viernes, 24 de octubre de 2014

The Newsroom



Mi respuesta es sí

Buscando documentación para este articulito he encontrado en un blog de El País un post cuyo título preguntaba "¿Ha sido The Newsroom una serie fallida?". Mi respuesta es sí y los acontecimientos lo han confirmado, pues lo que se lanzó como una apuesta potentísima y llamada a perdurar, solo alcanzó a vivir dos temporadas y media.


Por si no conocéis la serie o no la habéis visto

Pasaos por su entrada en la Wikipedia: trae la ficha técnica y una sinopsis del argumento. Si la habéis visto y ya sabéis de qué va, podéis saltaros este apartado y cavilar conmigo con la siguiente pregunta:


Si The Newsroom lo tiene todo, ¿por qué no funciona?

Dios me libre de meterme en la cabeza de Aaron Sorkin, pues habrá laberintos cretenses menos intrincados. Así y todo, voy a meterme un poquito, para deciros qué pensó cuando creó la serie.
Fue así: el bueno de Aaron Sorkin amaneció un día en su bonita casa de California y mientras ingería un delicioso y nutritivo desayuno y desde su terraza contemplaba una naturaleza de hermosura desbordante, pensó: (esto de los dos puntos dentro de dos puntos no es ortográficamente ortodoxo, pero, si lo hace Carrère, puedo hacerlo yo) Voy a crear la metaserie, la madre de todas las series, que lo tenga todo, todo, todo; todos los ingredientes del éxito. Tendrá la trepidación de una redacción de informativos, como en Lou Grant o Murphy Brown, el contenido político y la solemnidad de El ala oeste de la Casa Blanca, la tensión sexual de Un hombre en casa, los enredos erótico-laborales de Urgencias, las conversaciones entrecruzadas de House los sus puntitos de sorna de The Good Wife y el walk and talk de todas ellas.

Pero todas esas valiosas piezas las ensambló mal: las junturas no encajan, chirrían al rozar unas con otras y hacen saltar chispas indigestas.


Cosas que no gustaron en The Newsroom

Tras dos temporadas emitidas, el mismo Sorkin se dio cuenta de que el invento no chutaba y en el festival de Tribeca, en un alarde de humildad quizás exagerada, pidió perdón. Parece ser que a la clase periodística en general no le había sentado bien que Sorkin utilizara noticias reales, que habían sucedido solo unos meses antes, ante las cuales sus chicas y chicos de la redacción de Atlantis Cable News (ACN) , reaccionaban ejemplarmente, comme il faut, como dictan las viejas lejes del periodismo quijotesco. A más de uno le pareció que Sorkin le estaba dando lecciones y no le hizo gracia.

Otro asunto que ha podido tener que ver con el fracaso de la serie es la leña que Will le da al Tea Party, investido, además, de la autoridad que le confiere el ser republicano desde la cuna: "No conocí a un demócrata hasta que fui a la universidad", dice en un episodio de la primera temporada.
En esa misma primera temporada tiene Will un speech ante la cámara absolutamente destructivo; no deja títere con cabeza en la facción de Palin y compañía. No sería de extrañar que alguien de entre sus filas, donde hay gente muy muy poderosa, hubiera puesto a The Newsroom en el punto de mira de los rifles que reivindican.


Pero a mí lo que no me gustó fue otra cosa

Los ataques al Tea Party para mí son de lo mejor de la serie y lo de las noticias reales me parece una gran idea: inventar noticias falsas es arduo y arriesgado. Además, si utilizas noticias verdaderas, te ahorras tener que explicarlas, contextualizarlas, ante la audiencia: ya sabe todo el mundo qué pasó; saben incluso más que los personajes y eso enriquece la ficción.

Fue, por tanto, otra cosa lo que no me gustó en The Newsroom: en general, una intensidad que fatiga y que no te tragas y varias cositas más.

Decía Sorkin que él quería mostrar a gente que es muy buena en su trabajo y un desastre en su vida privada. Así, en ACN hay periodistas geniales, pero mujeres y hombres que hacen cosas tan tontas como liarse al ponerse los pantalones, caerse por el suelo y aparecer rodando en calzoncillos en medio de la sala de redacción. Eso por lo que respecta a Will, porque a MacKenzie, el personaje femenino principal, ni siquiera la vemos brillar en su trabajo. Se supone que es una productora de las mejores y que tiene en su currículum hazañas periodísticas en Pakistán, pero en The Newsroom solo la vemos desquiciarse, poner caritas y lucir faldas tubo.

Lo mismo puede decirse del resto de personajes femeninos, que destilan más histeria que profesionalidad, mientras los muchachos muestran los mejor de su olfato y su inteligencia para la noticia.

Todo eso da la impresión de una redacción ensimismada, que mira todo el rato hacia adentro; como si trabajaran en una tele que no viera nadie y eso les permitiera seguir preocupados por sus líos internos.


¿La clave está en las y los guionistas?

Para acabar, un dato podría explicar un poco este desaguisado: The Newsroom contaba solo con diez guionistas, menos que cualquier otra serie de televisión. ¿Quiso hacerlo Sorkin todo solito y le faltó aire fresco? Quizás estas declaraciones suyas nos den una pista:

Creo series para poder escribir en ellas. No me interesa solo producirlas: lo único que quiero hacer es escribir. Soy escritor, alguien que trabaja en solitario, encerrado en una habitación. Escribo sobre cosas de las que no tengo la menor idea y un equipo investiga para mí.

¿Tengo o no tengo razón? Ya me diréis.

Noemí Pastor

11 comentarios:

TRoyaNa dijo...

Noemí,
no conocía la serie,qué lástima que un producto con tantos y al parecer tan buenos ingredientes no terminara de cuajar satisfactoriamente.

Noemí Pastor dijo...

Hola, Troyana. Así y todo, la serie tiene sus fans. Quién sabe, igual a ti te encanta.

Doctora dijo...

No conocía la serie (Jeff Daniels no me convence, aunque sí me gustó en "Looper", no le imaginaba en un papel así), y si me decidiera a ver una serie de este tipo me decantaría por "House of Cards", que dicen que está muy bien y sale Kevin Spacey, que me gusta mucho más ;)

garcigomez dijo...

Yo empecé a ver la primera temporada y la dejé a la mitad, porque era imposible que me creyera esa redacción donde todos parecían sacados de una comedia de enredo de los años 40.

La serie estaba muy bien a la hora de hablar de integridad periodística, líneas editoriales y presiones, pero tenía unos personajes muy caricaturescos, muy forzados. Imagino que Sorkin pretendía homenajear a la comedia clásica en la interacción entre ellos, pero eso no pegaba ni con cola con el enfoque realista que quería dar del mundo del periodismo, una mezcolanza que no cuajaba

Noemí Pastor dijo...

Hola, Doctora. Precisamente en mi anterior entrada hablé de "House of Cards". No tiene nada que ver con "The Newsroom". Son dos planteamientos narrativos que no pueden compararse. Pero HoC funciona. Esa es la diferencia. Saludos.

Noemí Pastor dijo...

Hola, Garcigómez. A mí me gustó cómo empezaba TN, con aquel speech (un poco redicho, eso sí) de Daniels sobre las miserias americanas; me gustó quizás más que nada por lo desacostumbrado.
Sorkin dijo que quería mostrar a gente que era muy buena en su trabajo y desastrosa en sus vidas privadas, pero se le fue la mano en ambos extremos: le salieron ejemplos sublimes de perfección periodística y tontos de baba, auténticos ridículos, en las relaciones personales. Saludos.

laesti dijo...

Noemí, tienes más razón que un santo.

Todos los personajes de la serie caían mal, y no por mezquinos o malvados, sino porque eran todos una panda de niñatos. Gente tan inmadura, con conflictos sentimentales tan superficiales, que ni en Smallville, dando lecciones de periodismo... no colaba.

loquemeahorro dijo...

Pues no la he visto pero me gustaría conocerla, aunque solo fuera por opinar. Por lo menos unos cuantos capítulos.

Noemí Pastor dijo...

Hola, laesti. Me alegro de coincidir contigo. No había manera de tragarse a esa gente tan vehemente en su trabajo (esa épica del periodismo, ¡ay!)y tan tontaina en lo demás, ensimismados en su micromundo.
Saludos.

Noemí Pastor dijo...

Hola, LOQUE. Con que te veas la primera temporada, ya tendrás opinión. Estoy deseando leerla.

Aide Hernández dijo...

Es interesante ver la épica lucha de The Newsroom este equipo por tratar de hacer un buen periodismo, batallando entre ser mejor y no tan sólo primeros, pero donde a la vez también sus programas deben dar utilidades a la compañía que no piensa en ética sino números, y donde un mensaje en Twitter o una foto en Instagram pueden ser tanto ayuda como armas de doble filo si no se saben procesar.