viernes, 1 de julio de 2022

Nostalgia futura

Hoy se estrena en Netflix el segundo volumen de la cuarta temporada de Stranger Things. La serie, que es uno de los buques insignia del servicio de streaming, empezó en el año 2016, creada por los hermanos Duffer, que nacidos en el año 1984, apostaban por traer al público actual una historia de "coming of age", situada en la década de los 80, basada en las películas de adolescentes y de ciencia ficción que tan populares fueron en esa época, y que todavía forman parte de nuestra cultura popular, por su impacto, entretenimiento y calidad.

La primera temporada fue un bombazo para Netflix, y aunque mantiene sus audiencias en secreto, se supo que fue la tercera serie más vista. Eso junto al éxito crítico, hizo que se siguiera exprimiendo el formato, con dos temporadas más, que aunque podían resultar entretenidas en determinadas ocasiones, se veían lastradas por la repetitividad de la apuesta, los homenajes obligados, el crecimiento desigual de personajes, y en opinión de servidora, de su comportamiento equivocado, más propio de jóvenes de esta época, que de los 80.

En su última temporada, con un giro hacia el género de terror de esa década, y un posible comienzo de cierre de la mitología de la serie (queda aún una quinta temporada confirmada), la serie se ha resarcido, quitando tramas de angustia adolescente más cercana a la actualidad que al momento, y haciendo guiños al desarrollo que había en esas películas que homenajea. Aunque también hay que decir, que pasadas por cierto filtro de nuestra época (como la falta de sexualización, o carencia de la misma, frente a las exhibiciones gratuitas que había en el cine de los 80, aunque sólo fuera en los diálogos). Pero bueno, en general, algunos esperamos con ganas este cierre de temporada, lo cual me hace pensar en esa obsesión por los años 80.

Sí, los 80, donde ¡también se fantaseaba con otras épocas! De hecho, ¿no había una obsesión por los 50? Marty McFly, nos llevó allí en su Delorean, para intentar regresar al futuro. Y no fue el único personaje de esa década, que quería viajar a ese momento de autocines, bandas de moteros, batidos, cantantes de rock y bailes de instituto. Recordemos a Peggy Sue (era 1960, pero casi), a los "jóvenes de Grease", a Baby y su pareja en Dirty Dancing...Había una auténtica obesión por esa época pre-Vietnam, donde se hacía una especie de espejo extraño que había generado la sociedad de los 80, que veía su reflejo fantasioso en los 50.

Pero igualmente, la cosa ocurrió en los 90, cuando fueron los 60 los que se impusieron, con quizá el mayor ejemplo con Austin Powers, el superespía de la época psicodélica que viajaba al final del siglo.

Y es que parece que tenemos una obsesión generalizada por querer pensar que sólo hace unos 35 años se vivía mejor, y se fantasea con una época en la que los jóvenes no han vivido, y los que la vivieron, eran jóvenes y por tanto, tiene un recuerdo en general feliz del momento. Una nostalgia en bucle que podemos ver como se repite una y otra vez.

Lo cual me recuerda a esa gran película de Woody Allen que es Midnight in Paris, en la que un escritor consigue trasladarse a su momento favorito en el tiempo en la capital francesa, y encontrarse así mismo en el proceso, así como enamorarse y hallar el sentido de su vida. Se opta por lo que es la nostalgia, que como dice el film "es la negación, la negación de un presente doloroso". Aunque esto viene con cierto truco, porque como también se dice en la película: "el trabajo del artista no es sucumbir a la desesperación, más encontrar el antídoto al vacío de la existencia".

Y un poco en esto van estos viajes nostálgicos que nos muestra la industria audiovisual, en una huída de la realidad del presente momento, pero para poco sirven si no nos ayudan a sobrellevar nuestro día a día y nos dan esperanza para afrontar el presente, que por supuesto será "nostalgia futura" para otra generación.

Carmen R.

viernes, 24 de junio de 2022

Todo a la vez en todas partes

No sé si os he contado que a mí me gustan las películas de chinos voladores. No exactamente Bruce Lee, más bien Tigre y Dragón o La casa de las dagas voladoras. Son pelis que tiene kung fu y algo más. Por eso, cuando oí hablar de Todo a la vez en todos sitios pensé que me iba a gustar. Imaginad: chinos voladores, una superheroína, una lavandería, humor absurdo e incorrección política. Pensé que sería muy refrescante y fui a verla el día que la estrenaron.
La película está dirigida por Dan Kwan y Daniel Scheinert, a los que llaman “the Daniels”. Son dos frikis de los que no había visto nada hasta ahora y que me sorprende que encuentren productor con las cosas tan demenciales que se les ocurren. Su anterior película, Swiss Army Man’, interpretada por Paul Dano y Daniel Radcliffe cuenta la historia de un hombre solitario que se hace amigo de un cadáver con flatulencias. Creo que asombró hasta en Sundance, que ya están habituados a lo raruno. En esta ocasión cuentan con actrices de la talla de Michelle Yeoh (la protagonista de Tigre y Dragón) y Jamie Lee Curtis y la joven Stephanie Hsu, junto a Jonathan Ke Quan (de niño era el compañero de Indiana Jones en la del templo maldito y también salía en Los Goonies) y James Hong.
La historia empieza mostrando a una mujer desbordada por la vida. Michelle Yeoh encarna a una mujer con una lavandería que va mal y tiene problemas con hacienda; está casada con un hombre de poco fundamento; tiene una hija a la que no entiende en absoluto y un padre aferrado a las tradiciones que critica todo lo que ella hace. Vamos, una mujer normal y corriente. Es un día importante porque tiene que ir a hablar con una funcionaria acerca de sus impuestos (maravillosa Jamie Lee Curtis) y celebrar el año nuevo chino con una fiesta en honor de su padre. Cuando llega a las oficinas de hacienda se encuentra de pronto metida en el multiverso. El personaje de su marido en otra dimensión le explica que solo ella puede salvar al universo, a todos los universos. Para conseguirlo debe desplazarse a esas otras dimensiones y conseguir las habilidades de sus otros yoes. A partir de ese momento entras en el juego del disparate y viajas con la protagonista a mundos paralelos que rinden homenaje a películas como Deseando amar o a otros donde los humanos tienen salchichas de Frankfurt como dedos y hacen todo con los pies. En cada uno de los universos ella es excelente en algo y debe reunir todas las habilidades posibles para enfrentarse a la villana que quiere destruir el mundo, que no es otra que su propia hija en otra versión. Cada una de las decisiones que tomó en cada momento abren la puerta a otra vida y su presente se convierte en un torbellino de idas y venidas.
Hay muchas cosas muy divertidas y también reflexiones sobre las relaciones entre padres e hijos, sobre la importancia de la alegría y la empatía frente a concebir la vida como una lucha constante. Me gusta la idea de elegir como superheroína a una mujer que ha fracasado en todo. Los intérpretes están geniales todo el rato, y no creo que sea una película fácil para ellos. Solo le pongo un pero: 139 minutos. De verdad, qué necesidad de hacer cosas tan largas. Yo me imagino a los Daniels, encantados con todas las tonturas que se les ocurren, siendo incapaces de meter la tijera. Todos los directores de cine deberían tener un amigo armado con unas tijeras enormes que cortara sin piedad cuando ellos se desparraman. Alargar demasiado hace que las cosas pierdan fuerza, hay muy pocas películas que exijan un metraje tan largo y esta, si le quitas media hora, queda perfecta. Con todo, yo la recomiendo, aunque solo para público que sepa apreciar a los chinos voladores, a otros muchos les parecerá una absoluta majadería.

sábado, 18 de junio de 2022

El Rocío, documental maldito (1980)

 Hace ya varios años que vi este impactante documental acerca del fenómeno de la romería de la virgen del Rocío (Huelva) En él se da un repaso histórico y antropológico de cómo se ha llegado a ese álgido punto de fervor religioso popular. Sin embargo, aunque el documental, que costó mucho trabajo filmar y editar, es didáctico y brillante, se convirtió en maldito.

Durante una hora larga sus autores se dedican a explicar el devenir de esta tradición y, para ello se remontan hasta que la iglesia se conforma en la vieja Hispania romana. Histórica y antropológicamente bien documentada, explica cómo el alto clero y la nobleza al alimón con la rica burguesía, que han mandado desde entonces y eso es algo que no tiene visos de cambiar, se han dedicado a enajenar al pueblo llano de tal manera que han conseguido convertirlos en obedientes seres manipulados.  No dice nada que no se sepa ya, como que la romería popular es clasista en realidad, por poner un ejemplo. Este devenir del documental, claro está, molestó tanto a la jerarquía de aquella España "de la transición" que consiguieron arrastrar a los tribunales a su director, Fernando Ruiz Vergara. Esa es su parte maldita. 


El documental se rodó con un respeto impecable, pero diciendo verdades como catedrales, si se me permite el chiste, y eso picó tanto a los pudientes en cuestión que hicieron lo posible por prohibir la exhibición de la cinta y arruinar la vida del director del documental. Estaba visto que, aunque nos vendían "la transición" como si fuera el paraíso, España seguía siendo cuartelera y de misa dominical.

Fernando Ruiz Vergara, el director, y Ana Vila, la guionista, habían vivido la revolución de los claveles en Portugal, y, a pesar de que no tuvieron  impedimentos y de que el ministerio de cultura la seleccionó para el festival de Venecia, cuando algunos "españoles de bien" vieron el documental, se armó tal escándalo que este acabó secuestrado por las autoridades.


El motivo de la indignación de esa gente que manda tanto es que, en un momento del documental, cuando se explica la manipulación de la derecha  del sentir popular durante la República, un vecino del pueblo explica como un alcalde y fundador de la hermandad rociera fue el instigador del exterminio de rojos al ganar los sublevados en la zona. Eso, claro, no gustó nada y se intentó matar al mensajero, el documental, además de sentenciar a Ruiz Vergara a dos meses de arresto y una multa que lo dejara temblando, para aviso a navegantes. El vecino que habla en la cinta y la guionista, Ana Vila, resultaron absueltos al hacerse cargo Ruiz Vergara de toda la culpa, si es que la había, lo cual pongo en duda. Resumiendo: Fernando Ruiz Vergara terminó residiendo en Portugal, dado el maltrato en su tierra. 

La cinta siguió secuestrada hasta que se decidió exhibirla mutilada y el doloroso proceso de tribunales, siempre con sentencias en contra del director, acabó con su carrera cinematográfica. Así es España, me temo, que culpa de atentados contra el honor a directores de cine que plasman en sus cintas narraciones de hechos cuyos autores no ven oprobio en sus matanzas. En fin, zinéfilas todas, no hay mayor argumento para la justicia que el ver el documental con ojos curiosos y desprovistos de prejuicios. Háganlo.  Por cierto, aquí está el documental sobre el documental. Rizando el rizo:


Juli Gan. 

viernes, 10 de junio de 2022

Bosch


 

Bosch es la primera serie televisiva que he visto basada en una serie de novelas: las de Michael Connelly protagonizadas por el detective Harry Bosch. Debo confesar que literariamente la de Harry Bosch no es de mis series favoritas y que a las novelas no les he hecho demasiado caso, pero a la teleserie le eché un ojo y me convenció. Así que este artículo no va a ser una sesuda comparativa entre el texto fílmico y el literario (por cierto, Connelly está implicado en ambos), porque me voy a centrar en la serie y porque, además, ¿cuándo he escrito yo algo sesudo?

De entrada, no me convenció el actor principal, el que encarna a Bosch. Es Titus Welliver, un ilustre segundón de cine y tele, al que yo solo conocía por haberlo visto en la primera temporada de The Good Wife encarnando a Glenn Childs, un cabronazo con pintas que lidiaba electoralmente con Peter Florrick por el cargo de fiscal general del condado de Cook y no dudaba en recurrir al juego sucio ni al muy sucio. Welliver hacía, pues, de malvado peligroso y lo hacía bien.

A veces me pasa que, en un principio, un actor o actriz no me encaja en determinado papel, pero, a fuerza de verlo, acaba por convencerme. Pues bien: en este caso no me ha pasado. Welliver sigue sin gustarme; lo veo monorregistro y nada versátil. Pero debo de ser la única, ya que su interpretación en esta serie recibe elogios por doquier. Quizás porque el papel de Hieronymus “Harry” Bosch exija exactamente eso: un ejercicio contenido que no entusiasme a nadie; tengamos en cuenta, al respecto, que el propio personaje no es precisamente de los que se hacen querer, sino un tipo de poca conversación, obsesionado con su trabajo, madero veinticinco horas al día, que apenas se permite un rato de distensión en su magnífica casa escuchando jazz y revisando viejos expedientes policiales.

Ya que no para Welliver, mis elogios sí van a ser, en cambio, para el resto de intérpretes. Está magnífico y elegantísimo Jamie Hector, sublime Amy Aquino, deliciosa Mimi Rogers y despatarrante el duo cómico de polis de homicidios formado por Troy Evans y Gregory Scott Cummins.

Las seis primeras temporadas de Bosch (la séptima, estrenada el año pasado, no la he visto) se han rodado un poco en Las Vegas y un mucho en Los Ángeles. En el Los Ángeles de verdad, no en el de cartón piedra de Hollywood. La serie le saca todo el partido a esa fascinante ciudad (o anticiudad, como queráis) y hace que luzca radiante con todos sus contrastes, su gloria y su miseria.

A ratos Bosch nos muestra un LA sucio y sórdido, pero a ratos también se descuida y ofrece otro rostro más luminoso, apetecible, variado y habitable; incluso se detiene en los reclamos turísticos y los hitos arquitectónicos de la ciudad: el Grand Central Market, el Bradbury Building, la sala de conciertos Walt Disney, el Angels Flight y esos miles de puestos callejeros, bares y restaurantes mexicanos con mayor o menor índice de salubridad.

El hecho de que la serie se haya rodado en las auténticas calles de Los Ángeles y en la mismísima comisaría de Hollywood Station, incluidos interiores, con agentes de policía de verdad como extras y esa luz blanca de fluorescente de techo tan desabrida ella, aporta al resultado un toque de crudeza y de realidad que nunca se conseguiría en un estudio.

Me gusta, pues, de Bosch que está pensada como una serie de largo aliento, con escenas largas y, en ocasiones, deliberadamente lentas, repetitivas entradas y salidas de vehículos y teléfonos que no paran de sonar o vibrar; diálogos abundantísimos, prolongadas conversaciones, a menudo áridas, pero nunca gratuitas, nunca de relleno.

Las tramas policiales, más que enredarse unas con otras, yo diría que se empujan, se arrastran y estiran las unas de las otras con buen ritmo, como si de una madeja enmarañada sobresalieran varios cabos, tiraras de ellos y salieran hilos de diferentes colores sin parar. El color predominante es, por supuesto, el negro, pero en tantas y tantas horas de film (seis temporadas de diez episodios cada una, más una séptima que, como os digo, todavía no he visto) hay también ratitos de color rosa afectivo, amarillo cómico, verde refrescante y rojo exótico. Hay, pues, mucho de lo que disfrutar.

Os lo dice vuestra amiga


Noemí Pastor


Una versión de este artículo fue previamente publicada en la revista digital Calibre .38.


jueves, 2 de junio de 2022

La amiga estupenda

“Prométeme que siempre vas a seguir estudiando. Tienes que hacerlo porque tú eres mi amiga genial”. Un suburbio en las afueras de Nápoles, años 50. Dos niñas, Lila Cerullo y Elena Greco, se intercambian sus muñecas. Lila, retadora, provoca que las muñecas caigan a un sótano. Para recuperarlas no tienen más opción que visitar al ogro, don Achille. El miedo se intuye en varios planos: una sombra gigante que agarra a su víctima, una mano deforme que pasa junto a Lila... Pero, en realidad, don Achille no es un ogro, sino el cacique que controla y aterroriza a todo el barrio. Así comienza una historia de amistad que perdura a lo largo de varias décadas.
Lila es más inteligente y brillante que Elena, y lo sabe. Además, Lila es seductora, desafiante, envidiosa y cruel. Elena es la versión moderada de Lila. Un poco menos lista, un poco menos guapa. Suple a base de esfuerzo la mente privilegiada de su amiga, a la que admira como a un ídolo. Daría lo que fuera por ser como ella. Pero también es más juiciosa, más reflexiva, más práctica. Vive sin grandes dramas y, paso a paso, conseguirá salir por sí misma de la miseria de ese barrio, que, en realidad, es el tercer protagonista de la historia. Un barrio, separado del mundo por un túnel bajo la vía del tren, en el que impera la pobreza y mandan dos familias que rivalizan en el empeño de obligar a todos a doblegarse a sus deseos. Dentro de las casas mandan los maridos: autoritarios, violentos en ocasiones y desesperados por tratar de ofrecer a sus mujeres e hijos lo más básico. Una sociedad en la que las mujeres no tienen voz ni opinión, ni mas futuro que buscar un “buen marido”. A lo largo de los capítulos de esta superproducción de la RAI –a la altura de otras recientes superproducciones como The Crown, por citar algún título– el personaje de Elena va narrando el día a día de la gente de su barrio: los grandes acontecimientos señalados y públicos, sean bodas o atentados, y los de alcance más íntimo, ya que también presta atención a sus emociones y sentimientos. Con la ayuda de la extraordinaria percepción de Lila, va comprendiendo y desvelando quiénes manejan los hilos, quiénes cumplen con su papel sin darse cuenta y quiénes se someten a su pesar, porque no tienen más remedio. Cuenta, en definitiva, a base de pequeños sucesos, la historia reciente de Italia: los enfrentamientos entre obreros y patrones, la lucha entre fascistas y comunistas, la mafia, el movimiento feminista, el terrorismo... Y, todavía más, es una maravillosa defensa de la cultura como escapatoria a un destino miserable. El ingenuo plan de las niñas de escribir un libro precioso para ganar mucho dinero y la rivalidad entre ellas les empuja a leer, a tratar de saber más, de aprender más...
Basada en la fascinante saga del mismo título de la escritora Elena Ferrante, cada temporada abarca una de las novelas, cuatro en total, aunque hasta la fecha solo se han estrenado tres temporadas. La participación de la propia novelista como guionista se aprecia en el respeto hacia la versión original de los libros tanto en argumento y contenido como en la extraordinaria calidad de la narración y su tono íntimo y aparentemente sencillo. Comenzando por la dirección de Saverio Costanzo, todos sus componentes destacan por su enorme calidad: no solo es magnífica la interpretación de las protagonistas, las niñas Elisa del Genio y Ludovica Nasti y las jóvenes Margherita Mazzucco y Gaia Girace, que dan vida a Elena y Lila en sus diferentes edades, sino la de todo el extenso reparto de actores y actrices que parecen tener en todo momento el tono medido y exacto para dar autenticidad los personajes; la música, tanto la original como la selección de temas de la época, resulta evocadora y cargada de emoción; ambientación, vestuario y caracterización no podrían ser más acertadas. Solo puedo terminar esta reseña deseando que pronto se estrene la cuarta temporada y, puestos a soñar aunque creo que es imposible, una quinta novela, o más... Almudena Fernández Ostolaza.

sábado, 28 de mayo de 2022

PARÍS, DISTRITO 13

 



Me dejo llevar por la recomendación de mi amiga, que sabe por la temática de la peli, que mi respuesta va a ser un sí, porque nos gustan más las pelis de relaciones, amores, desamores, encuentros y desencuentros más que a un tonto, un palo: Woody Allen, Richard Linklater, Pedro Almodóvar....

Así que nos dejamos sumergir en la acogedora atmósfera de la sala mientras fuera cae la noche no fría  ni lluviosa, pero tampoco cálida, pues ha estado lloviendo todo el día.

"París, distrito 13" resulta ser una grata sorpresa, aún con sus irregularidades, perdonables todas en mi opinión.
Basada en las historias del dibujante Adrian Tomine , ambientadas en Nueva York,los cineastas Jacque Audiard y Céline Sciamma, las reubican en París y nos dejan una película-retrato del amor moderno , el sexo y todos sus nexos en nuestros días. De esta manera los personajes principales viven el amor, el sexo, la pérdida, la decepción ,el encuentro y el desencuentro en el marco de un extrarradio parisino, aparentemente poco glamuroso pero rebosante de vida en su interior.


Así, Emilie (Lucie Zhang), una teleoperadora que vive sin complejos y libremente una vida sexual activa, se encuentra con Camille (Makita Samba), un profesor universitario que finalmente acabará aceptando en su casa como compañero de piso. Surge una química casi instantánea y pero ambos en ese momento van en direcciones contrarias: Emilie parece dispuesta a sentar cabeza y a Camille no le apetece tener pareja estable, o no al menos aquí y ahora con Emilie.



Camille se enreda con una compañera de trabajo, Stéphanie, y parece dispuesto a intentarlo esta vez. El cruce de Emilie con Stéphanie nos deja momentos muy divertidos en los que las drogas y los celos y el resultado de la unión de estos dos elementos :el caos emocional, dejan a Emilie en un temporal estado de fuera de juego existencial.


En otro lugar del distrito encontraremos a Nora (Noémie Merlant), que quiere dejar atrás un pasado traumático para por fin cumplir sus sueños de estudiar derecho en París. Sin embargo su parecido con una " camgirl" muy popular Amber Sweet (Jehnny Beth) le juega una mala pasada y terminara siendo objeto de bullying por parte de sus compañeros de clase universitarios.
Su camino así, se cruza con el de Camille, quien cambia de profesión a fin de ganar más dinero, lanzándose a la aventura de las ventas en el mercado inmobiliario al igual que Nora decidirá de nuevo aparcar sus estudios, para ponerse a trabajar en la inmobiliaria que ahora gestiona Camille y aunque en principio establece una líneas rojas en su relación que ha de ser únicamente profesional, todo termina diluyéndose una vez más.


Por otra parte, el casual parecido de Nora con Amber Sweet, le llevará por derroteros casi inimaginables, para comprobar que había estado buscando en los lugares equivocados y que a veces una casualidad insignificante termina dando un giro de 360 grados a tu vida sentimental.


Nos damos cuenta en la película que las relaciones están vivas, se constata que funcionan como organismos con latido propio, en constante estado de evolución. Lejos de permanecer inmóviles o estables, se transforman con el movimiento de cada uno de sus protagonistas como si estuviéramos en una partida de ajedrez en la que de forma aleatoria y a veces imprevisible, cada ficha determina un efecto sobre la otra y así de manera alterna e ininterrumpida.


Tal cual nuestras células, todo se mueve y transmuta, quien sabe si buscando un equilibrio homeostático que se escapa a nuestra comprensión.

El amor en los tiempos de tinder ,nos deja frases épicas como la de Emile : " folla primero y pregunta después" ¿es ésa la secuencia lógica siempre ?¿puede darse otra? Es como si los códigos fueran otros y si el sexo va bien, pasamos a otra fase, pero:

¿ es posible también en los tiempos de tinder enamorarse sin habernos tocado ni de refilón? ¿existen otras fórmulas viables de conectar?

Leo que dos grandes influencias de Jacque Audiard son Woody Allen y Eric Rohmer. Del primero, se puede hablar de cierto paralelismo con "Manhattan" en el uso del blanco y negro y del segundo, el referente de querer hacer una película al estilo de Mi noche con Maud (1969).

Más allá de todas las influencias, Audiard nos deja un retrato de una generación en el momento actual, en el extrarradio parisino que podría ser el extrarradio de Madrid, Londres o Berlín, por mencionar sólo algunas ciudades europeas, una radiografía de cómo se dan las relaciones hoy, con toda la espontaneidad e impulsividad de la juventud, con toda su frescura o toda su vital imperfección. Por lo pronto, nos interesa y nos deja con ganas de más.




Troyana

viernes, 20 de mayo de 2022

Gracias por ser una amiga - Recuperando Las Chicas de Oro

La actual oferta televisiva en streaming nos ofrece de forma constante nuevo contenido para ver en nuestro hogar, al ritmo que más queramos. Y es en esos momentos cuando te entran ganas de ver un clásico, algo que no repiten las cadenas de forma constante (sí, Friends, aunque clásico, está más visto que el "tebeo"), y que desgraciadamente, salió hace años y no se ha vuelto a ver (salvo en DVD), como por ejemplo Frasier, Malcolm in the Middle, Cosas de Marcianos o Spin City.

Parece que todas estas series, están olvidadas entre los entramados legales de los derechos de emisión de las diversas plataformas, aunque hay veces, en las que consiguen ser traídas de nuevo a la vida. Es el caso de Seinfeld, o más recientemente, tras mucho ruído en redes, y muchas gente llevada por el recuerdo, de las Las Chicas de Oro, que se puede ver desde hace unas semanas en Disney +.

Los 80, entre sus Dinastías y Coches Fantásticos, brillaron también con comedias "atípicas" y no familiares, como ésta, y con protagonistas que superaban incluso ampliamente la cincuentena (como ya ocurrió, con otra favorita de los espectadores, Se Ha Escrito un Crimen (disponible en Prime)).

"Las Chicas de Oro", es parte de la historia de la televisión en España. Una serie cuya melodía, cualquiera treinteañero "largo", o persona de más edad, podrá hasta tararear. Se emitió en aquella TVE, televisión  pública de dos cadenas, ahora nostálgica, a partir del año 1986, precedida del éxito que supuso esta serie "atípica" en la NBC, en el año 1985. Duraría hasta 1992.

La trama de la serie es sencilla, tres mujeres maduras comparten casa en Miami, y a ellas se une, tras el incendio de la residencia de la 3ª edad donde vivía, la madre de una de ellas. Cada personaje tiene una clara personalidad muy definida, e incluso tópica a veces, de manera que los espectadores pueden tener a su "chica favorita", y reir con los clásicos chistes de las demás. Ellas son:

- Blanche Deveraux (Rue McClanahan), una viuda sureña devorahombres, que es egoísta, vana y superficial.

- Dorothy Zbornak (Bea Arthur), una divorciada neoyorkina intelectual, cínica e irónica.

- Rose Nylund (Betty White), viuda de Minessota de origen escandinavo, inocente, metepatas y algo tonta.

- Sophia Petrillo (Estelle Getty), viuda siciliana, madre de Dorothy, descarada, algo malvada y de vueltas de la vida.

Las actrices están en estado de gracia en sus papeles, pues realmente te llegas a preguntar si no serían así en la vida real. Como ejemplo esta recopilación de clips:

Las Chicas vivirán sus aventuras en capítulos de 20 minutos, sin aparente continuidad, salvo en personajes que se repetirán a lo largo de la serie, como Stanley (ex-marido de Dorothy), Papaíto (el sureño padre de Blanche), Miles (un novio de Rose)..., que dan cierto estilo compacto a la serie, para que también veamos la evolución de los personajes.

La serie supuso una pequeña "revolución" en su momento, pues entre capa y capa de comedia, trataban temas (con humor) que eran más serios, como la muerte, la soledad, el trato a los mayores, el sexo maduro, el racismo, o el SIDA, y mucho más. Abajo un clip sobre la homesexualidad:

Ver la serie ahora supone aceptarla como producto de su época, y es un elemento que sigue manteniendo su gracia casi de forma original (salvo aquellos chistes de Reagan o Bush, la URSS, que pillarán los que conocen la época), porque las personas, pese a todos los cambios sociológicos que se han producido en casi 40 años, siguen siendo básicamente iguales. De hecho, es mucho más valiente, arriesgada y cómica, en sus planteamientos, que otros productos que van de innovadores ahora. Por ejemplo, Sexo en Nueva York, puede suponerse una heredera casi directa de las Chicas de Oro, aunque se ve más claramente en su revival "Just Like That", cuya tónica con los tiempos actuales, la han convertido en un producto ya caduco, especialmente si se comparan con las Chicas de Oro originales, cuya gracia perdura y se arriesgaba mucho más en su momento.

Sinceramente recomiendo darse un baño de nostalgia con esta serie, que puede que os vuelva a sorprender si llegásteis a verla en los 80, o le deis una oportunidad si no fue así, y podáis ver que "a las chicas  (a cualquier edad), les gusta divertirse".

Carmen R.

Nota 1: hubo un remake español en 2010. Se recomienda huir y mantenerse firme con la serie original.

Nota 2: la serie tuvo un spinoff con Sophia, Blanche y Rose, The Golden Palace, que sólo duró una temporada y en el que se puede ver a un joven Don Cheadle.

Nota 2: no os perdáis algunos cameos o caras conocidas que salen, como Julio Iglesias, Bob Hope, Quentin Tarantino o George Clooney.