viernes, 15 de junio de 2018

Handia: el gigante cervantino


La primera parte del metraje de Handia no consiguió atraparme. Pasaban los minutos y solo veía acontecimientos inconexos y diálogos insustanciales. Tonta de mí.

Luego, sin embargo, me fue inundando la línea de las imágenes, las palabras escasas, plurilingües y escogidas, y, para cuando acabó, ya estaba prendada de la épica triste del relato.

Por cierto, en mi sesión,  en el cine, la gente aplaudió al final. Hacía años que no presenciaba yo una chaparrada de aplausos espontáneos antes de los títulos de crédito. No lo presenciaba  desde el estreno de Death Proof, de Tarantino, allá por 2007. ¿A vosotras y a vosotros os pasa a menudo? A mí no, pero quizás sea porque soy asidua a las sesiones entre semana y a deshoras, ergo con poco público.

La historia del gigante de Alzo se me quedó pegada a la cabeza durante las horas e incluso durante los días posteriores y no hice sino reparar en los muchos aciertos de la película.

Una cosa que en la narrativa funciona siempre muy bien, por ejemplo, es un narrador segundón; esto es, no el propio protagonista, sino un secundario de lujo, alguien que siempre estaba allí, que lo vio todo, que intervino en los acontecimientos, que los provocó incluso. Un Sancho Panza, podríamos decir, a fin de cuentas, alguien sin cuyo contrapunto la historia quedaría coja y no habría avanzado. En el caso de Handia el sancho es Martín, el hermano mayor (de edad, no de estatura; perdón por el chiste fácil y malo) del gigante.


                                             -¿Por qué no entiende lo que le digo? ¿Es retrasado?
                                   -No. Es vasco.

Este sancho es, a a la vez, Cervantes, el autor, el hacedor, el creador del mito. Al igual que el propio Miguel de Cervantes Saavedra, Martín tiene un brazo impedido por una herida de guerra. Pero recordemos que este sancho no se llama Miguel, sino Martín. Miguel se llama su hermano, el gigante: Miguel Joaquín Eleizegui Arteaga.

En este baile de nombres veo también algo muy cervantino, pues al genio de Alcalá de Henares le gustaba someter a sus personajes a este juego de diferentes denominaciones e identidades abiertas y múltiples. Esto lo hizo Cervantes en las Novelas Ejemplares, en las que casi todas y todos los protagonistas tienen más de un nombre, y también en el Quijote, cuyo héroe se llamaba Alonso Quijano, pero también don Quijote de La Mancha o El Caballero de la Triste Figura.

Así, el bueno de Miguel Joaquín tiene también otros nombres más épicos o comerciales y en el mundo del espectáculo se le conoce como el gigante de Alzo, el gigante guipuzcoano, el gigante de Bilbao, el coloso español  e incluso the spanish colossus; aunque él quería llamarse sencillamente handia.

Hay más toques cervantinos en la peli. Está también esa fusión, esa confusión entre Sancho y Quijote, que se produce entre los hermanos Martín y Joaquín. De jóvenes, cuando vivían juntos en el caserío de Alzo, la gente los fundía, los confundía. Luego se lanzaron al mundo cada cual con su función, con su papel. Más tarde los papeles se reinvirtieron y la gente volvió a fundirlos, a confundirlos, otra vez. Me explico a continuación.

Cuando Martín y Joaquín eran unos muchachos, se llevaban poca edad y siempre estaban juntos. La gente de Alzo y alrededores no sabía quién era quién.

Luego los separó la guerra y, más tarde, tras su reencuentro, cuando deciden aventurarse en el mundo del espectáculo, se definen sus papeles: Martín siempre quiere ir más allá, visitar otros escenarios, conquistar otros territorios, otros mercados, viajar hasta América, ganar más dinero; Joaquín, en cambio, nunca habría querido salir de Alzo, odia ser exhibido, cree que la gente se ríe de él, detesta esa vida que se pasea ante sus ojos y que él solo ve por un agujerito, el del ventanuco del carromato que lo transporta de pueblo en pueblo, el de la manta con la que lo cubren cuando debe pisar la calle, para que la gente no lo vea y quiera luego pagar por verlo.

Años después, cuando llega la decadencia y la ruina, Martín se rinde, abandona sus sueños de aventura americana y desea regresar a Alzo. Entonces, como digo, se invierten los papeles y es Joaquín el que ruega vehementemente a su hermano para que sigan con el espectáculo, que lo mejoren, para seguir atrayendo a la gente y sus monedas.

En ese momento, en el momento del regreso a la pobreza, cuando el público, la gente, les da la espalda y de nuevo se tienen solamente el uno al otro, entonces vuelven a fundirse en el abrazo del cartel de la película y a confundirse ambos en el imaginario popular, en los rumores que circulan por esos pueblos de dios y difunden la leyenda de un gigante vasco con un brazo impedido por una herida de guerra.

Handia me hizo pensar en bastantes más cosas. Por ejemplo, en la realidad, la invención y la memoria, en la historia que no es solo lo que sucede, sino también, o quizás sobre todo, lo que recordamos que sucede, lo que creemos que sucede o lo que relatamos que sucede. Los recuerdos, las creencias y los relatos a menudo no encajan entre sí y, al tiempo, suceden cosas ante nuestras propias narices que somos incapaces de ver.

Y hablando de ver, también me hizo pensar Handia en ese agujerito del que hablaba antes, a través del cual el grandullón Joaquín contemplaba la vida, el mismo agujerito por el que la gente, en las barracas del espectáculo, lo contemplaba a él; el mismo agujero estrecho y limitador por el que nos asomamos todos a la vida.

Podría hablar más de todas esas cosas en las que me hizo pensar Handia, pero me quedo al final con la historia triste de un verdadero friki, de un solitario monstruito de feria que nunca quiso abandonar su aldea y, sin embargo, recorrió millas. Fue a Bilbao, fue a Madrid y conoció a la reina. Fue a Lisboa, a Burdeos, a París, a Londres. En Stonehenge contempló unas piedras colosales y, durante el viaje en barco, avistó la cola de una ballena que era también más grande que él.

viernes, 8 de junio de 2018

Un sol interior






"Un sol interior" es una película francesa del 2017 dirigida por Claire Denis e interpretada entre otros por Juliette Binoche y Gerard Depardieu.

Nos cuenta la historia de Isabelle,una artista parisina divorciada que tras varias relaciones sin éxito, quiere encontrar el amor.El amor de verdad.

La directora de la película en una entrevista relata que las experiencias de Isabelle son una versión de sus propias experiencias en el amor, un amor que parece se muestra esquivo una y otra vez.

Pero entonces ¿por qué  merece ser vista "Un sol interior" calificadamente en mi opinión muy inmerecídamente con un triste 5`8 en filmaffinity? analizaremos a mi modo de ver,sus principales puntos fuertes....

1)- La sucesión de experiencias amorosas, los perfiles psicológicos.....

No sólo por la galería de personajes masculinos de la edad postmoderna que vivimos, tan variopinta como muchos de ellos reconocibles:

-esposos infieles,jóvenes treintañeros o cuarentañeros fóbicos al compromiso y sin embargo eternamente jugadores en el campo de la ambigüedad incluso en varios frentes al mismo tiempo,hombres cincuentañeros aburridos encerrados en matrimonios que hace tiempo  perdieron fuelle,hombres acomplejados por un status que perciben inferior al de sus parejas........la propia Isabelle responde a un cliché de divorciada cincuentañera desorientada que no termina de amarse lo suficiente para atraer a sus vidas estos perfiles tan poco prometedores.....
la pregunta sería:

 ¿atraemos lo que creeemos merecer? ( y por favor,os invito a que me deis vuestra opinión)





2)- el cuestionamiento del amor romántico

La película es un ejercicio desmitificador del amor romántico,ése mito cargado de estereotipos con el que se nos ha ido educando a generación tras generación y tanto daño nos ha causado,al presuponer por ejemplo dogmas tales como:
la felicidad te la ha de dar otra persona,existe la media pareja y es para toda la vida,el amor todo lo puede o todo lo perdona.....etc....etc....etc


A fuego lento hemos sido socializados con el cine,la música,la literatura,el arte....en una creencia del amor romántico que tarde o temprano se vuelve en nuestra contra,porque si hay algo de lo que pone en entredicho la película es que ese ideal ,esa eterna expectativa, no siempre y de forma infalible, se ve respaldada.
la pregunta sería:
¿merece la pena esa insaciable búsqueda?


3) - Juliette Binoche y Gerard Depardieu



Binoche ( Herida , La insoportable levedad del ser...entre tantas otras) es la gran baza de esta película, sabe a estas alturas de su trayectoria profesional,manejar cualquier registro emocional en pantalla,se desenvuelve fluidamente en la línea de la comedia ácida y el drama intimista.Es una maravillosa elección que hace que la película se vuelva una apuesta segura porque refleja a la perfección en todo momento ese camino tortuoso plagado de conatos sentimentales que vive Isabelle.


 
Gerard Depardieu ( Cyrano de Bergerac,entre tantísimas otras),ya lo sabemos,rara vez nos deja indiferentes.
La directora confiesa que :
"Él puede hacer que las líneas de diálogo sean profundamente naturales.Es más,dice que escuchó en su cabeza el título definitivo de la película cuando él dijo una frase de su personaje a Isabelle : "No te cierres a las cosas nuevas....busca tu verdadero camino y encontrarás tu sol interior".


4) El contexto social. Y sí, es Francia,pero podría ser cualquier otro país de la cultura occidental postmoderna.Una sociedad en la que las relaciones líquidas reinan.No se perciben inteligencia emocional,no hemos sido educados para saber amar y ser amados,se presupune esta capacidad en un contexto social en el que las relaciones afectivas parecen abocadas al consumo,a lo perecedero,a la falta de compromiso y permanencia.....La pregunta sería:

¿es ésta la forma de relacionarse que va pareja a un sistema capitalista en las sociedades "avanzadas"?¿ por qué Europa,y así lo reflejan muchos cineastas actuales, está plagada de incapacitados emocionales?


5)- El desenlace

Evidentemente, no desvelaré el desenlace. Sólo dejo constancia de lo que a mí me parece un cierre casi perfecto,admitámoslo,el final es siempre un elemento clave en la valoración que interiormente a menudo hacemos de la película completa.

Lejos,muy lejos de todo convencionalismo,hay una lectura entre líneas de lo que interpretamos subjetivamente como la moraleja de este cuento moderno.

El/la espectador/a es llamad@ a extraer sus propias conclusiones de sobre dónde y cómo hallar y preservar la felicidad porque lo que parece evidente es que además de que la suerte puede jugar su papel más o menos relevante( como viene a sugerir Woody Allen en algunas de sus últimas películas),la última palabra, por descontado, siempre la tienes tu.

Feliz fin de semana,


Troyana

viernes, 1 de junio de 2018

Políticamente correctos

En los últimos años a través de las redes sociales, especialmente de forma virulenta en los últimos meses, hemos visto llegar una fiebre de corrección política. Lo que en un principio parecen reivindicaciones justas y de sentido común, pueden derivar, como todas las tendencias, en una sobreprotección de la parte a defender en perjuicio de un equilibrio común entre el total de la población.

Esta idea presentada arriba podría derivarse en un ensayo social, pero al ser esto Zinéfilas, lo que presento a continuación, es el impacto de estas tendencias en el mundo del cine y la televisión.

¿Cuál es la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto? Esto está muy ligado a los valores de la sociedad en un momento determinado. La puritana generación que salió con el Macartismo en los años 50, vivía en los valores clásicos estadounidenses y capitalistas, en una lucha constante con el comunismo. ¿Hubiera aceptado films de los años 30 provenientes de directores europeos como Fritz Lang? ¿se hubiera podido hacer una película como Metrópolis en ese momento? Las respuestas son complicadas, pues en un contexto social que se volvió enfermizo, el haber expuesto ciertas ideas te hubiera conducido al ostracismo social y laboral.



Recientemente, en una época de derecho y respeto, vemos cómo algunos films pueden llegar a ser censurados. Es algo que en occidente nos puede sorprender, pero se puede comprender, pues no todos los países comparten los mismos valores. Por ejemplo, Irán consideró que Zoolander promovía los derechos de los gays y no permitió su exhibición en este país.



¿Pero qué pasa cuándo la censura se produce en países con libertad de expresión, de los considerados "buenos" y "abiertos" por sus ciudadanos o vecinos? Es aquí donde puede llegarnos la preocupación. Y no me refiero a la censura de que 50 Sombras de Grey fuera para mayores de 18 años en EEUU y sólo para los de 12 en Francia. A lo que se va a aquí es a una "limpieza" por corrección política.

Por supuesto, la falta de corrección no se debe confundir con la provocación. Hay multitud de ejemplos de mayor o menor gusto (Salo (120 días en Sodoma), Ninfómana, el Centípedo Humano, por ejemplo), que se mueven entre las expresiones de arte más extremas o la provocación morbosa, para generar una reacción en el espectador. Aquí la provocación no es exagerada, es más sutil e incluso subconsciente, para cambiar el punto de vista cotidiano del individuo, o subvertir su pensamiento.

Como en aquellos tiempos anticomunistas o los de la censura franquista por ejemplo (¡oh, esas películas redescubiertas al verlas sin censura!, como Resplandor en la Hierba), en la actualidad, se está haciendo una censura más fina, de tres maneras, a saber:



- Por un lado, en países como Estados Unidos, se pide la eliminación de aquellos films que en los ojos actuales pueden resultar no correctos. Un ejemplo de esto era una petición para eliminar "Lo que el Viento se Llevó", por su trato hacia la gente de color (pese a que Hattie McDaniel lograría un Óscar por su interpretación de Mami), o la visión de la Guerra de Secesión de este país.

- En otros, como en Reino Unido, se hizo el "smoking ban", y así, a partir de 2007, no se podían mostrar a personajes fumando. Cuando los personajes iban a fumar, salían de la pantalla. Todo esto se hace por el bien "de la juventud". Pero ¿cómo quedarían los personajes de Bogart y Bacall en El Sueño Eterno sin sus cigarrillos? Claro está, que el film podría pasarse a "mayores de 18 años", como si el ejercicio de exhalación de humo se pareciería al uso de otras drogas como las de Trainspotting, pero no lo juzgaré aquí




- El último movimiento es la autocensura de algunos estudios y televisiones por la corrección política. Personajes clásicamente blancos interpretados por actores de color como Sophie Okonedo en The Hollow Crown o Samuel L. Jackson con Nick Fury en el universo Marvel, aunque en estos casos, más que corrección, podemos afirmar sin género de dudas, que es por solvencia profesional.



En este último punto, se podría incluir el uso que hace de Disney de castings multiétnicos en sus sagas galáticas o marvelianas, aunque se entiende, porque son films de proyección mundial y es por tanto, muy normal, que se incluya gente de todos lados, aunque se siga prefiriendo a actores blancos, en la mayoría de los casos, como protagonistas.



También cabrían aquí, quizá guiados por la corrección política del momento las versiones de "sólo mujeres". No hablo del test de Bechdel para saber si hay mujeres, y están bien representadas en las películas, hablo de adaptaciones femeninas, como la última Cazafantasmas, o la próxima Ocean's 8. Personalmente, se puede entender que en un film como "Master & Commander", la cuota femenina sea baja, debido al lugar donde se plantea, y no creo que se llegará a hacer una versión femenina de esta gran película.



¿Cuándo es lícito hacer versiones femeninas? ¿Es ésta realmente la pregunta correcta? ¿Debemos seguir haciendo cosas de chicas basadas en éxitos de chicos? ¿No tenemos nuestras propias historias que contar? Porque se ha demostrado por activa  y por pasiva, que sí las tenemos, incluso en campos supuestamente sólo masculinos como la acción (por ejemplo, en televisión con Peggy Carter en Agente Carter o Emma Peel en Los Vengadores) o en el cine (con Ellen Ripley en Alien y Sarah Connor en Terminator)

Creo que en una película, la cuestión no es que un estudio quiera llenarse los bolsillos en base a "regalar" o aprovecharse de un colectivo supuestamente marginado (mujeres, gays, el que toque...), lo que se debe pensar es en dar oportunidades a los miembros de esas comunidades, como si sólo fueran personas con buenas ideas, capaces de crear películas emocionantes y a la vez, rentables. Y actualmente, esto se podría hacer aumentando la diversidad para lograr películas diferentes pero que puedan ser interesantes, y de paso, rompan con la repetitividad de temas que vemos en nuestras pantallas.

Sé que el mundo del cine es un negocio al final y no tiene corazón. Es por ello que lo que pido por aquí es que olvidemos la corrección y demos más oportunidades a todos. Hay grandes historias que quizá obliguen a encender un cigarrillo, tramas que puede que no relaten lo más bonito del ser humano, pero que hagan que sintamos a sus protagonistas, personajes de color, de sexo o género, en situaciones de ventaja o no, que se comen la pantalla. Demos oportunidad a que estas historias valientes y quue estos personajes con carisma se desarrollen, no por cuota, sino por ingenio, y estoy segura de que serán rentables, porque el público sólo verá protagonistas con los que empatizar y películas con las que emocionarse. Quizá esto último no sea muy políticametne correcto, pero sí más de justicia y sentido común.

Carmen R.

Fuentes: 
http://cinemania.elmundo.es/noticias/prohibiciones-por-el-mundo-10-peliculas-censuradas-por-motivos-absurdos/
https://larepublica.pe/espectaculos/855449-50-sombras-de-grey-los-adolescentes-en-francia-si-podran-ver-el-filme-erotico
https://www.theguardian.com/film/2015/jun/25/us-critic-deniably-racist-gone-with-the-wind-should-be-banned-from-cinemas
https://www.theguardian.com/books/2017/jul/07/smoking-ban-movie-cigarettes-legislation-work-public-tobacco
https://www.express.co.uk/showbiz/tv-radio/667894/Sophie-Okonedo-Undercover-The-Hollow-Crown-Benedict-Cumberbatch-Dominic-Cooke



viernes, 25 de mayo de 2018

Senderos de gloria


«Hay ocasiones en que siento vergüenza de pertenecer a la humanidad…» (Coronel Dax, en Senderos de gloria).

El próximo once de noviembre se cumplirán cien años del final de la Primera Guerra Mundial, la mayor catástrofe de la humanidad hasta ese momento.

Por supuesto, el horror de aquella guerra ha sido ampliamente reflejado en la literatura y el cine. De todas las películas que tratan sobre la llamada Gran Guerra, Senderos de gloria (Paths of Glory) de Stanley Kubrick, quizá sea la más impactante.

Desde el punto de vista cinematográfico, esta película significó un hito a partir del cual se produjo un cambio sustancial en el tratamiento del cine bélico.

Para que se pudiera llegar a rodar una película tan atípica respecto a la mayoría del cine de su época fue necesaria la conjunción de diversos factores.

En primer lugar, la aparición, en la década de los cincuenta del siglo veinte, de una nueva mentalidad en algunos directores de Hollywood que, en pugna  con el poderoso código Hays (cuyo promotor murió en 1954), comenzaron a adentrarse en temas espinosos; fue el caso de  Daniel Mann, Elia Kazan, Sidney Lumet, Richard Brooks, John Huston, Otto Preminger, Robert Aldrich, Nicholas Ray y Stanley Kubrick.
En segundo lugar, la intervención de Kirk Douglas. Douglas había comenzado su carrera cinematográfica en 1946, con El extraño amor de Martha Ivers y, con la mezcla de inteligencia, voluntad férrea, y grandes dotes interpretativas que le caracterizaban, había conseguido comenzar la década de los cincuenta siendo ya una estrella de Hollywood. En 1955, dio un nuevo paso en el control de su carrera y fundó su propia productora: Bryna, llamada así en honor a su madre.

El propio Douglas, en su más que recomendable biografía El hijo del trapero (que trapero fue su padre, un judío ruso analfabeto), relata la gestación de la filmación de Senderos de gloria:

“Vi una película modesta, titulada the killing (Atraco perfecto). Una cinta de exiguo presupuesto y que dio exiguos beneficios. Su estructura era insólita, el estudio no tenía fe en ella y la lanzó tímidamente. Pero despertó mi curiosidad y quise conocer al director, Stanley Kubrick, un chico que se había iniciado como fotógrafo a los diecisiete años en la revista Look. Le pregunté si contaba con otros proyectos. Me dijo que tenía un guion, Paths of Glory (Senderos de gloria), de Calder Willingham y Jim Thompson, basado en la novela de Humphrey Cobb (1935), que trata de la sed de fama del alto mando de Francia en la Primera Guerra Mundial y que causo tantas muertes innecesarias… Lo leí y me enamoré de él”

“Stanley  -le dije-, no creo que esta película dé un céntimo, pero tenemos que hacerla”

Efectivamente, Kubrick era, quizá, el director que mejor encarnaba esa nueva manera de entender el cine de la que hablábamos. Así lo había demostrado en esa película, Atraco perfecto, que había encandilado a Douglas al mostrar, con ritmo vertiginoso, los diferentes puntos de vista de los participantes en un atraco. Esa película supuso  un avance en la renovación del cine policiaco iniciada por John Huston, en 1951, con La Jungla de asfalto y  que culminaría  Orson Welles con Sed de mal (1957).

Douglas logró que United Artists aceptará, con reticencias puesto que ya habían perdido dinero con Atraco perfecto, financiar la película con un pequeño presupuesto de 3 millones de dólares.

Puesto que los recursos eran escasos, se decidió rodar en Alemania, en Múnich y sus alrededores, donde los castillos y campos se parecían a los franceses pero los costes eran menores, ya que la economía alemana todavía estaba en recesión tras la devastación producida por la Segunda Guerra Mundial.
Cuando Douglas llegó a Alemania para iniciar la filmación se encontró con que Kubrick, ayudado por Thompson, había cambiado sustancialmente el guion. Buscando hacerlo más comercial -«Necesito ganar dinero», fue su justificación- había introducido diálogos disparatados y había rematado la historia con un absurdo final feliz. Douglas discutió con Kubrick e impuso  que se rodara el guion original.

Paradójicamente, esa película que Kubrick estuvo a punto de desvirtuar es hoy considerada por muchos la mejor de su filmografía.

La película se basa en la novela del mismo título de Humphrey Cobb, un veterano de la Primera Guerra mundial, que utilizó para el título de su obra un fragmento de un poema de Thomas Gray (1716-1771): «Los senderos de gloria no conducen sino a la tumba».

Cobb se inspiró en hechos reales ocurridos durante la Gran Guerra. Así nos lo dice en el inicio del libro:

«Todos los personajes, unidades militares y lugares mencionados en el presente libro son ficticios. No obstante, si el lector pregunta ¿sucedieron realmente estos hechos? El autor responde: “Si”…» Y después pasa a señalar las fuentes en las que se basa su novela, para acabar mencionando la noticia publicada en The New York Time el 12 de julio de 1934: «Los franceses absuelven a 5 fusilados por rebelión en 1915, dos de las viudas reciben una indemnización de 7 centavos cada una».
Porque el libro se basó en el fusilamiento,  ordenado por el general francés Deletoile, de cinco soldados, elegidos por sorteo,  para que sirvieran de ejemplo tras el fracaso de un ofensiva mal dirigida y peor planeada.

Kubrick y los otros dos guionistas adaptaron la novela a sus intereses; uno de ellos, que el personaje del coronel Dax, que en la novela tiene una intervención importante pero breve, cobrará mucho mayor protagonismo, puesto que iba a ser el interpretado por Douglas.

Tomando esos hechos reales como referencia, la película se desarrolla en 1916, cuando los ejércitos francés y alemán llevaban dos años desangrándose en la llamada guerra de trincheras.

Acuciados por la necesidad de presentar alguna victoria, el Estado Mayor francés, a través del general Broulard (magníficamente interpretado por Adolphe Menjou) logra que el general  Mireau (encarnado por George Macready, en una gran actuación) ordene a su regimiento un ataque suicida sobre una inexpugnable  posición alemana, La colina de las hormigas.

Toda la película es excepcional en cuanto a la manera de presentar, con rigor e intensidad, las diferentes personalidades de los personajes; sin embargo, cabe destacar la  conversación inicial entre Broulard y Mireau por su inmenso cinismo.

Así, cuando Broulard le sugiere que, con su regimiento exhausto, intente tomar la colina, Mireau se niega puesto que sabe que es imposible. Sin embargo, cuando Broulard le comenta que en el Estado Mayor han pensado en él para ascenderlo a general de División, se produce un cambio en Mireau que queda magníficamente reflejado en el siguiente diálogo:

Mireau: La vida  de uno de esos soldados significa para mí más que todas las estrellas y condecoraciones de Francia.

Broulard: Ya… ¿Entonces, crees que tus hombres no pueden llevar a cabo ese ataque?

Mireau: No he dicho tal cosa. Nada es imposible para ellos si se les despierta su espíritu de combate.

Broulard: No me equivoqué al venir aquí (queda implícito el que Broulard, sumamente cínico e inteligente, había juzgado adecuadamente la ambición Mireau). Eres el hombre que puede tomar la colina. Y en lo que respecta a tu estrella…

Mireau: Eso no tiene nada que ver con mi decisión. Si acaso sería lo contrario.

Broulard: Me doy perfecta cuenta, Paul.

El paseo, previo al ataque, que Mireau da por las trincheras sirve para apuntalar la dicotomía que domina toda la película: el mundo de los soldados, relegados al infierno de las trincheras y sin ningún control sobre sus destinos, y el de los altos oficiales, a salvo en los salones lujosos donde disponen, con total arbitrariedad, de las vidas de sus subordinados. De esta visión dual, sólo se salva el coronel Dax, que comparte trincheras y penalidades con sus hombres.
Como era previsible, el ataque es un terrible fracaso. La matanza que los francés sufren cuando intentan avanzar hacia la posición enemiga supera, incluso, el porcentaje de bajas, un escalofriante 60%, que Mireau había considerado asumible.

Ante la inutilidad de la sangría, el segundo batallón no llega a salir de las trincheras. Mireau, enloquecido por la rabia, ordena a la artillería que abra fuego sobre ese batallón (lo que denominan, muy eufemísticamente, «Proyectiles que se quedan cortos»). El capitán artillero se niega.

Buscando una cabeza de turco que oculte su culpa, Mireau consigue, sin gran esfuerzo, que Broulard autorice un consejo de guerra sumarísimo, aunque ha de conformarse con que se juzgue “tan solo” a tres hombres, elegidos al azar o por oscuros motivos (y quien desee leer el libro, disfrutará con el relato, más detallado que en la película, de esa elección).

Dax, abogado criminalista en la vida civil, se enfrenta duramente a Mireau y consigue que se le permita actuar como defensor en el juicio que se lleva a cabo sin ninguna garantía procesal.
El juicio, la lucha desesperada de Dax, las horas postreras  de los condenados y su asesinato encubierto de justicia patriótica están tratados con la misma perfecta eficacia que las escenas de las trincheras y de la ofensiva. Destacan los violentos y expresionistas contrates de luz que enfatizan el dramatismo de las escenas y que ponen de manifiesto la pericia de Kubrick como fotógrafo (ya comentamos que ese fue su inicio profesional).

Para facilitar los amplios movimientos de cámara que utilizó el director, se excavaron trincheras de dos metros de ancho y sesenta obreros recrearon un campo de batalla embarrado como escenario de la desastrosa ofensiva francesa.


Y especialmente hermosa y conmovedora es la escena final de la película, en la que Kubrick consigue devolver la dignidad humana a la masa despersonalizada de soldados gracias a la emoción que les produce la canción de una prisionera alemana (la actriz alemana Christiane Harlan, que se convertiría en la tercera, y definitiva, esposa de Kubrick).

Senderos de gloria quizás sea la mejor película antibélica que jamás se haya rodado; y consigue ese efecto porque no apela al sentimentalismo sino a la razón del espectador. Sus escenas buscan, por encima de cualquier otro objetivo, la veracidad en la presentación del horror y la sinrazón y es ese realismo lo que llena de congoja y rabia el ánimo de quien ve la película.

Con su obra, Kubrick consiguió que el público juzgase no a unos oficiales concretos en unos hechos concretos, sino a toda la organización militar francesa y, por extensión, a cualquier organización militar. Es decir, sometió a los mandos militares a un juicio tan sumarísimo como el que la misma película narraba.
Cuando Mireau dice «No podemos dejar que los soldados decidan si una orden es posible o no. Si resulta imposible, la única prueba válida serían sus cadáveres en las trincheras» el espectador no sólo le condena a él sino a todo lo que representa.

Y si, al final de la película, Dax consigue acabar con la carrera de Mireau, esto supone poco consuelo para el espectador, ya que Broulard, principal instigador del drama, sale indemne y no es difícil, incluso, imaginarlo ocupando algún Ministerio (esta caída final de Mireau sí es una concesión de la película al interés comercial que no aparece en la novela).

Obviamente, la película suscitó enorme controversia desde su mismo estreno, el 18 de septiembre de 1957 en Múnich, y estuvo prohibida durante muchos años en varios países europeos: en Francia fue prohibida hasta los años 70; en Bélgica hubo manifestaciones contra ella; incluso Suiza la rechazó como «propaganda subversiva contra Francia». En España no fue estrenada hasta 1986.

Pero lo cierto es que, aun aclamada por la crítica,  tampoco tuvo éxito de público en los países en los que no fue prohibida. Hacía tan solo doce años que había acabado la Segunda Guerra Mundial y la mayoría del público no deseaba revivir los horrores de la guerra.

Douglas y Kubrick rodaron juntos otra gran película, Espartaco (1960), con la que también renovaron otro género cinematográfico, el péplum.

Sin embargo, a pesar de la ideología izquierdista que los unía, durante el rodaje de Espartaco se manifestaron fuertes disensiones entre ellos. Finalmente, en 1961, el director, que había firmado un contrato por el que debía realizar tres películas para la productora de Douglas, pidió que el contrato se cancelara y el actor aceptó.

Kirk Douglas cuenta en sus memorias que uno de los motivos de su enfrentamiento con Kubrick fue que éste quiso apropiarse del guion de Espartaco, puesto que el verdadero guionista,  Dalton Trumbo -proscrito de Hollywood por su negativa a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas- no podía firmarlo. Douglas no sólo se opuso, sino que hizo que Trumbo apareciese en los créditos de Espartaco, con lo que dinamitó, de facto, la lista negra de Hollywood.

Esta versión sobre la falta de escrúpulos de Kubrick parece veraz si tenemos en cuenta que Jim Thompson –el magnífico escritor de novela negra que también participó en el guion de Senderos de gloria- demandó, y ganó el juicio, a Kubrick para que reconociese su trabajo en Atraco perfecto.

Según Douglas, Kubrick tenía mucho talento y un ego inmenso. Al principio ese ego le divertía, pero dejo de hacerlo cuando Kubrick empezó a contar que Douglas sólo había sido un empleado en Senderos de gloria. La personalidad de Kubrick condujo al actor a realizar su propio juicio sumarísimo del director:

«Todo esto demuestra que no es necesario ser una buena persona para tener un gran talento. Puedes ser una mierda y tener talento; inversamente, puedes ser la mejor persona del mundo y no tener ninguno. Stanley Kubrick es una mierda con talento”.

No se puede opinar mejor de un creador, ni peor de un ser humano.

Yolanda Noir



viernes, 18 de mayo de 2018

El orden divino


Como ya es tradición, he vuelto a ir a la inauguración del Festival de Cine y Derechos Humanos de Donostia que este año celebraba su XVI edición. Este año querían poner en acento en los derechos de la mujer y la película que abrió el festival fue El orden divino de Petra Biondina Volpe. Antes de la película proyectaron uno de los cortos más bonitos que he visto últimamente:  La pureza, de Pedro Vikingo.Es un ejemplo de que a veces las cosas más sencillas son las mejores. Simplemente nos muestra a un grupo de niños y niñas que hablan de sus deseos, sus sueños, lo que les gusta y lo que no. No quiero decir más por no destripar la historia pero, si tenéis ocasión, no os lo perdáis.

Cartel del corto de
Pedro Vikingoç

Una de las protagonistas de
La pureza

Es precioso. Y ahora vamos con la película. El orden divino es una película suiza que fue premiada en el festival de Tribeca en 2017. Nos cuenta una historia que quizás no es muy conocida para la mayoría, el referéndum que aprobó el voto femenino en Suiza en 1971. Sí, habéis leído bien, 1971. Increíble pero cierto. Fue el último país de Europa y de los últimos del mundo, de hecho, el último cantón en aceptarlo (Appenzell Inner-Rhoden) lo hizo en 1991.
La directora había realizado varios cortometrajes y algún largo antes de esta película, pero yo no la conocía. También he de decir que, si me pongo a pensar en qué directores de cine suizos conozco, solo se me ocurren dos: Alan Tanner y Rolf Lyssy (y eso que tengo un hermano que vive en Friburgo).

El orden divino cuenta la historia de un modo sencillo, con muchos toques de humor y creo que refleja muy bien una situación muy difícil. La protagonista, Nora, es una mujer joven casada y con dos hijos que nunca se ha planteado que las cosas no estén bien como están. Hasta que se le ocurre que le gustaría trabajar media jornada y se enfrenta a la oposición de su marido que, además, cuenta con el apoyo de la ley. Si él no quiere, ella no puede hacerlo. Esa injusticia le hace empezar a plantearse cosas. Con el apoyo de una mujer mayor y una italiana recién llegada al pueblo emprenderá una lucha para conseguir que las cosas cambien. Todo ello en un entorno rural, con un control social muy potente.
La decisión de Nora pondrá en peligro lo que siempre ha considerado el centro de su vida: su marido y sus hijos, pero también le descubrirá unas relaciones de amistad y solidaridad con otras mujeres que no conocía. La fotografía de Judith Kauffman es preciosa y para las que recordamos esa época hay cosas muy entrañables. Por ejemplo, el cambio de estilo en el vestir y el peinado de la protagonista (aquellos pantalones de campana…) o, en un viaje que hacen a la capital, la manifestación y posterior fiesta con un grupo de feministas. Di que en España en esos años no votaban ni hombres ni mujeres y nosotras aún llevábamos mantilla para ir a la iglesia. Por eso esta película me recuerda al final de mi adolescencia, cuando en muchas piscinas estaba prohibido llevar biquini y comprar anticonceptivos era una aventura. La película ha debido tener un gran éxito en Suiza y la han proyectado en los institutos. Creo que sería una buena idea hacer lo mismo, nuestros jóvenes tienen que ser conscientes del poco tiempo que hace que se han conseguido muchas cosas y lo importante que es seguir luchando por la igualdad.

Laura Balagué


viernes, 11 de mayo de 2018

El fantasma va al oeste (1935)

“Juguemos a las adivinanzas, si no acertáis antes de que diga la palabra killiecrankie pagaréis una prenda”. (Murdoch Glourie)

La película que os traigo hoy es una de esas películas que me impactaron  cuando era una niña pequeña. Es una película antigua, tan antigua que estaba en los cines el año que estalló la guerra civil española. Una película sonora filmada por un famoso director francés que hizo sus pinitos fantásticos en el cine mudo y que, estando la cosa tan mala en Europa, aterrizó en EEUU donde rodó amables comedias románticas con toque fantástico como me casé con una bruja donde Veronica Lake brilla con su flequillo ladeado.

Cartel de la época de la guerra civil española.

Una producción de Alexander Korda.

La peli de hoy es el fantasma va al oeste (1935), amable comedia fantástico-romántica realizada en el Reino Unido antes de la segunda guerra mundial bajo la producción del húngaro Alexander Korda, que con el sello London Films realizó abundante número de largometrajes, como por ejemplo la vida privada de Enrique VIII, la vida privada de don Juan o  las cuatro plumas, dirigida por su hermano Zoltan Korda.  Durante el periplo de la guerra mundial, Korda marcha a los EEUU donde acaba la producción el ladrón de Bagdad, interrumpida por el conflicto y financia la joya de la comedia antifascista ser y no ser, del hilarante Ernest Lubitch. De vuelta a Reino Unido, Korda es recordado por la siempre inquietante pero excelente el tercer hombre, dirigida por Carol Reed. Pero volvamos a la amable el fantasma va al oeste.


Murdoch Glourie (Robert Donat) siempre entre féminas.

Sinopsis.
Escocia, siglo XVIII, el joven Murdoch Glourie es un apuesto joven más interesado en las mozas que en la guerra, los Mac Laggen aprovechan esta afición del joven Glourie para insultarlo, y así, durante la batalla con los ingleses, la riña de los dos clanes hace que Murdoch acabe falleciendo por fuego amigo. Su padre, enfadado, lo condena a vagar eternamente por el castillo Glourie hasta que encuentre a un Mac Laggen que se coma sus palabras. Han pasado 200 años y al desvencijado castillo Glourie llega la joven rica americana Peggy Martin deseando hablar con el dueño del castillo, Donald Glourie. Donald es un joven noble arruinado que pone en venta su castillo, comprado por los ricos americanos para llevárselo piedra a piedra a Florida. El Fantasma, aparecido en la bodega del barco, entre las piedras desmontadas de lo que fue su hogar no entiende nada, pero su aparición crea una conmoción ente los pasajeros, cosa que propiciará otra serie de aventuras.

La guerra contra los ingleses

René Clair y el género fantástico:
René Clair era un fan declarado de su antecesor Georges Méliès, aquél que en su viaje a la luna hizo aterrizar un cohete en el ojo del pobre astro. Entusiasta de los efectos de cámara, como se puede comprobar en su film mudo entr’acte, con música de Erik Satie, aprovechó sus técnicas para rodar escenas fantásticas en la época en que los efectos especiales y los trucajes no podían soñar con los ordenadores ni las gráficas digitales.

Efectos muy conseguidos para la época

Durante la segunda incursión en el cine sonoro, René Clair, allá por  1931, rodó Viva la libertad, una película que narraba la deshumanización de la era industrial contando con ironía como el trabajo en cadena esclaviza. Financiada por una productora alemana, la peli, rodada cinco años antes que Tiempos modernos de Chaplin, Goebbles, ministro nazi de propaganda, se dedicó a lanzar acusaciones de plagio sobre la peli norteamericana del inglés, cosa que a Clair, admirador del cómico inglés, intentó desmentir, no pasando a mayores.
Se vende castillo

Clair aceptó el ofrecimiento de Korda para rodar algunas pelis en Reino Unido con desigual acierto. El fantasma va al oeste sí que tiene éxito, pero luego, después de algún otro fracaso vuelve a Francia justo cuando estalla la segunda guerra mundial y acaba huyendo a EEUU, para recalar en Hollywood, donde dirige exitosos films, siendo, quizá, me casé con una bruja, todo un hito de la comedia romántico-fantástica que ensalzara a Veronica Lake .


La rica americana y el arruinado Glourie del siglo XX

Los actores van al oeste:

El actor principal, con dos papeles, además, es Robert Donat, un británico ganador de un óscar por Adiós mr. Chips (1939), el año en que estaban nominados  Clark Gable por lo que el viento se llevó, James Stewart por caballero sin espada o Lawrence Olivier por Cumbres borrascosas. Provisto de una dicción exquisita digna de un lord, cincelada a base de mucho esfuerzo para curar su tartamudez infantil, y de una prestancia atractiva, este actor era el indicado para llevar a cabo papeles de galán.  En la cinta que nos ocupa, desempeña el papel del fantasma Murdoch y de su descendiente Donald. El uno, muy atrevido con las mujeres, el otro, más bien tímido. Donat,  por aquella misma época,  venía de rodar los 39 escalones de Hitchcock.


¿Un fantasma? ¿Me tomas el pelo, chaval?

El papel de la rica heredera de la cadena de ultramarinos, Peggy Martin, lo desempeña con frescura  Jean Parker, que fue una actriz que durante los años de la guerra protagonizó, por decir algo, porque las pelis siempre eran para hombres y ella era “la chica”, pelis de ambiente bélico, ya fuera por tierra, mar o aire. Una vez acabada la contienda, sus trabajos se orientaron a ese filón fílmico de los cincuenta que fueron el western. Las únicas pelis en las que fue protagonista absoluta fueron en la detective Kitty O’Day y las aventuras de Kitty O’Day, donde desempeña el papel de una secretaria de detective que, por accidente, se convierte en detective ocasional.
Baile de disfraces en 1ª clase del transatlántico que va a América, el sr. Martin, de torero, el sr. Bigelow, de medieval, Donald, de etiqueta.

Como secundarios en esta peli nos encontramos a Eugene Pallette, que hace del sr. Martin, padre de Peggy, y rico dueño de una cadena de supermercados que quiere sacar tajada de la existencia del fantasma, Ralph Bunker, el sr. Bigelow, otro rico dueño de supermercados de la competencia y, en un papel mínimo, pero brillante a la gran Elsa Lanchester, la novia de Frankenstein , haciendo de suspicaz espiritista.




Elsa Lanchester no cree en el fantasma comprado por el sr. Martin

La peli denota frescura y cuenta una divertida historia en la que el humor siempre se halla en abundancia. Retrata a los escoceses como amantes del whisky y a los norteamericanos como nuevos ricos que van a Europa en busca de un poco de rancio abolengo que comprar con su reciente opulencia. Las escenas sobre el avistamiento de fantasmas en el barco y los cruces de declaraciones entre políticos británicos y norteamericanos se cuentan con gracia. A pesar de su antigüedad no ha perdido el encanto.
Y por si os pica la curiosidad:



Juli Gan.