viernes, 14 de octubre de 2016

Retorno al pasado


Una hermosa y sombría novela, con el poco afortunado título de “Build my gallows high” ("Eleven mi horca" en la versión castellana), dio lugar a una de las más grandes películas del género negro, “Out of the past” ("Retorno al pasado") de Jacques Tourner (1947).

Para cuando la rodó, Tourner ya era un director experimentado en diversos géneros y un maestro en lograr mucho con pocos medios, que eso fue lo que hizo con "La mujer pantera" (1942) y “Yo anduve con un zombie” (1943), dos obras maestras del cine fantástico.

Tourner era hijo de uno de los más importantes directores del cine mudo en Hollywood, el francés Maurice Tourner. De su padre, Jacques aprendió a conjugar la herencia europea, llena de poesía y romanticismo, con el realismo cinematográfico norteamericano.

Esas son algunas de las características que dominan "Retorno al pasado" y la convierten en una obra maestra marcada por el sello personal de Tourner: la atmósfera densa y poética, la perfecta fotografía y un final trágico, pero con un detalle amable en su final que diferencia, para mejor, la película de la novela.

Cine negro y literatura suelen ir de la mano. Por una parte, muchas de estas películas parten de grandes novelas ("El halcón maltés", "El sueño eterno", "El cartero siempre llama dos veces"...); por otra, frecuentemente contaron con la fortuna de tener como guionistas a grandes escritores del género (Hammett, Chandler, M. Cain, Burnett…).

"Retorno al pasado" es uno de los mejores ejemplo de como la adaptación de una buena novela puede dar lugar a una película genial. En este caso, el éxito se debió en gran medida al talento de sus guionistas: el propio autor (Geoffrey Homes), el también escritor Frank Fenton y, sin figurar en los créditos, el gran James M. Cain, del que ya hablamos al comentar "Perdición", otro hito del cine negro, basada en una obra suya.

No sabemos cuánto del guion se debe a cada uno de los guionistas, pero la manera en que se retratan las pasiones humanas y como se entrecruzan fatídicamente los destinos, la precisión, rapidez y brillantez de los diálogos ("Guarde Vd. esa pistola" "Si la guardo no me sirve para nada") evidencian el trabajo de grandes de maestros del género.


Todo lo que está en la novela está en la película: el ansia de venganza, la pasión sexual que obnubila primero y lleva al odio y al desprecio después y el triunfo del destino sobre el deseo de redención... pero la película es más eficaz en cuanto a que consigue tejer todo eso en un manto denso y premonitorio que envuelve al espectador de principio a fin de la película.

Como su título indica, mucho más sugerente que el de la novela, una parte del metraje consiste en un flashback (otra de las características del género negro) donde la voz en off del protagonista, Jeff Bailey, recrea un pasado que él esperaba enterrado pero que resucita inopinadamente para impedirle construir el futuro que soñaba junto a la encantadora e inocente Ann Miller, una joven del pueblo en el que se ha refugiado huyendo de ese pasado.

Bridgeport, el idílico pueblo truchero de la Eastern Sierra californiana, representa con su luz (en contraposición a las escenas nocturnas y urbanas en que se desenvuelven los delincuentes) la claridad de la vida honrada y sin sombras a la que Jeff aspiraba.

 


Robert Mitchum como Jeff Bailey, construye uno de los mejores antihéroes del cine clásico negro. En realidad Mitchum bordó a lo largo de su carrera esos papeles de personajes muy viriles pero capaces de arruinar su vida por una mujer a pesar de saberla mala.

Esa es otra de las características canónicas del cine negro que se cumplen en esta película: la presencia de la "femme fatale". "Retorno al pasado" cuenta con una de las perversas más magnificas que nos ha regalado el género: Jane Greer en el papel de Kathie Moffat (la Mumsie McGonigle de la novela).

"Devastadoramente hermosa" dijo de esta actriz Kirk Douglas en sus memorias, "El hijo del trapero". Y esa es la más precisa definición de la protagonista de esta película: hermosa y devastadora en la utilización de su belleza.

Otras veces hemos hablado de algunas de las grandes malvadas del cine negro: la Phyllis de “Perdición”, la Leslie de “La carta”… Pues otra de las grandes es la Kathie de "Retorno al pasado",  aunque, al contrario de quienes encarnaron a las anteriores (Barbara Stanwyck y Bette Davis), Jane Green no fue una gran actriz. Pero a esta película, además de una interpretación más que correcta, le pudo ofrecer una belleza que era la perfecta para recrear a su personaje. Tanto que parece que Homes pensaba en Greer al describir a la letal protagonista de su novela: "Era deliciosamente pequeña, esbelta, con ojos quizá demasiado grandes para su rostro, iluminado con una expresión serena como a menudo se ve en las religiosas".

Incluso parece que Tourner quiso hacer un guiño al autor al vestir a Jane Greer, en las últimas escenas de la película, con una sobria vestimenta que le da una apariencia casi monacal, dotando a su personaje de una ambigüedad, de un contraste entre actos y apariencia, que nos hace esperar de ella una redención final que no llegará, porque como Jeff Bailey le dice a su candorosa novia pueblerina cuando ésta se niega a creer que pueda existir una mujer tan mala como él describe a Kathie: "Es un ejemplar único".

Además, en "Retorno al pasado" destaca otra "mujer fatal", aunque ésta nada ambigua ni en su belleza ni en sus actos: la esplendorosa Rhonda Fleming, en un papel pequeño pero intenso.

Pero el otro gran personaje de la película es Kirk Douglas como Whit Sterling. Douglas era prácticamente un recién llegado a Hollywood cuando protagonizó a este vengativo y enamorado malvado. Era sólo su segunda película, tras interpretar a otro secundario en "El extraño amor de Martha Ivers", junto a Barbara Stanwyck y Van Heflin, pero supo dar tanta fuerza a su personaje que realmente lo convirtió en el tercer gran protagonista de la historia.

El personaje del Whit Sterling cinematográfico fue un gran logro de los guionistas, que lo crearon sumando en él dos personajes de la novela: el corrupto jefe de policía Guy Parker y el mafioso Whit Sterling. Al convertir estos dos personajes en uno, los guionistas consiguieron dos objetivos: clarificar el guion y evitar chocar con el Código Hays, que hubiera puesto trabas a la presencia de un policía convertido en delincuente como era el Parker de la novela.

Douglas apenas habla de esta película en sus memorias. Sólo menciona su admiración por la belleza de Jane Greer. De Mitchum se limita a comentar que apenas recordaba nada de él, excepto que sus relatos como vagabundo cambiaban cada vez que los contaba. En el momento en que se rodó la película, Mitchum era ya alguien en Hollywood y Douglas apenas comenzaba a abrirse camino; quizás en su escasa valoración de Mitchum haya una cierta envidia retrospectiva. Pronto Douglas también seria, muy merecidamente, una estrella de Hollywood.


En verdad una más de las muchas satisfacciones que proporciona esta película es ver trabajar juntos a Robert Mitchum y Kirk Douglas, tan diferentes y tan grandes actores cada uno a su manera. Mitchum enfrentándose a la vida y a la interpretación con su aire de escepticismo desencantado; Douglas haciéndolo a base de fuerza y ambición.

Película de culto dentro del género negro, "Retorno al pasado" sigue siendo una de las más hermosas películas que el cine negro nos ha regalado, al igual que “Eleven mi horca” sigue siendo una buena novela que merece ser recordada y leída.

Yolanda Noir

2 comentarios:

Teo Calderón dijo...

Cuando el cine negro americano había dado ya sus obras mayores, cuando el género parecía haber alcanzado un grado de madurez a partir del cual resultaba improbable encontrar algo que no fuera repetición de fórmulas y el pateo horadando lugares comunes, surgía esta obra maestra que no renunciaba a los elementos característicos: detective impávido y desencantado con socio de poco fiar, mujer de engañosa actitud y letal atractivo, hampones educados pero con el imprescin­dible toque de sadismo y una trama que se complica gradualmente (inevitables concomitancias con "EL HALCÓN MALTÉS"). Sin embargo, el guionista y autor de la novela Daniel Mainwaring (que figura en los créditos con el seudónimo de Geoffrey Homes) y Tourneur supieron dotar al relato y su puesta en imágenes de un sentido fatalista, de una atmósfera que hace que los personajes aparezcan como atrapados en unos raíles de los que no quieren o no pueden salir y sobre los que se deslizan como figuras de tragedia hacia su ineludible destino, asumiéndolo.
Obra recorrida por un profundo pesimismo, definida en su aspecto visual por los portentosos claroscuros de la fotografía creada por Musuraca y un estilo narrativo que se apoya en economizantes –y elegantes– movimientos de cámara (brilla una vez más la gran capacidad de sugerencia ejercida por el autor de "LA MUJER PANTERA" en sus trabajos para Val Lewton), en escamoteadoras elipsis de montaje y en una "enfriada" dirección de actores. En este aspecto es justo destacar tanto la espléndida y sutilmente matizada composición de un "impasible e indolente" Robert Mitchum, como esa engañosa "femme fatale" que compone una espléndida Jane Greer, capaz de arrastrar al infierno a cualquier tipo que se fije en sus curvas y se deje seducir por su mirada. Es lo que tiene el "noir".
Un saludo.

Yolanda Noir dijo...

Muchas gracias por tu inteligente y generosa aportación Teo. Sí, tú lo has dicho, es lo que tiene el “noir”… que en él caben todas las miserias y grandezas humanas, y cuando esas historias se saben contar con con sensibilidad e inteligencia dan lugar a grandísimas películas, como ésta.