viernes, 22 de marzo de 2019

La sombra de la ley, 2018


Hoy os propongo un viaje en plano-secuencia por “la sombra de la ley”, esa película que hace homenaje al cine negro norteamericano sabiendo que  la Barcelona de los años veinte fue tan convulsa como la Chicago de diez años después.

Contrabandistas, polis corruptos, anarquistas y music-hall.

Es una pena que una época tan fascinante de nuestra historia no se haya visto reflejada en más películas o series de televisión. Quizá se deba a que los acontecimientos de unos lustros después la hizo caer en el olvido. La película "la sombra de la ley" viene a rescatar una pincelada de los locos años veinte en aquella Barcelona tan próspera bien criada en los pechos de la pujante industria catalana y en los de los grandes beneficios que dejara la primera guerra mundial en esa España tan neutral en lo político como interesada en lo comercial. 

Modernismo y music-hall

"La sombra de la ley" nos lleva por esa Barcelona fascinante donde el gobernador Martínez Anido sembraba el terror mediante su policía corrupta y la industrialización separaba a las dos Españas: la próspera, de los industriales y la pobre de la clase obrera apoyada en los sindicatos. Una época convulsa donde los sindicalistas hacían huelgas y los industriales se permitían cerrar sus fábricas para castigar a sus obreros, cosa que se conoce como lock-out. Aprovecho, antes de meterme en harina cinematográfica, para recordaros que ahora se cumplen cien años de la famosa huelga de la fábrica"la Canadiense", gracias a la cual, y desde entonces, las jornadas laborales son de ocho horas diarias y no de diez.

Anarquista de la no violencia.

Sinopsis:

Un grupo armado atraca un tren llevándose un importante cargamento de armas destinadas al ejército. La policía corrupta del gobernador Martínez Anido busca las armas entre los anarquistas por esa idea tan de policía racial y carpetovetónico de "tienen que haber sido ellos sí o sí". El ministerio de gobernación envía desde Madrid a un agente para ayudar a la brigada de información barcelonesa a dar con las armas. Con este agente nos sumergimos en esa fascinante Barcelona de los music-hall, de las luchas obreras, de la corrupción policial y de los mafiosos locales.

La brigada de información de Elliot Ness, no, de Martínez Anido.

Homenaje al cine negro

La peli de Dani de la Torre cuenta una historia ágil y entretenida. Una historia de cine negro, a la manera de Chicago, años 30, convertida en Barcelona, años 20, con su protagonista torturado por un pasado convulso, unos malos malísimos y voluptuosos antros de depravación. 

Vicente Romero bordando el papel de madero chungo.

Una de las escenas más conseguidas de la peli, que no pasa desapercibida es ese ese espectacular plano-secuencia que nos lleva desde la calle hasta todos los rincones del famoso Edén-Concert. Esto, la ambientación y el oficio de los actores, que saben llevar con maestría sus papeles, hace de ella una peli interesante. Son destacables las actuaciones de Vicente Romero, Manolo Solo y un irreconocible Ernesto Alterio.

Villano poderoso

Si bien la historia es tirando a anodina, quizá porque deja por explicar tantas cosas, la cantidad de guiños y homenajes que ofrece la hacen interesante.  Hay escenas maravillosas como la mencionada de la entrada al Eden-Concert, la de la pelea en la fábrica o el trepidante clímax dramático de la venganza de la joven anarquista bajo la lluvia.



Bronca en la fábrica 

Recorrido por algunas otras pelis ambientadas en el momento.

El argumento de esta cinta puede sonar un poco a “La verdad sobre el caso Savolta”, novela de Eduardo Mendoza ambientada en la época de prosperidad de la Barcelona que hace negocios vendiendo armas a los beligerantes de la gran guerra.  Mendoza, además, escribió un novelón magnífico llamado “La ciudad de los prodigios” que nos adentra en la convulsa historia de la Barcelona de entre las dos exposiciones universales: La de 1888 y la de 1929. La película de Mario Camus, aunque esforzada, no consiguió ser tan buena como la novela.

 Escapando de la ley sombría.

La que sí fue una estupenda interpretación fue la de José Sacristán encarnando al abogado anarquista de día, drag queen de noche en “Un hombre llamado Flor de Otoño”. La acción se desarrolla en los años veinte, cómo no, cuando deciden atentar contra el tren en el que ha de viajar Miguel Primo de Rivera, dictador de España entre 1923 y 1930, con el beneplácito del rey del momento, Alfonso XIII.

Esperando el tren a Madrid en la estación de Francia

Luis Tosar ya había encarnado a un personaje que se paseaba por aquella Barcelona chispeante en la comedia de Oristrell titulada “Inconscientes” en la que se mezclan el psicoanálisis, la emancipación femenina y las moderneces modernistas de la burguesía catalana.


Para ir concluyendo, la cinta de Dani de la Torre intenta reflejar las sombras, más que las luces, de aquella Barcelona exultante de la época de entreguerras donde había intereses encontrados y mucho plomo ideales para desarrollar espléndidas historias de ficción. Al final, es muy curioso que el único personaje real que sale unos pocos segundos sea el gobernador Martínez Anido, y, por si queréis tener referencias de este pájaro, os remito al libro “Terrorismoen Barcelona” que publicara en aquella época el periodista libertario ÁngelPestaña, donde da cuenta de los métodos policiales del momento.



viernes, 15 de marzo de 2019

Quiz Show (El dilema)


Me llamo Noemí y me gusta la tele
Léase esto con voz de alcohólica anónima y visualícese con una franja negra sobre mis ojos. ¿Por qué? Porque a veces es precisa una previa declaración de culpabilidad antes de declarar que te gusta la tele. Pero así es: señoras y señores, ME ENCANTA LA TELE. Me chifla.
Y permítanme, antes de proseguir, un inciso sobre los tremendos prejuicios que arrastramos en este asunto. Veamos. Cuando yo digo que me gusta el cine, nadie supone que me gusta TODO el cine; se da por hecho que hay películas que adoro y otras que detesto. Nadie me replica “¿Sí? ¿Te gusta el cine? ¿Te gusta Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera?”
Sin embargo, cuando digo que me gusta la tele, casi todo el mundo me lanza una pregunta sobre la mal llamada telebasura. Y no, señoras y señores, dejando aparte el temazo de la (repito) mal llamada telebasura, que se merece todo un post, declaro que NO: no me gusta TODA la tele, como no me gusta todo el cine ni toda la música ni toda la literatura.
¿Ha quedado claro? Vale, pues vamos al lío. Dado que me gusta tanto la tele y tanto el cine, por fuerza tengo que ADORAR las pelis sobre televisión. Y una de mis favoritas es “Quiz Show (El dilema)”, de Robert Redford.

Es-cán-da-lo, es un escándalo
Quiz Show está basada en el libro Remembering America: A Voice From the Sixties, que recoge las memorias de Richard N. Goodwin, un letrado que hizo una brillante carrera política en los Estados Unidos. Goodwin comenzó como funcionario en el Congreso y, recién salido de Harvard, le tocó investigar varios escándalos acaecidos en concursos televisivos de preguntas y respuestas.
A mediados de la década de 1950 la televisión era la nueva reina de los hogares estadounidenses, los concursos de cultura general arrasaban en las audiencias y sus protagonistas se convertían en tremendos ídolos populares. En tal contexto esplendoroso cayeron como un jarro de agua fría las denuncias de amaños de varios exconcursantes de Twenty One y Dotto.
El dilema se centra en lo sucedido en uno de estos concursos, Twenty One (El Veintiuno).

Charles Van Doren, el chico de oro
A finales de la década de 1950 Herb Stempel arrasaba en El Veintiuno. Herb era un joven padre de familia, judío de Queens, de orígenes humildes. Había sido el típico niño con gafas, empollón, sabelotodo, nada popular en un barrio “durito”, que inesperada y repentinamente se había convertido en un héroe, un ídolo mediático, porque respondía acertadamente a todas las preguntas del concurso. Gracias a la televisión, la gente lo adoraba por la misma razón por la que antes lo detestaba.
El bueno de Herb reina en las audiencias hasta que deja de hacerlo: cuando los índices emprenden una curva descendente, la cadena de televisión y el patrocinador de El Veintiuno, un complemento alimenticio llamado Geritol (impagables los espacios publicitarios viejunos), comienzan a buscarle un reemplazo y, envuelto en un halo luminoso, se les aparece Charles Van Doren.
Van Doren era el yerno que toda madre querría para su hija; e incluso para su hijo: rubio, guaperas, patricio, hijo de intelectuales de Manhattan, profesor universitario… Los productores creen haber dado con la gallina de los huevos de oro y preparan minuciosamente su enfrentamiento televisivo con Stempel, en el que este cae derrotado de manera sospechosa al fallar una pregunta muy fácil.
Van Doren comienza, pues, su reinado, hasta que las denuncias de Stempel hacen saltar todo por los aires.

La moraleja
Quiz Show nos hace ver, una vez más, que la tele es esencialmente entretenimiento, aunque revestido de otras cosas (cultura, deporte, política, lo que sea) y que, salvo en raras ocasiones (televisiones públicas que no dependen en tan gran medida de los ingresos por publicidad), todo lo supedita a las audiencias; ergo hará lo que sea para elevarlas, para mejorarlas; lo que sea; y eso supone pisotear la ética, mentir, manipular, corromper, amañar… Esto es, comportarse de manera terriblemente cruel.
Puede que lo más cruel de la peli sea la diferencia de trato que los productores de El Veintiuno dispensan a Stempel y a Van Doren: judío de Queens, inestable, gafoso, empollón y resentido social versus guapo de Manhattan, joven, rico, patricio y brillante.
Y la moraleja final puede resumirse en que todos somos corrompibles; todos, hasta los más nobles, los más elitistas, incluso quienes no necesitan una manita de ayuda para triunfar en la vida, porque ya nacieron con casi todo. Y a casi todos nos encanta que nos admiren y nos dejamos adular, dejamos que nos hagan la ola, que nos pudran de halagos y nos hagan creer que somos sandiós.
Porque los corruptores son hábiles. Los corruptores no se presentan un buen día ante la puerta de nadie y le dicen “te pagamos esta cantidad de dinero a cambio de”. No. Se acercan con otro discurso, con otra excusa, y te van envolviendo, te van atrapando en sus sutiles redes hasta que ¡pam!, caes y te ves haciendo lo que quieren que hagas. El dilema muestra a la perfección este proceso lento, paciente y delicado, inapreciable casi, que lleva a un hombre tan íntegro y honrado como cualquiera, a la más vulgar infamia.

Ficha técnica (filmaffinity.com)
Título original Quiz Show
Año 1994
Duración 130 min.
País  Estados Unidos
Dirección  Robert Redford
Guion  Paul Attanasio
Música  Mark Isham
Fotografía  Michael Ballhaus
Producción  Hollywood Pictures, Wildwood Enterprises, Baltimore Pictures

viernes, 8 de marzo de 2019

MUJERES DE CINE IV

                                     ( Imagen de "Mustang".2015. de Deniz Gamze Ergüven )


Mi turno en Zinéfilas coincide casualmente  con el 8 de Marzo,día internacional de la Mujer.
Por ese motivo, aunque mi intención inicial no fuera esa,me asalta el impulso de dedicar una entrada a la mujer en el cine, tal cual hice en 2011 desde este blog con  Mujeres de cine , en 2013 desde "Historias Troyanas" con Mujeres de Cine II y en 2014, de nuevo desde Zinéfilas :
Mujeres de cine III.


A continuación, haré una selección SUBJETIVÍSIMA ,sobre las mujeres que en el cine más reciente que vi,me impactaron por uno y otro motivo ,me sirvieron de guía, inspiración, referente, me despertaron alguna emoción o me hicieron pensar no un momento ,sino de manera recurrente....espero como siempre vuestro FEED-BACK, vuestras opiniones, vuestras aportaciones a la que por otra parte, hubiera sido vuestra propia lista, para que disfrutemos tod@s con ese proceso de debate y contraste, de enriquecimiento fluido y mutuo.

  1. LA " AVA GADNER "DE DEBI MAZAR en "ARDE MADRID"( 2018)Me parece una mujer empoderada primero por como físicamente se muestra al mundo,su presencia es ya toda una estampa de poderío sin fisuras pero además,su personaje en la serie "Arde Madrid" de Paco León,es una mujer empoderada sobre todo a nivel personal,más que laboral,ya que se muestra totalmente dueña de sí misma y de su cuerpo en el terreno sexual,sin complejos,sin concesiones a los convencionalismos sociales,sin la represión propia de la época que le tocó vivir.

2. EMILY MORTIMER EN "LA LIBRERÍA" DE ISABEL COIXET (2017)



Este personaje me fascina porque fue pionera y transgresora sin abandonar nunca las formas y sin perder el control.Me gustan esas otras rebeliones silenciosas y pacíficas que sin hacer apenas alborotos ponen patas arriba las buenas costumbres en lugares pequeños  donde los cambios siempre conllevan cierto grado de sospecha.

3.BEATRICE ( Valeria Bruni Tedeschi) y DONATELLA ( Micaella Ramazzotti) en " LOCAS DE ALEGRÍA" (2016)



Esta pareja de desconocidas excluidas de la sociedad se encuentran y el mundo de ambas cambia repentinamente DESDE LA AMISTAD Y LA SORORIDAD. 
Ninguna institución supo llegar donde llegaron juntas,todas sus grietas parecían menos profundas ,todos sus golpes parecían superables.A veces el paraíso está en ese hombro que se brinda para que llores si es preciso,océanos de lágrimas.


4. STELLA GIBSON ( GILLIAN ANDERSON) EN LA SERIE "THE FALL" ( LA CAZA)2013

           Stella Gibson (Gillian Anderson)  en The Fall (La Caza) de 2013

Sobran los motivos (como diría Sabina) para incluir a Stella Gibson en esta lista porque desde luego si hay un papel en la televisión ,donde su protagonista femenina desafíe todos los estereotipos de género ése es Stella.

Sólo unas pinceladas: Stella es policía y lidera una investigación para atrapar a un psicópata responsable del asesinato de una serie de mujeres. Rescato la descripción que hice de su personaje
"
Stella Gibson es una mujer que ostenta un cargo de  mando y ejerce su profesión de manera fría, racional, manteniendo a un lado su vida personal, incluida su orientación sexual (¿bisexual?¿pansexual?), desarrollando sobre todo y por encima de todo, su hemisferio izquierdo, haciéndose respetar y obedecer sin que en ningún momento veamos que su condición de mujer, interfiera a la hora de que los demás reciban sus instrucciones y cuestionen su autoridad"


5.ENMA SUAREZ EN "JULIETA" DE PEDRO ALMODOVAR (2016)



 ENMA SUAREZ en "JULIETA" de Pedro Almodóvar ( 2016)



Me impactó este personaje porque eso de que el amor más incondicional que existe es el de una madre,aquí en "Julieta" queda reflejado. Esa tenacidad del amor es casi de otro mundo.


6. BARBARA LENNIE EN "LAS FURIAS" DE MIGUEL DEL ARCO (2016)

 Su personaje rompe todos los estereotipos pues mantiene una relación sentimental con otra mujer que le dobla o le triplica la edad y no le importa en absoluto la aprobación social ni tampoco la familiar. En la película Mercedes Sampietro es su pareja, curiosamente, el personaje que interpreta Sampietro muestra más dudas sobre la viabilidad de la relación que el personaje al que da vida Lennie ,por sus hijos ,por la presión social.....
Resultado de imagen de las furias Barbara Lennie


7.CARMEN Y LOLA de ARANTXA ECHEVARRÍA (2018)

Carmen y Lola ( 2018.Arantxa Echevarría):  La transgresión del primer amor.



No podía dejar de mencionarlas a ellas: a las  mujeres que hacen la revolución amándose, porque no nos engañemos ,el patriarcado ejerce su poder de forma directa y sublime ,porque la mujer ha de ingeniárselas para poder ser libre por encima de tanta represión y tanta imposición social sobre cómo ha de ser y comportarse .Por eso vivan las almas libres que se atreven a romper sus cadenas ,a volar alto sin pedir permiso para ser ellas mismas por encima de las expectativas ajenas.


Feliz finde, zinéfil@s


Troyana

viernes, 1 de marzo de 2019

¿El tamaño importa?

Hace unos pocos días se han entregado los premios de la Academia, los famosos "Óscar". Son el colofón de la temporada, detrás de los Baftas, los Césares, los Goyas, los Osos o los Globos de Oro, y no voy a hacer una reflexión sobre los ganadores, los nominados o aquellos que ni siquiera aparecieron en algunas de las categorías. Para mí, esa época de levantarse temprano el día después o seguirlos hasta largas horas de la noche, ha finalizado, pues ya se ve que no estoy de acuerdo, o bien, las películas corresponden más a un esquema de negocio que a una creación artística o de entretenimiento, lo cual es normal porque es un negocio, pero ¿dónde está la inteligencia?

Diréis habrá excepciones, y no las niego, pero cuando no se recompensa la provocación o el arte, cuando lo que cuenta es la diversidad o la historia para hacer el film sobre la trama del mismo, vamos mal. Y lamentablemente, vemos que así ocurre.

Spiderman Into the Spiderverse. Ganadora del Oscar al mejor film de animación y entretenimiento inteligente

Parece que Hollywood se ha convertido en una fábrica de éxitos y si los presupuestos desorbitados no se casan con recaudaciones a la par, se ha fracasado. Y ¿dónde quedan las historias pequeñas o que no recaudan tanto?

Últimamente me lo pregunto bastante. Voy al cine, y hasta me sorprendo cuando no he ido a ver un film de superhéroes, que no nos engañemos, suelo disfrutar. Y la cartelera, al menos en cine comercial y no de autor, se vuelve repetitiva y monótona, sin riesgos. En ese momento, es cuando te das cuenta de que las plataformas digitales están adelantando al cine clásico, y Hollywood y algunos otros aún no lo quieren reconocer.

¿Dónde se ha ido Scorcesse o Woody Allen? Pues a Netflix y a Primevideo (el servicio de Amazon). ¿Dónde se encuentran películas independientes y arriesgadas? Pues también en plataformas digitales, que las lanzan a la par en VOD y algunas pantallas de televisión, como en el caso de Roma, The Catcher was a Spy o Velvet Buzzsaw. Y añadamos algunas películas que sería muy difícil estrenar según el circuito clásico de distribución como Dumplin, aunque lo merezcan.

Dumplin es un producto muy de Netflix, pero que supera al clásico film actual de adolescentes

¿Podemos considerar cine lo que se nos emiten en nuestra casa a traves de un servicio en demanda? A veces puede ser considerado arriesgado, cuando al igual que películas, también hay series o documentales, o películas de corte de Antena 3, ya sea de Navidad o de adolescentes. Pero ignorando esta parte, ¿no son igual de válidas las películas que se estrenan en esta plataforma? Hay dirección, actuación, medios técnicos y una historia, muchas veces más sólida que lo que podemos ver en los cines. ¿No debería así reconocerse este talento?

Entiendo que hay espectáculos que piden a gritos una pantalla grande, y de hecho, aún recuerdo el escalofrío que sentí en el comienzo de The Dark Knight cuando comenzaban las vistas aéreas de los tejados de Gotham, según van saliendo los secuaces del Joker, en aquella pantalla gigante, en un cine IMAX, una gozada técnica. Es como mínimo que por cosas así, que considero que un buen cine debe estar abierto, para hacerte disfrutar con la mejor imagen y sonido.

La escena inicial. Sí, la escena que muestra cómo debe comenzar un film


Actualmente, nos encontramos en un periodo de transición, como ya ocurrió con el VHS, el DVD o el Bluray, con paso evolutivo ha sido el Video en Demanda, pero con la diferencia de que cualquier film puede ser estrenado sin necesidad de pasar por el cine. Y es el momento de plantearse qué vamos a hacer, o ver qué sistema o modelo prevalecerá. Para mí, se debe premiar y reconocer cualquier tipo de historia que realmente lo merezca, independientemente de su formato, pero la pantalla de cine clásico, esa experiencia de Cinema Paradiso, debe seguir existiendo, no sólo porque haya películas que resulten mejor de ver en ese formato que en nuestro salón, si no para seguir pidiendo grandes historias con las que llenar esas pantallas, no sólo un cálculo de inversión, algo que nos emocione, que conviertan la experiencia de ir al cine en un placer.

¿Cuál es vuestra opinión?

La experiencia cinematográfica

Carmen

viernes, 22 de febrero de 2019

La ley del silencio


(Cada luchador tiene una pelea que lo hace o lo rompe, Elia Kazan)

 
Elia Kazan (1909-2003) es uno de los directores cinematográficos más influyentes en la historia del cine. De una manera directa, a través de sus propias películas, y de otra, incluso más determinante, a través de la labor del Actors Studio, la asociación que (junto con Cheryl Crawford y Robert Lewis) fundó en 1947 y en la que se han formado grandes actores y directores que han consolidado unas formas de interpretar y dirigir basadas en “el Método” (derivado del sistema del dramaturgo ruso Konstantín Stanislavski, que propugnaba que el intérprete ha de dejar que la personalidad del personaje sustituya a la suya propia).


Los actores directamente formados en el Actors son innumerables (Paul Newman, Al Pacino, Marilyn Monroe, Jane Fonda, James Dean, Dustin Hoffman, Marlon Brando, Eva Marie Saint, Robert De Niro, Jack Nicholson, Steve McQueen…) y la influencia de la institución sobre la actual manera de entender la interpretación, incuestionable.

Sin embargo, cuando en el 1999, el nonagenario y achacoso Elia Kazan, arropado por Robert de Niro y Martin Scorsese (admirador declarado de Kazan como fundador del cine moderno en Estados Unidos) subió al escenario del Dorothy Chandler Pavilion a recoger el Óscar honorifico que reconocía toda su trayectoria profesional (ya tenía dos como director), la mitad de los asistentes al acto no aplaudió al anciano director. Mientras, en la calle, se enfrentaban grupos de manifestantes a favor y en contra de Kazan.
Elia Kazan y Martin Scorsese
La polémica se había gestado medio siglo antes, cuando, en 1952, Kazan testificó ante el Comité de Investigación de Actividades Antiamericanas. Inicialmente, se negó a dar nombres y se limitó a reconocer que había sido militante comunista de 1934 a 1936, pero después identificó como comunistas a ocho miembros del extinto Group Theatre (la asociación que entre 1931-1941 llevó a cabo los postulados teatrales más innovadores y en la que Kazan había destacado como director). Más tarde, denunciaría también a Lee Strasberg, el director artístico del Actors Studio.

Kazan nunca mostró arrepentimiento por su delación, nunca se excusó (como, por ejemplo, hizo el actor Sterling Hayden). Sí explicó su actitud como la de alguien que estaba profundamente agradecido a las posibilidades que las libertades de Estados Unidos le habían ofrecido (griego, nacido en Estambul, había emigrado a Estados Unidos con su familia, huyendo de la miseria). En Estados Unidos pudo estudiar arte dramático en Yale, convertirse, primero, en un aclamado director de teatro y, a partir de 1944 (cuando dirigió Un árbol crece en Brooklyn), en un gran director de cine. Dos de sus más sobresalientes películas, La ley del silencio (1954) y América, América (1963) pueden entenderse, precisamente, como nacidas de esa necesidad de explicarse, que no de excusarse.

La ley del silencio, nació de la colaboración de Kazan con el gran guionista y escritor Budd Schulberg (1914-2009). El director y el guionista tenían origines muy diferentes: Schulberg se había criado en Hollywood, como hijo de uno de esos judíos talentosos y ambiciosos que crearon la industria cinematográfica norteamericana (Memorias de un príncipe de Hollywood es el título que Schulberg dio al apasionante libro en el que relata sus primeras décadas de vida, como espectador, primero en Nueva York y después en Hollywood, del desarrollo del cine como el primer arte convertido en industria).

Sin embargo, el príncipe y el emigrante pobre tenían algo fundamental en común: ambos fueron unos delatores.

Schulberg había sido comunista y uno de los fundadores del sindicado de guionistas de Hollywood pero, horrorizado por las noticias de las matanzas de Stalin, abandonó el partido. En 1941 ya se había puesto en contra a gran parte de los jerarcas de Hollywood con su novela ¿Por qué corre Sammy? Quizás para congraciarse con ellos y poder volver al mundo en que se había criado, en 1951 fue uno de los testigos amistosos que declararon ante el Comité de Actividades Antiamericanas.

Se puede decir, eligiendo una frase que él mismo usa en sus memorias sobre algo que nada tiene que ver con “la caza de brujas” (en su libro no toca ese asunto, puesto que cierra sus recuerdos mucho antes de que eso ocurriera), que “el valor subjetivo capituló ante una cobardía realista”.
Un sonriente Schulberg declarando ante el Comité
A uno de los que Schulberg denunció fue a su viejo amigo Ring Lardner junior, quien había entrado en el partido comunista precisamente por influencia de Schulberg. Ring Lardner fue uno de “los diez de Hollywood” que, acogidos a la Quinta Enmienda, se negaron a declarar y fueron condenados a un año de cárcel, mil dólares de multa y a la expulsión de Hollywood.

Lardner junión relató aquellas vicisitudes en sus memorias, tituladas Me odiaría cada mañana -porque eso, precisamente, es lo que dijo al negarse a declarar: "Podría contestar, pero si lo hiciera me odiaría cada mañana"-. Sobre la traición de Schulberg escribió: "Aunque no trabajaba entonces en HollywoodBudd sintió la urgente necesidad de exculparse, y por ello recurrió al procedimiento de acudir a la comisión, bendecir sus desvelos, perorar un rato sobre la amenaza comunista tanto en casa como en el resto del globo y dar unos cuantos nombres de cosecha propia. Lo mismo hizo Elia…".

Esas eran las historias que pesaban sobre Kazan y Schulberg cuando colaboraron, en 1954, para realizar una película On the Waterfront (La ley del silencio, en España) que convirtieron en una apología de la delación y, por extensión, en una justificación de la traición de ambos a sus compañeros y amigos.

Budd Schulberg creó el guion partiendo de artículos de prensa sobre corrupción en los muelles, aunque, significativamente, en su versión los sindicatos portuarios, que estaban dominados realmente por comunistas, aparecen controlados por grupos mafiosos. 

La película estuvo nominada a 12 categorías de los Óscar y logró ocho: a la mejor película, al mejor director (Kazan) , al mejor actor (Brando), a la mejor actriz de reparto (Eva Marie Saint), al mejor guion original (Budd Schulberg), al mejor montaje (Gene Milford), a la mejor dirección artística (Richard Day) y a la mejor fotografía (Boris Kaufman).
Marlon Brando como pensativo Terry Malloy
Como protagonista de la película, Kazan tuvo el acierto de, frente a la idea inicial de que fuera Frank Sinatra, elegir a Marlon Brando, uno de los discípulos del Actors Studio con el que ya había triunfado, primero en Broadway y luego en Hollywood, con Un tranvía llamado deseo y (A Streetcar Named Desire, 1951) y, en 1952, con ¡Viva Zapata! (en la que ya se mostraba inequívocamente en contra de los procesos revolucionarios, viciados por la corrupción de sus líderes).

Si hace tiempo, al comentar El beso de la muerte (1947), de Henry Hathaway, la  explicábamos como un alegato en favor de la delación que debía de ser entendido en el contexto histórico y social de la llamada “guerra fría”,  La Ley del silencio significa un gran salto cualitativo en ese mismo alegato, entendible también por ese contexto (lucha en el interior del país contra el comunismo a través del Comité de actividades antinorteamericanas y en el exterior a través de la guerra de Corea) y por las circunstancias comentadas de su director, Elia Kazan, y su guionista, Budd Schulberg.

El argumento se centra en el personaje de Terry Malloy, un boxeador fracasado, que es utilizado por el gánster Johnny Friendly (Lee J. Cobb) como cebo para asesinar a un estibador rebelde a su autoridad (con esas escenas impactantes se inicia la película) y también para obtener información del grupo de estibadores conjurados con el padre Barry (Karl Malden) contra los mafiosos. Terry encontrará, finalmente, la redención gracias al amor de Eddie Doy (Eva Marie Saint) y de las enseñanzas del padre Barry, aunque para ello deba delatar a la organización mafiosa de la que también forma parte su hermano Charley y destruir a este.

La película significó el triunfo absoluto de Marlon Brando, que bajo las órdenes de Kazan supo sacar todos los registros interpretativos necesarios para caracterizar al desconcertado, tierno y a su manera, muy desvalido Terry Malloy; un personaje al que Schulberg dotó de dos grandes pasiones propias: la de la cría de palomas, que el guionista practicó en su juventud (incluso llamó al personaje de Eva Marie Saint con el nombre de su primera paloma) y el boxeo, pasión esta que acompañaría a Schulberg toda su vida.
Marlon Brando y Rod Steiger en la escena del taxi
Brando, sin embargo, no guardaba buen recuerdo de la película (lo cuenta Luis Gasca en una biografía del actor). Así, por ejemplo, de la escena quizás más conmovedora, esa en la que Terry, en un taxi, reprocha a su hermano que le hubiera utilizado en peleas amañadas para ganar dinero a costa de hacerle perder los combates (“Podría haber tenido clase. Podría haber sido un triunfador. ¡Podría haber sido alguien en vez de un vago, que es lo que soy!”), dijo:

Tuvimos que rodar la escena siete veces, y a mí no me gustaba la forma en que estaba escrita. Yo estaba harto de la película. Rodábamos en Nueva Jersey en pleno invierno, ¡qué frío, Dios! Además yo tenía otros problemas en aquel momento. Problemas con las mujeres. También esta esa escena. Déjame pensar… La rodamos siete veces porque Rod Steiger no podía parar de llorar. Es uno de esos actores a los que les encanta llorar. La repetimos una y otra vez. La primera vez que vi La ley del silencio, en la sala de proyección de Elia Kazan, pensé que era tan terrible que me fui sin decirle nada”.

Marlon Brando y Eva Marie Saint
El resto de los actores realizaron también grandes interpretaciones: Eva Marie Saint, que siempre recordó lo amable que había sido con ella Brando y que, en este, su primer papel cinematográfico, fue recompensada con el Óscar a la mejor actriz de reparto; Lee J. Cobb, en uno de esos papeles secundarios de malvado que tan bien interpretó a lo largo de su carrera; Rod Steiger, como Charley Malloy, y, por supuesto, Karl Malden, como padre Barry. Aunque ninguno lo obtuvo, los tres fueron candidatos al Óscar al mejor actor de reparto.

Tanto Saint como Steiger habían sido alumnos del Actors Studio. Y Cobb y Malden también habían estado vinculados a Kazan como actores de teatro.

Pelea entre Johnny Friendly (Lee J. Cobb) y Terry Malloy (Marlon Brando)
Sobre Lee J. Cobb señalar que en 1953, un año antes de participar en esta película, también fue llamado a declarar ante el Comité, ante el cual delató a una veintena de compañeros.

El personaje que interpreta Malden, el padre Barry, es el encargado de apuntalar ideológicamente la delación, incluso comparando con Jesucristo a quienes en la película delatan a los mafiosos, puesto que considera que emprenden sus particulares viacrucis para lograr salvar a sus congéneres del mal.

Especialmente significativa es la conversación entre uno de esos futuros mártires con el padre Barry:

Dugan: Aquí, en el muelle, todos somos s. y m.

Padre Barry: ¿S. y m.? ¿Qué es eso?

Dugan: Sordos y mudos. Aunque nos estuviesen matando, no podríamos chivarnos…

Padre Barry: …en este país nos queda siempre un recurso: defendernos, señalar a los desaprensivos. Justificar la lucha de lo justo contra lo injusto. Lo que para ellos significa delación es para vosotros libertad…
Karl Malden como Padre Barry
Karl Malden ya se había llevado ese Óscar por su trabajo en 1951 en Un tranvía llamado deseo, también con Marlon Brando y bajo la dirección de Kazan, con el que seguiría interpretando algunos de sus mejores papeles.

Muchos años después, Malden, que era miembro de La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, y que había sido su presidente entre 1989-1992, fue el principal valedor de Kazan para que se le concediera ese Óscar honorífico del que hablábamos inicialmente.

Ante las críticas que recibió por su defensa de Kazan, el actor contestó tajantemente "Siempre he admirado su trabajo, no su ideología política".

Aunque Malden hacía trampa, puesto que lo reprochable no es la ideología sino la traición, lo cierto es que su pragmatismo puede ser la actitud más acertada en los casos en que debamos enfrentarnos a creadores geniales en su arte pero moralmente reprobables en sus actitudes personales: admirar su obra y condenar sus conducta.

Admiremos, pues, La ley del silencio.


Yolanda Noir

viernes, 15 de febrero de 2019

Ha nacido una estrella (o varias)

La última versión

El pasado festival de cine de San Sebastián vi la película Ha nacido una estrella de Bradley Cooper. Está protagonizada por el mismo Cooper y Lady Gaga. A mí me gustó, qué queréis que os diga, igual soy una simple, pero no recordaba para nada los anteriores (aunque estaba segura de haber visto la de Barbra Streisand y Kris Kristofferson), me pareció que Lady Gaga lo hacía fenomenal, vi que Bradley Cooper lo mismo vale para dirigir que para actuar o cantar  y pasé un buen rato. Después se me ocurrió ver las otras versiones de la película y hacer una comparación. Idea que, después he comprobado, tuvo medio mundo porque está lleno Google de cosas en plan “lo mejor y lo peor de las cuatro versiones”. No me importa, yo he conseguido ver las cuatro pelis y ahora os lo cuento sí o sí. Porque no ha sido fácil, encontrarlas y verlas me ha llevado un tiempo. Quizás hubiera sido mejor que hubiera dedicado todas esas horas a empezar a aprender portugués o hacer el curso “Encaje de bolillos I”. Lo primero que me viene a la cabeza es por qué hay tantas versiones de esta historia. No está mal, tiene su interés, pero ¿cuatro películas? Yo creo que con un par el tema estaba ventilado, pero bueno, para gustos los colores. Os las comento por orden cronológico:
En la ceremonia de los Oscar, antes daban cena

 En 1937 William A. Wellman   dirige la primera versión. Basada en un argumento creado por el mismo director y Robert Carson (no sabían ellos qué idea tan buena habían tenido) con un guion en el que colaboró Dorothy Parker, cuya biografía me fascina y hace que le dé un punto positivo a la película.  La protagonizan Fredrick March y Janer Gaynor. Por lo demás, a esta versión le pesan un poco los años. Resulta ingenua y un poquito ñoña. Le salvan algunos toques de humor en los diálogos (para mí que se nota la mano de Dorothy Parker). Después de ver esta película pensé ¿qué más ha dirigido este buen hombre? A lo mejor todos lo sabéis, pero yo, de las pelis que vi de pequeña, solo recuerdo a los actores (y no he mejorado mucho, ahora me tienen que haber gustado por lo menos tres películas para aprenderme el nombre). Bueno, pues este hombre hizo mogollón, entre otras, Caravana de mujeres, Las aventuras de Buffalo Bill, Más allá del Missouri o Callejón sangriento con la mismísima Lauren Bacall y John Wayne.
La mejor versión
En 1954, George Cukor decide hacer la segunda versión con Judy Garland y James Mason. Para mí, aquí podían haber acabado este asunto dignamente. Es la que más me ha gustado. Eso sí, dura tres horas. Si no sois amigos del musical, absteneos. Pero en mi opinión es la versión más completa en cuanto a actores y como musical. Ha envejecido mejor y transmite más emociones. La verdad es que de tanto ver la película casi me he aprendido diálogos. Hay partes que se repiten en todas las versiones y algunas frases muy buenas, muy agudas.
Algo que me llama la atención de estas dos primeras versiones es que, o es cosa del tecnicolor, o todas las actrices usaban pintalabios naranja, cosa que me sorprende porque no lo veo un color favorecedor.
Para que veáis que no miento.
Todas con ese pintalabios

Luego llegó la de Frank Pierson, en el año 76. No creo haber visto nada más de este director y esta película tampoco hará que me apresure. Le pasa como a las fotos antiguas, vemos las de nuestras madres y nos parece que están divinas, vemos las nuestras con pantalones de campana y damos un grito. Pues eso, la estética setentera no mejora mucho una historia que ya empezaba a aburrirme. Hay que reconocer que Barbra Streisand canta fenomenal y que Kris Kristofferson está bastante bien sin camiseta, pero por lo demás no me parece que aporte mucho a la historia del cine. De hecho, casi me parece la peor de las cuatro. Porque la primera, por lo menos, tuvo la idea original.
Kris Kristofferson luciendo torso
La verdad es que tanto dar vueltas sobre la misma historia, trajo a mi memoria la conversación que tuvimos con mi hija a la salida de la última versión. A las dos nos había gustado —durante el festival se agradece mucho una película comercial—., pero mi hija opinaba que era una historia machista: hombre famoso lleva a una chica humilde a la fama y la convierte en princesa. En ese momento me pareció que las nuevas generaciones son de la línea feminista Mao Tse Tung y que en todo hacen una lectura de género exagerada. Pero ahora, cuando casi puedo escribir una tesis sobre Ha nacido una estrella, empiezo a pensar que tenía razón. No tanto porque él sea el famoso que la lanza al estrellato (aunque también,) sino por el papel que juega el amor en el personaje femenino en cualquiera de las versiones. Siempre nos encontramos a una mujer fuerte, decidida, con una ilusión y mucho talento que lo sacrifica todo por amor. El amor como ideal, como máximo logro en la vida, frente al cual cualquier otro deseo o ambición pierde importancia. Ufff, qué peligro. Y ese mensaje sigue vivo. Más les vale a nuestra hijas ser de la línea Mao Tse Tung...