reúna fuerzas y tire por fin de la manta.

viernes, 7 de junio de 2019

Gloria Bell



Fui al cine a ver "Gloria Bell" (2018) con el principal reclamo de Julianne Moore como protagonista.
Después supe que se trataba de un remake de otra película homónima que el director Sebastian Lelio rodó en 2013.

Aquí, Julianne Moore interpreta a una mujer divorciada y libre que por el día trabaja en una oficina y por las noches pasa su tiempo libre en las discotecas de Los Angeles bailando.
Una noche,conoce a Arnold ( John Turturo) y vivirá con él un inesperado romance.




Julianne Moore en el papel de Gloria está extraordinaria y John Turturo( yo siempre le recordaré por "El gran Lebowsky"), brilla igualmente en esta historia de cincuentañeros dispuestos a disfrutar de las segundas oportunidades que la vida les ofrece.


Pero "Gloria Bell" es más que un remake. Sigue resultando una historia fresca,una decidida apuesta por el empoderamiento femenino que nos deja un referente significativo en el cine actual, el de una mujer que no se resigna a estar con alguien a cualquier precio. Digna, auténtica, Gloria es un personaje entregado, que aún cree en el amor y en el romance ,envuelto aquí en una nostálgica pero a la vez imperecedera banda sonora.




Y sí, pasados los cincuenta,cada vez es más difícil hacer cosas por primera vez, pero lejos de caer en el escepticismo amargo,el director nos lleva de la mano de Gloria, para deleitarse en el gozo de vivir,de los pequeños detalles, de encontrar tu sitio en el mundo, al margen del rol de esposa ,madre o abuela, que la sociedad se encarga de asignar a la mujer casi de serie y que a Gloria se le queda diminuto.
Por ello, Gloria  se atreve a explorar ,a gozar ,a ser protagonista en su vida de verdad ,sin complacer ,sin doblegarse a las expectativas ajenas,tan dueña de sus días  y libre como  baile y se mueve en la pista de baile cuando suena "Gloria" Umberto Tozzi.



Vivir a los cincuenta no deja de ser un ejercicio de improvisación, pero hay que ser muy valientes para atreverse a iniciar nuevas relaciones y seguir dándote oportunidades en el amor. No correr riesgos es de cobardes, resignarse, refugiarse en una segura y falsa zona de confort. Al margen de que salgas airosa o escaldada, incluso aunque cada intento si es frustrado cause más dolor ( como decía aquella canción de Pablo Milanés ), echarse  a un lado, ejercer de espectadora o peor ,de juez implacable de quienes sí se atreven a vivir con independencia de su edad, es posiblemente otra forma de morir ,más temprana y amarga.

Es por eso, que la película sin sorprendernos, nos sigue pareciendo deliciosa.Y gran parte del mérito como no, lo tiene esa actriz todoterreno que es Julianne Moore cuya trayectoria nos deja papeles imborrables ya en el cine contemporáneo como en "Magnolia", "Mapa de las estrellas", "El Gran Lebowski", "Las horas ","A ciegas",  o "los chicos están bien".

Necesitamos arquetipos femeninos  como Gloria : libres, empoderadas, capaces de reescribir sin que nadie se lo dicte , el compás que ha de seguir sus días,porque ya sabemos que el cine es un reflejo de la realidad a veces, la realidad también puede mirarse en el cine encontrando modelos inspiradores.


Gloria nos enseña que por muchas adversidades que surgan, nada impedirá que ella siga bailando en la pista,con o sin compañía,como una muestra renovada de fe y confianza en la vida,aquí y ahora,lejos ya de la juventud pero apostando por jugar sus cartas con dignidad,valor y confianza.No la dejéis escapar.

Buen fin de semana, zinéfil@os/as,


Troyana





viernes, 31 de mayo de 2019

El Show de Truman


Por si queda alguna persona en el mundo que no haya visto esta peli, la presento así: Truman Burbank es el protagonista absoluto de un show de telerrealidad que emite su vida en directo durante veinticuatro horas al día desde que nació hace algo más de treinta años.
Semejante premisa narrativa solo puede asimilarse desde una lógica televisiva, así que El Show de Truman comienza así, con una tremendamente eficaz presentación del reality, tan eficaz como el simplón simbolismo (quizás eficaz por su simplicidad) del nombre y el apellido del protagonista: Truman es literalmente ‘el hombre verdadero’, auténtico, que no esconde nada (porque no puede) y que fue adoptado, nada más nacer, por una corporación, que le dio su apellido, Burbank, y que está posiblemente asentada en Burbank, una ciudad del condado de Los Ángeles, fundada en 1887, donde tienen su sede muchos medios y compañías de entretenimiento; entre otros, Warner Bros., NBC, Disney, Nickelodeon o Universal. 
Este simbolismo se extiende también al propio título del filme, que se llama también El Show de Truman, al igual que el show ficticio, el cual se rueda en el mayor plató televisivo del mundo. Peter Weir rodó la peli en Seaside, una comunidad planificada de Florida. Con la ayuda de Wikipedia, podríamos definir “comunidad” o “ciudad” planificada, como la “creada en un terreno previamente no urbanizado, con un propósito determinado y de acuerdo con un plan urbanístico global”, a partir de una “decisión administrativa y no del movimiento natural de la población”. La presunta realidad nace también, por tanto, de algo previamente elaborado, artificial, y con su punto fake.

El bueno de Truman en su idílico pueblecito, un poco como Eduardo Noriega en "Abre los ojos"

Para reforzar esa apariencia de falsedad en la que (recordemos) vive un ‘hombre verdadero’, la ambientación se inspiró en pinturas de Norman Rockwell y postales de la década de 1960. La estética general estuvo influenciada por imágenes televisivas y particularmente comerciales: en muchos planos los personajes se acercan a la cámara con los ojos muy abiertos y las escenas interiores están muy iluminadas, porque Weir quería recordarle al público que en este mundo todo está en venta.
Truman vive rodeado de actores que representan un papel. Su madre es una actriz y también son intérpretes su padre, su mejor amigo e incluso su mujer. Todo gira a su alrededor y, sin embargo, está solo. Todos dicen amarlo y querer protegerlo. Nadie le dice que lo que en realidad protegen es su modo de vida. Todos le aconsejan que lo mejor, para ser feliz, es ser “normal” y mantenerse ignorante: no moverse de su pueblo, no abandonar a su mujer, no dejar su aburridísimo empleo, tener hijos… Vamos, lo que pasa en la vida de cualquiera.

El Show de Truman se presta a un montón de lecturas e interpretaciones, que iremos desgranando más adelante. Pero a mí la que más me gusta es esta, que no sé muy bien cómo calificar: ¿psicológica?, ¿antropológica?, ¿teologal? Se llame como se llame, voy con ella y aviso de destripe.

El productor ejecutivo del ficticio show de Truman se llama Christof (otra vez ese simbolismo facilón y efectivo), se cree omnipotente, cree controlarlo todo y, de hecho, en su monstruoso estudio de televisión, controla todos los aspectos de la vida de su criatura, incluso el clima y la duración de los días, y le inocula todos los miedos posibles para anular su deseo de abandonar su vida, de salir de su comunidad.

Pero, a pesar de todos los desvelos de su cuidador, a Truman le empieza a suceder lo que nos sucede a (casi) todas: que empezamos a cuestionar nuestra vida, la vida que otros han diseñado para nosotras, y decidimos cambiarla.

Para Truman la única salida es huir, de manera que consigue zafarse de todos sus controladores (es decir, de toda su familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo… todos) y obliga a Christof a echar mano de recursos tanto bíblicos, de dios malo, como paternales, de dios bueno: ha creado para él un mundo a su medida, donde está está libre de los peligros del exterior, y su deber es regresar y hacer feliz a la gente que lo rodea y a la que lo contempla en sus pantallas.

El todopoderoso Christof controla el clima

Pero, como decía antes, hay otras interpretaciones sobre Truman. La lectura psiquiátrica la apuntó el guionista Andrew Niccol al declarar: «Todo el mundo cuestiona la autenticidad de su vida en cierto punto. Es como cuando los niños preguntan si son adoptados». Joel Gold, psiquiatra del Hospital Central Bellevue de Nueva York, reveló en 2008 que cinco de sus pacientes con esquizofrenia creían vivir dentro de un show de televisión. Gold llamó a este síndrome «delirio de Truman» y lo atribuyó a un mundo necesitado de publicidad, notoriedad y protagonismo.

Yo no estoy de acuerdo con esta relación directa del delirio con los medios televisivos y estoy, sin embargo, segura de que no será necesario bucear demasiado en la historia de la psiquiatría para encontrar delirios similares, muy relacionados con la paranoia. La gente siempre ha necesitado ser importante; no es algo que suceda desde ayer por la tarde; no lo ha provocado Internet ni la televisión.

Luego está la lectura mediática: los reality shows son tan reales como falsos; el poder de los medios de comunicación de masas es terrorífico e ilimitado y la peli nos ofrece una visión profética de la cultura desmedida de la celebridad y de una nación con una insaciable sed por conocer los detalles privados de vidas ordinarias y extraordinarias.

Ya he dicho que estas otras interpretaciones me parecen aceptables, aunque parciales. Me convence más, como también he dicho, la interpretación anterior, más totalizadora, y sobre todo, la conclusión cínica: da igual lo que pase en los medios; por muy grave, por muy escandaloso, por muy trascendente que algo sea, enseguida será sustituido por otra cosa nueva y la gente cambiará de canal.


Ficha técnica (Wikipedia)
Título
El show de Truman (Una vida en directo)  en España)
The Truman Show: Historia de una vida en Hispanoamérica
Dirección
Peter Weir
Producción
Scott Rudin
Andrew Niccol
Edward S. Feldman
Adam Schroeder
Guion
Andrew Niccol
Música
Philip Glass
Burkhart von Dallwitz
Fotografía
Peter Biziou
Montaje
William M. Anderson
Lee Smith
Protagonistas
Jim Carrey
Ed Harris
Laura Linney
Noah Emmerich
Natascha McElhone
País
Estados Unidos
Año
1998
Estreno
1 de junio de 1998 (Los Angeles) 
5 de junio de 1998 (Estados Unidos)
Género
Comedia dramática
Ciencia ficción
Duración
103 minutos
Idioma(s)
Inglés
Productora
Scott Rudin Productions
Distribución
Paramount Pictures

viernes, 24 de mayo de 2019

Rocco y sus hermanos


Creo que no se puede ser hombre, y mucho menos artista, sin tener una conciencia política. El arte es política (Luchino Visconti).

Descendiente directo de los grandes duques de Milán, el conde Luchino Visconti (1906-1976), aristócrata y marxista, impregnó toda su obra cinematográfica de esa conciencia política.

En Rocco y sus hermanos, la película con la que culmina y abandona su etapa neorrealista, Visconti afronta el relato de uno de los dramas contemporáneos más duros: la emigración desde el paupérrimo sur al rico norte industrializado, y lo hace no solo con conciencia política sino también con compasión y empatía.

En esta película (rodada entre 1959 y 1960), Visconti culminó el relato que había iniciado en la tierra tiembla (1948), una de las principales obras del neorrealismo italiano. Pero ahora la película ya no es un documental, como lo fue aquella que contaba las penalidades de los pescadores sicilianos; tampoco los personajes son ya las mismas pobres gentes cuyas vidas se filman, sino actores profesionales.

Rocco y sus hermanos fue la película preferida de Visconti y la que más difícil le resultó rodar. Por una parte, el director tuvo duros enfrentamientos con la censura, que le obligó a eliminar algunas escenas y a cambiar otras; por otra, el mismo Visconti encareció la producción al hacer cambios en el guion, ya terminado, para incluir elementos derivados de la lectura que acaba de hacer de unos cuentos del escritor milanés Giovanni Testori, porque Visconti era perfeccionista hasta la extenuación (la suya y la de los que trabajaban con él).

Aunque pensó rodar la película en color, finalmente, decidió “…que debía de ser gris: de esta forma veían Milán los solitarios campesinos del sur”.
Simone,  Rocco y Ciro deslumbrados por la gran ciudad
En las partes del guion con mayor carga política, Visconti consultó a Antonello Trombadori, que era su enlace con el secretario general del Partido Comunista Italiano, Palmiro Togliatti. Visconti, que consideraba al Partido la vía de regeneración y reconstrucción de la Italia post-fascista, siempre sintió gran respeto por Togliatti, bajo cuyo mando el PCI se convirtió en el segundo partido político del país y en el mayor partido comunista de Europa Occidental. Mientras Togliatti vivió (murió en 1964), Visconti (a pesar del rechazo del Partido hacia la homosexualidad y Visconti era homosexual y vivía como tal) sometió todos sus guiones a Trombadori.

En Rocco y sus hermanos, Visconti, el gran señor milanés criado en la más esplendorosa riqueza, se adentra por primera vez en los tristes suburbios de cemento que han nacido en el cinturón de su ciudad para albergar a los miles de emigrantes sureños que llegan en busca de prosperidad; siguiendo su mirada, visitamos las infraviviendas donde se hacinan los emigrantes, los talleres y obras donde trabajan precariamente, los billares y gimnasios donde se distraen y se relacionan y los descampados donde se refugian para amarse, prostituirse, pelearse o matar…
Rosaria Parondi, magníficamente interpretada por Katina  Paxinou
Todo ese mundo, Visconti no los muestra a través de las vicisitudes de la familia Parondi, desde el momento en que la viuda Parondi, decidida a arrancar a sus hijos de la pobreza campesina que ha matado a su marido, llega a Milán con cuatro de sus hijos (Simone, Rocco, Ciro y Luca) en busca de Vicenzo, el hijo mayor que ya se les ha adelantado en el éxodo.

La vida en la ciudad (el choque brutal con el mundo en el que se han criado) provoca convulsiones profundas en la familia; cada uno de sus miembros responderá, según sus diferentes personalidades, a los retos de la nueva vida.

Ese es el núcleo central de la historia (con múltiples derivaciones) que Visconti estructura en cinco bloques, uno por cada hermano. Los 170 minutos de denso metraje dan para que Visconti aborde infinidad de asuntos y conflictos: las relaciones familiares; la precariedad laboral; el mundo, tan oscuro en ocasiones, del boxeo; el amor puro y el mercenario…

La película está llena de referencias literarias e incluso bíblicas (el título, por lo pronto, es un homenaje al poeta sureño Rocco Scotellaro y a Thomas Mann y su obra José y sus hermanos): la tragedia griega, Shakespeare, Dostoievsky… hay rastro de todos en la obra de Visconti; es decir, de toda la gran cultura europea en la que Visconti encontraba sus referencias vitales.

Gaia Servadio, la biógrafa de Luchino Visconti, señala especialmente la influencia de El Idiota, de Fiódor Dostoievski, en el personaje de Rocco, en la bondad y candidez con la que se enfrenta a los problemas creados por su hermano Simone (en el que se puede encontrar también la influencia del malvado Rogozin de El Idiota). Y también la prostituta Nadia, interpretada por Annie Girardot, y su historia con Simone y Rocco, es reflejo de la historia de  Nastasia Filipovna con Mishkin y Rogozin; de la misma manera que  en la Ginetta de Visconti (interpretada por Claudia Cardinale) hay rasgos de la Aglayala de Dostoievsky.
Rocco (Alain Delon) y su madre (Katina Paxinou)
La matriarca, Rosaria Parondi (la actriz griega Katina Paxinou) era la interprete más importante del reparto en cuanto a que era quien tenía mayor prestigio internacional (había ganado un Óscar como mejor actriz secundaria en 1944 gracias a Por quién doblan las campanas). Supo interpretar magistralmente su personaje, que bebe directamente de la tragedia griega, de madre que ama apasionadamente a sus hijos pero que también los considera como una propiedad y un medio de alcanzar bienestar y respeto social. Su enfrentamiento con Ginetta, la novia de Vicenzo, se debe a que considera que su hijo mayor (bien interpretado por otro actor griego, Spiro Focás­­­­) debe de sacrificar su matrimonio con la joven para hacerse cargo económicamente de la familia. El amor de Ginetta libera, finalmente, a Vicenzo de la influencia de su madre, aunque en realidad, personaje débil como es, lo que hará es cambiar una sumisión por otra, puesto que en Ginetta ya se puede apreciar a una futura Rosaria.
Claudia Cardinale, como Ginetta,  y Spiro Focás, como Vicenzo
Ciro, el cuarto hermano, es el más inteligente y voluntarioso, convertido en obrero especialista de la Alfa Romeo gracias a su férrea voluntad, se opondrá a que Rocco se sacrifique por Simone y a que la familia intente encubrirle. Dentro de la familia, simboliza, claramente, la razón frente a la pasión.

Luca, el hermano menor, todavía niño, es la página en blanco en la que los hermanos mayores escriben con sus diferentes ejemplos. Simboliza la esperanza de los emigrantes desarraigados de lograr, ellos o sus hijos, aquello con lo que soñaban; pero queda como incógnita final que camino tomará en la vida.
Max Cartier, como Ciro, y Rocco Vidolazi, como Luca
Pero es el segundo hermano, Simone, el más significativo de toda la historia. El hermano más débil ante las tentaciones de la gran ciudad, el que cae en la peor degradación y provoca el cataclismo familiar, a pesar de los esfuerzos desesperados de la madre y de Rocco por protegerlo. Este papel posibilitó al italiano Renato Salvatori la mejor interpretación de su carrera y también el amor en la vida real, por lo menos durante unos años, de Annie Girardot.

Intentando proteger siempre a Simone, se encuentra el tercer hermano, Rocco (Alain Delon en su máximo esplendor físico), el que siempre reacciona con bondad y generosidad ante la vileza de Simone e intenta mantener unida a ese núcleo familiar que salió de la tierra natal idealizada por Rocco y a la que, precisamente para intentar salvar a Simone, debe de renunciar para siempre al convertirse, en contra de sus deseos, en boxeador.

Lo malo es que la bondad visceral de Rocco la pagará duramente Nadia, la prostituta amada por los dos hermanos; la mujer que en el amor de Simone encuentra el envilecimiento y en el de Rocco la promesa de una salvación que derivará en el más cruel de los desengaños.
Rocco y Nadie (Annie Girardot) en sus momentos más felices
Aunque Visconti supo contar la historia con profunda compasión y humanidad hasta en sus momentos más sórdidos, lo cierto es que un juicio desapasionado sobre la aparente bondad de Rocco hace que lo cuestionemos con dureza; porque Rocco, aunque ama a Nadia, no duda en sacrificarla a su egoísta amor por la familia; y la idea de que la entregue, como supuesto medio de redención, a quien la ha violado no puede por menos de repugnar profundamente.
Annie Girardot, como Nadia, interpreta el papel más patético de la película
Lo cierto es que está película supuso el espaldarazo definitivo para la carrera de un Delon recién aparecido en el mundo cinematográfico. Adriana Asti, que tuvo un pequeño papel en la película, como trabajadora de la tintorería en la que hacía recados Rocco, comentó “Luchino transformó a Delon en un actor… Luchino era extremadamente sensible a la belleza, tanto masculina como femenina… él se volvía casi ciego cuando se enfrentaba con la belleza: incluso los imbéciles eran bien considerados, si poseían belleza. Era una debilidad, se reflejaba en estas hermosas criaturas, se sentía a gusto en su compañía”.

El mismo Visconti reconocía su absoluta devoción por la belleza física en general y por la Delon en concreto: Amamos a Delon porque, para nosotros, latinos, la belleza es benéfica. No puede jamás ser malvada. Delon puede hacer cualquier cosa, sin perder la estima terrible y apasionada de nuestro corazón".
Alain Delon encarnando a Ro
La admiración de Visconti por Delon hizo que volviera a contar con él para una obra de teatro (Lástima que sea una puta, protagonizada por el francés y su novia entonces, Romy Schneider) pero Visconti impidió que, mientras la representaban, Delon trabajase en la película Lawrence de Arabia y esto enturbió sus relaciones, que empeoraron durante el rodaje de El Gatopardo.

A la luz de las declaraciones que a lo largo de su vida ha hecho Delon contra la homosexualidad, no es raro que su asociación laboral con Visconti no pudiera continuar.

Luchino Visconti era generoso, paternal, déspota y cruel con sus actores, a la manera del príncipe renacentista que había en él. Lograba lo mejor de ellos: grandes actuaciones cuando eran buenos actores e incluso buenas interpretaciones cuando solo eran un hermoso caparazón, como el que fue su amante, Helmut Berger (este, que se considera el viudo de Visconti, muestra en sus memorias unos celos enfermizos por Delon, que no fue amante de Visconti pero sí mejor actor que él). En Rocco y sus hermanos, Visconti logró que todos los actores hicieran grandes actuaciones y estuvieran absolutamente convincentes.
Simone (Renato Salvatori) y Rocco
Luchino Visconti, apasionado director de teatro y ópera (el mejor director de María Callas), criado en un palazzo con teatro propio, vinculado desde su nacimiento a la Scala  (que su abuelo, el duque Guido, había convertido, en colaboración con Toscanini, en uno de los teatros de ópera más importantes del mundo, aunque Toscanini no se sintiera muy feliz cuando el duque salía a bailar disfrazado de bailarina y con su barba camuflada con velos) hizo de Rocco y sus hermanos una verdadera opera cinematográfica, aunque tuviera un carácter proletario  y ello no le permitiera jugar con la suntuosidad de las telas y los muebles, algo en lo Visconti era insuperable.

Pero aun con las limitaciones que la historia imponía, Visconti también en esta película supo utilizar las telas para dar mensajes sutiles pero definitivos: está claro que el Simone que aparece, en la tintorería donde trabaja Rocco, lujosamente trajeado se ha adentrado por un camino muy diferente al del trabajo honrado.
Nadia y Rocco en el Duomo de Milán
Sí, aunque proletaria, Rocco y sus hermanos tiene mucho de ópera, tanto en la tragedia que encierra como en el tratamiento que Visconti da a las escenas principales: la salvaje pelea de los dos hermanos, la violación de Nadia, la ruptura de Rocco con Nadia en el impresionante escenario del tejado del Duomo (donde la arquitectura cobra tanta importancia como los personajes), el asesinato de la joven (con una connotación sacrificial que contribuyó a granjear a Visconti la repulsa desde muchos púlpitos)…
Nadia ante Simone
En septiembre del 60 la película causó un gran escándalo en el Festival Cinematográfico de Venecia. El jurado del Festival tuvo que plegarse ante sus méritos y le concedió un premio especial para evitar darle el primer premio. Visconti lo despreció y no se molestó en recogerlo.

Simone, totalmente degradado, ante Ciro y Luca
Rocco y sus hermanos se convirtió en un absoluto éxito de taquilla, a pesar de que las autoridades laicas y eclesiásticas, la aristocracia y la gran burguesía italianas la anatemizaron y persiguieron; hasta se llegó a prohibir en algunos municipios. No podían tolerar el mensaje que encerraba: que los emigrantes del sur de Italia eran ciudadanos de segunda clase. Incluso los partidos democristianos y neofascistas protestaron en el Parlamento por la supuesta difamación que la película suponía de la emigración sureña.

Y como no podía ser menos en el exquisito melómano que era Visconti, la música que eligió, del compositor Nino Rota, supone el complemento perfecto de la película; conmovedor y nostálgico contrapunto de la dureza de una narración que aún, sesenta años más tarde de su realización, sigue emocionando a los espectadores y mostrándoles uno de los episodios históricos más significativos de la Europa del siglo XX.
Yolanda Noir

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 17 de mayo de 2019

Gracias a Dios

François Ozon

Me gusta François Ozon. No siempre, pero casi. Y el tema de la pederastia en la Iglesia Católica me interesa. Dos buenas razones para ir a ver Gracias a Dios. Creo que soy incondicional de Ozon desde que vi En la casa, que me fascinó. También me gustaron Joven y bonita, Frantz y Una nueva amiga. No así El amante doble que me pareció un pestiño psicológico imposible de tragar, pero soy una mujer fiel en mis quereres y este director tiene crédito para rato. Me pasa igual con Almodovar o Woody Allen, aunque me hayan decepcionado muchas veces, cuando me gustan, me gustan tanto que se lo perdono todo.
Aquí François Ozon se mete en un jardín que le ha ocasionado bastantes problemas. Su película cuenta una historia real, la del sacerdote Bernard Preynat que abusó de más de setenta niños en los boy scouts de Lyon en los años 80. En el escándalo también esta implicado el arzobispo Phippe Barbarin que intentó ocultar el asunto.
Imagen que expresa el concepto
de modernización de la iglesia
La película cuenta la historia desde el punto de vista de varias víctimas. El que inicia la investigación es un hombre católico, muy implicado con la iglesia, padre de cinco hijos que, al enterarse de que el sacerdote que abusó de él en la infancia vuelve a Lyon, decide hablar con el arzobispo e intentar que aparten al hombre de todo contacto con niños y lo expulsen de la iglesia. Es un hombre paciente y razonable, que pretende arreglar las cosas desde dentro de la iglesia, sin recurrir a los tribunales ni organizar ningún escándalo. El segundo personaje ha podido también rehacer su vida. Sus padres informaron a la iglesia, pero tampoco denunciaron a los tribunales por proteger a su hijo. La tercera víctima sufre secuelas severas y lleva una vida más desestructurada.
Melvil Poupaud, uno de los protagonistas
Las víctimas crean una asociación, buscan víctimas cuyos casos no hayan prescrito y se ayudan y apoyan porque, incluso en los que parecen mejor adaptados, hay huellas de ese pasado atroz.
La historia presenta imágenes del pasado, esos niños de aspecto frágil que acuden a un campamento de verano donde el padre Preynat es la estrella y ser uno de sus favoritos, un privilegio. Sin necesidad de escenas escabrosas, el director consigue que se te pongan los pelos de punta.
Otro aspecto que me gusta es como se mezclan con la historia los tiempos de la liturgia: la Navidad, Semana Santa o Pascua. Imágenes entrañables y bellas de la misa del gallo y el árbol de Navidad que ocultan una realidad sórdida y oscura.
Ozon tuvo problemas en todos los aspectos: conseguir financiación, encontrar lugares en los que grabar (en Lyon fue imposible) y después del estreno, aguantar muchos chaparrones.
La polémica ha perseguido al director y su película, pese a que no me parece que esté hecha con pretensión de escándalo, sino de denuncia y de reflexión. Me recordaba a Spotlight (aunque esa me pareció mejor). Es suficiente con contar lo que ha pasado de verdad, no necesitas echarle ni un gramo de dramatismo extra. Otro estilo era El Club de Pablo Larrain, mucho más dura y agresiva, pero también excelente.
No dejéis que los niños
se acerquen a mí
Cuando se estrena una película sobre este tema, se leen titulares "crisis en la iglesia católica por los casos de pederastia" o "los escándalos sacuden a la iglesia", pero yo no veo que se sacuda gran cosa. Se hacen unos discursos, unas declaraciones de buenas intenciones y se sigue intentando echar tierra sobre el asunto. Me sorprende que a algunos católicos les escandalice más que se cuente que el hecho de que haya sucedido.
Ozon entrevistó a varios miembros de la asociación "Palabra liberada" que es la que llevó adelante la denuncia a Preynat. Exploró sus recuerdos de infancia, sus recuerdos, el despertar de su sexualidad…
Con todo, como película, me parece un poco plana. Creo que a una historia tan potente se le podía sacar más partido. Hay una parte que me parece intencionada, de guardar un tono un poco frío, como documental, para contar los hechos, pero hay algo que no acaba de funcionar. La historia del primer personaje ocupa mucho más que las otras y, cuando crees que la película está centrada en ese personaje, aparecen los otros. No sé explicar muy bien qué es lo que falla, pero, aunque es una buena película, no es redonda. Con todo, os aconsejo que la veáis y me comentéis qué os ha parecido. Todavía faltan películas sobre este tema, a ver si ayudan a conseguir que se mueva ese mamut que es la Iglesia Católica.
Laura Balagué

viernes, 10 de mayo de 2019

Una jornada particular


Hoy os traigo a este rincón cinéfilo una película italiana que ya tiene cuarenta y dos añazos. Se trata de una cinta de Ettore Scola, guionista y director de cine asociado a la commedia italiana. La peli se titula "una jornada particular", en italiano original "una giornata particolare", y ciertamente, la peli se basa en un día concreto que fue realmente particular: el seis de mayo de 1938. Este día Hitler y sus secuaces más cercanos asistieron, como egregios invitados por Mussolini,al desfile en su honor de miles de italianos fascistizados hasta las pestañas. Todo eran camisas negras (color de los fascistas italianos), penachos en los cascos, uniformes imposibles y afilados gorritos de militares alpinos que si no estás lista y se giran para decirte algo, te sacan un ojo...y este acontecimiento es el punto de partida de la historia que Scola nos trae.

Cartel


Sinopsis con espóiler, que es lo de menos. Por mucho que se cuente la trama, echadle un ojo.

Es la mañana del gran día y Antonietta (Sofía Loren), una mujer en la cuarentena, sufrida esposa y madre, con una educación elemental, y fascista, como todo el mundo de alrededor, comienza el día despertando a sus seis hijos y a su marido, rudo, dictatorial y poco sensible fascista que trabaja en el ministerio del África Oriental. (Mussolini se las dio de genio militar al haber invadido la Abisinia, hoy, Etiopía, de Haile Selassie con armas de fuego, aviones y vehículos Fiat, mientras los pobres abisinios iban a la guerra desigual con algún animal semoviente, sus propios pies y lanzas y cuchillos) 

La familia desayuna para el desfile, mientras la sufrida madre curra.


Todos se arreglan, se lavan y desayunan aprisa porque van a ir al desfile militarizado para que lo vean los altos jerarcas de la Alemania nazi. Cada uno con su uniforme, chicos, chicas, adultos o niños, salen de sus domicilios en ese grupo de viviendas para clase media como si fueran una legión de hormigas (Predomina el color negro del fascismo) con destino al desfile. El enorme grupo de viviendas de tono gris queda prácticamente vacío, sólo Antonietta, como abnegada esposa y madre se queda en casa para hacer las tareas propias de la buena mujer italiana y fascista. Ella y la portera, una anciana bigotuda, malencarada  y fascista que, como no va al desfile, lo escucha a todo volumen por la radio que ha encendido para tal ocasión.

El grupo de viviendas manifiesta su fascismo y sus vecinos salen, de uniforme, a honrar a Hitler.


La radio juega un papel importante en esta cinta porque continuamente suena por todo el grupo de viviendas erigido por el fascismo, como puede notarse por el enorme fascio que hay de adorno en su fachada, nunca mejor dicho. Se difunde por las ondas la manifestación, los discursos de los jerifaltes engreídos en sus uniformes de chichinabo y las marciales y viriles marchas militares, rugidas, más que cantadas a coro por recias voces de barítonos.

Hasta se olvida de su mal momento recordando su infancia


Y Antonietta, sola y abúlica se prepara de mala gana para recoger los desayunos, limpiar un poco, preparar la comida y hacer las camas de seis hijos y la de matrimonio. Ella preferiría meterse en la cama porque está cansada y así se lo dice a Rosamunda, el pájaro que tienen de mascota. Antonietta está tan deprimida (No deja de ser una mujer anulada, quizá maltratada psicológicamente, y abandonada a pesar de estar rodeada de una familia que la tiene como una criada) que sin querer se deja la jaula abierta cosa que aprovecha Rosamunda para volar hasta el alféizar de la casa de enfrente. Afortunadamente en aquél piso donde se ha posado el ave hay un hombre, cosa inusitada porque debe ser el único junto a ella y a la portera que no ha acudido al gran jolgorio fascista. Antonietta corre y llama a la puerta del piso de enfrente para poder recuperar a Rosamunda, cosa que hace con ayuda del inquilino de esta vivienda.
Te presto un libro con tal de poder hablar


El vecino solitario del piso de enfrente se llama Gabriele (Marcelo Mastroianni), un hombre al que Scola nos acaba de presentar hace nada de una manera magistral (Ved la peli, no os arrepentiréis del gran trabajo de esta pareja de actores míticos) Gabriele intenta alargar al máximo la inesperada visita de Antonietta. Le ofrece café, le ofrece prestarle un libro (Los tres mosqueteros), intenta trabar conversación, pero Antonietta rehúsa alegando mil quehaceres y marcha. Al poco rato Gabriele se presenta en casa de Antonietta con "los tres mosqueteros" quizá porque se siente solo. Consigue que Antonietta le convide a café pero en esto que llega la portera bigotuda y fascista, haciendo de portera, como no, para prevenirle de que ese vecino no es trigo limpio, que a ella no le gusta hablar, pero, es un pervertido y, sobre todo, un renegado. Antonietta discute con Gabriele mientras suben a la azotea a recoger la colada. Antonietta tiene un momento de debilidad y besa a Gabriele, que no la corresponde, y es aquí donde Gabriele se descubre. Le han echado de la radio monopolizada por los mussolinianos, donde era locutor y le han echado del partido, porque estaba afiliado, como todos, por el simple y mero hecho de ser homosexual. Sin trabajo, sin amigos, sin casa, malvive en ese piso prestado y gana unas pocas liras escribiendo señas para correo, trabajo que le ha cedido un amigo antes de ser embarcado para alejarse de Italia por sus preferencias sexuales.

La portera facha viene a prevenirla
Arrepentida de su actitud, Antonietta acude al piso de Gabriele para pedirle perdón. Hacen las paces, comen juntos y después acaban acercándose tanto emocional como físicamente. Pero la parada fascista ha acabado y los primeros asistentes al desfile comienzan a regresar. Antonietta corre disparada a casa para que no la pillen con la cena por hacer. En casa todos comentan sus acontecidos fascio-fastuosos. El marido, todo ufano pretende acabar el día con una guinda coital añadiendo que de ella, si todo sale bien, le podrán llamar Adolfo a lo que venga. Antonietta prefiere sentarse a leer "los tres mosqueteros" mientras asiste atónita a la marcha de Gabriele de su piso, con equipaje en la mano escoltado por dos policías. A Gabriele también lo expulsan del país. Antonietta cierra el libro, lo guarda y se acuesta para dormir.

Tengo un invitado y yo sin arreglar
Loren y Mastroianni trabajaron juntos en once películas, como por ejemplo, matrimonio a la italiana o los girasoles, su trabajo conjunto siempre resultó excelente. Este film en concreto que resalta la belleza del momento en que dos seres que sufren, cada uno a su manera, se encuentran y buscan su compañía porque así se sienten reconfortados por un momento de sus tristes vidas.

Afecto entre dos desconocidos


La peli de Scola se llevó el golbo de oro de 1978 a la mejor película y fue candidata a los óscars como mejor película extranjera. Hasta Mastroianni fue candidato a mejor actor ese año. “Una jornada particular” es una película que, a pesar de estar ambientada en un día concreto de mayo de 1938, cuenta en esencia una historia que podría extrapolarse a cualquier época en el tiempo: Dos seres solitarios que se encuentran y se reconfortan en compañía.


Dos chismes antes de despedirme. Sofía Loren gozaba de tener un marido productor, Carlo Ponti, que le reservaba papeles estupendos y Alessandra Mussolini, nieta de aquel fanfarrón y prepotente duce, hace el papel de una de las hijas de la Loren.