viernes, 26 de junio de 2026
En la sombra
Pierre Schoeller y Guillaume Senez dirigen este thriller político de solo seis capítulos, basado en una novela escrita por el ex primer ministro Édouard Philippe (fundador del partido Horizon) junto al eurodiputado Giles Boyer.
Lejos de la visión de la política un tanto naif de El ala oeste de la Casa Blanca, aunque sin llegar al nivel de criminalidad y mafia de House of Cards, creo que a la que más puede aproximarse es a la ficción, también francesa, Baron Noir, con la diferencia sustancial de que aquella hablaba de la corrupción y juego sucio del partido socialista y esta trata de un partido de derechas.
La serie comienza con la celebración de unas primarias para decidir quién será el candidato del principal partido conservador para las presidenciales, y todo se enturbia con una sospecha de fraude en el sistema de voto electrónico. Hasta ahí es lo que se puede contar.
El punto de vista no es imparcial, los espectadores nos situamos de parte de Paul Francoeur. Un ex ministro respetado y tradicional, a quien le importa el orden más que la justicia social (o cualquier otra clase de justicia), y que juega la baza de la resiliencia por su silla de ruedas tras un accidente de tráfico en el que murió su mujer. Tiene que orquestar un puzle enloquecido de ataques y alianzas con el ala más extremista del partido liderada por la otra candidata, Marie-France Trémeau, y otras formaciones minoritarias que, sin ser afines, tienen el interés común de luchar contra la izquierda. Tanto el actor Melvil Poupaud como la actriz Karin Viard dan perfectamente el perfil, en especial ella, que caracteriza a Marie-France con un gesto de suficiencia muy irritante y logrado.
Pero los verdaderos protagonistas no son los políticos de primera línea, sino el hombre que dirige la campaña, César Casalonga, representado por el actor Swann Arlaud, a quien ya vimos en Anatomía de una caída. Es una especie de «Eli Gold» a la francesa, con pinta de intelectual, cínico, leal pero desconfiado, que se cree un genio por resolver mil problemas dentro del entorno adrenalínico y narcisista en el que viven. Junto a él, aunque siempre un poco por debajo por debajo, se sitúa Marilyn, encarnada de manera excelente por la actriz Evelyne Brochu. Muchas veces la dejan de lado o la menosprecian, a pesar de ser la más íntegra del equipo. O quizá por eso.
Me ha gustado muchísimo la escena del sueño de Caligny. Por disparatada y por no venir a cuento. Es un personaje muy muy secundario que colabora en la campaña, y por eso precisamente me hace gracia que, rompiendo la forma de narrar, se represente durante un segundo su ensoñación. Como un chiste improvisado.
Lo mejor: la duda que pesa sobre todos los personajes, la cantidad de subtramas y secretos que no permiten bajar la guardia, y la tensión que va en aumento según avanzan los capítulos.
Lo peor: poco análisis político y justificaciones muy infantiles de corrupción, bulos, juego sucio en redes y cosas peores, como si fueran inevitables, con el consabido «todos lo hacen».
Excelente la banda sonora de Julie Roué, capaz de crear una atmósfera de suspense cuando el misterio acecha, melancolía si se trata de escenas sentimentales, clásica para subrayar la personalidad del candidato o incluso épica en los momentos álgidos.
Almudena Fernández Ostolaza
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