viernes, 16 de noviembre de 2018

The New Statesman: sátira en tiempos de crisis

En este semana en que el Gobierno Británico ha aprobado el acuerdo de Brexit con la Unión Europea, he recordado una serie inglesa política, que con su brutalidad, sátira e incorrección, sacaría los colores de la actual "inquisición" que se ve en redes sociales. Y es que "The New Statesman" ("Un Diputado Fantástico" en España), es una de las sátiras más salvajes que se han paseado por la televisión sobre la política.

Alan B'Stard conquistando el Parlamento

Olvidaos del Ala Oeste y cualquier House of Cards, volvamos a aquellos años 80, en los que en las islas comandadas por Isabel II, también mandaba otra mujer, Margaret Thatcher, con mano de hierro. Y es entonces, cuando llegaron joyas irónicas de los tejemanejes de los políticos de por allí, con "Yes, Minister" y "Yes, Prime Minister", unas inteligentes comedias que nos mostraban como se hacía política y hasta qué punto, dicha gestión también podíamos sentirla cercana.

La entrada de la serie, una declaración de intenciones

Partiendo de una base similar, el fantástico cómico Rik Mayall, conocido por su papel de activista de izquierdas de "Los Jóvenes", y los guionistas Laurence Marks y Maurice Gran, crearon a Alan B'Stard (pronunciado como Bastard, Bastardo en español), el político más joven elegido para la Cámara de los Comunes. Con un sueño: forrarse. Y es que desde los primeros minutos de la serie, verás cómo la locura, la corrupción y la maldad son parte esencial del ADN de B'Stard, que es conservador, pero nos creemos que sería cualquier cosa con tal de conseguir sus metas.

Alan y la Seguridad Social

Mayall tenía un personaje bombón a su medida (como si ya no hubiera tenido otros o tendría con Flasheart en "Black Adder", Ricky en "Los Jóvenes" o Richie en "La Pareja Basura" ("Bottom")), pero aquí con un protagonismo exacerbado. Y se notaba que lo adoraba. B'Stard representa lo peor de la política y del ser humano el egoísmo más bajo y ruin. No hay valor o causa que lo salve: es malo hasta la médula y eso es lo que quiere.

Alan es un chico malo con su profesora francesa

Pero no está solo en su "lucha" por enriquecerse y conseguirlo todo partiendo de su mediocridad. Desde el capítulo primero, lo vemos con su suegro (otro miembro del partido al que no le importa dejar residuos nucleares en su propia jurisdicción), su esposa Sarah (una ninfómana bisexual tan ambiciosa como él) o su compañero de aventuras, Piers Fletcher-Dervish, una víctima, pero también llena del mismo clasicismo, racismo y pomposidad.

Piers y Sarah, ¿algo más que amigos?

Los 29 capítulos distribuidos en 4 temporadas, constituyen un auténtico festival de descacharramiento humorístico y locura salvaje. Siempre cuenta los tejemanejes de Alan, y su afan por sobrevivir y hundir a los demás. Además está acompañado en momentos por viejos conocidos del panorama audiovisual británico como Stephen Fry o Hugh Laurie, o múltiples rostros que os sonarán de series de allí.

Hablemos de auténticos fascistas...

Emitida por Antena 3, canales autonómicos y digitales en los 90, es una auténtica pena que no tenga una buena edición en DVD con doblaje o subtitulado en español, o esté en streaming.

Cuando la veamos, quizá nos cueste reírnos por lo cercano que a veces B'Stard puede parecer (curioso ver que en su etapa en Bruselas, es el mayor representante del euroescepticismo británico). Así, en estos tiempos oscuros en términos políticos a todos lo niveles en los que vivimos, reírse de la realidad con una serie tan inteligente, divertida e incorrecta, nos puede ayudar a superarlo. No lo dudéis. Y espero que os hayan entrado ganas con los clips que he dejado a lo largo del artículo.

Alan, adelantándose más de 20 años al Brexit, ¿os suena?

Podéis saber más de la serie gracias a Lorenzo Mejino en su artículo para el Diario Vasco.

Carmen R.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Matar un ruiseñor

"La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno" (Attícus Finch).

Hace unos meses leí que en algunas escuelas de Estados Unidos (en el estado de Virginia, y supongo que en algún otro también) se había prohibido, a instancias de asociaciones de padres, la lectura de Matar un ruiseñor, la novela escrita por Harper Lee en 1960 y premiada con el Premio Pulitzer en 1961. Esos padres y autoridades educativas, consideraban que la novela podía herir la sensibilidad de sus hijos, ya que en ella se utilizan palabras despectivas, como nigger (algo así como negrata) y se daba una imagen de los negros que no les gustaba. 

La noticia me causo estupor; hace algunos años reseñé en un blog ese libro, uno de mis preferidos, y escribí "Me gustaría que todos los adolescentes leyeran este libro y pudieran aprender así, en las palabras de Atticus Finch, que "matar un ruiseñor es pecado"; es decir, que dañar a un inocente es el crimen más vil que se puede cometer y que los prejuicios, raciales o de cualquier otro tipo, envilecen el alma".

Sin embargo, ahora me enteraba de que algunos padres, profesores y autoridades educativas consideraban que este libro, que para muchos es uno de los más hermosos y destacados arietes contra el racismo, había de ser quemado en la hoguera de esos modernos savonarolas porque, según ellos, apuntalaba esos prejuicios. 


Aunque la novela y la película que en ella se basa se escribieron y rodaron en plena época de El movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos (que se suele considerar que arranca en 1955 con el boicot a los autobuses de Montgomery y termina en 1968 con el asesinato de Martin Luther King) y en ese contexto hay que entender el triunfo inmediato de ambos (la película está considerada, desde 1995, "cultural, histórica y estéticamente significativa" por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos), actualmente hay sectores de la población negra estadounidense que repudian ambas obras por los motivos antes expuestos. Como pasa en otras muchas ocasiones, hay quienes prefieren reinventar la Historia cuando no les gusta, en lugar de aprender de sus errores y horrores.

La novela se localiza en la pequeña ciudad de Maycomb, en el estado de Alabama, durante los años 1933-1936. La historia está narrada por Scout que, ya adulta, recuerda hechos que ocurrieron cuando ella tenía entre 6 y 9 años. La pequeña vive con su hermano Jem, cuatro años mayor, y su padre Atticus Finch, un respetado abogado, viudo desde que Scout tenía dos años. A través de los ojos, inocentes pero perspicaces, de Scout observamos y juzgamos, con ella, el mundo que rodea a la niña, ya que esa mirada pone en evidencia las contradicciones y prejuicios de los adultos que la rodean. Junto a los dos hermanos, su inseparable amigo Dill, el niño que, en la realidad, años más tarde, se convertiría en otra de las glorias literarias estadounidenses: Truman Capote.


El mundo de Scout entrará en crisis cuando su padre se encargue de la defensa de un joven negro acusado, falsamente, de haber violado a una joven blanca, víctima en realidad de la brutalidad e ignorancia de su propio padre. Porque la historia, si bien tiene su núcleo en la injusticia provocada por los prejuicios raciales, también se puede resumir como la historia de tres tipos de padres: uno ejemplar, que es Atticus Finch; uno terrible, que convierte en fantasma a su propio hijo en aras de las convenciones sociales, que es Mr. Radley; y, el tercero, uno despreciable, capaz de las mayores vilezas tanto con su propia hija como con los demás, que es Bob Ewell.

La película la realizó en 1962 el director Robert Mulligan y su guion sigue con fidelidad a la novela. Para disfrutar de la película no es necesario haber leído el libro, pero quien opte por hacer ambas cosas obtendrá mayor satisfacción, puesto que, inevitablemente, la película ha de resumir situaciones y eliminar personajes secundarios, lo que no hace que la narración cinematográfica se resienta pero que sí son elementos que proporcionan gran satisfacción al lector; por ejemplo, la narración pormenorizada del primer día en la escuela de Scout es estupenda e imposible de presentar en toda su extensión en la película, como tampoco puede aparecer la conflictiva relación entre Scout y su tía Alexandra (todo un personaje, quizás reflejo de la madre real de Harper Lee), u otros muchos detalles que enriquecen la novela.

Pero la película es una gran película por si misma, gracias, fundamentalmente, a la capacidad poética que tuvo Robert Mulligan para recrear el mundo adulto visto por una niña. Mulligan consiguió crear una atmósfera que combina perfectamente realismo y cuento de terror, con un par de malvados terribles y un fantasma bueno incluidos; un fantasma convertido en sombra por su propio padre (uno de los malvados de la historia) que salvará la vida de los hermanos Finch. En algunos aspectos, la película parece estar influenciada por La noche del cazador, y no sólo en cuanto a que relata la historia de dos niños, sino también en el tratamiento de luces y sombras para conseguir  algunas escenas de terror fantasmagórico (Jem en el porche de los Radley; los niños perseguidos por Bob Ewell...).


Pero, sobre todo, la película, como la novela, es un gran homenaje a la bondad, dignidad y tolerancia de un hombre: Atticus Finch, en el que Harper Lee rendía homenaje a su propio padre, por quien había sentido adoración; no así por su madre, con la que siempre mantuvo unas relaciones complicadas, por lo que no sorprende que Harper, trasunto también de la pequeña Scout, optara por hacer enviudar a su padre literario. 

Atticus Finch es, en el sentido más machadiano de la palabra, un hombre bueno. Un hombre cuya filosofía de vida queda explicada en las frases que le dirige a su hija cuando esta afronte sus primeros choques en la escuela:

Si consigues aprender una sola cosa te llevarás mucho mejor con todos tus semejantes: nunca llegarás a comprender a una persona hasta que no veas las cosas desde su punto de vista... Hasta que no logres meterte en su piel y sentirte cómodamente.


Eso es, sobre todo, Atticus Finch, un hombre profundamente tolerante con sus semejantes. Es un hombre inteligente y bondadoso que se da cuenta perfectamente de las injusticias de la sociedad en la que vive, pero que decide enfrentarse a ellas con honestidad, dignidad e integridad y no con rebeldía, porque quiere cambios pacíficos que remuevan conciencias y sean perdurables.

Atticus es abogado (como el padre real de Harper Lee) y, cuando un hombre negro, Tom Robinson, es acusado injustamente de haber violado a una joven blanca, se encarga de su defensa, a pesar de que sabe que ello le granjeará la enemistad de buena parte de sus conciudadanos. Y así se lo explica a su hija:

Atticus: La verdad es que se ha hablado mucho en esta población respecto al hecho de que no debería defender a ese hombre.

Scout: Si no deberías defenderle, entonces ¿por qué lo haces?

Atticus: Entre varias razones... porque si no lo hiciera no podría ir con la cabeza bien alta. Ni siquiera podría deciros a ti y a Jem que es lo que debéis hacer.



La película fue premiada con tres merecidísimos Óscar, en 1963. Peck (que ya había sido nominado cuatro veces anteriormente, la primera vez con su segunda película Las llaves del reino) ganó, con una interpretación soberbia, el de mejor actor. Al parecer, en su primer día de rodaje estaba presente Harper Lee, que al presenciar su interpretación se echó a llorar. Cuando Peck le preguntó por qué lloraba, la escritora le dijo que por lo mucho que le recordaba a su padre (Amos Lee, el adorado padre de Harper, había muerto poco antes), incluso en la barriga que éste tenía. Peck le contestó "Eso no es barriga. Es una gran interpretación".

Gregory Peck y Harper Lee mantuvieron su amistad hasta la muerte del actor; incluso una nieta de Peck se llamó Harper en honor a la escritora. Para Gregory Peck esta película siempre fue especial, por encima de otras grandes interpretaciones suyas, porque su personaje encarnaba sus ideales personales.

Un segundo Óscar lo ganó el magnífico guion de Horton Foote, que supo ser muy respetuoso con la historia original a la vez que conseguía adaptarla perfectamente al lenguaje cinematográfico.

El tercer Óscar fue para la dirección artística y decorados. Inicialmente se pensó rodar en Monroeville, la ciudad natal de Harper Lee, donde había transcurrido la infancia de la escritora y donde su padre había defendido, en 1923, un caso similar al que narra la novela de su hija. Sin embargo, los años transcurridos entre la infancia de Harper Lee y el momento en que se rodó la película habían hecho que la ciudad sureña se modernizara y ya no fuera apropiada para representar a la ficticia Maycomb de la Gran Depresión. Por ello, la población se recreó en los Estudios de la Universal Picture en Hollywood, incluida la sala donde transcurren las escenas del juicio, uno de los más famosos, conmovedores e impactantes de la cinematografía judicial.


Mary Badham, la estupenda Scout Finch, fue en su momento la actriz más joven nominada para un Óscar. Pero, finalmente, el premio a la mejor actriz de reparto se lo arrebató otra actriz juvenil, Patty Duke, por su interpretación de Helen Keller en El milagro de Ana Sullivan.

Realmente, si la película debe mucho a la gran interpretación de Gregory Peck, también le es enormemente deudora a la de la pequeña Mary y a la manera en que esta y Peck consiguieron transmitir al espectador el fuerte lazo que unía a padre e hija. Badham y Peck mantuvieron también su amistad hasta que en el 2003 murió el actor y Mary siempre llamó a Peck "Atticus"

Badham, como tantos otros actores infantiles (incluido Phillip Alford, el actor que interpretó también con mucha fortuna a Jem Finch) no consiguió desarrollar posteriormente una carrera cinematográfica a la altura de su primera interpretación. Pero quien haya visto la película no podrá olvidar nunca la actuación de la pequeña Mary Badham, que para siempre será el rostro de la inteligente y voluntariosa Scout Finch.

La película fue el debut cinematográfico de Robert Duvall, que para interpretar al conmovedor Boo Radley, estuvo seis semanas sin que le diera la luz del sol y se tiñó el pelo de un rubio blanquecino para conseguir así el aspecto fantasmal adecuado a su personaje.

La buena y perdurable relación que se creó entre Gregory Peck, Harper Lee, Mary Badham y otros integrantes del rodaje, dice mucho del ambiente en el que se realizó la película. Brock Peters, el actor que interpretó al desdichado Tom Robinson, fue invitado por la familia de Gregory Peck para que pronunciara el panegírico del actor cuando murió.

Sigo pensando que leer la novela o ver la película (mejor ambas cosas, pues es uno de esos raros casos en que una gran novela se convierte en una gran película) es una hermosa experiencia para cualquier persona, y una buena enseñanza para que los adolescente aprendan, en las palabras de Atticus Finch, que "matar un ruiseñor es pecado"; es decir, que dañar a un inocente es el crimen más vil que se puede cometer y que los prejuicios, raciales o de cualquier otro tipo, envilecen el alma.

Yolanda Noir



viernes, 2 de noviembre de 2018

Quién lo impide


Por pura casualidad me enteré de la proyección en Tabacalera (un centro cultural en San Sebastián) del proyecto de Jonás Trueba Quién lo impide. Algo había oído sobre ello, sin saber muy bien en qué consistía. De hecho, alguien me comentó que era una película que solo se iba a proyectar una vez en Madrid, creo que en Matadero (qué nombres tienen nuestros centros culturales…) y pensé “pues vaya negocio” a la vez que me daba rabia no verlo, ya sabéis como el cometa que no pasará hasta dentro de 10000 años y, si no lo ves hoy, has perdido tu oportunidad para siempre (aunque los cometas te chupen un pie). Total, que fui expectante pero sin saber a qué iba. No había visto con anterioridad nada de este director, hijo de Fernando Trueba, pese a que ha rodado varios largos: Todas las canciones hablan de mí, Los ilusos, Los exiliados románticos y La reconquista, que concursó en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián en 2016.
Solo somos
Este es un proyecto curioso que, por lo visto, parte del rodaje de La reconquista, donde actuaron dos adolescentes 
–Pablo Hoyos y Candela Recio—que son parte importante de Quién lo impide. Consta de cuatro piezas: Solo somos, Principiantes, Tú también lo has vivido y Si vamos 28, volvemos 28 que giran en torno a la adolescencia. Aunque se pueden ver de forma independiente, Trueba las considera una película, con un formato distinto, pero una película.
Todo esto lo fuimos averiguando según pasaba el día. Al principio no sabíamos si teníamos entrada para una de las cuatro o para todas y yo, que había trabajado la noche anterior, pensé que como mucho vería una (confiando en no dormirme).
Principiantes
Pues las vi las cuatro, no hice siesta y me pareció algo fascinante. Tengo que aclarar que no soy muy amiga de las películas de adolescentes. He visto muchas en el Festival y siempre se drogan, se suicidan, tienen graves problemas de identidad sexual o lo que sea que consigue que mi lado madre acabe profundamente angustiado. De hecho, no soy muy amiga de la adolescencia. Me parece una edad en la que solo se entienden entre ellos y recuerdo la mía como un período duro, triste, lleno de inseguridades y miedos. Vamos, que no iba muy bien predispuesta hacia el tema, pero Jonás Trueba y esa maravilla de chicos y chicas que forman parte de Quién lo impide cambiaron del todo mis posiciones sobre el género y sobre la edad. Aquí no hay dramas horribles, todo es muy cotidiano, aunque, por supuesto, hay sufrimiento y risas, inseguridades, dudas, bullyng, enamoramientos, amistades… Todo ese magma que forma parte del descubrimiento de la vida que, pese a que puede ser doloroso, es fascinante.
Tú también lo has vivido
Conocimos a los protagonistas en la primera parte: Solo somos que nos muestra a un grupo de chicos y chicas que se plantean ideas para representar su mundo. Otros muchos participan, opinan, dan ideas y nos demuestran qué equivocados estamos si pensamos que la edad del pavo atonta a los jóvenes. Os aseguro que me parecieron mucho más lúcidos que la mayoría de adultos.
La segunda pieza, Principiantes, (aunque el orden es indiferente) gira en torno a Candela y Pablo, los que participaron en La reconquista y son el origen de este proyecto. Son dos historias independientes que tienen como protagonista a uno de ellos y como mirada externa al otro. Dudas existenciales y amor, grandes temas de esa edad. Hay que decir que, además, los chicos actúan fenomenal.
En tercer lugar, vimos Tú también lo has vivido.  El formato es de documental, adolescentes que van comentando sus experiencias, pensamientos y deseos en diversos campos. Como un caleidoscopio vemos las mil facetas de la adolescencia. Ellos se quejan, y con razón, de que los metemos a todos en un mismo saco, que creemos que la adolescencia uniformiza y está claro que no: unos tienen inquietudes políticas, otros no; unos son religiosos, otros ateos; unos tienen pareja, a otros les parece demasiado pronto, y así vamos viendo personas tan distintas como la van a ser luego, en la vida adulta.
Si vamos 28 volvemos 28
Por último, Si vamos 28 volvemos 28 nos muestra un viaje de fin de curso que, sin necesidad de grandes historias, habla de todo lo que es importante: las relaciones sociales, la timidez, el aislamiento, el amor, los diferentes roles que juegan los adultos en su trato con adolescentes, la solidaridad, la crueldad…
La verdad es que fue toda una experiencia. Cuando terminó tuvimos un coloquio con el director y un grupo de los protagonistas. Daban ganas de ver mucho más, de charlar con ellos durante horas, de discutir sobre la adolescencia, de enterarse de más acerca de cómo se ven y cómo nos ven. A la vez que es una maravilla, es una pena que sea un formato tan especial que va a hacer difícil que mucho público disfrute de esta joya, pero, si tenéis ocasión, no os la perdáis.
Laura Balagué

viernes, 26 de octubre de 2018

Good girls

Con el boom de los canales temáticos tipo HBO o Netflix para series de ayer, hoy y siempre, o recién salidas del horno, este formato está viviendo una edad de oro. Aprovechando el tirón, hoy vengo a hablaros de una serie producida por la cadena yankee NBC que llega a nosotras vía Netflix titulada Good girls y es que estas chicas son bonísimas.

Ellas son buenas chicas.

Buenas chicas nos introduce en la vida de tres madres de familia de clase trabajadora, de esas que tienen que hacer malabarismos para llegar a fin de mes. Viven en Detroit, otrora rumbosa ciudad del motor, hoy día ruinosa población en crisis eterna. Beth (Christina Hendricks, vista en Mad men) es una hacendosa esposa y madre de cuatro criaturas que un mal día descubre que el capullo de su marido, Dean (Matthew Lillard, al que conocimos en Scream), después de tomar muy malas decisiones financieras, los ha arruinado. Su hermana pequeña, Annie (Mae Whitman), divorciada, ve peligrar la custodia de su hija disputada por su exmarido y no puede hacer frente a la demanda por no poder pagarse un abogado ya que su sueldo de cajera de supermercado puteada no le da para gran cosa. La tercera amiga, y no menos importante, es una luchadora madre y esposa llamada Ruby (Retta) que junto a su marido e hijos forman una familia estupendamente avenida. El problema se presenta porque la niña mayor tiene una seria enfermedad renal, y, ya se sabe que la sanidad en EEUU es privada y salvar la vida a tu hija puede llevarte a la indigencia.



 Una vez presentadas las protagonistas y sus circunstancias se van sumando personajes que las acompañan durante sus vicisitudes, como por ejemplo Stan, el amoroso marido de Ruby, guardia de seguridad que está a punto de entrar en la policía; Sadie, la hija de Annie, una preadolescente que sufre acoso escolar porque sus compañeros no aceptan que prefiera vestirse de una manera masculina; Sara, la hija de Ruby, muy enferma, que necesita un riñón para vivir; Boomer, el encargado del supermercado donde trabaja Annie, un capullo obsesionado con ella; Mary Pat, una desvalida joven viuda y madre que es un lobo con piel de cordero, y, por supuesto Río, un tío muy inquietante e inteligente que prefiere vivir al margen de la ley.

 Dar un palo al súper con guantes de fregar.

Tres madres con diversos problemas que, a la desesperada, perpetran dar un palo al supermercado para poder hacer frente a sus problemas más inmediatos. Pero este es el principio de una serie de complicaciones cada vez más peligrosas ya que se ven involucradas en las actividades de criminales profesionales. El resto, mejor lo veis.

Carrera delictiva en marcha

Medidas desesperadas que toman tres mujeres desesperadas. Gente normal, así se definen ellas, que acaba mezclándose con gente no muy recomendable. Esto empieza a ser un tema recurrente en series y películas, quizá impelido por la crisis económica que nos azota. La necesidad urgente de pasta hace que se pase por la cabeza cometer delitos.

Este es Boomer, el encargado del súper, obsesionado con Annie.

En el año 2000 la película británica "el jardín de la alegría" ya nos contaba como la ruina financiera de la reciente viuda encarnada por Brenda Blethyn, una adorable mujer bien considerada en su pueblito la llevaba a cosechar marihuana. Un año después, comenzando el siglo, Eva Lesmes dirigió en España una película titulada "el palo" donde cuatro dispares mujeres impelidas por la necesidad económica resuelven atracar una sucursal bancaria donde una de ellas (Adriana Ozores) trabaja como señora de la limpieza. Más recientemente, Netflix nos trajo la historia del resignado Walter White en "Breaking bad", un hombre maduro que necesita hacer frente a sus ingentes problemas  aplicando sus doctos conocimientos químicos para delinquir, cosa que nos hace ponernos incondicionalmente del lado del delincuente en todos los casos, y en el de nuestras buenas chicas, también.

Los malos actos conllevan a las malas compañías. Este es el inquietante Río.

Al poco del estreno de la primera temporada, la NBC renovó el contrato con su creadora Jenna Bans para una segunda que esperemos que siga resolviendo esas situaciones límite con esa gracia y giros insospechados.

Juli Gan.

viernes, 19 de octubre de 2018

El Capitán Veneno (1951) o Así se librará usted del peligro de enamorarse de mí

Hace unos días, por Twitter, me recomendaron una novela sobre amor no correspondido, en apariencia, y así fue como conocí la obra "El Capitán Veneno" de Pedro Antonio de Alarcón. Escrita en 1881, pero situada en 1848, la obra recoge una historia didáctica y sentimental en medio de las revoluciones europeas de la época, y en particular de aquella entre los seguidores de Isabel II y los republicanos en España. Pero no crean que vamos a hablar de guerras, si no que aquí, lo importante va a suceder entre paredes y mujeres, donde es confinado el protagonista, una "Fierecilla" con pantalones y bigotes, que no soporta el universo femenino, al que tiene prejuzgado, y del que huye como si no hubiera mañana.


El libro, muy breve y lleno de diálogos jugosos, es una de esas obras que piden ser adaptadas a "voces", pues es muy fácil de versionarse ya que la mayoría del texto son diálogos o buenísimas descripciones, con las que con buenos actores, se pueden hacer maravillas.

Y Pedro Antonio de Alarcón no era desconocido para los guionistas no sólo españoles, sino también había llegado a cruzar el Atlántico hasta Broadway (Revenge with Music), con la que sería su obra más adaptada para el cine: "El Sombrero de Tres Picos", y se pueden encontrar adaptaciones de sus novelas hasta los años 70, incluso en alemán.

Volviendo al Capitán Veneno, en este caso, sería adaptada, además de por TVE en los 60 junto con otras obras de Alarcón, en 1943, en argentina, con  Luis Sandrinie y Rosa Rosen de la mano de Henri Martinent, y en México también con Pedro Armendáriz en 1945 (El Capitán Malacara). Lamentablemente, no es posible encontrar copia alguna de estas adaptaciones pues una no está disponible, y en el caso de TVE, al ser de 1964, probablemente está perdida.


Visto lo visto, no parecía que fuéramos a disfrutar de esta novela, pero nos quedaba una adaptación en la posguerra española, con Sara Montiel y Fernando Fernán Gómez, de 1951, que incluso se volvería a reestrenar en 1959 debido al éxito de la manchega más internacional.

Este film está dirigido por Luis Marquina, que también hacía labores de guión, aunque no en este caso. Aquí nos encontramos también a un ilustre hombre de letras, Wenceslao Fernández Flores, que también nos da una serie de diálogos adicionales de lo más jugosos e incluso cameos como el de José Zorrilla, como se puede ver aquí:



Y es que, para hacer cinematográfica esta obra, se debe tirar de inventar escenas, y aquí se puede decir, que estos añadidos, pegan perfectamente con la obra alarconiana. Así, si la novela inicial limita espacialmente a la historia, y la reduce a una obra de teatro, breve pero intensa, estas adiciones, hacen que fluya con más brío cinematográfico en su comienzo. La película avanza como una comedia romántica muy a los "screwball comedy" estadounidense, humorística, con dos personajes abocados al romance que no se entienden, y paródica de los folletines del siglo XIX.

Fernando Fernán Gómez, en ese momento, bastante joven y acorde con su personaje de Jorge de Córdoba, recibe un papel a su medida: un militar que no puede con las injusticias, que busca la pelea, y que huye del sexo femenino como si del mal se tratara...y todo esto con el peor de los humores, ¿se lo imaginan? seguro que sí. Y ahí tenemos a Angustias, retratada por una jovencísima Sara Montiel, muy lejos de Yuma y de sus dramas del cuplé, que le da réplica muy acordemente a la imagen de la protagonista que se ve al leer la novela.


Si estos dos nombres no tientan lo suficiente, los secundarios también están a la altura: Julia Caba Alba, Pepe Isbert, Manolo Morán y Amparo Martí. Todos y cada uno de ellos, brillan en los momentos asignados, y son una delicia de contemplar.

La película tiene pocos o casi ningún cambio con respecto al texto del granadino Pedro Antonio de Alarcón, que resulta ser tan ingeniosos, que a partir de la llegada del Capitán a la vida de las mujeres, son prácticamente copiados y pegados al guión. Especialmente significativo, mantener casi intacta la última frase.

Así que si gustan de las películas en blanco y negro de los 50 en español, preparaos para una divertidísima comedia romántica, sobre enamorarse, y aceptar lo inevitable.

Os dejo aquí la presentación de TVE en Historia de Nuestro Cine:

viernes, 5 de octubre de 2018

The Square






El director sueco Ruben Östlund ("Fuerza Mayor")dirige "The Square"en 2017.



La película gira en torno a la vida de  Christian ( Claes Bang), mánager de un museo de arte contemporáneo en Estocolmo.


Christian , que es un hombre divorciado y con dos hijos,se encarga de una exhibición titulada "TheSquare" en la que hay una instalación que fomenta valores humanos y altruistas.

Él no lo imagina,pero cuando contrata a una agencia de relaciones públicas para difundir el evento, esta promoción en las redes sociales despierta  una gran conmoción social.

Dicho esto, me permitireís un momento de abstración.Estamos en un momento maravilloso a nivel de talento cinematográfico. Lo digo por las grandes satisfacciones que nos están dando cineastas en este caso europeos de la talla de Haneke, Lars Von Trier,y sí, incluyo a Östlund porque en mi opinión son auténticos cirujanos sociales de una Europa moderna que hace aguas por todos lados a nivel ético y moral.


En "The square" el director pone la lupa en el ámbito del arte moderno y nos lleva de la mano de un submundo a menudo tan vacío como petulante. Es un microcosmos que sirve de muestra para asomarnos a un mundo lleno de contradicciones y de dilemas morales ante los que el individuo se muestra a menudo egoísta e hipócrita.


El museo en concreto, acoge la instalación de "el cuadrado" un espacio donde las personas no sólo pueden sentirse a salvo y seguras,sino que además,pueden recibir la ayuda de otras personas.

Es un maravilloso punto de partida y aunque Cristian ,que es el anfitrión de ceremonias en la inaguración ,defiende un discurso inagural utópico,éste es totalmente opuesto a las acciones  que él o su equipo ejercen fuera de todo escaparate.


Es evidente que su equipo carece de escrúpulos a la hora de difundir la exposición y que únicamente parece interesado en cumplir el objetivo de lograr esos "dos segundos de atención" que al parecer prestamos a los estímulos nuevos cuando estamos sobreexpuestos y saturados de contenidos por los mass media o las redes sociales.

El mismo Cristian se muestra indiferente a la mendicidad y la pobreza que constantemente se muestra en su ciudad pero luego se vale de una oratoria donde la solidaridad es la clave de todo el entramado artístico.Tampoco muestra comprensión ni compasión ante la protesta lícita o no de un niño que ha recibido una carta suya al parecer por error.

Se muestra un mundo carente de empatía,escucha,visión,todos ciegos ante el sufrimiento ajeno( como en la película "A ciegas" basada en la obra  "Ensayo sobre la ceguera "de José Saramago ) todos se muestran autómatas que sólo reaccionan cuando sienten que algunas de sus propiedades están en peligro o alguien interfiere en el logro de sus amorales y personales objetivos.


El director así no sólo hace una crítica al arte contemporáneo superficial y de contenido vacío bajo una retórica pomposa llena de palabras que en realidad no dicen nada, sino que además,se despacha a gusto contra una sociedad idiotizada por el abuso de los móviles,inmune al dolor ajeno, repleta de individualidades egoístas que sólo son capaces de establecer relaciones líquidas y funcionales.


Cristian no es excepción,en la relación que se muestra con una mujer ( Elisabeth Moss)él se muestra egoísta y totalmente indiferente a ahondar en un profundo vínculo emocional.Manipula a todo aquel que se cruza en su camino de forma tan elegante y sofisticada que dan ganas hasta de darle las gracias y es capaz de hacer cualquier cosa si alguien o algo se interpone en su camino.



No es un hombre abrupto ni tosco, es un hombre que ejerce el poder desde su pose de aparente indefensión,con ese halo de gentleman moderno y culto,que se sabe influyente y está acostumbrado a conseguir lo que quiere sin necesidad de perder las formas o alzar la voz.



Los jóvenes encargados de la campaña publicitaria  no son tampoco excepción.Tan preocupados de estar en el ojo de huracán no miden las consecuencias de sus actos,pasan por encima de cualquier límite que pueda establecer la ética o la moral y se lanzan salvajes como alimañas al mundo de las redes intentando poner al museo en el protagonista del vídeo viral del momento.


The squire es una sinfonía de secuencias inconexas y sin embargo con un hilo narrativo coherente que parece ser llevado por Christian.
Si Haneke nos enfrenta al lado  más pertubador de la condición humana ( el miedo,la enfermedad,la vejez,la soledad....etc....etc......) y Lars Von Trier nos sacude con el rostro más perverso y también débil del ser humano,aquí Östlund nos deja un cara a cara con el ciudadano burgués europeo,blanco,de clase alta,tan absorto en su realidad que se aisla de los dramas ajenos,que se desvincula emocionalmente de los otros,que vive en una farsa continua donde todo parece producto de un escaparate absurdo carente de todo sentido.


¿ es ésta queridos cinéfil@s la sociedad postmoderna que estamos construyendo desde los países supuestamente más avanzados? 


si es así ,tendríamos que hacérnoslo mirar a conciencia y tomar ejemplo de otras sociedades tal vez menos prósperas a nivel tecnológico o económico pero tal vez, mucho más evolucionadas a nivel emocional,ético y moral. 

Por lo demás,The squire,que para algunos ha supuesto un timo o una obra presuntuosa y vacía,a mí, personalmente me ha parecido estimulante y transgresora,osadamente incisiva ,por ser un dardo envenado a una sociedad en declive,la nuestra,poniendo el foco en el mundo del arte a modo de pupila de un ojo que por más que utilice lentes no deja de estar ciego a la hora de discernir lo verdaderamente significante en la vida del ser humano.
Porque tal cual decía el Principito " solo se ve bien con el corazón,lo esencial es invisible a los ojos"


Buen fin de semana,



Troyana




viernes, 28 de septiembre de 2018

Una chica cortada en dos




Nota. Una anterior versión de este artículo fue publicada en Boquitas Pintadas en 2008.

Cuando una pareja está formada por un hombre maduro y poderoso y una chica joven, pobre y hermosa, las malas lenguas se suelen cebar con ella: que si es una lagarta, un zorrón, que sólo busca lo que busca... Yo jamás he estado de acuerdo con eso y procuro, en tales casos, preguntarme también qué busca él, porque quizás sus pretensiones no son tan nobles, quizás no es el pobre viejo que ha caído rendido ante los encantos irrechazables de una mala pécora con el símbolo del dólar en las pupilas.

Mira tú por dónde, el bueno de Claude Chabrol, que cuando estrenó esta peli, en 2007, era ya un señor mayor y poderoso (tenía setenta y ocho años y más de cincuenta películas a sus espaldas), estaba más o menos de acuerdo conmigo y en Una chica cortada en dos, nos mostraba los destrozos mentales, equivalentes a los de una sierra mecánica, que puede causar un cabronazo con años, dinero, prestigio y aburrimiento en el alma de una jovenzuela enamoradiza, frágil y bellísima, una Monroe (el parecido es evidente) de nuestros días, una de esas chicas a las que el ser tan hermosas y seductoras no trae más que complicaciones.

En contra de lo que se dice, aquí, la muchacha, que, como todo bicho viviente, quiere medrar en su trabajo, no corre con la blusa desabrochada tras los hombres con corbata que toman las decisiones importantes. Es al revés: son los mandamases los que babean tras ella y quieren exhibirla a su lado en público y disfrutarla en privado. ¿Cómo sospechan ustedes que acontecerá en la vida real?

El argumento está basado en un suceso que ocupó los periódicos neoyorquinos en el siglo XIX: un riquísimo arquitecto de Manhattan murió a manos del marido de su amante, una actriz de varietés. Chabrol transforma al arquitecto en escritor y a la cabaretera, en presentadora de la tele. Como veis, pocos cambios se necesitan: la historia, siglos después, permanece intacta.

Ya digo que Chabrol trata con un poco más de simpatía a su protagonista, pero, en realidad, no perdona a nadie: ella tampoco es un ángel, aunque el verdadero demonio, the real enemy, es, para Chabrol, la alta burguesía de provincias. Se ensaña verdaderamente con ella, hace de sus miembros un retrato caricaturesco, deliberadamente exagerado, vacuo y teatral. Al respecto debemos recordar que, para los franceses, "provincias" es todo lo que no es París, incluida la tercera ciudad más poblada el Estado, Lyon, que es donde se desarrolla esta historia.

A pesar del color rosa del cartel, esta es una película negra, pero de pesimismo, casi desagradable, que supera el discurso habitual, repetitivo y cansino sobre las apariencias, mediante el simple recurso de instalarse en ellas con una puesta en escena artificial, distante, irónica, cruel. Sólo cabe un poquitito de esperanza en la media sonrisa final de la muchacha, pues, gracias a la magia, sobrevive al serrucho que la parte en dos.

Ficha técnica (www.filmaffinity.com):

Título original
La fille coupée en deux
Año
Duración
115 min.
País
Francia Francia
Dirección
Guion
Claude Chabrol, Cécile Maistre
Música
Matthieu Chabrol
Fotografía
Eduardo Serra
Reparto
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Productora
Coproducción Francia-Alemania; Alicéléo / France 2 Cinema / Integral Film / Rhône-Alpes Cinéma


Noemí Pastor