Es una serie de investigación policial creada por George Kay y dirigida por Richard Laxton, con todos los elementos de las historias clásicas: un escenario británico, Bristol, un colegio privado muy tradicional, una mujer que desaparece y una investigadora con sus propios problemas personales.
La trama gira en torno a dos personajes: el marido de la víctima y la policia investigadora.
El marido, interpretado por David Morrissey, a quien ya conocimos en la serie Sherwood, queda caracterizado por el hecho de ser director de un carísimo y elitista colegio privado. Nada en su persona se desvía ni un milímetro del patrón esperado: es rígido, convencional, poco expresivo, hay que ser fuertes, los hombres no lloran…¿Puede un personaje caracterizarse solo por ser director del colegio? Sí, y aquí lo consiguen de manera magistral. Me ha recordado a un personaje de El balneario, de Vázquez Montalbán, que se describía solo con el dato de ser «una señora nacida en Segovia, pero criada en Madrid».
La policía, a la que da vida
la actriz Eve Myles, tiene, como era de esperar, dificultades en su desempeño. En
este caso es su nombramiento como agente de enlace lo que le frena para investigar como a ella le gustaría. Aprovecho
para comentar la interesante figura del agente de enlace, que recuerdo haber
visto por primera vez en Broadchuch,
y el juego que puede dar en la ficción. Por si esto no fuera suficiente, la
vida privada de la sargento tiene su aquel, abrumada por su exmarido y por un
caso antiguo que la atormenta.
El ritmo de la narración es
uno de los mayores aciertos: justo el adecuado para explicar todo bien, sin
prisas. Permite apreciar los matices, el lenguaje corporal de los personajes,
sus silencios y omisiones, pero sin resultar pesado o lento en ningún momento.
Consigue mantener una tensión sostenida a lo largo de todos los capítulos.
Y en el montaje hay algo muy sutil que me ha parecido una genialidad. Cada capítulo comienza repitiendo el último minuto del capítulo precedente, pero en algunos se han permitido el lujo de repetir ese minuto con un punto de vista diferente. Es un detalle mínimo pero exquisito de esos que marcan la diferencia.
Almudena Férnandez Ostolaza

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