viernes, 27 de abril de 2012

Il sorpasso (La escapada, 1962)


Esta es una fabulosa road-movie de culto italiana rodada en 1962. Dos individuos que comparten compañía y automóvil, por juegos del destino, un par de emocionantes días en el caluroso ferragosto (Festividad italiana laica entorno al 15 de agosto)  de la Italia central. Los años 60 dejan los años de penuria y guerra detrás. El ciudadano medio puede llegar a poseer automóviles e incluso veranear. Dos elementos que tienen mucho que ver en esta atractiva historia que paso a detallar:

Bruno y Roberto en ruta

Un animado swing suena mientras por una vacía Roma un automóvil deportivo, un Lancia Aurelia Soprt, practica el slalom por sus calles y plazas. Al volante, un atlético maduro (Vittorio Gassman) busca, con desesperación, un teléfono. En un barrio de las afueras se detiene para refrescarse en un grifo cuando sorprende a un joven veinteañero (Jean Louis Trintignant) con cara de apocado mirando por la ventana. El conductor pide al vecino que llame a un número telefónico para avisar de que llegará tarde. El chico, no sabiendo qué hacer, le invita a casa a que telefonee él mismo. Así se conocen Bruno Cortona (Gassman) y Roberto Mariani (Trintignant). Bruno busca desesperadamente un cigarrillo pero Roberto no fuma. De pronto, Roberto mira con atención por la ventana la casa de enfrente. Parece que alguien abre las persianas, pero es la portera. En esa casa vive Valeria, una chica de la que Roberto está enamorado, pero a la que no se atreve ni a hablar. Cambian unas pocas frases y Bruno, en agradecimiento, le invita a tomar un aperitivo, aunque Roberto, tímido, se muestra reacio y aduce que debe estudiar, pues cursa derecho. A Bruno le es fácil convencer al apocado chaval de que por un día y en ferragosto (festivo) no va a pasar nada por salir a dar una vuelta en el Aurelia Sport.
 Roberto etaba en su casa estudiando

Roberto se siente apabullado por la arrolladora personalidad del locuaz Bruno y asustado por la conducción temeraria de la que hace gala. Bruno es todo un personaje, se dedica a atronar con su bocina y a gritar lo que se le ocurre a la gente con la que se cruzan. Roberto mira espantado la aguja del velocímetro, y Bruno, que en todo el film resulta ser un gran observador, le dice que no se empeñe, que está trucado para marcar menos. Bruno inicia una conversación despreocupada a la que Roberto contribuye con poco más que monosílabos. Bruno declama a García Lorca “Y yo que me la llevé al río, creyendo que era mozuela, y sin embargo, tenía marido”, y salta de la poesía a la música, porque la poesía no le gusta, poniendo la música de “Vecchio frac” de Domenico Modugno y de ahí salta a “El eclipse” de Antonioni, mientras adelanta a un coche cuyos ocupantes  hacen gestos de desaprobación. Bruno pide a Roberto que agarre el volante, mientras el primero dedica al vehículo adelantado un gesto de cuernos antológico.

Las cosas claras....

En esto que un auto alemán con dos rubias les adelantan y ellos van tras las alemanas con el fin de intimar, pero les para un coche de curas polacos que les piden en latín un gato para cambiar una rueda pinchada. Roberto traduce a bruno, y este, pensando en las alemanas suelta:

-¿Cómo se dice no tenemos?
- Non habemus.
-Non habemus “gatus, desolatus”.

Deciden pasar de las alemanas e ir al aperitivo, pero casi todo está cerrado. Aquí hay una de las pocas intervenciones magistrales del pobre Roberto:

-Parece que estemos en Inglaterra.
- ¿Por la campiña?
- No, porque vamos por la izquierda.

Después de un par de cosillas que nos enseñan la jeta que le echa a la vida el dueño del auto, deciden repostar. Bruno, además desea hacerse con cigarrillos desde el inicio de la peli, pero la máquina está rota. Bruno, además, no se corta a la hora de pedir a Roberto 5000 liras para pagar la gasolina y el aperitivo. Roberto se pregunta escamado si el caradura del conductor es un artista del sable. Roberto va a los servicios y se queda encerrado, pero tiene vergüenza de pedir ayuda, a pesar de que hay una cola enorme esperando que salga. Bruno consigue sacarlo del apuro. Hay algún otro episodio mientras se acercan a comer a la costa, y es que esta peli tiene muchos momentos simpáticos.

¡Abre la boca y fíate de Bruno!

Llegan a comer una sopa de pescado en un restaurante en el puerto. Bruno, zalamero y simpático, zascandilea por la cocina del restaurante ganándose a la dueña y mientras comen, Bruno, mujeriego, planea acostarse con la camarera, para ello pide una habitación, cosa que no vemos, porque la cámara se queda con un solitario Roberto en un desierto restaurante que decide largarse, dejando recado para su ocasional amigo y guarda cola –es un decir- en medio de un barullo terrible para el autobús de Roma, en eso que pasan unos guardias con un detenido y una joven se acerca desesperada para denunciar el robo de una maleta.

Roberto, solo, pensando en largarse

Roberto, buen chico, se apresta a colaborar explicando lo que ha visto, cuando entra Bruno, lo desdice y se lo lleva a toda velocidad.  Roberto se excusa diciendo que no quería ser una carga, aunque se calla el que no las tiene todas consigo con la actitud del atlético conductor, Bruno le contesta que se ha sentido abandonado. Es algo histriónico y voluble como una veleta al viento. Roberto, entonces, le cuenta que cerca viven sus tíos, en el campo, y deciden acercarse allá. Roberto desgrana sus recuerdos infantiles de verano al lado de su tío Michele, su tía Enrica, que se comía al tío Michele con los ojos, su primo Alfredino y su tía Lidia, de la que estaba enamorado. Al llegar Bruno sentencia: “Yo firmaría por vivir en el campo”. En esto que aparece un criado visiblemente afeminado al que Roberto saluda y presenta como Occhiofino, cuando este se va, Roberto, recordando la niñez, afirma:

- La de veces que me ha tenido ese hombre en los brazos de niño
- No me extraña, no hay mejor ama de cría.
- ¿Por qué dices eso?
- ¿Por qué lo llamas Occhiofino?
- Es su apodo
- Occhiofino, “finocchio” si es que no te enteras…  (maricón en italiano),

Aparecen el tío Michele y la tía Enrica, Bruno enseguida se hace el alma de la fiesta. Llega el primo Alfredino, casado y notario en Rietti, dando un plomo de discursito un pelín facha.  Roberto sabe que él tendrá que ser como Alfredino cuando acabe la carrera. Mientras, alejado de la soporífera charla del primo, Bruno está maquillando y soltando el recatado peinado de la tía Lidia. Cuando vuelve al grupo, Bruno, gran observador, nota que Alfredino es clavado, hasta en los gestos, al capataz de la finca, así se lo demuestra a Roberto al oído mientras Alfredino sigue dando la paliza.  Bruno dice: “Tu tía se comería con los ojos al tío Michele, pero se acostaba con el capataz”. Acaba arrancando a Roberto de la casa para regresar a Roma y, después de despedirse de la familia, Bruno proclama: “Ni loco me quedo a vivir en el campo”, justo lo contrario que manifestó al llegar. Así es Bruno, cambiante como el aire.

¿Te has fijado en Alfredino?

Cae la noche y bruno sigue arrastrando al pobre Roberto, que se muestra melancólico y afirma que se dice que la infancia suele aparecer como la época más feliz de la vida porque se recuerda distorsionada. Bruno, en este momento se muestra amigo y le contesta que la mejor edad es la que se tiene en ese momento, que sea valiente y que se atreva a hablar con Valeria, la vecinita que tanto le gusta. Acto seguido tiene un pique con un 600, hacen una carrera tan peligrosa por adelantarse, que el 600 está a punto de estamparse contra una pared.

Conductor temerario

Llegan al Cormorán, un local de música y copas. A la puerta está el comendador, un hombre serio y mayor, de bigote, con su esposa, con el que Bruno tiene algún negocio sin acabar. Es un compromiso que Bruno tiene que afrontar y se excusa con Roberto. Prácticamente lo deja tirado. Roberto se acerca a la estación, pero no tiene tren a Roma  hasta las 5 de la mañana, se muestra fastidiado y algo enfadado con Bruno. En la estación hay una chica que él confunde con Valeria, pero no es ella, sin embargo se hacen compañía un buen rato. Roberto ha comenzado a cambiar, hasta utiliza alguna pequeña estratagema de Bruno para hacerse simpático, pero vienen a buscar a la chica y Roberto vuelve a la soledad, con lo que decide llegarse al Cormorán. Allá Bruno baila con la mujer del comendador mientras este se dedica a contar un chiste tras otro en la mesa. Bruno y la esposa del otro bailan pegadísimos, lo cual es un descaro, admitido por los dos, hasta el punto de que ella exclama de manera sugerente algo que nota, mientras Bruno suelta un “modestamente…”  En esto que aparecen los ocupantes del 600 de la tarde anterior y se monta una pequeña bronca. El comendador, su señora y quienes los acompañaban, abandonan el local dejando libre a Bruno de compromisos y a Roberto, que ha acudido a la trifulca en ayuda de su amigo.

 Momento antológico

Los dos acaban borrachos y, sorprendentemente, es Roberto quien maltrata los pedales del auto. Bruno le está enseñando a conducir. Acaban en casa de la mujer de Bruno que los recibe curada de espanto y con grandes dosis de excepticismo. Por lo que hablan, nos enteramos de que Bruno conoció a Gianna, así se llama ella, recién acabada la guerra, siendo los dos muy jóvenes y él, llevando un uniforme de oficial del ejército que no era suyo. Tuvieron que casarse por quedar ella embarazada. Ella aguantó lo que pudo a un hombre tan individualista y aventurero y un buen día lo plantó. La hija de ambos, Lilly, llega poco tiempo después acompañado de un maduro hombre de negocios del norte de Italia que atiende por Bibí. A Bruno le da un repentino ataque de responsabilidad que es cortado por la mirada irreprochable de su esposa, de la que está separado. Lilly, la hija, es muy joven, pero tiene claro que no quiere un joven alocado a su lado, como debió ser su padre. Quiere un hombre protector, algo que no ha tenido nunca en casa. Ellas se van a dormir y Bruno y Roberto se quedan hablando. Él le explica que aún siguen casados porque él cree en los lazos. Que ella una vez le dio 600.000 liras para pedir la nulidad, pero que a él le disgustaba deshacer el lazo…Y se quedó con la pasta.

Escena familiar

Bruno, con la excusa de hablar de la hija, se mete en el cuarto de su esposa, pero lo que pretende es acostarse con ella, lo cual ella impide de una manera tajante e impecable. Bruno, entonces, decide largarse de la casa y despierta a Roberto para que lo acompañe. Acaban durmiendo en un par de hamacas en la playa.

¿Qué clase de padre soy?

En la misma playa despierta Roberto en medio del bullicio de los bañistas. No hay ni rastro de Bruno. Roberto pasea por la playa cuando se topa con Gianna, la mujer de Bruno, que le indica donde está su amigo, haciendo el pino mientras una morena le saca una foto. Bruno corre tras ella para descubrir que es su hija Lilly con peluca. Pasan la mañana en la playa. Roberto embarca en el yate de Bibí,  el serio pretendiente de Lilly, y Bruno aparece por estribor saludando mientras hace esquí acuático. Bibí quiere de verdad a Lilly y habla en serio con Bruno sobre lo formal de sus pretensiones. Poco después Bruno y Bibí apuestan una cantidad que se juegan al ping-pong y Bruno gana, así devuelve a Roberto lo que éste le había prestado.
 Roberto se atreve a llamar a Valeria

Roberto se decide a llamar a Valeria, que veranea en una localidad cercana. Bruno lo felicita por su actitud y se deciden a ir a comer a aquél lugar. Montan de nuevo en el Lancia Aurelia sport y recorren la carretera serpenteante que bordea la costa. Adelantan como locos y se muestran exultantes. Hasta Roberto se muestra feliz, y así se lo comunica a Bruno. Afirma que son los días más felices que ha pasado nunca. Es un Roberto nuevo, alegre y más seguro, que descubre los alicientes de la vida. Se cruzan con un motocarro en cuya parte de atrás va un niño. Roberto se despide: “¡Adiós! ¡Adiós!” 

Pique automovilístico

Intentan adelantar a un auto con el que se pican. En pleno adelantamiento, un camión viene de frente, Bruno pierde el control del auto que choca contra un pretil de seguridad y sale despedido del auto. Roberto no tiene tanta suerte, cae con el coche al acantilado, y lo más probable es que no haya sobrevivido después de los numerosos golpes sufridos en la precipitación. Bruno se asoma malherido al acantilado y un guardia recién llegado le pregunta:

 -¿Familiar?
- Se llamaba Roberto, no conozco su apellido. Nos conocimos ayer.



El film acaba así, de súbito, con la imagen del amasijo de hierro golpeado por las olas del mar que chocan contra la roca.

Es una película que atrapa desde el primer momento por el magnetismo del atlético caradura en el que se ve envuelto un apocado jovenzuelo. La película, ganadora de varios premios, se tituló en los EEUU “Easy life”, y fue punto de inspiración para que siete años después Dennis Hopper rodara “Easy Rider”. La segunda cosa que Hopper tomó prestada de la cinta de Risi fue el colorear la historia con música del momento, al igual que en la italiana. La escapada es una película que crece y crece y contagia alegría, sobre todo por la música sesentera y veraniega de Edoardo Vianello o Gino Paoli,  hasta que acaba con un mazazo brutal.


Escena cultural y...taurina:



Escena del baile "arrimao", para Gassman, su "Hamlet":


Ficha técnica:


Il sorpasso (La escapada, España; Easy life, EEUU)

País: Italia

Año 1962

Duración: 105 min.

Dirección: Dino Risi

Guión: Dino Risi, Ettore Scola, Ruggero Maccari

Música: Riz Ortolani

Fotografía: Aldo Contini

Reparto:

Vittorio Gassman (Bruno Cortona)
Jean Louis Trintignant (Roberto Mariani)
Catherine Spaak: Lily Cortona (la hija)
Luciana Angiolillo: Gianna Cortona (La esposa)
Claudio Gora:(Bibí)


Espero que no os haya aburrido la historia.

Juli Gan

8 comentarios:

Roy Bean dijo...

No os habéis dejado nada en el comentario de la película, gran post para una pelicula bastante desconocida, con un reparto de lujo y un Dino Risi menos "cómico" que en otras de sus películas.Gran recomendación.

Saludos
Roy

TRoyaNa dijo...

Juli
el final me ha dejado un poco helada.Por lo demás,la película invita a ser vista.
Grande ese Vittorio Gassman,su hijo,parece sigue sus pasos al dedicarse al cine.
Esa combinación de amigos dispares:
uno caradura,aventurero,mujeriego,el otro,tímido y apocado,me ha hecho recordar a otra película más actual, "Entre Copas".
saludos!

daniel dijo...

He leido el post con mucha cautela porque quiero ver la pelicula cuanto antes... Desde que oi de ella me atrajo lo suficiente y ahora con esta reseña vengo confirmar que sí que merece la pena.

Saludos.

LU dijo...

He correteado por tu entrada sin leerla porque soy una maniática y prefiero ver una peli sin apenas referencias del argumento.

Rissi ha sido versioneado por los americanos en varias ocasiones y ha servido de inspiración a mucho cine posterior.

La busco y la veo. Y entonces leeré esta entrada como se merece.

Besos

Manderly dijo...

Desconocía la película. Intentaré verla ya que últimamente estoy viendo cine italiano de esta época y me está gustando mucho.Una buena comedia nunca está de más.
Saludos.

Bargalloneta dijo...

Juli Gan,
ante todo pedirte disculpas por responder tan tarde!!!
Reconozco que cine italano he visto muy poco y esta cinta tampoco la recuerdo pero será una de las que busque por que me ha parecido interesante.
un abrazo

SPRINTER i dijo...

Vi por primera vez ésa película en 1964 en Monterrey,y desde entonces la he visto unas 15 veces, definitivamente mi favorita ehntre todas; es mas, la mandé comprar a Roma y tengo la original (50.00 Euros), pero en formato europeo,- sin sub títulos- que no se puede ver en cualquier videocasetera de 8 tracks, sin embargo pagué por el duplicado en formato americano y conservo ambas.- en italiano, claro y sin sub títulos- Cuando la menciono ante cualquier Italiano, se sorprenden de mi fanatismo por ese film y el simpático Bruno, es considerado tanto o más que james Dean o Pedro Infante, valiendo las comparaciones. terminas comparando tu vida y envidiando no haber sido tan desinhibido como ése personaje. Lamento su partida; definitivamente un ícono de toda la cinematografía. Descanse en paz. Contacto: futurasprint64@gmail.com

Juli Gan dijo...

SPRINTER: Hola. Ya somos 2 entusiastas de la película. Es una de mis cintas favoritas. Gracias a ella me aficioné al cine italiano y es que culturalmente somos muy similares, a pesar del idioma, aunque, si se pone mucho la oreja, se acaba entendiendo prácticamente todo. Me fascinó desde el primer momento. Celebro que le guste tanto como a mí, o quizá, más. Saludos. ;-)