viernes, 14 de noviembre de 2025
ROMERÍA
viernes, 31 de octubre de 2025
La guerra de los mundos - y II
En anteriores episodios de este blog os conté varias cositas sobre La guerra de los mundos (en adelante, LGDLM), concretamente sobre la versión de Spielberg, y me dejé sin mencionar, porque me daba para una segunda entrega, todo el asunto de las interpretaciones de la película.
Intentaré, pues, dar respuesta a una pregunta que ya
planteaba en el artículo anterior: ¿por qué los extraterrestres de Spielberg,
que hasta entonces eran adorables y achuchables, se convirtieron de repente en
máquinas devorahombres?
La mayoría de las respuestas traen a colación los atentados
del 11 de septiembre de 2001, que dividieron en dos la historia de los Estados
Unidos y estoy por decir que la del mundo entero: hay un antes y un después del
11 de septiembre, como hay un antes y un después de la pandemia de 2020.
Y hay una breve escena de LGDLM que inmediatamente nos trae a
la cabeza el Nueva York de los días siguientes a la caída del World Trade
Center: las paredes empapeladas con fotos de gentes desaparecidas. La conexión,
pues, no es baladí.
Muchas y muchos críticos cinematográficos ven en LGDLM ecos
de los atentados de Washington y New York, especialmente en los estragos que
causaron en la gente corriente, como la familia de la peli, que vive en Newark,
un barrio tirando a pobre de New Jersey. En LGDLM, a diferencia de otras pelis
de invasiones alienígenas, los protagonistas no son altos militares ni el
maldito presidente de los USA, sino una familia bastante vulgar; no se
destruyen edificios emblemáticos, sino las viviendas, las calles y las tiendas
de un suburbio también corrientucho y vulgar.
LGDLM se interpreta como un film antibélico que pone el
acento en la supervivencia, en la huida, en lo que la gente hace por poner a
salvo a sus familias. La población civil, anónima, solo escapa e intenta
salvarse; no se enfrenta al invasor. Nada de heroísmo, solo sálvese quien
pueda. Y, hablando de huida, tengo que llamar vuestra atención sobre la
tremenda y magistral escena de la huida en coche. La tenéis en Youtube.
Aprovechad para verla y disfrutarla otra vez.
Sobre el significado de la película, el propio Spielberg
declaró que, aunque la historia de LGDLM es por completo fantástica, la
amenaza, en cambio, es real, y que con su obra pretendía empujarnos a hacer
frente a nuestros miedos.
El guionista David Koepp declaró que no había pretendido
hacer referencias directas al 11S ni a la guerra de Irak, pero que la escena en
la que Robbie (el hijo mayor de Tom Cruise) se une al ejército para luchar
contra los invasores extraterrestres le vino inspirada por las imágenes de
adolescentes palestinos que lanzan (lanzaban) piedras y botellas contra los
tanques israelíes: “A esa edad uno no es consciente de las consecuencias de sus
decisiones, sino que se deja llevar por el momento, la furia y la pasión”.
Hay una última teoría sobre el significado de LGDLM. Bueno,
en realidad hay más, muchas más, pero ya solo os voy a mencionar esta, porque,
aunque no me interesa nada, enlaza con las chaladuras de la cienciología y
demás terraplanismos de los que os hablaba en el artículo anterior. La cosa es
que Steven Spielberg añadió a la historia un detalle que no estaba en la novela
de Wells: que las máquinas extraterrestres estaban enterradas en nuestro
planeta desde hacía mucho mucho tiempo. Los invasores habían llegado a la
Tierra en épocas prehistóricas. Es decir, llegaron del espacio exterior,
dejaron sus máquinas bien tapaditas, ocultas y enterradas y se largaron. ¿Por
qué? ¿Por qué no conquistaron entonces la Tierra y en el siglo XXI sí?
Spielberg no nos ofrece ninguna respuesta y sus personajes
están demasiado preocupados por salvar el pellejo como para plantearse una
cuestión semejante. Así que esa tribu, que cada vez hace menos gracia, de
seguidores y predecesores de Iker Jiménez, nos da una respuesta espeluznante
(no esperábamos menos): los extraterrestres estaban interesados por los seres
humanos como animales comestibles. Cuando llegaron a la Tierra por primera vez,
en la Prehistoria, los humanos éramos pocos, así que dejaron allí sus máquinas,
se marcharon y observaron pacientemente desde su planeta cómo la población
terrestre se multiplicaba. Por tanto, durante toda nuestra historia, los
humanos hemos sido ganado de granja, como reses destinadas al matadero.
Esta teoría de la granja humana, por muy marciana que os
parezca (está bien traído aquí lo de marciana), ha rellenado libros y
conferencias varias. Podría poneros varios enlaces, pero no me apetece darle
bolilla ni ahondar. Simplemente no me he podido resistir a mencionarla.
Y eso es todo, amiguis. Es una peli que merece mucho la pena,
con tiene un background y un foreground literarios dignos de reseñar. Hasta la
próxima, se despide vuestra amiga
Noemí Pastor
viernes, 24 de octubre de 2025
Las viudas de los jueves, la serie
«Al llegar a Los Altos de
las Cascadas se produce un cierto mágico olvido de lo que hay afuera”.
Primero fue la novela de Claudia Piñeiro, luego
la adaptación a película por Marcelo Piñeyro —comentadas con acierto en este
blog por Noemí Pastor en su serie «De papel al celuloide»—, y, por último, en
2023 Netflix estrenó la serie: una producción de la televisión mexicana
dirigida por Humberto Hinojosa Ozcáriz y adaptada por Gibrán Portela (guionista,
entre otras, de «Celda 211»).
Podría etiquetarse de entrada como género policiaco,
ya que comienza con la extraña e impactante muerte de tres personas, pero no lo
calificaría de policial al uso: no hay investigación ni detective. Simplemente,
mediante un flashback de unos meses se van desgranando los motivos,
circunstancias, azares y actos deliberados que conducen a semejante desenlace y,
sobre todo, se dibuja el retrato de los habitantes de una urbanización de lujo,
voluntariamente apartados del resto de la sociedad. Las historias de este grupo
de familias privilegiadas son el pretexto para plantear cuestiones tan
interesantes como inquietantes. Lo cuenta la narradora, Mavi Guevara, una
agente inmobiliaria con una valiosa libreta repleta de información comprometida.
Veamos algunos de sus comentarios:
«Me pregunto si a mí también me hubiera
gustado ser viuda todos los días de la semana».
Mujeres sometidas a sus maridos: deseos,
caprichos estéticos con cirugía incluida, comentarios groseros con los amigos
vulnerando la intimidad y, también, golpes. Parafraseando el comienzo de Anna
karenina cada violencia de género, es violencia a su modo. Da igual si ellas llevan
el peso económico y organizativo de la familia, o si de ellas depende la
estabilidad emocional de sus parejas, siempre están un escalón por debajo.
«Escapamos de la ciudad para vivir
detrás de las montañas, lejos del peligro, buscando nuestro paraíso, y aquí lo
encontramos. Cuando lean esto seguramente el país seguirá dividido, gran barra
perimetral nos separa, nos protege del caos. De un lado nosotros aislados,
rodeados de privilegio; del otro los pobres, los marginados, los que no tienen,
ni tendrán la misma suerte que nosotros».
La obsesión por la seguridad en estos tiempos en
que los que la ultraderecha gana votos en todo el planeta criminalizando al
diferente para fomentar el miedo.
«Mañana saldrá el sol y ustedes
seguirán aquí haciendo lo que mejor saben hacer: pretender».
El dinero y el éxito ¿A qué puedes aspirar
cuando lo has conseguido todo? ¿Es más importante aparentar que tener?
«Estos hijos nuestros a los que les
debemos mil disculpas por ser todos tan idiotas».
Un par de adolescentes que caen bien al
instante, viven su primer amor con la ingenuidad del ensayo error. Mitad
inadaptados, mitad demasiado sensatos para adaptarse, acostumbran a esconderse
y espíar a sus vecinos. Lástima que en la serie no les hayan dado tanto espacio
como en la novela.
La caracterización de todos y cada uno de los
personajes, salida de la pluma magistral de Claudia Piñeiro, es una maravilla,
como también lo es la interpretación de Cassandra Ciangherotti (Mavi), Zuria
Vega, Irene Azuela, Sofía Sisniega, Mayra Hermosillo, Sahsa González, Omar
Chaparro, Alfonso Bassave, Juan Pablo Medina, Pablo Cruz, etc.
Algunas veces me sucede como con esta serie, que
al terminarla necesito volver a ver un poco del primer capítulo. Es solo para
llenar el huequito que dejan; para comprobar que siguen ahí.
Almudena Fernández Ostolaza
sábado, 18 de octubre de 2025
Encerrado con el diablo
Vuelvo aquí tras unas largas y sin duda merecidas vacaciones.
En este espacio donde un grupo de mujeres hablamos de cine , hoy me apetecía traeros un thriller en formato mini-serie que en medio de un panorama prolífico y no siempre estimulante, me ha dejado un muy buena impresión. Estoy hablando de "Encerrado con el diablo" una miniserie estadounidense de 2022 creada por Denise Lehane basada en hechos reales que me ha dejado atrapada y curiosa desde el primer al último episodio.
Este intrigante thriller nos narra la historia de Jimmy Keene , un hombre que es condenado a 10 años de prisión por tráfico de drogas y que recibe una inusual propuesta: conseguir la confesión de un sospechoso asesino en serie Larry Hall encerrado preventivamente en una cárcel de máxima seguridad, a cambio de su libertad. La oferta del FBI pone en peligro su vida pero si consigue que Larry Hall le proporcione la información que permita encontrar los cadáveres de una docena de niñas desaparecidas, la recompensa será librarse de cumplir condena.
Este objetivo se va a convertir en un auténtico desafío en un entorno hostil donde paulatinamente iremos descubriendo cómo Jimmy se gana la confianza de Larry.
La trama psicológicamente tensa nos pone en la piel de Jimmy un joven guapo y esbelto que se irá convirtiendo en ese "hermano" gemelo que Larry tiene fuera de prisión y que pese a todas las evidencias siempre encontró la manera de encubrir y proteger.
Es curioso cómo Hall ha podido pasar desapercibido ante la justicia con un técnica sorprendente: confesar crimen tras crimen sin dejar rastro de los cadáveres y sin que la policía pudiera probar su culpabilidad llegando a considerar a Hall como un perfil de falso confesor tal vez en un intento de huir de una vida anodina y desgraciada.
Mi pregunta es ¿ por qué ya no se hacen películas o series como ésta? ¿por qué este afán de las plataformas de hacer fórmulas comerciales que puedan llegar a todo tipo de espectadores dando la espalda en demasiadas ocasiones a un cine con garra que se nutre de los clásicos que nunca mueren?
Me pregunto si los espectadores hemos de resignarnos a que ya NO se harán series o películas como "Fargo"o " A dos metros bajo tierra" sólo por poner dos ejemplos.
Desde aquí, sólo puedo deciros que este thriller es espectacular, que nos metemos de lleno en el ambiente carcelario y nos da escalofríos ponernos en la piel de Jimmy , especialmente en los momentos de confesiones íntimas con Hall, un hombre amargado lleno de odio y oscuridad, de apariencia frágil e incluso funcional con su dominio sobre los motores y las máquinas, llega incluso a ser un recluso útil en prisión.
Da la impresión de que Jimmy es un tipo demasiado "normal" como para llevar a cabo una misión de este calibre, un chico hijo de policía retirado y condecorado que no supo encauzar su vida tras haber destacado en el deporte y cuya vida está en un hilo al haber aceptado un desafío ante el cual dudamos sepa salir airoso.
Esta atmósfera irrespirable es lo que hace de "Encerrado con el diablo" un thriller que no podéis dejar escapar. A todo lo expuesto añadimos la aparición de Rai Liota en el personaje de padre de Jimmy, última actuación del actor que sin duda aporta aún más valor a una historia intrigante que nos atrapa de principio a fin.
Cierro esta reseña concluyendo que si hay un elemento inquietante en toda la trama es esa aparente vulnerabilidad de Hall un perfil psicológicamente frágil con una voz entrecortada y débil que esconde un monstruo cruel y carente de empatía en su interior.
Por cierto que al finalizar la serie podemos ver fotografías de los personajes reales que inspiraron los personajes de ficción.
Buen fin de semana a tod@s,
Troyana
viernes, 3 de octubre de 2025
73 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián
viernes, 26 de septiembre de 2025
La guerra según el cine italiano
Los seres humanos son capaces de perpetrar lo peor, como podéis ver últimamente por la tele. Los seres humanos inventaron las guerras. Catástrofes no naturales que causan muerte, dolor, pobreza, hambre, desplazamientos masivos y años y años de recuperación en medio de la miseria. Me está quedando un comienzo muy tenebroso, pero es necesario para adentrarnos en las pelis de las que quiero tratar en esta ocasión.
Hay pelis bélicas en las que se ensalza el heroísmo y se motivan los valores patrióticos, sobre todo si las filman los vencedores. Ahora me aparece en mente el armario ropero de John Wayne vestido de marine. Esa es precisamente la imagen que quiero desechar ya que hay también quien crea películas en las que la guerra no es más que una tragedia que les sucede a los protagonistas que preferirían estar en cualquier otro lugar en vez de en una trinchera. Es de este segundo tipo de pelis de las que pretendo hablar hoy.
Enlazo dos películas italianas producidas a mediados del siglo XX; una de ellas relata la historia de un par de soldaditos del ejército transalpino durante la guerra del 14, y la segunda narra las vicisitudes de un grupo de soldados al final de la guerra del 39. Ambas tienen en común que uno de sus protagonistas principales es el insigne Alberto Sordi.
A Italia no le fue bien en ninguno de ambos conflictos armados, y eso que se supone que durante la primera guerra mundial estaba del lado de los aliados, vencedores a la postre. Los italianos que fueron llamados a filas en sendas contiendas no se debían sentir demasiado guerreros y eso se ve en estas dos pelis.
Entre los años 1959 y 1960 el productor italiano Dino de Laurentiis, uno de los que consiguió que el cine italiano de posguerra tuviera un nombre, puso la pasta para que se rodaran dos films que contaban las desventuras de unos soldaditos italianos en cada guerra mundial. La casualidad es que en ambas, uno de los personajes protagonistas recale en el mismo actor: Alberto Sordi.
La gran guerra, 1959.
En esta peli bélica también sale Silvana Mangano, una sola mujer haciendo un papel demasiado habitual.
La peli de 1959, La gran guerra (La grande guerra) es una cinta en blanco y negro de 135 minutos dirigida por Mario Monicelli, conocido por ser el artífice de una de las primeras pelis de la comedia a la italiana, I soliti ignoti, más conocida por estos lares como Rufufú, que es justo del año anterior a la gran guerra.
Sordi y Gassman comiendo trinchera.
En las oficinas de reclutamiento los italianos van haciendo cola. Hasta allá ha llegado el milanés Giovanni (Vittorio Gassman) que intenta librarse, aunque sea pagando, cosa que aprovecha el romano Oreste (Alberto Sordi) que le tima. Ambos se reencuentran en el tren y están condenados a limar asperezas porque van a pasarse mucho tiempo en las trincheras. Ellos intentan escaquearse todo lo que puedan. El ardor guerrero no les representa. Eso de reptar por el barro y aguantar la metralla austrohúngara no va con ellos.
Consiguen hacer de mensajeros con tal de escapar de las trincheras. En una de esas, volviendo a su unidad, descubren que esta ha sido arrasada y prácticamente son los únicos supervivientes de la misma. Fieles al escaqueo, en una de estas, se quedan a dormir en una granja y los austríacos los hacen prisioneros. Los austríacos se ríen de la cobardía que demuestran los dos italianos. Giovanni reacciona y se enfrenta a los oficiales que les interrogan, con lo cual, es fusilado. Oreste, que tiene miedo a morir, acaba igual. El final de la peli resulta de lo más irónico, ya que los italianos toman la granja y pasan al lado de los cadáveres mientras comentan que esos dos seguro que se han dado a la fuga.
Todos a casa, 1960.
La peli de 1960, Todos a casa (Tutti a casa) narra las vicisitudes de un grupo de soldados que no saben muy bien qué hacer dado que se ha decretado el armisticio entre el ejército italiano y los aliados, con gran cabreo de los alemanes que pasan a ser el nuevo ejército enemigo, del que tienen que huir este grupo de italianos desmilitarizados. La cinta, en color, y de casi dos horas, fue dirigida por Luigi Comencini, autor de pan, amor y fantasía.
Esta historia que comienza el día que Italia declara el armisticio en 1943. En Todos a casa el subteniente Innocenzi (Alberto Sordi) se encuentra con que su cuartel es un caos y que todos los soldados se quieren largar. Para añadir dramatismo al desconcierto, los alemanes, que eran "amigos", acaban disparándoles. Innocenzi consigue que algunos de sus soldados vayan con él hasta que encuentren un oficial, pero el caos hace que cada vez le queden menos soldados alrededor. Todos se largan en cuanto pueden. Sólo queda con él Ceccarelli, que es un pobre soldado al que le han dado un permiso que pierde por el camino y que no se separa de una maleta en la que lleva embutidos que ha prometido llevar a destino. Es mítica la escena en la que el numeroso grupo de uniformados se adentra en el túnel del tren y sólo salen dos: Innocenzi y Ceccarelli.
Después de llegar a una granja donde pueden cambiar el uniforme por ropa civil, se reencuentran con otros compañeros de armas fugados, como el sargento Fornaciari (Martin Balsam, el presidente del jurado de doce hombres sin piedad). Intentan llegar a sus respectivos hogares siempre escapándose del ejército alemán que controla trenes y carreteras. Hay episodios dramáticos donde mueren integrantes de esta estrafalaria cuadrilla, cuando intentan evitar que atrapen a una chica judía o cuando detienen a un militar norteamericano en casa del sargento Fornaciari, al que los camisas negras fascistas se llevan, a pesar de que él acaba de llegar del frente y no sabía nada del nuevo inquilino residente en casa de su familia.
Innocenzi y Ceccarelli llegan a Nápoles, su ciudad, pero son detenidos y obligados a limpiar los escombros de la calle. En la última escena, Innocenzi, abrumado por la muerte a tiros de Ceccarelli, toma parte en la revuelta de septiembre del 43, conocida como los cuatro días de Nápoles, donde la resistencia lucha contra el ejército alemán.
Ambas pelis manifiestan el horror a la guerra, el afán por la supervivencia y el arte del escaqueo. Estas dos cintas muestran, aunque sea en clave tragicómica, que la guerra es algo muy lejano a ser un acto heroico. Una gran lección para los tiempos que corren.
viernes, 19 de septiembre de 2025
La guerra de los mundos – I (Steven Spielberg, 2005)
Todo el mundo sabe que esta peli tiene su origen en la novela del mismo título que publicó en 1898 el escritor londinense HG Wells. [Las iniciales son de Herbert George, por si tenéis curiosidad, como yo, por ese tipo de tontadas]. En realidad, en 1898 se publicó la novela completa, pero antes había salido por entregas en una revista británica.
No he leído la novela, ni esta ni (creo) ninguna otra de HG
Wells, a quien el cine debe mucho, pues, además de La guerra de los mundos,
escribió unas cuantas más que luego se convirtieron en película: La máquina del
tiempo, El hombre invisible y La isla del doctor Moreau.
En fin, que, como no he leído la novela, me ha sorprendido
descubrir que Spielberg le fue bastante fiel y que muchas cosas de la peli que
yo daba por salidas del cerebro creativo de don Steven en realidad salieron de
la productiva imaginación de HG Wells.
Voy a saltar grácilmente sobre el episodio de Orson Welles (¡anda!, se apellida casi igual que HG) relacionado con la novela, porque es archimegaconocido y porque Welles siempre me ha caído mal. Así que voy a ir derechita a la película de Spielberg. Si queréis leer algo sobre la excesivamente cacareada y sobrevalorada versión radiofónica de La guerra de los mundos que hizo Welles, la Wikipedia lo cuenta genial . Adiós.
Y, por nombrar otro asunto que me resulta desagradable, buscando vínculos y diferencias entre la obra de Wells y la de Spielberg, he encontrado una relación entre Wells y Tom Cruise, ¿a través de qué? Adivinad. Sí, correcto: a través de L. Ron Hubbard y la cienciología, que escribo con minúscula aposta, para quitarle importancia. Resulta que L. Ron Hubbard (la L es de Lafayette), el fundador de la cienciología, además de dedicarse a crear sectas chungas, también escribía ciencia-ficción y fantasía y, puede que inspirado por Wells, durante un tiempo buscó entre los volcanes de Canarias señales extraterrestres. No sé, puede que máquinas enterradas o similares.
Si
queréis saber algo más de las andanzas de Hubbard en las Islas Afortunadas,
tenéis un artículo interesante en Vanity Fair: Cómo el creador de la cienciologíacambió su vida en las islas Canarias. Y si queréis saber algo más de las
andanzas de Hubbard en general, porque el tipejo tuvo una vida verdaderamente
animada, id a su entrada en la Wikipedia, que está muy completita.
Bueno, volvamos a lo nuestro. Como decía arriba, la novela y la peli tienen mucho en común y algunas cosas diferentes. Por ejemplo, en la novela no existe el personaje de Tim Robbins, pero sí parece ser el resultado de la amalgama de otros tres que sí están en el libro. Os confieso que la parte que menos me convence de la película es precisamente la de la larga y accidentada estancia de Cruise y su hija en la casa de Robbins. Resulta precisamente eso, larga, demasiado larga, y acaba por lastrar bastante el ritmo del film, que hasta ese momento es muy fluido.
Pero lo que más diferencia la novela de la peli es el ánimo, la intención de cada creador. Wells con su novela pretendía cuestionar la moralidad del imperialismo británico; Spielberg con su peli no. Spielberg traslada la acción en el espacio y en el tiempo y la sitúa a comienzos del siglo XXI en un territorio geográfico comprendido entre Newark y Boston, para volver por enésima vez al asunto transversal de muchos de sus filmes: las familias un pelín desectructuradas, con divorcios penosos, con abandonos, con relaciones paternofiliales (no maternofiliales) plagadas de desconocimiento, de ausencia, de vacío, de torpeza.
En La guerra de los mundos tenemos, pues, un asunto de los de siempre de Spielberg y, para compensar, otro completamente nuevo: por primera (¿y única?) vez en su filmografía, los extraterrestres no son adorables peluchitos, como E.T., como en Encuentros en la tercera fase, que vienen a mejorar el universo y a sembrar la paz, sino monstruos asesinos. Esto enlaza con las interpretaciones de la peli, que voy a dejar para un segundo artículo, pero antes de despedirme os nombraré, sin extenderme mucho más, una última recreación de La guerra de los mundos, muy recientita, ya que se estrenó en Amazon el 30 de julio de 2025. Dirigida por Rich Lee, la protagonizan Ice Cube y Eva Longoria y ha recibido unas críticas destructivas.
Ahí lo dejo, pues. Os espero en el próximo artículo sobre La guerra de los mundos, para hablaros de las interpretaciones del film, que son jugositas. Hasta entonces, se despide vuestra amiga
Noemí Pastor
viernes, 11 de julio de 2025
Asalto al banco central
viernes, 4 de julio de 2025
Black Mirror Temporada 7 Capítulos 1 y 3
viernes, 20 de junio de 2025
Sirat
viernes, 13 de junio de 2025
Nick Cravat, el secundario acróbata y mudo
El otro día me acordé de este actor secundario tan expresivo. Solía aparecer en las pelis donde su gran amigo, Burt Lancaster, hacía de galán atlético con sonrisa muestra de dentífrico de los buenos. Nick Cravat era al amigo del prota (De Lancaster), siempre fiel y solícito, y resulta que es que no dejaba de ser cierto a grandes rasgos.
Nick Cravat era el nombre artístico de Nicholas Cuccia. Cuccia, pronunciado (Cuchia) denotaba el origen italiano de su familia. El bueno de Nick había nacido en el Brooklyn neoyorquino y de muy joven coincidió con Burt Lancaster en un campamento de verano, dicen. Lo cierto es que Burt y Nick se hicieron amigos y ambos, aficionados a la gimnasia y las acrobacias, acabaron montando un espectáculo que los llevaría al circo.
Con ese cuerpazo que gastaba Lancaster, esa sonrisa blanca e impertinente, esa agilidad y ese llamativo color del pelo, acabó siendo descubierto por un cazatalentos yéndose a Hollywood y teniendo éxito. Pero Burt no olvidaba a su colega Nick y se lo llevó para que también hiciera cine. Ambos salían haciendo saltos y piruetas exhibiendo una plenitud y fortaleza físicas envidiables.
Un elfo del bosque
El bueno de Nick siempre hacía de fiel escudero mudo. Siempre mudo. Hablaba con gestos y silbidos en las películas. Lo podéis ver en "el temible burlón" o "el halcón y la flecha". Pero, no, Nick no era mudo, a pesar de la gesticulación. Lo que le pasaba a Nick es que tenía un acento exageradamente marcado.
Acento de barrio, de su barrio, Brooklyn, y eso, en películas de época, ya sea en la Europa medieval, o en esos piratas del Caribe del siglo XVII, no quedaba demasiado correcto.
El prota y el secundario
Y Nick hizo pelis sin su colega Burt, siempre de secundario, Con Victor Mature, otro cuerpazo pero con un rictus facial un poco malogrado, con Dean Martin, con Jerry Lewis...
Buena forma físicaEn los años 60, los años del western, su colega Burt, lo enroló en historias del oeste. Fueron unas cuantas: Camino de Oregón; que viene Valdez; camino de la venganza; la venganza de Ulzana, eran unos títulos muy vengativos para dos camaradas, curiosamente. Una de sus últimas cintas juntos fue "la isla del doctor Moreau", una peli inquietante .
Inicios circensesY hoy he querido traer a la memoria a la memoria a este secundario mudo en la fición en ese dorado cine de los años 50 de aquél Hollywood tan dado a sacar historias de época donde un marcado acento neoyorkino no podía oírse.
viernes, 6 de junio de 2025
La viajera
Firma esta película el director surcoreano Hong Sang-soo, autor también del guion. Me vais a quitar el título de cinéfila (pero no el de zinéfila), porque os voy a confesar que yo a este señor no lo conocía de nada, a pesar de que tiene unas treinta películas en su currículum, tal como he comprobado en la Wikipedia.
En fin,
nunca es tarde para hacer descubrimientos y juro que me ha entrado mucha
curiosidad por echarle un vistazo a algún otro de sus filmes. Quizás comience
por En otro país, de 2012, en el que
también cuenta con Isabelle Huppert como protagonista. Por si os interesa, está en Netflix.
Y tengo
que empezar hablando de ella, de la protagonista, de la viajera del título, porque
es omnipresente, porque aparece en casi todas las escenas y, cuando no aparece, la
conversación gira a su alrededor. Podemos decir que el peso de la película
recae absolutamente sobre ella, sobre el personaje protagonista y sobre la
actriz, la enorme Isabelle Huppert.
Huppert
a mí me inquieta siempre. Será porque no puedo olvidar sus interpretaciones en La cérémonie, Elle o La pianista, pero cuando está
en pantalla pienso que en cualquier momento, de una u otra manera, me va a
atacar, me va a asustar, me va a asaltar y no me relajo en toda la proyección.
Su personaje en La viajera no es tan agresivo como en estas otras tres
formidables películas que os he nombrado, pero no deja de ser un tanto
desasosegante.
La viajera es una señora de una edad casi provecta (Huppert tiene 72 años; está estupenda, pero son 72) que reside sola en Seúl, vive en casa de un jovencito (sin que lo sepa la madre de este) y se gana malamente la vida en un oficio del que no sabe nada: da clases particulares de francés mediante un método delirante que ha inventado ella misma.
Siempre viste igual, echa la siesta
sobre la hierba de los parques, entabla conversaciones extrañas con
desconocidos y bebe continuamente makgeolli, un vino de arroz coreano que tiene
menos alcohol del que yo pensaba y que se puede comprar en supermercados que
tenemos cerca de casa, pero que no voy a nombrar porque no les haría propaganda
ni aunque me la pagaran. Lo hay de sabores: fresa, plátano, etc. El que bebe la
viajera, que, por cierto, como personaje no tiene nombre, es blanco y parece
leche aguada. Nada apetitoso, vamos.
Repito
que la película entera gira en torno a ella y a lo que se va encontrando en su
deambular por las afueras de Seúl, con preferencia, como digo, por los parques;
todo eso que pivota a su alrededor os lo resumo a continuación en varias
apreciaciones sueltas.
La
viajera mantiene con sus alumnas de francés diálogos que se repiten palabra por
palabra, en un perfecto déjà vu, que quizá nos quiera decir algo sobre lo
aburridos y previsibles que son los surcoreanos en particular o sobre lo
aburridos y previsibles que somos los humanos en general.
Bien de
paseo por los parques bien porque se detiene a hablar con desconocidas, el tema
de conversación son a veces los poemas esculpidos en grandes piedras, como la que aparece tras Huppert en el cartel. Son poemas
en coreano que la viajera pide que le traduzcan al inglés o que, a petición de
una desconocida, traduce ella al francés. Los poemas son siempre autoría del
mismo escritor surcoreano y he aquí de nuevo el déjà vu.
Y ya
que hablamos de traducciones, hablemos de lenguas. La viajera es francesa, como
Huppert, qué casualidad; su lengua materna es el francés. Las gentes de Seúl
con las que trata hablan en coreano, que es el idioma oficial del país, y con
la viajera se comunican en inglés. En consecuencia, todos se expresan en una
lengua que no es la suya, lo cual confiere a los diálogos una torpeza, una
lentitud, un balbuceo como infantil que tamiza las relaciones y las envuelve en
una nebulosa de consistencia casi sólida.
Además,
estas conversaciones tienen lugar con uno, varios o todos los personajes de
espaldas a la cámara. Se me antoja que Hong Sang-soo, no contento con
despojarlos de sus lenguas de familia, les quiere quitar también los rostros,
aquello que los individualiza, para mostrarnos un mundo en el que unos seres
con la misma apariencia, que apenas se diferencian los unos de los otros,
hablan como máquinas tardas y reproducen continuamente las mismas
conversaciones. No sé si quiere decirnos que los coreanos son gentes uniformes
y parejas, en contraste con ese bicho raro exótico, ese perrito verde, que es
la viajera. No sé.
Cuando
me haya visto la filmografía completa de Hong Sang-soo, quizás me haya hecho
una idea más precisa sobre esto. Hasta entonces, recibid un abrazo de vuestra
amiga
Noemí
Pastor































