viernes, 25 de octubre de 2019

Agua de otra época: Un día de Lluvia en Nueva York

Existe gente que va a ver películas de Woody Allen como un ritual: van cada año, no importa cual.

Hay otros que siguiendo el ritmo de la política social del momento: las boicotean, sin molestarse.

Otros mostramos interés, y si conviene, vamos.


Con esto dejo claro, que Woody Allen es un director de referencia para mí, pero desde hace ya bastantes años, me cuido de, al menos, saber ligeramente de qué va a ir lo que voy a ver. Aún recuerdo con espanto aquella pesada Melinda y Melinda, o el nihilismo irritante de Si la Cosa Funciona...y viendo que pocas cosas suyas pueden volver a tener la magia de antaño, salvo excepcionalmente Midnight in Paris, me las planteo como películas de sobremesa, y voy si parece que vayan a resultarme entretenidas, como ya me sucedió con Magia a la Luz de la Luna. Así, un sábado por la tarde, en un día frío y lluvioso, muy común donde vivo, pedí mi entrada para la última del realizador neoyorkino: Un día de Lluvia en Nueva York, un título que presagiba que seguiría con humedad dentro del cine, pero al menos sin necesidad de mojarme los pies.


Woody volvía a Nueva York después de una tournée obligatoria por tierras extranjeras. Aunque había visto su serie de Amazon, que sucedía en la Gran Manzana de los años 60, parecía que esta última cita con su ciudad, nos iba a ser vetada porque vivimos en tiempos feroces, y a veces justificados, del #MeToo, y sin entrar en polémicas con una persona que incluso ha ido a los juzgados, finalmente el film ha sido estrenado en Europa.


Rodeado de un casting solido con el nuevo It-Boy de Hollywood, Timothée Chalamet, rodeado de Elle Fanning, la otrora niña-actriz Selena Gómez, y los más veteranos Liev Schreiber, Jude Law, Diego Luna y la habitual Rebecca Hall, Allen nos cuenta una historia sencilla, sobre dos jóvenes universitarios (Chalamet y Fanning), que con inocencia deciden ir a Nueva York por una entrevista que ella debe hacer, y pasar un día en la ciudad.


Lo que comienza de forma sencilla, con un protagonista masculino que es la clásica reencarnación de Woody Allen, y un personaje femenino que es parte de los tópicos de la rubia poco inteligente, nos hacen viajar a un mundo extraño, porque se ve como el actual, pero su corazón quizá está más en los años 50, con un balance que se mueve entre la ingenuidad y el candor, hasta cierto gusto a antaño, que resulta poco habitual en las pantallas de hoy en día.

Esto no resulta negativo, si no más bien lo contrario, pues nos aleja de lo que normalmente nos encontramos en el cine. Es una especie de fabula irreal, de cuento dulce con algún golpe un poco amargo..


Los personajes no son muy profundos, y muchas veces son retratados con brocha gorda, cayendo dentro del tópico. Quizá se escapan de esta imagen, como se puede suponer claramente, el protagonista, Gastby Welles, que con ese nombre homenajea al chico de barrio rico que es, con mucha imaginación y cierta propensión a despreciar sus orígenes, pero sin dejar de aprovechar sus privilegios en cierto grado, como incluso le recrimina la protagonista femenina, una antigua conocida, que también es el otro personaje que está bien retratado: Shannon, que es un buen descubrimiento, porque aunque crees que será la "Manic Pixie Girl" de turno, acaba siendo mucho más profunda e intersante.


¿Es consciente Allen de estos hechos?¿Son sólo ellos los que merecen un retrato con más detalle mientras que el resto son más una imagen lluviosa que sirven a la acción solamente? Eso nos parece, porque aunque regalan buenos momentos y alguna divertida línea, no son más que medios al servicio de lo que se quiere contar. Es curioso pues, que al final del film aparezcan dos personajes femeninos secundarios (uno esperado a lo largo del film y otro fortuito), que tienen carisma e impactan en la historia.


El retrato de Gastby y sus vivencias, nos recuerda un poco a su homónimo literario, y como hemos dicho, parece pertenecer a un mundo que no existe. Un mundo entre la realidad de esa "upper class", la universidad elititista, y la neurosis del mundo del cine que se muestran en la historia.

Sólo puede decir una cosa negativa, y es que quizá hay un pequeño problema que se siente a lo largo del film, y es que llama la atención lo poco actual que son los jóvenes que aparecen en el mismo. Ninguno es adicto a las redes sociales o teléfonos, y esto hace que resulten poco reales, pero especialmente, el protagonista, pues es bastante difícil de creer que alguien de su edad, de la generación, ya Z, parezca de tan otra época, tenga una cultura tan basta de cosas de los años 40, porque aunque sepamos que pertenece la élite, eso no explica esa pasión por el pasado.


Pero bueno, si obviamos ese hecho, que no sabemos si es una cosa hecha a conciencia por el director, o simplemente, el reflejo de que el mismo tiene más de 80 años y no está conectado con el mundo más moderno, la película es un buen entretenimiento con poquísimo drama y una reflexión acerca de lo que creemos ser y lo que finalmente somos.

No digo más, sólo que vayais a verla. Os la recomiendo.

Trailer
Carmen R

domingo, 20 de octubre de 2019

67 Festival de Cine de San Sebastián


Este año, como siempre, acudí muy ilusionada a la 67 edición del Festival de Cine de San Sebastián. Comenzó el día veinte de septiembre, mi cumpleaños. Un regalo estupendo que me dedica la ciudad. Fue una buena semana, vinieron amigos que también son habituales del festival y disfruté mucho de esos cafés y esas cañas discutiendo si nos había gustado o no alguna película, qué habíamos entendido de una historia enrevesada y aconsejando a los demás a favor o en contra de alguna peli.
Pero este año me han gustado menos de las películas. No sé si me equivoqué en la selección, si estaba yo poco entusiasta o si el nivel era peor, el caso es que he visto mucho ladrillo, algunas buenas, pero ningún peliculón. Es cierto que no vi La trinchera infinita de la que todo el mundo habló muy bien, ni Pacified, que se llevó la Concha de Oro, pero os voy a resumir un poco mi experiencia, por si os ahorro algún ladrillo y os aconsejo alguna peli pequeña y bonita.
Mientras dure la guerra,
excelente Karra Elejald
Comencemos con la sección oficial. Se inauguró el festival con Blackbird, remake de El corazón silencioso, una película danesa que estuvo en el festival hace unos años.  Es la historia de una mujer con una ELA que decide pasar un fin de semana en familia antes de acabar con su vida. Podría haber sido una historia sensiblera, pero está muy bien contada, tiene un guion excelente y los intérpretes están geniales, especialmente Susan Sarandon y Kate Winslet. Empezaba bien el festival y me vine arriba, pero rápidamente se me bajó la alegría con The audition, de Ina Weisse. Esta película entusiasmó a algunos amigos cinéfilos, pero a mí las vicisitudes de una profesora de violín obsesiva entregada a la formación de un alumno brillante me parecieron soporíferas. Eso sí, Nina Hoss está muy bien y merece la Concha de Plata por su interpretación de profesora loca. Me interesó Adults in the room, película de Costa Gavras que se proyectó con motivo de la entrega del premio Donostia al director. No sé si tanto como película como porque la historia de Varoufakis me parece tan interesante como desoladora. Mientras dure la guerra, de Amenabar, es una buena película, no un peliculón, pero es interesante, muy bien interpretada por Karra Elejalde y, contra muchas opiniones, creo que todavía hay mucho que contar sobre la Guerra Civil. Próxima de Alice Wincour también me gustó. Es la historia de una mujer astronauta que está a punto de partir en un proyecto espacial a Marte que durará un año. La mujer es madre de una niña de unos siete años y, como podéis suponer, no es lo mismo ser astronauta que astronauto. Interesante. Ahora estáis pensando "pues no estuvo tan mal", pero ahora os cuento The other Lamb, de Malgorzata Szumowska.e llevó mi premio a ladrillo del festival. Claro que eso quizás es porque yo no vi Vendrá la muerte y tendrá tus ojos de José Luis Torres Leiva. Mi compañera de blog no la aguantó entera y a todos les que oí les había espant Una peli de sectas, con ovejas, pastores y bosques. Insufrible. El mensaje era obvio, el ritmo lentísimo y sado. Rebordinos dice que a la crítica argentina le ha parecido muy interesante. Vosotros veréis, estáis avisados.
Los corderos, solo en silencio
Vi dos adaptaciones de novelas que había leído recientemente y que me habían encantado, pero me decepcionaron. La odisea de los Giles de Borensztein está basada en La noche de la usina y, pese a tener estupendos intérpretes, no consigue ser la película que el libro merecía. Lo mismo le pasa a Y llovieron pájaros, era difícil captar la poesía de la novela y resulta un poco lenta. A lo mejor, si no los habéis leído, os gustan.
De Zeroville solo puedo decir que a James Franco se le ha ido la cabeza. La historia empieza bien, con un tipo que llega a trabajar a Hollywood el día del crimen de Sharon Tate (está de moda el momento). Es un hombre fascinado por el cine que lleva tatuados en la cabeza a Montgomery Cliff y Elizabeth Taylor. La historia empieza a desbarrar y aquello se convierte en un disparate que no sabe cómo acabar. Huid.
Rocks, adolescentes inglesas
Tampoco me gustó mucho Thalasso, de Guillaume Nicloux. Mete en un balneario a Michael Houllebecq y a Gerard Depardieu que se dedican a hablar y hacer tonterías, a ratos graciosas. Me pareció de esas pelis que son como los chistes de guionistas, muy divertidas para ellos, pero no sé qué nos quería contar. Con dos personajes tan polémicos juntos, esperaba algo de más interés.
He debido sufrir una regresión, porque las películas que más me han gustado en esta edición son todas de adolescentes. Rocks de Sara Gavron nos muestra a un grupo de chicas en un barrio deprimido de Londres. A la protagonista, Rocks, su madre la abandona con su hermano pequeño dejando una nota y un poco de dinero. Es una historia de supervivencia y de lazos de amistad que, aunque es dura, da un poco de esperanza.
Diecisiete,
otra buena película sobre adolescentes
Diecisiete, de Daniel Sánchez Arévalo, es una peculiar road movie de dos hermanos, uno de ellos con Asperger, donde a través de un viaje buscando a un perro se nos cuentan muchas cosas sobre la familia, el amor y la dificultad para encajar.
La tercera joya de adolescentes es La inocencia, esta no era de Sección Oficial, sino de Nuevos directores. Lucia Alemany nos demuestra que con poco presupuesto, un tema sencillo, buenos actores (algunos aficionados) y un poco de gracia se puede contar una historia sobre los problemas de la adolescencia que encandila al público en la sala. Hay mucho talento rondando por ahí…
La inocencia.
Nuevas directoras que molan

Para terminar, porque no me da para contar las otras secciones, Patrick, de Gonzalo Waddington, una historia sobre un joven secuestrado en la infancia que aparece años después y las consecuencias en él y su familia de 12 años de separación. Interesante, aunque un poco lenta y La hija de un ladrón (Belén Funes), por cuya interpretación Greta Fernández se llevó una merecida Concha de Plata. La descripción de la anterior se puede aplicar a esta. El tema es interesante, transmite emociones, pero hay algo en la forma de contarlo que no me acaba de enganchar. Y hasta aquí puedo contar, que con lo amiga que soy del resumen, hoy me he enrollado como una persiana.
Mona Jacinta

viernes, 11 de octubre de 2019

El Sacerdote (1978) vs The Priest (1994), o pelis de curas

Hoy os traigo dos pelis que tratan sobre unos sacerdotes de una religión muy concreta, la católica, en un momento en que su fe flaquea. Su fe flaquea porque la carne, que no es tan débil, les puede y el entorno represivo donde se desarrolla su apostolado les hace casi imposible continuar con su sacerdocio.   

El sacerdote (1978)

Simón Andreu vestido para oficiar.


Película española de Eloy de la Iglesia rodada durante la explosión de libertad de la no tan modélica transición  quizá demasiado escandalosa para la época, aunque estaban en pleno destape, con escenas innecesariamente eróticas  y desnudos sin venir a cuento sólo para sacudirse de encima tantos años de represión sexual (Entre otras represiones). 

Obsesión erótica del cura (Esperanza Roy y José Manuel Cervino)

Precisamente de esto va este drama con tintes de comedia. El padre Miguel (Simón Andreu) es un sacerdote en la treintena que empieza a obsesionarse con el sexo. Ve erotismo en todas partes y siente una atracción vertiginosa. Su historia transcurre en la segunda mitad de los años 60 en esa España franquista a la que le cuesta aceptar los cambios que el concilio vaticano II ha traído para los católicos. El padre Miguel aún viste con sotana mientras curas jóvenes y entusiastas como el padre Luis (Emilio Gutiérrez Caba) representa a la iglesia moderna de los curas obreros de izquierda a punto de empaparse de la telología de la liberación.

¿La última cena en la casa cural?

El padre Miguel se siente obsesionado por una atractiva mujer y devota creyente, Irene (Espranza Roy), que le cuenta en el confesionario sus dudas acerca del diferente uso que hace del matrimonio con su esposo porque la iglesia le prohibe los anticonceptivos. El deseo de la carne martiriza al sacerdote que no duda en usar cilicios para autoflagelarse y reprimir ese deseo carnal prohibido por la iglesia. En la casa parroquial donde vive conviven varios sacerdotes, quizá demasiado caricaturizados, que representan las disyuntivas de la iglesia en aquel momento postconciliar. Tenemos al cura nacionalcatólico, al cura izquierdista, al cura que quiere casarse y colgará los hábitos, y al terriblemente confundido (Andreu).

Mortificación y cilicio para combatir la tentación, amén.

El padre Miguel acaba por iniciarse en los placeres de la carne y finalmente acaba por consumar el acto sexual con Irene. Confuso ante sus demonios internos acaba ingresando en un centro de salud mental después de un brote por el que se acaba automutilando.

Priest (Sacerdote) (1994)

Linus Roache vestido con ropa talar.

Esta cinta británica de Antonia Bird nos cuenta la historia del joven padre Greg (Linus Roache) que llega a una parroquia de un barrio obrero de Liverpool, donde viven católicos irlandeses y escoceses. El párroco del lugar es el padre Thomas (Tom Wilkinson), un sacerdote de ideas izquierdistas que pasó años de su juventud trabajando en esa Latinoamérica fervorosa de la teología de la liberación (Vuelve a salir el tema, como veis). Le padre Thomas no tiene pelos en la lengua y sus homilías son bastante políticas cosa que al estirado del padre Greg no le parece demasiado bien. El tema de la castidad vuelve a salir en esta cinta cuando el padre Greg  descubre que el padre Thomas y Maria (Cathy Tyson), la asistenta del hogar, viven en pareja. Greg se entera por boca de Maria que si Thomas no ha colgado los hábitos ha sido por decisión de ella, ya que, a pesar de vivir como un matrimonio, el padre Thomas mantiene una vocación intacta.

En la casa sacerdotal el padre Thomas y Maria son una sólida pareja.

El padre Greg tiene otras inclinaciones, una noche se adentra en un pub de ambiente gay donde conoce a Graham (Robert Carlyle) con el que se acuesta. Los problemas del padre Greg se multiplican. Por un lado es incapaz de asumir su debilidad carnal y por otro se enfrenta a una atormentada persona que revela un secreto de confesión el cual no sabe cómo arreglar. El padre Greg trata de una manera horrible a Graham para luego ir a buscarlo. Mientras están reconciliándose dentro de un automóvil los detiene la policía y entonces la mayoría de su comunidad religiosa lo rechaza.

Decidir entre voto de castidad y deseo natural es complicado.

El padre Thomas insiste en apoyarle pero el obispo (Rio Fanning) demuestra una nula caridad cristiana y lo envía a otra parroquia rural muy lejos junto a un viejo sacerdote que sólo habla en latín y lo vigila con desconfianza. Un buen día, el padre Thomas aparece por el nuevo destino del padre Greg y lo anima a que de una misa con él en su antigua parroquia de Liverpool, porque el padre Greg es homosexual pero tiene claro que quiere seguir con su vocación sacerdotal y no piensa colgar la sotana. Esa noche gastan una broma muy merecida al viejo cuervo que habla en latín y que desprecia tanto a Greg. 

Concelebrando la eucaristía.

La escena final se desarrolla durante la misa concelebrada de Thomas y Greg. Muchos de los feligreses no aceptan al padre Greg y marchan furibundos, como si ellos pudieran tirar piedras libres de pecado. Después, durante la eucaristía, sólo alguien muy especial se acerca a recibir la comunión de la mano del padre Greg, y esa es la persona que confesó su terrible secreto de víctima frente  a él. Ambos lloran abrazados.

Escena dramática.

Dos películas con el mismo título que cuentan las vicisitudes de dos sacerdotes católicos que se enfrentan a sus deseos interiores y sus dudas de fe. Dos películas que distan dieciséis años la una de la otra. La peli española nos muestra el aire represivo del tardofranquismo y la inglesa el aire represivo de las comunidades religiosas cerriles. Ambas se plantean el tema del celibato y su idoneidad según los tiempos que corren. En ambas cintas se habla del conflicto de la vocación y su incompatibilidad normativa con la vida marital. Mientras en la cinta española el padre Miguel acaba renunciando a todo, tanto al sexo como a la vocación, en la cinta británica la vocación sacerdotal del protagonista sigue indemne.

Ambos curas, con la hostia en la mano.

Estas dos cintas reflejan, con tres lustros de diferencia, varios aspectos similares dentro del sacerdocio de una religión concreta en dos países europeos. Las dos tratan el tema del celibato, en ambas el celibato se cuestiona con la diferencia de que la película de Eloy de la Iglesia trata el tema en la época de los cambios conciliares y la de Antonia Bird es algo que ya está bien asumido. También queda en un segundo plano el poder de la ideología política dentro del seno de la iglesia. El izquierdismo, el progresismo y la lucha obrera van de la mano de las ideas del padre Luis y del padre Thomas, mientras el conservadurismo y la detentación del poder están representadas por el padre Manuel y el obispo de Liverpool.


El confesionario tiene su peso en ambas pelis.

Ambas pelis, claro está, se centran en la transformación de dos sacerdotes desde una integridad, casi podríamos decir pureza, hasta la crisis de fe suscitada por la tentación de la carne. Para ambos protagonistas el ceder a las pasiones trastoca el ideal impuesto por sus votos. En el caso del padre Miguel, su obsesión le hace tomar una drástica decisión que, sin embargo, el padre Greg lleva de una manera mucho más tranquila. Greg, además, elige seguir en el sacerdocio, aunque ambos rechazan a la persona por la que sienten deseo.
Confesionario preconciliar con mantilla y todo.

La peli de Eloy de la Iglesia, quizá demasiado provocadora para la época, esbozara personajes demasiado estereotipados y su dramatismo fuera exagerado, pero así era el cine de este autor. La película de Antonia Bird, en cambio, es una película bastante suave que quizá nos deja a falta de un final mucho más explicativo. Ambos films, en definitiva, tratan el tema de ser sacerdote y la dificultad de cumplir unas normas anquilosadas en el medievo en pleno siglo XX dentro de sociedades europeas, una donde el catolicismo era la religión mayoritaria, y en el momento de la peli, religión de Estado, y la otra en un país democático y algo más moderno donde el catolicismo es una religión minoritaria y la presión social no es tan fuerte, aunque la homofobia supere la barrera religiosa.

Con la bendición urbi et orbe de Juli Gan.

viernes, 4 de octubre de 2019

Érase una vez en Hollywood


Ya ha tardado Tarantino en hacer la peli que quería. Pero ha merecido la pena. Ha podido recrear, a su manera, claro, una época y un ambiente, precisamente la época y el ambiente en el que se lanzaron a las antenas de casi todo el mundo las teleseries que lo criaron en la infancia y, como el mismo Tarantino nos dice, nos criaron a todas y a todos, a santas y a criminales, a frailes y a brujas malvadas, a víctimas y a asesinos. 

Entona una oda a la ficción popular de entretenimiento de finales de los sesenta y comienzos de los setenta, a la vez que nos hace sufrir (es Tarantino, ¿qué esperabais?) al referenciarnos continuamente la dura realidad, el lado sórdido de la historia de Hollywood que se permite el lujo de reescribir para regalarle un final más feliz, aunque esto era fácil: cualquier final hubiera sido más feliz que el que en realidad fue.

Además, ha homenajeado a Los Ángeles, esa ciudad que difícilmente se distingue de los decorados y que fue más hermosa de lo que es (aprovecho para recomendaros el ma-ra-vi-llo-so documental LA plays itself ) y que, como también nos recuerda, no solo es la ciudad del cine, sino también la de la tele y la del porno, aunque esta última industria ande bastante de capa caída o, al menos, muy distanciada de lo que era en los sesenta y los setenta, a diferencia de la de la tele, que quizás esté mejor que nunca.

En Érase una vez en Hollywood no dejamos de encontrar sus típicas rupturas de ritmo, su tendencia a unir pedazos de relatos, minirrelatos o simples pasadizos, sus habituales recosidos de citas, referencias y pequeños homenajes. Para ello se ayuda de divertidas apariciones de estrellas (me cabrea no haber reconocido a algunas hasta los títulos de crédito finales; Brenda Vaccaro, por ejemplo, se me despistó): muchas viejas glorias y también nuevas glorias (Dakota Fanning, Lena Dunham) que asesinan a las viejas y medio secuestran y retienen en estado de estupidez a las muy viejas.

Es también esta peli un falso biopic y un Dos cabalgan juntos. Me explico. Y empiezo por Dos cabalgan juntos. Sin ser yo nada de amante ni conocedora del western, tampoco soy tan cerrada como para no percibir ese aliento de camaradería masculina, de fidelidades perrunas entre colegas. DiCaprio se luce desde el principio en este duelo amoroso con su paternaire y Pitt, con bastantes menos oportunidades de lucimiento, espera hasta el final para mostrarnos un registro que ya nos había mostrado antes, pero al que aquí el bueno de Quentin le saca bastante más partido.

Y voy ahora con lo del falso biopic. Digo que es falso a sabiendas de que ninguno es del todo verdadero, porque Tarantino ha querido reunir en dos personajes las miles de historias reales de tantos y tantos perdedores de Hollywood, gentes que, tras haber rozado la gloria, se reconocen después en su declive, en fase de hundimiento, y nadan desesperadamente hacia la superficie tratando de hacer reflotar sus carreras, mientras en el mundo suceden cosas que nunca habrían previsto y a las que se ven incapaces de hacer frente, porque su época ya ha periclitado.

Nunca esperé ternura de parte de Tarantino, pero aquí la hay, la aprecio. Es una ternura muy suya, eso sí, mezclada con un religioso respeto al trabajo de profesionales de base, cierta pesadumbre nostálgica (la banda sonora, espléndida como siempre, ayuda) y un tono burlón algo paternalista.

Sea como sea, el duro de Quentin se ablanda con estos dos curritos de la industria que necesitan un carajillo para madrugar y hacer frente a la jornada laboral, porque, claro, la ingesta de alcohol tiene sus consecuencias, hace que se olviden del texto, dan problemas en los rodajes y, al final, nadie los quiere y acaban convertidos en anónimos que mueren en las primeras escenas.

Las historias de perdedores en el cine o en elespectáculo en general (como Ed Wood, como Man in the Moon, como el Joker de Joaquin Phoenix y alguno más) no nos dejan indiferentes a quienes tenemos cierta dosis de friquismo en las venas. Además, es ficción dentro de la ficción, cine dentro del cine, tele dentro del cine. Cómo no nos va a gustar.


Ficha técnica (filmaffinity.com):
Título original  Once Upon a Time in... Hollywood
Año 2019
Duración 165 min.
País  Estados Unidos
Dirección Quentin Tarantino
Guion Quentin Tarantino
Intérpretes
Premios  2019:  Festival de Cannes: Sección oficial largometrajes a concurso


jueves, 26 de septiembre de 2019

CREEDME





 Me llega a través de una amiga la recomendación de esta mini-serie “Creedme” ( Estados Unidos, 2019) y me dispongo de inmediato a darle una oportunidad.


Conforme voy avanzando en los 8  episodios que la componen, me atrapa esta historia policiaca que arranca con el caso de Marie una adolescente que fue acusada de denunciar falsamente haber sido violada.

La serie está basada en el artículo ganador del Premio Pulitzer "An Unbelievable Story of Rape" y se inspiran en hechos reales.
Los creadores de esta miniserie son Susannah Grant , Michael Chabon  y Ayelet Waldman.
Me parece un relato magistral, con un hilo argumental coherente e intrigante que atrapa al espectador/a desde el principio.
La historia comienza en la ciudad de Lynnwood, en el estado de Washington, una joven de 18 años, Marie, denuncia ante la policía, en 2008, que un hombre ha entrado en su apartamento, la ha atado, le ha vendado los ojos y la ha violado. 


Kaitlyn Dever, la intérprete de Marie, es una gran actriz, deja aquí constancia del sufrimiento que arrastra su personaje, desde el momento de la agresión sexual, y ese sufrimiento se ve agravado por los inspectores que llevan su caso, dos policías  que se dedican más a buscar inconsistencias en su relato que a dilucidar si tienen a un violador muy cuidadoso suelto en las calles, todo lo cual termina por provocar que ella misma dude de lo que le acaba de ocurrir.



 Por otro, en 2011, dos años después de la agresión a Marie, dos detectives de ciudades vecinas del estado de Colorado Karen Duvall y Grace Rasmussen   investigan dos casos de violación en los que las víctimas fueron atacadas en sus camas, atadas y sus ojos vendados. 


Los personajes de las detectives son mujeres empoderadas que tienen que abrirse camino en una maraña de obstáculos para poder esclarecer los hechos. Se crea, pese a lo distintas que son ,un vínculo de respeto y camaradería entre ellas, una alianza que tiene un objetivo común : atrapar al hombre responsable de esas agresiones sexuales ¿están vinculados estos casos con el de Marie?
Sin duda, uno de los puntos fuertes de la serie, son los personajes de las dos detectives que llevan la investigación Karen Duvall (Merritt Wever) y Grace Rasmussen (Toni Collette).



Ellas tan distintas entre sí, se convierten en inseparables, tal cual “True Detective”, dos sabuesas que tendrán que lidiar con muchos obstáculos en un camino muy incierto y oscuro para poder llegar hasta  la verdad.
Su punto de vista en la investigación se basa en estar del lado de  las víctimas, Karen es empática, más emotiva si cabe y Grace es enérgica y con mucho empuje, ambas son tenaces y tienen un instinto policial a prueba de bombas.La química entre ellas y con el resto del equipo de investigación nos engancha hasta el punto que todo de ellas nos interesa y queremos seguirlas en cada paso,por intrascendente que parezca.
“Creedme “ me recuerda a la excelente serie “ La Caza” ( Reino Unido,2013) porque aunque en el caso de La Caza la detective era una mujer en solitario, la carismática Stella Gibson (Gillian Anderson), también existía ese búsqueda y esa persecución a modo de gato que intenta cazar al ratón.

Quiero destacar en especial la interpretación de Toni Collette, a quien hemos visto anteriormente en otras películas como “ La boda de Muriel” o “Pequeña Miss Sunshine”  .Es una actriz potentísima que pienso por fin aquí le dan un papel donde se luce de lleno, como co-protagonista.



Creo es preciso que las series y el cine en general nos muestren referentes femeninos eficaces, fuertes, valientes, perseverantes y  con capacidad de mando y decisión. Y si son mayores de 40 años mejor que mejor, porque no nos engañemos, el cine es un espejo en el que nos miramos y todavía queda mucho prejuicio que derribar.
 “Creedme” tal cual dice el título, se convierte en un alegato en defensa de las víctimas, en concreto, de las mujeres víctimas de agresiones sexuales,de las que a diferencia de las víctimas de otros delitos,como robos  por ejemplo, se duda y se desconfía.


Es preciso desmontar un sistema que pone en tela de juicio a las mujeres que sufren este tipo de delitos, series como “Creedme” son armas potentísimas contra esta doble condena que invitan a la crítica y a la reflexión.

No la dejéis escapar.

Buen fin de semana,
Troyana.



viernes, 20 de septiembre de 2019

Cuestión de acentos: Malaka

La semana pasada, Televisión Española emitió "Malaka", una serie de Globomedia que recorre el lado más oscuro y criminal de la capital de la Costa del Sol, con paseos por el barrio marginal, según la calle por donde se vaya, de la Palma-Palmilla, lleno de negocios de droga entre clanes, razas y diversas nacionalidades.

Trailer de la serie, que da una idea de los acentos

La serie, estrenada con una buena audiencia, se vio envuelta en polémica. Y a primeras, podríamos pensar que la controversia podría venir de mostrar una de las ciudades más turísticas de España, envuelta en el ambiente del lumpen, pero puedo deciros, que ya hace muchos años que los malagueños debemos vivir con productos que nos muestran como el origen del porno nacional (Torremolinos 73), los negocios sucios de época (Brigada Costa del Sol), el ambiente de las noches de oropel (Toy Boy), y eso sólo centrándonos en series. Así, aprendemos a vivir, que como un lugar con más gente que otros, la parte menos amable puede ser más grande y los periódicos no son amables con los casos reales que se han vivido allí (Caso Wanninkhoff/Tony King, mafias rusas o inglesas y la inevitable corrupción). Es por ello, que aunque la zona es un área de ocio y cultura que concentra a gran cantidad de visitantes, y hace suspirar a los locales que no pueden vivir allí, este ambiente de crímenes sea caldo de cultivo de ficciones, y alguna vez, los habitantes de allí hemos bromeado con ser la "Corrupción en Miami" de España.

Toy Boy, o el sueño de españoles del siglo XXI con alma de Alfredo Landa buscando suecas

La discusión pues, no era la temática de la serie, fue su acento.

En un ejercicio arriesgado, la productora de la serie deseó hacer un producto que se diferenciara de otras series que ocurren allí y se hizo a través de lo siguiente: el uso de actores malagueños y del acento de la zona, así como sus palabras características, que son muchas.

Del acento andaluz, podríamos hablar mucho, pero en particular, del que utilizan los malacitanos, también nos quedaríamos un rato largo. Málaga se caracteriza por estar en medio de las dos corrientes de acentos andaluces principales (oriental y occidental), lo que se traduce en que tiene una variedad muy rica y caótica, y según donde hayas nacido, sea tu barrio o pueblo, tu clase social, tus estudios y otros factores, tendrás un acento u otro, aunque se comparten vocablos muy locales, como explica el youtuber y filólogo Vanfunfun

Un resumen excepcional

Después de esta explicación podéis entender por qué, con sólo afinar el oído, varían las formas de hablar entre Maggie Civantos, Salva Reina o Vicente Romero.

Hacer una serie de forma tan local como Malaka (aunque la proyección sea global), es algo que iba a pasar factura, pues aunque hay que admitir que el sonido no es el mejor, exige al espectador no acostumbrado a este acento y a las ricas expresiones, un esfuerzo, como también ocurrió con la serie de Movistar "La Peste" (situada en la Sevilla del Siglo de Oro).

Es éste el punto donde el público puede huir o implicarse, y esto se debería hacer según la fuerza de la historia. Sin dejarse llevar por los prejuicios y prestando atención, se puede llevar a cabo el "entender" lo que se dice en Malaka, puede que hasta sin necesidad de poner los subtítulos.

¡Subtítulos! ¡Si nunca se necesitó de subtítulos para "La Juani" en "Médico de Familia"! Pero no quiero ser negativa y quiero pensar que verdaderamente no es un problema de prejuicio contra el acento andaluz... Los subtítulos son algo que siempre me ha hecho gracia pues me recuerda a algunas veces en las que he leído comentarios de, por ejemplo estadounidenses, que los pedían tanto para el "Period Drama" británico, como para escenas con "cockneys" como la siguiente de la estupenda "Snatch, Cerdos y Diamantes".

¿Te has enterado?

Esto es un ejemplo maravilloso de actuación, pues convierte al muy "americano" Brad Pitt, en un "gitano" británico, que evidentemente habla con acento de clase baja del resto de personajes.

Y es que esa conversión, ese trabajo de actor, es algo que normalmente se reconoce en la industria, como por ejemplo con Hugh Laurie

¿En serio me dices que House es inglés?

Desgraciadamente, en España, el principal problema es la dicción, así que no podemos aspirar a tener actores sabiendo hacer bien los acentos, en la mayoría de los casos. Quizá un caso para quitarse el sombrero es Óscar Jaenada, nacido en Espugles de Llobregat, que hace un maravilloso acento gaditano en "Luis Miguel" o mexicano en "Cantinflas".

Trabajo de actor

En cualquier caso, esta historia de acentos con o sin subtítulos, no importará si el policiaco "Malaka" da una trama que enganche al espectador (y TVE no le da un mal horario). Ningún acento fue problema en "Narcos" (colombiano), "Fariña" (gallego, con incluso partes en este idioma), "Nueva Reinas" (argentino) o incluso "Trainspotting" (escocés), porque había una trama potente, y es lo que deseo para "Malaka".

Carmen R.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Quien a hierro mata


Fui a ver esta película un poco a ciegas. No conocía de nada al director, de hecho, pensaba que era su primera película ("¡Qué la echen de Zinefilaz!" estáis pensando, lo sé). Claro, a posteriori busqué la filmografía y entendí por qué no he visto nada de este hombre: tiene muchas pelis de miedo, género que aborrezco, pero toda la colección de Rec me sonaba. Tampoco he visto la serie El ministerio del tiempo en la que participó, pero amigos cinéfilos me han hablado bien de ella.
El caso es que, desde que vi Fariña, me he aficionado a los narcos gallegos. Y mira que estoy un poco aburrida de los colombianos, Pablo Escobar y los cárteles del mundo mundial (esto deja fuera a Don Winslow y su maravillosa trilogía de la que me declaro súperfan). Pero los gallegos me encantan y como ese era el tema, me animé. Además, está protagonizada por Luis Tosar que es uno de mis actores favoritos y, aunque he jurado mil veces no ir a ver pelis por los actores (he sufrido grandes decepciones), siempre hace un poquito de peso que salga alguien como Luis Tosar.
Luis Tosar, fantástico protagonista
La historia nos muestra a un importante narco, Antonio Padín, que sale de la cárcel a causa de una enfermedad (¿ictus? ¿algo degenerativo?). El caso es que el hombre está fatal y muy deprimido y decide que quiere irse a una residencia en vez de volver a casa con sus hijos. Lo que no sorprende porque los hijos, aunque continúan en el negocio familiar, lo hacen sin pizca de inteligencia, talento o sentido común y el hombre está muy decepcionado. Los narcos también lloran.
Xan Cejudo. Un malo muy bueno
Luis Tosar es Mario, jefe de enfermeros de la residencia de ancianos. Ahí tengo algún pero. Es el jefe de enfermeros, pero hace de todo, como los médicos de House, que lo mismo diagnosticaban lupus que iban al laboratorio o llevaban una camilla. Nuestro Mario es igual:  lo mismo da purés que hace fisioterapia, reparte medicación o pasea por los jardines. Además, siempre está de turno, abusan de él. Claro que como la residencia es privada, igual es normal… El enfermero es un auténtico ángel, que no solo sabe cuidar al viejo narco, sino que le entiende y sabe cómo abordarle, no con ese tono ñoño que suele emplearse con los ancianos. Lo que pasa es que el personaje tiene una cuenta pendiente con don Antonio que iremos descubriendo poco a poco. Por otra parte, los hijos se meten en un negocio del que van a salir trasquilados y quieren que su padre les apoye, a la vez que desconfían del ascendiente que Mario tiene sobre él.
La primera parte de la película se hace un poco larga, me parece demasiado detallado el proceso, los flashbacks para conocer el pasado de Mario. Dura 107 minutos y ganaría si durara 90. En el momento que comienza la acción más directa, la peli coge ritmo y se pone mucho más interesante. Tengo que reconocer que la parte de la trama china no la pille, pero la moraleja es "no te fíes de los chinos", cosa que es del dominio público, desde Fumanchú no han dado más que disgustos.
Enric Auquer, todo un descubrimiento
Si nos ponemos exigentes, hay algunos flecos de la resolución del asunto que no están bien, pero en conjunto la historia se sostiene.
El contrapunto de la historia personal del personaje de Mario, casado y a punto de ser padre, funciona bien como aspecto luminoso del personaje sin resultar cursi, que no es un equilibrio sencillo.
Los actores, en general, están muy bien. Luis Tosar ya he dicho que es un valor seguro. El personaje podía haber resultado exagerado, pero le da un punto de contención que lo hace muy creíble. Xan Cejudo, recientemente fallecido, está estupendo en el personaje del capo del narcotráfico que, pese a estar muy mal de salud, no pierde ni una chispa de inteligencia ni de maldad.
María Vázquez, excelente secundaria
De los hijos del narco destaca la interpretación de Enric Auquer que está genial como hijo impulsivo y descerebrado. También me ha gustado María Vázquez en el papel de esposa de Mario.
En resumen, un digno thriller que, con sus limitaciones, merece ser visto.