viernes, 12 de abril de 2019

Pasiones más grandes que la vida



Hace unos días que me topé, por completa casualidad, con "Telenovelas are Hell", unos cortos del canal Funny Or Die en los que se parodia y resumen las telenovelas mexicanas con los argumentos más rocambolescos. De ahí me acordé cómo los culebrones se fueron popularizando, al menos en España, desde los años 80, pasando por series de duración "algo eterna", de origen mexicano, venezolano, nacional, brasileño y recientemente, se han popularizado las de la exótica Turquía.

María la del Barrio es un ejemplo más de lo desquiciado de los cuelebrones

Volviendo a los años 80, quizá el primer culebrón mexicano más popular fue "Los Ricos También Lloran". Y es que en la década de los cardados y las hombreras, los seriales dramáticos se llevaban con auténtica pasión: Flamingo Road, Dinastía, Dallas, Falcon Crest, Los Colby, Santa Barbara...lugares y familias de grandes dramas, amores y peleas monetarias, en sitios paradisíacos y alejados del espectador que los devoraba con fervor. Con grandes estrellas del antiguo Star System como Rock Hudson y Jane Wyman, o algunas en ciernes que nos sorprenderían sus origenes (por ejemplo, Mark Harmon), incluso fueron parodiada en joyas como la serie Enredo, o películas como la maravillosa Escándalo en el Plató (Soapdish) o la irónica Tootsie.

La desternillante locura de lo que ocurre en la grabación de un culebrón

Pero mientras esta eclosión inundaba el mercado americano, las productoras que deseaban explotar este filón de pasiones, sexo y dinero, también, regalaron grandes miniseries como Retorno a Edén desde la lejana Australia, y en Europa, se seguía con la misma tradición, sacando a alguna estrella en ciernes con otros veteranos en películas para televisión y series de pocos capítulos, como Harem con Nancy Travis y Omar Sharif.

En estos casos, se solía partir de alguna novela del mismo corte, y se hicieron múltiples adaptaciones a partir de esa fecha y más allá de las grandes la novela "rosa" como Danielle Steel, Catherine Cookson o Barbara Cartland.

Asesinato, cambios de imagen, venganza y romance desde Australia

Y es que admitamos que en público nos puede "avergonzar" aún aceptar que este tipo de historias nos gustan, pero deberíamos de abrazar con cariño nuestro lado "culebrónido".

Volviendo a aquellas películas para televisión que aunaban actores nóveles con grandes veteranos que habían visto tiempos mejores, las de Barbara Cartland, o al menos una de ellas, tiene un lugar especial en mi corazón. En los años 80, se hicieron 4 adaptaciones, en las que aparecerían unos jovencitos Hugh Grant o Helena Bonham Carter, con grandes de la actuación como Stewart Granger, Diana Rigg, Edward Fox, Christopher Plummer o Geraldine Chaplin, e incluso repetían más de una vez. De estos cuatro títulos que son Amor en el Bosque, Duelo de Corazones, Espíritu en Montecarlo y Riesgo a Corazones, me quedo con el último, pues es el que dentro del cine culebrón, se puede acercar más a una película de época, sin caer en momentos realmente ridículos y mojigatos (la trama de Espíritu en Montecarlo), o de intento del protagonista de tomar en serio lo que no puede (lo de Hugh Grant en Amor en el Bosque/The Lady and the Highwayman es puro humor).


Sólo conseguí un vídeo musical, pero os dará una idea del film.

Así, Riesgo a Corazones, que se basa en un libro de 1949, es en resumen, una versión blanca y virginial (muy de Barbara Cartland) de una novela gótica: a principios del siglo XIX, una joven doncella es apostada junto a su casa por su ludópata padre contra uno de sus pretendientes, el vicioso y "viejales" (dicho sea de paso), Lord Wrotham, que a su vez, la vuelve a perder contra el misterioso, joven y vigoroso, Lord Vulcan. Obligada a prometerse con este último, nuestra protagonista Serena, es llevada a su mansión, comandada por su madre, que organiza fiestas privadas, y en las que nuestra muchacha tendrá que hacerse paso entre secuestros, duelos, contrabando, misteriosos fantasmas y muertos muy vivos, la ruina y el honor, cotilleos, bandidos, amantes francesas, amigas celosas, un pretendiente que no dudará en el rapto, y una futura suegra que es fiel al tópico de que ninguna es buena. En fin, como veis, lo normal en un relato de su época o lo más habitual en un culebrón.

La película, con un argumento demencial pero que se puede seguir sin caer en la parodia, se salva por una dirección técnica correcta (propia de adaptaciones de época), y un elenco de lo más reputado, y resulta un entretenimiento de lo más eficaz.

Con este anuncio, si no te pones a buscar esta joya, es que no tienes corazón, ni sangre en las venas.

Y en eso estamos, en entretenernos, que es lo que los culebrones, miniseries y este tipo de películas nos permiten. Así pues, si nos divierten, no nos avergoncemos de ellas, pero al igual que ocurre con estos libros de evasión, considerémoslos que son ficción, y aprendamos de las enseñanzas de George Eliot en "Las novelas tontas de ciertas damas novelistas", y evitemos caer en el "bovarismo" que nos mostró Flaubert.

Carmen R

Nota: no os dejéis engañar con el cartel del comienzo del artículo, sacado de Wikipedia, y que promete algo sacado más de Harlequín con más pasión (hay un caballo, y una pareja propia de las portadas de estas novelas), que lo que de verdad pasa en la película, pero había que venderla y con esa imagen, y esa frase, todo está dicho ;).

viernes, 5 de abril de 2019

De repente, el último verano


“No esperes el día en que pares de sufrir, porque cuando llegues sabrás que estás muerto”

Esta frase del dramaturgo Tennessee Williams (1911-1983) resume en buena medida la filosofía de vida que impregna toda su obra. Traumatizado por su vida familiar, homosexual en una época en que era difícil serlo, alcohólico, inestable mentalmente… no es de extrañar que todos sus personajes sufran grandes conflictos existenciales y que esa intensidad dramática de su teatro, muchas veces con tintes autobiográficos, favoreciese su frecuente adaptación al cine, generalmente con mucho éxito, como demuestran ejemplos como el de  Un tranvía llamado Deseo -que le ganó el Pulitzer- dirigida por Elia Kazan (1952), La gata sobre el tejado de zinc, de Richard Brooks (1958) o El zoo de cristal, de Paul Newman (1987)…

En 1959 el director Joseph L. Mankiewicz, dirigió la adaptación de una de las obras más complejas de Tennessee Williams: De repente, el último verano. Como era habitual en las adaptaciones al cine de sus obras, el dramaturgo fue también el guionista de la película, con la colaboración de otro importante escritor, Gore Vidal.

Mankiewicz, Williams, Vidal… y tres grandes actores, Katharine Hepburn, Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, consiguieron una película muy original, extraña, densa, a veces turbia y, casi siempre, angustiosa.


La película se desarrolla en 1938, en Nueva Orleans, con constantes referencias al verano de 1937. Desarrolla temas muy complejos y perturbadores, algunos expresamente prohibidos de mencionar en su época: la homosexualidad y el incesto (o cuando menos, una especie de complejo de Yocasta); las relaciones de poder y de amor-odio dentro de las familias; la locura y sus métodos de tratamiento en aquel momento; el poder del dinero, bien para comprar voluntades (como las de la madre y el hermano de Catherine o la del director del hospital) o sexo; el turismo sexual…

Muchos asuntos…, y la mayoría muy escabrosos para su época. Por ello, para sortear la censura, los guionistas utilizaron una sibilina sutileza que hace que sea necesaria la plena atención del espectador para que llegue a comprender totalmente todas las pasiones y pulsiones que recorren la historia.

En cuanto a la censura, hay que comentar que en España, donde se rodó el flashback final, se eliminaron diálogos referentes a la homosexualidad y a la prostitución masculina y también la velada referencia a España que hacía el personaje de Taylor al comentar que no entendía el español –pero es comprensible que las autoridades del momento se horrorizaran ante la idea de que se pudiera considerar que España era un lugar donde se podían producir semejantes hechos-.


Aunque la película rozaba los límites de lo que era aceptable en el Hollywood de la época, el guion de Williams y Vidal, en constante lucha con los censores, fue tan habilidoso en sortearlos que pudo ser estrenada sin grandes mutilaciones y su éxito de taquilla y crítica abrió el camino a un tipo de cine más complejo del que hasta entonces había sido habitual en Estados Unidos.

Toda la historia gira en torno a la figura de Sebastian, el joven diletante (pseudopoeta y pseudofilosofo) en cuya órbita giran la vida de su madre, hasta rozar lo escabroso, y más tarde la de su prima. La figura de Sebastian es omnipresente durante toda la película, pero incluso cuando, a través de los recuerdos de su prima Catherine, se recreen escenas en las que aparece, nunca llegaremos a conocerlo físicamente; ese es un gran acierto de Mankiewicz: hurtarnos el rostro de Sebastian para que permanezca como una sombra que sólo cobra realidad para el espectador a través de las versiones contrapuestas que de él dan su madre y su prima.

La madre, en largos y potentes monólogos, a veces desgarradores y otras irreales, nos presenta a Sebastian como un ser superior, de una sensibilidad portentosa; la prima como un depredador sexual y un manipulador.


Sin embargo, ambas coinciden, aunque sea involuntariamente, en mostrar a Sebastian como alguien para quien los seres vivos se dividen entre los que devoran y aquellos que son devorados. Para Sebastian la naturaleza entera, incluidas las personas, se circunscribe a un juego, con tintes eróticos, de muerte en el que unos ganan y otros pierden (describe muy bien su mentalidad el recuerdo de Violet, su madre, de una jornada en la playa con Sebastian fascinado por el espectáculo de las tortuguitas recién nacidas siendo devoradas en su intento de llegar al mar…).

Pero el último verano, ese en que Sebastian, por primera vez, viaja por Europa con su prima en lugar de con su madre, el joven murió y su prima enloqueció…

Y la madre de Sebastian encerró a Catherine en un manicomio privado, porque Violet Venable defendía que su hijo había muerto un ataque al corazón y temía desesperadamente que la versión que Catherine pudiera dar de esa muerte enturbiará el recuerdo, absolutamente magnificado por ella, de su hijo.


Y tanto miedo tiene la madre de Sebastian, que pretende que el Dr. Cukrowicz, un joven neurocirujano que realiza una novedosa técnica quirúrgica a enfermos mentales en el hospital estatal psiquiátrico, opere a su sobrina para erradicar sus recuerdos. Y, con ese fin, ofrece una millonaria donación al hospital, sumido en las más precarias condiciones.


Ya hemos dicho que esta obra de Tennessee Williams tiene mucho de autobiográfica en cuanto a que trata temas que atormentaron al dramaturgo: su homosexualidad y el miedo a la locura… y también las consecuencias de la lobotomía, esa siniestra operación que sobrevuela durante todo el drama como una amenaza sobre Catherine Holly, y que, en la cruda realidad, con el consentimiento paterno, destruyó a Rose, la amada hermana de Tennessee.

Ahora puede parecernos increíble, pero lo cierto es que durante unos años, a partir de 1935, cuando fue inventada por el neurocirujano portugués Antonio Egas Moniz –premiado con el Nobel de medicina- la técnica fue acogida con entusiasmo para tratar enfermedades mentales graves (y en ocasiones, no tan graves). Especial difusión tuvo en Estados Unidos, gracias a un neurólogo, Walter Freeman, que depuró el procedimiento (introducía un punzón por encima del globo ocular y con un martillo golpeaba hasta traspasar el cráneo) y se hizo famoso recorriendo el país, en su lobotomóvil como llamó a su coche, realizando intervenciones en serie.

Una de las pacientes-víctimas de Freeman fue Rosemary Kennedy, la hermana mayor del que sería presidente, que sufría una leve deficiencia mental. Guapa y aficionada a las fiestas, su padre temió que pudiera propiciar algún escándalo que pusiera en peligro la carrera política de su hermano. La intervención, a los 23 años, la dejó totalmente discapacitada.



Más suerte que Rosemary tuvo la escritora neozelandesa Janet Frame (1925-2004), candidata al Nobel, que relataba en sus memorias, Un ángel en mi mesa, como, mal diagnosticada de esquizofrenia, se salvó de sufrir una lobotomía porque quién había de realizársela tuvo la ocasión de leer, el día anterior al previsto para la operación,  alguno de sus poemas…

Se calcula que en la década de los cuarenta de siglo XX se realizaron 40.000 lobotomías en EEUU y unas 17.000 en Reino Unido. En las décadas siguientes, se evidenció que mucho de los pacientes habían quedado reducidos a un estado semi vegetal.  Por ello, a mediados de los cincuenta la lobotomía cayó en desuso y actualmente está prohibida.

En este contexto, hay que entender como la amenaza de “esta pequeña operación” –como la califica la madre de Catherine cuando intenta justificar el que haya aceptado, a cambio de una importante suma, que se realice la operación a su hija- pudo convertirse en una estremecedora herramienta de control social o familiar de los individuos incómodos.


El personaje de Violet permite que una Katharine Hepburn, espléndida como siempre, demuestre lo gran actriz que era. Sin embargo, a veces se tiene la impresión de que “actúa” (en sus memorias Yo misma. Historias de mi vida, ella mantenía que el mejor actor era aquel al que no se notaba actuar), bien sea porque sus diálogos son, a veces, excesivamente grandilocuentes o por una cierta desgana de la actriz.

Seguramente, influyó en Hepburn su falta de sintonía con Mankiewicz. El director comentó lo mucho que complicaron el rodaje las actitudes de Montgomery Clift, alcoholizado y drogadicto, y de Katharine Hepbun, que pretendía dirigirse ella misma, aunque la oposición frontal del director lo impidió. La actriz nunca consideró esta película como una de sus favoritas; además, recordaba con tristeza el rodaje por el deterioro que ya presentaba Montgomery Clift.


Para Elizabeth Taylor la película fue una buena ocasión de mostrar sus indudables capacidades dramáticas. Aunque a veces sus diálogos también pecan de excesiva teatralidad, supo dar veracidad al miedo que su personaje siente a la locura y su triste desvalimiento ante el despiadado egoísmo de su familia.

Decían que Mankiewicz estaba enamorado de Liz Taylor… No sabemos si es cierto, pero sí que favoreció el que en esta película luciera sus dotes dramáticas, especialmente en la escena final, muy onírica, en la que, gracias a la intervención del Dr. Cukrowicz, afronta la verdad de la muerte de Sebastian y puede así escapar de la locura; locura, sin embargo, a la que sus palabras condenan a su tía.

La película puede entenderse como un duelo interpretativo entre estas dos grandes estrellas femeninas, cada una mostrando en densos monólogos las verdades contrapuestas e irreconciliables de los personajes que interpretan. En realidad, las dos lo hacen muy bien; las dos estuvieron nominadas al Óscar por ella (también la dirección artística) y Liz consiguió, además, un Globo de Oro y un Donatello.


En cuanto al personaje del  Dr. Cukrowicz, a pesar de que Montgomery Clift estaba ya hundido en el abismo de autodestrucción que le llevaría ocho años después a la muerte, consiguió realizar un gran papel como el íntegro doctor que intenta encontrar la verdad que salve a Catherine, aunque ello vaya en detrimento de su carrera.

Esta era la tercera película que interpretaban juntos Montgomery Clift y Elizabeth Taylor, que a partir de la primera, Un lugar en el sol (1951), se convirtieron en grandes amigos.  Durante el rodaje de la segunda, El árbol de la vida, el actor, al salir de casa de Liz, estrelló su coche contra un poste. Aunque Liz Taylor consiguió salvarle la vida (se estaba asfixiando con sus propios dientes), su cara quedó desfigurada y sus problemas mentales y de adicciones aumentaron hasta arruinar su carrera y su vida. Después de De repente, el último verano hizo todavía otras cinco y consiguió una gran interpretación en ¿Vencedores o vencidos? (1961), de Stanley Kramer, pero ya era incapaz de recordar su papel y, precisamente, fue tan veraz en esta película porque interpretaba a un pobre hombre con la mente tan perdida como él mismo la tenía.

De De repente, el último verano se ha dicho que es “muy teatral” y que es mucho más de Tennessee Williams que de Mankiewicz. Lo cierto es que el director era gran admirador del dramaturgo y, aunque no participó en el guion como solía hacer en sus películas, respetó al máximo el de William y Vidal. En realidad, Mankiewicz, adaptase o no textos teatrales, siempre tuvo un gran respeto por el sustrato literario de sus películas y eso es lo que les da ese cierto carácter “teatral” que algunos comentan.
Realmente, la película que comentamos sí que tiene el sello de Mankiewicz: en el control que impuso a sus difíciles actores, en su habilidad en el montaje de las escenas (las que transcurren en las salas comunes del manicomio son impactantes y muestran ese refinado terror gótico con el que el director había estrenado su carrera en Dragonwyck); en la magnificencia de sus decorados -en este caso, de los manicomios, de la mansión Venable y, especialmente, del lujurioso jardín tropical (con repulsiva planta carnívora incluida) creado por Sebastian como símbolo de su particular cosmogonía bajo el imperio del Ángel de la muerte-; en la utilización, recurso típico en él, del esclarecedor flashback…


Además, Mankiewicz estaba muy interesado en los aspectos psiquiátricos (había realizado estudios en esta rama de la medicina) y pudo comprender lo que pretendían transmitir los dos escritores y expresarlo tan bien como lo hizo en el onírico flashback final.

Pocos años después de esta película, el director, de la mano también de Liz Taylor, como la hermosísima Cleopatra, caería en el peor bache de su carrera como director, del que apenas logaría recuperarse. Pero durante toda su carrera dejó un puñado de películas memorables, entre las que se cuenta, aunque no sea la mejor, De repente, el último verano  extraña, turbia, opresiva, a veces abrumadora… y muy interesante de ver.

Yolanda Noir


viernes, 29 de marzo de 2019

Antonio López, apuntes del natural


Antonio Lopez toma
apuntes del natural
Me gusta mucho Antonio López. Y me gustan las películas de Nicolás Muñoz, de manera que me alegre mucho de esta conjunción tan favorable de los astros que llevó a que Nicolás hiciera un documental sobre el pintor. Tampoco es que fuera raro, Nicolás es hijo de Lucio Muñoz y Amalia Avia y conoce a Antonio López desde la infancia, lo que le ha permitido acercarse con facilidad, pese a lo poco que le gusta al artista que lo persigan con una cámara. Esa es la imagen que transmite: un hombre tímido que disfruta de la soledad, al que le gusta pintar y que le dejen en paz. El documental nos permite pegarnos a Antonio López; espiar por encima de su hombro cómo pinta en un paisaje cercano a Madrid; verle en el taller de escultura concentrado, absorto; observar sus clases, con comentarios breves y certeros. Da mucho gusto ver a alguien que disfruta tanto con su trabajo Por supuesto, le parece importante vender porque es su oficio y merece un salario por él, pero parece que el mercado del arte le resulta algo ajeno. 
La escultura


El pintor recuerda el pasado

El documental me recordaba la teoría de la felicidad de Csíkszentmihályi, que concluye que cuando estamos plenamente concentrados en algo es cuando somos más felices. Si eso es cierto, Antonio López ha tenido una vida muy feliz. También cuenta cosas de su biografía, por ejemplo, nació el 6 de enero de 1936. No parece muy buena fecha para nacer, pero recuerda su infancia como feliz, según sus palabras "si tienes para comer y gente que te quiere alrededor, no necesitas más". Fue un pintor muy precoz, ingreso en la academia de San Fernando a los catorce años. Allí conoció a la que es su mujer, María Moreno (por cierto, qué bonita es su obra y qué poco conocida). Sus opiniones sobre arte no resultan nunca oscuras o pretenciosas, todo parece hacerlo con sencillez y paciencia. No he visto El sol del membrillo, y es algo que tengo pendiente, a ver si la encuentro en Filmin porque me han entrado ganas de ver más cosas sobre Antonio López.
Nicolás Muñoz


Me parece muy injusto que Nicolás Muñoz no sea más conocido y que el mundo del cine sea tan complejo. He visto casi todas sus películas: Rewind, que fue su opera prima y era una buena comedia que se estrenó en 1999; Animales de compañía estuvo en 2008 en el Festival de Valladolid y, pese a ser una excelente comedia, (doy fe de que en el cine se oían carcajadas todo el tiempo) tuvo muy mala distribución y pasó desapercibida. Ha dirigido también varios documentales: El viaje de Susu (2003) que muestra la experiencia de el veraneo de un niño saharaui con una familia española; El maestro saharaui (2011) donde vemos a los jóvenes del Sahara que van a formarse a Cuba y cómo esa experiencia marca sus vidas; Juntos y revueltos (2014) nos lleva al Mejunje de Silverio, un centro cultural en Cuba que se ha hecho famosos por ser lugar de reunión de homosexuales y travestis, incluso en una época en que no estaba bien visto en el país; El milagro de San Lázaro es la única que me falta por ver.
El Sahara, protagonista
frecuente
Y Cuba, la otra mitad
Los documentales de Nicolás Muñoz se enredan como las cerezas y parece que uno lleva al siguiente. Sus viajes al Sahara y a Cuba le han servido de inspiración para excelentes documentales. Este último narra la peregrinación a la ermita de San Lázaro, cerca de La Habana, que se celebra cada 17 de diciembre. También tiene otro documental más breve, Pequeñas lecciones, en el que sus hijos visitan un campamento saharaui. Ya os digo que no es fácil verlos, a veces en casas de cultura o en eventos relacionados con el Sahara, pero si tenéis ocasión, merecen la pena, cualquiera de ellos.
Nicolás Muñoz también escribe, y muy bien, por cierto (no, no es pariente mío). Tiene publicadas dos novelas: Cenizas (2008) sobre el acoso escolar que ganó el premio Javier Tomeo y Descendientes (2018) que arranca con el secuestro del padre del protagonista cuando él es un niño y es una reflexión sobre las relaciones familiares. La acción se inicia en Madrid en 1972 y se entremezcla con el presente del protagonista en Cuba. Pues eso, que hay gente con mucho talento que no ha conseguido el reconocimiento que merece y me apetecía presentaros a uno.
Laura Balagué


viernes, 22 de marzo de 2019

La sombra de la ley, 2018


Hoy os propongo un viaje en plano-secuencia por “la sombra de la ley”, esa película que hace homenaje al cine negro norteamericano sabiendo que  la Barcelona de los años veinte fue tan convulsa como la Chicago de diez años después.

Contrabandistas, polis corruptos, anarquistas y music-hall.

Es una pena que una época tan fascinante de nuestra historia no se haya visto reflejada en más películas o series de televisión. Quizá se deba a que los acontecimientos de unos lustros después la hizo caer en el olvido. La película "la sombra de la ley" viene a rescatar una pincelada de los locos años veinte en aquella Barcelona tan próspera bien criada en los pechos de la pujante industria catalana y en los de los grandes beneficios que dejara la primera guerra mundial en esa España tan neutral en lo político como interesada en lo comercial. 

Modernismo y music-hall

"La sombra de la ley" nos lleva por esa Barcelona fascinante donde el gobernador Martínez Anido sembraba el terror mediante su policía corrupta y la industrialización separaba a las dos Españas: la próspera, de los industriales y la pobre de la clase obrera apoyada en los sindicatos. Una época convulsa donde los sindicalistas hacían huelgas y los industriales se permitían cerrar sus fábricas para castigar a sus obreros, cosa que se conoce como lock-out. Aprovecho, antes de meterme en harina cinematográfica, para recordaros que ahora se cumplen cien años de la famosa huelga de la fábrica"la Canadiense", gracias a la cual, y desde entonces, las jornadas laborales son de ocho horas diarias y no de diez.

Anarquista de la no violencia.

Sinopsis:

Un grupo armado atraca un tren llevándose un importante cargamento de armas destinadas al ejército. La policía corrupta del gobernador Martínez Anido busca las armas entre los anarquistas por esa idea tan de policía racial y carpetovetónico de "tienen que haber sido ellos sí o sí". El ministerio de gobernación envía desde Madrid a un agente para ayudar a la brigada de información barcelonesa a dar con las armas. Con este agente nos sumergimos en esa fascinante Barcelona de los music-hall, de las luchas obreras, de la corrupción policial y de los mafiosos locales.

La brigada de información de Elliot Ness, no, de Martínez Anido.

Homenaje al cine negro

La peli de Dani de la Torre cuenta una historia ágil y entretenida. Una historia de cine negro, a la manera de Chicago, años 30, convertida en Barcelona, años 20, con su protagonista torturado por un pasado convulso, unos malos malísimos y voluptuosos antros de depravación. 

Vicente Romero bordando el papel de madero chungo.

Una de las escenas más conseguidas de la peli, que no pasa desapercibida es ese ese espectacular plano-secuencia que nos lleva desde la calle hasta todos los rincones del famoso Edén-Concert. Esto, la ambientación y el oficio de los actores, que saben llevar con maestría sus papeles, hace de ella una peli interesante. Son destacables las actuaciones de Vicente Romero, Manolo Solo y un irreconocible Ernesto Alterio.

Villano poderoso

Si bien la historia es tirando a anodina, quizá porque deja por explicar tantas cosas, la cantidad de guiños y homenajes que ofrece la hacen interesante.  Hay escenas maravillosas como la mencionada de la entrada al Eden-Concert, la de la pelea en la fábrica o el trepidante clímax dramático de la venganza de la joven anarquista bajo la lluvia.



Bronca en la fábrica 

Recorrido por algunas otras pelis ambientadas en el momento.

El argumento de esta cinta puede sonar un poco a “La verdad sobre el caso Savolta”, novela de Eduardo Mendoza ambientada en la época de prosperidad de la Barcelona que hace negocios vendiendo armas a los beligerantes de la gran guerra.  Mendoza, además, escribió un novelón magnífico llamado “La ciudad de los prodigios” que nos adentra en la convulsa historia de la Barcelona de entre las dos exposiciones universales: La de 1888 y la de 1929. La película de Mario Camus, aunque esforzada, no consiguió ser tan buena como la novela.

 Escapando de la ley sombría.

La que sí fue una estupenda interpretación fue la de José Sacristán encarnando al abogado anarquista de día, drag queen de noche en “Un hombre llamado Flor de Otoño”. La acción se desarrolla en los años veinte, cómo no, cuando deciden atentar contra el tren en el que ha de viajar Miguel Primo de Rivera, dictador de España entre 1923 y 1930, con el beneplácito del rey del momento, Alfonso XIII.

Esperando el tren a Madrid en la estación de Francia

Luis Tosar ya había encarnado a un personaje que se paseaba por aquella Barcelona chispeante en la comedia de Oristrell titulada “Inconscientes” en la que se mezclan el psicoanálisis, la emancipación femenina y las moderneces modernistas de la burguesía catalana.


Para ir concluyendo, la cinta de Dani de la Torre intenta reflejar las sombras, más que las luces, de aquella Barcelona exultante de la época de entreguerras donde había intereses encontrados y mucho plomo ideales para desarrollar espléndidas historias de ficción. Al final, es muy curioso que el único personaje real que sale unos pocos segundos sea el gobernador Martínez Anido, y, por si queréis tener referencias de este pájaro, os remito al libro “Terrorismoen Barcelona” que publicara en aquella época el periodista libertario ÁngelPestaña, donde da cuenta de los métodos policiales del momento.



viernes, 15 de marzo de 2019

Quiz Show (El dilema)


Me llamo Noemí y me gusta la tele
Léase esto con voz de alcohólica anónima y visualícese con una franja negra sobre mis ojos. ¿Por qué? Porque a veces es precisa una previa declaración de culpabilidad antes de declarar que te gusta la tele. Pero así es: señoras y señores, ME ENCANTA LA TELE. Me chifla.
Y permítanme, antes de proseguir, un inciso sobre los tremendos prejuicios que arrastramos en este asunto. Veamos. Cuando yo digo que me gusta el cine, nadie supone que me gusta TODO el cine; se da por hecho que hay películas que adoro y otras que detesto. Nadie me replica “¿Sí? ¿Te gusta el cine? ¿Te gusta Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera?”
Sin embargo, cuando digo que me gusta la tele, casi todo el mundo me lanza una pregunta sobre la mal llamada telebasura. Y no, señoras y señores, dejando aparte el temazo de la (repito) mal llamada telebasura, que se merece todo un post, declaro que NO: no me gusta TODA la tele, como no me gusta todo el cine ni toda la música ni toda la literatura.
¿Ha quedado claro? Vale, pues vamos al lío. Dado que me gusta tanto la tele y tanto el cine, por fuerza tengo que ADORAR las pelis sobre televisión. Y una de mis favoritas es “Quiz Show (El dilema)”, de Robert Redford.

Es-cán-da-lo, es un escándalo
Quiz Show está basada en el libro Remembering America: A Voice From the Sixties, que recoge las memorias de Richard N. Goodwin, un letrado que hizo una brillante carrera política en los Estados Unidos. Goodwin comenzó como funcionario en el Congreso y, recién salido de Harvard, le tocó investigar varios escándalos acaecidos en concursos televisivos de preguntas y respuestas.
A mediados de la década de 1950 la televisión era la nueva reina de los hogares estadounidenses, los concursos de cultura general arrasaban en las audiencias y sus protagonistas se convertían en tremendos ídolos populares. En tal contexto esplendoroso cayeron como un jarro de agua fría las denuncias de amaños de varios exconcursantes de Twenty One y Dotto.
El dilema se centra en lo sucedido en uno de estos concursos, Twenty One (El Veintiuno).

Charles Van Doren, el chico de oro
A finales de la década de 1950 Herb Stempel arrasaba en El Veintiuno. Herb era un joven padre de familia, judío de Queens, de orígenes humildes. Había sido el típico niño con gafas, empollón, sabelotodo, nada popular en un barrio “durito”, que inesperada y repentinamente se había convertido en un héroe, un ídolo mediático, porque respondía acertadamente a todas las preguntas del concurso. Gracias a la televisión, la gente lo adoraba por la misma razón por la que antes lo detestaba.
El bueno de Herb reina en las audiencias hasta que deja de hacerlo: cuando los índices emprenden una curva descendente, la cadena de televisión y el patrocinador de El Veintiuno, un complemento alimenticio llamado Geritol (impagables los espacios publicitarios viejunos), comienzan a buscarle un reemplazo y, envuelto en un halo luminoso, se les aparece Charles Van Doren.
Van Doren era el yerno que toda madre querría para su hija; e incluso para su hijo: rubio, guaperas, patricio, hijo de intelectuales de Manhattan, profesor universitario… Los productores creen haber dado con la gallina de los huevos de oro y preparan minuciosamente su enfrentamiento televisivo con Stempel, en el que este cae derrotado de manera sospechosa al fallar una pregunta muy fácil.
Van Doren comienza, pues, su reinado, hasta que las denuncias de Stempel hacen saltar todo por los aires.

La moraleja
Quiz Show nos hace ver, una vez más, que la tele es esencialmente entretenimiento, aunque revestido de otras cosas (cultura, deporte, política, lo que sea) y que, salvo en raras ocasiones (televisiones públicas que no dependen en tan gran medida de los ingresos por publicidad), todo lo supedita a las audiencias; ergo hará lo que sea para elevarlas, para mejorarlas; lo que sea; y eso supone pisotear la ética, mentir, manipular, corromper, amañar… Esto es, comportarse de manera terriblemente cruel.
Puede que lo más cruel de la peli sea la diferencia de trato que los productores de El Veintiuno dispensan a Stempel y a Van Doren: judío de Queens, inestable, gafoso, empollón y resentido social versus guapo de Manhattan, joven, rico, patricio y brillante.
Y la moraleja final puede resumirse en que todos somos corrompibles; todos, hasta los más nobles, los más elitistas, incluso quienes no necesitan una manita de ayuda para triunfar en la vida, porque ya nacieron con casi todo. Y a casi todos nos encanta que nos admiren y nos dejamos adular, dejamos que nos hagan la ola, que nos pudran de halagos y nos hagan creer que somos sandiós.
Porque los corruptores son hábiles. Los corruptores no se presentan un buen día ante la puerta de nadie y le dicen “te pagamos esta cantidad de dinero a cambio de”. No. Se acercan con otro discurso, con otra excusa, y te van envolviendo, te van atrapando en sus sutiles redes hasta que ¡pam!, caes y te ves haciendo lo que quieren que hagas. El dilema muestra a la perfección este proceso lento, paciente y delicado, inapreciable casi, que lleva a un hombre tan íntegro y honrado como cualquiera, a la más vulgar infamia.

Ficha técnica (filmaffinity.com)
Título original Quiz Show
Año 1994
Duración 130 min.
País  Estados Unidos
Dirección  Robert Redford
Guion  Paul Attanasio
Música  Mark Isham
Fotografía  Michael Ballhaus
Producción  Hollywood Pictures, Wildwood Enterprises, Baltimore Pictures

viernes, 8 de marzo de 2019

MUJERES DE CINE IV

                                     ( Imagen de "Mustang".2015. de Deniz Gamze Ergüven )


Mi turno en Zinéfilas coincide casualmente  con el 8 de Marzo,día internacional de la Mujer.
Por ese motivo, aunque mi intención inicial no fuera esa,me asalta el impulso de dedicar una entrada a la mujer en el cine, tal cual hice en 2011 desde este blog con  Mujeres de cine , en 2013 desde "Historias Troyanas" con Mujeres de Cine II y en 2014, de nuevo desde Zinéfilas :
Mujeres de cine III.


A continuación, haré una selección SUBJETIVÍSIMA ,sobre las mujeres que en el cine más reciente que vi,me impactaron por uno y otro motivo ,me sirvieron de guía, inspiración, referente, me despertaron alguna emoción o me hicieron pensar no un momento ,sino de manera recurrente....espero como siempre vuestro FEED-BACK, vuestras opiniones, vuestras aportaciones a la que por otra parte, hubiera sido vuestra propia lista, para que disfrutemos tod@s con ese proceso de debate y contraste, de enriquecimiento fluido y mutuo.

  1. LA " AVA GADNER "DE DEBI MAZAR en "ARDE MADRID"( 2018)Me parece una mujer empoderada primero por como físicamente se muestra al mundo,su presencia es ya toda una estampa de poderío sin fisuras pero además,su personaje en la serie "Arde Madrid" de Paco León,es una mujer empoderada sobre todo a nivel personal,más que laboral,ya que se muestra totalmente dueña de sí misma y de su cuerpo en el terreno sexual,sin complejos,sin concesiones a los convencionalismos sociales,sin la represión propia de la época que le tocó vivir.

2. EMILY MORTIMER EN "LA LIBRERÍA" DE ISABEL COIXET (2017)



Este personaje me fascina porque fue pionera y transgresora sin abandonar nunca las formas y sin perder el control.Me gustan esas otras rebeliones silenciosas y pacíficas que sin hacer apenas alborotos ponen patas arriba las buenas costumbres en lugares pequeños  donde los cambios siempre conllevan cierto grado de sospecha.

3.BEATRICE ( Valeria Bruni Tedeschi) y DONATELLA ( Micaella Ramazzotti) en " LOCAS DE ALEGRÍA" (2016)



Esta pareja de desconocidas excluidas de la sociedad se encuentran y el mundo de ambas cambia repentinamente DESDE LA AMISTAD Y LA SORORIDAD. 
Ninguna institución supo llegar donde llegaron juntas,todas sus grietas parecían menos profundas ,todos sus golpes parecían superables.A veces el paraíso está en ese hombro que se brinda para que llores si es preciso,océanos de lágrimas.


4. STELLA GIBSON ( GILLIAN ANDERSON) EN LA SERIE "THE FALL" ( LA CAZA)2013

           Stella Gibson (Gillian Anderson)  en The Fall (La Caza) de 2013

Sobran los motivos (como diría Sabina) para incluir a Stella Gibson en esta lista porque desde luego si hay un papel en la televisión ,donde su protagonista femenina desafíe todos los estereotipos de género ése es Stella.

Sólo unas pinceladas: Stella es policía y lidera una investigación para atrapar a un psicópata responsable del asesinato de una serie de mujeres. Rescato la descripción que hice de su personaje
"
Stella Gibson es una mujer que ostenta un cargo de  mando y ejerce su profesión de manera fría, racional, manteniendo a un lado su vida personal, incluida su orientación sexual (¿bisexual?¿pansexual?), desarrollando sobre todo y por encima de todo, su hemisferio izquierdo, haciéndose respetar y obedecer sin que en ningún momento veamos que su condición de mujer, interfiera a la hora de que los demás reciban sus instrucciones y cuestionen su autoridad"


5.ENMA SUAREZ EN "JULIETA" DE PEDRO ALMODOVAR (2016)



 ENMA SUAREZ en "JULIETA" de Pedro Almodóvar ( 2016)



Me impactó este personaje porque eso de que el amor más incondicional que existe es el de una madre,aquí en "Julieta" queda reflejado. Esa tenacidad del amor es casi de otro mundo.


6. BARBARA LENNIE EN "LAS FURIAS" DE MIGUEL DEL ARCO (2016)

 Su personaje rompe todos los estereotipos pues mantiene una relación sentimental con otra mujer que le dobla o le triplica la edad y no le importa en absoluto la aprobación social ni tampoco la familiar. En la película Mercedes Sampietro es su pareja, curiosamente, el personaje que interpreta Sampietro muestra más dudas sobre la viabilidad de la relación que el personaje al que da vida Lennie ,por sus hijos ,por la presión social.....
Resultado de imagen de las furias Barbara Lennie


7.CARMEN Y LOLA de ARANTXA ECHEVARRÍA (2018)

Carmen y Lola ( 2018.Arantxa Echevarría):  La transgresión del primer amor.



No podía dejar de mencionarlas a ellas: a las  mujeres que hacen la revolución amándose, porque no nos engañemos ,el patriarcado ejerce su poder de forma directa y sublime ,porque la mujer ha de ingeniárselas para poder ser libre por encima de tanta represión y tanta imposición social sobre cómo ha de ser y comportarse .Por eso vivan las almas libres que se atreven a romper sus cadenas ,a volar alto sin pedir permiso para ser ellas mismas por encima de las expectativas ajenas.


Feliz finde, zinéfil@s


Troyana