viernes, 18 de enero de 2019

Ya van tres años...Adiós Alan Rickman

Hace unos días, se cumplía el tercer aniversario del fallecimiento del actor británico Alan Rickman. El 2016 fue un año cruel y despiadado, que comenzaba llevándose a Alan o a David Bowie, y acabaría, tras una larga lista, con Carrie Fisher. Supongo que no fue un año mejor o peor que otros. Es sólo que a veces, en algunas fechas, la Parca parece decidir llamar a recoger a algunos más conocidos que otros.

El señor Rickman se convirtió con su buen hacer en un actor respetado por la crítica, pero también dejó al público personajes llenos de carisma, esos de los que recuerdas el nombre, de los que citas, de los que conoces como la palma de tu mano, y precisas en ciertos momentos de tu vida. Y aquí queremos hacerle homenaje al londinense. Sé que mi aportación es tardía y probablemente incompleta (*), pero yo la creo necesaria y una manera más de no olvidarlo. He aquí mis papeles elegidos, que significan mucho para mí, y eso que me limitaré al cine (y quizá me falte alguna actuación suya por ver).

Hans Gruber: todos sabemos que no es Navidad hasta que Hans Gruber cae del edificio Nakatomi en Die Hard/La Jungla de Cristal. Y así se corona un actor de 42 años con un villano que es parte de la historia de la maldad cinematográfica. Hasta entonces, sólo había participado en televisión o teatro, haciendo secundarios o clásicos. Y es aquí, cuando John McTiernan lo prefirió a otros nombres más conocidos. Un villano tan icónico que quisieron usarlo incluso en El Último Gran Héroe, pero debido a cuestiones económicas, se usó a Charles Dance (en la peli, incluso se hace mención a esto).



Sherriff de Nottingham: otro de esos roles villanescos (donde Hollywood lo colocó como en Quigley Down Under/Un Vaquero sin Rumbo), donde era el peor de los contrapuntos del heróico Robin Hood de Kevin Costner. Auténtico malvado de la obra, y eso que hay muchos, cualquiera puede olvidar su insistencia con Lady Marián ante una bruja. Este rol es uno más de su larga lista, como el asqueroso juez de Sweeny Todd.



Coronel Brandon: y aunque estuviera alejado de los “treintalargos” años que tiene el paciente héroe austeniano de Sense and Sensibility/Sentido y Sensibilidad, cuando su buena amiga Emma Thompson lo eligió para el papel, obviamente, formó parte del imaginario romántico y juicioso de muchos de los lectores de Jane Austen, porque aportaba la voz (¡y vaya voz tenía) y el sentimiento del militar retirado, completamente enamorado de Marianne. Y es que se notaba la amistad entre ambos, como se vió en El Beso de Judas/Judas Kiss o El Invitado de Invierno/The Winter Guest.


(Sir) Alexander Dale: era obvio que Alan hacía cosas por cuestiones “alimenticias” (oh, Rasputín, lover of the Russian Queen, como dirían los Boney M, o Gambit), pequeños proyectos (Éxito por los Pelos/Blow Dry) o amistad, pero también tiene una colección de películas “marcianas”, como Dogma o la simplemente maravillosa y friki Héroes fuera de Órbita/Galaxy Quest, donde unos actores de tres al cuarto, encasillados en convenciones de una serie olvidada a lo Star Trek, se meten en una aventura  extraterrestre sin esperarlo. Con un reparto coral, Alan vuelve a sobresalir con un paródico papel de inglés shakespereano, obligado a trabajar en la ciencia ficción a lo Patrick Stewart, pero que desprecia su trabajo y su personaje...hasta que sale el héroe que lleva dentro.


Harry (de Love Actually): es el malvado marido de su querida amiga Emma Thompson en esta película de Richard Curtís de la que se ha hablado muchísimo. Curtís ya había querido que Rickman protagonizara su película Cuatro Bodas y un Funeral, pero no pudo ser, así que en su fresco navideño le reservó uno de los papeles más desagradables y tristes, donde su personaje se deja llevar y muestra la faceta más egoísta del aburguesamiento de una pareja casada hace mucho. Evidentemente, para el corto que servía de continuación y se rodó en 2017, Emma, decidió no salir, como homenaje a su amigo, que ya había fallecido.


Severus Snape: primera opción para el icónico personaje de la saga Harry Potter incluso para su escritora, J.K. Rowling, que suponemos que incluso lo tendría en mente cuando lo escribía. Personaje contenido, villano claro para aquellos que no ven mucho más allá, pero más bien, antihéroe por las circunstancias y mentor de honor, que quedaría en el imaginario de generaciones para “siempre”.


En fin, papeles maravillosos, crueles, sentimentales, victoriosos, villanos, en fin, roles de todo tipo, que si no hubieran sido interpretados por él, quizá hubieran caído en el olvido, o no hubieran tenido ese hueco en nuestro corazón. Y es que Alan, era un maestro de la actuación, y aunque no estuviera en una gran pantalla, como ocurre en este vídeo de Texas, su presencia lo llenaba todo.

Carmen R


(*): por supuesto que sabes de otros personajes o quieres aportar algo más, así que por favor, adelante en los comentarios.

viernes, 11 de enero de 2019

Encrucijada de odios


Dejemos de odiar y aprendamos a disfrutar de las cosas (palabras pronunciadas por Samuels, el judío asesinado en Encrucijada de Odios).

Edward Dmytryk, nacido en Canadá como hijo de emigrantes judíos ucranianos, se inició como director de cine a partir de 1935. Militante comunista de firmes convicciones, en los años cuarenta, la época de sus mejores películas, sus obras tomaron un decidido carácter social -Los hijos de Hitler (Hitler´s children, de 1943), Tras el sol naciente (Behind the rising sun, también de 1943) y Hasta el fin del tiempo (Till the end of time, de 1946)- que culminó en 1947 con la antirracista Encrucijada de odios (Crossfire).

Pero Encrucijada de odios no es solo un decidido alegato antirracista, sino que sobresale especialmente porque en ella Dmytryk, que también pasará a la historia del cine por haber rodado en 1944 uno de los grandes clásicos del cine negro, Historia de un detective (Murder my sweet), consiguió aunar denuncia social con el mejor y más clásico cine negro.

La película es una adaptación de una novela del guionista, y luego director, Richard Brooks (del que ya comentamos su colaboración con John Huston en el guion de Cayo Largo).

La novela trata de un asesinato homófobo en un ambiente militar. Sin embargo, el libro de Brooks, The brix foxhole, fue modificado en el guion por John Paxton, de manera que el asesino de la película actúa empujado por odio antisemita en lugar de por odio hacia los homosexuales. En aquellos años la homosexualidad era un tema tabú en Hollywood (recordemos que toda la producción cinematográfica estaba sujeta a las estrictas reglas morales del código Hays); además, en el momento en el que se rueda la película, los horrores antisemitas del régimen nazi estaban siendo ampliamente publicitados y también juzgados por tribunales Aliados, por tanto era un tema de actualidad.

Hay que tener en cuenta, además, la importancia del lobby judío en Hollywood que vería, inicialmente, con buenos ojos la denuncia del antisemitismo. Más tarde, cuando se impusiera en Hollywood “la caza de brujas”, ese mismo lobby (tan bien estudiado por Neal Gabler en su libro Un imperio propio. Como los judíos inventaron Hollywood), compuesto fundamentalmente por emigrantes judíos de la Europa central y del Este que, desde unos orígenes paupérrimos, habían logrado el éxito económico y social a base de mucha iniciativa y duro trabajo, se sumó al sector conservador que identificaba crítica al sistema con subversión; y esos judíos, que para huir de sus miseros orígenes se habían cubierto de una capa de americanismo y habían contribuido decisivamente a crear y difundir el american way of life a través de sus películas, abrazaron con entusiasmo la persecución anticomunista y proscribieron de Hollywood a cualquier sospechoso de profesar esa ideología, a no ser que hiciera pública apostasía de ella, como fue el triste caso de Edward Dmytryk.

Volviendo a comentar la película, el cambio de la motivación del asesino respecto a la de la novela original no tiene demasiada importancia en cuanto al alegato fundamental: la denuncia de como “Los ignorante se ríen de las cosas que son diferentes; de lo que no comprenden. Sienten miedo de las cosas que no comprenden y las odian”, en palabras de Finlay, el capitán de la Brigada de Homicidios (Robert Young) que investiga el asesinato de un ex combatiente judío a manos de uno de los tres soldados con los que había entablado casualmente conversación en un bar.



Finlay, para determinar quien es el asesino entre los tres posibles sospechosos, busca la motivación del asesino y la encuentra en ese odio irracional que algunas personas sienten hacia lo que consideran una amenaza por ser diferente “… un día matan a irlandeses católicos (como el propio abuelo de Finlay), otro a protestantes, otro a cuáqueros. No pueden parar”.

Y esa es una de los grandes aciertos de esta película: poner en evidencia la irracionalidad de algunos seres humanos, que necesitan chivos expiatorios en los que volcar sus frustraciones vitales.

Dmytrik deja claro en su película que ese tipo de mentalidades son fruto de la ignorancia. Lo pone en boca del sargento Keeley (Robert Mitchum) -cínico, culto e inteligente- cuando condena los prejuicios de uno de los sospechosos diciendo: “creo que Monty debería leer un poco más”.

Pero, como ya señalamos, Encrucijada de odios no se limita a ser una gran denuncia antirracista, sino que encuadra esta denuncia en el marco de una estupenda película de género negro, con su estética neorrealista, sus ambientes estrictamente nocturnos y sus personajes al límite. El inicio de la película, con el asesinato principal narrado a través de sombras en una pared, es uno de los mejores del género negro (tan bueno, sin duda, como el de La carta o el de Los sobornados, por poner ejemplos magníficos).



Las dos líneas de investigación, la oficial llevada a cabo por Finlay, y la oficiosa practicada por el sargento Keeley, nos van presentando una serie de perfiles humanos propios del género negro: el violento Montgomery (un estupendo Robert Ryan, que conseguiría con este papel lanzar su carrera), el agobiado soldado Mitchell (George Cooper), principal sospechoso del asesinato, aterrorizado por su inminente vuelta a la vida civil. 


Destaca también Gloria Grahame, todavía sin la madurez que mostraría unos años después en Los sobornados y en Deseos humanos, pero que ya hace una interpretación tan notable de “buena-chica-mala” como para que fuera premiada con una nominación al Óscar de Mejor actriz de reparto (la película obtuvo otras cuatro nominaciones: al Mejor actor de reparto (Robert Ryan), a la Mejor dirección (Edward Dmytryk), al mejor guion (John Paxton) y a la Mejor película.



Pero también el tercer Robert del trió de actores protagonistas, Robert Young, realiza una de sus mejores interpretaciones cinematográficas como capitán Finlay, el hombre cansado, que ha visto muchos horrores a lo largo de su carrera, pero que “Tiene la mente de un perro de caza”, según Keeley y como tal no abandona el rastro hasta conseguir su presa. El hombre metódico que trabaja de la única manera que sabe: “Reúno toda la información posible, aunque la mayor parte no sirve”.

Y frente a él, llevando a cabo una investigación paralela, el inteligente y cínico sargento Keeley, que basa su convencimiento de que es imposible que su amigo, el soldado Mitchell, sea el asesino en su conocimiento de la naturaleza humana: hay seres humanos que no pueden matar bajo ninguna circunstancia, como es el caso de Mitchell, y otros que si lo pueden hacer, como él mismo lo ha hecho, aunque haya sido en lugares “donde dan medallas por ello”, marcando así la diferencia entre el asesinato socialmente aceptado y el punible; es una crítica implícita al militarismo que aperece también en otra frase que pronuncia el mismo Keeley “Un soldado no sabe adonde ir sino se le ordena. Si no sale a pasear se volvería loco”.



Mitchum está espléndido en esta versión militar del detective lúcido y desencantado (a la manera de ese mítico Marlowe que años después también encarnaría), cínico pero amigo de sus amigos y siempre dispuesto a empujar los margenes de la ley para acomodarlos a lo que él considera justo. 1947 fue un gran año para Mitchum, en él se estrenaron tres de sus mejores películas: Encrucijada de odios, Retorno del pasado y Perseguido (una curiosa mezcla de género negro y wéstern firmada por el gran Raoul Walsh). A partir de ese año Mitchum se convirtió en una gran estrella de Hollywood, aunque sus adicciones y peculiar personalidad harían que su carrera posterior se caracterizará por la alternancia de grandes películas con otras totalmente prescindibles.

Encrucijada de odios fue de los últimos ejemplos de cine crítico en el Hollywood de aquella época. El mismo año de su estreno inició su andadura la Comisión de Actividades Antiamericanas con el objeto de depurar toda corriente subversiva del mundo cinematográfico.



De aquellos a quienes la Comisión llamó a declarar ante ella, hubo diez que se negaron a responder sobre su filiación política acogiéndose a la Primera Enmienda. Entre esos diez estaban Edward Dmytryk, director de Encrucijada de odios, y Adrian Scott, productor de la película.

Los Diez de Hollywood fueron condenados a una multa de mil dólares y a un año de cárcel en una prisión federal; la condena llevaba añadido la expulsión de Hollywood a menos que se retractaran de su ideas y denunciaran a compañeros ante la Comisión. Dmytryk estuvo unos meses en la cárcel, pero después, bien porque no fuera capaz de soportarla o porque temiera el ostracismo que la condena llevaba aparejada, o por otros motivos que ignoramos, aceptó declarar ante la Comisión y delató a 26 antiguos compañeros. Después se exilió en Gran Bretaña.

Hasta 1975 siguió dirigiendo películas (murió a los noventa años, en 1999), pero no volvió a alcanzar la excelencia que había logrado en los años cuarenta. De esos años posteriores, quizás su mejor película sea otra antirracista, el wéstern Lanza rota (Broken lance, de 1954.

Yolanda Noir


viernes, 21 de diciembre de 2018

Apuntes para una película de atracos


Cada año empiezo el Festival de Cine de San Sebastián con la pretensión de ver 120 películas, asistir a todas las ruedas de prensa, entrevistar a alguien y publicar puntualmente mis reseñas. Es curioso, cada año me llevo la misma sorpresa cuando no puedo cumplir mis propósitos. Comienzo a consolarme cuando las que no veo son muy famosas.: "esta ya la estrenaran" me digo, pero cuando son documentales, películas tibetanas o directores desconocidos me entra una gran inquietud pensando que me las he perdido para siempre. Me pasó con Ni juge, ni soumise que no se ha estrenado, por lo menos en Donostia y temía que me pasara lo mismo con Apuntes para una película de atracos.Tengo que reconocer que no sabía nada de Elías León de Siminiani, ha hecho varios cortos y un solo largo:  Mapa del que no había oído hablar en mi vida (y eso que acabo de descubrir que tuvo muy buenas críticas). Pese a este desconocimiento, su película me llamó la atención. Es un documental basado en la figura de el Flako, un atracador de bancos por el método del butrón al que se conocía como el Robin Hood de Vallecas y que fue detenido en 2013 y condenado a siete años de cárcel.
Director y protagonista

El director nos cuenta su fascinación por las películas de atracos y cómo, al conocer la noticia, decidió que tenía que contar la historia de este hombre. La película, como indica su título, no es la historia de los golpes o la vida de un ladrón, sino el proceso de conocimiento y amistad entre ambos hombres. León de Siminiami escribió a la prisión de Estremera donde estaba detenido Carlos Iglesias (en la película no dicen su nombre, pero las hemerotecas están llenas de noticias sobre él). Cuando le contestó y por fin se conocieron, pactaron no hablar para nada de los atracos antes del juicio por si podía interferir en su proceso.
El documental muestra un camino largo y laborioso. Cuando ves una película, la devoras en noventa minutos (o más si es de un director moderno/pesado) sin apreciar toda la carga que hay detrás. Desde las ideas, la búsqueda de financiación, la reflexión sobre el mejor modo de contar lo que quieres.
Director en heroica exploración
de alcantarillas
Aquí vemos todo eso, la inquietud antes de conocer al atracador ¿cómo será?; las excursiones del director y su mujer por los barrios y sucursales donde se cometieron los robos; visitas a las alcantarillas; la idea de el Flako de escribir una novela contando su vida; la oposición de su mujer a que salga en el documental por si puede perjudicar a su hijo. Llega el juicio y la condena; el director y su mujer se enteran de que van a ser padres; transcurre el embarazo y nace Laura; la niña ya camina, conoce al hijo del atracador y caminan de la mano entre juguetes. Después el Flako empieza a tener permisos y charlan en la calle, le muestra qué bocas de alcantarilla eran buenas para sus fines; habla de su padre que le enseñó el oficio…
La prisión de Estremera: in the middle of nowhere
La historia te produce sentimientos encontrados, a veces te interesa mucho lo que cuenta sobre cómo lo organizaban, otras te da pena, en algunos momentos te parece que es un hombre con un tremendo afán de protagonismo y sientes que también tú formas parte de la historia, te has involucrado.
Otro acierto de la película es el grafismo, dibujos que se intercalan, rostros camuflados detrás de trozos de fotografías de cine, escenas de películas de atracos. Todo recuerda la fascinación del director por el tema.
Tuvimos la suerte de que en la sesión a la que acudimos estaba el protagonista. Por lo visto llevaban unos días de promoción y en algunos pases estaba el director y en otros el Flako, con su máscara para que no se le reconozca. Me cayó mucho mejor en persona, me pareció menos ególatra, no parece que se la haya subido a la cabeza el haber hecho una película, aunque, por supuesto, está ilusionado con la idea de que su libro se publicará en enero. Se titulará Esa maldita pared, como una canción que ponía su padre (y después él) al terminar un atraco. No sé qué calidad literaria tendrá el libro, pero me han quedado ganas de leerlo, de saber más y, desde luego, de ver la siguiente película que haga León de Siminiani.
Laura Balagué (Mona Jacinta)

viernes, 7 de diciembre de 2018

Bohemian Rhapsody

La música de la banda de rock británica Queen es eterna. Sus canciones suenan con asiduidad aún después de veintiocho años que dejaran de tocar. Sus melodías son recurrentes en publicidad, casi todo el mundo sabe reconocer, seguir el ritmo percutido y corear "we will rock you", y, cuando hay un evento deportivo todo el mundo es capaz de entonar el estribillo de "we are the champions". Es un grupo tan legendario que hasta hay varias compañías musicales y artísticas que ofrecen espectáculos donde homenajean a los británicos a lo largo y ancho del mundo. Y, claro, la película estrenada este otoño "Bohemian Rhapsody" no podía faltar como guinda de este pastel.

Vive sin miedo siempre, en castellano pone "lo único más extraordinario que su música..."


Sinopsis. 

A principios de los setenta Farrokh Bulsara es un joven que trabaja de mozo de carga en el aeropuerto londinense de Heathrow y desde hace un tiempo sigue a un grupo de rock llamado Smile que toca en pubs. El cantante de Smile sabe que con este grupo formado por un guitarrista que estudia astrofísica y un betería que va para dentista no llegará a vivir de la música, así que se despide de ellos. Así los encuentra Farrokh, sin vocalista, y él se ofrece como tal. Y no es que no esté mal, sino que el tal Farrokh resulta ser un animal del escenario. Seduce a todos con su voz y su energía. 

Freddie cuando se llamaba Farrokh (Y Rami Malek con prótesis dental)

We Will Rock You.

Ocho años tardaron para culminar esta cinta donde retratar no sólo a Freddie Mercury sino a los otros tres componentes del cuarteto. No hay que olvidar que Brian May, el guitarrista y Roger Taylor, el batería, son los productores, y, respetando la filosofía del grupo, a pesar de la arrolladora personalidad de Mercury, querían ser fieles a la importancia de todos sus miembros, aunque John Deacon, el bajista, tuvo muy claro que a la muerte de Mercury, Queen dejaba de existir como tal y no había sustituto posible. 

Londres, años 70 y glam rock

No fue nada fácil dar con un actor que encarnara de una manera fiel, sobre todo en el escenario, al potente Freddie Mercury. Se barajaron varios nombres, incluido ese cómico soez, aunque de buena voz, como demostró en Sweeney Todd, que resulta ser Sacha Baron Cohen. Este quería dar un enfoque de protagonismo absoluto de Freddie sobre el resto del grupo, lo cual no gustó nada a los productores que, casualmente son Brian May y Roger Taylor, así que lo apearon del proyecto. John Deacon sigue retirado de todo esto sin decir ni pío.

No dicen que Deacon, el bajista, es ingeniero de sonido y muchas genialidades se las deben a él.

Al final dieron con el angelino Rami Malek, el faraón de noche en el museo, para encarnar al famoso vocalista. Ben Hardy interpreta al batería Taylor, Gwylim Lee al guitarrista May y Joseph Mazzello, que ha crecido desde que fuera el niño del primer parque jurásico es el que encarna al bajista Deacon. Freddie Mercury tuvo una novia, a pesar de lo que todo el mundo tiende a creer debido a sus preferencias sexuales, que fue de gran importancia durante todas su vida y que aparece, aunque en un más que discreto segundo plano, en la cinta, esta mujer se llama Mary Austin, papel interpretado por Lucy Boynton. 

Mary Austin, la chica, papel secundario.

We Are The Champions 

La cinta da por veraces los hechos de la peli, pero, claro, para la línea narrativa, hay cosas que no son exactamente como se cuenta. Por ejemplo, convierten en supervillano al mánager de Mercury llamado Paul Prenter, cuyo rol corre a cargo de Allen Leech. A Prenter lo convierten sucesivamente en incitador sexual de Freddie, intrigante instigador de la carrera musical en solitario de Freddie, malvado que aísla a Freddie de su gente y gestor de las juergas narcosexuales de Freddie, y, para acabar, encima, es el traidor que vende a la prensa  la confirmación de las apetencias sexuales del cantante. Convierten a Prenter en un malvado de folletín de manual. Entre este y el obtuso productor de la discográfica interpretado por un irreconocible Mike Myers, tenemos al completo el eje del mal en esta peli.

Supervillano de manual: El mánager.

Si eres fan de Queen, los últimos veinte minutos de la peli son maravillosos. Se trata de la versión filmada al detalle del concierto Live Aid celebrado en el estadio de Wembley en julio de 1985. Bueno, de la parte asignada a Queen, porque este irrepetible concierto celebrado simultáneamente entre el Londres y Philadelphia en el que participaron los músicos más famosos del momento duró horas.

El Live Aid del 13 de julio del 85. Calcado.

The Show Must Go On

El vocalista de Smile, el primer grupo que formaron los productores de la peli y conformantes de Queen, Taylor y May, volvió a grabar con ellos sus viejos temas de hace casi una cincuentena de años para poder utilizarlas en esta peli. Rami Malek dice que guarda como un tesoro la prótesis dental que tuvo que llevar para hacer de Freddie Mercury. Bohemian Rhapsody, el tema al que hace mención la peli, fue motivo de controversia cuando fue estrenada, aunque hoy en día sea todo un clásico coreado en el momento "Mama, uuuuh". El bajista John Deacon sigue sin querer participar del negocio de los otros dos componentes de Queen, casuales productores de esta peli. Los fans de este grupo británico saldrán más que satisfechos después de este largometraje.


El productor se parece a Austin Powers.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Encuentros en la tercera fase


Lo contrario de “Tiburón”

Quizás recordaréis que dediqué a “Tiburón” uno de mis anteriores posts y prometí este sobre “Encuentros en la tercera fase” (en adelante ETF, que me canso). Ahora os explico por qué, siendo ambas pelis ma-ra-vi-llo-sas, creo que una es lo contrario de la otra.

ETF vino después de “Tiburón” a traernos la paz y no la guerra a nuestros corazones. Así como “Tiburón” hizo que nos diera terror algo cotidiano como bañarse en el mar en verano (yo siempre he tenido la suerte de vivir cerca de la costa y pasar las vacaciones en la playa), igual que hizo Hitchcock con las cortinas y las duchas, por su parte, ETF hizo lo contrario: se alejó de la típica película de invasión alienígena, cambió el enfoque e hizo que perdiéramos el miedo a algo que hasta entonces resultaba espeluznante, pues, de repente, los extraterrestres eran encantadores, venían en son de paz y todas estábamos deseando que nos llevaran a dar una vuelta en su nave.

¿Quiere decir eso que ETF no da nadita de miedo? No. Luego hablaremos de esto, porque ahora voy a redireccionar el artículo hacia otra pregunta: ¿por qué soy tan fan de ETF? Todos los motivos no me caben en un post, así que destacaré solo estos: el doble arranque y las escenas antológicas, para acabar con un homenaje sentimental a François Truffaut, el hombre que amaba a las mujeres.



El doble arranque

El primer arranque de ETF no lo ha superado nunca nadie jamás en la historia del cine. Así de maximalista estoy. Es lo que hay. Seguro que podéis encontrarlo fácilmente en algún vídeo dela red, pero, no obstante, os lo voy a describir.

En una pantalla totalmente negra comienza a oírse un ligero zumbido que, poco a poco, aumenta, aumenta y aumenta de volumen, para acabar con un tremendo ¡CHAN!, que al mismo tiempo pone la pantalla blanca. Todavía no se me ha pasado la impresión que me causó la primera vez que lo vi en una sala de cine, porque es un arranque pensado, por supuesto, para verlo en una pantalla de cine. En casa es otra cosa y en los dispositivos móviles, otra más.

Y da miedito porque Spielberg lo hizo para dar miedito y sabe cómo hacer para dar miedito.


El Cotopaxi en Gobi
(medium.com)

Luego viene el segundo arranque, con un rápido desfile de tres escenas: una, una escuadrilla de aviones desaparecida en 1945 aparece treinta años después en el desierto de Sonora (México); dos, el carguero Cotopaxi, desaparecido en Bermudas, reaparece en el desierto de Gobi; y tres, en una sala de control aérea asisten a la persecución de un avión por parte de un objeto no identificado.

Tras esto, Spielberg ya nos puede contar lo que quiera. Lo que quiera. Ya nos ha cautivado.


Las escenas antológicas

ETF tiene unas cuantas muchas; no puedo ni siquiera nombrarlas todas. Empezaré por una que en mi adolescencia vi con unos ojos y ahora veo con otros; de adulta, claro. Es esa en la que Roy, el protagonista, obsesionado, enajenado, con la mente completamente invadida por las visiones de una extraña montaña, que resulta ser la Torre del Diablo, de Wyoming,  la construye con kilos de barro y hojarasca en el salón de su casa, para desesperación de su desolada esposa y desconcierto de sus hijos.

No puedo tampoco dejar de mencionar la aparición de la nave nodriza; apabullante, tremenda, ocupando el cielo entero con sus luces sobrehumanas.

Pero si me pedís que me quede con una sola escena de ETF, me quedo con la abducción del pequeño Barry. Ahí maneja Spielberg, como decía antes, magistralmente el terror, que llega, un poco como en “Tiburón” a tu ciudad, a tu playa, a tu casa, a tu dormitorio, a tu cocina, a tus juguetes, a tu puerta.


 Adiós, Barry, adiós.
 (elantepenultimomohicano.com)


Homenaje sentimental a François Truffaut, el hombre que amaba a las mujeres

Spielberg le hizo a Truffaut un huequecito en ETF y, al tiempo, un homenaje que quiso extender al cine francés, al europeo y a Alfred Hitchcock, de quien ETF nos trae continuos ecos. Yo, por supuesto, me sumo a ese homenaje y declaro mi rendida admiración por este parisino que amaba el cine por encima de todas las cosas, admiración de la que ya he dado testimonio en este blog cuando he hablado de su libro El cine según   Hitchcock y de su peli La noche americana.

Spielberg le dio a Truffaut un papel de actor protagonista, como el mismo Truffaut había hecho consigo mismo en algunas de sus películas. En ETF el personaje de Truffaut no es sordo, como en La noche americana, pero lo parece, porque es un científico francés (inspirado, al parecer en Jacques Vallée, un investigador del fenómeno ovni) que no domina el inglés y que está casi todo el rato lost in translation en un film que habla inglés, francés, español e hindi. Así, el homenaje del homenaje se prolonga con otro homenaje de la primera parte del homenaje al sordo genial que fue Luis Buñuel.

Y sigo así homenajeando a las pelis que me convirtieron en la cinéfila y zinéfila que soy.  Os besa

Noemí Pastor



viernes, 23 de noviembre de 2018

Arde Madrid




Paco León ("Carmina y Amén " , "Carmina o revienta ", "Kiki el amor se hace ") vuelve a sorprendernos esta vez con una mini-serie que parece tendrá continuidad puesto que ya se está grabando la segunda temporada.



Estamos hablando de "Arde Madrid" (2018) una serie de únicamente ocho capítulos que gira en torno a la vida de Ava Gadner (maravillosamente interpretada por Debi Mazar) cuando  entre los  años 50 y 60 estuvo residiendo en Madrid.


Con este punto de partida, el personaje femenino clave es Ana Mari ( Inma Cuesta) que es instructora en la Sección Femenina de un internado y que es asignada por mandato de Franco para infiltrarse como empleada de hogar en la casa de Ava Gadner y espiarla.
El motivo: entre otras cosas porque se sospecha que su casa es frecuentada por comunistas y gente de la bohemia y la "moral distraída".


Para ello, tendrá que fingir ser esposa de Manolo (Paco León ) el chófer de a casa,que además es un buscavidas.


Ellos dos y otra joven criada ( Anna Castillo) serán el personal de servicio y a la vez testigos atónitos de las fiestas de Ava Gadner en su casa, rodeada de flamencos, personajes de la literatura, la farándula, la noche.....un auténtico ir y venir de personajes pintorescos que dan un retrato de la España cañi del momento,tal vez caricaturesco y no exento de tópicos,pero no por ello menos estimulantes y divertidos para el espectador/a.


El mérito de Paco León es reflejar una época que no es ficción y que a su manera,  fue una época cargada de glamour y repleta de anécdotas casi inverosímiles y surrealistas como por ejemplo que Ava Gadner fuera vecina durante su estancia aquí del ex-presidente de Argentina, Perón y su mujer. La relación entre ellos, como se ve en la serie, estuvo cargada de tensión ya que a Ava le encantaba dar saraos en su casa hasta altas horas de la madrugada y no dejaba descansar a Perón.



Es muy refrescante que Paco León salté a rodar una serie con historias que pasaron aquí y no hace tanto, y que lo haga en blanco y negro, con actores que conoce y con los que ya colaboró en la serie televisiva "Aida" como Miren Igarguren y con la impagable cameo de su madre, Carmina Barrios, en el papel de forzuda circense, pero además, se rodea de fichajes nuevos que han sido un absoluto acierto en mi opinión, como la actriz que da vida a la propia Ava, Debi Marza o el hombre que en la serie encarna a su manager, que es Ken Appeldorn,que también es norteamericano como la propia Debi.


Es una locura disparatada esta serie que entretiene, divierte y a la vez se vale de la crítica y la mofa social, tal cual hacen las fallas valencianas, de cuestiones tales como la dictadura, la pobreza, la doble moral...…..No deja títere con cabeza y sólo a veces se vale de lo trivial para abordar asuntos de hondo calado como el empoderamiento de las mujeres y el firme ejercicio de su libertad.





León, da muestras de que le apasionan como a Almodóvar,los personajes femeninos, bien en forma de valientes, fuertes, libres e indómitas tal cual la propia Ava, bien en forma de mujeres aparentemente más sobrias, más recatadas y sumisas que se transforman y terminan por evolucionar ( o revolucionar) y sorprender como sería el caso del personaje de Ana Mari.



Es "Arde Madrid" el reflejo de una época que tal vez nuestros padres vivieron de cerca, desde una lectura personalísima y esperpéntica, extrema y muy polarizada: los rojos-los fachas, los ricos-los pobres, los famosos- los anónimos, todos ellos aquí unidos en las fiestas que Ava daba en su casa, donde el caleidoscopio era de lo más variado y ecléctico posible.


Para mi gusto, aun se podrían haber cargado más las tintas de la transgresión y espero que así lo haga en la próxima temporada, porque debajo de la imposición de las buenas costumbres y la estricta moral, en los 50 y los 60, subyacía también un submundo donde el ejercicio de la libertad individual se daba, de manera más o menos encubierta o clandestina, pero no por ello, inexistente.


Os recomiendo esta serie aunque sólo sea por ver algo ORIGINAL, algo que no se le había ocurrido a nadie antes, filmar una época donde España era un poco Hollywood y esa gloriosa década en la que Ava se enamoró de más de un torero y se apasionó por el "Spain is different" merecía tener su propia película o su propia serie.





Quiero subrayar las actuaciones de tres actrices que me parecen formidables y que sin ellas, el resultado de esta serie a mi modo de ver, no hubiera sido el mismo:

  • Debi Mazar quien con un físico imponente da vida de forma 100% creíble a una Ava.
Ella ,además de ser "el animal más bello" se perfila como una mujer que está por encima del bien y del mal y que hacía en todo momento lo que venía en gana.
  • La segunda es Inma Cuesta en el papel de Ana Mari, porque hay que tener muchas tablas para reflejar la personalidad de una institutriz al servicio del régimen, que evoluciona por caminos insospechados …
  • Y por último, Carmen Machí, cuya vis cómica es tan potente como la dramática y aquí encarna a una franquista convencida que hace nos destornillemos de risa.

Mi recomendación de que la veáis va por delante, después si os apetece, compartimos impresiones entre otras, cuál de tod@s es vuestro personaje favorito y el más odios@ en vuestra opinión.
Ardo en deseos de conocer vuestras opiniones ya que en mi entorno más próximo much@s todavía no han visto la serie y estoy impaciente por comentar:)


Aprovecho también para  desearos  un feliz fin de semana a tod@s querid@s cinéfil@s.







Troyana




viernes, 16 de noviembre de 2018

The New Statesman: sátira en tiempos de crisis

En este semana en que el Gobierno Británico ha aprobado el acuerdo de Brexit con la Unión Europea, he recordado una serie inglesa política, que con su brutalidad, sátira e incorrección, sacaría los colores de la actual "inquisición" que se ve en redes sociales. Y es que "The New Statesman" ("Un Diputado Fantástico" en España), es una de las sátiras más salvajes que se han paseado por la televisión sobre la política.

Alan B'Stard conquistando el Parlamento

Olvidaos del Ala Oeste y cualquier House of Cards, volvamos a aquellos años 80, en los que en las islas comandadas por Isabel II, también mandaba otra mujer, Margaret Thatcher, con mano de hierro. Y es entonces, cuando llegaron joyas irónicas de los tejemanejes de los políticos de por allí, con "Yes, Minister" y "Yes, Prime Minister", unas inteligentes comedias que nos mostraban como se hacía política y hasta qué punto, dicha gestión también podíamos sentirla cercana.

La entrada de la serie, una declaración de intenciones

Partiendo de una base similar, el fantástico cómico Rik Mayall, conocido por su papel de activista de izquierdas de "Los Jóvenes", y los guionistas Laurence Marks y Maurice Gran, crearon a Alan B'Stard (pronunciado como Bastard, Bastardo en español), el político más joven elegido para la Cámara de los Comunes. Con un sueño: forrarse. Y es que desde los primeros minutos de la serie, verás cómo la locura, la corrupción y la maldad son parte esencial del ADN de B'Stard, que es conservador, pero nos creemos que sería cualquier cosa con tal de conseguir sus metas.

Alan y la Seguridad Social

Mayall tenía un personaje bombón a su medida (como si ya no hubiera tenido otros o tendría con Flasheart en "Black Adder", Ricky en "Los Jóvenes" o Richie en "La Pareja Basura" ("Bottom")), pero aquí con un protagonismo exacerbado. Y se notaba que lo adoraba. B'Stard representa lo peor de la política y del ser humano el egoísmo más bajo y ruin. No hay valor o causa que lo salve: es malo hasta la médula y eso es lo que quiere.

Alan es un chico malo con su profesora francesa

Pero no está solo en su "lucha" por enriquecerse y conseguirlo todo partiendo de su mediocridad. Desde el capítulo primero, lo vemos con su suegro (otro miembro del partido al que no le importa dejar residuos nucleares en su propia jurisdicción), su esposa Sarah (una ninfómana bisexual tan ambiciosa como él) o su compañero de aventuras, Piers Fletcher-Dervish, una víctima, pero también llena del mismo clasicismo, racismo y pomposidad.

Piers y Sarah, ¿algo más que amigos?

Los 29 capítulos distribuidos en 4 temporadas, constituyen un auténtico festival de descacharramiento humorístico y locura salvaje. Siempre cuenta los tejemanejes de Alan, y su afan por sobrevivir y hundir a los demás. Además está acompañado en momentos por viejos conocidos del panorama audiovisual británico como Stephen Fry o Hugh Laurie, o múltiples rostros que os sonarán de series de allí.

Hablemos de auténticos fascistas...

Emitida por Antena 3, canales autonómicos y digitales en los 90, es una auténtica pena que no tenga una buena edición en DVD con doblaje o subtitulado en español, o esté en streaming.

Cuando la veamos, quizá nos cueste reírnos por lo cercano que a veces B'Stard puede parecer (curioso ver que en su etapa en Bruselas, es el mayor representante del euroescepticismo británico). Así, en estos tiempos oscuros en términos políticos a todos lo niveles en los que vivimos, reírse de la realidad con una serie tan inteligente, divertida e incorrecta, nos puede ayudar a superarlo. No lo dudéis. Y espero que os hayan entrado ganas con los clips que he dejado a lo largo del artículo.

Alan, adelantándose más de 20 años al Brexit, ¿os suena?

Podéis saber más de la serie gracias a Lorenzo Mejino en su artículo para el Diario Vasco.

Carmen R.