viernes, 28 de marzo de 2025

Black Bag: Sexo, mentiras y espías

Anoche, después de muchísimos meses, quizá años, pude ver en el cine una película de entretenimiento hecha para gente hecha y derecha, un filme que exigía la atención del espectador, que no se sentía como el contenido vacío de cualquier plataforma, al que echar un ojo entre revisión de los mensajes móvil. Era, ¡por fin!, una película para disfrutar.

El cine que nos regala esta vez Steven Soderbergh en 'Black Bag' (también conocida como 'Confidencial', 'Código Negro' o 'The Insider' en algunos países), es una lección de arte en la que el ya veterano realizador, lejos de sus experimentaciones habituales, o del cine más comercial que lo ha hecho famoso, nos regala una película que se mueve entre ambos mundos, y que sabemos que sólo puede estar filmada por él: solvente, elegante, carismática y visualmente atractiva, 'Black Bag' es un ejercicio actoral que llega a recordar a 'Sexo, Mentiras y Cintas de Vídeo', envuelto en un recubrimiento 'cool' propio de 'Ocean's 11', mientras nos muestra un mundo desagradable como el que podría ser el de 'Traffic', y llega a regalarnos una historia de amor magnética y aséptica, muy lejos de los sentimentalismos y demostraciones banales que solemos ver en nuestras pantallas

La trama, sin destripar nada, se resume en lo siguiente: George está casado con Kathryn, y ambos son un matrimonio de 'analistas de inteligencia'. Ante una posible amenaza global, George debe averiguar quién está traicionando a la agencia, con la problemática de que además analizar a sus concidos o 'amigos', tendrá que investigar también a su propia esposa.

Es un filme de espías, casi sin acción, pero no por ello carente de desasosiego o momentos de tensión, que se basan principalmente en las interpretaciones actorales. Más importante que la resolución de la trama de espionaje, está el choque entre los distintos personajes, en los que veremos un verdadero tumulto melodramático apoyado en 6 caracteres diferentes (quizá siete, si incluímos al de Brosnan), que harán una disección de su vida personal, a través del tamiz de su labor como espías. Y a todo esto, hay que añadir, que también hay que solucionar, de una manera deudora de los misterios de Agatha Christie, la pregunta inicial : ¿quién está mintiendo y actuando como el 'topo'?.


Es por ello que aquellos que esperen una película llena de acción como las de 'Misión Imposible' o las de 'Bourne', se llevarán una decepción con este filme, que es más bien, un 'juego psicológico'. Pero si disfrutas del 'factor humano' en las tramas de espionaje, como las que a veces hemos podido ver en las novelas o adaptaciones de la obra de John Le Carré o de Graham Greene, estarás en tu elemento. Este filme, si recuerda a otros de ese género, es a aquellos de Michael Caine, como 'Ipcress' (me pregunto si las gafas del protagonista son un homenaje a ese 'Harry Palmer'), cruzándolo con un drama doméstico y burgués, empaquetado de forma de cinematografía, fotografía, vestuario y música estilosas. Y es que hay que resaltar que la música de David Holmes se mueve por esa banda sonora propia de los Ocean's que también firmó, pero con un toque de cine de espías de los 60 y 70. O que la cinematografía y edición también son de Soderbergh, bajo pseudónimo, que como siempre, hace un trabajo impecable y correcto.

Pero vuelvo a insistir en el guión, que es un elemento que aunque tiene sus "trampas", no juega con la inteligencia del espectador, y que además regala unos diálogos sumamente brillantes, y propios de un drama teatral de parejas. Lo firma David Koepp, que empezó a trabajar en el mismo hace 30 años, mientras desarrollaba la primera 'Misión Imposible'. Curioso, que ahora que se cierra la saga de Cruise, Koepp haya podido ver lista y realizada su idea.

Vayamos ahora a las interpretaciones, uno de los puntos fuertes de esta película. Los secundarios están encantados y disfrutando con sus roles, empezando por dos solventes ex-alumnos de Bond como son Pierce Brosnan y Naomi Harris. Están acompañados por un maravilloso Tom Burke, y una Marisa Abela que disfruta de cada momento, y que son los dos ideales en sus roles. La interpretación más floja es la del ex-bridgertoniano Regé-Jean Page, que la verdad sea dicha, se ajusta al papel, y es que sale mal parado en el reparto de personajes carismáticos frente a sus compañeros.

¡Y, oh, el duo protagonista! Cate Blanchett siempre brilla, y aquí no nos falla, con una Kathryn profesional, orientada a sus objetivos, pero seductora a la vez, haciéndonos apoyarla o dudar de ella. Pero quien se lleva la palma es Michael Fassbender, que vuelve de su retiro actoral con esta joyita; el actor deja brillar a su coestrella, y a la vez nos da una fantástica interpretación del frío, e incluso casi robótico George, cuyo exterior helado se va a resquebrajar sutilmente, por el conflicto entre la pasión y amor que siente por su esposa, y sus obligaciones y deberes, además de su desdén por los mentirosos. Fassbender, con una contención milimétrica, resalta como el gran actor que es, que con sólo una mirada, nos puede transmitir su torbellino interior. Por otro lado, no había visto una química tan apasionada entre dos actores en mucho tiempo, y realmente, llegas a sentir el drama de este ferviente matrimonio, que baila lentamente sobre un hielo frágil, similar al de sus exteriores helados. Curioso que una película que no muestra nada de sexo explíticito, de una sensación de sensualidad y conexión tan potente, pero ya Soderbergh supo sacar algo similar en su primera película ('Sexo, Mentiras y Cintas de Vídeo').

En fin, no puedo añadir nada más que os animéis a verla. Son 90 minutos de disfrute inteligente y adulto, que os recordarán lo que es el cine y deleitarse con una película.

Carmen R.


viernes, 21 de marzo de 2025

A complete unknown

No soy una fan entregada de Bob Dylan, pero no hay duda de que ha sido un hito para nuestra generación. De hecho, viendo la peli, me di cuenta de que me sabía la mayor parte de las canciones en catalán y me recordaban mis remotísimas (y breves) épocas de montañera. Este cantante forma parte de la banda sonora de nuestra vida y tenía ganas de ver qué tal se le daba el personaje a Timothée Chalamet. A perfect unknown narra la época desde la llegada de Dylan a Nueva York con diecinueve años hasta su polémica actuación en el festival de folk de Newponrt. La película está dirigida por James Mangold, que también es el guionista junto con Jay Cocks, y está basada en el libro Dylan goes electric de Elijah Wald. No he visto muchas películas de este director, pero Indiana Jones y el dial del destino me encantó. La verdad es que esta producción ha estado gafada: han tardado cinco años en terminar un proyecto que empezó en 2020. Les ha pasado de todo: primero el COVID paralizó el proyecto; cuando se retomó en 2023, comenzó la huelga de actores y guionistas. Durante todo este tiempo, Chalamet aprovechó para aprender a tocar la guitarra y a cantar y el resultado, tanto suyo como de Monica Barbaro en el papel de Joan Baez, es impresionante. De Chalamet ya sabíamos sus capacidades por Wonka, pero te parece estar escuchando a Dylan. Y Monica Barbaro es impresionante, tiene una voz preciosa. La película no ha conseguido ningún Oscar, pese a tener varias nominaciones, pero este año había muy buena cosecha de películas. Yo, la verdad, le hubiera dado el de mejor actor. Supongo que porque The brutalist no me gustó y me parece que Adrien Brody siempre hace de Adrien Brody y Timothee Chamelet tiene muchos registros y en todos está bien. Creo que me enamoré de él en Call me by your name, una película maravillosa en la que él bordaba su personaje. La película solo narra unos pocos años de la vida de Dylan a principios de los sesenta, cuando pasó de ser un perfecto desconocido a triunfar en todo el mundo. Me parece que está muy bien ambientada, he sentido que hacía un viaje atrás en el tiempo y así me imagino el aspecto de Nueva York en esa época y los festivales de folk a los que tanto nos hubiera gustado asistir. La verdad es que el personaje de Dylan resulta insoportable. Un hombre absolutamente centrado en si mismo, un artista genial, pero un novio o amigo fatal. Su relación con las mujeres es desastrosa. Sylvie Russo (personaje basado en Suze Rotolo) está muy bien interpretada por Elle Fanning y se hace extraño que en ningún momento de la historia le de a Dylan con la guitarra en la cabeza. La parte del conflicto que resulta de utilizar elementos eléctricos en el festival folk, lo que es visto como una traición por la organización y gran parte del público, es lo único que resulta muy comprensible. El cantante está harto de que le encasillen y le obliguen a cantar Blowing in the wind por millonésima vez, cuando él quiere experimentar e innovar.

viernes, 14 de marzo de 2025

La tapadera (1976)

 Hoy no voy a hablaros de La tapadera de 1993, la que dirigió Sydney Pollack, sino de otra tapadera algo anterior, dirigida por Martin Ritt, antiguo represaliado por el comité de actividades antiamericanas que tanto daño hizo. Ambas pelis llevaron el mismo título en España, pero la protagonizada por Tom Cruise se llamó en inglés "The firm" (Algo así como la empresa queriendo definir al bufete de abogados), la protagonizada por Woody Allen se tituló "The Front", que quizá sí fuera una traducción algo más ajustada.


Aunque al protagonista lo encarna Woody Allen no es una peli dirigida por él. Esta es una de las pocas veces en que Allen no ha actuado en una peli que no fuera suya. Su personaje se llama Howard Prince y es un tipo algo buscavidas que sobrevive como cajero en un bar. Se dedica a apostar y a dar sablazos a su hermano. Howard tiene un  buen amigo que es un brillante guionista. El guionista es bastante famoso, se llama Alfred Miller y tiene éxito. Lo malo es que estamos en la mojigata Norteamérica de los años 50. Durante aquella época gazmoña hubo un senador de apellido McCarthy que se dedicó a enarbolar una caza de brujas sobre cualquier persona que oliera a progresismo sin ser necesariamente comunista. 

Alfred, el escritor y su amigo Howard, la tapadera.

Como suele ser habitual, en las profesiones artísticas suele darse con frecuencia una sensibilidad palpable del sentido crítico  y eso, en aquella época, y, por desgracia en la nuestra aunque aún no hayamos tocado fondo, significó que gente reaccionaria e hipócrita por lo muy cristiana, pero sin los valores propios, se dedicara la vida a amargar la misma a tantos artistas. El comité de actividades antiamericanas, nombre pomposo donde los haya, prohibió a miles de personas poder ganarse la vida. Hasta en pelis de la época franquista como en Bienvenido, mr. Marshall, queda retratado este comité, concretamente en el sueño agitado del señor cura. La censura era un mal que está de vuelta. Aprovecho para hacer un guiño a pelis que tratan el tema como "Buenas noches, y buena suerte".

Heckie Brown (Zero Mostel) actor que lo tuvo todo y que está en horas muy bajas.

Volviendo a la historia de Howard Prince, éste acuerda con su amigo, el escritor Miller, hacerse pasar por autor de los guiones del segundo, para poder comer los dos. Y Prince, que ve el negocio, empieza a sumar guionistas censurados para ir viviendo bien como un gran escritor aunque no sepa ni escribir la lista de la compra.

El impostor se despide de su chica hacia un sombrío destino.

El impostor va subiendo hasta que la situación se hace insostenible. El asco a la delación y el tener miedo a todo se plasman en el papel del actor célebre que un buen día deja de tener las puertas abiertas de todas partes. Quizá las escenas de Hecky Brown (Zero Mostel, otro actor que estuvo en la lista negra) sean de lo más logrado de esta peli.

Hacía mucho que no volvía a ver esta peli tan cargada de ironía y, tal y como está el patio, me da bastante angustia que este clima de puritanismo rancio, miedo y delaciones vuelva a ponerse de moda. A modo de curiosidad, los títulos de crédito del final empiezan desde el director, el guionista y algunos actores indicando el año en que fueron incluidos en la lista negra del comité de actividades antiamericanas. 


Saludos y parabienes,

Juli Gan.

viernes, 7 de marzo de 2025

The Game

 


Os cuento en este articulito mi tormentosa relación con este film de David Fincher de 1997. Mi primera sorpresa al revisitarlo es que ya tiene casi veinte añitos, así que podemos decir que es una peli de otra era, de cuando la tecnología no estaba tan presente en nuestras vidas, aunque, si la habéis visto, coincidiréis conmigo en que es un film bastante tecnológico; no estaría mal una nueva versión actualizada a estos tiempos, pues daría pie a mayores marcianadas.

Otra vez estoy ante una de esas contradicciones mías. The Game es una peli que no me gusta, pero, como me sucede con otras muchas y como ya os he contado en anteriores episodios, me deja pegada a la pantalla cada vez que tropiezo con ella en la tele. Quizás por eso me ha apetecido dedicarle un artículo, porque quiero descubrir qué es exactamente lo que no me gusta y qué lo que me fascina o qué me desagrada y me fascina a la vez, que también puede ser.

El director, David Fincher, tampoco me gusta nada. Presuntuoso y sobrevalorado, cuenta con el prestigio del aburrimiento y el embrollo narrativo. Seven y El club de la lucha me parecen un horror. Salvo de la quema Zodiac, Perdida y La red social y me rindo ante House of Cards.

Maldita sea. Lo he vuelto a hacer. Empiezo diciendo que algo no me gusta y acabo reconociendo que bueno, tira, vale… Igual no lo detesto tanto.

En fin. Volvamos a The Game y comencemos por el personaje principal, Nicholas van Orton, el encarnado por Michael Douglas. Ese “van” ante el primer apellido nos da una pista: estamos en un entorno que en USA llaman “old money world”; esto es, quienes llevan ese “van” ante el apellido pertenecen a familias con dinero acumulado durante generaciones, en una línea sucesoria directa que se remonta a los primeros holandeses que llegaron a América y engañaron a los indígenas para quedarse con sus tierras.

 Por eso decidieron filmar The Game en San Francisco, porque es la ciudad más apropiada para representar a ese “dinero viejo”. No estuve yo allí muchos días, pero sí recuerdo que las calles del centro olían a dinero; a dinero discreto, no al exhibicionismo rayano con el mal gusto de Los Ángeles. Simplificando mucho, podríamos decir que en Los Ángeles están los nuevos ricos y en San Francisco, los ricos de toda la vida que no necesitan demostrar nada, porque con solo decir que se apellidan Van Algo, ya lo dicen todo.

Van Orton es, pues, un ricachón de San Francisco que encaja en el estereotipo narrativo del Scrooge de Charles Dickens. Como sucede en Family Man, comienzan a sucederle cosas extrañas que acaban componiendo una experiencia iniciática que suponemos también redentoria, que le transforma la vida, aunque el film apenas nos diga nada sobre su vida posterior a tal experiencia.

 Dice David Fincher que el tema central de The Game es la pérdida de control sobre la propia vida y el terror enorme que eso provoca. Estoy de acuerdo, aunque también hay críticos que afirman que es un film sobre la paranoia y también estoy un poco de acuerdo. Lo que cuenta The Game se mueve entre la ensoñación y la realidad, nunca sabemos si lo que vemos es real o es producto de la mente alterada de Van Orton, así que la pérdida de control y la paranoia me encajan como extremos del péndulo que marca el recorrido de este film.

 No me queda más remedio que reconocerle a Fincher la virtud de saber crear atmósferas envolventes (va a ser eso lo que me atrae): la luz, la música, los encuadres, la gama de colores, el sonido, la escenografía, el ritmo… Y ese ambiente tenso y opresivo, a la vez que elegante.

Hay quien dice ver fallos en la trama, zonas oscuras y detalles no resueltos. Seguro que es así. A mí ni se me ocurre ponerme a desenredar el hilo narrativo, porque sería un esfuerzo que no conduciría a nada. Es lo de menos. Es más: opino que esos fallos o esas pequeñas ausencias de lógica argumental ayudan a componer el ambiente de pesadilla en el que las cosas malas, las desgracias, suceden porque sí, de manera tonta y absurda, sin concatenación lógica alguna.

En lo pesadillesco me recuerda The Game a Jo, qué noche, de Scorsese, porque The Game también te introduce en un torbellino de desdichas que no puedes imaginar cómo acabará, con sus inevitables toques kafkianos, claro.

Así y todo,  también tiene su punto de redención (no olvidéis a Scrooge) y su minúsculo lado luminoso.

 Michael Douglas es un actor que se desenvuelve muy bien en ese terreno entre la elegancia y la sobriedad y el desgarro del terror. Por eso me sorprendo cuando leo que para su papel también pensaron en Kyle MacLachlan y Jeff Bridges; y que para el papel muchísimo más residual de Christine, que al final fue representado por Deborah Kara Unger, pensaron en Bridget Fonda y Jodie Foster.

 ¿Con otros actores y actrices habríamos tenido una película distinta? Um, no sé. Dejadme pensarlo. Entre tanto, os saluda amablemente vuestra amiga


Noemí Pastor

viernes, 28 de febrero de 2025

La pareja perfecta

Lo que más me ha gustado de esta serie es el flash mob de la intro. Anything that feels this good, well, it must be illegal, it must be illegal…
De hecho, creo que se podría catalogar un nuevo subgénero de ficción policiaca: el flash mob mistery. Se caracterizaría porque los personajes son guapos, visten fenomenal, son inmensamente ricos, tienen una maravillosa mansión junto a la playa en una isla en la que reinan como emperadores… y se comete un asesinato. La serie tiene sus aciertos. La trama está bien armada y no resulta tan simple como aparenta en un principio, con una estructura narrativa atractiva, consistente en focalizar la atención por turnos en cada uno de los personajes, uno a uno. Durante unos minutos todo gira en torno al elegido o elegida: acción, interrogatorios de la policía, comentarios del resto, etc. A lo largo de los episodios se suceden varias rondas de esas cápsulas individuales que van desvelando capa a capa los secretos de cada personaje. He tenido la sensación, y esto es una opinión completamente subjetiva y probablemente infundada, de que es una estructura pensada para los espectadores postpandemia, adictos a las pantallas e incapaces de fijar la concentración durante mucho tiempo. Lo cierto es que facilita mucho seguir el hilo sin perder la tensión narrativa y el suspense. La interpretación, con Nicole Kidman a la cabeza, resulta verosímil, si bien, los personajes están algo estereotipados. Algunos capítulos parecen un drama de teatro clásico: el rey, la reina, príncipes, princesas, vasallos y bufones. Y es que, en realidad, el argumento tiene mucho de cuento de hadas: la plebeya que se va a casar con un noble y rico heredero y las dificultades que eso genera en la corte. Siempre queda la cuestión de si el amor triunfará por encima de todos los obstáculos. Nicole Kidman interpreta a Greer, la matriarca del clan. Una escritora de éxito, famosa y aclamada por sus fans, que además maneja con mano férrea todos los asuntos familiares y económicos. Su marido es Tag (Liev Schreiber), irresponsable, infiel y adicto al cannabis. Pero como la fortuna es de él, todo se le perdona por el bien de la familia con un resultado muy rancio y patriarcal. La pareja tiene tres hijos, Thomas, Benji y Will, (Broderick G, Billy Howle y Samuel John Nivola). También como en los cuentos, —para el mayor, el molino, para el segundo, el burro y para el tercero, el gato…—. El conflicto paterno filial es el mismo de siempre, añadiendo a los intereses económicos la competición por el reconocimiento de papá y mamá. La parte del salseo la aportan las novias y amigas de los hijos, Amelia, Abby y Merrit (Eve Hewson, Dakota Fanning y Meghann Fahy). Y el resto de la acción recae en la plebe, un conjunto de secundarios entre criados, policías, amigos de la familia y demás entre los que destacan la agente literaria y sus dos asesores que logran añadir un punto todavía más frívolo a todo el postureo familiar. … So, call us criminals, criminals… Almudena Fernández Ostolaza.

sábado, 22 de febrero de 2025

Yo, adicto

 Siempre predispuesta a recibir sugerencias sobre pelis y series, mi hermana esta vez es quien me recomienda esta mini-serie española que ha tenido bastante buena acogida tanto en el público como en la crítica. Estamos hablando de "Yo, adicto" (2024) de Javier Giner, Aitor Gabilondo y Elena Trapé.

Nos cuenta la historia de cómo Javier Giner (creador de la película) profesional de la industria audiovisual, decide ingresar en un centro terapéutico de desintoxicación .A partir de aquí, el espectador será testigo de un proceso de transformación personal no exento de altibajos en el que el protagonista interpretado de forma excepcional por Oriol Pla, recorrerá un camino repleto de luces y sombras y a través del cual tendrá que enfrentarse a sus demonios en una lucha sin tregua contra la adicción.


En este contexto de comunidad terapéutica nos encontramos otros personajes tan bien construidos y perfilados que hace que la historia de Javi aún nos interese más si cabe de principio a fin. Es el caso del personaje interpretado por la siempre solvente Nora Navas, como la educadora social del centro , Anais, que desde el momento de su ingreso, establece un vínculo muy significativo con Javi, pieza clave en el camino de su metamorfosis integral. Pero no es la única, porque el reparto es deslumbrante y nos encontramos además con Victoria Luengo en el papel de una persona drogodependiente, al borde del abismo, ingresada en el centro y con una hija fuera, una superviviente cuya vida se percibe pendiente de un hilo demasiado fino. Tenemos además en el reparto a Alex Brendemühl en el papel de psicólogo terapeuta y Omar Ayuso , como el alter ego del propio protagonista, interpretando a un actor adicto,narcisista y con un ego desorbitado que se convertirá en el espejo del propio Javier en el momento inicial de su desintoxicación , solo que Javier ya lleva unos pasos más andados ahora le toca ejercer el rol de acompañante.

No puedo dejar de mencionar dos personajes claves, representantes del apego más grande que pueda existir,los padres de Javi ,interpretados por Itziar Lazkano y Ramón Barea.

"Yo, adicto" se convierte en este aspecto en una mini-serie valiente y arriesgada, un alegato absoluto hacia la vulnerabilidad que nos define como seres humanos, con todas las aristas e imperfecciones que sus personajes dejan al descubierto.

Tal cual se reseña en Fotogramas, en esta serie se consigue que los personajes te importen, que los quieras, y que desees con todas tus fuerzas que les vaya bien.

Es una historia honesta y conmovedora en el cual se abordan temas tan trascendentes como la construcción de una nueva identidad, la autoaceptación, la validación de los propios sentimientos, la resiliencia,los límites, las decisiones que sin imaginarlo nos cambian la vida para bien o para mal, la responsabilidad, la capacidad de empezar de cero y la importancia de la honestidad con uno mismo en cualquier reinicio que implique una limpieza total con tu vida anterior.

No es sólo una serie de personas adictas, es una exploración de la condición humana y por tanto, cualquier persona se verá identificada en según qué aspectos, porque lejos de la etiqueta y el prejuicio, el aprendizaje es reconocerse en según qué luces y qué sombras, porque todos estamos hechos de talentos y debilidades y al final,todos somos diferentes e iguales a la vez.

Este "Yo, adicto" con una pensada y bien escogida banda sonora, bien podría ser un cuento para adultos cuyo epicentro es la  transformación del gusano a mariposa,el tortuoso y a menudo desesperado recorrido de la oscuridad hacia la luz que todo ser humano transita si decide levantarse y recomenzar alguna vez. Hay una escena concreta en la que Javi se desnuda emocionalmente con su terapeuta que es un monólogo descarnado de Oriol Pla en torno a la relación con sus padres que sólo por eso, merece la pena ver el episodio y la serie entera, un ejercicio de interpretación sincero y en mi opinión descomunal.

No la dejéis escapar. Son 6 episodios que huyen del maniqueísmo y la moraleja, es sólo una historia real que opta por la exposición absoluta sin pudor y con extrema vulnerabilidad lo cual  casi siempre es sinónimo de valor y verdad.

Buen fin de semana,

Troyana


viernes, 14 de febrero de 2025

Jane Austen & San Valentín: Jane Austen a gâché ma vie

Hoy es San Valentín, y en esta nueva entrega de Zinéfilaz, obviamente, vamos a hablar de una historia romántica. Además, siendo 2025, el año que marca el 250 aniversario de la autora Jane Austen, he decidido haceros la crítica de una película que une ambas cosas y que se acaba de estrenar en Francia, y que tuve la suerte de hace dos meses: "Jane Austen a gâché ma vie", que podemos traducir como "Jane Austen ha destrozado mi vida".

Esta película independiente, debut de la directora, y también guionista del mismo, Laura Piani, es un filme francés que se aleja de las clásicas comedias románticas del Hollywood actual, cuyo ritmo es pausado, algo que a veces podemos temer en las películas europeas, pero que aquí funciona. Y es que la manera en que está dirigida, hace que se aleje del humor de brocha gorda que hay en otros productos más comerciales, y que afectaría bastante al alma de lo que se nos quiere transmitir aquí.

La película cuenta la historia de Agathe, una librera de la parisina Shakespeare & Co., que vive una realidad solitaria, refugiada en su trabajo, sus colegas, especialmente su amigo Félix, y su hermana y su sobrino. Como muchas veces ocurre a mucha gente, vive escondida en su rutina diaria, pero al contrario que mucho, también intenta desarrollar una pasión secreta: la escritura, que hará que acabe en un retiro de escritores en Inglaterra, donde tendrá que enfrentarse a ella misma.

El espíritu bohemio burgués parisino (lo «bobó» en Francia, o «progre», en España), domina el comienzo del filme, donde Agathe es presentada así como su familia y amigos. Es un París de postal, filmado con cariño, pero sin caer en una visión fantasiosa típicamente "ameliana", y está enfochada en  las relaciones humanas, que son realistas con el ambiente y que están vistas de forma muy «parisina». El cambio se produce al llegar a Inglaterra, donde ocurren los choques culturales entre la francesa Agathe y el inglés Olivier, así como otros miembros del hogar, donde la protagonista deberá enfrentarse no sólo a lo que le rodea, sino a ella misma y a la vida que ha escogido hasta ese momento. El campo inglés, y la idiosincrasia británica están ahí también, bien hechos, aunque en verdad el rodaje fuera realizado en la campiña francesa.

Si eres fan de Jane Austen y estás esperando guiños evidentes a las obras de Jane Austen, puedes sentirte algo decepcionado. La obra los tiene (incluso a las adaptaciones no sólo a los libros), pero son más sutiles que que en otras películas similares (por ejemplo, Austenland o The Jane Austen Book Club), y lo que parece que se quiere transmitir es el crecimiento de la protagonista, su diálogo interno (a lo Anne de Persuasión), más que una trama de «emparejamiento» (que también la hay). Si no has conocido a Jane Austen, estos leves guiños serán invisibles, y tampoco los necesitarás para seguir la trama.

El filme se mueve más por el dramatismo que por la comedia clara, que es bastante sutil comparada con las producciones pensadas a ser parte del contenido de alguna plataforma, o clásicas obras francesas que te venden como "Número 1 en Francia". De hecho, pone ante el espectador diferentes «dramas», a la vez, que aboga por el «cariño» y la «comprensión» para la resolución de los conflictos, con pequeñas dosis de humor. La comprensión, la «comunión de almas», es especialmente algo que resulta satisfactorio, en especial, para la trama más romántica.

Sobre los actores, Camille Rutherford, es una buena Agathe, que muestra las angustias de la protagonista, su confusión y su situación de buena manera. Pablo Pauly (Felix) resulta encantador como el «amigo» simpático, y Charlie Anson (Olivier), sobresale como el «enemigo» inglés, no exactamente estirado, pero que también tiene que protegerse de su propia realidad.

Con una música clásica preciosa, pues Agathe toca el piano, hay una banda sonora también muy bonita, y es una obra independiente para ver con cariño, y poder abrazar las ideas de que los austenitas, o las personas de corazón y sensibilidad, comparten sentimientos independientemente de su origen, así como que una «protagonista» sólo puede crecer al saber lo que realmente quiere.

Una deliciosa opera prima que llegará a España en primavera, aterrizando primero en el Festival de Barcelona, al finales de abril.

Carmen R.

Trailer: https://youtu.be/otISD927ZxI?si=_-7zkCnL33f5ZnFL

Más sobre la película en El Sitio de Jane: https://janeausten.org.es/blog/2025/01/18/critica-jane-austen-a-gache-ma-vie-jane-austen-ha-destrozado-mi-vida/