«Alguien puede llegar a
la política por muchos motivos. Unos más legítimos, otros menos. También por
error, por desidia, por no saber decir
que no. Por estar en el lugar preciso, en el momento preciso. O en el lugar
equivocado, en el momento equivocado… ». Claudia
Piñeiro, «Las maldiciones».
Yo llegué a esta serie por
casualidad, por alguna recomendación que leí no sé donde, y me convenció de
inmediato cuando vi que se basaba en una novela de Claudia Piñeiro.
Es original y diferente. Un
thriller político dirigido por Daniel Burman y Martín Hodara con referencias,
como no, a House of Cards. Cuenta una historia peculiar y la cuenta de
un modo peculiar: con unos giros geniales y solo tres capítulos; no se alarga
innecesariamente para que encaje mejor en el formato estándar.
Leonargo Sbaraglia interpreta
a Fernando Rovira, un político corrupto a más no poder, cuya hija es secuestrada
la víspera de la votación de una ley crucial para sus propios intereses
económicos. Gustavo Bassani encarna al secuestrador, Román Sabaté, un personaje
que empieza como secundario y va creciendo de manera inimaginable. Alejandra
Flechner hace un papel maravilloso como la madre de Rovira —hechicera y adivina
en la novela y simplemente bruja en la serie—. También es reseñable la
actuación de la niña Francesca Varela, víctima del secuestro.
Se habla de lo universal desde
situaciones muy particulares. De humanidad y deshumanización, de corrupción,
traición y codicia. De familia, maternidad y paternidad. De ecología, de agua y
de litio.
Es cierto que se han suprimido
algunos elementos importantes de la novela, como la «maldición de Alsina», que
es una creencia popular según la cual ningún gobernador de la provincia de
Buenos Aires ha ganado unas elecciones presidenciales por el conjuro de la
hechicera la Tolosana. Lleva el nombre de Adolfo Alsina, quien fue gobernador
bonaerense entre 1866 y 1868 y aspiró a la presidencia en tres ocasiones sin
llegar a alcanzarla. En la novela, Rovira pretende burlar la maldición
dividiendo Buenos Aires en dos provincias, aunque eso no es lo esencial, el
verdadero meollo es cómo pueden los gobernantes sustituir el sentido común y el
interés general por creencias
sobrenaturales y supersticiones; por no hablar de las mentiras y la postverdad.
También se echan de menos dos
personajes carismáticos de la novela: el tío Adolfo, radical convencido y admirador
de Alfonsín; y la China, una periodista sin mucha suerte que ayuda a Sabaté.
Como remate, la banda sonora
de Hernán Segret y Nico Cota. Os recomiendo que estéis atentos en el principio
del capítulo uno, a la preciosa versión del clásico Qué sera, será; versión
que en realidad se se creó para la serie From y aquí viene genial como metáfora
del destino y la superstición.
Almudena Fernández Ostolaza
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