viernes, 30 de octubre de 2020

Para lo que me queda en el convento...Pecata minuta (1998)

 Hará una cantidad indecente de años, en unas jornadas de cine vasco, probablemente en el Zinemaldia donostiarra, no recuerdo bien, Ramón Barea presentó su primera película como director de cine. Esta no era sino la adaptación cinematográfica de una obra de teatro que había tenido bastante éxito por aquella misma época. Aquella obra de teatro estaba interpretada por cuatro de las actrices vascas más importantes del momento. Era la historia de cuatro monjas de clausura que, en un momento dado, deciden huir de su convento tras veinte años de vida contemplativa. La peli y la obra de teatro se llaman "pecata minuta" y yo cometo el pecadillo de hablaros de ella.

Una congregación peculiar

La peli, claro está, amplía subtramas que no puede asumir un escenario teatral, pero la narración principal sigue siendo la historia de las cuatro monjas que deciden, por diversos motivos, cavar un túnel oculto tras un confesionario, y escapar al mundo que dejaron hace varias décadas. Sor Asun (Loli Astoreka) es una monja que llegó al convento siendo demasiado joven. Decidieron por ella antes de que fuera demasiado madura, si es que alguna vez lo fue. Ella lo que quería es ser madre y como no los ha tenido lo sobrelleva jugando a ser mamá con su muñeco de trapo. Sor Rufina (Elena Irureta) es una enérgica monja de hechuras varoniles que sí quería tomar los hábitos, pero para cantar misa, cosa que le impedían por no ser un hombre. Ella va cavando el túnel de escape. Sor Remedios (Aitzpea Goenaga) es una monja que tiene muy claro que quiere fundar su propia congregación y, para ello, debe abandonar el convento. Sor Rosarito (Ane Gabarain)  era una jovencita pop que aún goza cantando con su prodigiosa voz, pero las postulantas guineanas, que son dos (Las hijas del sol), la tapan con sus potentes y cálidas voces, y eso la frustra mucho.

Sor Rufina, sor Asun y sor Remedios.

Este cuarteto de monjas vive encerrado en un convento decadente donde la mayoría de las hermanas son ancianas (Por ahí andan las veteranas actrices Maruchi Fresno, María Isbert y Mariví Bilbao) aunque , de vez en cuando viene a profesar alguna joven como Fany (Cristina Gómez), que sabe lo que busca, aunque no lo encuentra, porque ya ha estado en otras "hermandades" como "los niños de Dios". Por si eso fuera poco, hay una guerra, más sororicida que fratricida, si me permiten el chiste, entre la priora que quiere modernizar el vetusto lugar y la vigilanta que es inflexible con las reglas de la orden cuya fundadora yace, no diremos que incorrupta del todo, a la vista de toda la congregación.

Las actrices principales y su director.


La primera peli como director de Ramón Barea pasó sin pena ni gloria y la crítica la trató bastante mal, quizá por el simpático tonillo irreverente, aunque los papeles de las originales monjitas son interpretados de manera inmaculada. Ramón Barea contaba en su presentación que tenía muy claro que en su primera película tenía que salir su gran amigo y compañero de profesión Álex Angulo. Y la verdad es que sale, pero si queréis verlo, prestad atención.



Aunque a algunos meapilas les parezca irreverente, es una peli simpática y la mayoría de sus monjas, entrañables. Se deja ver con amabilidad.

Con la bendición urbi et orbi de,

viernes, 23 de octubre de 2020

Armas de mujer


Caminamos sobre las aguas
A través de la niebla,
Hasta alcanzar los confines.
Deja que el río fluya.
Deja que corran las aguas.

Carly Simon: Let the River Run

Armas de mujer (Working girl) es una peli que dirigió Mike Nichols en 1988. Repito: en 1988. Ha llovido desde entonces.
Si tuviera que ponerle un adjetivo rápido a esta película, diría que es una peli simpática. Es simpático Mike Nichols y casi todo el cine que ha hecho. Es simpático Harrison Ford y mucho más su adorable personaje en Armas de mujer, que dan ganas de pedirle matrimonio. Y son simpáticas Melanie Griffith e incluso Sigourney Weaver haciendo de cabronaza redomada.
Así y todo, la Academia de Hollywood no acogió Armas de mujer con demasiada simpatía a la hora del reparto de Oscars, pues, de seis candidaturas, solo se llevó una estatuilla y fue a la mejor canción: Let the River Run, de la gran Carly Simon.
Sí hubo, en cambio, simpatía en las taquillas: Armas de mujer recaudó una millonada en todo el mundo.
La peli contó con un reparto glorioso: quizás no lo fuera tanto en su época, pero sí que se ha hecho glorioso con el tiempo.
Además del trío de protas, que dio mucho de sí en los años posteriores, tengo que reseñaros a varios secundarios de lujo que se hicieron más de lujo todavía tras Armas de mujer. Estamos hablando, entre otras y otros, de Alec Baldwin, Joan Cusack, Oliver Platt, Kevin Spacey, Olympia Dukakis, Amy Aquino y Zach Grenier.
Y, aunque apenas se le ve, sale incluso David Duchovny, concretamente en un cuarto de baño, durante la fiesta de cumpleaños de Tess.
Volviendo a los protagonistas, parece ser que, antes de contratar a Griffith y Weaver, la productora había pensado para sus papeles en Michelle Pfeiffer y Meryl Streep. No me resisto a dar mi opinión: Pfeiffer lo habría hecho bien. Ya la vimos como chica de extrarradio en Casada con todos y resultó convincente.  La compro. Y a Streep también, pues ya bordó más tarde el papel de acosadora laboral megacabrona en El diablo viste de Prada. Con todo, me quedo con Weaver, que es bastante mi debilidad.
Aunque, como decía antes, ha llovido abundantemente desde entonces, Armas de mujer trata varios temazos de los que os tengo que hablar aquí.
El primero es el de los yuppies, un asunto muy en boga a finales de los ochenta y que fue abordado en otras muchas películas, casi todas ambientadas en Nueva York, como La hoguera de las vanidades (de la muy recomendable novela homónima de Tom Wolfe) , Wall Street o, del mismo Mike Nichols, A propósito de Henry.
Otro temazo que trata Armas de mujer, que quizás sea más novedoso y que haya envejecido menos o mejor, es el de las carreras profesionales de las mujeres. Bien es cierto que el punto de vista de la película es poco actual, poco “soror”, y que las protagonistas no solo luchan entre ellas por un puesto en la cúspide laboral, sino también por un hombre que guarda en su mano la llave de acceso, pero, así y todo, y teniendo en cuenta la época, me parece válido. Además, Armas de mujer es de las pocas pelis que pasa el test de Bechdel. 
Y el último temazo es el sueño americano, que nos llevaría a hablar y a escribir mucho mucho sobre capitalismo, lucha de clases, desigualdades, power dressing… Pero no: tranquilo todo el mundo, que solo diré un par de cosas ligeras y simplificando bastante.
Empezando por el dressing, resulta enternecedor el homenaje de la señora Griffith a su señora madre, Tippi Hedren, cuando en cierta escena elige un peinado y una vestimenta bastante parecidos a los que Hedren lucía en sus filmes con Hitchcock.
El personaje de Griffith, Tess, que pertenece a la clase obrera y tiene que tomar todos los días el ferri que la conduce de Staten Island a Manhattan (qué evocador y qué familiar nos resulta esto a quienes somos de la Margen Izquierda de la ría de Bilbao), para poder asentarse laboralmente en el otro lado, para acceder a la otra casta, tiene que imitar a su jefa Katherine no solo en lo profesional, sino también en la vestimenta, en sus complementos, el peinado, el aspecto e incluso la forma de hablar. 
Gail Ching-Liang Low, una autora de Singapur que ejerce de profesora universitaria en Inglaterra, al referirse a estas transformaciones como la de Tess, habla de travestismo cultural. Yo diría que lo que hace Tess es más bien travestismo social y es también un poco lo que hacía Dustin Hoffmann en Tootsie, pero, en vez de traspasar géneros, traspasa clases sociales.
Armas de mujer nos dejó para la posteridad un buen puñado de escenas y citas memorables. Por empezar con las escenas, aunque no sea ni de lejos mi favorita, pero sí memorable, debo recordar a Melanie Griffith pasando la aspiradora en bragas, pues supuso todo un hito en la iconografía erótica americana de baja estofa.
Más me gusta, en cambio, el elevator pitch que le hace Tess al jefazo Trask para explicarle cómo se le ocurrió la idea de inversión que luego le robó su malvada jefa Katherine. En el trayecto de la planta 0 a la de las oficinas, Trask queda convencido de la sinceridad de Tess y la falsedad de Katherine, contrata a la primera y despide a la segunda.
En cuanto a citas, Armas de mujer tiene unas cuantas reseñables que se pueden repasar en Wikiquote. Así y todo,me apetece dejar escrita aquí la más famosa de todas, esa que pronuncia Tess bajo los efectos del Valium y el alcohol: “Tengo una mente para las finanzas y un cuerpo para el pecado”.
Todos los artículos que he consultado para componer este mío sobre Armas de mujer, cuando resumen el argumento, dicen que la peli acaba con la llamada que Tess hace a su amiga Cynthia para decirle que es jefa y tiene despacho y el grito de júbilo de Cynthia: “¡Lo ha conseguido!”.
Sin embargo, esa no es  la última escena de la película: hay una posterior, bastante más bonita, más irónica, un poco amarga y rompedora, que nos hace cuestionarnos la película entera, de arriba a abajo.
Tras la exclamación de alegría de Cynthia, volvemos a ver a Tess en su nueva oficina, mirando por el amplio ventanal hacia la calle, hacia los demás rascacielos de oficinas. La cámara la contempla precisamente desde el otro lado del cristal y entonces se aleja, amplía el plano y vemos decenas, centenares de oficinas y ventanales exactamente idénticos, en montones de edificios de oficinas, todos iguales.
Tess ha pasado de un cubículo a una especie de celdilla de colmena.  No parece un gran avance, ¿verdad?

Noemí Pastor

viernes, 16 de octubre de 2020

Veneno



"Veneno" (2020) es mucho más que una serie convertida en fenómeno. Es todo un homenaje, un gesto de amoroso reconocimiento a la icónica  Cristina Ortiz, alias "La Veneno" una transexual que se hizo famosa  en la España de los 90 gracias entre otras cosas  a sus apariciones televisivas en el programa de "Esta noche cruzamos el Mississippi" con Pepe Navarro.


Confieso que cuando le di una oportunidad a la miniserie, tenía cierto miedo de encontrar un producto en el cual se diera una imagen esperpéntica de  "La Veneno" pero cuando me enteré de que los directores eran los Javis ( Javier Ambrosi y Javier Calvo) creadores también de 'La llamada' y 'Paquita Salas' supe que la historia de  Cristina estaba en buenas manos.

En el elenco de actrices encontramos a :

King Jedet, Daniela Santiago, Isabel Torres, Lola Rodríguez, Lola Dueñas, Paca la Piraña, Elvira Mínguez, Goya Toledo, Omar Banana, Laura Corbacho, Ester Expósito, Sophia Lamar, Mercedes León, Lara Martorell, Mariona Terés, Marcos Sotkovszki, Carolina Sobe, Ana Milán y Ciro Petrone.

La serie está inspirada en las memorias "Digo ni puta ni santa" escritas por Valeria Vegas, cuya historia personal tenía muchos paralelismos con la de la propia Cristina Ortiz  y cuya figura también es coprotagonista en la serie junto a Cristina Ortiz.


Dos mujeres, Cristina y Valeria,  que nacieron en épocas diferentes, pero a las que el destino o el azar, quiso unir.

 


 "Veneno" la serie nos interesa no sólo porque algun@s vivimos una de las épocas que refleja la serie en España, los ochenta ,los noventa, sino también porque resulta ser un reflejo de la situación de parte de la comunidad LGTBI desde los años 60 hasta la actualidad., por lo que se convierte en historia viva del colectivo durante las mencionadas décadas, una historia marcada  principalmente por la represión y la clandestinidad, especialmente de manera muy recalcitrante, en el ámbito rural.


En esa España de los pueblos pequeños, rancia y llena de prejuicios, Cristina Ortiz, tuvo que soportar bajo el nombre de "Joselito" todo tipo de vejaciones y humillaciones en su infancia  empezando por su propia madre hasta que salió del pueblo natal, Adra (Almería) para dar el salto a las ciudades y empezar a  vivir de forma más libre desde su propia identidad, especialmente en Madrid.

"Por muy perdida que estés, siempre aparece alguien para recordarte quien eres"(la Veneno, en el capítulo en el que Cristina Oasis se cruza en su camino)

Veneno por tanto es la historia de todas las Cristinas de España en una época que comprende varias décadas en las que las/los transexuales no tenían más opción que el exilio, familiar y social.

Siempre he pensado que no es nada fácil mezclar el drama con la comedia y sin embargo en "Veneno" los dos géneros conviven de manera armoniosa y costumbrista, al más puro estilo de "Los Javis".

Para la generación que nacimos en los 70 además resulta tremendamente estimulante recordar una banda sonora bien seleccionada acorde con cada momento, tal cual el "dame veneno" de Los Chunguitos y recordar historia de la televisión, como el programa de Pepe Navarro y algunos otros guiños que se hacen en los habituales flash-back que maneja la serie.




He leído un artículo en el que se decía que la Veneno en realidad no fue un ejemplo de mujer, que lo hubiera sido, si por ejemplo, en su época de gloria, su fama y su dinero hubiera servido para crear una fundación y ayudar a otras mujeres en su misma situación. Todo es cuestionable y sí, puede ser que su empoderamiento  desde esa perspectiva no revirtiera a nivel comunitario todo lo que podría haber revertido, pero también es cierto, que ella con el paso de los años, se ha convertido en un referente, en un ejemplo de visibilidad de la lucha de las mujeres trans cuando nadie les daba trabajo (todavía hoy existe esa discriminación, por cierto) sólo por el hecho de ser trans, y cómo en algunos casos, ejercían la prostitución como un modo de conseguir dinero más o menos rápido a fin de poder subvencionar los tratamientos hormonales y las cirugías que en mayor o menor grado dependiendo de cada caso se seguían y que por supuesto en modo alguno estaban contemplados en la seguridad social, por no mencionar el apoyo psicológico que puede de servir de soporte para un cambio tan significativo. 


Por supuesto que la serie tendrá seguidores y retractores, pero nadie puede negar el valor de los creadores de dejar una obra testigo de una época ,una serie cuyo elenco de actrices está formado en los papeles protagonistas por  mujeres trans, un tributo ya inmortal de una mujer icono que en realidad fue un juguete roto de la televisión, cuya muerte sigue siendo un auténtico enigma para todos.

Pero además, quisiera cerrar esta entrada señalando el valor educativo de la serie, porque vivimos en una sociedad donde  el diferente sigue siendo objeto de acoso en las escuelas, en los institutos ,en las calles y todavía quedan muchas batallas por librar para el colectivo LGTBI.

Si la estáis viendo, si esta entrada consigue despertaros la curiosidad y le dais una oportunidad, me gustaría mucho conocer vuestra opinión.


Feliz fin de semana a tod@s.


Troyana

viernes, 9 de octubre de 2020

Dar cera, pulir cera: Cobra Kai never dies!

En este verano del 2020, ya extinto y con nulos viajes, he podido ponerme al día con alguna que otra serie, y aunque no soy espectadora de lo nuevo, me llegó la noticia de que Cobra Kai iba a estar a estar en una de las plataformas que tengo, y me recomendaban verla.


No había nada que me diera más pereza: el enésimo intento de vivir de la nostalgia ochentera, de la gloria de una época que nunca fue lo que nos intenta recrear, de una niñez ya perdida entre las arrugas que acompañan a los que ya tienen canas o han pasado la cuarentena. Así pues, me acordaba cuando en esa década maravillosa, se exaltaban los años 50, con su Duo Dinámico y sus chicas de la Cruz Roja a nivel nacional, y con el Rockabilly, los rebeldes sin causa y todo lo que el instituto de Hill Valley te podía traer en lo internacional. Así, que la historia es cíclica, y ahora vivimos la alabanza a los cardados y a las hombreras.

Cobra Kai recogía un éxito de ese momento, Karate Kid, que ya había sido explotado hasta la saciedad con múltiples continuaciones e incluso cambio de protagonista (de Ralph Macchio a Hillary Swank), y una posible resurrección en el año 2010, con Jackie Chan y Jade Smith, producida por el padre del último, el conocido Will Smith. Y Will, aunque no logró reiniciar la franquicia para su hijo, sí que decidió volver al pasado a través de una producción de Sony/YouTube Originals (ahora Netflix), la ya nombrada Cobra Kai.

No sabemos si el éxito de la nostalgia de Stranger Things es lo que hizo que se le diera la oportunidad, pero debemos admitir, que incluso para el más escéptico, la serie es un gran entretenimiento, que recoge el espíritu del cine adolescente, movido a los cánones actuales, donde los personajes se comportan con continuidad, y en una evolución esperada.

Ralph Macchio y Will Zabka recuperan sus antagónicos roles, y gracias al paso de los años, logran darles una mayor profundidad que lo mostrado en los films originales. Con múltiples guiños a los mismos, pero sin necesidad de conocerlos previamente, y a través de algún flashback, se vuelve a establecer la continuidad necesaria, a la vez que se incorporan nuevos personajes que levitan alrededor de los mismos.

Los protagonistas, especialmente Zabka, están esplendidos recuperando este mundo que ya parecía perdido. Daniel LaRusso, el héroe, el triunfador, perdido ante la llegada de Johnny Lawrence su vida de forma inesperada, que no sabe si dar segundas oportunidades a quien fue su "terror" en el instituto. Johnny, un hombre eternamente metido en su momento de gloria de la adolescencia, que no ha sabido llevar más que una vida perdedora, que se arrastra en el día a día, hasta que se da cuenta de que puede ser algo más.

Acompañados, por tres adolescentes principalmente (la hija de LaRusso, el hijo de Johnny, y Miguel, un vecino del mismo), también nos vemos imbuídos en una trama juvenil, que es tan necesaria en esta recuperación sentimental de la década de los 80. Estos, y sus compañeros de clases, se verán imbuídos en el nuevo Dojo de Lawrence: Cobra Kai (que da nombre a la serie), y en la recuperación de la filosofía karateka de Daniel, que quiere ser un sensei para alguien como lo fue Miyagui para él.

La nostalgia no estaría completa, si además de las tramas, no hubiera múltiples guiños al cine del momento, con una banda sonora que se plega a los éxitos de entonces, que resultan originales ahora.

Lawrence, en particular, es un ejemplo de hombre sin tiempo, que parece sacado de 1985, y el shock con el mundo actual (internet, feminismo...), es otro de los grandes éxitos en los que se sustenta la serie, pues junto a LaRusso y su mujer, hay un choque generacional muy agradable y agradecido, que anima a que pueda ser vista en familia, sin importar ser padre, madre, hijo, hija o abuelos.

La evolución de los personajes, y la eterna contienda entre el bien y el mal sustenta la serie, junto a la oportunidad de cambiar o de mejorar.

En general, pese al drama adolescente que empieza a inundar la segunda temporada, Cobra Kai es una serie muy disfrutable, un entretenimiento escapista y una vuelta al cine adolescente de artes marciales, que conoció sus días de gloria hace más de 30 años.

¡Os la recomiendo!



jueves, 1 de octubre de 2020

Festival de cine de San Sebastián 2020

Festival extraño

Empezamos temporada zinefila. Recién acabado el Festival de San Sebastián. Este año estaba temerosa de que al final se suspendiera, pero Rebordinos y su gente han hecho un esfuerzo descomunal y han sacado el festival adelante. Todo era distinto: las entradas, numeradas; el aforo, muy restringido; mayor presencia de series; distintos horarios, y menor número de películas. La verdad es que estaba tan contenta de que por fin se celebrara, que no nos importó nada, ni siquiera no conseguir entradas para Rifkin`s festival, que me producía mucha curiosidad, ni para Nomadland, que intuía muy de mi gusto.

Comenzamos con Été del 85 de François Ozon. Tengo que aclarar que soy fan incondicional de este director y, aunque a otros no les entusiasmó, a mí me encantó esta historia de amor, muerte y adolescencia basada en la novela Bailar sobre mi tumba. Los dos jóvenes intérpretes están brillantes.

Passion simple es una película belga dirigida por Danielle Arbid. No sé por qué, pero tengo prejuicios contra el cine belga, creo que provienen de algún ladrillo visto en anteriores festivales. Si a esto añadimos que la sesión era a las 15:30, comprenderéis mis temores. Pues, sorpresa, me gustó mucho. Como su título indica, es la historia de una pasión sin medida de una mujer hacia un hombre con el que solo la une el sexo. La pregunta que plantea es ¿merece la pena arriesgarlo todo por una pasión?, pero subyacen más temas, como los diferentes roles que adoptan el hombre y la mujer de la historia. Merece la pena.

Rueda de prensa
de Été del 85


No conseguí entrada para Druk de Thomas Vinterberg, y me dio mucha rabia porque me encantó su película La caza. Mi hija sí la vio y confirmó que era excelente. Es la historia de un grupo de profesores que decide mantener un nivel elevado de alcohol en sangre todo el día (quizás no es mala idea…). Los actores se llevaron una Concha de plata compartida por su interpretación.

Por ver un poco de todo, elegí una de la sección Nuevos directores: Spagat de Christian Johannes Koch, un director suizo. No tengo nada en contra del cine suizo, no penséis que todo lo centroeuropeo me espanta, pero muchas como Spagat me harían desarrollar un prejuicio contra este cine. Un pestiño. También es una historia de pasión mezclada con problemas de inmigración. Aburrida y mal contada. No me gusta criticar a nuevos directores, pero es lo que hay.

Más cambios de género: documental. Courtroom 3H, de Antonio Méndez Esparza. Está rodado en un juzgado de familia en Florida. Hay vistas y juicios y un juez maravilloso. Son historias duras, de familias desestructuradas, pérdida de la patria potestad, problemas de adicciones… Se intenta de verdad ayudar en la medida de lo posible y se permite expresar su opinión a los implicados. Hay situaciones muy difíciles, no quisiera estar en la piel de ese juez. Interesante, aunque hay partes un poco reiterativas.

En todo festival hay que ver un rollo repollo, si no, no te renuevan la acreditación. En esta ocasión mi rollo fue Nosotros nunca moriremos de Eduardo Crespo. Lo mejor que puede decirse de la película es que es corta Afortunadamente, porque más aburrida era imposible. Paisajes desolados en Argentina, largos silencios inexpresivos y una historia que no sé dónde quería ir a parar.

También encuentras siempre una peli que te alegra el día: Explota, explota de Nacho Álvarez cumple con el objetivo. Es un musical con canciones de Rafaella Carra ambientado en la España de los 70. Vestuario precioso, todo lleno de color e intrascenedencia, justo lo que yo necesitaba. Si todavía recordáis a Valerio Lazarov y los ballets de Giorgio Aresu, os va a encantar.

Aquellos ballets
de la tele...

Me emocionó Supernova de Harry Macqueen. Protagonizada por Colin Firth y Stanley Tucci, que están maravillosos. Cuenta la historia de una pareja de muchos años que emprende un viaje en autocaravana. El motivo es que a uno de ellos le han diagnosticado una demencia precoz y quieren disfrutar del tiempo de bienestar que les queda. Diálogos brillantes y reflexiones interesantes sobre el amor, la enfermedad y la muerte. El director me pareció un hombre muy inteligente durante la rueda de prensa. Hasta ahora ha sido principalmente actor, pero hay que apuntarse el nombre para seguirle la pista.

El agente topo es una película entrañable de Maite Alberdi. A medio camino entre el documental y la película de espías aborda un tema tan serio como la vejez con toques de humor. El protagonista se infiltra en una residencia de ancianos para descubrir si existen malos tratos, pero descubre muchas otras cosas.

Dos actorazos

Antidisturbios es, sin duda, lo que más me ha impresionado en este festival. Se proyectaron tres series: Patria, We are who we are y Antidisturbios. Todas muy apetecibles, pero pasar un montón de horas en una sala es una experiencia dura. Opté por Antidisturbios, con la idea de ver dos o tres capítulos y marcharme. Fue imposible. Me quedé pegada al asiento las cinco horas sin intermedios que duró la proyección. Cuenta la historia de un grupo de policías que acuden a un desalojo que termina con la muerte de una de las personas que se encuentran allí. Asuntos internos debe investigar un caso en el que hay más cosas de las que se ven a simple vista. Fascinante, no os la perdáis.

Para terminar, vi dos películas. El olvido que seremos de Fernando Trueba. Está basada en la novela del mismo título que escribió Hector Abad Faciolince sobre la vida y el asesinato de su padre. Es un personaje que merece una película o una serie: médico, ensayista y defensor de los derechos humanos en un lugar tan difícil como Colombia. Es preciosa toda la parte que muestra la vida familiar del protagonista y Javier Cámara está estupendo, como es habitual en él.

Una serie imprescindible

La última fue un poco más prescindible. The world to come es la historia de amor de dos mujeres en una zona rural de los Estados Unidos de 1800. Preciosa de imágenes, poética y, para qué mentir, un poco aburrida.

No vi la película que arrasó en los premios: Beginning de Dea Kulumbegashvili, pero presiento que no me gustaría mucho. Creo que es una peli de esas raras que fascinan a los jurados, con planos secuencia de diez minutos de mujer mirando nubes, pero para gustos los colores.

Y esto es todo lo que puedo contaros del festival de este año. Espero ayudaros un poco en la selección de películas a estrenar.

 


viernes, 25 de septiembre de 2020

Roma, ciudad abierta (1945)

En medio de la destrucción puede nacer arte. Aún coleaba la segunda guerra mundial cuando en enero de 1945 Roberto Rossellini comenzó a rodar “Roma, ciudad abierta”. La capital italiana había sido liberada apenas seis meses antes, en junio de 1944 y en agosto, el director italiano ya se lanzaba  a crear el guión junto a otros colaboradores, entre ellos, Federico Fellini.


Cartel con los protas Magnani y Fabrizi.

La historia es simple. Durante la ocupación, la resistencia partisana se mueve esperando la ayuda americana.  El comandante Bergmann(Harry Feist)  pretende cazar al ingeniero comunista Manfredi (Marcelo Pagliero), uno de los líderes de la resistencia. Manfredi busca refugio en casa de un camarada, Francesco (Francesco Grandjacquet), donde vive la enérgica Pina (Anna Magnani), madre de un niño travieso al que sermonea el párroco, don Pietro (Aldo Fabrizi). Para cazar al ingeniero, la mejor manera es su novia, Marina (Maria Michi), una actriz morfinómana.



La historia no está basada en personas reales concretas, pero sí se basa en historias de la lucha anónima contra el dominio alemán y la connivencia de los fascistas italianos. Como suele ser habitual en las luchas contra un enemigo común, gentes de ideologías contrarias  como Manfredi, comunista y don Pietro, párroco católico, confraternizan admirablemente.




Los protagonistas indiscutibles de la peli, tal y como rezan los títulos de crédito son Aldo Fabrizi (Don Pietro, el párroco) y Anna Magnani (Pina,  la enérgica mujer que encabeza el asalto a las panaderías). 

Punto álgido de sus carreras artísticas.

Ambos actores estaban en su época de esplendor. Anna Magnani era una soberbia actriz que se comía la pantalla.  La escena en la que sale corriendo hacia el camión que se lleva a Francesco es bien conocida. Aldo Fabrizi era un cómico que formó dúo con Totó en innumerables pelis. En esta cinta, en cambio, Fabrizi hace el papel de cura que colabora con los partisanos y también tiene su punto dramático, sobre todo en los últimos momentos de la cinta.


Pina corre tras el camión de prisioneros.

La peli advierte al principio que cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia pero, también es cierto que se basan en historias de la lucha clandestina contra esos malvados nazis. A los colaboradores nativos, tan de Mussolini,  los deja de lado, por si acaso. Primero están los varones, claro, ya lo dicen los niños de la peli, que reconocen que una mujer puede ser valiente, pero para eso hay roles quellevan milenios. Así tenemos a  los esforzados hombres-héroes:  Manfredi, Francesco y hasta don Pietro;  Pina, la valiente mujer que asalta panaderías, es una heroína, sí, pero porque tiene coraje y valor. Marina y Lauretta (Carla Rovere), las actrices, son débiles mujeres (Marina) o tontas de remate (Lauretta).  

La brava mujer del pueblo lucha contra todos los enemigos.

Y luego, claro, están los malos malísimos. El comandante Bergmann, un refinado criminal uniformado que va de científico que se queja de lo que gritan los italianos cuando los torturan. Se queja al jefe de la policía, un italiano fascista que transige con lo que manda el alemán. Bergmann es un tipo, como he dicho, refinado, de buenas maneras, casi podríamos decir que un pelín afeminado. Al menos, juega con la idea de la maldad homosexual, tan al gusto de la época. Donde esto queda reflejado de una manera patente es en el papel secundario de la mala, malísima. Vestida de negro, su primera aparición es tras una cortina de humo, como un ser del averno, y cae sobre Marina. 

Bergmann e Ingrid, los malísimos de ¿La cáscara amarga?

Ingrid (Giovanna Galletti), oscura nazi y traficante de morfina, insinúa ser la lesbiana terrible a la que hay que tener miedo. Tan mala como la madrastra de Blancanieves.  Esa idea subliminal de la maldad homosexual en Bergmann y , sobre todo, en Ingrid, es chocante quizá en nuestra época, pero muy pedagógica en otros tiempos. No perdían el ídem.

 

Manfredi y Marina, una pareja en dificultades.

Se dice que esta de Rossellini, primera de la trilogía sobre la guerra que rodó, junto a Paisà  (1946) y Germania, anno zero (1948), es la peli que inauguró el llamado neorrealismo italiano junto a cintas como “el ladrón de bicicletas” de Vittorio de Sica (1948). Estas cintas en las que la crudeza de la vida se plasma de manera protagonista, para contrarrestar, quizá, el estilo fascista que remarcaba  historias heroicas alejadas de la realidad.  Algo sabrían directores como Rossellini que, durante el fascismo, rodaban historias, en su caso, documentales,  tal y como las marcaba el Mussilini way of life.

Francesco intenta escapar.

No se puede decir que esa idea de rodar tanto en amplios planos exteriores fuera una idea preconcebida. Lo que ocurría realmente es que no había estudios donde rodar, ya que, hasta esas envidiables instalaciones de Cinecittà, creadas por Mussolini para competir con Hollywood,  se habían reconvertido en campo de prisioneros nazi  y todo su material y archivos fueron rapiñados y transferidos  a  Berlín. Para acabarlo de arreglar, la aviación aliada la destrozó durante los bombardeos.  Así que rodar planos de guerra en una ciudad machacada por las bombas reales le daba una pátina de realidad impagable, al igual que pasó en la Viena destrozada en la que rodó Carol Reed su “el tercer hombre”.

Escena final.

De las ruinas de la guerra sale la primera de las muchas películas de ese cine italiano que tanta aceptación tiene en España, quién sabe si porque su cultura y sus maneras son tan propias del mismo mar que baña sus costas.


Juli Gan.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Fuego en el cuerpo


Esta peli, de 1981, de Lawrence Kasdam, cuyo título original es Body Heat, ha sido y es uno de mis films favoritos de siempre, desde que en su momento lo vi en alguna sala de cine seguro que hoy ya desaparecida. Un noir muy noir que homenajea a los americanos de los años 40 y 50, a la vez que se separa de algunos de sus tópicos.
Aunque hay quien lo califica de thriller erótico, Fuego en el cuerpo es una obra de factura clásica, con todos los ingredientes del noir de antaño, un neo noir podríamos decir. Rinde homenaje sin disimulos al noir clásico y le añade un toque erótico bastante más explícito, más setentero u ochentero. En cuanto al sexo explícito, parece ser que una primera versión del film contenía bastantes más escenas eróticas, pero fueron eliminadas “prudentemente”.
Sorprende enormemente que Fuego en el cuerpo sea el primer film que dirigió Lawrence Kasdam, porque me parece una obra muy madura, muy bien elaborada, como de culmen de una carrera, no de comienzos.
Kasdam luego hizo otros filmes (destaco Silverado y El turista accidental), pero opino que ninguno estuvo a la altura de Fuego en el cuerpo, ni siquiera Grand Canyon, aunque casi todo el mundo dice que es su obra maestra.
El mismo Kasdam declaraba en 1981 a la revista Time que había pretendido que Fuego en el cuerpo tuviera “la intricada estructura de un sueño, la densidad de una buena novela y la textura de la gente normal en circunstancias extraordinarias”. Sin duda lo consiguió. 
Fuego en el cuerpo se desarrolla en el sur de Florida, en una localidad costera durante una ola de calor y ese calor en los cuerpos, ese fuego, ese sur, esa temperatura siempre alta, esos sudores tienen un papel protagonista en el desarrollo de la trama y, por supuesto, en la ambientación.
No menos protagonistas son, por descontado, los humanos, la pareja de personajes. Junto con la
ambientación pegajosa de la que hablaba antes, lo mejor del film.
Empezaremos por él. Ned Racine. Un abogado de medio pelo. Un guaperas mujeriego que va de fucker y de duro castigador, pero que resulta ser bastante inepto, todo fachada,  un parramplas y un sinfuste, que habría dicho mi abuela. Una escena al comienzo del film nos da una pista de lo inconsistente que es este tipo: sale a hacer running  y, en cuanto para un poquito, se fuma un cigarro.
En su apellido, Racine, quiero ver una referencia al dramaturgo francés del sigloXVII y a su concepción del amor como pulsión trágica que lleva a la destrucción. Sí. Kasdam con esto también nos estaba dando pistas.
Y luego está ella. Ella. Matty Walker. Kathleen Turner reinventando, recreando, engrandeciendo a la femme fatale del género negro. Me voy a soltar la melena con los adjetivos: genial, brillante, sexy como el rock-and-roll, gloriosa y sublime hasta la escena final, que dejo también para el final de este articulito.
Me apetece mucho en este momento detenerme un poco a hablar de Kathleen Turner, de su físico imponente, de su hermosa voz de barítona y de su carrera interpretativa, que ejemplifica a las mil maravillas qué sucede con las actrices en Hollywood una vez superado cierto límite de edad que hay quien sitúa cruelmente hacia los 35 años. Me apetece mucho, pero no lo voy a hacer, porque es un temazo tan gordo que me da para otro articulito; y para otro más; y para un tercero también.
Fuego en el cuerpo fue un gran éxito de taquilla. Salvo honrosas excepciones, como la de Pauline Kael, la crítica tampoco la trató mal. La comparó con musts como Chinatown (para mí Fuego en el cuerpo es superior; Chinatown siempre se me ha atragantado) y Perdición, alabó las interpretaciones, incluidas las de grandes secundarios como Richard Crenna, Ted Danson y un jovencito Mickey Rourke, y reparó, cómo no, en los ecos clásicos de la trama y en su aliento pesimista propio de los ochenta.
Y, como os prometí, remato este artículo con la última escena de la peli. Bueno, no: empiezo con la anteúltima. Ned Racine, encarcelado, recibe en su celda un paquete de correo; contiene el anuario de instituto que confirma sus peores sospechas sobre Matty Walker. El anuario, además, muestra una fotografía de Matty adolescente y, al pie, este texto: “Apodo: Vampiresa. Ambición: Ser rica y vivir en un país exótico”.
Y ahora sí: vamos con la escena final. Matty Walker mira al mar desde una tumbona en una playa tropical junto a un volcán. Un joven que habla portugués le acerca una bebida. Matty no sonríe. Sigue sin dejarnos entrever qué guarda en la cabeza ni en el alma.

Noemí Pastor