viernes, 13 de enero de 2017

El sueño eterno


“Tengo diez mandamientos para hacer una película. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir!” (Howard Hawks)

Ese es el decálogo que rige todo el cine de Hawks,  incluido  “El sueño eterno”, uno de los grandes hitos del cine negro.

Hawks logró grandes películas en casi todos los géneros. A él se deben comedias como “La fiera de mi niña”, “Luna nueva” o “Bola de fuego”;  westerns como “Río Rojo”, “Río Bravo”, “El Dorado” o,  su última película, “Río Lobo”; títulos de cine negro como “Tener y no tener” o “El sueño eterno”; musicales como “Los caballeros las prefieren rubias”: películas de aventuras como “Hatari”, o históricas como “Tierra de faraones”.

En 1944 Hawks acababa de terminar para la Warner  “Tener y no tener” y estaba obligado por contrato a dirigir y producir otra película para la compañía.  Su intención inicial fue rodar una comedia, pero como la idea no cuajó decidió hacer otro “film noir” con los protagonistas de “Tener y no tener”, Bogart y Bacall, que habían demostrado una química que hacía presagiar el gran éxito que, efectivamente, tuvo la película cuando se estrenó.

“Tener y no tener”  fue  la primera película de Bacall (Hawks la había descubierto gracias a una portada de Harper´s Bazar en la que aparecía posando como modelo), y también la primera de los cuatro clásicos del género negro que rodarían juntos Bogart y Bacall: “Tener y no tener” (1944), “El sueño eterno” (1946), “La senda tenebrosa” (1947), de Delmer Daves, y “Cayo Largo” (1948), de John Huston.


Esa fue, pues, una de las grandes bazas con las que contó Hawks para “El sueño eterno”: que la protagonizara  la que se convertiría en una pareja de leyenda del género negro.

Así, Humphrey Bogart encarnó a Philip Marlowe y Lauren Bacall a Vivian Sternwood Rutledge, en una película que se basaba en la novela del mismo título de Raymond Chandler. En la novela aparecía por primera vez el personaje de Marlowe que, junto con el Sam Spade de Hammett, también interpretado por Bogart en 1941 en “El halcón maltés”, se convirtió en el detective por excelencia de la novela negra norteamericana.

La película fue fabricada para la pareja. El personaje de Bogart se mantuvo bastante fiel al Marlowe literario (y el mismo Chandler quedó entusiasmado con la actuación de Bogart). En cambio, el personaje de Bacall fue una creación de los guionistas a partir de dos de la novela (el de Vivian Sternwood Regan y el de “Peluca de plata”), con el fin de crear uno en el que Bacall pudiera desarrollar todo su potencial como actriz.

Hawks, que fue uno de los grandes directores de la Screwball comedy, era maestro en sacar provecho de las protagonistas femeninas de sus comedias: mujeres muy decididas y de fuerte personalidad que dominaba a la de sus oponentes masculinos, como por ejemplo Barbara Stanwyck en “Bola de fuego” o Katharine Hepburn en la “Fiera de mi niña”.

“El sueño eterno” tiene alguna de las características de esas comedias de Hawks: los toques de comicidad para romper de vez en cuando la tensión (por ejemplo la hilarante conversación telefónica que Bogart y Bacall mantienen con un policía), sus brillantes y rapidísimos diálogos y también la personalidad decidida de la protagonista femenina, que no domina en este caso a la masculina (eso sería impensable cuando el oponente es Marlowe) pero sí que llega a estar a la altura del duro y sarcástico, aunque humano, detective.




Igualmente, el final de la película, tiene un poco de las uniones felices e improbables con las que acaban sus comedias, a diferencia del final de la novela mucho más cínico,  realista y "noir" 

La película es generalmente aceptada como una de las obras cumbres del género negro. Sin embargo, el argumento es uno de los más oscuros y enrevesados que pedirse puedan, con infinidad de personajes y delitos: asesinatos por métodos variados, desapariciones, chantaje, palizas... En la novela es complicado seguir todos los vericuetos de la acción; en la película casi imposible.

Pero, realmente, eso no importa. Lo que importan son los diálogos insuperables, la química palpable que existía entre los dos protagonistas y la atmósfera, absoluta y maravillosamente, “film noir” en la turbiedad de sus amorales personajes o con una moral propia como la de Marlowe.

Howard Hawks utiliza todos los elementos cinematográficos con una sobriedad clásica que debe más al realismo estadounidense que al expresionismo alemán tan presente en otras películas del género. Aunque las escenas se ruedan fundamentalmente en interiores,  no utiliza el violento claroscuro expresionista ni sus forzados encuadres, sino planos generales en los que la cámara sigue continuamente a Bogart, centro de toda la acción.

Lauren Bacall, en sus memorias “Por si misma y un par de cosas más”, hace unos muy descriptivos y esclarecedores comentarios sobre la película y su rodaje.

“A pesar de la angustia de mi vida privada, el rodaje fue muy divertido. El reparto era maravilloso y todos nos caímos bien. Un buen día, Bogie llego al plató y pregunto a Howard:
-¿Quién empujó a Taylor desde el embarcadero? (el chófer asesinado al principio de la historia).
Todo el mundo se detuvo en seco. Ni Howard ni nadie tenían respuesta… Howard envió un telegrama a Raymond Chandler para preguntárselo. No lo sabía ni él. El sueño eterno era una historia de cine negro que se llevaba la palma: complicada, enigmática, misteriosa y repleta de personajes pintorescos, muchos de los cuales aparecían en una sola escena. Todo contribuía al aura de la película y, así, nadie se molestó en averiguar el misterio: era una gran cinta de cine negro y resultaba apasionante sin más. Aún lo es.”

En cuanto a la angustia de su vida privada, Lauren se refiere a que ella y Bogart, que se habían enamorado al coincidir en “Tener y no tener”, durante el rodaje de “El sueño eterno” tuvieron que afrontar las tensiones del divorcio de Bogart de su mujer y no lograron casarse hasta mayo de 1945.

La situación que estaba viviendo la pareja repercutió en la grabación. Bogart, que se refugiaba de sus problemas en el alcohol, incluso faltó algún día al rodaje, paralizándolo ya que su personaje aparece en todas las escenas.

Howard Hawks no perdonó esta indisciplina, ni que Bacall, que era su descubrimiento personal, no obedeciera su ultimátum de alejarse de Bogart; ultimátum en el que había una parte de celos y otra de genuino interés por el futuro de Bacall como actriz.

Incluso Jack Warner le envío este peculiar telegrama a Bacall: “Me han llegado rumores de que estás divirtiéndote en el rodaje. Esa situación debe cesar de inmediato”. Lo que dice mucho de la manera en que Warner se relacionaba con los actores que trabajaban para él.

Howard Hawks, que gustaba de repetir con sus actores fetiches (Cary Grant, John Wayne) nunca quiso volver a trabajar con los Bogart, ni juntos ni por separado. Con Hawks no se bromeaba; bien lo habían comprobado los hermanos Warner o sus directivos cuando iban al rodaje con intención de controlarlo: el director, sin alterarse, paraba la grabación y no la reanudaba hasta que se iban.

Otra de las grandes bazas con las que contó Hawks fue con el magnífico equipo de guionistas: William Faulkner, Jules Furthman, que ya habían trabajado con él en “Tener y no tener”, y la joven escritora de ciencia ficción Leigh Brackett.

William Faulkner (Premio Nobel en 1949) había comenzado a colaborar como guionista con Hawks en 1933 (en “Vivamos hoy”). En realidad de las ocho películas en las que participó como guionista, cinco fueron dirigidas por Hawks (incluidas “Tener y no tener”, “El sueño eterno” y “Tierra de faraones”).

Gracias a este brillante equipo de guionistas la película sobresale por sus diálogos, rápidos y brillantes  como  fogonazos de disparos. Valga de ejemplo el que sostienen Bogart y Bacall en su primer encuentro:

Vivian: No me gustan sus modales.

Marlowe: A mí tampoco los suyos y no he pedido esta entrevista. A mí tampoco me gustan mis modales, me hacen llorar las noches de invierno y me importa tanto que le moleste como que se tome la sopa con tenedor.

O el cargado de erotismo durante la estupenda escena, obra de  Jules Furthman, que se rodó ocho meses después de finalizar el rodaje oficial (en enero de 1945), porque Hawks consideraba que era necesaria alguna escena adicional para sacar provecho de la química que había entre los protagonistas.

Vivian: Bien, hablando de caballos, antes de apostar me gusta ver cómo arrancan, cómo corren y cómo van en la carrera. Me parece que a usted le gusta arrancar fuerte.

Marlowe: Por mi parte, creo que tiene usted cierta clase, pero no sé adónde puede llegar, ni cuánto puede correr.

Vivian: Eso depende bastante del jinete…

Un gran guion, los protagonistas más adecuados, la pericia de Hawks como director y algún que otro condimento como la fotografía de Syd Hickox, la música de Max Steiner, el buen trabajo de los secundarios (es obligado mencionar a Dorothy Malone y la escena de alto voltaje que protagonizó con Bogart en una librería)… Todo eso, y alguna otra cosa, dieron como resultado una película que, a pesar de ser tachada por algunos de inmoral, tuvo un éxito inmediato.
Ya lo dijo Bacall: “…era una gran cinta de cine negro y resultaba apasionante sin más. Aún lo es”.
Yolanda Noir

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