miércoles, 24 de noviembre de 2021

Libertad

Estaba explorando la cartelera, que no andaba muy tentadora, y me topé con Libertad. En principio la descarté, por esos extraños motivos que nos llevan a desear o no ver una película cuando no tenemos ninguna información sobre ella, su directora o los intérpretes. El hecho de que el tema fuera la amistad entre unas adolescentes influyó en mi rechazo. Los adolescentes siempre me dan pereza, a pesar de que he visto verdaderas joyas con este tema. Sin ir más lejos, Quién lo impide de Jonás Trueba que estuvo en el pasado Festival de San Sebastián y que, pese a durar tres horas, es fascinante. Una amiga de la que me fío me recomendó Libertad y fui, no muy convencida, a verla. Menos mal, me hubiera perdido una joyita.
La directora es Clara Roquet, una joven catalana que había trabajado de guionista, pero que aquí nos ofrece su ópera prima como directora. La verdad es que en este país tenemos muy buenas directoras: Isabel Coixet, Gracia Querejeta, Iciar Bollain (mi favorita) …, pero ha surgido un nuevo grupo de mujeres muy jóvenes (desde mi punto de vista, al menos) como Carla Simón, con su maravillosa Verano del 93; Pilar Palomero, con Las niñas o Belén Funes, con La hija de un ladrón, que nos hace esperar grandes películas dirigidas por mujeres en el futuro. Y probablemente, el hecho de ser mujeres influye en que traten temas que a nosotras nos interesan especialmente, o tengan una forma distinta de mirarlos. No estoy diciendo que sea un cine para mujeres, sino que su mirada se fija en aspectos en los que es probable que un hombre no reparara. Es una historia de amistad entre dos adolescentes, pero es muchas más cosas: trata el tema de las desigualdades de clase, de los cuidados, de la dolorosa salida de la niñez, de la vejez, de las relaciones familiares…
Nora es una joven de unos quince años que llega a pasar el verano con su familia a casa de la abuela en algún lugar del mediterráneo. La abuela tiene Alzheimer y vive con una cuidadora colombiana. Ese verano la hija de la mujer, Libertad, pasará el verano con la familia que la ha invitado en un acto de “bondad”. Las dos jóvenes no pueden ser más diferentes, pero nace una amistad entre ellas que no estará exenta de problemas. Hay otros aspectos interesantes: Teresa, la madre de Nora, está pasando un difícil momento personal por la relación con su marido. Además, tiene celos de Rosana, la cuidadora, a la que su madre parece querer mucho más que a ella. Muestra una relación muy paternalista con Rosana y Libertad que le permite sentirse bien, siempre que no se contraríen para nada sus planes. Son pequeñas muestras de formas de ser, nada maniqueas. Si somos sinceros, nos reconoceremos en muchos de los pequeños tics de familia burguesa que se ven en la película. Rosana, la cuidadora, lleva su propia mochila a cuestas. Dejó a su hija al cuidado de la abuela que ha fallecido y ahora se encuentra frente a una desconocida que siente que la han arrancado de su casa y su entorno para llevarla a un lugar extraño que no le gusta. Cuida de la anciana con amor y soporta cualquier cosa porque no tiene otro camino.
Libertad se defiende como puede en ese entorno que vive como hostil. Más madura que Nora, segura de su atractivo que la hace sentir que tiene el control en algún aspecto, con rencor hacia su madre por haberla abandonado y con sensación de desarraigo. Nora es el personaje principal y me parece que está muy bien dibujado. Atraviesa ese momento en que te das cuenta de cosas que no conocías, que estás deseando otras que todavía no están a tu alcance, que tus padres se revelan como seres humanos con flaquezas y defectos, que no eres una niña ni una mujer y que con frecuencia te sientes llena de rabia. Yo me recordaba a mi misma a esa edad y, aunque los tiempos sean muy distintos, hay cosas que permanecen igual. La relación con Libertad tiene muchos aspectos, luces y sombras. Se siente fascinada por la niña mayor, desenvuelta y atractiva; también tiene envidia y la presencia de la otra la hace ver por primera vez cosas de si misma que no conocía.
Todas las actrices están muy bien, especialmente María Morera en el papel de Nora. El ritmo de la película es lento, pero no resulta aburrido, sino apropiado para ese lento discurrir del verano en la adolescencia. Sin duda una opción muy recomendable y una directora a la que seguir la pista.

viernes, 19 de noviembre de 2021

MADRES PARALELAS

Le debía una reseña a "Madres Paralelas", la última película  de Pedro Almodóvar ( 2021).

Una película que como os podéis imaginar ha despertado tantas filias como fobias, como suele ocurrir ante cada estreno del director manchego, más si cabe en esta ocasión ,cuando su posicionamiento político en torno a cuestiones como la ley de memoria histórica queda más que patente.

"Madres paralelas" gira en torno a la vida de dos madres que dan a luz en el mismo hospital y prácticamente a la vez. Janis (espléndida Penélope Cruz) es una mujer de mediana edad, soltera, que está feliz con la idea de ser madre. Ana, es una joven asustada y frágil, también soltera y con poco apoyo familiar, que decide seguir adelante con su maternidad, a pesar de sus miedos y sus inseguridades.

Ambas poco a poco en el hospital irán creando un vínculo que contra todo pronóstico se irá haciendo cada vez más estrecho entre las dos, afectando de manera insospechada y significativa en la vida de ambas.

El melodrama está servido para un Almodóvar maduro que da calado emocional e íntimo al retrato de dos madres perdidas que  tal cual Blanche en "Un tranvía llamado deseo" creen sin titubeos en "la bondad de los desconocidos(aquí desconocidas)"

Un Almodóvar con escenarios multicolor e intensos, como nos tiene acostumbrad@s, transgresor de las normas sociales que acompañan a las relaciones heteropatriarcales, se sumerge en fórmulas nuevas, rompedoras, para ahondar en los sentimientos de dos mujeres valientes, que en el fondo se saben solas y descubren en la sororidad una fuente de fortaleza inesperada.

Saltando en el tiempo y jugando con las protagonistas y sus respectivos extravíos, vemos como Janis se implica en la construcción de su linaje, intentando recomponer las piezas rotas de sus ancestros, procurando cerrar las heridas abiertas que dejó la Guerra Civil en su familia. Es ahí donde se verá acompañada por el padre de su hija( Israel Elejalde), que mantendrá su presencia en en este propósito casi vital para ella.


Por su parte, Ana (Milena Smit) avanzará en su camino, salpicado de desafíos y pruebas, haciendo frente a la tragedia, a la arbitrariedad y el caprichoso devenir de los acontecimientos, capeando el temporal con el viento de cara y a su favor, con la torpeza y la candidez de su juventud, apostando por su amor tosco, burdo y sin pulir.

Almodóvar se rodea además  de Aitana Sánchez Gijón, Rossy de Palma y de la gran Julieta Serrano para dar cuerpo a un espectacular reparto de secundarias, que de alguna forma, también son protagonistas y dotan de credibilidad y fuerza a un melodrama donde el universo es femenino singular y plural.


Para quienes le acusan de demagogia, sólo remarcar que  en mi opinión, lo personal es político, y el cine de Almodóvar, lo fue siempre, mucho antes de abordar la ley de la memoria histórica, porque no hay nada neutro en conforme los personajes, viven, aman, se relacionan, piensan y sienten y porque en todo acto u omisión, hay una porción aunque sea mínima de ideología, una decisión y un posicionamiento personal y por extensión político, seamos conscientes o no.


El cine de Almodóvar es así:  intenso, extremo, repleto de aristas y de fisuras, quien quiera ver algo comedido y políticamente correcto, puede buscar en otra parte.

Buen fin de semana

Troyana



viernes, 12 de noviembre de 2021

Last Night in Soho - Cuidado con lo que sueñas

Eloise sueña, sueña despierta, y sus sueños se pueden hacer realidad...y así es la protagonista de esta historia, una criatura inocente de Cornualles, a la que le dicen que Londres puede comérsela viva. Pero como personaje principal de un cuento siniestro, ella no se lo cree, piensa que la bondad existe, que Londres es su Oz, pero es en la gran ciudad donde va a descubrir la moraleja de la fabula que protagoniza.

El mundo del director Edgar Wright siempre se ha caracterizado por un universo muy personal, lleno de planos cercanos al tebeo, un ritmo trepidante, una banda sonora genial y un humor muy personal y británico, en ejercicios de escapismo realmente brillantes y originales, con los que el público más aficionado al entretenimiento puede sentirse llamado. Ya fueran adaptaciones, o material original, desde la Trilogía del Cornetto (de la que hablé aquí) hasta las reciente Baby Driver, pasando por Scott Pilgrim, todas tienen un toque suyo muy particular.

En este film, que Wrigth coescribe junto a Krysty Wilson-Cairns (1917, Penny Dreadful), su sello personal está claro, pero se aleja de sus protagonistas masculinos, para dar voz a una historia que se mueve entre el viaje de una joven hacia la madurez, y un claro homenaje al terror de los años 60 y 70, con toques hasta góticos, y algún momento de humor muy suyo.

Eloise, interpretada estupendamente por Thomasin McKenzie (Jojo Rabbit), es una joven solitaria e inocente, muy diferente a las chicas de su edad, que vive en un mundo de fantasías. Cuando se va a Londres a estudiar en una escuela de moda (su gran sueño), tendrá que lidiar con un ambiente agresivo, donde no hay nadie que la ayude o quiera. Dejar a su abuela, es un duro golpe, y todo parece que se soluciona cuando encuentra un pequeño apartamento en el Soho...todo parece ideal si no fuera porque desde que pone sus pies en el barrio londinense (epicentro de la marcha de los 60), empieza a notar la presencia de Sandie (Anya Taylor-Joy), una joven que vivió en la época maravillosa con la que ella sueña, y la hará "viajar en el tiempo".

Ambas chicas son perfectas en sus roles. Aunque Anya parece estar ahora en todos lados, no es ése el motivo, creo yo, por el que sale aquí. Es que una vez más, es simplemente una actriz totalmente apta para el personaje, y es raro no sentir fascinación por Sandie, como Eloise tiene. Así pues con un par de actrices jóvenes y potentes, quizá de lo mejor de su generación con quizá Florence Pough o Hailee Steinfeld, la película acierta con un elenco formado por Matt Smith y Michael Ajao, o los inolvidables actores de la época a la que homenajea la película: Diana Rigg (icono de los 60 con su personaje de Los Vengadores) o Terence Stamp (el "coleccionista" de pesadilla de la adaptación de la novela de John Fowles).

El guion, que juega también con nuestros prejuicios previos con el elenco (no digo más para no estropear estos momentos), y con algún cameo inesperado, va adentrándonos en una trama que comienza como un cuento de hadas, hasta una historia descarnada y siniestra, fabula de la realidad que puede vivir una mujer joven cuando quiere triunfar en una ciudad grande, y en este retorcido viaje a la locura, ya no se sabe diferenciar entre lo que es fantasía y la cruda realidad. Todo es prácticamente perfecto hasta que llegas al final, donde quizá se flojea algo, porque es difícil concluir claramente cuáles son las intenciones de esta historia, donde casi todo el mundo puede ser héroe y villano a la vez.

Para los fans de la capital británica, el Londres de Last Night in Soho es cuidado y real...al menos en su versión contemporánea. En su versión de los 60 es simplemente perfecto e ideal, con ese cuidado estético que ponen los técnicos del Reino Unido cuando quieren recrear el pasado. Las tomas de la ciudad son un mundo elegante y glamuroso, donde podrías haber visto a James Bond no sólo en los carteles de cine, si no también caminar por las calles.

No quiero contar más porque realmente no quiero estropearos las sorpresas, pero es una película que merece muchísimo la pena: un terror al estilo de la época que homenajea (el cine británico de los 60, o incluso el cine de terror italiano, estadounidense o británico de los 70), con cariño y conciencia, homenajes al momento y una banda sonora simplemente perfecta.

Last Night in Soho se puede considerar como un viaje, un trayecto al pasado, una fábula sobre la maduración y acerca de crecer, y contemplar el futuro, envuelta envuelta en una película excelentemente dirigida y cuidada, con detalle y cariño.

Carmen

viernes, 5 de noviembre de 2021

Prisioneros

 


(Denis Villeneuve, 2013)

¿Te apetece ver una película dura y desagradable? Aquí tienes una. Nada más comenzar a leer cualquier sinopsis, te das de bruces con lo crudo del argumento: el secuestro de dos niñas de seis años; el horror y la desesperación de sus familias; verdaderas atrocidades.

A mí la sinopsis me habría echado para atrás inmediatamente, porque lo tremebundo del planteamiento me habría hecho pensar en algo vulgar, efectista y gore. Si la sinopsis hubiera sido mi única referencia, jamás habría visto Prisioneros y jamás me habría gustado, porque, como he escrito otras veces, a mí Prisioneros me gusta contra todo pronóstico y contra mi propio historial cinéfilo. ¿Por qué? Porque en principio no me van nada esas historias retorcidas y rarunas, al estilo de Seven, peli que detesto. Precisamente, lo que menos me gusta de Prisioneros es ese personaje de malo malísimo taimado que obra el mal por el mal. Otros críticos destacan esa interpretación del mal y a mí, como me pasa siempre, no me acaba de convencer: en Prisioneros, como en todas las pelis que lo incluyen, resulta tontorrón y pretencioso, pero aquí excepcionalmente funciona un poco, quizás porque el relato se resuelve en un tono cruel y descarnado, nada lacrimógeno, nada piadoso, ni siquiera para con los débiles. Y se mantiene. Y resulta novedoso, porque huye del susto y de la sorpresa y lo trata todo con un atrevimiento formal que supera lo típico hollywoodense y un ritmo lento, pero tenso.

Villeneuve domina las convenciones del género, pero no se priva de darle su toque personal y se le agracede la audacia.

De este thriller oscuro, asfixiante y contundente, de dos horas y media de duración que no pesan en absoluto, dice Claudia Puig, del USA Today, que es una película de realismo macabro y puedo estar bastante de acuerdo, sobre todo con lo de macabro; no tanto con lo de realismo, pues alguna escenita tontea con lo fantástico y es precisamente lo peor logrado del film entero.

Lo primero que hay que destacar de Prisioneros es su ambientación. El responsable de la fotografía, Roger Deakins, que también trabajó en No es país para viejos y Skyfall, obtuvo una nominación a los Oscar. No ganó, pero lo habría merecido, porque mérito de la fotografía, de sus amarillos sucios y grises, es la peculiar atmósfera sombría y glacial y la tremenda impresión que produce esa América profunda inhóspita, fría, reflejo de las almas turbulentas de sus pobladores. Prisioneros se desarrolla en un no-lugar típicamente americano que no apetece nada visitar; más bien te da ganas de salir huyendo. Es la América criminal que vio nacer al asesino en serie, la patria de los demonios americanos de la venganza y la justicia rifle en mano. Esa moral americana está vista aquí por un canadiense de Quebec con un pelín de complejo de superioridad, pero cinematográficamente no resulta odioso, quizás porque en Europa complejo de superioridad también nos sobra.

Yo, que soy una loca de las localizaciones de las pelis, en este caso ni siquiera tengo claro dónde se supone que se desarrolla la ficción. Pensaba, no sé por qué, que era en algún lugar de Pensilvania, pero luego he leído en alguna crítica que se trata de las afueras de Boston. Sea como sea, no está de más nombrar Boston, porque al hablar de Prisioneros mucha gente cita Mystic River, con el mismo Boston durito y desagradable.

Están genial los actores, sobre todo Hugh Jackman y Paul Dano, y especialmente bien está Jake Gyllenhaal. Tampoco están mal Maria Bello y Viola Davis, aunque sus funciones son muy secundarias: el peso de la acción recae en los personajes masculinos, que son un verdadero regalo para los actores. Las actrices, en cambio, no tienen manera de lucirse.

Al hilo de Boston hablábamos de Mystic River y al hilo de Jake Gyllenhaal, que borda su papel, tenemos que hablar (como hace la mayoría de la crítica) de Zodiac, pues estos dos personajes, el de Prisioneros y el que Gyllenhaal hacía en Zodiac, tienen bastante en común: los dos son antihéroes, bastante pardillos y un poco pringaos, obsesionados con unos hechos criminales y una investigación. Aquí, en Prisioneros, Gyllenhaal es un poli anodino que no parece muy espabilado, con unos tics nerviosos desesperantes, que hace muchas cosas mal y no inspira confianza. Pero, como no hay nadie mejor, como todos los demás personajes están devastados por la tragedia, pues no queda más remedio que confiar un poco en él y rezar para que acabe resolviendo el caso.

La resolución o, mejor dicho, el final del film es espléndido. El saber rematar adecuadamente las películas es algo que personalmente valoro mucho y este remate, como os digo, me complace: es contenido, evocador, da una chispita de esperanza, pero solo una chispita que se apaga bruscamente. Nada de explosiones de optimismo. Para eso se necesitaría otra película, no esta.

 

Noemí Pastor

viernes, 29 de octubre de 2021

En el calor de la noche

Sinopsis a ritmo de soul.


Cartel de la peli

Son los años 60 en un pueblo del estado sudista de Mississippi. (No sé cuántas consonantes dobles lleva este río y por ende, el estado unido, aunque secesionista, del que toma su nombre) Es un pueblo que tiene cierta importancia ya que parece ser un nudo ferroviario entre los trenes que van de norte a sur y de este a oeste. Lo cierto que Sparta, que es el nombre del pueblo, es un lugar poblado por paletos dixies que aún se ríen de las impensables actitudes de Rosa Parks o Martin Luther King jr. A este pueblo ha llegado un rico industrial que pretende montar una fábrica. 

Negro y con pasta, sospechoso.

La peli arranca con la llegada del tren a este nudo ferroviario a orillas del Mississippi y con el agente Sam patrullando por la sofocante noche "espartana". Seguimos a Sam en su recorrido hasta que este se topa con un cadáver. Un hombre blanco. El hombre blanco. El rico industrial que pretendía montar la fábrica ha aparecido muerto en medio de la calle en plena noche. 

Siendo convencido por su jefe para colaborar con los paletos sureños.

El jefe de policía, Gillespie, es un veterano policía con un carácter irascible que trata de llevar en orden al departamento de policía del pueblo. Utilizan el poco sofisticado recurso de tomar como sospechoso al primero que pillan, sin preguntar. Así, el agente Sam, detiene como sospechoso del crimen a un hombre negro bien vestido y con una billetera bien provista que aguarda el tren de las cuatro de la mañana. 


Extraña pareja policial.

El joven negro bien vestido resulta ser Virgil Tibbs, un inspector de homicidios de la policía de Philadelphia que acepta, a regañadientes y por orden de su jefe, ayudar a los segregacionistas de Sparta a encontrar al culpable de la muerte del rico industrial. 


Dixieland


La peli está basada en una novela de John Ball ambientada en esa América segregacionista que no asimila que los afroamericanos son iguales a ellos, los blancos anglosajones protestantes, por supuesto. De hecho, John Ball, con esta novela inició una saga de libros cuyo protagonista era el detective Virgil Tibbs. 

La viuda del rico muerto quiere que Tibbs siga en el caso.


La cinta se rodó en 1967, un par de años después de la primera publicación de la novela de Ball. Rodar una historia policíaca con esa ambientación en plena época de la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos era bastante más peligroso que rodar historias con el mismo cariz en los años 80, como "Arde Mississippi".

Los hombres de Paco con otro sospechoso porque sí.

El director de esta película fue Norman Jewison, cineasta canadiense autor de otros éxitos como "Jesucristo superstar" o "el violinista en el tejado". Por cierto, debido a esta última peli mencionada y por el curioso apellido Jewison los antisemitas lo cosían a desprecios, sobre todo por la peli musical de Cristo. En España, por ejemplo, los curas preconciliares guiaban a sus rebaños a los cines para rezar por los pecadores que iban a ver la sesión, tolerada. Chascarrillos aparte, a pesar del sospechoso apellido (Para los antisemitas) el nonagenario director proviene, ahí está la gracia, de una familia cristiana protestante.


Encontronazo con los paletos del white power.

Ya sabemos que  Jewison tiene ciert gusto musical. No podía ser de otra manera en esta peli que goza de la música de Quincy Jones y el tema principal "In the heat of the night" está cantado por Ray Charles.

Reconstruyendo la noche de autos.

La peli está protagonizada por uno de los primeros actores negros en ver reconocida su importancia cinematográfica: Sidney Poitier. En esta peli encabeza el cartel por delante del propio Rod Steiger. Poitier ya rondaba la cuarentena cuando rodó esta peli, pero seguía siendo un hombre guapete, aunque siempre fue un actor bastante inexpresivo. De hecho este año 1967 fue su gran año. Rodó tres películas que fueron auténticos éxitos. Aparte de esta historia criminal en la Mississippi más paleta y racista, también actuó en "adivina quien viene esta noche", haciendo de novio de la blanca niña bien hija de Katharine Hepburn y Spencer Tracy y en "rebelión en las aulas", donde hacía de profesor nuevo en una escuela de barrio pobre londinense donde salía la cantante yeyé  (y eurovisiva) Lulu, sin the luvvers

La trama se va desenredando.

Y aunque el prota era el inspector Virgil Tibbs (Poitier), el que se llevó el óscar a mejor actor fue Rod Steiger, componiendo a ese jefe de policía de malas pulgas y algo cachazudo. Desde luego, ese rudo policía mascando chicle de manera desaforada y manteniendo esa curiosa relación con Tibbs entre la disimulada admiración y la irritación ante su arrogante presencia es una buena razón para ver la peli. Sobre todo la escena cuando suben a ver a Endicott, el terrateniente algodonero, que va de bien educado pero que se siente humillado cuando Tibbs le devuelve el cachete (Ese sí es un zaska antológico) y el jefe de policía no mueve ni un dedo para desagraviar al rico intolerante que ve cómo ya no puede pegar a un negro sin consecuencias. 

Repartiendo.


A ritmo de soul, nos vamos en el ferrocarril,


Juli Gan.

viernes, 22 de octubre de 2021


En junio de 2021 comenzó a rodarse en Nueva York, dónde si no, una nueva temporada, la séptima, de esta serie que se emitió entre 1998 y 2004 (94 episodios en seis temporadas) y se prolongó después en dos largometrajes: uno en 2008 y otro en 2010. Se programó un tercero para 2017, pero quedó cancelado.

“Sexo en Nueva York” fue una serie popularísima, de gran éxito en sus estrenos y con un montón de reposiciones posteriores. Es una serie mucho más vista de lo que se confiesa, muy citada, muy referenciada, y que, sin embargo, raramente aparece en los ránkings de las series de culto. ¿Por qué? Luego hablaremos de esto.

Centrémonos ahora en que, más de veinte años después, regresa a HBO Max con el título “And just like that” (que puede traducirse por “Y así, como si nada”) y diez episodios de media hora cada uno. Dicen las malas lenguas que al rebufo del reencuentro de “Friends”, vuelven casi todos sus protagonistas, con la remarcable y estelar ausencia de Kim Cattrall, la imprescindible Samantha Jones. No dejo de preguntarme hasta qué punto se resentirá la historia de este enorme vacío, aunque, por otro lado, tengo toda mi confianza en el equipo de guionistas, cuya principal preocupación seguro que es precisamente que no se note que falta. Además, este equipo ha prometido “novedad total”, así que pinta bien.


La primera foto del rodaje de la séptima temporada (etonline.com)

Vuelve Chris Noth (Mr. Big), aunque se lo estuvo pensando, y también repiten Evan Handler (Harry Goldenblatt), Mario Cantone (Anthony Marento), el entrañable Willie Garson (Stanford) y David Eingenberg (Steve Brady). Abonado a las breves apariciones, aparece brevemente John Corbett (Aidan) y repite como director ejecutivo Michel Patrick King.

Echo de menos en el reparto al guaperas de Jason Lewis (Smith Jerrod), pero, al no estar Samantha, tampoco tiene mucho sentido.

Esta séptima temporada que ahora se rueda nos mostrará a las tres amigas, una vez cumplidos los cincuenta años, tal como anticipaba el final del segundo largometraje. Promete una visión del mundo desde la cincuentena, lo cual es novedoso e interesante.

También han adelantado que hablará de la pandemia y que incorporará un nuevo personaje no binario, Che Díaz, interpretado por Sara Ramírez, a quien conocemos de “Anatomía de Grey”.

El rodaje se llevó en principio bastante en secreto, aunque Sarah Jessica Parker compartió en Instagram el primer vídeo teaser de este esperado regreso.

No os voy a engañar: me voy a lanzar a una defensa encendida de esta serie, pero antes voy a nombrar un defecto: su pésima traducción al castellano. Hay fragmentos con una versión castellana penosa, sin gracia y hasta sin coherencia. Quizás no fuera posible hacerlo mejor, pues la protagonista es muy aficionada a los juegos de palabras y eso es siempre un quebradero de cabeza para las traducciones. Así y todo, los largometrajes tienen una mucho mejor versión española, de manera que algo sí se podía mejorar.

Ya está. Hecha la minicrítica, vamos con la alabanza. Un punto muy a favor de esta serie es que su contenido, veinte años después, sigue en vigor y, al menos en mainstream, no se ha superado. Vamos con uno de sus puntos fuertes: está totalmente protagonizada por mujeres, cosa que no es frecuente y menos frecuente era en 1998, cuando se estrenó. Volviendo a lo de los ránkings que os decía antes, mirad cuántas de esas series presuntamente de culto están protagonizadas por mujeres y luego hablamos.

Otro punto fuerte y rompedor: la serie consiste en una exploración de la sexualidad y el placer femeninos, algo que a menudo molestaba y provocaba críticas feroces; demasiado feroces; sospechosamente feroces. Hace más de veinte años fue una forma de presentar los universos femeninos y hablaba sin tapujos de sexo, abortos, masturbación… De mujeres profesionales, de cómo se desenvolvían en sus trabajos, de cómo se veían y cómo las veían en lo laboral, de la tensión con las carreras de sus parejas…

Como serie, “Sexo en Nueva York” evolucionó. Comenzó con un tono narrativo y acabó con otro. Con el tiempo, se hizo menos ligera, algo más amarga, pero con ese amargor sabroso del té negro bien cargadito.

Tiene especial miga su final irónicamente feliz: todas las chicas acaban emparejadas, pero con unas situaciones de pareja que no son ni mucho memos las soñadas, jugando así con las convenciones de la comedia romántica.

Ya para acabar, os voy a recomendar un artículo muyinteresante sobre esta serie. Lo publicó Emily Nussbaum en The New Yorker en julio de 2013. Se titula “Difficult Women. How ‘Sex an the City’ lost its good name” y os resumo un poco sus ideas principales.

“Sexo en Nueva York” fue una serie pionera, atrevida, con episodios de una brillante coherencia. Puede criticársele haber envejecido en un par de aspectos: el primero, la falta de diversidad (mujeres blancas y mayormente heterosexuales) y el segundo, que no son precisamente defensoras de un estilo de vida sano, pues beben, fuman y consumen fast food sin remordimiento alguno. Se me ocurre (a mí, no a Nussbaum) que quizá quieran actualizar algo de esto en la próxima temporada.

Carry Bradshaw no es una heroína; más bien, una antiheroína: no es perfecta; engaña a sus parejas. Es una tía poco complaciente, cortante, deslenguada; tiene un punto de vista cínico, es promiscua y utiliza un lenguaje soez. Tanto ella como sus amigas son taimadas, astutas, impías y tienen gran ingenio y sentido del humor. Son atractivas y triunfadoras y carecen de la fragilidad de otras protagonistas televisivas como Ally McBeal.

Termino con un aspecto que destaca Nussman y que me parece fundamental a la hora de entender la condesdendencia y el desprecio con el que los críticos (y aquí el masculino no es genérico) trataron a esta serie. Fijaos en que estas chicas guapas, elegantes, atractivas, inteligentes, profesionales, triunfadoras no gustaban a los hombres. Solo nos gustaban a las mujeres. Los críticos se cebaron contra sus carísimos modelitos de alta costura y su modo de vida pijo y obviaron todo lo demás. Puede que ya sepamos por qué.

Noemí Pastor

viernes, 15 de octubre de 2021

El juego del calamar




Dado el fenómeno social en el que se ha convertido, me decido a darle una oportunidad, también animada por una compañera ex- zinéfila Anoche soñé que había vuelto a Manderly de nuevo (manderly07.blogspot.com)  y me encuentro con una serie coreana que me sorprende para bien, superado el shock de las primeras escenas con un juego que me resulta infantil y a la vez violento.

"El juego del calamar" de Hwang Dong-hyuk nos conduce por una gran yinkana de juegos tradicionales y letales con la particularidad en el que tod@s los participantes tiene algo en común : vienen de situaciones económicas muy desfavorables, arruinados y en su mayoría endeudados.


El espectador queda atrapado en el espectáculo puede ser que manido pero siempre resultón de ver cómo la competitividad y la ley del más fuerte se abren paso entre los jugadores, a fin de conseguir el cotizado premio, que es una importante suma de dinero.



Las pruebas normalmente son simples juegos infantiles con la salvedad de que la gente muere conforme va siendo eliminada. La organización de los juegos, por otra parte, es tan secreta, anónima y criminal, que viene a darle a la serie de tan solo nueve episodios ese halo de misterio y de intriga que nos deja enganchad@s de manera irremisible a la pantalla.



Pero "El juego del calamar " esconde algo más que puro espectáculo y entretenimiento, es una demoledora y sádica crítica al sistema socioeconómico en el que estamos inmersos: el capitalismo, el individualismo, la competitividad, la ley darwinista de la supervivencia del más fuerte, el valor nulo atribuido a la vida humana, la ausencia de escrúpulos y el dinero como único dios en una sociedad perdida, materialista y mercantilizada.



Sólo se perciben destellos de humanidad aislados en algunos jugadores que se resisten a perder la piel de humanos en un claustrofóbico circo romano donde los ricos pagan por ver cómo las clases más pobres se destrozan entre sí y luchan contra los elementos impuestos  a fin de seguir con vida.

Este festival despiadado de sudor y sangre, lejos de decaer conforme avanza, va "in crecendo " y sostiene una tensión calculada que resulta adictiva. Este proyecto que  además de contar con Hwang Dong.hyuk como creador, tiene como protagonistas a  Lee Jung-jae, Park Hae- soo, Wi Ha-jun, Oh Young- soo y Jung Ho-yeon .

Si todavía no la habéis visto, dadle una oportunidad, porque no os arrepentiréis, y ya de paso, si os apetece debatir, pasad luego por aquí y compartimos impresiones a ver qué os pareció.

ATENCIÓN CONTIENE SPOILER:

Y ahora entro en debate sólo para quienes la hayan visto:

¿le habrías dado otro final?¿ te resulta coherente el giro de guion en el último tramo?


En mi opinión, me hubiera gustado que ya puestos, el anciano enfermo, fuera un personaje más manifiestamente maléfico y retorcido todavía, que hubiera disfrutado con el espectáculo  pero  al mismo tiempo que por alguna razón hubiera dejado con vida al protagonista sólo porque éste sin saberlo, hubiera detonado alguna tecla entrañable, pura y oculta de su infancia, puede que su último reducto de bondad.

Sea como fuera, "El juego del Calamar" es una serie adictiva, muy bien realizada y mejor interpretada, que merece la pena ver y disfrutar. Y sí, para quienes piensen que es imposible, una serie puede ser buena y al mismo tiempo, popular.

Buen fin de semana a tod@s

Troyana.