viernes, 17 de abril de 2026

Las maldiciones

 


«Alguien puede llegar a la política por muchos motivos. Unos más legítimos, otros menos. También por error,  por desidia, por no saber decir que no. Por estar en el lugar preciso, en el momento preciso. O en el lugar equivocado, en el momento equivocado… ». Claudia Piñeiro, «Las maldiciones».

 

Yo llegué a esta serie por casualidad, por alguna recomendación que leí no sé donde, y me convenció de inmediato cuando vi que se basaba en una novela de Claudia Piñeiro.

 

Es original y diferente. Un thriller político dirigido por Daniel Burman y Martín Hodara con referencias, como no, a House of Cards. Cuenta una historia peculiar y la cuenta de un modo peculiar: con unos giros geniales y solo tres capítulos; no se alarga innecesariamente para que encaje mejor en el formato estándar.

 

 

Leonargo Sbaraglia interpreta a Fernando Rovira, un político corrupto a más no poder, cuya hija es secuestrada la víspera de la votación de una ley crucial para sus propios intereses económicos. Gustavo Bassani encarna al secuestrador, Román Sabaté, un personaje que empieza como secundario y va creciendo de manera inimaginable. Alejandra Flechner hace un papel maravilloso como la madre de Rovira —hechicera y adivina en la novela y simplemente bruja en la serie—. También es reseñable la actuación de la niña Francesca Varela, víctima del secuestro.

 

Se habla de lo universal desde situaciones muy particulares. De humanidad y deshumanización, de corrupción, traición y codicia. De familia, maternidad y paternidad. De ecología, de agua y de litio.

 



Es cierto que se han suprimido algunos elementos importantes de la novela, como la «maldición de Alsina», que es una creencia popular según la cual ningún gobernador de la provincia de Buenos Aires ha ganado unas elecciones presidenciales por el conjuro de la hechicera la Tolosana. Lleva el nombre de Adolfo Alsina, quien fue gobernador bonaerense entre 1866 y 1868 y aspiró a la presidencia en tres ocasiones sin llegar a alcanzarla. En la novela, Rovira pretende burlar la maldición dividiendo Buenos Aires en dos provincias, aunque eso no es lo esencial, el verdadero meollo es cómo pueden los gobernantes sustituir el sentido común y el interés general por  creencias sobrenaturales y supersticiones; por no hablar de las mentiras y la postverdad.

 

También se echan de menos dos personajes carismáticos de la novela: el tío Adolfo, radical convencido y admirador de Alfonsín; y la China, una periodista sin mucha suerte que ayuda a Sabaté.

 

Como remate, la banda sonora de Hernán Segret y Nico Cota. Os recomiendo que estéis atentos en el principio del capítulo uno, a la preciosa versión del clásico Qué sera, será; versión que en realidad se se creó para la serie From y aquí viene genial como metáfora del destino y la superstición.


Almudena Fernández Ostolaza