viernes, 9 de octubre de 2026

Gone

 



Es una serie de investigación policial creada por George Kay y dirigida por Richard Laxton, con todos los elementos de las historias clásicas: un escenario británico, Bristol, un colegio privado muy tradicional, una mujer que desaparece y una investigadora con sus propios problemas personales.

La trama gira en torno a dos personajes: el marido de la víctima y la policia investigadora.

El marido, interpretado por David Morrissey, a quien ya conocimos en la serie Sherwood, queda caracterizado por el hecho de ser director de un carísimo y elitista colegio privado. Nada en su persona se desvía ni un milímetro del patrón esperado: es rígido, convencional, poco expresivo, hay que ser fuertes, los hombres no lloran…¿Puede un personaje caracterizarse solo por ser director del colegio? Sí, y aquí lo consiguen de manera magistral. Me ha recordado a un personaje de El balneario, de Vázquez Montalbán, que se describía solo con el dato de ser «una señora nacida en Segovia, pero criada en Madrid».

La policía, a la que da vida la actriz Eve Myles, tiene, como era de esperar, dificultades en su desempeño. En este caso es su nombramiento como agente de enlace lo que le frena  para investigar como a ella le gustaría. Aprovecho para comentar la interesante figura del agente de enlace, que recuerdo haber visto por primera vez en  Broadchuch, y el juego que puede dar en la ficción. Por si esto no fuera suficiente, la vida privada de la sargento tiene su aquel, abrumada por su exmarido y por un caso antiguo que la atormenta.

 Respecto al escenario y caracterizaciones no tiene nada que envidiar a The Crown o Dawnton Abbey. El colegio, la casa de campo del director… todo es idílico, adornado por una preciosa fotografía que incide en los verdes, el bosque y los paisajes; hasta que se convierte en un poco siniestro.

El ritmo de la narración es uno de los mayores aciertos: justo el adecuado para explicar todo bien, sin prisas. Permite apreciar los matices, el lenguaje corporal de los personajes, sus silencios y omisiones, pero sin resultar pesado o lento en ningún momento. Consigue mantener una tensión sostenida a lo largo de todos los capítulos.

Y en el montaje hay algo muy sutil que me ha parecido una genialidad. Cada capítulo comienza repitiendo el último minuto del capítulo precedente, pero en algunos se han permitido el lujo de repetir ese minuto con un punto de vista diferente. Es un detalle mínimo pero exquisito de esos que marcan la diferencia.

 En definitiva, muy recomendable para los amantes Linley, Wallander o Montalbano.

 

Almudena Férnandez Ostolaza

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