viernes, 6 de mayo de 2011

Del papel al celuloide: A Judgement in Stone (Ruth Rendell) y La Cérémonie (Claude Chabrol)


"Eunice Parchman asesinó a cuatro miembros de la familia Coverdale porque no sabía leer ni escribir."
Así comienza A Judgement in Stone (en adelante, AJIS), novela publicada en 1977 por Ruth Rendell y considerada generalmente uno de sus mejores trabajos, un agudo examen de las diferencias de clase en la Gran Bretaña de la década de 1970 y una alegoría de los tiempos en los que el filisteísmo y la ignorancia sustituyen a la religión y la cultura y el fanatismo religioso y la violencia se convierten en habituales.


Una novela de psicópata

Rendell escribe tres tipos de novelas: en el primer grupo tenemos novelas detectivescas relativamente convencionales, protagonizadas por el inspector Reginald Wexford; en el segundo, las mainstream novels (no acabo de dar con una traducción de esto que me satisfaga) que firma con el seudónimo de Barbara Vine; y en el tercero, las novelas que ponen el foco sobre el criminal; o sea, lo que yo llamo novelas de psicópata, que, en mi humilde opinión, son lo mejor de Rendell. A este tercer grupo pertenece AJIS.

Desde la primera página, desde la primera línea, sabemos quién es la asesina y a quién ha matado, lo cual en 1977 no era habitual. Declara Rendell en una entrevista de 2003 para la BBC que quería ponerse a prueba, ver si la gente seguía interesada por la historia después de saber quién había cometido el crimen y demostrar que no necesitaba crear suspense.


Analfabetismo y psicopatía

También desde la primera línea del relato sabemos que la protagonista, Eunice, es analfabeta y que su analfabetismo tiene algo que ver con que sea una asesina. A Rendell se le ocurrió construir la historia mientras consultaba el panel de los horarios de trenes en la estación de Liverpool Street de Londres. Pensó que si no supiera leer, no sabría a dónde iban los trenes ni a qué hora salían. Se acercó a un empleado y le preguntó: "¿A qué hora sale el tren para Ipswich?". El empleado le dijo: "¿No sabe usted leer?"

A mí me sucedió en el gimnasio que en la cinta de al lado se me puso una señora de entre sesenta y setenta años y me preguntó cómo podía hacer para que fuera más deprisa. Yo le contesté: "Tiene que darle usted al botón donde pone 'Velocidad'." Y ella me dijo: "Es que no sé leer".

Me quedé sin saber qué decir, aunque no era la primera analfabeta que conocía en mi vida, porque hay más gente iletrada de la que pensamos, sobre todo mujeres mayores que no fueron a la escuela lo suficiente. Donde vivía de niña tuve unos vecinos, marido y mujer, que tampoco sabían leer y escribir y eso no les impidió criar dignamente a unos cinco hijos, tener un empleo e incluso llevar una tienda de chuches. Me consta que se valían de trucos impensables para disimular su analfabetismo; por ejemplo, que no veían bien sin gafas, que es exactamente lo que hace Eunice en AJIS.

El analfabetismo es una especie de ceguera, de sordera, de aislamiento, de minusvalía. No es que Eunice sea psicópata por ser analfabeta, sino al revés: su psicopatía la lleva a rechazar la letra impresa como una amenaza. Su analfabetismo forma parte de una patología más amplia.


Las víctimas

Otra vez la primera línea de la novela nos pone en antecedentes (¡hay que ver cuánta información cabe en ese comienzo!): Eunice se carga a cuatro miembros de la familia Coverdale, que son el padre, la madre, la hija de veinte años y el hijo de quince. Eunice era su empleada de hogar; se dedicaba más que nada a limpiar su enorme mansión en East Anglia.

Los Coverdale era una perfecta familia de la alta burguesía rural y, como personajes, caen bien, aunque tienen un defectillo típico de su clase, que es precisamente lo que los lleva a la perdición, y y es que son demasiado protectores, paternalistas y condescendientes con la servidumbre; creen que saben lo que Eunice necesita y quiere, pretenden ayudarla por su bien y eso Eunice no lo soporta.


La otra asesina

Eunice trabaja de sol a sol en la mansión de los Coverdale y no conoce a nadie en el pueblo, pero un día hace una extraña amistad que también extrañamente florece y perdura. Se trata de Joan Smith, una verdadera chalada y más peligrosa que un cinturón con explosivos.

Rendell aprovecha a esta extraña pareja para darnos su sombría visión de las relaciones humanas:
En el fondo ambas consideraban que la otra parecía un mamarracho, pero esto no las separaba. Muchas veces la amistad prospera cuando ambas partes están seguras de su superioridad sobre la otra.
Rendell opina que los seres humanos nos sentimos reconfortados cuando vemos que nuestras amistades actúan mal, que cometen errores, porque eso nos hace sentirnos superiores. Así, Joan piensa que Eunice está gorda, se viste fatal, pasada de moda y sin gracia, y se siente superior porque se cree elegante y distinguida. Igualmente Eunice se siente bien cuando ve a Joan con sus tacones ridículos y sus minifaldas, a sus años, mientras que ella viste de forma adecuada a su edad.

Por si a alguien le interesa mi opinión al respecto, diré que no es tan desencantada como la de Rendell. Creo que la amistad prospera cuando no hay rivalidad, pero a eso se puede llegar tanto por caminos nobles como innobles.


Las hermanas Papin

Rendell las cita en AJIS:
La relación entre Eunice Parchman y Joan Smith jamás tuvo carácter lésbico. En nada se parecían a las hermanas Papin, que siendo cocinera y doncella de una madre y una hija en Le Mans, asesinaron a ambas en 1933. Eunice no tenía nada que ver con ellas, salvo que también era mujer y criada.
¿Conocéis la historia de las hermanas Papin? Por si acaso, os la resumo y os aviso: a pesar de las apariencias, no es ficción, sino un crimen real. El 2 de febrero de 1933, la policía municipal de Le Mans (Francia) encontró los cadáveres de dos mujeres, madre e hija, en su propia casa. Poco después, Christine y Léa Papin, criadas al servicio de las muertas, confesaron haberlas asesinado.

Las hermanas Papin trataron a sus víctimas como los libros de cocina de la época recomendaban hacer con los conejos: noquearlos con un golpe, sacarles los ojos para que se desangraran por el agujero, quitarles la piel, practicar ciertos cortes en las piezas gruesas y dejarlo todo bien limpito al terminar. Christine y Léa dejaron los cadáveres como platos listos para cocinar.

Desde el día siguiente, en que el suceso ocupó la portada del periódico local, se inició medio siglo en el que no se dejó de hablar de él ni de ofrecer todo tipo de interpretaciones, ya que las hermanas Papin fueron incapaces de decir por qué mataron a sus señoras. Siempre se habló de una folie à deux: durante todo el proceso judicial las acusadas no dejaron de repetir que no tenían nada contra sus señoras y que, si lo hubieran querido, podrían haber buscado otro trabajo, ya que eran buenas cocineras y, además, tenían ahorros.

Pero lo cierto es que Christine y Léa Papin siempre fueron extrañas: vivían en un aislamiento total en la mansión en la que servían y ni siquiera se trataban con los tenderos de su barrio, quienes las tenían etiquetadas de "raras". Estaban unidas por un afecto exclusivista y se habían jurado que ningún hombre las separaría jamás.

Los psiquiatras que las examinaron consideraron su crimen como una crisis de cólera que degeneró en furor. Dictaminaron también que no estaban locas. No obstante, Christine murió en la cárcel, cuatro años depués, de caquexia vesánica. En cambio, Léa salió de la cárcel y murió en 2001, en Nantes, con 89 años.

Aunque él siempre lo negó, Jean Genet se basó en la historia de las Papin para su pieza teatral Las criadas (1947), a partir de la cual Nikos Papatakis filmó en 1963 Les Abysses. En 1994 Nancy Meckler dirigió Sister My Sister y en 2000 Jean-Pierre Denis, Les Blessures assassines. En el mismo año 2000 Claude Ventura estrenó también una docuficción titulada En busca de las hermanas Papin.

Como veis, este crimen ha dado para mucho, y eso que no voy a citar todos los libros que se han escrito al respecto.


El humor

Volvemos a Rendell para decir que, aunque parezca mentira, consigue salpicar con gotitas de humor, muy británico, cruel y sutil, esta historia tan dura. Lo hace deliberadamente, claro, para suavizarla y ablandarla, para que no sea tan lúgubre. Eso es precisamente lo que les falta a los nórdicos, a los escritores negros escandinavos tan de moda últimamente, un poquitito de humor como un puntito de equilibrio, de luz en la oscuridad.

Rendell se ríe sobre todo de Giles, el hijo de la familia Coverdale, que sería un friqui de los setenta, cuando todavía no existía la palabra friqui. Es un adolescente excéntrico que no habla, solo lee sin parar, lo cual, claro, molesta especialmente a Eunice. Ambos personajes funcionan como contrapunto el uno del otro.

Otros toques de humor de la novela vienen cuando Eunice y Joan asisten a las ceremonias religiosas de los epifanistas. Resulta que Joan pertenece a este grupo religioso y arrastra a su fe a Eunice. Los epifanistas se reúnen más que nada para cantar himnos ripiosos compuestos por su fundador, un tal Camps, que no me consta que sea valenciano.

Bueno, en realidad no me consta nada, porque me temo que los ridículos epifanistas y su fundador son una total invención de Rendell: he buscado en la red y no he encontrado nada (bueno, a Camps sí, pero al otro), aunque si alguien de ustedes sabe algo de este grupo religioso, estaré encantada de salir de mi ignorancia.


Al celuloide

AJIS se ha llevado al cine dos veces. La primera, sin pena ni gloria, en 1987, cuando Rita Tushingham interpretó The Housekeeper, dirigida por su marido Ousama Rawi.

La segunda ya fue otra cosa: en 1995 Claude Chabrol filmó La Cérémonie, una de las pocas adaptaciones cinematográficas de su obra que gustan a Rendell. A Chabrol también le debió de gustar la experiencia, pues repitió con Rendell en 2004, cuando filmó La Demoiselle d'honneur, basada en The Bridesmaid, de 1989.

Chabrol hizo algunos cambios en la historia: trasladó la acción de East Anglia a la Bretaña francesa y también afrancesó los nombres de los personajes. O sea, que lo convirtió en uno de sus polars de provincias. Así, Eunice pasó a llamarse Sophie (qué cabrón el Chabrol, llamar 'sabiduría' a una analfabeta; Chabrol es cruel con ella, y Rendell también lo fue: desde el principio del relato la protagionista es una presencia tóxica) y rejuveneció unos veinte años y Joan se convirtió en Jeanne, pero la señora de la casa, Jacqueline, siguió llamándose Jacqueline y, además, fue interpretada por Jacqueline Bisset, con lo que conservó un toque británico.

De asesinas hicieron estas dos pedazos de bestias interpretativas que son Sandrine Bonnaire (Sophie) e Isabelle Huppert (Jeanne) y de hija de la casa, una yogurina Virginie Ledoyen.

Otra cosa que conservó Chabrol fue la mirada compleja sobre la cultura y los conflictos de clase. Bromeaba diciendo que La Cérémonie era "el último film marxista".


Isabelle Huppert

Chabrol cambia también otra cosa: da más protagonismo a Joan-Jeanne, aunque solo sea por el hecho de que concede el papel a su estrella Isabelle Huppert. Huppert se encarama hasta el primer lugar en la lista de intérpretes, por encima de Sandrine Bonnaire, a pesar de ser la protagonista, y se come la historia hasta el punto de que, por ejemplo, servidora de ustedes, cuando piensa en esta peli, piensa en Huppert y su personaje, sin recordar que la prota es Bonnaire.

Es que Huppert es muy importante para Chabrol, hasta el punto de que caracteriza una de las cuatro etapas de su filmografía, concretamente la tercera, la de su colaboración con el productor Marin Karmitz. Huppert trae a esta etapa un tipo de mujer que no había aprecido en los anteriores films de Chabrol, unos personajes femeninos que controlan totalmente el relato cinematográfico.

En esta etapa Chabrol se convierte en un women's director. Esto decía al respecto: "Siempre me ha gustado rodearme de mujeres. Una mujer que se enfrenta al poder masculino es un asunto narrativo inagotable". Pues va a ser que sí.


Thrillers, psicoanálisis y lucha de clases

A Chabrol, como a Rendell, le interesan de los thrillers no tanto la trama ni el suspense como la psicología del crimen. Dice concretamente que lo que le atrae es "la confrontación entre personajes e historia". Así, en La Cérémonie colaboró con Caroline Eliacheff, psicoanalista y guionista.

Llega a decir Chabrol que esta película no tiene en realidad argumento, sino que se trata sencillamente de personajes que van poco a poco revelándose y haciendo evolucionar sus relaciones. Lo siento, señor Chabrol, pero no me lo creo.

La Ceremonia también supone el regreso de Chabrol a los asuntos políticos. Decía en una entrevista que quería mostrar, una vez más, a la burguesía de provincias en un sistema social que está a punto de implosionar; no de explosionar, como sucede en La Haine, de Kassowitz, sino de implosionar, de reventar hacia adentro y autodestruirse.

Hay quien ha definido La Ceremonia como un relato estilizado sobre la lucha de clases, una visión esquematizada, plagada de espejos que marcan la separación entre dos mundos.


El título

AJIS es el único libro al que Rendell no ha puesto título por sí misma. Al parecer, no se le ocurría ninguno, este se lo dio un lector de su editorial y ella lo aceptó, sin más, pero no lo considera un buen título.

En realidad, parece no gustar ni a Rendell ni a nadie, porque todo el mundo lo ha cambiado.

Ya hemos visto que la primera peli se tituló The Housekeeper.

En Francia la novela se publicó como L'Analphabète. En Italia la titularon La morte non sa leggere (de verdad, no quiero caer en el estereotipo, pero los italianos son únicos retitulando cosas) y la versión en alemán fue fiel al original: Urteil in Stein.

En España, AJIS salió en los Jet de Plaza & Janés como La mujer de piedra y, tras la peli de Chabrol, volvió a salir en la misma colección con el título de La ceremonia. Um, eso es trampa.

¿Y a mí cuál me gusta más? Pues La ceremonia, porque es opaco, intuitivo, interpretativo y no sé muy bien a qué se refiere, pero creo que a la escena final.

Y con esta entrada tan tocha se despide de ustedes hasta el mes que viene su amiga

Noemí Pastor

15 comentarios:

Saraiba dijo...

Me las apunto!! Uff! Tengo una lista interminable ^^

Manderly dijo...

La verdad es que no doy a basto entre películas y libros. Necesito más tiempo!
Sin haber leído nada de Rendell, creo que me gustaría.
Me gusta Agatha Christie y de los contemporáneos he leído un veintena de novelas de Dean Koontz. Como ya te comenté, apunto a Rendel en la lista.
Saludos!

Noemí Pastor dijo...

Hola, SARAIBA. Tampoco es obligación verse y leerse todo lo que publicamos aquí. Ahora bien, con esta novela y esta peli estoy casi segura de que vas a disfrutar mucho.

Noemí Pastor dijo...

Hola, MANDERLY. Rendell es muy para todos los públicos, aunque no tiene nada que ver con Christie. A Koontz no lo he leído, sorry. Más besos.

troyana dijo...

Por finnnnnnnnnn,puedo entrarrrr!
Vaya por delante,Noemí que he disfrutado mucho de tu entrada.Como le dije a Bruja un día,se nota cuando alguien disfruta,y tú hablando de novela negra,de asesinatos,estás como pez en el agua,si a eso le sumas la conexión con el cine,pues eso,es un placer leerte.
De todo lo que nos traes,me temo no he visto ni leído nada,sin embargo las historias me parecen de lo más interesantes y no me extraña que los cineastas se hayan fijado en ellas para llevarlas a la pantalla:la historia de las hermanas,de la asistenta....
la relación entre analfabetismo y psicopatia,me parece de lo más curiosa y entendible porque hasta cierto punto el analfabetismo como dices puede tratarse de un obstáculo que incapacita,una "discapacidad" que en algunos casos puede derivar en aislamiento y desconfianza.
Por otro lado existe cierto rencor entre clases todavía.Me resulta verosímil la idea de que ese rencor en algunos casos derive en agresión.Odio entre clases,bien de los pobres hacia los ricos,bien de los ricos hacia los pobres.
Un odio que cuando hay una relación laboral de por medio,relación de interdependencia,puede incluso verse alimentado y acrecentado.
Todas estas historias pedían a gritos una adaptación cinematográfica.
saludos!

Bruja Truca dijo...

He entrado por donde he podido. No sé que le pasa a esto...en fin.

Una entrada magistral, Noemí. La verdad es que lo cuentas de una manera que dan ganas de saber toda la historia y como termina. A mi me en esta ocasión me atrae más el libro que la pelicula. Ese comienzo promete mucho.

La historia de las hermanas es totalmente perturbadora e inquietante, Como dice Troyana es muy interesante la conexión entre analfabestismo y psicopatía (no sé si se dice así).

Genial. Saludos!

Noemí Pastor dijo...

TROYANA, a pesar de lo que dice Chabrol (o decía, que el pobre ya murió), yo en esta historia no veo lucha de clases, sino psicopatía, y el analfabetismo es un añadido desencadenante. Pero, en fin, es mi interpretación y es una historia tan densa que caben muchísimas más.

Noemí Pastor dijo...

BRUJA, cómo termina ya lo dice la frase inicial. Lo bueno es saber cómo empieza y qué demonios pasa para que acabe en masacre.
La novela es bastante buena y siempre que pasa algo así, da miedo que hagan una peli, por si decepciona, pero te aseguro que el bueno de Chabrol está a la altura y la peli es magnífica.

LU dijo...

Buscando este libro en el catálogo de la biblioteca lo encuentro bajo otro título (literal): Un juicio de piedra [traducción, Adela Miró Sans]
Ed Noguer, 1986, Barcelona, 2º ed. Lo leeré y también veré la adaptación de Chabrol. Me encanta Isabelle Huppert.

Valiente al dejar claro quien es el asesino, y cargarse el suspense ya al principio. La psicología del criminal, su forma de ser, de pensar, cómo se llega a cometer un crimen, o más, la culpabilidad si la hay, el arrepentimiento, la vida que continúa… Es fascinante la mente del asesino, sus razones o sinrazones…

Sentido del humor, desde luego en el polo opuesto a algunos autores nórdicos, y lo bien que le sienta a este tipo de trama. Para eso lo británicos son únicos.

El analfabetismo, supuestamente erradicado e invisible, que tan al margen ha dejado a algunas personas. En su momento me impresionó cómo se abordaba este tena en el libro El lector de Bernhard Schlink:

“Durante aquellos años yo había leído todo lo que había encontrado sobre analfabetismo. Sabía de la impotencia ante situaciones totalmente cotidianas, a la hora de encontrar el camino para ir a un lugar determinado o de escoger un plato en un restaurante; sabía de la angustia con que el analfabeto se atiene a esquemas invariables y rutinas mil veces probadas, de la energía que cuesta ocultar la condición de analfabeto, un esfuerzo que acaba marginando a la persona del discurrir común de la vida. El analfabeto es una especie de minoría de edad eterna.”

Sensacional entrada.

Biquiños

Noemí Pastor dijo...

Tienes razón, LU. Tenía noticia de ese otro título, pero había olvidado reseñarlo.
Me han entrado ganas de retomar a Schlink.
Hay más analfabetismo de loq eu creemos, sin esntrar ya en el analfabetismo funcional. Los centros de educación para adultos, por ejemplo, están llenos de señoras mayores que no pudieron ir a la escuela de niñas.
otro dato. La comunidad española con la tasa más alta de analfabetismo es Canarias.

Maribel dijo...

Leí la novela hace algún tiempo pero me impactó más la película. La ceremonia de Chabrol es fascinante porque no es sólo acción a la americana, sino que se detiene en los detalles del comportamiento de las dos mujeres. El desencadenante del crimen para mí es la conjunción explosiva de las personalidades de Jeanne y Sophie. A Jeanne la mueve la envidia y el modo de vida de los Lelievre la llena de resentimiento. En Sophie es su orgullo el que convierte en insoportable la vergüenza de que su analfabetismo sea desvelado. Todo esto se muestra en esas escenas en las que Sophie intenta desesperadamente esconder su problema, su fascinación por la televisión, el interés de Jeanne por conocer todo lo relativo a la familia Lelievre; su correo, su casa… Y el estrecho y enfermizo vínculo que se va forjando entre ellas dos.

Saludos

Noemí Pastor dijo...

Hola, Maribel, muy interesante lo que cuentas. En la novela Joan está más pirada, más desequilibrada, es más fanática religiosa; en la peli es más resentida social.
Sphie-Eunice está obsesionada por su "tara" y se retuerce sobre sí misma para ocultarla. Aunque en la novela también mata por otoros motivos.
Quise escribir un apartado sobre el papel de la televisión en la historia, pero ya me salía la entrada muy larga. De todos modos, me interesaba lo de la tele, porque la tele, en general, me interesa bastante y porque su función en la historia da mucho juego. En fin, otra vez será.

Bargalloneta dijo...

Por fin he podido pulicaaaaaaaaaar!!!
Impresionante historia, tengo los pelos de punta...
magnifico apunte!!!

Noemí Pastor dijo...

MARIBEL, te contesté, pero el comentario se ha borrado: es que Blogger ha andado un poco tronao últimamente. Decía que Joan-Jeanne en la novela es más psicópata y fanática religiosa y en la peli es más resentida social. También la prota en la novela ya había asesinado antes de entrar al servicio de la familia Coverdale. En la peli, ahora no lo recuerdo. Pero en las dos sucede algo muy típico de las novelas de Rendell: las situaciones, aparentemente normales al principio, se complican, se complican y al final estallan. Un placer leerte.

Noemí Pastor dijo...

BARGA, vaya, por fin nos comunicamos. Quizás yo me he detenido en los detalles más escalofriantes, pero la novela y la peli se pueden leer y ver con placidez; tienen otros ingredientes que las aligeran y las enriquecen.