viernes, 8 de febrero de 2019

Amanece, que no es poco (1989)

Dicen que los amanecistas, esto es, los fans de la mítica cinta de José LuisCuerda, “Amanece , que no es poco”, a partir de ahora “a.q.n.e.p.”, están de enhorabuena porque, por fin, Cuerda, su director, ha decidido estrenar una segunda parte llamada “tiempo después”. Han pasado ya treinta años de aquella mítica película, que se ha convertido en una cinta de culto para tanta gente. Hay quien considera a “a.q.n.e.p.” la versión carpetovetónica de la norteamericana “The Rocky Horror Picture Show”, por los seguidores, dicen, y quizá por el especial sentido del humor de ambas cintas, pero, en mi humilde opinión, la diferencia acaba ahí.

Teodoro, el ingeniero y Jimmy, su padre, llegan a la sierra del Segura.


Cuando decidí hablar de esta peli en el blog, decisión nacida por el estreno de “Tiempo después”, me sorprendió un tanto el hecho de que ninguna de mis compañeras hubiera hecho mención a ella con anterioridad, cosa que, por cierto, me alegró bastante. Poder ser la primera en hablar de esta cinta, como amanecista que soy, es todo un honor. Como ya mencioné cierta vez al hablar de Javier Aguirre y su filmografía, la llamada “españolada” la comedia constumbrista española de los años 60, 70 y 80, a pesar de la mediocre calidad de la mayor parte de sus films, no dejan de ser cine, reflejo de su época. “A.q.n.e.p.” no es una españolada aunque retrate una escena de un pueblo de Albacete, pero tiene una de las cosas buenas que tenían aquellas denostadas cintas: Su equipo artístico. Y es que esta cinta “amanecista”, película coral, perla del humor absurdo, está protagonizada por varios de los grandes actores y actrices que ha dado este país.




Y antes de tirarme al barro para desgranar un poco “a.q.n.e.p.” he de decir que todos aquellos que venden “Tiempo después” como segunda parte de aquella irrepetible cinta, ignoran, y es gravísimo para aquellos que se consideran amanecistas, que ya hubo una segunda parte, bastante graciosa, llamada “así en la tierra como en el cielo”, donde Dios y su vecindario celestial, al comprobar que la tierra no marcha como debiera, deciden preparar el apocalipsis y el juicio final, y para ello bajan y se hacen carne en un pueblo de la sierra albaceteña.


Pero hoy nos dejamos de esta verdadera segunda parte y nos centramos en la primigenia y original “Amanece, que no es poco”.


Sinopsis e introducción del paisanaje:

Teodoro (Antonio Resines, el de los años 80, con bigotón incluido) es un ingeniero de la universidad de Oklahoma que se ha tomado un año sabático y viaja en una moto con “Side-car” con su padre, Jimmy (Luis Ciges). Aparecen en un pintoresco pueblo de la serranía manchega donde deciden pasar unos días y acaban conociendo a un paisanaje de lo más pintoresco: el cabo de la guardia Civil que siente devóción por "Fulkner" (Sic) (José Sazatornil, Saza), Catalina (Chus Lampreave), su hijo N'gué (Samuel Claxton), su tío, Pedro (Alberto Bové), Tito Valverde (labrador intelectual), La labradora al que le nace un hombre en el bancal (Pastora Vega, y el hombre nacido, Ferran Rañé), el cura (Cassen), Su tío (Manuel Aleixandre), el alcalde (Rafael Alonso), Susan, su novia (Fedra Lorente), don Roberto (El maestro que dalecciones cantando gospel con esa voz tan excelente que tenía su intérprete, Paco Hernández, gran actor de doblaje), el portavoz de los universitarios norteamericanos (Gabino Diego), Carmelo, el borracho (Miguel Rellán), el suicida (Guillermo Montesinos) o el personaje sin papel (Quique San Francisco). Todos y cada uno de ellos crean escenas absurdas, graciosas e impagables.





Cuerda nos muestra un entorno rural en el que parece que el tiempo se haya estancado en los años cuarenta. Los habitantes visten a la usanza de la época, el cura da la misa de espaldas, las mujeres se cubren la cabeza, la escuela rural tiene pupitres vintage...Incluso hay una escena que me molesta y que hoy en día sería impensable, el tío del cura acostándose en la misma cama que una niña. La peli tiene un regusto añejo a sexista, racista y rancio, pero no hay que olvidar que es una peli sujeta a una época concreta.


Si esta peli se ha convertido en una cinta de culto es por las memorables escenas de humor absurdo. Curiosamente, cuando se estrenó, la cinta no tuvo un gran éxito y, en los Goya de su año, apenas tuvo cuatro nominaciones, ninguna ganadora. Sin embargo, el paso del tiempo y, sobre todo, el paso de la cinta por la televisión, descubrieron a muchos la gracia y el encanto de “a.q.n.e.p.”Sea como fuere y a pesar de la discreta aceptación en las salas de cine, el tiempo ha hecho milagros en esta peli y la ha tratado bien, tanto que hay páginas en las rrss para fans, e, incluso, recorridos visitables de los escenarios naturales de la película para quien desee acercarse, que no es poca gente, a los pueblos de Aýna, Liétor y Molinicos.

Sea como fuere, y a pesar de sus defectos, fruto de su tiempo, A.q.n.e.p. es una joya del humor absurdo. Si alguien aún no la ha visto, está a tiempo de formar parte de esa gran familia de "amanecistas" que existen por ahí.

viernes, 1 de febrero de 2019

Heridas abiertas (Sharp Objects)


No voy a caer en el tópico cuñao de criticar el cambio de título del inglés al castellano (porque es un CAMBIO de título, no una traducción), pero así y todo, no puedo resistir las ganas de decir que "Objetos punzantes" también era un buen título para esta miniserie televisiva (ocho episodios de aproximadamente una hora) basada en la novela homónima, de 2006 (en español salió en 2015 ya como “Heridas abiertas”), de Gillian Flynn, la primera que publicó esta autora. No he leído esta novela y, sí, en cambio, la famosísima "Perdida" ("Gone Girl"), que no me llenó precisamente de entusiasmo.

Sí me entusiasmó, por el contrario, “Big Little Lies”, otra miniserie dirigida por el canadiense Jean-Marc Vallée, que también firma “Heridas abiertas”.

Os cuento un poco de qué va "Sharp Objects". Camille Preaker es una periodista treintañera de San Luis que regresa a su pueblecito natal, el imaginario Wind Gap del estado de Misuri (sí existe un Wind Gap en Pensilvania, aunque las localizaciones del pueblo se filmaron en otro de Georgia), con el encargo de escribir varios reportajes sobre una adolescente asesinada y otra desaparecida en el intervalo de pocos meses, lo cual, para un pueblo en el que nunca pasa nada, es pasar mucho.

Camille cumple a regañadientes la tarea que le encomienda su jefe (muy paternal y protector con ella el gran Miguel Sandoval), porque la relación que mantiene y siempre ha mantenido con su madre no es para nada sana. Una vez en Wind Gap, a Camille le resucitan todos los demonios que la hicieron marchar de allí un día.

Así, el relato se centra en los conflictos internos y externos de la protagonista y deja en un segundo plano, aunque no del todo arrinconada, la investigación criminal. Este segundo plano narrativo viene encarnado por Richard Willis, un policía forastero (en el pueblo le llaman cariñosamente "el de Kansas", con el noble propósito de recordarle continuamente que no es uno de los suyos) encargado de las pesquisas, que anda un poco perdido entre gente que, en el mejor de los casos, no le hace ni puñetero ídem y en el peor, le insulta o agrede. Camille Preaker, que, como él, es una outsider y poco menos que una indeseable en su propia villa, le coge aprecio (no obviemos tampoco el hecho de que el poli es Chris Messina; o sea, que tiene un físico pinturero y las windgapianas de todas las edades lo desean no siempre en silencio) y así se establece entre ellos una relación... una relación... A ver cómo os lo explico: quien busque una historia de amor convencional, que vaya a ver otra serie. Aviso.

Por ponerle un pero narrativo a la serie diría que a una fan del género negro como servidora este plano criminal le sabe a poco. Aunque (repito) no queda del todo abandonado, tampoco avanza y los encuentros entre Camille y Richard giran continuamente sobre sí mismos sin adentrarse en otros territorios. Por el contrario, en el otro plano, el de los problemas psiquiátricos de Preaker, sí avanza el relato y poco a poco se nos van revelando detalles que nos explican por qué la pobre está como está.

En los últimos episodios se precipitan los acontecimientos de ambos planos y suceden cosas que darían para rellenar tesis doctorales sobre relaciones maternofiliales, enfermedades femeninas, la morbosidad en los cuidados y asuntos que dan mucho miedo.

Así que mejor vamos ahora con lo bueno, de la serie. Nombro nada más la banda sonora, que merece todo un artículo para ella sola, y os cuento que, aunque ciertos personajes un tanto planos y estereotipados, hay, en cambio, un puñado de ellos perfectamente trabajados, cincelados; son complejos, poliédricos, y además vienen magistralmente interpretados por auténticas fieras como estas tres que os he puesto en la foto de uproxx.com: Amy Adams (Camille, la prota), Patricia Clarkson (la madre, un icono; para quitarse el sombrero) y Eliza Scanlen (la hermanastra, inquietante seminiña semiadulta), con la inestimable colaboración de la magnífica Elizabeth Perkins como secundaria de lujo.

Dejo para el final lo mejor de la serie: la atmósfera, la ambientación, impregnada de los delirios mentales de Camille Preaker, que hace bailar las letras impresas y pone niñas muertas en casi todas las esquinas. 

A Gillian Flynn se le nota que es de Misuri y se le da muy bien el sur profundo de la América profunda, más aún en la era Trump o pre Trump, cuando la culpa de todo la tienen los mexicanos y los gays, así que, de su mano, nos dejamos sumergir en ese calor húmedo, pegajoso, esas axilas cercadas de sudor, esos ventiladores en el techo, esos agradecibles toques a lo "Twin Peaks", esas ruinas humanas que crían cachorros de ruinas humanas, ese feísmo cultivado de la "basura blanca", esos mundos cerrados sobre sí mismos y traspasados por todos los -ismos destructivos del universo.


Ficha técnica (cinemagavia.es):

Título: Heridas Abiertas
Título original: Sharp Objects
Reparto:
Amy Adams (Camille Preaker)
Patricia Clarkson (Adora Crellin)
Chris Messina (detective Richard Willis)
Eliza Scanlen (Amma Crellin)
Taylor John Smith (John Keene)
Will Chase (Bob Nash)
Catherine Carlen (Deeanna)
Madison Davenport (Ashley Wheeler)
Elizabeth Perkins (Jackie O’Neill)
Wes Robertson (Jack)
Sophia Lillis (joven Camille)
Año: 2018
Director: Marti Noxon, Jean-Marc Vallée
Guion: Marti Noxon, Scott Brown, Ariella Blejer, Dawn Kamoche, Vince Calandra, Alex Metcalf (Novela: Gillian Flynn)
Fotografía: Yves Bélanger, Ronald Plante
Género: Thriller. Drama
Distribuidor: HBO España




Noemí Pastor

viernes, 25 de enero de 2019

Carmen y Lola




La ópera prima de Arantxa Echevarría: "Carmen y Lola" del 2018, ha superado todas mis expectativas.
Interpretada por Zaira Morales y Rosy Rodríguez, la película arranca con la historia de una adolescente gitana, Lola, que vive en el extrarradio de Madrid. Toda su vida parece encarrilada: se ha pedido y está destinada a casarse y tener hijos, tal cual hicieron su madre y su abuela. Sin embargo, todo se tuerce cuando conoce a Carmen, otra gitana adolescente, que tiene aspiraciones de estudiar en la universidad y que no se resigna a cumplir con las expectativas de sus padres.



La vida de ambas al conocerse se verá sacudida y juntas intentarán vivir el amor que surge entre las dos, a pesar de la oposición de casi el mundo entero a su alrededor.








La naturalidad que muestran las actrices no profesionales es asombrosa. La directora bilbaína, también guionista, hace visible el tema del lesbianismo dentro de la cultura gitana, un tema que no estamos acostumbrad@s a que se visibilice ni en la realidad ni en el cine. Y además, lo hace con buen tino, lo cual no era tarea fácil.

La revista de cine Fotogramas dice que hay dos formas de analizar la película: una desde la visión más crítica por parte de gitanos/as pertenecientes al colectivo LGTB por la explotación de los lugares comunes atribuidos a la cultura gitana. La otra ,sería el análisis tal vez más práctico y más simple, de ver la película como lo que en realidad es: una historia de amor lésbica adolescentes entre dos gitanas que lo tienen todo en contra, tal cual Romeo y Julieta, pero en este caso,Julieta y Julieta.



No quisiera solo destacar la grandeza de las actrices principales (Rosy Rodríguez como Carmen y Zaira Morales, como Lola )  y la innegable química entre ellas, también me parece necesario remarcar la gran interpretación de la actriz que hace el papel de Flor, la madre de Carmen (Rafaela León) en el momento en que descubre la verdad de su hija y nos deja a todos sin aliento, ante su desagarrada desazón, el suyo es un corazón seccionado en dos, el deber y el amor materno incondicional que se saben irremisiblemente condenados a mantener un duelo mortal.

Lo peor de la película: tal vez el peso de lo que creemos saber sobre los gitan@s, porque cada persona es un mundo, al igual que cada grupo o colectividad. En la película sigue habiendo algunos clichés (la pobreza, el analfabetismo, el culto,el mercado como única vía de ganarse la vida......etc) otros, no hacen acto de presencia (la delincuencia, la droga,....etc), pero interpreto que la intención de la directora era el relato de un primer amor, en este caso, lésbico y en principio con vistas de imposible ,no sólo por la aparente falta de sincronía con la que se inicia el romance ,sino también por un contexto social hostil y represor.



Lo mejor de la película: que todo suena a verdad. Aquí el principal foco es el amor, no hay morbo en la recreación del sexo, que en modo alguno es explícito como en "La vida de Adele" y sí, hay un recorrido por los gestos de ese amor que surge poco a poco entre las protagonistas y que como dice la revista "Sensacine" recuerda más a la película  Carol por su contención.

La película fue seleccionada para la pantalla en la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes del 2018 y el festival Cinespaña de Toulouse cerró la 23ª edición el 14 de octubre. La película "Carmen y Lola" de Arancha Echevarría se alzó con la Violeta de Oro a la mejor película , logrando además otros dos galardones, el de Moreno Borja como mejor actor y el premio del público.


En la próxima edición de los premios Goya, parte con 8 nominaciones:

Mejor Película, mejor dirección novel (Aratxa Echevarría), mejor guion original (Arantxa Echevarría), mejor canción original ( Me vas a extrañar de Paco de la Rosa), mejor actriz de reparto ( Carolina Yuste),mejor actor revelación ( Moreno Borja), mejor actriz revelación (Rosy Rodríguez) y mejor actriz revelación (Zaira Moreno).

En mi opinión, cualquier premio que reciba ,será merecido , entre  otras cosas por la arriesgada apuesta argumental y la naturalidad y sencillez del largometraje que desprende por todas partes,honestidad.

Feliz fin de semana, cinéfil@s,


Troyana.

viernes, 18 de enero de 2019

Ya van tres años...Adiós Alan Rickman

Hace unos días, se cumplía el tercer aniversario del fallecimiento del actor británico Alan Rickman. El 2016 fue un año cruel y despiadado, que comenzaba llevándose a Alan o a David Bowie, y acabaría, tras una larga lista, con Carrie Fisher. Supongo que no fue un año mejor o peor que otros. Es sólo que a veces, en algunas fechas, la Parca parece decidir llamar a recoger a algunos más conocidos que otros.

El señor Rickman se convirtió con su buen hacer en un actor respetado por la crítica, pero también dejó al público personajes llenos de carisma, esos de los que recuerdas el nombre, de los que citas, de los que conoces como la palma de tu mano, y precisas en ciertos momentos de tu vida. Y aquí queremos hacerle homenaje al londinense. Sé que mi aportación es tardía y probablemente incompleta (*), pero yo la creo necesaria y una manera más de no olvidarlo. He aquí mis papeles elegidos, que significan mucho para mí, y eso que me limitaré al cine (y quizá me falte alguna actuación suya por ver).

Hans Gruber: todos sabemos que no es Navidad hasta que Hans Gruber cae del edificio Nakatomi en Die Hard/La Jungla de Cristal. Y así se corona un actor de 42 años con un villano que es parte de la historia de la maldad cinematográfica. Hasta entonces, sólo había participado en televisión o teatro, haciendo secundarios o clásicos. Y es aquí, cuando John McTiernan lo prefirió a otros nombres más conocidos. Un villano tan icónico que quisieron usarlo incluso en El Último Gran Héroe, pero debido a cuestiones económicas, se usó a Charles Dance (en la peli, incluso se hace mención a esto).



Sherriff de Nottingham: otro de esos roles villanescos (donde Hollywood lo colocó como en Quigley Down Under/Un Vaquero sin Rumbo), donde era el peor de los contrapuntos del heróico Robin Hood de Kevin Costner. Auténtico malvado de la obra, y eso que hay muchos, cualquiera puede olvidar su insistencia con Lady Marián ante una bruja. Este rol es uno más de su larga lista, como el asqueroso juez de Sweeny Todd.



Coronel Brandon: y aunque estuviera alejado de los “treintalargos” años que tiene el paciente héroe austeniano de Sense and Sensibility/Sentido y Sensibilidad, cuando su buena amiga Emma Thompson lo eligió para el papel, obviamente, formó parte del imaginario romántico y juicioso de muchos de los lectores de Jane Austen, porque aportaba la voz (¡y vaya voz tenía) y el sentimiento del militar retirado, completamente enamorado de Marianne. Y es que se notaba la amistad entre ambos, como se vió en El Beso de Judas/Judas Kiss o El Invitado de Invierno/The Winter Guest.


(Sir) Alexander Dale: era obvio que Alan hacía cosas por cuestiones “alimenticias” (oh, Rasputín, lover of the Russian Queen, como dirían los Boney M, o Gambit), pequeños proyectos (Éxito por los Pelos/Blow Dry) o amistad, pero también tiene una colección de películas “marcianas”, como Dogma o la simplemente maravillosa y friki Héroes fuera de Órbita/Galaxy Quest, donde unos actores de tres al cuarto, encasillados en convenciones de una serie olvidada a lo Star Trek, se meten en una aventura  extraterrestre sin esperarlo. Con un reparto coral, Alan vuelve a sobresalir con un paródico papel de inglés shakespereano, obligado a trabajar en la ciencia ficción a lo Patrick Stewart, pero que desprecia su trabajo y su personaje...hasta que sale el héroe que lleva dentro.


Harry (de Love Actually): es el malvado marido de su querida amiga Emma Thompson en esta película de Richard Curtís de la que se ha hablado muchísimo. Curtís ya había querido que Rickman protagonizara su película Cuatro Bodas y un Funeral, pero no pudo ser, así que en su fresco navideño le reservó uno de los papeles más desagradables y tristes, donde su personaje se deja llevar y muestra la faceta más egoísta del aburguesamiento de una pareja casada hace mucho. Evidentemente, para el corto que servía de continuación y se rodó en 2017, Emma, decidió no salir, como homenaje a su amigo, que ya había fallecido.


Severus Snape: primera opción para el icónico personaje de la saga Harry Potter incluso para su escritora, J.K. Rowling, que suponemos que incluso lo tendría en mente cuando lo escribía. Personaje contenido, villano claro para aquellos que no ven mucho más allá, pero más bien, antihéroe por las circunstancias y mentor de honor, que quedaría en el imaginario de generaciones para “siempre”.


En fin, papeles maravillosos, crueles, sentimentales, victoriosos, villanos, en fin, roles de todo tipo, que si no hubieran sido interpretados por él, quizá hubieran caído en el olvido, o no hubieran tenido ese hueco en nuestro corazón. Y es que Alan, era un maestro de la actuación, y aunque no estuviera en una gran pantalla, como ocurre en este vídeo de Texas, su presencia lo llenaba todo.

Carmen R


(*): por supuesto que sabes de otros personajes o quieres aportar algo más, así que por favor, adelante en los comentarios.

viernes, 11 de enero de 2019

Encrucijada de odios


Dejemos de odiar y aprendamos a disfrutar de las cosas (palabras pronunciadas por Samuels, el judío asesinado en Encrucijada de Odios).

Edward Dmytryk, nacido en Canadá como hijo de emigrantes judíos ucranianos, se inició como director de cine a partir de 1935. Militante comunista de firmes convicciones, en los años cuarenta, la época de sus mejores películas, sus obras tomaron un decidido carácter social -Los hijos de Hitler (Hitler´s children, de 1943), Tras el sol naciente (Behind the rising sun, también de 1943) y Hasta el fin del tiempo (Till the end of time, de 1946)- que culminó en 1947 con la antirracista Encrucijada de odios (Crossfire).

Pero Encrucijada de odios no es solo un decidido alegato antirracista, sino que sobresale especialmente porque en ella Dmytryk, que también pasará a la historia del cine por haber rodado en 1944 uno de los grandes clásicos del cine negro, Historia de un detective (Murder my sweet), consiguió aunar denuncia social con el mejor y más clásico cine negro.

La película es una adaptación de una novela del guionista, y luego director, Richard Brooks (del que ya comentamos su colaboración con John Huston en el guion de Cayo Largo).

La novela trata de un asesinato homófobo en un ambiente militar. Sin embargo, el libro de Brooks, The brix foxhole, fue modificado en el guion por John Paxton, de manera que el asesino de la película actúa empujado por odio antisemita en lugar de por odio hacia los homosexuales. En aquellos años la homosexualidad era un tema tabú en Hollywood (recordemos que toda la producción cinematográfica estaba sujeta a las estrictas reglas morales del código Hays); además, en el momento en el que se rueda la película, los horrores antisemitas del régimen nazi estaban siendo ampliamente publicitados y también juzgados por tribunales Aliados, por tanto era un tema de actualidad.

Hay que tener en cuenta, además, la importancia del lobby judío en Hollywood que vería, inicialmente, con buenos ojos la denuncia del antisemitismo. Más tarde, cuando se impusiera en Hollywood “la caza de brujas”, ese mismo lobby (tan bien estudiado por Neal Gabler en su libro Un imperio propio. Como los judíos inventaron Hollywood), compuesto fundamentalmente por emigrantes judíos de la Europa central y del Este que, desde unos orígenes paupérrimos, habían logrado el éxito económico y social a base de mucha iniciativa y duro trabajo, se sumó al sector conservador que identificaba crítica al sistema con subversión; y esos judíos, que para huir de sus miseros orígenes se habían cubierto de una capa de americanismo y habían contribuido decisivamente a crear y difundir el american way of life a través de sus películas, abrazaron con entusiasmo la persecución anticomunista y proscribieron de Hollywood a cualquier sospechoso de profesar esa ideología, a no ser que hiciera pública apostasía de ella, como fue el triste caso de Edward Dmytryk.

Volviendo a comentar la película, el cambio de la motivación del asesino respecto a la de la novela original no tiene demasiada importancia en cuanto al alegato fundamental: la denuncia de como “Los ignorante se ríen de las cosas que son diferentes; de lo que no comprenden. Sienten miedo de las cosas que no comprenden y las odian”, en palabras de Finlay, el capitán de la Brigada de Homicidios (Robert Young) que investiga el asesinato de un ex combatiente judío a manos de uno de los tres soldados con los que había entablado casualmente conversación en un bar.



Finlay, para determinar quien es el asesino entre los tres posibles sospechosos, busca la motivación del asesino y la encuentra en ese odio irracional que algunas personas sienten hacia lo que consideran una amenaza por ser diferente “… un día matan a irlandeses católicos (como el propio abuelo de Finlay), otro a protestantes, otro a cuáqueros. No pueden parar”.

Y esa es una de los grandes aciertos de esta película: poner en evidencia la irracionalidad de algunos seres humanos, que necesitan chivos expiatorios en los que volcar sus frustraciones vitales.

Dmytrik deja claro en su película que ese tipo de mentalidades son fruto de la ignorancia. Lo pone en boca del sargento Keeley (Robert Mitchum) -cínico, culto e inteligente- cuando condena los prejuicios de uno de los sospechosos diciendo: “creo que Monty debería leer un poco más”.

Pero, como ya señalamos, Encrucijada de odios no se limita a ser una gran denuncia antirracista, sino que encuadra esta denuncia en el marco de una estupenda película de género negro, con su estética neorrealista, sus ambientes estrictamente nocturnos y sus personajes al límite. El inicio de la película, con el asesinato principal narrado a través de sombras en una pared, es uno de los mejores del género negro (tan bueno, sin duda, como el de La carta o el de Los sobornados, por poner ejemplos magníficos).



Las dos líneas de investigación, la oficial llevada a cabo por Finlay, y la oficiosa practicada por el sargento Keeley, nos van presentando una serie de perfiles humanos propios del género negro: el violento Montgomery (un estupendo Robert Ryan, que conseguiría con este papel lanzar su carrera), el agobiado soldado Mitchell (George Cooper), principal sospechoso del asesinato, aterrorizado por su inminente vuelta a la vida civil. 


Destaca también Gloria Grahame, todavía sin la madurez que mostraría unos años después en Los sobornados y en Deseos humanos, pero que ya hace una interpretación tan notable de “buena-chica-mala” como para que fuera premiada con una nominación al Óscar de Mejor actriz de reparto (la película obtuvo otras cuatro nominaciones: al Mejor actor de reparto (Robert Ryan), a la Mejor dirección (Edward Dmytryk), al mejor guion (John Paxton) y a la Mejor película.



Pero también el tercer Robert del trió de actores protagonistas, Robert Young, realiza una de sus mejores interpretaciones cinematográficas como capitán Finlay, el hombre cansado, que ha visto muchos horrores a lo largo de su carrera, pero que “Tiene la mente de un perro de caza”, según Keeley y como tal no abandona el rastro hasta conseguir su presa. El hombre metódico que trabaja de la única manera que sabe: “Reúno toda la información posible, aunque la mayor parte no sirve”.

Y frente a él, llevando a cabo una investigación paralela, el inteligente y cínico sargento Keeley, que basa su convencimiento de que es imposible que su amigo, el soldado Mitchell, sea el asesino en su conocimiento de la naturaleza humana: hay seres humanos que no pueden matar bajo ninguna circunstancia, como es el caso de Mitchell, y otros que si lo pueden hacer, como él mismo lo ha hecho, aunque haya sido en lugares “donde dan medallas por ello”, marcando así la diferencia entre el asesinato socialmente aceptado y el punible; es una crítica implícita al militarismo que aperece también en otra frase que pronuncia el mismo Keeley “Un soldado no sabe adonde ir sino se le ordena. Si no sale a pasear se volvería loco”.



Mitchum está espléndido en esta versión militar del detective lúcido y desencantado (a la manera de ese mítico Marlowe que años después también encarnaría), cínico pero amigo de sus amigos y siempre dispuesto a empujar los margenes de la ley para acomodarlos a lo que él considera justo. 1947 fue un gran año para Mitchum, en él se estrenaron tres de sus mejores películas: Encrucijada de odios, Retorno del pasado y Perseguido (una curiosa mezcla de género negro y wéstern firmada por el gran Raoul Walsh). A partir de ese año Mitchum se convirtió en una gran estrella de Hollywood, aunque sus adicciones y peculiar personalidad harían que su carrera posterior se caracterizará por la alternancia de grandes películas con otras totalmente prescindibles.

Encrucijada de odios fue de los últimos ejemplos de cine crítico en el Hollywood de aquella época. El mismo año de su estreno inició su andadura la Comisión de Actividades Antiamericanas con el objeto de depurar toda corriente subversiva del mundo cinematográfico.



De aquellos a quienes la Comisión llamó a declarar ante ella, hubo diez que se negaron a responder sobre su filiación política acogiéndose a la Primera Enmienda. Entre esos diez estaban Edward Dmytryk, director de Encrucijada de odios, y Adrian Scott, productor de la película.

Los Diez de Hollywood fueron condenados a una multa de mil dólares y a un año de cárcel en una prisión federal; la condena llevaba añadido la expulsión de Hollywood a menos que se retractaran de su ideas y denunciaran a compañeros ante la Comisión. Dmytryk estuvo unos meses en la cárcel, pero después, bien porque no fuera capaz de soportarla o porque temiera el ostracismo que la condena llevaba aparejada, o por otros motivos que ignoramos, aceptó declarar ante la Comisión y delató a 26 antiguos compañeros. Después se exilió en Gran Bretaña.

Hasta 1975 siguió dirigiendo películas (murió a los noventa años, en 1999), pero no volvió a alcanzar la excelencia que había logrado en los años cuarenta. De esos años posteriores, quizás su mejor película sea otra antirracista, el wéstern Lanza rota (Broken lance, de 1954.

Yolanda Noir


viernes, 21 de diciembre de 2018

Apuntes para una película de atracos


Cada año empiezo el Festival de Cine de San Sebastián con la pretensión de ver 120 películas, asistir a todas las ruedas de prensa, entrevistar a alguien y publicar puntualmente mis reseñas. Es curioso, cada año me llevo la misma sorpresa cuando no puedo cumplir mis propósitos. Comienzo a consolarme cuando las que no veo son muy famosas.: "esta ya la estrenaran" me digo, pero cuando son documentales, películas tibetanas o directores desconocidos me entra una gran inquietud pensando que me las he perdido para siempre. Me pasó con Ni juge, ni soumise que no se ha estrenado, por lo menos en Donostia y temía que me pasara lo mismo con Apuntes para una película de atracos.Tengo que reconocer que no sabía nada de Elías León de Siminiani, ha hecho varios cortos y un solo largo:  Mapa del que no había oído hablar en mi vida (y eso que acabo de descubrir que tuvo muy buenas críticas). Pese a este desconocimiento, su película me llamó la atención. Es un documental basado en la figura de el Flako, un atracador de bancos por el método del butrón al que se conocía como el Robin Hood de Vallecas y que fue detenido en 2013 y condenado a siete años de cárcel.
Director y protagonista

El director nos cuenta su fascinación por las películas de atracos y cómo, al conocer la noticia, decidió que tenía que contar la historia de este hombre. La película, como indica su título, no es la historia de los golpes o la vida de un ladrón, sino el proceso de conocimiento y amistad entre ambos hombres. León de Siminiami escribió a la prisión de Estremera donde estaba detenido Carlos Iglesias (en la película no dicen su nombre, pero las hemerotecas están llenas de noticias sobre él). Cuando le contestó y por fin se conocieron, pactaron no hablar para nada de los atracos antes del juicio por si podía interferir en su proceso.
El documental muestra un camino largo y laborioso. Cuando ves una película, la devoras en noventa minutos (o más si es de un director moderno/pesado) sin apreciar toda la carga que hay detrás. Desde las ideas, la búsqueda de financiación, la reflexión sobre el mejor modo de contar lo que quieres.
Director en heroica exploración
de alcantarillas
Aquí vemos todo eso, la inquietud antes de conocer al atracador ¿cómo será?; las excursiones del director y su mujer por los barrios y sucursales donde se cometieron los robos; visitas a las alcantarillas; la idea de el Flako de escribir una novela contando su vida; la oposición de su mujer a que salga en el documental por si puede perjudicar a su hijo. Llega el juicio y la condena; el director y su mujer se enteran de que van a ser padres; transcurre el embarazo y nace Laura; la niña ya camina, conoce al hijo del atracador y caminan de la mano entre juguetes. Después el Flako empieza a tener permisos y charlan en la calle, le muestra qué bocas de alcantarilla eran buenas para sus fines; habla de su padre que le enseñó el oficio…
La prisión de Estremera: in the middle of nowhere
La historia te produce sentimientos encontrados, a veces te interesa mucho lo que cuenta sobre cómo lo organizaban, otras te da pena, en algunos momentos te parece que es un hombre con un tremendo afán de protagonismo y sientes que también tú formas parte de la historia, te has involucrado.
Otro acierto de la película es el grafismo, dibujos que se intercalan, rostros camuflados detrás de trozos de fotografías de cine, escenas de películas de atracos. Todo recuerda la fascinación del director por el tema.
Tuvimos la suerte de que en la sesión a la que acudimos estaba el protagonista. Por lo visto llevaban unos días de promoción y en algunos pases estaba el director y en otros el Flako, con su máscara para que no se le reconozca. Me cayó mucho mejor en persona, me pareció menos ególatra, no parece que se la haya subido a la cabeza el haber hecho una película, aunque, por supuesto, está ilusionado con la idea de que su libro se publicará en enero. Se titulará Esa maldita pared, como una canción que ponía su padre (y después él) al terminar un atraco. No sé qué calidad literaria tendrá el libro, pero me han quedado ganas de leerlo, de saber más y, desde luego, de ver la siguiente película que haga León de Siminiani.
Laura Balagué (Mona Jacinta)

viernes, 7 de diciembre de 2018

Bohemian Rhapsody

La música de la banda de rock británica Queen es eterna. Sus canciones suenan con asiduidad aún después de veintiocho años que dejaran de tocar. Sus melodías son recurrentes en publicidad, casi todo el mundo sabe reconocer, seguir el ritmo percutido y corear "we will rock you", y, cuando hay un evento deportivo todo el mundo es capaz de entonar el estribillo de "we are the champions". Es un grupo tan legendario que hasta hay varias compañías musicales y artísticas que ofrecen espectáculos donde homenajean a los británicos a lo largo y ancho del mundo. Y, claro, la película estrenada este otoño "Bohemian Rhapsody" no podía faltar como guinda de este pastel.

Vive sin miedo siempre, en castellano pone "lo único más extraordinario que su música..."


Sinopsis. 

A principios de los setenta Farrokh Bulsara es un joven que trabaja de mozo de carga en el aeropuerto londinense de Heathrow y desde hace un tiempo sigue a un grupo de rock llamado Smile que toca en pubs. El cantante de Smile sabe que con este grupo formado por un guitarrista que estudia astrofísica y un betería que va para dentista no llegará a vivir de la música, así que se despide de ellos. Así los encuentra Farrokh, sin vocalista, y él se ofrece como tal. Y no es que no esté mal, sino que el tal Farrokh resulta ser un animal del escenario. Seduce a todos con su voz y su energía. 

Freddie cuando se llamaba Farrokh (Y Rami Malek con prótesis dental)

We Will Rock You.

Ocho años tardaron para culminar esta cinta donde retratar no sólo a Freddie Mercury sino a los otros tres componentes del cuarteto. No hay que olvidar que Brian May, el guitarrista y Roger Taylor, el batería, son los productores, y, respetando la filosofía del grupo, a pesar de la arrolladora personalidad de Mercury, querían ser fieles a la importancia de todos sus miembros, aunque John Deacon, el bajista, tuvo muy claro que a la muerte de Mercury, Queen dejaba de existir como tal y no había sustituto posible. 

Londres, años 70 y glam rock

No fue nada fácil dar con un actor que encarnara de una manera fiel, sobre todo en el escenario, al potente Freddie Mercury. Se barajaron varios nombres, incluido ese cómico soez, aunque de buena voz, como demostró en Sweeney Todd, que resulta ser Sacha Baron Cohen. Este quería dar un enfoque de protagonismo absoluto de Freddie sobre el resto del grupo, lo cual no gustó nada a los productores que, casualmente son Brian May y Roger Taylor, así que lo apearon del proyecto. John Deacon sigue retirado de todo esto sin decir ni pío.

No dicen que Deacon, el bajista, es ingeniero de sonido y muchas genialidades se las deben a él.

Al final dieron con el angelino Rami Malek, el faraón de noche en el museo, para encarnar al famoso vocalista. Ben Hardy interpreta al batería Taylor, Gwylim Lee al guitarrista May y Joseph Mazzello, que ha crecido desde que fuera el niño del primer parque jurásico es el que encarna al bajista Deacon. Freddie Mercury tuvo una novia, a pesar de lo que todo el mundo tiende a creer debido a sus preferencias sexuales, que fue de gran importancia durante todas su vida y que aparece, aunque en un más que discreto segundo plano, en la cinta, esta mujer se llama Mary Austin, papel interpretado por Lucy Boynton. 

Mary Austin, la chica, papel secundario.

We Are The Champions 

La cinta da por veraces los hechos de la peli, pero, claro, para la línea narrativa, hay cosas que no son exactamente como se cuenta. Por ejemplo, convierten en supervillano al mánager de Mercury llamado Paul Prenter, cuyo rol corre a cargo de Allen Leech. A Prenter lo convierten sucesivamente en incitador sexual de Freddie, intrigante instigador de la carrera musical en solitario de Freddie, malvado que aísla a Freddie de su gente y gestor de las juergas narcosexuales de Freddie, y, para acabar, encima, es el traidor que vende a la prensa  la confirmación de las apetencias sexuales del cantante. Convierten a Prenter en un malvado de folletín de manual. Entre este y el obtuso productor de la discográfica interpretado por un irreconocible Mike Myers, tenemos al completo el eje del mal en esta peli.

Supervillano de manual: El mánager.

Si eres fan de Queen, los últimos veinte minutos de la peli son maravillosos. Se trata de la versión filmada al detalle del concierto Live Aid celebrado en el estadio de Wembley en julio de 1985. Bueno, de la parte asignada a Queen, porque este irrepetible concierto celebrado simultáneamente entre el Londres y Philadelphia en el que participaron los músicos más famosos del momento duró horas.

El Live Aid del 13 de julio del 85. Calcado.

The Show Must Go On

El vocalista de Smile, el primer grupo que formaron los productores de la peli y conformantes de Queen, Taylor y May, volvió a grabar con ellos sus viejos temas de hace casi una cincuentena de años para poder utilizarlas en esta peli. Rami Malek dice que guarda como un tesoro la prótesis dental que tuvo que llevar para hacer de Freddie Mercury. Bohemian Rhapsody, el tema al que hace mención la peli, fue motivo de controversia cuando fue estrenada, aunque hoy en día sea todo un clásico coreado en el momento "Mama, uuuuh". El bajista John Deacon sigue sin querer participar del negocio de los otros dos componentes de Queen, casuales productores de esta peli. Los fans de este grupo británico saldrán más que satisfechos después de este largometraje.


El productor se parece a Austin Powers.