viernes, 5 de septiembre de 2014

House of Cards

House of Cards (HOC), serie televisiva norteamericana que podemos encasillar como thriller político, es una creación de Beau Willimon, su guionista y productor, quien la adaptó de una anterior miniserie de la BBC, basada en una novela de Michael Dobbs.
La primera temporada, de trece episodios, se emitió en el canal de streaming Netflix el 1 de febrero de 2013. La segunda, de otros trece, el 14 de febrero de 2014. Un poco antes de este segundo estreno, Netflix anunció que habría una tercera temporada.
Algunos episodios de HOC vienen dirigidos por David Fincher, un tipo cuyas pelis no es que me gusten demasiado, la verdad. En la tercera temporada, que se estrenará previsiblemente en febrero de 2015, dirige algunos Agnieszka Holland.

El bueno de Frank
HOC se desarrolla en el presente en Washington DC, en un presente, además, que se nos vende con toda la apariencia de realidad y verosimilitud posible, a lo cual ayudan los cameos de conocidos periodistas y analistas políticos, que aparecen los episodios as himself o as herself.
Con todo, la serie no se ha rodado mayoritariamente en Washington, sino en Baltimore y otras zonas de Maryland. Algunas escenas, sin embargo, sí se han filmado en la capital del reino, como una falsa caravana de vehículos oficiales y escoltas en la tercera temporada o esta escena que os pongo en la foto, en el metro de Washington, en una estación que recuerdo muy bien de mi estancia allí hace dos años (cómo no voy a recordar esa arquitectura impactante), pero no tan bien como para precisaros su nombre. Sorry.
Su protagonista es Frank Underwood (Kevin Spacey), congresista demócrata por Carolina del Sur y jefe de su grupo parlamentario. En cuanto comienza la serie aspira por un puesto de secretario de estado; no lo consigue y, en venganza, teje una red de confusiones, manipulaciones y mentiras que lo llevan a convertirse primero en vicepresidente y luego en presidente de los Estados Unidos. No se anda con bobadas.
Y para que desde el mismísimo principio nos quede claro quién es Frank Underwood y de qué es capaz, en la primera escena lo vemos rematar con sus propias manos a un pobre perrito recién atropellado que yace moribundo en la carretera, mientras nos explica que hay ocasiones en esta vida en que es absolutamente necesario hacer cosas malas para conseguir un bien mayor. Es su lema. Glups.
¿Cómo nos lo explica? Para que no lo aborrezcamos del todo, usa un truco infalible: miente y manipula a todo el mundo, menos a nosotras y nosotros, los espectadores; a menudo rompe la cuarta pared, mira a cámara y nos transmite sus pensamientos. En ocasiones no tiene ni que hablarnos: la mirada que nos lanza lo dice todo.

La dulce Claire y otras chicas de la pandilla
Claire Underwood, la esposa de Frank, dirige una ONG llamada Clean Water. A menudo ayuda a su marido en sus diabólicas intrigas, pero, si sus objetivos se contraponen, no duda en traicionarlo para salirse con la suya. Pues buena es Claire. De hecho, es responsable de algunas de las escenas de la serie que peor cuerpo te dejan. Y, como sucede con Frank, para que desde el comienzo sepamos con quién tratamos, la vemos despedir sin pestañear a la mitad de su plantilla.
Claire es impávida y fría como febrero en Burgos. Y bella, muy bella. Robin Wright, a sus cincuenta años, aparenta cincuenta años y luce hermosísima con todas sus arrugas.
Me da pena que en la segunda temporada Claire deje su poder en la ONG para dedicarse a ser segunda dama. Pasa lo mismo con otros personajes femeninos, que, metidos en un mundo verdaderamente brutal y horrible, acaban renunciando, abandonan y se van, por no acabar, como otras, asesinadas.

Otra forma de ver televisión y de hacer cine
Según declaraba David Fincher a Hitfix, estaba deseando hacer  televisión porque le interesaba su formato de larga duración, que, entre otras ventajas, da pie a trabajar caracterizaciones complejas.  Así es:  la televisión interesa a los creadores porque los libera del estricto formato (hora y media, dos horas) del cine comercial.
Además, sigue diciendo Fincher, ha cambiado la forma de ver televisión: ya no existen las audiencias cautivas que se arremolinaban un día a la semana ante su serie favorita. Por eso Netflix ha emitido las dos temporadas de HOC completas, los trece episodios de golpe.  Al respecto, Beau Willimon no duda de que el streaming es el futuro: “La televisión ya no será la televisión; dentro de cinco años todo el mundo emitirá en streamig”.
¿Acertará?

Noemí Pastor

12 comentarios:

loquemeahorro dijo...

Kevin S. es uno de los mejores actores que he visto nunca, especialmente dotado para los papeles más complejos, sentía no verle ya casi en cine, y menos en papeles importantes. Más difícil aún resulta ver a una mujer de 50 años en una película comercial, con un papel principal, así que ¡bienvenidas sean las series! (por este y por muchos más motivos)

Otra de esas series que no veo porque francamente no sé cómo (legalmente) ¿se puede acceder a Netflix desde España? ¿y podría verla con subtítulos en español "no latino"?

Noemí Pastor dijo...

Una mujer de 50 que aparenta 50, no como otras. Y qué papelón tiene.
Si entras en en Netflix, verás un mendaje que dce que el servicio no está "avaliable in your country". Pero creo que dice "de momento".
Yo lo que he hecho ha sido ir a la tienda y comprarme los deuvedés. Merece la pena.

Doctora dijo...

La primera vez que oí hablar de esta serie estaba centrada en Breaking Bad y no me apetecía ver más dramas. Me gusta Kevin Spacey y todo el mundo dice que está muy bien, pero no me van las movidas de política, así que la he ido dejando. Seguramente si la veo me acabe enganchando, a ver si me decido :)

Noemí Pastor dijo...

Hola, DOCTORA. No es estrictamente política, sino un juego de poder, que podría desarrollarse en una empresa, en un periódico, en un reino imaginario, en unas guerras....
Es lo de siempre: hasta que no veas uno o dos episodios, no sabrás si te gusta o no. Bienvenida al grupo y besos.

Raimundo Rubio dijo...

Hay que desayunar café americano con costillas para disfrutarla.

Noemí Pastor dijo...

Ji, ji. Yo la he disfrutado (y a ratos padecido) sin costillas ni café americano, pero seguro que como tú dices, se disfruta más. Musu handi bat.

TRoyaNa dijo...

Pues no tenía ni idea de la serie,pero me gusta mucho tanto Kevin Spacey como Robin Wright,me parece un buen punto de partida.En cuanto a los 50,es bastante lamentable que los papeles protagonistas femeninos vayan a parar a las actrices más jóvenes,así que celebro que Wright,comparta aquí protagonismo con Spacey.
Por otro lado,las relaciones de poder-sumisión me resultan interesantes porque además,como tu comentas,se pueden observar en los ámbitos más diversos,tanto públicos como privados.

Noemí Pastor dijo...

Hola, Troyana. Si te gustan esos dos, vas a disfrutar la serie, seguro, porque dan lo mejor de sí mismos.
Parece ser, como dices, que buenos papeles para señoras de 50 últimamente solo los hay en la televisión.
Esta serie no va tanto de sumisión como de poder y de intrigas, mentiras, traiciones y crímenes para conseguirlo.
Besos.

laesti dijo...

A mí la serie no me enganchó nada, la verdad. Me dejaba totalmente fría el juego de poder de Spacey y señora y no sentía ninguna empatía ni por ellos ni por la periodista...
Me alegra un montón que también comentéis series y aprovecho para recomendar Fargo, digna heredera de Breaking Bad.

Noemí Pastor dijo...

Hola, laesti. Pues a mí me impresionan hasta los títulos de crédito; y no soy fácilmente impresionable.
Gracias por tus recomendaciones. Tomo nota.

Manderly dijo...

No he visto esta serie pero Kevin Spacey me gusta mucho.
No soy de muchas series.
Saludos.

Noemí Pastor dijo...

Hola, MANDERLY. Parece que sobre Kevin Spacey hay consenso: a todo el mundo le gusta. Sobre la serie, no tanto, pero eso es lo bueno.
A mi siempre me ha gustado mucho la tele, incluso cuando no era guay ni cool.
Besos.