viernes, 6 de febrero de 2026
Hamnet
Quiero comenzar recomendando a los que no hayáis leído la novela de Maggie O´Farrell que la leáis sin falta. Una singular historia de amor entre William Shakespeare y su esposa, Anne o Agnes Hathaway, en la que, sorpresa, la protagonista es ella. El libro otorga voz y una atractiva personalidad a una mujer fuerte y original, completamente ignorada por la historia, que quizá fuera decisiva en la carrera del dramaturgo. Amor y duelo. Rebeldía y genio creativo. Si le añadimos la maestría indiscutible de O´Farrell y el trenzado con el drama «Hamlet», resulta una de las grandes novelas del siglo. Atrapa de tal manera que importa muy poco cuánto hay de rigor histórico y cuánto ha sido inventado por la novelista. Probablemente casi todo, da igual.
El respeto por la novela de la directora del film, Chloé Zhao, fue tan extremo que se negó a dirigir la adaptación si Maggie O´Farrell no escribía con ella el guion y, por suerte, lo hizo.
La película también me ha impactado. Con unas herramientas completamente diferentes consigue transmitir sensaciones muy parecidas. El lenguaje rico y adornado de Maggie O,Farrel, que en la novela evoca un exquisito bordado con delicados hilos y los colores más sutiles, se transforma en imágenes igualmente sensoriales en las que la palabra, sin embargo, tiene poca relevancia.
Chloé Zhao apuesta por un sonido evocador e inmersivo a base de trinar de pájaros, zumbar de insectos —la naturaleza es un elemento esencial en la historia—, risas, jadeos, respiraciones y una excelente banda sonora de Max Richter, al que pidió que incluyera un tema que ya había aparecido en «La llegada» y en «Shutter Island», a la directora le daba igual que no fuera original porque era magistral.
El segundo elemento mágico es la fotografía, tanto en el tratamiento de los paisajes y verdes de la naturaleza —salvaje pero bienhechora, omnipresente en la cinta—, como en el simbolismo del color en las ropas de los protagonistas: para ella rojo o negro, dependiendo de su momento vital; un elegantísimo azul grisáceo para él, que también se torna en gris oscuro cuando se requiere. Me ha recordado a la impactante fotografía de la película «Emily», sobre la escritora Emily Brontë.
El tercer acierto es la elección de la pareja protagonista: Jessie Buckley y Paul Mescal encarnan a Agnes y William no solo con carisma y verosimilitud, consiguen transmitir también el silencio, lo que no se explica, la parte oscura. Es así mismo remarcable la actuación de Emily Watson como madre del escritor y de las jóvenes actrices Bodhi Rae Breathnach, como Susanna, y Olivia Lynes como Judith, las dos hijas de la pareja.
Y merecen una mención especial los hermanos Jupe: Noah encarna a Hamlet y el pequeño Jacobi, a un inolvidable Hamnet. La representación teatral dentro de la película transporta a las maravillosas adaptaciones de Kenneth Branagh. ¡Cuánto Shakespeare nos enseñó ese hombre!
Tengo que confesar que lloré un montón en el cine porque trata el duelo sin anestesia. Muestra cómo la muerte nos arranca no solo a nuestros seres queridos, sino una parte enorme de nuestras vidas; no nos permite seguir siendo los mismos. Su dolor te atraviesa. Lo vives con ellos, lo sufres con ellos.
Pero también su alegría, su romance, su paternidad y maternidad, sus ilusiones, su talento, su capacidad de comprender y de crear belleza… Si salís del cine tan tristes pero arrebatados como yo, os reconfortará el baile que montaron tras el rodaje. No os lo perdáis.
Hamlet o Hamnet esa es la cuestión.
Almudena Fernández Ostolaza.
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