viernes, 25 de abril de 2025

Premonition: 7 días

 


Esta película de 2007, protagonizada por Sandra Bullock, se tituló en inglés simplemente Premonition y en España se le añadió la coletilla de 7 días, añadido que resultó curiosamente premonitorio, ya que, unos años después, en 2015, se estrenó Premonición, con Anthony Hopkins, Abbie Cornish y Jeffrey Dean Morgan, que originariamente, en inglés, se titulaba Solace.

En el canal Mad han programado estos dos filmes en una misma tarde, uno después del otro, y los han titulado Premonición (7 días) y Premonición (Solaz), de manera un tanto confusa, hasta el punto de que llegó a pasárseme por la cabeza que formaban parte de una especie de saga o serie. Pero no. No tienen nada que ver el uno con el otro.

Yo hoy os hablaré de Premonition: 7 días, con Sandra Bullock, y quizás otro día me anime con el otro.

Premonition (le quito la coletilla de ahora en adelante) es básicamente un thriller de suspense que pasó en su época bastante muy desapercibido. En los Estados Unidos tuvo una acogida en salas entre mediocre y buena y en Europa y Sudamérica fue un poco peor.

La crítica tampoco le fue, en general, favorable y esto me sirve de perfecto ejemplo del sexismo y la misoginia de la crítica cinematográfica. Todavía hoy he podido leer en alguna reseña que un aspecto negativo de Premonition es que su trama “se limita a lo cotidiano” o que “lo que pasa no es importante”. Os traduzco gratis: no suceden cosas masculinas y lo que les pasa a las mujeres no nos interesa. No tengo ni media duda de que, si en vez de UNA prota ama de casa, Premonition tuviera UN prota, pongamos, desarrollador de videojuegos, esta peli sería de culto, porque tiene cualidades para ello.

Bueno, tras la pataleta necesaria, ya ha llegado el momento de exponeros el high concept de Premonition, aunque yo no lo voy a exponer muy high, sino a mi manera.

Allá voy. Un ama de casa acomodada, de casoplón en las afueras y Volvo para llevar a las niñas al colegio de élite, vive una experiencia raruna. De pronto, le bailan los días. Se acuesta un domingo por la noche y se levanta un miércoles; de ahí vuelve al lunes y luego salta al sábado, al jueves, al martes, luego al viernes… No es así exactamente, pero más o menos. Y así continúa, a lo loco, durante los siete días del título, durante una semana. Solo que, durante esa semana, su marido fallece en la carretera, se entera de que tenía una aventurilla, su hija sufre un accidente doméstico, la internan a la fuerza en un psiquiátrico… En fin, muy mala semana para vivirla desordenada y saltando adelante y atrás en el tiempo, cosa que, quieras que no, te lía y te confunde mucho.

El guion no tiene fisuras. Todo encaja bien y de forma natural, nada forzada. Fluye. Y la intriga está bien trabajada. La tensión se mantiene perfecta durante todo el metraje y la atmósfera inquietante funciona desde el principio; desde las primeras escenas sabemos que en ese escenario idílico de periferia adinerada y familia reluciente va a caer una bomba de neutrones que va a dejarlo todo patas arriba. Y mola. 

El peso de la peli cae del todo sobre Sandra Bullock; prueba de ello es que el resto del elenco es un elenco de perfectos desconocidos, a excepción del grandioso Peter Stormare, que hace un papel breve, pero desasosegante, como siempre o casi siempre. La diferencia es que en esta peli sale incluso guapete (ved foto), pero sigue dando miedo.

Bullock está correcta. Esta señora, que a mí me cae bien, no sé por qué, porque no ha hecho gran cosa en el cine, no es un dechado de expresividad, pero esa templanza le va bien a su personaje, porque no necesita intensidad ninguna: bastante intensito es ya lo que le pasa.

El final de Premonition es agridulce. Si de mí hubiera dependido, le habría quitado ese poquito de dulce y el mensaje final pelín ñoño, pero confieso que la calmada escena final supone un cierto alivio, tras tantos minutos de tensión.

El director es Mennan Yapo, un alemán de evidente ascendencia turca, nacido en 1966. Premonition fue su segundo film largo, de manera que solo tiene uno anterior, Lautlos (en inglés Soundless), que rodó en Alemania en 2004. Lautlos pasó con más pena que gloria por la taquilla, pero se llevó el Premio Especial del Jurado en el prestigioso Festival du Film Policier de Cognac. De ahí, Yapo saltó a Hollywood, hizo Premonition y no me consta ningún trabajo posterior suyo.

Y hasta aquí lo que me apetece contaros sobre esta peli que no os cambiará la vida, pero no sale nada mal parada. Se despide vuestra amiga


Noemí Pastor

viernes, 11 de abril de 2025

Ciudad tóxica

Os cuento mis green flags sobre esta serie británica. La impresionante trayectoria de su directora, Minkie Spiro, —codirectora en «El problema de los tres cuerpos», «Better call Saul» y «Downton Abbey»—. Su buen hacer se refleja en mil detalles, como las escenas entrelazadas (maravillosa la que cruza la celebración de los políticos, con el nacimiento de los bebés y el robo de los documentos); o las tomas aéreas con drones, que, además de estéticas, tienen un efecto maqueta que evoca la planificación urbanística, el fantasma que se esconde tras la trama. Las contraposiciones entre el mundo de la élite y la población media, Club-Pub; o la manera sutil de mostrar el paso del tiempo por la edad de los niños. El guion de Jack Thorne, —«Enola Holmes» y coguionista de «Adolescencia»—. Se basa en una historia real y, además, está bien contada, que es lo importante. Quiero decir que, en principio, no valoro más las obras por basarse en hechos reales, y tampoco me importa mucho la fidelidad en la caracterización de los personajes o la literalidad en acontecimientos puntuales. Para mí lo que cuenta es la construcción de la narración y que, en caso de existir una realidad tras la ficción, se muestre de forma honesta. Si esa realidad que me revelan es un tema interesante del que no sé casi nada, como en este caso, ya, es lo máximo que puedo pedir. Sucede en Corby, un pueblo de Inglaterra que tuvo una industria boyante del acero desmantelada en los 90. A la hora de retirar los residuos de los terrenos donde se ubicaban las fábricas, bajo la pragmática excusa de «encontrar el equilibrio entre la burocracia y la realidad», no se siguieron las normas de seguridad, con graves daños para la salud de la población. Salta la alarma cuando empiezan a nacer bebés con extremidades diferentes en una proporción muy superior a la media. La tenacidad de las mujeres recuerda a la famosa «Erin Brokowitz», interpretada por Julia Roberts. También es un referente la serie «Sherwood», donde asimismo se trataba la desindustrialización británica de la era Thatcher y lo que arrastró consigo: huelgas, movilizaciones, desempleo y parece que también problemas de salud pública. El problema médico de los niños se trata con objetividad y sin morbo. Se centra en el calvario de operaciones a las que quedan abocados desde su nacimiento, y sirve, de paso, como reflexión sobre la maternidad y sobre los cuerpos diferentes. Las dos protagonistas. Susan McIntyre, —interpretada por Jodie Whittaker, a la que vimos en Broadchurch—, es un personaje que cae bien al instante gracias a la versatilidad y delicadeza del registro interpretativo de la actriz. Lleva el peso de la trama principal y de una excelente subtrama matrimonial con un marido al que no se puede considerar ni siquiera cero a la izquierda: es un número negativo. La actriz Aimee Lou Wood —«Sex education»— da vida a Tracey Taylor, la parte sensata del dúo protagonista. La admiro no solo por su papel de contable y madre, sino por la valiente defensa de su imagen en la vida real. El proceso judicial. Todo el desarrollo de la obtención de pruebas, la búsqueda de expertos y peritos, intervención de las autoridades, opinión pública y el propio juicio en sí justificarían por sí solos la serie. Los secundarios contribuyen a que sea redonda. El abogado, interpretado por Rory Kinnear —el inolvidable primer ministro del capítulo 1 de «Black Mirror»—. El teniente de alcalde, Brendan Coyle de «Downton Abbey». El concejal pelmazo, encarnado por Robert Carlyle de «The Full Monty». El resto de madres, los trabajadores de la fábrica, etc. La extensión en cuatro capítulos me parece muy acertada, sin capítulos de relleno, aunque en este punto expreso mi única red flag: no está suficientemente explotado el personaje de Ted Jenkins, interpretado por Stephen McMillan. El joven inspector es un personaje fascinante por su implicación, consecuencias, y toda la secuencia de acontecimientos que lo rodean. Tiene bastante peso en los primeros capítulos, pero merece más en los últimos. Como espectadora, me hubiera gustado saber más cosas sobre él. Almudena Fernández Ostolaza.

viernes, 4 de abril de 2025

ADOLESCENCIA

La miniserie "Adolescencia" (2025) se está convirtiendo en un auténtico fenómeno social. 

Lamentablemente de forma casi semanal, la actualidad nos sacude con noticias sobre asesinatos machistas y esto nos genera impotencia, rabia, dolor , frustración  y un cuestionamiento permanente acerca de la validez de las instituciones  y del sistema en general a la hora de prevenir y proteger a las víctimas de estas violencias, así como una reflexión en torno a una sociedad que perpetúa creencias y valores asentados en un patriarcado que fomenta en menor o mayor grado un nivel de hostilidad palpable hacia las mujeres.

Sin embargo, cuando esta violencia se ejecuta por parte de un adolescente de 13 años, la sociedad se revuelve en una mezcla de perplejidad y rechazo. Esto es lo que nos cuenta "Adolescencia" a través del caso de Jamie, un adolescente que acaba de asesinar a una compañera del instituto y que es detenido y arrestado por este motivo en el capítulo 1.


Esta miniserie británica dirigida por Philip Barantini y escrita por Stephen Graham y Jack Thorne está compuesta por cuatro episodios y arranca con un plano secuencia fulminante en el que somos testigos de la detención de Jamie en su domicilio y con su  familia de testigo que está en estado de shock y es incapaz de comprender y asumir qué está sucediendo.

No estamos ante una serie de intriga ni de suspense, desde el minuto uno sabemos quién es el asesino y quien es la víctima y tampoco estamos,si nos referimos a Jamie,  ante un chaval proveniente de un hogar roto o desestructurado. Sin embargo, sí estamos frente a un adolescente expuesto como tantos otros a la influencia de los círculos de iguales y por supuesto a la todopoderosa influencia de las redes sociales.Los comentarios despectivos acerca de los pechos de su compañera de clase, los comentarios negativos en redes acerca de las modelos que él mismo ha posteado advierten de una hostilidad  creciente hacia las mujeres que finalmente se reviste de resentimiento al amparo de sus propias inseguridades personales y su baja tolerancia a la frustración.


Las preguntas de ¿por qué ? ¿cómo es posible llegar hasta aquí ? nos persiguen de principio a fin, y sí vemos ese germen de un discurso en el cual el mundo (en este caso femenino) está en deuda contigo , te debe algo y si esa expectativa no se cumple, es lícito que te saldes esa deuda.

La escuela no cuenta con los recursos necesarios, se observa la incapacidad del profesorado para detectar y prevenir esta posible agresión pero tampoco la familia sospecha en ningún momento que Jamie pudiera ser capaz de cometer un asesinato de este índole.Sabemos que Jamie no ha sufrido maltrato por parte de sus progenitores pero en cambio su padre sí sufrió esa violencia por parte de su padre, y de alguna manera esa impronta está latente en la figura masculina más directa y referente de Jamie.


La escena del interrogatorio con la psicóloga es posiblemente una de las que más tensión genera en la película pues observamos la ira contenida de Jami y cómo su rostro y su lenguaje corporal se transforman a medida que la entrevista le va incomodando de manera gradual . Actuaciones sobresalientes en una entrevista repleta de mensajes tanto manifiestos como subliminares.

Es la construcción de una masculinidad tóxica lo que se cuece a fuego lento sustentada por múltiples factores que no somos capaces de atajar ni desde la familia ni desde la escuela ni desde la comunidad en general y cuyas consecuencias aquí atroces,aquí en "Adolescencia" se dejan ver.

Un mensaje claro y directo que puede servir para revisar nuestro lenguaje y tomar conciencia de qué algoritmos alimentan nuestras creencias, no ya sólo como adultos sino también desde la extremadamente vulnerable e influenciable adolescencia.

 Troyana.


viernes, 28 de marzo de 2025

Black Bag: Sexo, mentiras y espías

Anoche, después de muchísimos meses, quizá años, pude ver en el cine una película de entretenimiento hecha para gente hecha y derecha, un filme que exigía la atención del espectador, que no se sentía como el contenido vacío de cualquier plataforma, al que echar un ojo entre revisión de los mensajes móvil. Era, ¡por fin!, una película para disfrutar.

El cine que nos regala esta vez Steven Soderbergh en 'Black Bag' (también conocida como 'Confidencial', 'Código Negro' o 'The Insider' en algunos países), es una lección de arte en la que el ya veterano realizador, lejos de sus experimentaciones habituales, o del cine más comercial que lo ha hecho famoso, nos regala una película que se mueve entre ambos mundos, y que sabemos que sólo puede estar filmada por él: solvente, elegante, carismática y visualmente atractiva, 'Black Bag' es un ejercicio actoral que llega a recordar a 'Sexo, Mentiras y Cintas de Vídeo', envuelto en un recubrimiento 'cool' propio de 'Ocean's 11', mientras nos muestra un mundo desagradable como el que podría ser el de 'Traffic', y llega a regalarnos una historia de amor magnética y aséptica, muy lejos de los sentimentalismos y demostraciones banales que solemos ver en nuestras pantallas

La trama, sin destripar nada, se resume en lo siguiente: George está casado con Kathryn, y ambos son un matrimonio de 'analistas de inteligencia'. Ante una posible amenaza global, George debe averiguar quién está traicionando a la agencia, con la problemática de que además analizar a sus concidos o 'amigos', tendrá que investigar también a su propia esposa.

Es un filme de espías, casi sin acción, pero no por ello carente de desasosiego o momentos de tensión, que se basan principalmente en las interpretaciones actorales. Más importante que la resolución de la trama de espionaje, está el choque entre los distintos personajes, en los que veremos un verdadero tumulto melodramático apoyado en 6 caracteres diferentes (quizá siete, si incluímos al de Brosnan), que harán una disección de su vida personal, a través del tamiz de su labor como espías. Y a todo esto, hay que añadir, que también hay que solucionar, de una manera deudora de los misterios de Agatha Christie, la pregunta inicial : ¿quién está mintiendo y actuando como el 'topo'?.


Es por ello que aquellos que esperen una película llena de acción como las de 'Misión Imposible' o las de 'Bourne', se llevarán una decepción con este filme, que es más bien, un 'juego psicológico'. Pero si disfrutas del 'factor humano' en las tramas de espionaje, como las que a veces hemos podido ver en las novelas o adaptaciones de la obra de John Le Carré o de Graham Greene, estarás en tu elemento. Este filme, si recuerda a otros de ese género, es a aquellos de Michael Caine, como 'Ipcress' (me pregunto si las gafas del protagonista son un homenaje a ese 'Harry Palmer'), cruzándolo con un drama doméstico y burgués, empaquetado de forma de cinematografía, fotografía, vestuario y música estilosas. Y es que hay que resaltar que la música de David Holmes se mueve por esa banda sonora propia de los Ocean's que también firmó, pero con un toque de cine de espías de los 60 y 70. O que la cinematografía y edición también son de Soderbergh, bajo pseudónimo, que como siempre, hace un trabajo impecable y correcto.

Pero vuelvo a insistir en el guión, que es un elemento que aunque tiene sus "trampas", no juega con la inteligencia del espectador, y que además regala unos diálogos sumamente brillantes, y propios de un drama teatral de parejas. Lo firma David Koepp, que empezó a trabajar en el mismo hace 30 años, mientras desarrollaba la primera 'Misión Imposible'. Curioso, que ahora que se cierra la saga de Cruise, Koepp haya podido ver lista y realizada su idea.

Vayamos ahora a las interpretaciones, uno de los puntos fuertes de esta película. Los secundarios están encantados y disfrutando con sus roles, empezando por dos solventes ex-alumnos de Bond como son Pierce Brosnan y Naomi Harris. Están acompañados por un maravilloso Tom Burke, y una Marisa Abela que disfruta de cada momento, y que son los dos ideales en sus roles. La interpretación más floja es la del ex-bridgertoniano Regé-Jean Page, que la verdad sea dicha, se ajusta al papel, y es que sale mal parado en el reparto de personajes carismáticos frente a sus compañeros.

¡Y, oh, el duo protagonista! Cate Blanchett siempre brilla, y aquí no nos falla, con una Kathryn profesional, orientada a sus objetivos, pero seductora a la vez, haciéndonos apoyarla o dudar de ella. Pero quien se lleva la palma es Michael Fassbender, que vuelve de su retiro actoral con esta joyita; el actor deja brillar a su coestrella, y a la vez nos da una fantástica interpretación del frío, e incluso casi robótico George, cuyo exterior helado se va a resquebrajar sutilmente, por el conflicto entre la pasión y amor que siente por su esposa, y sus obligaciones y deberes, además de su desdén por los mentirosos. Fassbender, con una contención milimétrica, resalta como el gran actor que es, que con sólo una mirada, nos puede transmitir su torbellino interior. Por otro lado, no había visto una química tan apasionada entre dos actores en mucho tiempo, y realmente, llegas a sentir el drama de este ferviente matrimonio, que baila lentamente sobre un hielo frágil, similar al de sus exteriores helados. Curioso que una película que no muestra nada de sexo explíticito, de una sensación de sensualidad y conexión tan potente, pero ya Soderbergh supo sacar algo similar en su primera película ('Sexo, Mentiras y Cintas de Vídeo').

En fin, no puedo añadir nada más que os animéis a verla. Son 90 minutos de disfrute inteligente y adulto, que os recordarán lo que es el cine y deleitarse con una película.

Carmen R.


viernes, 21 de marzo de 2025

A complete unknown

No soy una fan entregada de Bob Dylan, pero no hay duda de que ha sido un hito para nuestra generación. De hecho, viendo la peli, me di cuenta de que me sabía la mayor parte de las canciones en catalán y me recordaban mis remotísimas (y breves) épocas de montañera. Este cantante forma parte de la banda sonora de nuestra vida y tenía ganas de ver qué tal se le daba el personaje a Timothée Chalamet. A perfect unknown narra la época desde la llegada de Dylan a Nueva York con diecinueve años hasta su polémica actuación en el festival de folk de Newponrt. La película está dirigida por James Mangold, que también es el guionista junto con Jay Cocks, y está basada en el libro Dylan goes electric de Elijah Wald. No he visto muchas películas de este director, pero Indiana Jones y el dial del destino me encantó. La verdad es que esta producción ha estado gafada: han tardado cinco años en terminar un proyecto que empezó en 2020. Les ha pasado de todo: primero el COVID paralizó el proyecto; cuando se retomó en 2023, comenzó la huelga de actores y guionistas. Durante todo este tiempo, Chalamet aprovechó para aprender a tocar la guitarra y a cantar y el resultado, tanto suyo como de Monica Barbaro en el papel de Joan Baez, es impresionante. De Chalamet ya sabíamos sus capacidades por Wonka, pero te parece estar escuchando a Dylan. Y Monica Barbaro es impresionante, tiene una voz preciosa. La película no ha conseguido ningún Oscar, pese a tener varias nominaciones, pero este año había muy buena cosecha de películas. Yo, la verdad, le hubiera dado el de mejor actor. Supongo que porque The brutalist no me gustó y me parece que Adrien Brody siempre hace de Adrien Brody y Timothee Chamelet tiene muchos registros y en todos está bien. Creo que me enamoré de él en Call me by your name, una película maravillosa en la que él bordaba su personaje. La película solo narra unos pocos años de la vida de Dylan a principios de los sesenta, cuando pasó de ser un perfecto desconocido a triunfar en todo el mundo. Me parece que está muy bien ambientada, he sentido que hacía un viaje atrás en el tiempo y así me imagino el aspecto de Nueva York en esa época y los festivales de folk a los que tanto nos hubiera gustado asistir. La verdad es que el personaje de Dylan resulta insoportable. Un hombre absolutamente centrado en si mismo, un artista genial, pero un novio o amigo fatal. Su relación con las mujeres es desastrosa. Sylvie Russo (personaje basado en Suze Rotolo) está muy bien interpretada por Elle Fanning y se hace extraño que en ningún momento de la historia le de a Dylan con la guitarra en la cabeza. La parte del conflicto que resulta de utilizar elementos eléctricos en el festival folk, lo que es visto como una traición por la organización y gran parte del público, es lo único que resulta muy comprensible. El cantante está harto de que le encasillen y le obliguen a cantar Blowing in the wind por millonésima vez, cuando él quiere experimentar e innovar.

viernes, 14 de marzo de 2025

La tapadera (1976)

 Hoy no voy a hablaros de La tapadera de 1993, la que dirigió Sydney Pollack, sino de otra tapadera algo anterior, dirigida por Martin Ritt, antiguo represaliado por el comité de actividades antiamericanas que tanto daño hizo. Ambas pelis llevaron el mismo título en España, pero la protagonizada por Tom Cruise se llamó en inglés "The firm" (Algo así como la empresa queriendo definir al bufete de abogados), la protagonizada por Woody Allen se tituló "The Front", que quizá sí fuera una traducción algo más ajustada.


Aunque al protagonista lo encarna Woody Allen no es una peli dirigida por él. Esta es una de las pocas veces en que Allen no ha actuado en una peli que no fuera suya. Su personaje se llama Howard Prince y es un tipo algo buscavidas que sobrevive como cajero en un bar. Se dedica a apostar y a dar sablazos a su hermano. Howard tiene un  buen amigo que es un brillante guionista. El guionista es bastante famoso, se llama Alfred Miller y tiene éxito. Lo malo es que estamos en la mojigata Norteamérica de los años 50. Durante aquella época gazmoña hubo un senador de apellido McCarthy que se dedicó a enarbolar una caza de brujas sobre cualquier persona que oliera a progresismo sin ser necesariamente comunista. 

Alfred, el escritor y su amigo Howard, la tapadera.

Como suele ser habitual, en las profesiones artísticas suele darse con frecuencia una sensibilidad palpable del sentido crítico  y eso, en aquella época, y, por desgracia en la nuestra aunque aún no hayamos tocado fondo, significó que gente reaccionaria e hipócrita por lo muy cristiana, pero sin los valores propios, se dedicara la vida a amargar la misma a tantos artistas. El comité de actividades antiamericanas, nombre pomposo donde los haya, prohibió a miles de personas poder ganarse la vida. Hasta en pelis de la época franquista como en Bienvenido, mr. Marshall, queda retratado este comité, concretamente en el sueño agitado del señor cura. La censura era un mal que está de vuelta. Aprovecho para hacer un guiño a pelis que tratan el tema como "Buenas noches, y buena suerte".

Heckie Brown (Zero Mostel) actor que lo tuvo todo y que está en horas muy bajas.

Volviendo a la historia de Howard Prince, éste acuerda con su amigo, el escritor Miller, hacerse pasar por autor de los guiones del segundo, para poder comer los dos. Y Prince, que ve el negocio, empieza a sumar guionistas censurados para ir viviendo bien como un gran escritor aunque no sepa ni escribir la lista de la compra.

El impostor se despide de su chica hacia un sombrío destino.

El impostor va subiendo hasta que la situación se hace insostenible. El asco a la delación y el tener miedo a todo se plasman en el papel del actor célebre que un buen día deja de tener las puertas abiertas de todas partes. Quizá las escenas de Hecky Brown (Zero Mostel, otro actor que estuvo en la lista negra) sean de lo más logrado de esta peli.

Hacía mucho que no volvía a ver esta peli tan cargada de ironía y, tal y como está el patio, me da bastante angustia que este clima de puritanismo rancio, miedo y delaciones vuelva a ponerse de moda. A modo de curiosidad, los títulos de crédito del final empiezan desde el director, el guionista y algunos actores indicando el año en que fueron incluidos en la lista negra del comité de actividades antiamericanas. 


Saludos y parabienes,

Juli Gan.

viernes, 7 de marzo de 2025

The Game

 


Os cuento en este articulito mi tormentosa relación con este film de David Fincher de 1997. Mi primera sorpresa al revisitarlo es que ya tiene casi veinte añitos, así que podemos decir que es una peli de otra era, de cuando la tecnología no estaba tan presente en nuestras vidas, aunque, si la habéis visto, coincidiréis conmigo en que es un film bastante tecnológico; no estaría mal una nueva versión actualizada a estos tiempos, pues daría pie a mayores marcianadas.

Otra vez estoy ante una de esas contradicciones mías. The Game es una peli que no me gusta, pero, como me sucede con otras muchas y como ya os he contado en anteriores episodios, me deja pegada a la pantalla cada vez que tropiezo con ella en la tele. Quizás por eso me ha apetecido dedicarle un artículo, porque quiero descubrir qué es exactamente lo que no me gusta y qué lo que me fascina o qué me desagrada y me fascina a la vez, que también puede ser.

El director, David Fincher, tampoco me gusta nada. Presuntuoso y sobrevalorado, cuenta con el prestigio del aburrimiento y el embrollo narrativo. Seven y El club de la lucha me parecen un horror. Salvo de la quema Zodiac, Perdida y La red social y me rindo ante House of Cards.

Maldita sea. Lo he vuelto a hacer. Empiezo diciendo que algo no me gusta y acabo reconociendo que bueno, tira, vale… Igual no lo detesto tanto.

En fin. Volvamos a The Game y comencemos por el personaje principal, Nicholas van Orton, el encarnado por Michael Douglas. Ese “van” ante el primer apellido nos da una pista: estamos en un entorno que en USA llaman “old money world”; esto es, quienes llevan ese “van” ante el apellido pertenecen a familias con dinero acumulado durante generaciones, en una línea sucesoria directa que se remonta a los primeros holandeses que llegaron a América y engañaron a los indígenas para quedarse con sus tierras.

 Por eso decidieron filmar The Game en San Francisco, porque es la ciudad más apropiada para representar a ese “dinero viejo”. No estuve yo allí muchos días, pero sí recuerdo que las calles del centro olían a dinero; a dinero discreto, no al exhibicionismo rayano con el mal gusto de Los Ángeles. Simplificando mucho, podríamos decir que en Los Ángeles están los nuevos ricos y en San Francisco, los ricos de toda la vida que no necesitan demostrar nada, porque con solo decir que se apellidan Van Algo, ya lo dicen todo.

Van Orton es, pues, un ricachón de San Francisco que encaja en el estereotipo narrativo del Scrooge de Charles Dickens. Como sucede en Family Man, comienzan a sucederle cosas extrañas que acaban componiendo una experiencia iniciática que suponemos también redentoria, que le transforma la vida, aunque el film apenas nos diga nada sobre su vida posterior a tal experiencia.

 Dice David Fincher que el tema central de The Game es la pérdida de control sobre la propia vida y el terror enorme que eso provoca. Estoy de acuerdo, aunque también hay críticos que afirman que es un film sobre la paranoia y también estoy un poco de acuerdo. Lo que cuenta The Game se mueve entre la ensoñación y la realidad, nunca sabemos si lo que vemos es real o es producto de la mente alterada de Van Orton, así que la pérdida de control y la paranoia me encajan como extremos del péndulo que marca el recorrido de este film.

 No me queda más remedio que reconocerle a Fincher la virtud de saber crear atmósferas envolventes (va a ser eso lo que me atrae): la luz, la música, los encuadres, la gama de colores, el sonido, la escenografía, el ritmo… Y ese ambiente tenso y opresivo, a la vez que elegante.

Hay quien dice ver fallos en la trama, zonas oscuras y detalles no resueltos. Seguro que es así. A mí ni se me ocurre ponerme a desenredar el hilo narrativo, porque sería un esfuerzo que no conduciría a nada. Es lo de menos. Es más: opino que esos fallos o esas pequeñas ausencias de lógica argumental ayudan a componer el ambiente de pesadilla en el que las cosas malas, las desgracias, suceden porque sí, de manera tonta y absurda, sin concatenación lógica alguna.

En lo pesadillesco me recuerda The Game a Jo, qué noche, de Scorsese, porque The Game también te introduce en un torbellino de desdichas que no puedes imaginar cómo acabará, con sus inevitables toques kafkianos, claro.

Así y todo,  también tiene su punto de redención (no olvidéis a Scrooge) y su minúsculo lado luminoso.

 Michael Douglas es un actor que se desenvuelve muy bien en ese terreno entre la elegancia y la sobriedad y el desgarro del terror. Por eso me sorprendo cuando leo que para su papel también pensaron en Kyle MacLachlan y Jeff Bridges; y que para el papel muchísimo más residual de Christine, que al final fue representado por Deborah Kara Unger, pensaron en Bridget Fonda y Jodie Foster.

 ¿Con otros actores y actrices habríamos tenido una película distinta? Um, no sé. Dejadme pensarlo. Entre tanto, os saluda amablemente vuestra amiga


Noemí Pastor