viernes, 26 de octubre de 2018

Good girls

Con el boom de los canales temáticos tipo HBO o Netflix para series de ayer, hoy y siempre, o recién salidas del horno, este formato está viviendo una edad de oro. Aprovechando el tirón, hoy vengo a hablaros de una serie producida por la cadena yankee NBC que llega a nosotras vía Netflix titulada Good girls y es que estas chicas son bonísimas.

Ellas son buenas chicas.

Buenas chicas nos introduce en la vida de tres madres de familia de clase trabajadora, de esas que tienen que hacer malabarismos para llegar a fin de mes. Viven en Detroit, otrora rumbosa ciudad del motor, hoy día ruinosa población en crisis eterna. Beth (Christina Hendricks, vista en Mad men) es una hacendosa esposa y madre de cuatro criaturas que un mal día descubre que el capullo de su marido, Dean (Matthew Lillard, al que conocimos en Scream), después de tomar muy malas decisiones financieras, los ha arruinado. Su hermana pequeña, Annie (Mae Whitman), divorciada, ve peligrar la custodia de su hija disputada por su exmarido y no puede hacer frente a la demanda por no poder pagarse un abogado ya que su sueldo de cajera de supermercado puteada no le da para gran cosa. La tercera amiga, y no menos importante, es una luchadora madre y esposa llamada Ruby (Retta) que junto a su marido e hijos forman una familia estupendamente avenida. El problema se presenta porque la niña mayor tiene una seria enfermedad renal, y, ya se sabe que la sanidad en EEUU es privada y salvar la vida a tu hija puede llevarte a la indigencia.



 Una vez presentadas las protagonistas y sus circunstancias se van sumando personajes que las acompañan durante sus vicisitudes, como por ejemplo Stan, el amoroso marido de Ruby, guardia de seguridad que está a punto de entrar en la policía; Sadie, la hija de Annie, una preadolescente que sufre acoso escolar porque sus compañeros no aceptan que prefiera vestirse de una manera masculina; Sara, la hija de Ruby, muy enferma, que necesita un riñón para vivir; Boomer, el encargado del supermercado donde trabaja Annie, un capullo obsesionado con ella; Mary Pat, una desvalida joven viuda y madre que es un lobo con piel de cordero, y, por supuesto Río, un tío muy inquietante e inteligente que prefiere vivir al margen de la ley.

 Dar un palo al súper con guantes de fregar.

Tres madres con diversos problemas que, a la desesperada, perpetran dar un palo al supermercado para poder hacer frente a sus problemas más inmediatos. Pero este es el principio de una serie de complicaciones cada vez más peligrosas ya que se ven involucradas en las actividades de criminales profesionales. El resto, mejor lo veis.

Carrera delictiva en marcha

Medidas desesperadas que toman tres mujeres desesperadas. Gente normal, así se definen ellas, que acaba mezclándose con gente no muy recomendable. Esto empieza a ser un tema recurrente en series y películas, quizá impelido por la crisis económica que nos azota. La necesidad urgente de pasta hace que se pase por la cabeza cometer delitos.

Este es Boomer, el encargado del súper, obsesionado con Annie.

En el año 2000 la película británica "el jardín de la alegría" ya nos contaba como la ruina financiera de la reciente viuda encarnada por Brenda Blethyn, una adorable mujer bien considerada en su pueblito la llevaba a cosechar marihuana. Un año después, comenzando el siglo, Eva Lesmes dirigió en España una película titulada "el palo" donde cuatro dispares mujeres impelidas por la necesidad económica resuelven atracar una sucursal bancaria donde una de ellas (Adriana Ozores) trabaja como señora de la limpieza. Más recientemente, Netflix nos trajo la historia del resignado Walter White en "Breaking bad", un hombre maduro que necesita hacer frente a sus ingentes problemas  aplicando sus doctos conocimientos químicos para delinquir, cosa que nos hace ponernos incondicionalmente del lado del delincuente en todos los casos, y en el de nuestras buenas chicas, también.

Los malos actos conllevan a las malas compañías. Este es el inquietante Río.

Al poco del estreno de la primera temporada, la NBC renovó el contrato con su creadora Jenna Bans para una segunda que esperemos que siga resolviendo esas situaciones límite con esa gracia y giros insospechados.

Juli Gan.

viernes, 19 de octubre de 2018

El Capitán Veneno (1951) o Así se librará usted del peligro de enamorarse de mí

Hace unos días, por Twitter, me recomendaron una novela sobre amor no correspondido, en apariencia, y así fue como conocí la obra "El Capitán Veneno" de Pedro Antonio de Alarcón. Escrita en 1881, pero situada en 1848, la obra recoge una historia didáctica y sentimental en medio de las revoluciones europeas de la época, y en particular de aquella entre los seguidores de Isabel II y los republicanos en España. Pero no crean que vamos a hablar de guerras, si no que aquí, lo importante va a suceder entre paredes y mujeres, donde es confinado el protagonista, una "Fierecilla" con pantalones y bigotes, que no soporta el universo femenino, al que tiene prejuzgado, y del que huye como si no hubiera mañana.


El libro, muy breve y lleno de diálogos jugosos, es una de esas obras que piden ser adaptadas a "voces", pues es muy fácil de versionarse ya que la mayoría del texto son diálogos o buenísimas descripciones, con las que con buenos actores, se pueden hacer maravillas.

Y Pedro Antonio de Alarcón no era desconocido para los guionistas no sólo españoles, sino también había llegado a cruzar el Atlántico hasta Broadway (Revenge with Music), con la que sería su obra más adaptada para el cine: "El Sombrero de Tres Picos", y se pueden encontrar adaptaciones de sus novelas hasta los años 70, incluso en alemán.

Volviendo al Capitán Veneno, en este caso, sería adaptada, además de por TVE en los 60 junto con otras obras de Alarcón, en 1943, en argentina, con  Luis Sandrinie y Rosa Rosen de la mano de Henri Martinent, y en México también con Pedro Armendáriz en 1945 (El Capitán Malacara). Lamentablemente, no es posible encontrar copia alguna de estas adaptaciones pues una no está disponible, y en el caso de TVE, al ser de 1964, probablemente está perdida.


Visto lo visto, no parecía que fuéramos a disfrutar de esta novela, pero nos quedaba una adaptación en la posguerra española, con Sara Montiel y Fernando Fernán Gómez, de 1951, que incluso se volvería a reestrenar en 1959 debido al éxito de la manchega más internacional.

Este film está dirigido por Luis Marquina, que también hacía labores de guión, aunque no en este caso. Aquí nos encontramos también a un ilustre hombre de letras, Wenceslao Fernández Flores, que también nos da una serie de diálogos adicionales de lo más jugosos e incluso cameos como el de José Zorrilla, como se puede ver aquí:



Y es que, para hacer cinematográfica esta obra, se debe tirar de inventar escenas, y aquí se puede decir, que estos añadidos, pegan perfectamente con la obra alarconiana. Así, si la novela inicial limita espacialmente a la historia, y la reduce a una obra de teatro, breve pero intensa, estas adiciones, hacen que fluya con más brío cinematográfico en su comienzo. La película avanza como una comedia romántica muy a los "screwball comedy" estadounidense, humorística, con dos personajes abocados al romance que no se entienden, y paródica de los folletines del siglo XIX.

Fernando Fernán Gómez, en ese momento, bastante joven y acorde con su personaje de Jorge de Córdoba, recibe un papel a su medida: un militar que no puede con las injusticias, que busca la pelea, y que huye del sexo femenino como si del mal se tratara...y todo esto con el peor de los humores, ¿se lo imaginan? seguro que sí. Y ahí tenemos a Angustias, retratada por una jovencísima Sara Montiel, muy lejos de Yuma y de sus dramas del cuplé, que le da réplica muy acordemente a la imagen de la protagonista que se ve al leer la novela.


Si estos dos nombres no tientan lo suficiente, los secundarios también están a la altura: Julia Caba Alba, Pepe Isbert, Manolo Morán y Amparo Martí. Todos y cada uno de ellos, brillan en los momentos asignados, y son una delicia de contemplar.

La película tiene pocos o casi ningún cambio con respecto al texto del granadino Pedro Antonio de Alarcón, que resulta ser tan ingeniosos, que a partir de la llegada del Capitán a la vida de las mujeres, son prácticamente copiados y pegados al guión. Especialmente significativo, mantener casi intacta la última frase.

Así que si gustan de las películas en blanco y negro de los 50 en español, preparaos para una divertidísima comedia romántica, sobre enamorarse, y aceptar lo inevitable.

Os dejo aquí la presentación de TVE en Historia de Nuestro Cine:

viernes, 5 de octubre de 2018

The Square






El director sueco Ruben Östlund ("Fuerza Mayor")dirige "The Square"en 2017.



La película gira en torno a la vida de  Christian ( Claes Bang), mánager de un museo de arte contemporáneo en Estocolmo.


Christian , que es un hombre divorciado y con dos hijos,se encarga de una exhibición titulada "TheSquare" en la que hay una instalación que fomenta valores humanos y altruistas.

Él no lo imagina,pero cuando contrata a una agencia de relaciones públicas para difundir el evento, esta promoción en las redes sociales despierta  una gran conmoción social.

Dicho esto, me permitireís un momento de abstración.Estamos en un momento maravilloso a nivel de talento cinematográfico. Lo digo por las grandes satisfacciones que nos están dando cineastas en este caso europeos de la talla de Haneke, Lars Von Trier,y sí, incluyo a Östlund porque en mi opinión son auténticos cirujanos sociales de una Europa moderna que hace aguas por todos lados a nivel ético y moral.


En "The square" el director pone la lupa en el ámbito del arte moderno y nos lleva de la mano de un submundo a menudo tan vacío como petulante. Es un microcosmos que sirve de muestra para asomarnos a un mundo lleno de contradicciones y de dilemas morales ante los que el individuo se muestra a menudo egoísta e hipócrita.


El museo en concreto, acoge la instalación de "el cuadrado" un espacio donde las personas no sólo pueden sentirse a salvo y seguras,sino que además,pueden recibir la ayuda de otras personas.

Es un maravilloso punto de partida y aunque Cristian ,que es el anfitrión de ceremonias en la inaguración ,defiende un discurso inagural utópico,éste es totalmente opuesto a las acciones  que él o su equipo ejercen fuera de todo escaparate.


Es evidente que su equipo carece de escrúpulos a la hora de difundir la exposición y que únicamente parece interesado en cumplir el objetivo de lograr esos "dos segundos de atención" que al parecer prestamos a los estímulos nuevos cuando estamos sobreexpuestos y saturados de contenidos por los mass media o las redes sociales.

El mismo Cristian se muestra indiferente a la mendicidad y la pobreza que constantemente se muestra en su ciudad pero luego se vale de una oratoria donde la solidaridad es la clave de todo el entramado artístico.Tampoco muestra comprensión ni compasión ante la protesta lícita o no de un niño que ha recibido una carta suya al parecer por error.

Se muestra un mundo carente de empatía,escucha,visión,todos ciegos ante el sufrimiento ajeno( como en la película "A ciegas" basada en la obra  "Ensayo sobre la ceguera "de José Saramago ) todos se muestran autómatas que sólo reaccionan cuando sienten que algunas de sus propiedades están en peligro o alguien interfiere en el logro de sus amorales y personales objetivos.


El director así no sólo hace una crítica al arte contemporáneo superficial y de contenido vacío bajo una retórica pomposa llena de palabras que en realidad no dicen nada, sino que además,se despacha a gusto contra una sociedad idiotizada por el abuso de los móviles,inmune al dolor ajeno, repleta de individualidades egoístas que sólo son capaces de establecer relaciones líquidas y funcionales.


Cristian no es excepción,en la relación que se muestra con una mujer ( Elisabeth Moss)él se muestra egoísta y totalmente indiferente a ahondar en un profundo vínculo emocional.Manipula a todo aquel que se cruza en su camino de forma tan elegante y sofisticada que dan ganas hasta de darle las gracias y es capaz de hacer cualquier cosa si alguien o algo se interpone en su camino.



No es un hombre abrupto ni tosco, es un hombre que ejerce el poder desde su pose de aparente indefensión,con ese halo de gentleman moderno y culto,que se sabe influyente y está acostumbrado a conseguir lo que quiere sin necesidad de perder las formas o alzar la voz.



Los jóvenes encargados de la campaña publicitaria  no son tampoco excepción.Tan preocupados de estar en el ojo de huracán no miden las consecuencias de sus actos,pasan por encima de cualquier límite que pueda establecer la ética o la moral y se lanzan salvajes como alimañas al mundo de las redes intentando poner al museo en el protagonista del vídeo viral del momento.


The squire es una sinfonía de secuencias inconexas y sin embargo con un hilo narrativo coherente que parece ser llevado por Christian.
Si Haneke nos enfrenta al lado  más pertubador de la condición humana ( el miedo,la enfermedad,la vejez,la soledad....etc....etc......) y Lars Von Trier nos sacude con el rostro más perverso y también débil del ser humano,aquí Östlund nos deja un cara a cara con el ciudadano burgués europeo,blanco,de clase alta,tan absorto en su realidad que se aisla de los dramas ajenos,que se desvincula emocionalmente de los otros,que vive en una farsa continua donde todo parece producto de un escaparate absurdo carente de todo sentido.


¿ es ésta queridos cinéfil@s la sociedad postmoderna que estamos construyendo desde los países supuestamente más avanzados? 


si es así ,tendríamos que hacérnoslo mirar a conciencia y tomar ejemplo de otras sociedades tal vez menos prósperas a nivel tecnológico o económico pero tal vez, mucho más evolucionadas a nivel emocional,ético y moral. 

Por lo demás,The squire,que para algunos ha supuesto un timo o una obra presuntuosa y vacía,a mí, personalmente me ha parecido estimulante y transgresora,osadamente incisiva ,por ser un dardo envenado a una sociedad en declive,la nuestra,poniendo el foco en el mundo del arte a modo de pupila de un ojo que por más que utilice lentes no deja de estar ciego a la hora de discernir lo verdaderamente significante en la vida del ser humano.
Porque tal cual decía el Principito " solo se ve bien con el corazón,lo esencial es invisible a los ojos"


Buen fin de semana,



Troyana




viernes, 28 de septiembre de 2018

Una chica cortada en dos




Nota. Una anterior versión de este artículo fue publicada en Boquitas Pintadas en 2008.

Cuando una pareja está formada por un hombre maduro y poderoso y una chica joven, pobre y hermosa, las malas lenguas se suelen cebar con ella: que si es una lagarta, un zorrón, que sólo busca lo que busca... Yo jamás he estado de acuerdo con eso y procuro, en tales casos, preguntarme también qué busca él, porque quizás sus pretensiones no son tan nobles, quizás no es el pobre viejo que ha caído rendido ante los encantos irrechazables de una mala pécora con el símbolo del dólar en las pupilas.

Mira tú por dónde, el bueno de Claude Chabrol, que cuando estrenó esta peli, en 2007, era ya un señor mayor y poderoso (tenía setenta y ocho años y más de cincuenta películas a sus espaldas), estaba más o menos de acuerdo conmigo y en Una chica cortada en dos, nos mostraba los destrozos mentales, equivalentes a los de una sierra mecánica, que puede causar un cabronazo con años, dinero, prestigio y aburrimiento en el alma de una jovenzuela enamoradiza, frágil y bellísima, una Monroe (el parecido es evidente) de nuestros días, una de esas chicas a las que el ser tan hermosas y seductoras no trae más que complicaciones.

En contra de lo que se dice, aquí, la muchacha, que, como todo bicho viviente, quiere medrar en su trabajo, no corre con la blusa desabrochada tras los hombres con corbata que toman las decisiones importantes. Es al revés: son los mandamases los que babean tras ella y quieren exhibirla a su lado en público y disfrutarla en privado. ¿Cómo sospechan ustedes que acontecerá en la vida real?

El argumento está basado en un suceso que ocupó los periódicos neoyorquinos en el siglo XIX: un riquísimo arquitecto de Manhattan murió a manos del marido de su amante, una actriz de varietés. Chabrol transforma al arquitecto en escritor y a la cabaretera, en presentadora de la tele. Como veis, pocos cambios se necesitan: la historia, siglos después, permanece intacta.

Ya digo que Chabrol trata con un poco más de simpatía a su protagonista, pero, en realidad, no perdona a nadie: ella tampoco es un ángel, aunque el verdadero demonio, the real enemy, es, para Chabrol, la alta burguesía de provincias. Se ensaña verdaderamente con ella, hace de sus miembros un retrato caricaturesco, deliberadamente exagerado, vacuo y teatral. Al respecto debemos recordar que, para los franceses, "provincias" es todo lo que no es París, incluida la tercera ciudad más poblada el Estado, Lyon, que es donde se desarrolla esta historia.

A pesar del color rosa del cartel, esta es una película negra, pero de pesimismo, casi desagradable, que supera el discurso habitual, repetitivo y cansino sobre las apariencias, mediante el simple recurso de instalarse en ellas con una puesta en escena artificial, distante, irónica, cruel. Sólo cabe un poquitito de esperanza en la media sonrisa final de la muchacha, pues, gracias a la magia, sobrevive al serrucho que la parte en dos.

Ficha técnica (www.filmaffinity.com):

Título original
La fille coupée en deux
Año
Duración
115 min.
País
Francia Francia
Dirección
Guion
Claude Chabrol, Cécile Maistre
Música
Matthieu Chabrol
Fotografía
Eduardo Serra
Reparto
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Productora
Coproducción Francia-Alemania; Alicéléo / France 2 Cinema / Integral Film / Rhône-Alpes Cinéma


Noemí Pastor

viernes, 21 de septiembre de 2018

Cara de ángel


“No suelo dar consejos a los actores. Están aquí para hacer su trabajo” (Otto Preminger).

Esta frase puede dar una idea equivocada de la manera en que Preminger dirigía sus películas. La realidad es que manejaba con mano de hierro a los actores que trabajaban bajo sus órdenes y que su mal genio durante los rodajes era legendario.

Preminger nació en 1905 en lo que entonces era una parte del Imperio Austro-húngaro y hoy es una zona de Ucrania. Desde muy joven tuvo el deseo de ser actor y a ello se dedicó desde los dieciséis años, aunque para contentar a su padre, fiscal general del Imperio Austro-húngaro, también se licenció en Derecho.

Trabajó con Max Reinhardt, el legendario director austriaco que introdujo el expresionismo en el cine y el teatro; un expresionismo que llegaría a convertirse en impronta del cine germano e influiría también en el cine negro norteamericano.

Aunque a Preminger le apasionaba actuar, pronto empezó a quedarse calvo lo que limitó el tipo de papeles que podía interpretar; ello hizo que se volcará en la dirección teatral y también en la cinematográfica, con un éxito que justifico que, en 1935, Darryl F. Zanuck le llamara a Los Ángeles para trabajar en la Twentieth Century-Fox.

La relación de Zanuck y Preminger fue turbulenta y determinó en gran medida los vaivenes que sufrió la carrera estadounidense de Preminger, hasta que en 1944 logró hacerse con la dirección de Laura, cuyo éxito inmediato colocó al austriaco entre los directores más importantes del momento. En Laura sobresalía ya la capacidad de Preminger para combinar cine negro y melodrama, lo mismo que logró en Cara de ángel (1952)

Si en Laura regaló al género uno de sus personajes femeninos más simbólicos y atrayentes, el de la mujer soñada, en Cara de ángel, con Diane Tremayne, le dio el de la mujer temida, la mujer-mantis que devora al hombre objeto de sus anhelos.
Una de las características fundamentales del género negro es, precisamente, la figura de la “femme fatale”, el personaje femenino cuyos deseos o acciones desencadenan la acción que muchas veces concluye con la destrucción del hombre u hombres que han sido atraídos por el magnetismo de esa mujer. En Cara de ángel, esas motivaciones, que tienen un contenido enfermizo, se imponen claramente a la inercia del hombre objeto del deseo femenino.

Efectivamente, en ningún ejemplo mejor que en Cara de ángel es mayor esa perdición masculina, en cuanto a que el hombre objeto de las maquinaciones femeninas no participa en ellas y solo es culpable de pasividad. Precisamente, esa es una de las características más originales de esta película: el papel activo de la mujer frente al pasivo del protagonista masculino.

Así, el protagonista de la historia, Frank Jessup (Robert Mitchum), aunque se siente inicialmente atraído por la belleza y el estatus económico de Diane, pronto se da cuenta del peligro que entraña la joven tras su rostro angelical; por ello, en un momento de la película, Jessup le dice a Diane: “Todavía no he conseguido saber lo que hay realmente detrás de tu bonita cara, pero lo que sin duda he aprendido es a no ser un inocente comparsa. Es algo que acaba haciendo daño”.
Sin embargo, a pesar de ser consciente del peligro, Jessup es incapaz de escapar de la órbita de Diane y se convierte, precisamente, en ese inocente comparsa que no deseaba ser.

Frank Jessup, un antiguo piloto de carreras cuya vocación fue truncada por la guerra, aparece al inicio de la película como un modesto conductor de ambulancias que solo sueña con montar su propio taller mecánico y que, atrapado en las redes de Diane, acabará trabajando como chofer de la familia Tremayne.

Diane Tremayne odia a su madrasta (muy bien interpretada por Barbara O´Neill), porque es su rival en el amor paterno (Diane sufre un evidente complejo de Edipo) y porque es la dueña de la fortuna sin la que ella y su padre un escritor sin ganas de trabajar, estarían arruinados (y en el papel de padre, un perfecto, como siempre, Herbert Marshall).
Frank conoce el odio de la joven hacia su madrastra y los planes que Diane teje contra ella, pero no hace nada al respecto. Es un hombre sin verdadera voluntad, que no llegará a caer en la trampa del enfermizo amor de Diane pero tampoco será capaz de romper los lazos con ella, por mucho que sepa que debe temerla (“¿qué hombre está seguro con una mujer como tú?”, le dirá); cuando lo intenté realmente, sentenciará el destino de los dos.

Como contraposición al peligroso desequilibrio de Diane y a la estulticia de Frank, en la película hay otro personaje femenino muy atractivo (interpretado por Mona Freeman): el de Mary Wilton, la novia de Frank, una joven con mucho más carácter e inteligencia que él. Ella sabe que Jessup no la merece y no vacila en tomar las decisiones adecuadas al respecto. Es otro de esos interesantes personajes femeninos característicos de las películas de Preminger.

Preminger, que decía "En cada película colaboro con el guionista de 10 a 12 horas diarias”, contó para adaptar el relato original, de Chester Erskine, en que se basó Cara de ángel, con la colaboración del grandísimo guionista Ben Hecht, que no apareció acreditado en los títulos (el guion lo firmaron Frank Nugent y Oscar Millard) debido al boicot al que en aquellos años le sometió Gran Bretaña para castigar su apoyo al movimiento sionista en lo que era el Mandato británico de Palestina.

Y también contó con la omnipresente música de Dimitri Tiomkin y la magnífica fotografía en blanco y negro de Harry Stradling en la que la herencia expresionista germana de Preminger está perfectamente matizada por el realismo norteamericano (la casa oscura y sombría en contraste con el exterior luminoso propio de Beverly Hills, por ejemplo).

Con todos estos elementos, Preminger construye un sólido, sobrio y sombrío relato sobre la turbiedad de las relaciones entre cuatro personas: padre, madrastra, hija y chofer, donde los personajes fuertes son las dos mujeres, que se imponen a la debilidad de carácter de los dos hombres.
En esta historia no hay cabida para la pasión, y mucho menos para un amor que no sea una manifestación enfermiza de poder. Precisamente, la frialdad del relato es su máxima cualidad y la que le aleja del melodrama hasta llevarlo al puro género negro. Unos años antes, con similar argumento y con la actriz fetiche de Preminger, la hermosa Gene Tierney, el director John M. Stahl solo habría logrado un vistoso, aunque exitoso,  melodrama: Que el cielo la juzgue.

En Cara de ángel destaca también la parte del metraje dedicado al procedimiento judicial, un terreno en el que Preminger, quizá por sus estudios legales, se siente evidentemente cómodo y en la que se advierten ya algunas de las características que convertirán otra película del director, Anatomía de un asesinato (1959) en una de las mejores películas judiciales que se han rodado. En este caso, el juicio y todas las escenas en las que aparece el cínico abogado defensor de Diane, interpretado por Leon Ames, contienen una sutil crítica del sistema judicial norteamericano.

Cara de ángel fue la primera de las cuatro películas que Jean Simmons rodó para la RKO Pictures, la compañía de Howard Hughes. Simmons, una juvenil estrella británica, había llegado a Estados Unidos acompañando a su novio, y pronto marido, el también actor británico Stewart Granger. En Estados Unidos, Hughes se hizo con el contrato de Simmons y convirtió a la actriz en objeto de deseo. Al parecer, Jean Simmons no se avino a las intenciones del magnate y Hughes le zancadilleó impidiéndole que protagonizase Vacaciones en Roma, de William Wyler, la película que convertiría en estrella a Audrey Hepburn.
Jean Simmons, sea por la persecución de Hughes (ella siempre negó el acoso del millonario) o por su propia personalidad, no llegó nunca a ser una estrella rutilante al modo de otras de Hollywood, pero si fue una gran actriz, como supo demostrar en todas las películas en las que actuó, destacando Horizontes de grandeza, esta vez sí con William Wyler (1958), El fuego y la palabra (1960), de Richard Brooks (su segundo marido) o Espartaco (1960), de Stanley Kubrick.

Como mera curiosidad, comentar que, en Cara de ángel, Jean Simmons utilizó una peluca, al igual que había hecho Barbara Stanwyck al encarnar a otra de las pérfidas más peligrosas del cine negro, la Phyllis Dietrichson de Perdición. Se ve que a las malas les sienta bien la peluca.

De Mitchum poco se puede decir, más allá de lo que demostraron sus más de cincuenta años de carrera. Su gran baza fue dejar que los personajes que interpretaba llenaran su inexpresividad. Adicto, camorrista y mujeriego en la vida real, en el cine supo construir personajes inolvidables… Como predicador psicópata, soldado Allison, sheriff degradado o ex detective perseguido y alcanzado por su pasado… es uno de los grandes del cine.

Y, además, Mitchum fue uno de los pocos que hizo frente al déspota Preminger. En las primeras escenas de Cara de ángel, Mitchum tenía que abofetear a Jean Simmons. Preminger ordenó repetir varias veces la escena y, antes las quejas doloridas de Simmons, el director le dijo que quería verla llorar de dolor. Entonces, Mitchum le dio un terrible bofetón a Preminger mientras le preguntaba: “¿Así está bien?”. Preminger intentó que Hughes despidiera a Mitchum, pero no lo consiguió porque en aquellos momentos Mitchum era un valor seguro en las taquillas.

Otto Preminger fue un hombre de personalidad muy compleja y contradictoria. Según los que le conocieron, era encantador en la vida social y un tirano en su faceta profesional (son palabras de Kirk Douglas que, en su autobiografía, completa la descripción diciendo que profesionalmente “actuaba como el sádico comandante nazi que interpretaba en Stalag 17”). En sus películas se atrevió a afrontar temas socialmente rechazados en su época (la drogadicción, el racismo…). Cuando le pareció oportuno se enfrentó a los poderosos (sus peleas con Zanuck, el vulnerar “la lista negra de Hollywood” al incluir a Dalton Trumbo en los créditos de Éxodo…), y también fue el primer director que dio tratamiento de estrellas a actores negros en su película Carmen Jones (por ella, la actriz Dorohy Dandridge fue la primera actriz negra nominada al Óscar como actriz principal)…

Otto Preminger tuvo un triste final: se arruinó para financiar la que fue su última película, El factor humano (1979), que resultó un gran fracaso. Murió de un ataque al corazón en 1986, después de haber pasado sus últimos años enfermos de alzheimer.

Los amantes del género negro le recordaremos siempre por dos películas inolvidables: LauraCara de ángel, la del final impactante en las colinas de Beverly Hills.


Yolanda Noir


domingo, 16 de septiembre de 2018

Agnes Jaoui

También quiero ser Agnes Jaoui

Agnes Jaoui es una de esas pocas directoras de las que recuerdo el nombre y procuro ir a ver sus películas cuando se estrenan. Ya os he dicho que tengo memoria de pez y, hasta que no he visto por lo menos tres películas que me han gustado, no retengo los nombres de los directores. Es una vergüenza para una Zinefila, pero qué le vamos a hacer, son naturalezas…
Esta mujer, además de todo, me da bastante envidia: es actriz, guionista, directora y cantante. Si llega a bailar bien, la saco de mi lista de favoritas por pura envidia.
Es francesa de origen judío tunecino. No sé si ese dato aporta gran cosa a su biografía, pero me ha parecido tan exótico que lo he incluido. Sus padres eran escritores y ella ya apuntaba maneras desde jovencilla, estudió música y empezó a actuar cuando estaba en el instituto.
Su pareja durante muchos años ha sido Jean-Pierre Bacri, protagonista y coguionista de todas sus películas, incluso ahora, que ya no son pareja, siguen trabajando juntos (¡qué ejemplo para la humanidad!).
Mi descubrimiento de esta directora llegó con la película Para todos los gustos (Le goût des autres, 2000) que me encantó. Como casi todas sus películas, es una película coral, con varios personajes e historias que se entrecruzan. Jean-Pierre Bacri interpreta a un empresario de éxito con escasa educación que está a punto de cerrar un trato con unos iraníes y se ve obligado a llevar guardaespaldas durante unos días. 

Para todos los gustos


Su mujer es una decoradora que se dedica solo a decorar su propio hogar, repleto de flores, lazos y volantes. Por casualidad, el empresario descubre que su profesora de inglés es actriz y queda deslumbrado por su interpretación. Intenta acercarse a ella y su círculo de amigos artistas donde no pega ni con cola. A la vez seguimos a su chofer, al guardaespaldas, a una camarera (la propia Agnes Jaoui) que inicia una relación con el guardaespaldas… El amor, el desamor, los prejuicios, los listos que no lo son tanto y los tontos que lo son menos. Todos los personajes tienen luces y sombras y, además, la película tiene unos toques de humor deliciosos.

Su siguiente película, Como una imagen (Comme une image), ganó el premio al guion de Cannes en 2004.  También es sobre un grupo de personas relacionadas con el arte. En esta ocasión Jean-Pierre Bacri da vida a un famosos escritor, más bien déspota y egocéntrico del que el resto de personajes desea atención, afecto, ayuda, reconocimiento. Las pequeñas mezquindades que todos cometemos en algún momento, la desesperación por no cumplir con los cánones de belleza establecidos (que tan bien conocemos todas…), el deseo de fama, la ambición.
Como una imagen
De nuevo con humor, agudeza, ternura y sinceridad.
Su siguiente película es la única que no he visto, Háblame de la lluvia (Parlez- moi de la pluie, 2008). La verdad es que no sé por qué. Tuvo peores críticas, pero ya sabéis que yo soy incondicional y cuando alguien me gusta me trago todo lo que hace. La de cosas que les he perdonado a Almodovar y a Woody Allen… Se me pasaría. En esta Agnes Jaoui protagoniza a   Agathe, una feminista que se ha metido en política y que vuelve a su pueblo para colaborar con su hermana en la gestión de asuntos de la madre fallecida. Dos amigos (uno de ellos Jean-Pierre Bacri, cómo no) deciden hacer un documental sobre ella como parte de una serie de "mujeres de éxito". De nuevo todo gira en torno a las relaciones, según dicen las críticas. A ver si la veo en Filmin.
Háblame de la lluvia






Un cuento francés (Au bout du conte) se estrenó en 2013. Esto de acompañar a una directora que además interpreta sus películas resulta muy interesante. Ves cómo va cambiando: físicamente, en los aspectos de la vida que le preocupan, en los papeles que elige.  Creo que es una mujer cada vez más sabia. Esta película incluye personajes jóvenes, que experimentan el amor por primera vez. Con múltiples detalles de cuentos populares. Así, una joven espera a un príncipe azul; un muchacho pierde un zapato cuando a las 12 ha de abandonar un baile; una muchacha vestida de rojo se pierde en el bosque y un hombre que parece un lobo le muestra el camino…
Un cuento francés
Por lo demás también son un grupo de personajes que se enfrentan a una crisis en su vida e intentan salir adelante como pueden, con más o menos gracia. Bacri aquí interpreta a un profesor de autoescuela obsesionado porque una bruja predijo su muerte para una fecha que está muy cerca. Agnes Jaoui es una mujer recién divorciada  a la que le cuesta asumir roles que habitualmente ejercía su marido. Se pasa media película vestida de hada porque da clases de teatro a un grupo de niños. Está fantástica varita en ristre.
Y, por último, este año he visto Llenos de vida (Place publique). Los años siguen pasando para los actores y las historias. En esta ocasión Jean-Pierre Bacri es un famoso presentador de televisión divorciado de Hélène  (Agnes Jaoui) y casado con una mujer más joven de la que sufre unos celos enfermizos.   Chóferes, vecinos, famosos, camareras. Cada uno con sus historias y sus preocupaciones. Quizás un poco más amarga, en algunos aspectos y personajes, no en todos. Jaoui no da la sensación de estar de vuelta de todo, pero sí parece percibir esa sensación a su alrededor. Una vez más muestra especial cariño por los personajes que parecen más tontos y luego resultan no serlo. Hay varios secundarios geniales, como la camarera que quiere hacerse selfies con todos los invitados.
Llenos de vida
Toda la película se desarrolla en una fiesta de inauguración de la nueva casa de la productora del presentador que, a su vez, es hermana de Hélêne.
Si no conocéis a Agnes Jaoui, apuntad el nombre. En mi opinión, merece mucho la pena.

Laura Balagué (Mona Jacinta)