viernes, 16 de enero de 2026
Father, mother, sister, brother
Siempre que voy a ver una película de Jim Jarmush voy con ilusión. Es curioso porque, al mirar su filmografía, me he dado cuenta de que se me han pasado muchas. Recuerdo especialmente Bajo el peso de la ley, donde me fascinó el personaje de Roberto Begnini. Tengo la imagen de los presos de una cárcel gritando “I scream, you scream, we all scream for ice cream”. No es que recuerde mucho más, pero sé que me gustó mucho. También vi Coffee and cigarettes y Broken flowers, aunque las tengo borrosas. Sin embargo, recuerdo mucho mejor Paterson, que me encantó. Es posible que fuera porque el protagonista es Adam Driver que es un actor que me gusta mucho. En cualquier caso, me sorprendió que ganara el León de Oro en Venecia, porque siempre lo he tenido por un director más bien minoritario. Desde luego, esta película está hecha con muchos medios. El reparto es excepcional: Cate Blanchett, Vicky Krieps, Adam Driver, Mayim Bialik, Tom Waits, Charlotte Rampling, Indya Moore y Luka Sabbat. Y todos están maravillosos. La fotografía es excelente y todo está muy lejos de aquellas primeras películas en blanco y negro de este director.
Son tres historias que hablan de la familia y la comunicación. Cada una transcurre en un país distinto. La primera, protagonizada por Adam Driver, Mayim Bialik y Tom Waits, se desarrolla en Estado Unidos. Dos hermanos acuden a ver a su padre con el que tienen muy poca relación. He visto salas de espera de dentista con mejor comunicación entre los pacientes que entre los miembros de esa familia. Creo que hasta el público se revolvía en los asientos, a punto de proponerles temas de conversación.
La comunicación entre la madre y las hijas de la segunda historia no fluye mejor. Transcurre en Dublín. Charlotte Rampling es una escritora estirada y distante que una vez al año toma el té con sus hijas. Cate Blanchet está maravillosa como la hija monjil y deseosa de agradar y Charlotte Rampling baja la temperatura varios grados de lo seca y fría que resulta. Sigue teniendo una prestancia espectacular.
Por fin el amor y la facilidad para entenderse llegan en la tercera historia, donde unos hermanos mellizos visitan por última vez el piso de sus padres, recientemente fallecidos, en París. Los hermanos se quieren, se entienden, incluso tienen toques de telepatía “cosas de mellizos”, como ellos dicen.
En esta película expresa tanto lo que dicen como lo que callan, también las casas y los entornos hablan, hay muchos pequeños detalles sutiles que marcan lo que Jim Jarmush quiere decir.
Hay algunos toques que se repiten en las tres historias, como una conexión absurda: los brindis con una bebida que no se presta a brindar, un reloj Rolex o una frase que es algo así como “tu tío se llama Bob”, que no sé si es algún dicho en inglés.
También os digo que no es película para todo el mundo. Nosotros fuimos tres personas al cine y a dos nos gustó y otro la aborreció. También he leído críticas dispares, pero yo pasé muy buen rato y no puedo si no recomendaros Father, mother, sister, brother.
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