Ganadora de la Concha de Oro en
San Sebastián, cinco Goyas y otros cinco Feroz, entre otros muchos galardones,
probablemente pocas cosas nuevas se puedan decir de esta película de la que se
ha dicho ya tanto: magistral, brillante, inteligente…, todas merecidas.
De entrada me sorprendía que un
tema en apariencia minoritario como la vocación religiosa pueda llegar y
conmover a tanta gente. Y es que el tema
no es la vocación, sino el shock que provoca en una familia la decisión de la
hija adolescente de meterse monja de clausura.
Es una película que te revuelve.
Sales con la sensación agridulce de haber visto una obra maestra y a la vez con
un montón de inquietudes. La típica que no te sacas de la cabeza durante un
tiempo.
La directora, Alauda Ruiz de Azúa,
declaraba en una entrevista que no pretendía dar respuestas, sino hacer
preguntas. Y ya lo creo que lo consigue. Mi sensación es que saca a la luz un
temor todavía más universal que el peligro de que nuestras hijas se metan
monjas y es la falsa ilusión de que controlamos el entorno de los menores. En
especial en estos tiempos de pantallas, redes, fake news y ultraderecha. ¿A qué
influencias hemos expuesto a toda una generación sin supervisión?
También dice Alauda Ruiz de Azúa
en esa entrevista que el tema de la vocación religiosa le interesaba en sí mismo,
pero también le daba una excusa para hablar de la familia. Y también lo borda.
Uno de los prodigios de esta película es la inmersión. Desde el primer momento,
como espectadora no tienes la sensación de ver una película, sino la de
convivir con los personajes. Y están tan bien construidos que te da la impresión
de conocerlos como a tu propia familia. No hay buenos ni malos, cada uno tiene
sus problemas y sus puntos de vista. Aunque los hay mejores y peores.
Patriarcado, sí; minusvalía emocional del padre, sí; antepone sus intereses a
los de sus hijas y hermana, sí; se hace lo que él dice, sí.
Creo que merece un
reconocimiento especial el trabajo del
extraordinario elenco y la dirección de actores. Patricia López Arnáiz,
en el papel de la tía atea; Mabel Ribera, la abuela que prefiere no implicarse
tanto; Miguel Garcés, el padre viudo que prioriza su negocio y su nueva relación.
Nagore Aramburu, como Madre
priora, y Victor Sainz, como catequista, dan muchísimo miedo. Su nivel de
manipulación es de libro. Os juro que cada vez que salían yo me ponía enferma.
Y hay dos papeles todavía más
secundarios que, en mi opinión son magistrales. Leire Zuazua es Estíbaliz, la
nueva novia de padre: antes de que diga
una frase deja evidente su condición de extraña al grupo con muchísimo poder. Y
la amiga de Ainara, Izaskun, interpretada por María Rodríguez Maribona, que en
sus escasos minutos nos hace saber que es más abierta, menos complicada y más
popular que Ainara, buena amiga, buena persona y muy simpática.
He oído en un podcast que otro
de los aciertos es que convence a los dos lados, ateos y creyentes. Se puede
comprobar: si ponéis el título ahora mismo en un buscador, una web dice “La
pureza y el misterio de Dios” y la siguiente “La mejor película de terror de
2025”. Es todo un ejemplo de cuestionar desde el respeto. ¿Por qué decisiones que son un disparate, van a ser más
razonables si están avaladas por la tradición o la iglesia? Y más cuando se
trata de una chica que arrastra el vacío de la orfandad y busca
desesperadamente respuestas. Qué peligro.
La protagonista, Blanca Soroa,
es impactante. Capaz de transmitir inocencia e ilusión en su inclinación
religiosa; colegueo o ser una más del grupo, para ligues y cuadrilla; y sobre
todo vulnerabilidad, búsqueda y rabia en su propia identidad. Pero incluso es
impactante su físico, todo en ella
recuerda a las vírgenes, y santas jóvenes y mártires, de la iconografía
tradicional. Para mí, se parece muchísimo a la Madonna Sixtina de Rafael (que
en el cuadro aparece acompañada del Papa y Santa Barbara, martirizada por no
renunciar a por su fe, por si nos faltaba simbología).
También quiero mencionar la banda sonora de
David Cerrejón y sus emocionantes versiones de “Into My Arms” de Nick Cave y “Aitormena”
que canta el coro del colegio de Ainara.
Hace unos cuantos años triunfó un
divertidísimo musical, que también trataba la vocación religiosa en un
campamento de monjas, “La llamada”, de Javier Ambrossi y Javier Calvo. No
pretendo compararlas porque no tienen nada que ver, cada una genial en su
intención y estilo. Solo comento que comprendía mejor a aquellas chicas con
ganas de fiesta a las que Dios les hablaba con canciones de Whitney
Houston.
Almudena Fernández Ostolaza.
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