lunes, 5 de julio de 2021

Los Durrell

Este año, aunque he ido al cine como si no hubiera COVID, no me ha parecido muy bueno en las carteleras. Sigo yendo cada semana porque creo que sustento a los cines de mi ciudad (con la ayuda de algunos amigos), pero la verdad es que he disfrutado más con las series. También empiezo a ser mecenas de las plataformas de series, aunque eso ya no me hace tanta ilusión. El caso es que me recomendaron los Durrell y fueron una compañía extraordinaria para una época tan fea. La serie consta de cuatro temporadas con un total de 26 capítulos y está dirigida por Simon Nye (creador), Steve Barron, Roger Goldby y Edward Hall. Está basada en los libros de Gerald Durrell Trilogía de Corfú, que se compone de Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses. Cuando era joven leí El cuarteto de Alejandría, la tetralogía de Lawrence Durrell y me impactó muchísimo. No sé si la entendí muy bien, pero me moría por parecerme a esos personajes exóticos y torturados. Años después, cuando conocí a Julio (mi marido) me habló de Gerald y me dijo que, de los Durrell, era el bueno. A mí aquello me pareció una herejía, pero leí sus libros y me encantaron.
Eran historias mucho más sencillas y pegadas a la tierra, menos profundas y, desde luego, mucho menos pretenciosas. No he vuelto a leer El cuarteto de Alejandría (me da miedo decepcionarme), pero estoy segura de que, si vuelvo a leer la Trilogía de Corfú, volveré a disfrutar. No sé cómo de fiel a los libros es la serie, hace demasiados años que los leí para recordarlos bien, pero desde luego mantiene el espíritu. Para los que no los conozcáis, cuenta las peripecias de la familia Durrell durante los cuatro años que pasaron en la isla griega. Mrs. Durrell se quedó viuda con cuatro hijos: Lawrence, Leslie, Margo y Gerald y con muchos problemas económicos. No sé muy bien cómo se le ocurrió la idea de irse a Corfú, pero la familia había vivido en la India y dejar una Inglaterra triste y lluviosa no pareció importarles mucho. La serie nos muestra una isla idílica, pese a los muchos problemas prácticos, económicos y de choque cultural a los que deben enfrentarse. A nosotros nos parecía que cenábamos cada noche con ellos, en el mediterráneo, en una villa destartalada rodeada de buganvillas y con el mar enfrente. Todos los personajes son fascinantes: la madre, entre el sentido común y la extravagancia; Lawrence (maravilloso Josh O’Connor, el príncipe Charles en The Crown, al que podemos asegurar que la serie no ha encasillado) convencido de su propia importancia como escritor mucho antes de alcanzar la fama; Leslie, al que debieron cambiar en la cuna al nacer porque no pega nada en la familia, siempre cazando y disparando; Margo, que al principio parece tonta perdida pero se convierte en uno de los personajes con más gancho, y, por supuesto, Gerald, un niño de diez años fascinado por los animales, que disfrutará de unos años maravillosos, sin escuela ni normas estrictas, aprendiéndolo todo sobre los animales de la isla. Aparte de la familia, hay un montón de buenos personajes. Mis favoritos son Spiros, un taxista, hombre para todo sin el que la familia no hubiera sobrevivido, y Lugaretzia, la criada pesimista que suelta verdades como puños.
La vida de Gerald Durrell siguió el mismo camino caótico de sus años de Corfú.: trabajó en zoológicos, autofinanció viajes de expedición y rescate de animales, se arruinó varias veces, fue presentador de programas sobre animales, montó su propio zoológico en Jersey y recibió la Orden del Imperio Británico. Comenzó a escribir para poder financiar sus viajes y, sorprendentemente, fue un buen sistema. A mí jamás se me ocurriría confiar la financiación de un proyecto a los beneficios de un libro, pero tampoco escribo tan bien como Gerald Durrell.
Es una serie amable, luminosa, para disfrutar y soñar con paraísos que ya no existen (probablemente, nunca han existido). Las comidas en una mesa metida en el mar, los picnics a la puesta del sol, la sensación de vacaciones eternas de la infancia, la moda de los años treinta. Tiene todos los elementos que yo necesito para ser feliz.

viernes, 2 de julio de 2021

GENERA+ION



Dado que el lunes se celebró el día del Orgullo LGTBIQ, aprovecho para recomendaros una serie que me ha encantado:

GENERA+ION

Esta serie de HBO explora el mundo de un grupo de estudiantes de secundaria, un grupo diverso con orientaciones diferentes que ponen a prueba las convicciones más conservadoras de la sociedad norteamericana más reaccionaria.

¿ POR QUÉ VER GENERA+ION?

1) Un guion escrito por un adolescente, a diferencia de tantas y tantas series de adultos que hacen retrospección sobre su turbulenta y convulsa adolescencia.

Igual ya lo sabéis, pero el origen de Genera+ion es un guion escrito por Zelda Barnz en 2018 , que con tan solo 17 años envió el guion del piloto de su primera serie de HBO.

Fue animada por su padre Daniel, que es guionista con trayectoria tanto en cine como en televisión. El guion retrataba la vida de unos jóvenes atrapados entre la fuerza de sus emociones y unos adultos que están tan metidos en sus propios problemas que son incapaces de entenderles.

De esta forma, Genera+ion es una serie en la que se percibe honestidad, conocedora de primera mano de la realidad que narra y trascribe.

2) La participación en el proyecto de Lena Dunham (Girls) quien pidió formar parte de la producción de la serie.

Si habéis visto "Girls" ,que es absolutamente adictiva y delirante, entenderéis que Dunham, escritora, directora y actriz protagonista de la serie, es una garantía más en Genera+ion, ya que el hecho de que este proyecto haya llamado su atención, es un nuevo intento de hacer de altavoz de una generación Z ( los nacidos entre 1994 y hasta 2010) , que se mueve con códigos nuevos y que es la clave de este subgénero de series teen. Hablamos de jóvenes que son nativos digitales, autodidactas, adictos a las redes sociales y los dispositivos móviles, globales, inconformistas y con problemas de acceso al mundo laboral.

3) Personajes LGTBI+

La gran mayoría de los adolescentes de la serie se identifican como LGTBI+ de una manera totalmente normalizada. Se observa que los protagonistas viven su orientación con naturalidad y con mucha más libertad que hace años.

 Personajes favoritos por el público:

- Chester .Interpretado por Justice Smith. Chester es un deportista becado que se expresa como queer ,es transgresor y le importa poco lo que los demás puedan pensar de él .

La cámara le adora y su personaje nos engancha por la honestidad con la manifiesta todo tipo de emociones. Sin él , la serie perdería fuelle, porque es carismático, un líder natural sin proponérselo.

- Riley (Chase Sui Wonders) y Greta (Haley Sanchez)

Riley es un personaje que se muestra con dificultades a nivel académico. Sus padres están separados y ella vive con su padre y con la pareja de éste. Se siente sola y perdida y se enamora de Greta, que parece no tener muy claros sus sentimientos hacia ella, o sí, y no se atreve a vivirlos.

Greta es hija de inmigrantes latinos.Ha sido criada por su madre y su tía, y vive con su tía. Es emocionalmente reservada y está en fase de descubrimiento de su propia identidad. Da la sensación de que se siente atraída por Riley pero a la vez se muestra ambivalente y distante, como si no terminara de auto-aceptarse.

Son solo tres del maravilloso elenco de actrices y actores que forman parte del reparto.

4) Los temas que aborda

Genera+ion nos habla de amistad,de alianzas incondicionales,de corazones rotos,de dificultades en la comunicación con los padres, de soledad, de aislamiento en la paradoja de la conexión prácticamente permanente a través de las redes sociales. Nos habla de una generación Z de la que tenemos sin duda mucho que aprender.



Los vínculos entre iguales se mantienen y no hay lugar para la transfobia o la homofobia porque el respeto es innato y se da por hecho en una sociedad sana y diversa. No hay lugar tampoco para las etiquetas. Tal cual dice Riley cuando le preguntan si ha salido alguna vez con una chica, ella contesta: "no, con que sea sexy, me basta", se limita a ser quien es.

Son jóvenes sí, pero debaten con conocimiento de causa sobre los temas que les afectan y no sólo se informan, también combaten todo tipo de prejuicios sociales.Su cuestionamiento por ejemplo en torno a l género binario,sobre la identidad,las familias homoparentales está integrado y es expresado mientras realizan las actividades propias de su edad: salir de fiesta, pasar mucho tiempo con los amig@s, ir al instituto...etc...

Las dificultades las encuentran en una sociedad que se aferra a convicciones no siempre razonadas y muchas veces reaccionarias y unos padres que se niegan a ver cómo son sus hijos y hacen verdaderos esfuerzos por aferrarse a la imagen idílica y heteronormativa que tienen de sus hijos y que en muchos casos no se ajusta a la real.

No es de extrañar que l@s adolescentes de GENERA+ION se encuentren entre amig@s mucho mejor que en su propio hogar.


La serie es una maravilla y nos recuerda al camino ya abierto por la impecable Euphoria de HBO .No es una serie solo para adolescentes, es una serie yo diría necesaria para adultos, una fuente de aprendizaje y un canal de acercamiento y proximidad con la lastrada generación Z.


Feliz fin de semana,

Troyana


viernes, 25 de junio de 2021

“Al encuentro de Mr. Banks”: en recuerdo de Pamela Lyndon Travers


El título original, en inglés, de la película de la que os quiero hablar hoy es “Saving Mr. Banks”, un título con un bonito juego de palabras que me veo incapaz de traducir decentemente al español, cosa que también les ha sucedido, al parecer, a las personas encargadas de bautizar esta peli en castellano, pues optaron por otro título nada arriesgado y un poco anodino: “Al encuentro de Mr. Banks”. Ambos, el título español y el inglés, se refieren a un personaje masculino un poco secundario en esta historia: el padre de los niños que cuidada Mary Poppins.

Yo, en cambio, he querido elevar al título de este mi articulito a la creadora de Mary Poppins, Pamela Lyndon Travers, la relativamente desconocida escritora en cuyas novelas se basó la conocidísima película de Disney.

“Al encuentro de Mr. Banks” es una especie de “making of”, un biopic novelizado sobre la construcción del film “Mary Poppins”, una de las obras maestras de la factoría Disney. Es lo que más nos gusta del mundo: cine sobre cine; una historia de los estudios Disney producida por Disney.

Antes de seguir, os confesaré que de niña no fui yo precisamente fan de Mary Poppins. Ni del personaje ni de la película. A ella, a la institutriz, la encontraba rara, seca, antipática, atípicamente seria, con su rancio traje oscuro, tan diferente del divino vestido rosa de Cenicienta en el baile de palacio o aquel otro que las hadas juguetonas y reilonas cambiaban de color en “La bella durmiente del bosque”. Por cierto, Pamela Lyndon Travers publicó en 1975 un ensayo sobre este relato: “About the Sleeping Beauty”.

Tuve que hacerme adulta y convertirme yo misma en una señora con traje oscuro para empezar a apreciar a Mary Poppins; y tuve que esperar a ver “Al encuentro de Mr. Banks”, que salió en 2013, para entenderla un poco más, a través de su creadora.

Pero, antes de ir con ella, hablemos un poco de la película. Como os decía antes, cuenta las peripecias de Walt Disney y sus arduas negociaciones con Travers, para llevar a la pantalla su saga de novelas protagonizada por Mary Poppins, ya que, al parecer, Walt les había prometido la peli a sus hijas, que eran muy fans de Poppins y de Travers.

Así, el bueno de Walt aparece como un tipo simpático que se enfrenta a la buena de Travers, una señora neurótica y frágil, acérrima defensora de su niñera de ficción y en principio muy reacia a que se viera fagocitada por la maquinaria de Hollywood y enñoñecida con dibujos de animalitos y cancioncillas ridículas. El relato de las divertidas negociaciones se entrecala con flash backs de la infancia de Travers en Australia y su adorado padre alcohólico.

“Al encuentro de Mr. Banks” está dirigida por John Lee Hancock, un tipo de no muy brillante cinematografía, y su guion se debe a Kelly Marcel, autora también del guion de la “Cruella” de Emma Stone. Mucho más conocidos son sus intérpretes: Emma Thompson como la novelista; Tom Hamks como Walt Disney; Paul Giamatti como el chófer y único aliado de Travers en Los Ángeles; y Colin Farrell como el padre de Travers.

Pamela Lyndon Travers

Ahora sí. Vamos con Pamela. Además de escritora, Travers fue también actriz y periodista. Había nacido en Queensland, Australia, en una familia acomodada, de banqueros y políticos. De joven comenzó a publicar poemas y a representar a Shakespeare en teatros de todo su continente. Con 25 años se mudó a Inglaterra, donde permaneció toda su vida hasta que falleció en 1996 con 95. Con poco más de treinta había comenzado a escribir su serie de novelas infantiles de la popular niñera. Además de esta saga, publicó diez novelas más y cuatro ensayos. Detestaba la popularidad y se esforzó siempre por permanecer alejada de los focos, sin dar a conocer nada de su vida personal.

Dicen que a Travers no le gustaba Disney porque odiaba los finales felices. Por eso el final de su relación fue infeliz. La película no lo cuenta, pero en realidad sucedió que Travers quedó tan disgustada con la producción de Disney que se negó a venderle los derechos del resto de sus novelas de Mary Poppins, que en total fueron ocho. Al final se se salió con la suya y el final fue amargo, sin un poco de azúcar.

 

Noemí Pastor

viernes, 18 de junio de 2021

Ratched

En la edad de oro de las series de televisión  las hay de todos los colores, sabores y olores. Hay series fantásticas hechas a base de talento y pasta y series mediocres, más de una. En cuanto a la temática, las series policíacas y los thrillers con conspiraciones diversas abundan como las moscas en verano. También me escama tanta serie nacional para Netflix con protagonistas  prostitutas pasadas de rosca, todo modelitos hipersexualizados y proxenetas zafios y brutales. ¿Tan limitada es el campo argumental para interpretes femeninas que subliman la trata en series como Sky Rojo o El Inocente? Pero dejémonos de este tipo de producto y vamos a por otro lleno de singularidad. Se trata de un drama psicológico ambientado al final de los años 40 del pasado siglo.

¿Seguro que el verde es tranquilizador?

Porque singular es, sin duda, la serie Ratched. Mildred Ratched  es un personaje de “alguien voló sobre el nido del cuco”. El personaje antagonista. La enfermera malvada que castiga con saña a quien no sigue sus estrictas normas. En la famosa peli de Milos Forman, la enfermera Ratched estuvo encarnada por Louise Fletcher, que consiguó el inquietante papel después de que lo rechazaran incontables famosas actrices. El personaje se convirtió en uno de las villanas por antonomasia.

Modelitos y vistas californianas

La serie que lleva su apellido en su primera, y por ahora, única temporada, nos lleva a finales de los años 40, recién acabada la segunda guerra mundial donde una joven Mildred Ratched (Sarah Paulson) consigue, con magistrales artes de manipulación, convertirse en una prestigiosa enfermera en un hospital psiquiátrico dirigido por un médico inquietante y gobernado por una odiosa jefa de enfermeras.

El dr. Hannover en su despacho.

Lo fascinante de la serie es el vestuario, la iluminación y la fotografía. Todo ello ayuda a crear un ambiente entre elegante y  temible. Los personajes que aparecen en la serie aportan matices originales. Se nota que las actrices veteranas se han divertido.

Plantándole cara a la jefa de enfermeras.

Quizá lo que le falla a la serie es que, con el paso de los capítulos, la historia se va reblandeciendo, a pesar de las dosis de criminalidad que contiene, y acaba intentando hacer de la maquiavélica protagonista un ser honesto, cosa que le quita gracia, la verdad. La trama acaba caricaturizándose, lo cual es una pena.

Secretos y pacientes peligrosos de psiquiátrico

Se nota el toque de producción de Ryan Murphy  ya que los principales intérpretes y el arranque de la serie recuerdan a American Horror Story y a American Crime Story, que no dejan de ser las versiones modernas y yankees, si me permitís la comparación salvaje, de nuestra “la huella del crimen” de Pedro Costa Musté, ya que en ambas se narraban truculentos crímenes de sendos países. Como decía, tanto Sarah Paulson (Mildred Ratched),  Finn Wittrock (Edmund Tolleson) o Jon Jon Briones (dr. Hannover) han participado en ambas series.

El dr. Hannover (Jon Jon Briones) y su paciente la sra. Wells (Sophie Okonedo)

Aparte de la trama, de los trajes con sombrerito de los 40, los juegos de luces, los colores pastel y la música, es agradable encontrarse con tanta actriz veterana como Amanda Plummer, Sharon Stone, Rosanna Arquette e inlcuso Vincent d’Onofrio.

Mi mono Amedio y yo....


Te lo pasas bien viendo modelitos y los tonos pastel del hospital. 


Juli Gan

viernes, 11 de junio de 2021

A propósito de Henry

Iba a escribir que siempre me ha gustado esta peli, pero seré más fiel a la verdad si escribo que siempre me ha resultado agradable de ver, porque, así y todo, le encuentro muchos defectos.

Luego hablaré de los defectos. Ahora, para empezar, os diré que se trata de una peli muy de los ochenta y noventa, típica de las dos últimas décadas del siglo XX. ¿Por qué? Por dos de sus características. La primera, que puede englobarse dentro del cine de yuppies, grupito en el que también se encuentran, entre otros muchos filmes como Wall Street, Armas de mujer (del que ya os hablé en Zinéfilaz) o La hoguera de las vanidades (de la muy buena novela de Tom Wolfe; la película, en cambio, no es tan buena). Ahora que acabo de escribir esta minilista, me doy cuenta de que algunos intérpretes se repiten. ¿Casualidad? No creo.

La segunda característica es que A propósito de Henry (en adelante APDH) podría definirse también como una high concept comedy. Aunque no se suele citar como ejemplo, sí creo que puede responder a este tipo de filmes.

¿Qué es una high concept (en adelante, HC)? Según la Wikipedia, una creación artística (en este caso, una peli) que puede formularse sencillamente en una frase breve y llamativa. Así, APDH se formularía así: un desalmado yuppie neoyorquino, un amo del universo, recibe un disparo en la cabeza y su vida se desmorona en todos los sentidos.

Los argumentos HC responden a la pregunta global “¿qué pasaría si..?”. El ejemplo más claro de película HC es Parque Jurásico, que respondería a “¿qué pasaría si clonaran a los dinosaurios?”. Esta pregunta a menudo da pie a una reflexión sociopolítica sobre el futuro de nuestro mundo.

Así, en el caso de Henry el HC se amplía y se precisa: en realidad, la vida de Henry no se desmorona, sino más bien se vuelve del revés, porque la bala en la cabeza la pone frente a un espejo que muestra que no era lo que parecía; tenía una parte destruida que se restaura, a la vez que se desploma lo que parecía sólido: el trabajo, la economía y los privilegios de hombre blanco hetero urbano adinerado.

Se supone que una película HC es capaz de llegar a una amplia audiencia al basarse en una idea fácil de captar. Y sí, en esto APDH encaja perfectamente, porque presenta un buen repertorio de ideas simples (e incluso simplonas) que constituyen uno de los defectos de los que antes os hablaba y que ya ha llegado el momento de tratar.

Veamos. Lo primero que no me gusta de APDH es la abundante dosis de ñoñez, con niña y perrito incluidos, y ciertos personajes arquetípicos entre los que destaca el del enfermero que cuida a Henry en su larga y lenta recuperación tras el disparo y que interpreta Bill Nunn. Es este un personaje típico de teleserie de sobremesa: el profesional abnegado que se deja el alma en el cuidado de sus pacientes, no solo en lo físico, sino también y sobre todo en lo espiritual. Y para ello se vale de su propia experiencia, de su propia tragedia, porque, tras su apariencia alegre, se oculta un sufrimiento pasado que deja en nada lo padecido por cualquier pijoque caiga en sus manos. Es su as en la manga, su arma secreta; cuando nada le funciona, cuando ya ha agotado todos los demás cartuchos, ¡pum!, saca la artillería: su tremenda desgracia personal. Y entonces todos los pacientes se dan cuenta de que lo suyo es una minucia y se recuperan. Milagro americano. Ya está.

¿Cómo mejoraría yo APDEH? Pues creo que habría ayudado al guion haber desarrollado algo más la parte anterior al disparo que cambia la vida de Henry. Yo me habría recreado cual cochino en charca de lodo en ese vivir opulento, regalado; un poco superficial, sí, vale, pero de calidad sin duda. Esos apartamentos de avenida céntrica neoyorquina, con terrazas en las que cabe mi casa entera, salones desmesurados, pasillos kilométricos, ascensores privados… Esa limusinas, esos restaurantes de exquisita decoración y no tan exquisita cocina; esos modelitos de las señoras, sobrios y carísimos. Yo me habría extendido algo más en esos ambientes suntuosos que nos deleitan a los pobres, porque, cuando ahonda en esa parte lujosa y fake, es cuando APDH saca lo mejor de sí misma, con la inestimable ayuda, por supuesto, de dos tótems de Hollywood como son Harrison Ford y Annette Bening.


Y con la ficha técnica de filmaffinity.com se despide vuestra amiga Noemí Pastor.

Título original  Regarding Henry

Año  1991

Duración  107 min.

Dirección  Mike Nichols

Guion  J.J. Abrams

Música  Hans Zimmer

Reparto  Harrison FordAnnette BeningMichael HaleyStanley SwerdlowJulie FollansbeeRebecca MillerBruce AltmanElizabeth WilsonDonald MoffatKamian AllenAida LinaresJohn MacKayMary GilbertPeter AppelHarsh NayyarJohn LeguizamoHarold HouseRobin BartlettCynthia MartellsJames Rebhorn

 Productora  Paramount Pictures

 




viernes, 4 de junio de 2021

Los Ricos también Lloran

El ser humano desde siempre ha sentido fascinación por la vida ajena, y por claramente el chismorreo, algo que quizá nació cuando el Homos Sapiens adquirió las capacidades lingüísticas para hablar no sólo de lo que le rodeaba, si no también, de los que tenía a su alrededor. Y así evolucionó desde las crónicas romanas como la Historia Augusta, que se leen más como una columna de cotilleos de la prensa amarilla, hasta llegar a la Edad Media, en donde los campesinos se servían del chismorreo en procesos judiciales o conflictos de repercusión pública.

El ser humano siempre ha tenido  avidez por estos chismorreos, y aunque no surge la palabra "cotilla"  como tal, hasta el siglo XVI en castellano, o el término "gossip" con la Comedia de los Errores de Shakespeare, existir han existido.

The Boys from Siracuse, adaptación musical de 1940 de Shakespeare

La fascinación por conocer las vidas ajenas, y ver cómo afectan las pasiones más humanas a todo hijo de vecino, siempre ha resultado fascinante, y por supuesto, era natural, que la literatura acabara recogiendo este tipo de elementos, que llegaron a su grado máximo en los conocidos "folletines" del siglo XIX, novelas populares, que se originaron en Francia, pero que acabaron extendiéndose por todo el mundo. De hecho, Alberto Villegas Cedillo, reconoce una suerte de “movimiento literario” basado en la gran producción de folletines en Latinoamérica desde mediados del siglo XIX y principios del XX, y  advierte sobre una consideración negativa asociados a ellos: “Algunos consideran que este movimiento literario no es digno de tomarse en cuenta por carecer de calidad literaria y suelen llamarle: subliteratura,  infraliteratura o literatura de segundo o tercer orden".

Los medios y la popularización de estos libros, dieron lugar a las novelas románticas y populares, a las fotonovelas, radionovelas y finalmente, telenovelas, que se expandieron principalmente desde los años 70 a España, y que en la actualidad, se ven dominadas por producciones turcas.

Corrin y Josh O'Connor como un casting ideal de los Príncipes de Gales

¿Pero qué pasa cuando el "culebrón" tiene un número de capítulos limitados, y está hecha con una producción lujosa, actores reconocidos y solventes? Pues que esta historia que nos cuenta pasiones muy terrenales acaba alcanzando "status" de culto. Bien conocidos son las adaptaciones de "El Pájaro Espino", por ejemplo, que sigue siendo recordada por encima de otros productos del momento, o incluso hasta cierto punto, la serie "The Crown", que aunque histórica y de una factura excelente, no deja de entrar en el terreno de la murmuración.

Netflix nos ha traído dos nuevos ejemplos en el último mes: la miniserie "Halston" y una nueva temporada de "Luis Miguel", y por supuesto que el espectador quedará enganchado, porque cuenta historias de figuras más o menos conocidas (según seas un apasionado de la música melódica o de la moda), contadas con buen presupuesto, actuaciones correctas y sobretodo, morbo y cotilleo.

"Halston" un gran vehículo para el lucimiento en particular de Ewan McGregor, cuenta la historia de la subida y descenso a los infiernos del diseñador americano del mismo nombre. Una figura controvertida, rodeada de la farándula estadounidense de los años 70, con la gloria de vestir a la mujer americana del momento y poder "toser" a la "haute couture" (o más bien, prêt-à-porter francés), y sobretodo, salpicada por los escándalos del Studio 54: drogas, sexo desinhibido y glamour neoyorkino. Y admitámoslo, como si se tratara de un accidente a cámara lenta, la serie es muy probable que te enganche, pues está hecha con cierta factura clásica y buena planificación, aunque al acabar te preguntes, si ha podido ser lo que deseabas ver o no.

McGregor como Halston

McGregor y Ryan Murphy, el creador de la serie, han adaptado un polémico libro de Steven Gaines sobre la figura del diseñador, y ahora la familia, se queja del retrato realizado. Debemos entender que cualquier adaptación sobre una figura pública puede ser objeto de una posible "mitificación" o un "arrastre por el barro". Está claro, que mientras más escandalosa pueda ser la historia, más podrá impresionar al público. ¿Es el Halston de la serie el real? Bastante poco probable, pero no será difícil decir qué imagen quedará en la cabeza de los telespectadores, cuando el "relato" acabe con el "dato".

"Luis Miguel" es un caso curiosísimo en este tipo de "biopics". Está producida por el mismo artista, teniendo que cambiar nombres de personas reales, para evitar pleitos, y la vendió como un modo "contar su historia", algo que siempre había evitado.

La primera temporada, con un más que correcto Diego Boneta, quedaba eclipsada por el maravilloso Óscar Jaenada, que se comía al resto del reparto intepretando al padre más malvado de la historia de la televisión iberoamericana: Luisito Rey. La segunda parte adolece de la trama fuerte de la primera y de este personaje malévolo, pero sigue dejándose ver si estás interesado en el cantante o el momento y ambiente donde se desarrolla.

Oscar Jaenada y Diego Boneta como padre e hijo

El problema de "Luis Miguel" es que, obviamente, estás viendo la visión del propio artista, que está "arreglando" cuentas con su pasado, pero a la vez, te preguntas cómo puede estar mostrando partes de su vida donde no queda como la persona más brillante o inteligente, e incluso, por motivos de llamar la atención del espectador, muestra una cierta carencia de escrúpulos o nos meten "escenas subidas de tono", incluso alguna protagonizada por la "hija" del mismo con su novio. El artista se está mostrando "cómo es", dando detalles que podrían ser excesivos si se le considerara como una figura verdaderamente real.

Pero no, el Halston o el Luis Miguel que vemos ahí, por motivos admitidos o no, no es la realidad: esto  que ves es un culebrón, una nueva muestra de como decía aquella telenovela de los años 80, "los ricos también lloran", de apelar a nuestro morbo, cotilleo y ganas de murmuración, y la productora lo sabe. Porque la vida es la realidad, pero la ficción es un campo para la imaginación que acabará influyendo en el recuerdo de lo que es cierto.

Carmen R.

Fuentes:

- Alonso, Guillermo. Breve Historia del Chismorreo y la Murmuración: de los neardertales a 'Sálvame'. Vanity Fair, 2014.

- Cameron, Averil. El Bajo Imperio romano (284-430 d. de C.). Encuentro, 2001.

- De Bustos, Rosa. ¿Por qué chismorreamos desde hace 70.000 años?. La Vanguardia, 2020.

- Risco, Ana María. El folletín como producto de la cultura popular en la prensa de fines del siglo XIX. Entre el estereotipo y el reconocimiento de un género en el diario El Orden. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnica (CONICET) - Universidad Nacional de Tucumán (Argentina), 2012.

viernes, 28 de mayo de 2021

Libro y novela: como un huevo a una castaña

El tema de las adaptaciones siempre da juego con sus comparativas y versiones según el medio al cual querramos llevar esos libros en pantalla. De hecho, ya le dediqué una entrada al mismo hace algún tiempo con "Juzgando por la cubierta". En el artículo de hoy, quiero hablar de aquellos casos donde el libro y la obra se intentan parecer pero acaban separándose escandalósamente, mediante el ejemplo de tres películas que se basan en novelas conocidas de su momento, y que en general, ahora se recuerdan más por su adaptación.

Cambiando el formato: Lo que el Viento se llevó

Basada en la novela de Margaret Mitchell, y producida por Selznick, es un ejemplo de cómo mantener una gran fidelidad con la novela, aspirando a recoger a los personajes y contar la historia en un formato diferente, pero manteniendo la esencia.

Suavizada en algunos aspectos para evitar la polémica (aunque hoy en día, en tiempos puritanos, el film sea emitido con advertencias en algunas cadenas), que generaba el tratamiento del papel de los del norte y la pérdida de los del sur, así como eliminación de tramas secundarias o fusión/eliminación de personajes, el alma de la novela sigue estando ahí, creando un clásico atemporal, parte ya de la historia del cine.

Se cambia el medio y su formato, pero la historia permanece. Otro ejemplo de este tipo es Sense & Sensibility de Ang Lee.



Cambiando el género: Lady L

Lady L es una novela francesa de finales de los años 50 de Romain Gary, que quizá haya caído en el olvido. Cuenta la vida de Lady L, una alta dama de la sociedad inglesa de origen francés, y su relato y confesiones cuando cumple 80 años, lo que nos da lugar a conocer la angustia mental de una mujer que sólo quiere sobrevivir en un ambiente de dominación masculina y obsesionado con el anarquismo del siglo XIX.

En la versión para el cine, el actor Peter Ustinov (que también se reserva un pequeño papel) dirige a un trío maravilloso que se ajusta a sus personajes como un guante: Sofía Loren, David Nive y Paul Newman. Mantienen la picardía francesa y el humor de corte británico que está en el papel, pero decide mover la historia de la tragedia a la comedia. Es así, como una historia que en el libro te desasosiega, en la pantalla, te da una risita complice, y se minimiza el daño que Lady L sufre y también inflige. De esta forma, la historia, como en el caso anterior, permanece a pesar de estos cambios, pero el tono es totalmente diferente (algo reforzado con dos finales distintos, diferentes en su tono, pero con fondo extrañamente similar).

Es una adaptación que resulta ciertamente infiel, pero con una infidelidad extraña y cómplice. Ves casi lo mismo, pero a través de una perspectiva diferente. Es uno de esos casos, que no recuerdo haber visto tanto en el proceso de novela al cine, salvo quizá cuando se trata de teatro a pantalla (West Side Story VS Romeo y Julieta), o genialidades como Apocalypse Now (basada en la novela El Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad), que aún así, siguen manteniendo los finales originales.



Cambiando la obra: Marnie, la Ladrona

Cerramos este artículo sobre parecido en libros y películas, con uno de esos casos de parecidos nada razonables, como es el caso de la conocida Marnie, La Ladrona, clásico de Hitchcock que ha hecho olvidar a su original literario, Marnie, de Winston Graham (conocido por su saga Poldark).

Quizá este caso, es el que más nos solemos encontrar, y por eso, siempre decimos ese clásico de que el "libro y la película no se parecen, así que lee el libro antes o el libro es mejor", por lo que a veces, es más tranquilizador hasta desconocer un origen literario del film a ver.

Ya sabemos que Hitchcock había recurrido a novelas en algunos de los casos de la filmografía, notablemente con Los 39 Escalones de John Buchan, o la conocidísima Rebecca de Daphne du Marier. En este caso, tomó la obra de Graham, y además de cambiarla de país (de Inglaterra a EEUU), Hitchcock aprovecha una polémica novela (especialmente para el momento) sobre una protagonista que es una criminal, y narra su historia y su problemática relación con los hombres, para vertir ahí sus propias obsesiones con las mujeres.

Aquí el conocido director, terror de las rubias, se confirmó como pesadilla para su protagonista, Tippi Hedren, que ya lo había sufrido un año antes con Los Pájaros. Convierte a Marnie en un ser miedoso y psicótico, muy diferente al personaje multidimensional del papel, que tiene sus obsesiones, pero también una fuerza y un extraño feminismo que lo hace muy atractivo en su narración en primera persona. Eliminó personajes clave, añadió otros para reforzar sus obsesiones (la cuñada), y toma a Mark, el protagonista para convertirlo en un macho alfa salvador, frente al taciturno e introvertido, pero no por ello menos contudente, personaje original. Así se van sucediendo los cambios hasta llegar a un punto en el que libro y película se dan un aire pero cambian por completo.(*)

Resumiendo, este caso es el que con más frecuencia nos encontramos en el cine, que el libro se ajusta para el supuesto público, aunque aquí, sirve como excusa al director (o productor, o guionista, el que sea), para llevar a cabo sus propias reescrituras sobre el original.


viernes, 21 de mayo de 2021

El padre

Dudé bastante antes de ir a ver El padre. Sabía que el tema era el Alzheimer y, siendo enfermera, a veces estoy saturada del lado oscuro de la vida, o por lo menos del que se relaciona con la vejez y la enfermedad, y me da pereza verlo en las pantallas. Por fin me animé y me alegro de haberlo hecho. Me hubiera perdido una excelente película. No me sonaba de nada el director, Florian Zeller, pero en este caso no es tan raro porque es su primera película. Es un hombre joven, 41 años, escritor y dramaturgo. De hecho, El padre fue primero obra de teatro y algo se nota en la película (sin que suponga ningún inconveniente). Uno de los grandes aciertos de la película es la elección de intérpretes: Anthony Hopkins y Olivia Colman, ahí es nada. Yo no sé qué hacen en Reino Unido para tener actores tan buenos, debe ser que representan Shakespeare en el colegio y algo se les queda.
Vamos con el tema. El Alzheimer es una enfermedad atroz porque parece despojarte de tu propia naturaleza. Es tremendo para el paciente y para los cuidadores que van viendo como la persona a la que quieren se va convirtiendo en alguien cada vez más alejado, hasta que llegado un punto ni siquiera los reconoce. Un tema que puede calar tan hondo ha sido llevado muchas veces a la pantalla. ¿Quién no recuerda El hijo de la novia? En esa película de Campanella, tres actores soberbios: Ricardo Darín, Norma Aleandro y Hector Alterio mostraban de una forma tierna y con toques de humor cómo mantener el amor cuando la razón ha desaparecido. Hay otras películas en las que el Alzheimer tiene un papel principal que me han conmovido. Una es Poetry, una de mis películas favoritas de todos los tiempos. La protagonista se enfrenta a su diagnóstico mientras debe ocuparse de un nieto problemático y, a la vez, se pregunta qué es la poesía. La sensibilidad no se pierde con el deterioro que conlleva la demencia.
Otra película preciosa es Amor, de Haneke. No estoy muy segura de si la protagonista sufría de Alzheimer o el deterioro estaba causado por otra patología, pero el tema era el mismo: el amor, el cuidado y la pérdida de capacidades. El director aborda con una enorme ternura y sin pizca de sensiblería ese momento terrible en una pareja en el que uno de los dos ha dejado de ser quien era. Lo más frecuente cuando se habla de demencia es poner el foco en el cuidador, porque es muy difícil ponerlo en el paciente, pero Zeller se ha atrevido a mirar desde los ojos de una persona con Alzheimer. Era arriesgado. Nadie sabe cómo es exactamente estar en ese lado, qué se siente, cuánto se sufre, cómo se defiende uno de la confusión que lo rodea. Los que hemos tenido familiares aquejados de esa enfermedad sabemos de sus constantes demandas de querer ir a casa, aunque lleven viviendo en el mismo lugar cincuenta años; de la confusión de hijos con padres; de la inquietud al anochecer. Intuimos el sufrimiento, intentamos recolocarlos en la realidad, pero en realidad no sabemos nada de ese territorio oscuro por el que se mueven. El personaje de Anthony Hopkins es un hombre de carácter fuerte, en absoluto dócil o fácil de llevar. Quiere seguir manteniendo el control sobre su vida y consigue que se vayan todas las cuidadoras que su atribulada hija contrata. Ver la realidad a través de los ojos del protagonista desconcierta al espectador, que deberá ir reconstruyendo la historia y percibirá con fuerza el dolor y la angustia del anciano y de la hija. Me parece todo un logro del director conseguir que sintamos compasión, e incluso afecto, por un personaje que no resulta nada simpático. A la vez nos ponemos en el lugar de la hija, en ese debate interno entre cuidar de su padre y el derecho a vivir su vida. Es interesante para cualquiera, pero los que tengan padres mayores se sentirán especialmente conmovidos.
No es de extrañar que la película haya cosechado tantos premios: Oscar al mejor actor y al mejor guion adaptado, Goya a la mejor película europea, BAFTA al mejor actor y al mejor guion adaptado, Premio del Público en el Festival de San Sebastián… En resumen, una película imprescindible en este año de sequía cinematográfica.

viernes, 14 de mayo de 2021

Mi querida señorita (1972)

Hoy traigo una película curiosa del cine hecho en España. Creí que el tiempo la había tratado peor, pero con el paso de las décadas, y ya va por la cuarta, ahora se ve desde otra perspectiva y no luce mal. Deja ver algunos aspectos de esa sociedad tardofranquista con las tribulaciones de un protagonista que lo hubiera tenido un poquito más fácil en este nuevo milenio. Un poquito nada más. Tampoco vayamos a pasarnos.

Una señorita de buena sociedad de provincias y su criada.

La dirección corrió a cargo de Jaime de Armiñán, un director y novelista que ha rodado no pocas historias con su tempo bien medido. La que hoy nos ocupa acabó compitiendo como mejor película de habla no inglesa en los Oscars. Según Armiñán, si no ganó fue porque la academia hollywoodiense tenía una deuda con Buñuel, perdedor el año anterior, y lo ganó aquél año por mala conciencia de los "oscarienses". No ganó pero George Cuckor dijo de López Vázquez, dada su interpretación, que era el mejor actor del momento. La peli en cuestión trata el caso de la transexualidad desde la óptica misteriosa y pudorosa de los años 70.

El director.

Adela es una señora, instalada ya en la cuarentena, de una ciudad de provincias. Su educación de buena familia, pero sin oropeles, ha sido la propia de las señoras de su condición: Cultura general, algo de música, mucho rezo, mucha beatería y mucho recato. Adela se resignó desde joven a ser una solterona porque se sabía fea y, además, los hombres siempre le dieron igual. 

Hay carteles menos logrados que otros...

Doña Adela, porque es una señora de la época, vestida con recato y algo cursi, vive asistida por una criada joven a la que ella llama "Isabelita". Doña Adela es una mujer decente y pudorosa, como se espera de ella, pero cuando maneja el 600 conduce como el Fittipaldi de la época (Hoy la llamaríamos Hamilton). 

Doña Adela conduce rápido

Doña Adela se reencuentra con un viejo amigo de su edad, Santiago, que ha quedado viudo con dos hijas adolescentes. Santiago, que se siente solo, intenta convencer con ternura a Adela para iniciar un noviazgo con fines serios. Pero Adela no se siente convencida, quizá porque no se siente atraída por el hombre. Además, una bronca con la criada, que se asemeja más a una riña de novias, acaba dejándola sola porque el servicio se despide.

Pretendiente otoñal

Y Adela acude a confesarse con ese cura moderno que predica ese cristianismo nuevo tan comprensivo y "buenrollista" de la época postconciliar. El sacerdote le envía a un especialista médico que le da la sorpresa (Agradable) de su vida.

Dedicada a las labores de su sexo.

Aquí empieza la segunda parte de la historia, saliendo de un túnel de ferrocarril y llegando a una estación madrileña donde le llaman "señor". Porque Adela ahora atiende por Juan y aunque gasta bigote recortado y lleva traje con corbata sus gestos y sus manos siguen siendo femeninos.

Las manos de Juan lo dicen todo.

Busca una pensión dirigida por dos intransigentes mujeres (Dos conocidas actrices que son Lola Gaos y Chus Lampreave pre-Almodóvar). También busca un empleo, pero dónde puede ir sin un DNI donde figure un nombre y un sexo que ya no son el suyo.

Las dos arpías de la pensión

Por casualidades del destino, Isabelita, su antigua criada, vuelve a cruzarse en su vida. Primero el pánico le hace huir pero poco a poco comienza una relación con ella como jamás se hubiera atrevido en su vida anterior. A su edad aún no ha besado a nadie. Es Isabel quien toma la iniciativa porque Juan no sabe cómo actuar. No olvidemos que una señorita de su reputación debía ser casta hasta el matrimonio. Cosas de la educación rancionalcatólica.

Noviazgo

Para Juan no es fácil tirar hacia adelante. Sin oficio ni beneficio, ¿Cómo, si hasta hace nada fue una señora bien con unas pocas rentas? decide volver a su tierra a vender lo poco que le queda para emprender su nueva vida, aunque lleno de miedos.



Gracias a una vecina de la pensión, y chica de alterne (Mónica Randall), Juan decide iniciarse en el sexo, pero la cosa es un desastre y huye despavorido. Escena fastuosa de López Vázquez (Durante toda la peli, habría que decir) mirando con angustiosa nostalgia las mantillas de los escaparates.

La "mala" mujer de buen corazón y el asustado Juan.

Juan está sumido en una pesadilla. No sabe cómo tirar hacia delante. Isabel se presenta en su casa hecha todo dulzura y amor. La última escena es memorable (Atención: Spoiler). Ambos, desnudos, en la cama, Juan le anuncia "Un día de estos tengo que contarte un secreto", a lo que ella responde sin pensar "¿Qué me va a contar, señorita?".  

El mejor actor del momento, según Cuckor, con Liza Minelli que lo acaba de petar con Cabaret y Charlton Heston, Juan Luis Borau, detrás.

Una historia poco frecuente, la de la transexualidad, y más aún, la masculina, en una época en que "de estas cosas no se hablaban". Una historia bien contada interpretada de manera brillante por  José Luis López Vázquez (Juan) y también por Julieta Serrano (Isabel). Lo único que chirría de la peli (Ya me chirrió cuando la vi de jovencita) es el doblaje del personaje de Doña Adela siendo mujer. Aunque la actriz de doblaje era una consumadísima actriz (Irene Guerrero de Luna) y esposa de otro gran actor como fue Félix Fernández, la voz no le pega nada al personaje. La voz en la peli, por muy graciosa que le quedara a Sophia Petrillo en "las chicas de oro", le da aspecto de vieja bruja a doña Adela.

Juli Gan.

viernes, 7 de mayo de 2021

La nueva ola española de época

La Templanza, disponible en Prime Video

La llegada de las plataformas digitales nos ha sumido en una llegada sin precedentes de nuevo material audiovisual constante y en enormes cantidades. Como decía Scorcesse, hay una obsesión por la creación de contenido, y yo ya digo a nivel personal, que todas las semanas veamos anunciada la "serie o película de la década o el siglo", que cambia tan pronto como se pasa del domingo al lunes. Como el que va a un restaurante de comida rápida, recibimos de seguido un nuevo plato en forma de novedad semanal, que puede venir de cualquier parte del mundo, pero nos preguntamos si lo que empezamos a "comer" se convertirá en algo más para devorar rápidamente, dejar de lado, o degustar con ganas.

Porque todos los días sale algo nuevo, algo aparentemente "imperdible", pero que a las 2 o 3 semanas puede quedar mortecino y frío en una esquina de nuestra "lista de pendientes".

A raíz de esto, la aparición de plataformas hispanas, y el éxito internacional de productos que en principio eran locales, como "La Casa de Papel", los productores de "contenido" han visto un filón en el producto nacional, y desde "Antidisturbios" a las chicas de "Sky Rojo", cada día sale algo nuevo. De este nuevo "filón" se ha recuperado un producto típicamente español, las "series de época".

Antidisturbios, producto actual de Movistar

Las series de época estaban basadas en las ya famosas "radio novelas" cuando no existía televisión, o en las colecciones populares de clásicos o biografías que pulularon desde antes del Franquismo, y que luego supusieron uno de los valores seguros de los primeros años de la dictadura en el mercado cultural y librero. Cuando llega Televisión Española, el paso natural era trasladar esto a la pantalla, y es cuando nacen los espacios de "Estudio 1" y "Novela". Fueron años y años de biografías, teatro, historias originales y también clásicos, que provocaron gran conmoción en el público del momento, como por ejemplo con la adaptación del Conde de Montecristo de 1968 (disponible en el Archivo de TVE).

El Conde de Montecristo, Pepe Martín, que generó una legión de fanáticas entorno al actor

El aspecto acartonado de las adaptaciones, y el cambio de la técnica, así como el fin de la dictadura, dieron lugar a una menor cantidad de productos, pero los pocos que habían se centraban en la adaptación de clásicos nacionales, con lujo y detalle, así como aspecto cinematográfico. Es ahí cuando llegan las grandes series clásicas españolas como "Fortunada y Jacinta", "Ramon y Cajal", "Los Pazos de Ulloa" o "La Regenta", que gozan de un gran éxito de crítica y público. Las series espaañolas se intercalan con producto de fuera, series de éxito en el extranjero como "Poldark" o "Raíces".

Fortunata y Jacinta, producto de gran calidad de los primeros 80

Es ahí cuando llegan los años 90, y TVE dejó de ser un jugador solitario en las pantallas de los espectadores. La llegada de las cadenas privadas empieza a generar un modelo te televisión diferente, más basado en los shows de espectáculo, la telerrealidad, el famoseo y lo morboso. Es completamente natural, que todos los participantes de la parrilla televisiva prefieren hacer programas que salen más baratos y fáciles de producir, que reportan mejores audiencias que se ven llamadas por el vértigo de un contenido que llama a los instintos básicos y primarios, a la vez que se recogen cuantiosos beneficios publicitarios. Estos hechos no suceden sólo en nuestro país, y cada día hay menos series de época, pues si hacen falta alguan, siempre se puede poner alguna supuesta "superproducción" que se resume en hechos biblicos cuando se acerca la Semana Santa, para llamar a la audiencia más tradicional, y sólo como reemplazo de la programacuión habitual.

Es una época bastante pobre y vacía. Las series sólo se podrán ver en canales muy específicos de la parrilla de pago digital, y se estrenarán de tapadillo, como por ejemplo el éxito de "Orgullo y Prejuicio" a finales de los 90 en Canal Estilo. Otro canal de esa época, el glorioso Album TV, recuperará series antiguas pero de éxito como "Retorno a Brideshead". Es un momento de penurias y en los años venideros, sólo los DVDs y las ediciones domésticas, recuperarán estos seriales o se atreverán a incluir supuestas novedades, que con suerte, sólo iban a canales autonómicos en fin de semana (caso de "Norte y Sur" o "Ana de Tejas Verdes").

Orgullo y Prejuicio, un ejemplo de serie atemporal

La serie de época se considera un programa para la siesta, un culebrón de más o menos bajo presupuesto. Y sólo sobrevive en el siglo XXI, como series interminables tipo "El Secreto de Puente Viejo" o "Amar en Tiempos Revueltos", así como miniseries muy concretas, de ciertos periodos tumultuosos y basadas en obras de éxito literario como "La Señora" o "El Tiempo entre Costuras", que gozan del favor del público.

Llegados hoy a una época en la que las plataformas digitales se pelean por la audiencia, se crea un modelo mixto en un país como el nuestro, donde el consumo televisivo está muy marcado por la edad de la audiencia. Así, se produce mezclando a un canal de televisión en abierto, y a la vez, a un canal digital. Alentados por los best sellers "históricos" y "románticos", o por el éxito de las series citadas antes o aquellas que sin ser adaptaciones de libros, tenían sabor a "culebrón" más serio como "Las Chicas del Cable", "Velvet" o "Grand Hotel" (que incluso tienen éxito en el extranjero), algunos productores se han lanzado a un "revival" de las series de época, diversificando el producto.

Grand Hotel, "culebrón" de gran presupuesto y éxito fuera de España

Así podríamos encontrar dos tipos diferenciados: la de aventuras-histórica y las románticas clásicas (no autoexcluyentes), y en el último año, nos han llegado "El Cid", "Hernán", "Inés del Alma Mía" (entre las primeras) o las adaptaciones de "La Cocinera de Castamar" y "La Templanza". Todas tienen los ingredientes para llamar al público, incluso a nivel mundial, y todas han supuesto un resurgir de las grandes miniseries de antaño, lo cual indica que hay una audicencia para las mismas.

Ahora bien, ya cada una, según los gustos y los conocimientos que se tengan de la época en que se desarrollan, o la historia que cuentan, podrá caer mejor o peor al espectador. En mi caso concreto, he disfrutado bastante con "La Templanza", basada en la novela de María Dueñas (que aún no he leído), especialmente más que por la historia, por actuaciones concretas de algunos actores y por lo cuidado de la presentación y vestuarios. Porque nos guste o no la historia, si al menos está bien realizada, con seriedad, yo creo que algo nos puede atraer. Y hacía mucho tiempo, salvo en las producciones más caras que habíamos visto recientemente, que el cuidado por el detalle, especialmente en el vestuario, no surgía, y en esta serie, con una producción más cercana a las series de "alta calidad" inglesas, y unos vestuarios muy reales, se cumple. Otra cosa es la historia, que ya lo dejo al gusto de cada uno.

Hernán, producción de ambos lados del Atlántico amparada en Amazon

Añado también que en un país donde se rueda una gran cantidad de productos de éxito como "Juego de Tronos" o "The Crown", no hay falta de escenarios. Y si faltan, y si la historia sucede en América, estoy segura de que también se pueden encontrar lugares.

Abierto este camino de "period drama" hispano, sólo espero un poco de valentía por parte de los productores. No hay motivos para avergonzarse de una serie de época española en comparación con otra extranjera, y hay historias más que suficientes en nuestra literatura y en la historia, como para arriesgarse. Y parece se seguirán arriesgando de momento con el anuncio de la nueva miniserie de Magallanes y Elcano.

Deseando más productos bien hechos, aquí me quedo soñando por las adaptaciones que nunca me llegan, como Valancy Stirling de L.M. Montgomery, o la española "Memorias de un Solterón" y todo el universo de Marineda creado por Emilia Pardo Bazán (estamos este año en su aniversario, y podría darse el milagro).

Carmen R.