viernes, 24 de mayo de 2019

Rocco y sus hermanos


Creo que no se puede ser hombre, y mucho menos artista, sin tener una conciencia política. El arte es política (Luchino Visconti).

Descendiente directo de los grandes duques de Milán, el conde Luchino Visconti (1906-1976), aristócrata y marxista, impregnó toda su obra cinematográfica de esa conciencia política.

En Rocco y sus hermanos, la película con la que culmina y abandona su etapa neorrealista, Visconti afronta el relato de uno de los dramas contemporáneos más duros: la emigración desde el paupérrimo sur al rico norte industrializado, y lo hace no solo con conciencia política sino también con compasión y empatía.

En esta película (rodada entre 1959 y 1960), Visconti culminó el relato que había iniciado en la tierra tiembla (1948), una de las principales obras del neorrealismo italiano. Pero ahora la película ya no es un documental, como lo fue aquella que contaba las penalidades de los pescadores sicilianos; tampoco los personajes son ya las mismas pobres gentes cuyas vidas se filman, sino actores profesionales.

Rocco y sus hermanos fue la película preferida de Visconti y la que más difícil le resultó rodar. Por una parte, el director tuvo duros enfrentamientos con la censura, que le obligó a eliminar algunas escenas y a cambiar otras; por otra, el mismo Visconti encareció la producción al hacer cambios en el guion, ya terminado, para incluir elementos derivados de la lectura que acaba de hacer de unos cuentos del escritor milanés Giovanni Testori, porque Visconti era perfeccionista hasta la extenuación (la suya y la de los que trabajaban con él).

Aunque pensó rodar la película en color, finalmente, decidió “…que debía de ser gris: de esta forma veían Milán los solitarios campesinos del sur”.
Simone,  Rocco y Ciro deslumbrados por la gran ciudad
En las partes del guion con mayor carga política, Visconti consultó a Antonello Trombadori, que era su enlace con el secretario general del Partido Comunista Italiano, Palmiro Togliatti. Visconti, que consideraba al Partido la vía de regeneración y reconstrucción de la Italia post-fascista, siempre sintió gran respeto por Togliatti, bajo cuyo mando el PCI se convirtió en el segundo partido político del país y en el mayor partido comunista de Europa Occidental. Mientras Togliatti vivió (murió en 1964), Visconti (a pesar del rechazo del Partido hacia la homosexualidad y Visconti era homosexual y vivía como tal) sometió todos sus guiones a Trombadori.

En Rocco y sus hermanos, Visconti, el gran señor milanés criado en la más esplendorosa riqueza, se adentra por primera vez en los tristes suburbios de cemento que han nacido en el cinturón de su ciudad para albergar a los miles de emigrantes sureños que llegan en busca de prosperidad; siguiendo su mirada, visitamos las infraviviendas donde se hacinan los emigrantes, los talleres y obras donde trabajan precariamente, los billares y gimnasios donde se distraen y se relacionan y los descampados donde se refugian para amarse, prostituirse, pelearse o matar…
Rosaria Parondi, magníficamente interpretada por Katina  Paxinou
Todo ese mundo, Visconti no los muestra a través de las vicisitudes de la familia Parondi, desde el momento en que la viuda Parondi, decidida a arrancar a sus hijos de la pobreza campesina que ha matado a su marido, llega a Milán con cuatro de sus hijos (Simone, Rocco, Ciro y Luca) en busca de Vicenzo, el hijo mayor que ya se les ha adelantado en el éxodo.

La vida en la ciudad (el choque brutal con el mundo en el que se han criado) provoca convulsiones profundas en la familia; cada uno de sus miembros responderá, según sus diferentes personalidades, a los retos de la nueva vida.

Ese es el núcleo central de la historia (con múltiples derivaciones) que Visconti estructura en cinco bloques, uno por cada hermano. Los 170 minutos de denso metraje dan para que Visconti aborde infinidad de asuntos y conflictos: las relaciones familiares; la precariedad laboral; el mundo, tan oscuro en ocasiones, del boxeo; el amor puro y el mercenario…

La película está llena de referencias literarias e incluso bíblicas (el título, por lo pronto, es un homenaje al poeta sureño Rocco Scotellaro y a Thomas Mann y su obra José y sus hermanos): la tragedia griega, Shakespeare, Dostoievsky… hay rastro de todos en la obra de Visconti; es decir, de toda la gran cultura europea en la que Visconti encontraba sus referencias vitales.

Gaia Servadio, la biógrafa de Luchino Visconti, señala especialmente la influencia de El Idiota, de Fiódor Dostoievski, en el personaje de Rocco, en la bondad y candidez con la que se enfrenta a los problemas creados por su hermano Simone (en el que se puede encontrar también la influencia del malvado Rogozin de El Idiota). Y también la prostituta Nadia, interpretada por Annie Girardot, y su historia con Simone y Rocco, es reflejo de la historia de  Nastasia Filipovna con Mishkin y Rogozin; de la misma manera que  en la Ginetta de Visconti (interpretada por Claudia Cardinale) hay rasgos de la Aglayala de Dostoievsky.
Rocco (Alain Delon) y su madre (Katina Paxinou)
La matriarca, Rosaria Parondi (la actriz griega Katina Paxinou) era la interprete más importante del reparto en cuanto a que era quien tenía mayor prestigio internacional (había ganado un Óscar como mejor actriz secundaria en 1944 gracias a Por quién doblan las campanas). Supo interpretar magistralmente su personaje, que bebe directamente de la tragedia griega, de madre que ama apasionadamente a sus hijos pero que también los considera como una propiedad y un medio de alcanzar bienestar y respeto social. Su enfrentamiento con Ginetta, la novia de Vicenzo, se debe a que considera que su hijo mayor (bien interpretado por otro actor griego, Spiro Focás­­­­) debe de sacrificar su matrimonio con la joven para hacerse cargo económicamente de la familia. El amor de Ginetta libera, finalmente, a Vicenzo de la influencia de su madre, aunque en realidad, personaje débil como es, lo que hará es cambiar una sumisión por otra, puesto que en Ginetta ya se puede apreciar a una futura Rosaria.
Claudia Cardinale, como Ginetta,  y Spiro Focás, como Vicenzo
Ciro, el cuarto hermano, es el más inteligente y voluntarioso, convertido en obrero especialista de la Alfa Romeo gracias a su férrea voluntad, se opondrá a que Rocco se sacrifique por Simone y a que la familia intente encubrirle. Dentro de la familia, simboliza, claramente, la razón frente a la pasión.

Luca, el hermano menor, todavía niño, es la página en blanco en la que los hermanos mayores escriben con sus diferentes ejemplos. Simboliza la esperanza de los emigrantes desarraigados de lograr, ellos o sus hijos, aquello con lo que soñaban; pero queda como incógnita final que camino tomará en la vida.
Max Cartier, como Ciro, y Rocco Vidolazi, como Luca
Pero es el segundo hermano, Simone, el más significativo de toda la historia. El hermano más débil ante las tentaciones de la gran ciudad, el que cae en la peor degradación y provoca el cataclismo familiar, a pesar de los esfuerzos desesperados de la madre y de Rocco por protegerlo. Este papel posibilitó al italiano Renato Salvatori la mejor interpretación de su carrera y también el amor en la vida real, por lo menos durante unos años, de Annie Girardot.

Intentando proteger siempre a Simone, se encuentra el tercer hermano, Rocco (Alain Delon en su máximo esplendor físico), el que siempre reacciona con bondad y generosidad ante la vileza de Simone e intenta mantener unida a ese núcleo familiar que salió de la tierra natal idealizada por Rocco y a la que, precisamente para intentar salvar a Simone, debe de renunciar para siempre al convertirse, en contra de sus deseos, en boxeador.

Lo malo es que la bondad visceral de Rocco la pagará duramente Nadia, la prostituta amada por los dos hermanos; la mujer que en el amor de Simone encuentra el envilecimiento y en el de Rocco la promesa de una salvación que derivará en el más cruel de los desengaños.
Rocco y Nadie (Annie Girardot) en sus momentos más felices
Aunque Visconti supo contar la historia con profunda compasión y humanidad hasta en sus momentos más sórdidos, lo cierto es que un juicio desapasionado sobre la aparente bondad de Rocco hace que lo cuestionemos con dureza; porque Rocco, aunque ama a Nadia, no duda en sacrificarla a su egoísta amor por la familia; y la idea de que la entregue, como supuesto medio de redención, a quien la ha violado no puede por menos de repugnar profundamente.
Annie Girardot, como Nadia, interpreta el papel más patético de la película
Lo cierto es que está película supuso el espaldarazo definitivo para la carrera de un Delon recién aparecido en el mundo cinematográfico. Adriana Asti, que tuvo un pequeño papel en la película, como trabajadora de la tintorería en la que hacía recados Rocco, comentó “Luchino transformó a Delon en un actor… Luchino era extremadamente sensible a la belleza, tanto masculina como femenina… él se volvía casi ciego cuando se enfrentaba con la belleza: incluso los imbéciles eran bien considerados, si poseían belleza. Era una debilidad, se reflejaba en estas hermosas criaturas, se sentía a gusto en su compañía”.

El mismo Visconti reconocía su absoluta devoción por la belleza física en general y por la Delon en concreto: Amamos a Delon porque, para nosotros, latinos, la belleza es benéfica. No puede jamás ser malvada. Delon puede hacer cualquier cosa, sin perder la estima terrible y apasionada de nuestro corazón".
Alain Delon encarnando a Ro
La admiración de Visconti por Delon hizo que volviera a contar con él para una obra de teatro (Lástima que sea una puta, protagonizada por el francés y su novia entonces, Romy Schneider) pero Visconti impidió que, mientras la representaban, Delon trabajase en la película Lawrence de Arabia y esto enturbió sus relaciones, que empeoraron durante el rodaje de El Gatopardo.

A la luz de las declaraciones que a lo largo de su vida ha hecho Delon contra la homosexualidad, no es raro que su asociación laboral con Visconti no pudiera continuar.

Luchino Visconti era generoso, paternal, déspota y cruel con sus actores, a la manera del príncipe renacentista que había en él. Lograba lo mejor de ellos: grandes actuaciones cuando eran buenos actores e incluso buenas interpretaciones cuando solo eran un hermoso caparazón, como el que fue su amante, Helmut Berger (este, que se considera el viudo de Visconti, muestra en sus memorias unos celos enfermizos por Delon, que no fue amante de Visconti pero sí mejor actor que él). En Rocco y sus hermanos, Visconti logró que todos los actores hicieran grandes actuaciones y estuvieran absolutamente convincentes.
Simone (Renato Salvatori) y Rocco
Luchino Visconti, apasionado director de teatro y ópera (el mejor director de María Callas), criado en un palazzo con teatro propio, vinculado desde su nacimiento a la Scala  (que su abuelo, el duque Guido, había convertido, en colaboración con Toscanini, en uno de los teatros de ópera más importantes del mundo, aunque Toscanini no se sintiera muy feliz cuando el duque salía a bailar disfrazado de bailarina y con su barba camuflada con velos) hizo de Rocco y sus hermanos una verdadera opera cinematográfica, aunque tuviera un carácter proletario  y ello no le permitiera jugar con la suntuosidad de las telas y los muebles, algo en lo Visconti era insuperable.

Pero aun con las limitaciones que la historia imponía, Visconti también en esta película supo utilizar las telas para dar mensajes sutiles pero definitivos: está claro que el Simone que aparece, en la tintorería donde trabaja Rocco, lujosamente trajeado se ha adentrado por un camino muy diferente al del trabajo honrado.
Nadia y Rocco en el Duomo de Milán
Sí, aunque proletaria, Rocco y sus hermanos tiene mucho de ópera, tanto en la tragedia que encierra como en el tratamiento que Visconti da a las escenas principales: la salvaje pelea de los dos hermanos, la violación de Nadia, la ruptura de Rocco con Nadia en el impresionante escenario del tejado del Duomo (donde la arquitectura cobra tanta importancia como los personajes), el asesinato de la joven (con una connotación sacrificial que contribuyó a granjear a Visconti la repulsa desde muchos púlpitos)…
Nadia ante Simone
En septiembre del 60 la película causó un gran escándalo en el Festival Cinematográfico de Venecia. El jurado del Festival tuvo que plegarse ante sus méritos y le concedió un premio especial para evitar darle el primer premio. Visconti lo despreció y no se molestó en recogerlo.

Simone, totalmente degradado, ante Ciro y Luca
Rocco y sus hermanos se convirtió en un absoluto éxito de taquilla, a pesar de que las autoridades laicas y eclesiásticas, la aristocracia y la gran burguesía italianas la anatemizaron y persiguieron; hasta se llegó a prohibir en algunos municipios. No podían tolerar el mensaje que encerraba: que los emigrantes del sur de Italia eran ciudadanos de segunda clase. Incluso los partidos democristianos y neofascistas protestaron en el Parlamento por la supuesta difamación que la película suponía de la emigración sureña.

Y como no podía ser menos en el exquisito melómano que era Visconti, la música que eligió, del compositor Nino Rota, supone el complemento perfecto de la película; conmovedor y nostálgico contrapunto de la dureza de una narración que aún, sesenta años más tarde de su realización, sigue emocionando a los espectadores y mostrándoles uno de los episodios históricos más significativos de la Europa del siglo XX.
Yolanda Noir

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 17 de mayo de 2019

Gracias a Dios

François Ozon

Me gusta François Ozon. No siempre, pero casi. Y el tema de la pederastia en la Iglesia Católica me interesa. Dos buenas razones para ir a ver Gracias a Dios. Creo que soy incondicional de Ozon desde que vi En la casa, que me fascinó. También me gustaron Joven y bonita, Frantz y Una nueva amiga. No así El amante doble que me pareció un pestiño psicológico imposible de tragar, pero soy una mujer fiel en mis quereres y este director tiene crédito para rato. Me pasa igual con Almodovar o Woody Allen, aunque me hayan decepcionado muchas veces, cuando me gustan, me gustan tanto que se lo perdono todo.
Aquí François Ozon se mete en un jardín que le ha ocasionado bastantes problemas. Su película cuenta una historia real, la del sacerdote Bernard Preynat que abusó de más de setenta niños en los boy scouts de Lyon en los años 80. En el escándalo también esta implicado el arzobispo Phippe Barbarin que intentó ocultar el asunto.
Imagen que expresa el concepto
de modernización de la iglesia
La película cuenta la historia desde el punto de vista de varias víctimas. El que inicia la investigación es un hombre católico, muy implicado con la iglesia, padre de cinco hijos que, al enterarse de que el sacerdote que abusó de él en la infancia vuelve a Lyon, decide hablar con el arzobispo e intentar que aparten al hombre de todo contacto con niños y lo expulsen de la iglesia. Es un hombre paciente y razonable, que pretende arreglar las cosas desde dentro de la iglesia, sin recurrir a los tribunales ni organizar ningún escándalo. El segundo personaje ha podido también rehacer su vida. Sus padres informaron a la iglesia, pero tampoco denunciaron a los tribunales por proteger a su hijo. La tercera víctima sufre secuelas severas y lleva una vida más desestructurada.
Melvil Poupaud, uno de los protagonistas
Las víctimas crean una asociación, buscan víctimas cuyos casos no hayan prescrito y se ayudan y apoyan porque, incluso en los que parecen mejor adaptados, hay huellas de ese pasado atroz.
La historia presenta imágenes del pasado, esos niños de aspecto frágil que acuden a un campamento de verano donde el padre Preynat es la estrella y ser uno de sus favoritos, un privilegio. Sin necesidad de escenas escabrosas, el director consigue que se te pongan los pelos de punta.
Otro aspecto que me gusta es como se mezclan con la historia los tiempos de la liturgia: la Navidad, Semana Santa o Pascua. Imágenes entrañables y bellas de la misa del gallo y el árbol de Navidad que ocultan una realidad sórdida y oscura.
Ozon tuvo problemas en todos los aspectos: conseguir financiación, encontrar lugares en los que grabar (en Lyon fue imposible) y después del estreno, aguantar muchos chaparrones.
La polémica ha perseguido al director y su película, pese a que no me parece que esté hecha con pretensión de escándalo, sino de denuncia y de reflexión. Me recordaba a Spotlight (aunque esa me pareció mejor). Es suficiente con contar lo que ha pasado de verdad, no necesitas echarle ni un gramo de dramatismo extra. Otro estilo era El Club de Pablo Larrain, mucho más dura y agresiva, pero también excelente.
No dejéis que los niños
se acerquen a mí
Cuando se estrena una película sobre este tema, se leen titulares "crisis en la iglesia católica por los casos de pederastia" o "los escándalos sacuden a la iglesia", pero yo no veo que se sacuda gran cosa. Se hacen unos discursos, unas declaraciones de buenas intenciones y se sigue intentando echar tierra sobre el asunto. Me sorprende que a algunos católicos les escandalice más que se cuente que el hecho de que haya sucedido.
Ozon entrevistó a varios miembros de la asociación "Palabra liberada" que es la que llevó adelante la denuncia a Preynat. Exploró sus recuerdos de infancia, sus recuerdos, el despertar de su sexualidad…
Con todo, como película, me parece un poco plana. Creo que a una historia tan potente se le podía sacar más partido. Hay una parte que me parece intencionada, de guardar un tono un poco frío, como documental, para contar los hechos, pero hay algo que no acaba de funcionar. La historia del primer personaje ocupa mucho más que las otras y, cuando crees que la película está centrada en ese personaje, aparecen los otros. No sé explicar muy bien qué es lo que falla, pero, aunque es una buena película, no es redonda. Con todo, os aconsejo que la veáis y me comentéis qué os ha parecido. Todavía faltan películas sobre este tema, a ver si ayudan a conseguir que se mueva ese mamut que es la Iglesia Católica.
Laura Balagué

viernes, 10 de mayo de 2019

Una jornada particular


Hoy os traigo a este rincón cinéfilo una película italiana que ya tiene cuarenta y dos añazos. Se trata de una cinta de Ettore Scola, guionista y director de cine asociado a la commedia italiana. La peli se titula "una jornada particular", en italiano original "una giornata particolare", y ciertamente, la peli se basa en un día concreto que fue realmente particular: el seis de mayo de 1938. Este día Hitler y sus secuaces más cercanos asistieron, como egregios invitados por Mussolini,al desfile en su honor de miles de italianos fascistizados hasta las pestañas. Todo eran camisas negras (color de los fascistas italianos), penachos en los cascos, uniformes imposibles y afilados gorritos de militares alpinos que si no estás lista y se giran para decirte algo, te sacan un ojo...y este acontecimiento es el punto de partida de la historia que Scola nos trae.

Cartel


Sinopsis con espóiler, que es lo de menos. Por mucho que se cuente la trama, echadle un ojo.

Es la mañana del gran día y Antonietta (Sofía Loren), una mujer en la cuarentena, sufrida esposa y madre, con una educación elemental, y fascista, como todo el mundo de alrededor, comienza el día despertando a sus seis hijos y a su marido, rudo, dictatorial y poco sensible fascista que trabaja en el ministerio del África Oriental. (Mussolini se las dio de genio militar al haber invadido la Abisinia, hoy, Etiopía, de Haile Selassie con armas de fuego, aviones y vehículos Fiat, mientras los pobres abisinios iban a la guerra desigual con algún animal semoviente, sus propios pies y lanzas y cuchillos) 

La familia desayuna para el desfile, mientras la sufrida madre curra.


Todos se arreglan, se lavan y desayunan aprisa porque van a ir al desfile militarizado para que lo vean los altos jerarcas de la Alemania nazi. Cada uno con su uniforme, chicos, chicas, adultos o niños, salen de sus domicilios en ese grupo de viviendas para clase media como si fueran una legión de hormigas (Predomina el color negro del fascismo) con destino al desfile. El enorme grupo de viviendas de tono gris queda prácticamente vacío, sólo Antonietta, como abnegada esposa y madre se queda en casa para hacer las tareas propias de la buena mujer italiana y fascista. Ella y la portera, una anciana bigotuda, malencarada  y fascista que, como no va al desfile, lo escucha a todo volumen por la radio que ha encendido para tal ocasión.

El grupo de viviendas manifiesta su fascismo y sus vecinos salen, de uniforme, a honrar a Hitler.


La radio juega un papel importante en esta cinta porque continuamente suena por todo el grupo de viviendas erigido por el fascismo, como puede notarse por el enorme fascio que hay de adorno en su fachada, nunca mejor dicho. Se difunde por las ondas la manifestación, los discursos de los jerifaltes engreídos en sus uniformes de chichinabo y las marciales y viriles marchas militares, rugidas, más que cantadas a coro por recias voces de barítonos.

Hasta se olvida de su mal momento recordando su infancia


Y Antonietta, sola y abúlica se prepara de mala gana para recoger los desayunos, limpiar un poco, preparar la comida y hacer las camas de seis hijos y la de matrimonio. Ella preferiría meterse en la cama porque está cansada y así se lo dice a Rosamunda, el pájaro que tienen de mascota. Antonietta está tan deprimida (No deja de ser una mujer anulada, quizá maltratada psicológicamente, y abandonada a pesar de estar rodeada de una familia que la tiene como una criada) que sin querer se deja la jaula abierta cosa que aprovecha Rosamunda para volar hasta el alféizar de la casa de enfrente. Afortunadamente en aquél piso donde se ha posado el ave hay un hombre, cosa inusitada porque debe ser el único junto a ella y a la portera que no ha acudido al gran jolgorio fascista. Antonietta corre y llama a la puerta del piso de enfrente para poder recuperar a Rosamunda, cosa que hace con ayuda del inquilino de esta vivienda.
Te presto un libro con tal de poder hablar


El vecino solitario del piso de enfrente se llama Gabriele (Marcelo Mastroianni), un hombre al que Scola nos acaba de presentar hace nada de una manera magistral (Ved la peli, no os arrepentiréis del gran trabajo de esta pareja de actores míticos) Gabriele intenta alargar al máximo la inesperada visita de Antonietta. Le ofrece café, le ofrece prestarle un libro (Los tres mosqueteros), intenta trabar conversación, pero Antonietta rehúsa alegando mil quehaceres y marcha. Al poco rato Gabriele se presenta en casa de Antonietta con "los tres mosqueteros" quizá porque se siente solo. Consigue que Antonietta le convide a café pero en esto que llega la portera bigotuda y fascista, haciendo de portera, como no, para prevenirle de que ese vecino no es trigo limpio, que a ella no le gusta hablar, pero, es un pervertido y, sobre todo, un renegado. Antonietta discute con Gabriele mientras suben a la azotea a recoger la colada. Antonietta tiene un momento de debilidad y besa a Gabriele, que no la corresponde, y es aquí donde Gabriele se descubre. Le han echado de la radio monopolizada por los mussolinianos, donde era locutor y le han echado del partido, porque estaba afiliado, como todos, por el simple y mero hecho de ser homosexual. Sin trabajo, sin amigos, sin casa, malvive en ese piso prestado y gana unas pocas liras escribiendo señas para correo, trabajo que le ha cedido un amigo antes de ser embarcado para alejarse de Italia por sus preferencias sexuales.

La portera facha viene a prevenirla
Arrepentida de su actitud, Antonietta acude al piso de Gabriele para pedirle perdón. Hacen las paces, comen juntos y después acaban acercándose tanto emocional como físicamente. Pero la parada fascista ha acabado y los primeros asistentes al desfile comienzan a regresar. Antonietta corre disparada a casa para que no la pillen con la cena por hacer. En casa todos comentan sus acontecidos fascio-fastuosos. El marido, todo ufano pretende acabar el día con una guinda coital añadiendo que de ella, si todo sale bien, le podrán llamar Adolfo a lo que venga. Antonietta prefiere sentarse a leer "los tres mosqueteros" mientras asiste atónita a la marcha de Gabriele de su piso, con equipaje en la mano escoltado por dos policías. A Gabriele también lo expulsan del país. Antonietta cierra el libro, lo guarda y se acuesta para dormir.

Tengo un invitado y yo sin arreglar
Loren y Mastroianni trabajaron juntos en once películas, como por ejemplo, matrimonio a la italiana o los girasoles, su trabajo conjunto siempre resultó excelente. Este film en concreto que resalta la belleza del momento en que dos seres que sufren, cada uno a su manera, se encuentran y buscan su compañía porque así se sienten reconfortados por un momento de sus tristes vidas.

Afecto entre dos desconocidos


La peli de Scola se llevó el golbo de oro de 1978 a la mejor película y fue candidata a los óscars como mejor película extranjera. Hasta Mastroianni fue candidato a mejor actor ese año. “Una jornada particular” es una película que, a pesar de estar ambientada en un día concreto de mayo de 1938, cuenta en esencia una historia que podría extrapolarse a cualquier época en el tiempo: Dos seres solitarios que se encuentran y se reconfortan en compañía.


Dos chismes antes de despedirme. Sofía Loren gozaba de tener un marido productor, Carlo Ponti, que le reservaba papeles estupendos y Alessandra Mussolini, nieta de aquel fanfarrón y prepotente duce, hace el papel de una de las hijas de la Loren.



viernes, 3 de mayo de 2019

Hoy no estoy pa nadie: a propósito de "Dolor y gloria"

Hoy no estoy pa nadie.
Hoy no estoy pa na.
Hoy estoy borracho
de soledad.

Raimundo Amador

Este artículo se publicó anteriormente en Boquitas Pintadas.

Salvador Mallo no está pa nadie. Salvador Mallo no está pa na. Qué se le va a hacer. En la vida se tienen esas etapas; te dan esas boladas, decíamos de niñas, empotrando el léxico vasco en la morfología castellana.

Hay temporadas, sí, o temporadonas, en las que no estás pa nadie. Ni pa na. Te pasas el rato solo en casa, sin ganas de salir tampoco a na, y cuando alguien te visita, tus pasos lo conducen hasta la puerta, la mano se te va al picaporte y le dices que sí a todo, con tal de que se largue de una vez y te deje de nuevo en paz entre tus muros.

Tienes ya una edad respetable y, como no tienes ganas de tener presente ni futuro, solo te queda el pasado y la tentación de enmendarlo.

Ø  Ø  Ø  Ø  Ø  Ø

Declara Almodóvar en una entrevista con Andreu Buenafuente que “Dolor y gloria” no es un relato en clave, que no nos cansemos buscando nombres ni apellidos reales a los ficticios Alberto y Federico, que estos sus personajes están construidos con retazos de antiguos amigos, enemigos y amantes.

Añado yo otra negación a la de Almodóvar; niego también otra cosa: al contrario de lo que dicen la mayoría de las críticas de “Dolor y gloria”, no creo yo que don Pedro se desnude tanto ni que exhiba tanto sus miserias; se queda en un repertorio de dolencias chic, todas socialmente aceptables, o al menos estéticamente envueltas como para que no desagraden, y cierta elevada dosis de misantropía.

Exhibe, eso sí, con orgullo, unos examigos y examantes maduros y guapísimos, como él mismo reencarnado en Banderas. Todos bellos a pesar de los excesos, los achaques, las canas y las arrugas; todos mantienen todavía mantienen ese puntito de glamur del que los mitómanos no podemos prescindir.

Más descarnado me parece, en cambio, que todos esos hombres bellos formen parte de un catálogo de relaciones frustradas, al que suma otro sentimiento de fracaso en la relación con su madre.

Ø  Ø  Ø  Ø  Ø  Ø

A Salvador Mallo esos meses, esos años tontos en los que no está pa na, le sirven al menos para reconciliarse con su vida. Abre una por una las cajas de una mudanza incompleta, de varias mudanzas incompletas; esas que quedaron con la cinta adherente intacta y ya uno no sabe qué guardan dentro.

La caja más grande es la de la infancia, pero es quizá la que menos miedo da abrir. Por eso Salvador Pedro Mallo la vacía a poquitines, disfrutando de cada hallazgo y haciéndonos disfrutar al recordar pedacitos de su cine anterior. Se nos vienen a la cabeza sobre todo las escenas manchegas de “Volver”, aunque también hay un guiñito a “La ley del deseo”. Por cierto, creo que “La ley del deseo” sigue siendo mi pelialmodóvar favorita.

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También le había oído hacía tiempo a Almodóvar que “Dolor y gloria” iba a ser una peli muy  masculina. Y sí, es masculina esa emoción contenida que Mallo les pide a sus actores; eso que se deja entrever, pero no permite que se desborde; ese tragarse las lágrimas y seguir hablando con una ronquera sugestiva.

Por eso creo que en este film no hay exhibicionismo ni total sinceridad. Tampoco hace puñetera falta. Hay la dosis suficiente como para empatizar, comunicar, transmitir, que es lo que tiene que hacer un creador.

Y, hablando de emoción, me reblandezco toda, como una pava, cuando en una calle de Madrid Banderas se detiene largo rato ante una pintada que reza: “Hermana, yo sí te creo”. ¡Ay! Gracias, gracias, Pedro. 

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Critican también de “Dolor y gloria” su guion supuestamente deshilachado, descosido. Y sí. Es bastante así. Con un par de hilos conductores (su situación presente y su infancia), el resto de episodios son, como decía, cajitas que se abren y se cierran y apenas interactúan entre sí. Pero  él puede. Él, con la inestimable colaboración del gran Juan Gatti, cose lo incosible como quiere. Para eso es Almodóvar. Respect!

A mí, en cambio, ¿sabéis qué no me gusta de “Dolor y gloria”? El título.


Ficha técnica (filmaffinity.com)
Título original  Dolor y gloria
Año  2019
Duración  108 minutos
País  España
Dirección  Pedro Almodóvar
Guion  Pedro Almodóvar
Música  Alberto Iglesias
Fotografía  José Luis Alcaine
Productora  El Deseo. Distribuida por Sony Pictures Entertainment (SPE)

viernes, 26 de abril de 2019

DOLOR Y GLORIA




Tenía ganas de ver la última película de Almodóvar. Hay costumbres que no se pueden abandonar e ir al cine para ver el último estreno del director manchego, es una de esas costumbres a las que no puedo renunciar.

"Dolor y Gloria"(2019) puede ser la película más autobiográfica de Almodóvar, o tal vez transita ese género llamado "autoficción" a mitad de camino entre la ficción y la realidad.

La película gira en torno a la vida de Salvador Mallo, un director de cine en el ocaso, que repasa su vida a través de una serie de reencuentros claves para él y para su obra.

Interpretada magistralmente por Antonio Banderas en el papel de Salvador Mallo en su época madura, Penélope Cruz en el papel de la madre de Almodóvar cuando él era un niño, Leonardo Sbaraglia como el primer y gran amor de su vida siendo adulto y Julieta Serrano en el papel de la madre del director en su época madura.



Los recuerdos del director hacia su infancia se ubican en las cuevas de Paterna (València) en los años 60. Santiago Mallo es ya un niño diferente, atraído por el cine y la lectura, inseparable de su madre.
La escena de las mujeres lavando en el río es sencillamente luminosa, cargada de nostalgia y de emoción, Almodóvar deja constancia de aquella frase de que " nuestra verdadera patria es la infancia" y se recrea en la "autoficción" dejándonos atrapados en esos flashbacks hacia la niñez ,donde se adivina la escasez y la necesidad de desplazarse de sus padres buscando un lugar donde vivir y prosperar , pero también los momentos que marcaron a fuego y para siempre su manera de ver y entender el mundo.


Otro nudo importante de "Dolor y Gloria" es el primer amor, o quizá el GRAN AMOR, ése que Santiago Mallo vivió en el Madrid de los 80, un amor en el marco de la movida madrileña, cuando la droga hacia estragos entre los jóvenes en un ambiente de rebelión, música y transgresión. Ése amor (interpretado por Leonardo Sbaraglia ) se le quedó atravesado en el pecho porque se vio interrumpido por la necesidad de salir del país. El que por entonces fue su pareja, se vio en la disyuntiva de abandonar Madrid o morir en pleno delirio por su adicción a la heroína.


Y así fue como ese amor se hizo inmortal, como suele suceder cuando te dejan estando enamorado todavía, porque no ha sido un amor fulminado por el paso del tiempo ,sino  arrancado en el momento más palpitante y vívido, en plena gloria.


No podríamos analizar "Dolor y Gloria" sin referirnos a la figura de la madre de Santiago Mallo, porque si Penélope Cruz da vida dignamente a la madre en la niñez de Santiago, la que en mi opinión brilla como un astro resplandeciente es Julieta Serrano en el papel de la madre en la época ya madura de Santiago.


Esos momentos hablando de cómo quiere que la amortajen cuando llegue su hora y esos reproches en relación a momentos pasados en los que su hijo de alguna forma le decepcionó, son para mí los momentos más emotivos de la película. Ficción o no, Almodóvar nos emociona. Sabemos el peso de su madre en su vida y también imaginamos el vacío que deja su pérdida, ese abismo que implica el duelo, cuando hay ausencias que resultan casi imposibles de superar.


En esta figura geométrica de puntos claves, no podríamos ignorar el papel que en la vida de Almodóvar significa su obra: el cine,entendido no como un oficio, y sí como una manera de vivir. Sin rodaje, Almodóvar transita sombras, frustraciones, soledades y fantasmas que lo angustian. Su cuerpo que se ha convertido en un enemigo, por momentos le declara la guerra y le impide ejercer lo que para Santiago Mallo es su motivo de vida: hacer películas.


Vemos en este ejercicio de catarsis, de terapia de diván que es "Dolor y Gloria" la relación que el director mantiene con su obra, apasionada y difícil, como lo es también con algunos de los actores con los que ha colaborado ,en un tira y afloja de filias y fobias, que giran siempre en torno a un guion o bien escrito o bien por escribir.


Es aquí donde Asier Etxeandia nos deja una interpretación intensa y a la vez contenida en el papel de ese actor con el que el director mantiene una tensa pero a la vez recurrente relación de creación donde el cine dentro del cine nos deja escenas sentidas y "desnudos" anímicos por parte del alter ego de Pedro Almodóvar,que es Santiago Mallo.


Para mí "Dolor y Gloria" incluso con ese metraje que para muchos será excesivo , es una obra madura, contenida, una operación a corazón abierto, de la que no sé si Almodóvar saldrá más vivo que muerto, tal vez más herido al haber aireado todas las fisuras de su vida.
Ojalá haya servido de catarsis terapéutica, ojalá sirva para que el espectador entendamos mejor que toda gloria conlleva un dolor , y todo dolor conlleva extrañamente una gloria.

Feliz fin de semana,

Troyana






viernes, 12 de abril de 2019

Pasiones más grandes que la vida



Hace unos días que me topé, por completa casualidad, con "Telenovelas are Hell", unos cortos del canal Funny Or Die en los que se parodia y resumen las telenovelas mexicanas con los argumentos más rocambolescos. De ahí me acordé cómo los culebrones se fueron popularizando, al menos en España, desde los años 80, pasando por series de duración "algo eterna", de origen mexicano, venezolano, nacional, brasileño y recientemente, se han popularizado las de la exótica Turquía.

María la del Barrio es un ejemplo más de lo desquiciado de los cuelebrones

Volviendo a los años 80, quizá el primer culebrón mexicano más popular fue "Los Ricos También Lloran". Y es que en la década de los cardados y las hombreras, los seriales dramáticos se llevaban con auténtica pasión: Flamingo Road, Dinastía, Dallas, Falcon Crest, Los Colby, Santa Barbara...lugares y familias de grandes dramas, amores y peleas monetarias, en sitios paradisíacos y alejados del espectador que los devoraba con fervor. Con grandes estrellas del antiguo Star System como Rock Hudson y Jane Wyman, o algunas en ciernes que nos sorprenderían sus origenes (por ejemplo, Mark Harmon), incluso fueron parodiada en joyas como la serie Enredo, o películas como la maravillosa Escándalo en el Plató (Soapdish) o la irónica Tootsie.

La desternillante locura de lo que ocurre en la grabación de un culebrón

Pero mientras esta eclosión inundaba el mercado americano, las productoras que deseaban explotar este filón de pasiones, sexo y dinero, también, regalaron grandes miniseries como Retorno a Edén desde la lejana Australia, y en Europa, se seguía con la misma tradición, sacando a alguna estrella en ciernes con otros veteranos en películas para televisión y series de pocos capítulos, como Harem con Nancy Travis y Omar Sharif.

En estos casos, se solía partir de alguna novela del mismo corte, y se hicieron múltiples adaptaciones a partir de esa fecha y más allá de las grandes la novela "rosa" como Danielle Steel, Catherine Cookson o Barbara Cartland.

Asesinato, cambios de imagen, venganza y romance desde Australia

Y es que admitamos que en público nos puede "avergonzar" aún aceptar que este tipo de historias nos gustan, pero deberíamos de abrazar con cariño nuestro lado "culebrónido".

Volviendo a aquellas películas para televisión que aunaban actores nóveles con grandes veteranos que habían visto tiempos mejores, las de Barbara Cartland, o al menos una de ellas, tiene un lugar especial en mi corazón. En los años 80, se hicieron 4 adaptaciones, en las que aparecerían unos jovencitos Hugh Grant o Helena Bonham Carter, con grandes de la actuación como Stewart Granger, Diana Rigg, Edward Fox, Christopher Plummer o Geraldine Chaplin, e incluso repetían más de una vez. De estos cuatro títulos que son Amor en el Bosque, Duelo de Corazones, Espíritu en Montecarlo y Riesgo a Corazones, me quedo con el último, pues es el que dentro del cine culebrón, se puede acercar más a una película de época, sin caer en momentos realmente ridículos y mojigatos (la trama de Espíritu en Montecarlo), o de intento del protagonista de tomar en serio lo que no puede (lo de Hugh Grant en Amor en el Bosque/The Lady and the Highwayman es puro humor).


Sólo conseguí un vídeo musical, pero os dará una idea del film.

Así, Riesgo a Corazones, que se basa en un libro de 1949, es en resumen, una versión blanca y virginial (muy de Barbara Cartland) de una novela gótica: a principios del siglo XIX, una joven doncella es apostada junto a su casa por su ludópata padre contra uno de sus pretendientes, el vicioso y "viejales" (dicho sea de paso), Lord Wrotham, que a su vez, la vuelve a perder contra el misterioso, joven y vigoroso, Lord Vulcan. Obligada a prometerse con este último, nuestra protagonista Serena, es llevada a su mansión, comandada por su madre, que organiza fiestas privadas, y en las que nuestra muchacha tendrá que hacerse paso entre secuestros, duelos, contrabando, misteriosos fantasmas y muertos muy vivos, la ruina y el honor, cotilleos, bandidos, amantes francesas, amigas celosas, un pretendiente que no dudará en el rapto, y una futura suegra que es fiel al tópico de que ninguna es buena. En fin, como veis, lo normal en un relato de su época o lo más habitual en un culebrón.

La película, con un argumento demencial pero que se puede seguir sin caer en la parodia, se salva por una dirección técnica correcta (propia de adaptaciones de época), y un elenco de lo más reputado, y resulta un entretenimiento de lo más eficaz.

Con este anuncio, si no te pones a buscar esta joya, es que no tienes corazón, ni sangre en las venas.

Y en eso estamos, en entretenernos, que es lo que los culebrones, miniseries y este tipo de películas nos permiten. Así pues, si nos divierten, no nos avergoncemos de ellas, pero al igual que ocurre con estos libros de evasión, considerémoslos que son ficción, y aprendamos de las enseñanzas de George Eliot en "Las novelas tontas de ciertas damas novelistas", y evitemos caer en el "bovarismo" que nos mostró Flaubert.

Carmen R

Nota: no os dejéis engañar con el cartel del comienzo del artículo, sacado de Wikipedia, y que promete algo sacado más de Harlequín con más pasión (hay un caballo, y una pareja propia de las portadas de estas novelas), que lo que de verdad pasa en la película, pero había que venderla y con esa imagen, y esa frase, todo está dicho ;).