Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Javier Pereira, Luis
Zahera, José Luis García Pérez, Mónica López, María Ballesteros, Rocío
Muñoz-Cobo, Ciro Miró, Andrés Gertrúdix, Raquel Pérez, Silvia Casanova, Josean
Bengoetxea
Sinopsis
Madrid, verano de 2011. Crisis económica, Movimiento 15-M y
millón y medio de peregrinos que esperan la llegada del Papa conviven en un
Madrid más caluroso, violento y caótico que nunca. En este contexto, los
inspectores de policía Alfaro y Velarde deben encontrar al que parece ser un
asesino en serie cuanto antes y sin hacer ruido. Esta caza contrarreloj les
hará darse cuenta de algo que nunca habían pensado: ninguno de los dos es tan
diferente del asesino.
Calificado por su propio director, Rodrigo Sorogoyen, como
un thriller de personajes y cuando ves la película te das cuenta de que es una
descripción acertada. Es un triángulo en el que los tres vértices son los dos
policías y el asesino al que están buscando.
Ambos policías son personajes especiales. Por un lado está
Alfaro, un hombre rudo y bruto que acaba de dar una paliza a un compañero al
que casi deja ciego y por otro, Velarde, un hombre raro tanto en su trabajo
como en su vida. Ambos tienen métodos diferentes, pero están obligados a
trabajar juntos.
La película no entra en la vida personal de los
protagonistas, a pesar de que sí muestra que estas son complejas y difíciles,
no profundiza en ellas. Quizás hubiera sido interesante profundizar en estos
temas, al igual que en los métodos y los problemas internos del Cuerpo de
Policía o de la multitudinaria, calurosa y más caótica Madrid, abarrotada de
gente debido a la visita del Papa.
Estupendo el trabajo de Roberto Álamo en su papel de Alfaro.
Es una gran interpretación que no pasará desapercibida en la carrera hacia los
premios. No destaca tanto el trabajo de Antonio de la Torre como el policía Velarde,
que es un ser atormentado y aislado debido en parte a su tartamudez.
Que Dios nos perdone que recibió el premio al Mejor Guión en el pasado Festival de Cine de San Sebastián está escrito por el propio director Rodrigo Sorogoyen y por Isabel Peña, que ya había firmado juntos Stockholm en 2013.
Buena película policíaca, centrada más en la investigación
que en la acción a la que podemos encontrar ciertas similitudes con La isla mínima (2014) o El secreto de sus ojos (2009).
Este
artículo me lo ha inspirado otro, aparecido en la revista Spectres du cinéma, que hablaba de cuatro filmes de Woody Allen que
exploran el tema de la culpa y el castigo: Delitos
y faltas (1989), Match Point
(2005), Blue Jasmine (2013) e Irrational Man (2015).
El
artículo de Spectres comenzaba
preguntándose por qué Jasmine acaba sola, sin dinero y mentalmente
desestabilizada, sentada en un banco de un parque; y por qué, en cambio, Chris,
el protagonista de Match Point, o el prestigioso oftalmólogo de Delitos y faltas, no acaban sentados en
el mismo banco; por qué también el personaje de Irrational Man no recibe idéntico tratamiento.
¿Moral? ¿Qué moral?
Contesta
a esas preguntas Eyquem, quien firma el artículo de Spectres, algo que ya sabíamos: que Allen muestra una gran
habilidad al revelar la mezquindad humana, la mentira, las artimañas, las
manipulaciones de las que somos capaces; ahora bien, a la hora de moralizar,
nos encontramos con el vacío. La moral es precisamente la ausencia de moral:
los asesinos se van de rositas, quedan impunes, los crímenes cometidos apenas
les crean mala conciencia o, si en algún momento esta los abruma, con el
tiempo ese peso se va aligerando hasta desaparecer.
No
hay ningún dios vengativo ni justiciero que atrape a los criminales, ni
misericordioso que salve a la humanidad. No hay bien ni verdad; solo intereses,
pasiones y apetitos que no regula ningún principio. Algunos triunfan, se hacen
ricos y famosos, llevan una vida palaciega y desayunan con champán, pero no
gracias a sus méritos, sino solo gracias a la suerte.
Al
principio americano del tú puedes,
del si te esfuerzas, lo consigues,
Allen añade: sí, pero, además, la suerte
tiene que estar de tu parte. Y ese añadido resulta destructivo, pues anula
por completo la premisa.
Así,
el protagonista de Match Point se salva
de un buen lío gracias al crimen y a la mentira, la suerte le sonríe, la
partida le es propicia. Jasmine, sin embargo, lo intenta igualmente; quiere una
vida regalada, está convencida de haber nacido para ello. Cuando está a punto
de conseguirlo del brazo de un embajador, la mala suerte pone en su camino a
una persona que desvela sus mentiras y de nuevo queda sola, arruinada y en la
calle. ¿Qué explica que uno triunfe y la otra no? Nada.
Ni determinismo genético ni social
El
éxito o fracaso de estos personajes no depende de su origen social ni de una
sociedad que premia a los fuertes y alimenta el egoísmo en general. Que
provengan de un medio social desfavorecido no les impide triunfar; ni siquiera
a Jasmine, que alcnza cumbres sociales habiendo partido de muy abajo. Y
viceversa: su medio privilegiado no los protege del fracaso. El mismo ascensor
que eleva a unos hace descender a otros: es la suerte y nada más.
Tanto
Jasmine como su hermana son adoptadas y culpan a los genes de sus éxitos y sus
fracasos: “Has heredado buenos genes”, le dice a Jasmine su hermana. Pero los
genes, que se supone que deben explicarlo todo, en realidad no explican nada;
es solo una manera de decir que nada condiciona el destino; es el nombre que le damos
a la ausencia de explicación. A posteriori sí pueden analizarse las causas de
un éxito o un fracaso, pero solo a posteriori.
¿Más filosófico que político?
La
vida no es justa. Aceptémoslo. Enseñémoselo cuanto antes a nuestras hijas e
hijos, para que vayan aprendiendo, para que lo vayan asimilando. Que tengan
presente, sin embargo, que no es culpa suya, sino el resultado del libre juego
de los egoísmos y las ambiciones personales, arbitrado por el destino, que se
inclina en un sentido favorable o desfavorable, sin ninguna razón.
Esto
opina Eyquem en Spectres:
No es que la sociedad sea injusta y nos trate
desigualmente según nuestro estrato; es la vida misma. Por eso Allen no denuncia
las desigualdades sociales, sino que simplemente habla de la mala suerte, de los
golpes del destino que te alcanzan o te evitan, según el capricho del momento.
Allen se da cuenta perfectamente de que hay pobres y
ricos, y que es mucho mejor ser rico y guapo que pobre y feo. Pero en Blue
Jasmine sugiere también que no existe ninguna palanca, ningún mecanismo que
altere ese orden de cosas, pues la injusticia es ese mismo orden. Es más: este
orden injusto es en el fondo esencialmente justo, porque iguala las condiciones
de todos; es una perfecta igualdad de oportunidades, porque son las mismas para
todos, ya que no tienen ninguna razón. Es un orden profundamente justo en su
injusticia. No recompensa ni castiga: simplemente sucede.
Quienes llegan a la cumbre carecen de escrúpulos, son
verdaderos sinvergüenzas. Pero quienes fracasan no son mejores; son igualmente
egoístas y mentirosos. La única diferencia es que la suerte no les ha sonreído.
Les queda el consuelo de pensar que “en realidad” no querían triunfar, que se
conforman con ser lo que son y que es vano y presuntuoso querer ir más allá. A
la falta de suerte la llaman virtud. Ya lo decía Allen en Annie Hall: “Quizás
lo que hay que hacer es no esperar demasiado de la vida”.
La
diferencia entre verdugos y víctimas es en la mayoría de los casos el género:
en tres de los filmes un hombre comete un crimen cuya víctima es una mujer. Sin
embargo, de todos los personajes, la que sale peor parada es Jasmine, la única
mujer, a pesar de no ser la culpable directa y ser al tiempo también ella
víctima. Aquí Allen, aunque a su estilo, quizás sí se nos ponga un poco
político.
Porque
no solo hay contenido político cuando se denuncian las diferencias; basta con
mostrarlas. Y Allen las muestra, pero a su sutil y peculiar manera. No es Ken
Loach.
Ayer por fin,pude ver "Café Society" en el cine.
Dudosa ante varias interesantes alternativas,conforme iba avanzando la película,confirmaba que la elección había sido la correcta. Ahondaré en la trama sin desvelar el desenlace,quien no quiera adentrarse en el argumento sin haber visto la película,sencillamente,que postergue esta reseña,porque me gustaría invitaros a que compartamos el mensaje que la peli nos deja a cada un@.
Vaya por delante que me ha parecido una película deliciosa.Bajo un halo de aparente frivolidad,Woody Allen,aprovecha para abordar los temas que le inquietan,le seducen,le persiguen durante toda su vida y en paralelo,toda su filmografía: la muerte,el amor,la soledad,el sentido de la vida,el destino,el azar.....qué maravilla.
Pero empecemos por el argumento.Café Society está ambientada en el Nueva York de los años 30. Bobby Dorfman ( (Jesse Eisenberg)vive con sus padres y tiene un hermano gansger.Asfixiado por las peleas de sus padres y las pocas expectativas de futuro para él en la ciudad,decide probar suerte en Hollywood,aprovechando que un tío suyo, Phil ((Steve Carrell),es un poderoso agente que finalmente accede a contratarlo como chico de los recados.
La vida de Bobby dará un giro inesperado desde que conoce a la secretaria de su tío Phil: Vonnie(Kristen Stewart),de la que se enamorará perdidamente a pesar de que ella tiene novio.
Le atrae de ella,además de que es guapísima,su espíritu libre e incorrupto.
Bobby Dorfman,el alter ego de Woody Allen,es un personaje que de primeras enternece:torpe,dulce,como dice Vonnie a modo de cumplido: "tiene la mirada de un ciervo que está a punto de ser atropellado";)
Sus padres,en la película,son Marty (Ken Stott) que es un tipo brusco pero con una moral clara y Rose (Jeannie Berlin) siempre dispuesta a encontrarle algún defecto a su marido.
Por supuesto son judíos y aunque discuten sin parar,están entregados el uno al otro, y se quieren a su manera.
Bobby huye de todo eso y se va a la meca de los sueños,buscando la ayuda de su tio Phil.
El destino caprichoso pondrá a Vonnie en su camino,de la cual,aún se enamorará aún más al saber que ella en ese momento,no está disponible para él.
Woody Allen aprovecha este punto de partida de un amor no correspondido para hacer un estudio sobre las relaciones sentimentales.Intercambiado los roles de amado-amante entre Bobby y Vonnie ,Café Society nos muestra además de que manera se puede amar a dos personas a la vez y siempre de manera muy diferenciada.
No somos siempre los mismos,la vida nos cambia,a veces incluso con la misma persona a lo largo de los años, pasamos de desempeñar el papel de amados,dejándonos querer en una relación que nos colma de atenciones y cuidados a desempeñar el rol de amantes que se desviven por agasajar y seducir al otro.
Y al mismo tiempo,en paralelo,desempeñando uno de estos dos roles,podemos ejercer el rol contrario con otra persona distinta. Es como si esos papeles,el de amante y amado,formaran las dos mitades complementarias y a la vez contrapuestas de uno o dos círculos perfectos.
¿qué satírico guionista ideó este plan en nuestras vidas?
No os perdais "Café Society" tiene una fotografía espectacular,unos actores/actrices que cumplen más que dignamente su papel y como es habitual,una estupenda banda sonora a base de jazz.
Las referencias pictóricas,literarias,cinématográficas,filosóficas,son ya habituales en Allen, y aunque nos quede cierta sensación de melancolía al cierre,lo cierto es que el maestro neoyorkino nos deja una reflexión agridulce en el aire ¿estaremos predispuestos a ansiar siempre lo que no tenemos?¿por qué algun@s de nosotros no se nos da la oportunidad de vivir dos vidas simultaneamente ?
Café Society lejos de dar respuestas,abre preguntas,como el cine de verdad,ése que nos deja sensipensativos durante días y justo en el momento de salir los títulos de créditos nos deja con ganas de más.
Una hermosa y sombría novela, con el poco
afortunado título de “Build my gallows high” ("Eleven mi horca" en la
versión castellana), dio lugar a una de las más grandes películas del género
negro, “Out of the past” ("Retorno al pasado") de Jacques Tourneur (1947).
Para cuando la rodó, Tourneur ya era un
director experimentado en diversos géneros y un maestro en lograr mucho con
pocos medios, que eso fue lo que hizo con "La mujer pantera" (1942) y
“Yo anduve con un zombie” (1943), dos obras maestras del cine fantástico.
Tourneur era hijo de uno de los más importantes
directores del cine mudo en Hollywood, el francés Maurice Tourneur. De su padre,
Jacques aprendió a conjugar la herencia europea, llena
de poesía y romanticismo, con el realismo cinematográfico norteamericano.
Esas son algunas de las características que
dominan "Retorno al pasado" y la convierten en una obra maestra
marcada por el sello personal de Tourneur: la atmósfera densa y poética, la
perfecta fotografía y un final trágico, pero con un detalle amable en su final que
diferencia, para mejor, la película de la novela.
Cine negro y literatura suelen ir de la mano.
Por una parte, muchas de estas películas parten de grandes novelas ("El
halcón maltés", "El sueño eterno", "El cartero siempre
llama dos veces"...); por otra, a menudo contaron con la fortuna de
tener como guionistas a grandes escritores del género (Hammett, Chandler, M.
Cain, Burnett…).
"Retorno al pasado" es uno de los
mejores ejemplo de cómo la adaptación de una buena novela puede dar lugar a una
película genial. En este caso, el éxito se debió en gran medida al talento de
sus guionistas: el propio autor (Geoffrey Homes), el también escritor Frank
Fenton y, sin figurar en los créditos, el gran James M. Cain, del que ya
hablamos al comentar "Perdición", otro hito del cine negro, basada en
una obra suya.
No sabemos cuánto del guion se debe a cada uno
de los guionistas, pero la manera en que se retratan las pasiones humanas y
como se entrecruzan fatídicamente los destinos, la precisión, rapidez y
brillantez de los diálogos ("Guarde Vd. esa pistola" "Si la
guardo no me sirve para nada") evidencian el trabajo de grandes de maestros
del género.
Todo lo que está en la novela está en la
película: el ansia de venganza, la pasión sexual que obnubila primero y lleva
al odio y al desprecio después y el triunfo del destino sobre el deseo de
redención... pero la película es más eficaz que el libro en cuanto a que consigue tejer todo
eso en un manto denso y premonitorio que envuelve al espectador de principio a
fin de la historia.
Como su título indica, mucho más sugerente que
el de la novela, una parte del metraje consiste en un flashback (otra de las características
del género negro) donde la voz en off del protagonista, Jeff Bailey, recrea un
pasado que él esperaba enterrado pero que resucita inopinadamente para
impedirle construir el futuro que soñaba junto a la encantadora e inocente Ann
Miller, una joven del pueblo en el que se ha refugiado huyendo de ese pasado.
Bridgeport, el idílico pueblo truchero de la Eastern Sierra californiana, representa con su luz (en contraposición a las escenas nocturnas y
urbanas en que se desenvuelven los delincuentes) la claridad de la vida honrada
y sin sombras a la que Jeff aspiraba.
Robert Mitchum como Jeff Bailey, construye uno
de los mejores antihéroes del cine clásico negro. En realidad Mitchum bordó a
lo largo de su carrera esos papeles de personajes muy viriles pero capaces de
arruinar su vida por una mujer a pesar de saberla mala.
Esa es otra de las características canónicas del
cine negro que se cumplen en esta película: la presencia de la "femme
fatale". "Retorno al pasado" cuenta con una de las perversas más
magnificas que nos ha regalado el género: Jane Greer en el papel de Kathie
Moffat (la Mumsie McGonigle de la novela).
"Devastadoramente hermosa" dijo de esta
actriz Kirk Douglas en sus memorias, "El hijo del trapero". Y esa es
la más precisa definición de la protagonista de esta película: hermosa y
devastadora en la utilización de su belleza.
Otras veces hemos hablado de algunas de las
grandes malvadas del cine negro: la Phyllis de “Perdición”, la Leslie de “La
carta”… Pues otra de las grandes es la Kathie de "Retorno al
pasado",aunque, al contrario de
quienes encarnaron a las anteriores (Barbara Stanwyck y Bette Davis), Jane
Green no fue una gran actriz. Pero a esta película, además de una
interpretación más que correcta, le pudo ofrecer una belleza que era la perfecta
para recrear a su personaje. Tanto que parece que Homes pensaba en Greer al
describir a la letal protagonista de su novela: "Era deliciosamente
pequeña, esbelta, con ojos quizá demasiado grandes para su rostro, iluminado
con una expresión serena como a menudo se ve en las religiosas".
Incluso parece que Tourneur quiso hacer un
guiño al autor al vestir a Jane Greer, en las últimas escenas de la película,
con una sobria vestimenta que le da una apariencia casi monacal, dotando a su
personaje de una ambigüedad, de un contraste entre actos y apariencia, que nos
hace esperar de ella una redención final que no llegará, porque como Jeff
Bailey le dice a su candorosa novia pueblerina cuando ésta se niega a creer que
pueda existir una mujer tan mala como él describe a Kathie: "Es un
ejemplar único".
Además, en "Retorno al pasado" destaca
otra "mujer fatal", aunque ésta nada ambigua ni en su belleza ni en
sus actos: la esplendorosa Rhonda Fleming, en un papel pequeño pero intenso.
Pero el otro gran personaje de la película es
Kirk Douglas como Whit Sterling. Douglas era prácticamente un recién llegado a
Hollywood cuando protagonizó a este vengativo y enamorado malvado. Era sólo su
segunda película, tras interpretar a otro secundario en "El extraño amor
de Martha Ivers", junto a Barbara Stanwyck y Van Heflin, pero supo dar
tanta fuerza a su personaje que realmente lo convirtió en el tercer gran
protagonista de la historia.
El personaje del Whit Sterling cinematográfico
fue un gran logro de los guionistas, que lo crearon sumando en él dos
personajes de la novela: el corrupto jefe de policía Guy Parker y el mafioso
Whit Sterling. Al convertir estos dos personajes en uno, los guionistas
consiguieron dos objetivos: clarificar el guion y evitar chocar con el Código Hays,
que hubiera puesto trabas a la presencia de un policía convertido en
delincuente como era el Parker de la novela.
Douglas apenas habla de esta película en sus memorias.
Sólo menciona su admiración por la belleza de Jane Greer. De Mitchum se limita
a comentar que apenas recordaba nada de él, excepto que sus relatos como
vagabundo cambiaban cada vez que los contaba. En el momento en que se rodó la
película, Mitchum era ya alguien importante en Hollywood y Douglas apenas comenzaba a
abrirse camino; quizás en la escasa valoración que Kirk Douglas hace de Robert Mitchum haya una cierta
envidia retrospectiva. Pronto Douglas también sería, muy merecidamente, una
estrella de Hollywood.
En verdad una más de las muchas satisfacciones
que proporciona esta película es ver trabajar juntos a Robert Mitchum y Kirk
Douglas, tan diferentes y tan grandes actores cada uno a su manera. Mitchum enfrentándose
a la vida y a la interpretación con su aire de escepticismo desencantado;
Douglas haciéndolo a base de fuerza y ambición.
Película de culto dentro del género negro,
"Retorno al pasado" sigue siendo una de las más hermosas películas
que ese género cinematográfico nos ha regalado, al igual que “Eleven mi horca” sigue siendo
una buena novela que merece ser recordada y leída.
-Es posible que tú seas la primera mujer atractiva con la que no quiera acostarme nunca. -Eso es estupendo, Harry. "Cuando Harry encontró a Sally" Rob Reiner -----------------------------------------------------------
Dos universitarios, Sally Albright y Harry Burns, se conocen durante un viaje a Nueva York, quedando patente la total incompatibilidad entre ambos, ella dulce y positiva y él ácido y pesimista. Años después volverán a coincidir en un vuelo, constatando todavía más sus diferencias, sin embargo tiempo después se encontrarán por tercera vez, logrando finalmente entablar amistad. Los dos han sido abandonados por sus parejas y juntos se convertirán en el paño de lágrimas del otro, encendiéndose poco a poco entre ellos la llama del amor. Ya me perdonaréis la cursilería con la que he acabado el párrafo anterior, pero "Cuando Harry encontró a Sally" es para mí la madre de todas las comedias románticas, el súmmum del género. Diálogos ingeniosos y ágiles, protagonistas adorables, estupendos secundarios, actores en estado de gracia (Meg Ryan y Billy Crystal jamás estuvieron mejor y en cierto modo han estado el resto de sus carreras repitiendo sus personajes aquí), escenarios fantásticos (Nueva York en otoño) y una banda sonora ideal, como escrita para la peli. Todo perfecto. Y es normal que la cosa encajase. Nora Ephron, la guionista, se inspiró en sí misma para escribir a Sally Albright. Incluso la exigente manera de pedir la comida era propia de Ephron y la incluyeron en el guión cuando el director de la peli, Rob Reiner, comió junto a ella durante el rodaje. Él sería el contrapunto, pues Reiner es un tipo parecido a Harry y además estaba pasando por una separación mientras grababan la película. Así, viéndose reflejados en la pareja protagonista, es fácil imaginar a Ephron y Reiner discutir sobre el guión, contagiando su complicidad a los personajes, dejando que los actores aportasen también su granito de arena. Sin ir más lejos, la frase que culmina la escena del orgasmo (y que dice la madre de Rob Reiner) fue idea de Billy Cristal, y la última secuencia con ellos hablando de su boda fue totalmente improvisada. Por cierto, todas las parejas que salen contando su historia no son actores, sino matrimonios reales que Reiner fue seleccionando para que hablasen de cómo se conocieron.
Quizá en lo que tuvieron más dudas fue el título. Nora Ephron dijo años después que era lo único con lo que no había quedado contenta. Antes de ponerle "Cuando Harry encontró a Sally" se barajaron "Tenías que ser tú", "Palabras de amor", "Cómo se conocieron" o "Harry, ésta es Sally". Para mí es una de esas pocas películas redondas que hay, lo cual tiene más mérito aún dentro de este género. Romántica, pero divertida y muy inteligente, con una escena mítica en la historia del cine. Personalmente, cada vez que me pongo una comedia de Woody Allen espero encontrar algo parecido a "Cuando Harry encontró a Sally", pero es difícil. Estas cosas no se pueden buscar. El buen rollo tiene que fluir solo.
Mira que es difícil hacer una película basada en un hecho real que ha tenido tantos secretismos, incluso de sumario, y hablar de un personaje que, aunque real, no se sabe gran cosa, porque ya se encargó él de que no se supiera nada, como buen espía.
Francisco Paesa, el hombre de las mil caras, el traficante de armas, agente secreto, negociante del Estado, playboy que traía loquita a la viuda del dictador Suharto…Un personaje fascinante de una película intensa que cuenta una plausible versión de la historia de la fuga de Luis Roldán, su dinero y una entrega policial en Laos.
Hombre de acción sin acción hollywoodiense
La película que se ha sacado de la chistera Alberto Rodríguez está a la altura de la isla mínima y de grupo 7. En esta ocasión ambienta la historia en los años 90, cuando ocurrió, como ahora, que los cargos de la administración pública se dedicaran más a su beneficio propio que al común, el caso Roldán. Luis Roldán, como ya se sabe, fue director general de la Guardia Civil y se apropió de gran cantidad de pasta destinada a los fondos reservados de la institución benemérita y militar. Para ahondar en esto, nada mejor que las hemerotecas.
Presentación de la víctima por lo militar
La historia nos la cuenta Jesús Camoes (José Coronado) piloto de líneas aéreas y amigo de Paco Paesa. Coronado nos cuenta un poco por encima a qué se ha dedicado Paesa durante los últimos tiempos. Fue el agente secreto que descubrió el mayor arsenal de ETA, pero el Estado no se portó bien con él. Tanto es así que tuvo que huir y eso le trajo la ruina. De vuelta al país y en mala situación económica es cuando aparece por su despacho Luis Roldán porque necesita que alguien le ayude a huir y a ocultar el dinero que tiene en un banco de Suiza.
Francisco Paesa (Eduard Fernández) un hombre con un temperamento frío que sabe lo que se hace, se presta a ayudarlo. Lo saca de España. A partir de aquí, la acción es rápida, puro vértigo. El dinero se mueve, la policía busca a Roldán por medio mundo. Paesa lo puso en fuga y Paesa lo trajo de vuelta a las autoridades. Cobró por sus servicios y el dinero que se movió por medio mundo, nunca apareció. Si se piensa bien, no deja de ser una peli de agentes secretos de verdad. No es como en las pelis de acción americanas, con musculosos y apolíneos agentes impecables, ni los atildados seductores tipo 007. Paesa es un agente tan auténtico que no lo parece. Sobrepeso, fumador, con lentes correctoras...y sin embargo es el agente secreto.
Tabaco sempiterno
Una historia en la que el peso recae en la solidez de sus actores. Eduard Fernández hace un soberbio y contenido Paesa que fuma como un poseso. Guiño superlativo a la época en la que se podía fumar en todas partes. Ese amigo y narrador, Jesús Camoes, que es el fiel ayudante (José Coronado), Luis Roldán, un personaje acostumbrado a mandar que se cree más importante de lo que es (Carlos Santos) quizá porque digiere mal su complejo de inferioridad y su origen de clase humilde; su esposa, Nieves Fernández, una mujer muy inteligente, como así lo demuestra en su pequeño, pero lucido papel Marta Etura; la sobrina de Paesa, su fiel aprendiz, Beatriz García (Alba Galocha) que es la encargada de hacer el movimiento final, y otras apariciones inquietantes como el agente secreto providencial, Emilio Gutiérrez Caba, o un difícil superministro Belloch (Luis Callejo) enfrentándose a Pedro Casablanc.
Paesa y sus fieles
El guión de la película, claro, está basado en la novela del, entonces, periodista del equipo de investigación de el Mundo, Manuel Cerdán. Es una historia densa como el humo de sus cigarrillos, pero trepidante. Todo parece ser lo que es, hasta que deja de serlo. La ironía contenida de Paesa se muestra con brillantez.
Preparándose para acercarse a Laos
No hay el material accesible que tienen otras películas de cine político y criminal como “B, la película” que está basado íntegramente en las sesiones judiciales a Bárcenas interpretado por Pedro Casablanc y dirigido por David Ilundáin. En “el hombre de las mil caras” sólo hay una historia que está basada en un hecho real pero, como en toda la historia de Paesa, sólo él sabe la pura verdad.
Un trabajo estupendo de todos los actores y una historia dinámica y bien dirigida. Mentira sobre mentira, y sobre mentiras, todas. Eduard Fernández se ha llevado la merecida concha de oro al mejor actor del zinemaldi donostiarra. ¿Caerá también el goya?
FICHA TÉCNICA
El hombre de las mil caras, 2016, España, color, 123', Thriller
Dirección: Alberto Rodríguez
Guión: Alberto Rodríguez, Luis Cobos (Basado en el libro de Manuel Cerdán)
Música: Julio de la Rosa
Reparto:
Francisco Paesa....................Eduard Fernández
Jesús Camoes.......................José Coronado
Luis Roldán...........................Carlos Santos
Guión Matt Duffer, Ross Duffer, The Duffer Brothers, Jessica Mecklenburg, Justin Doble, Alison Tatlock, Jessie Nickson-Lopez
Música Kyle Dixon, Michael Stein
Fotografía Tim Ives, Tod Campbell
Productora Netflix / 21 Laps Entertainment
Reparto
Winona Ryder, David Harbour, Matthew Modine, Finn Wolfhard, Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Natalia Dyer, Charlie Heaton, Noah Schnapp, Cara Buono, Joe Keery, Rob Morgan, John Reynolds, Joe Chrest, Ross Partridge
Sinopsis
Es la historia de un niño que desaparece en el pequeño pueblo de Hawkins sin dejar rastro. En su búsqueda desesperada, tanto sus amigos y familiares como el sheriff local se ven envueltos en un enigma extraordinario: experimentos ultrasecretos, fuerzas paranormales terroríficas y una niña muy, muy rara.
Parece ser que la serie Stranger Things se ha convertido en la serie de este verano. Estrenada el pasado mes de julio en Netflix, son muchos aquellos a los que ha conquistado y la han elevado a lo más alto. En Filmaffinity los usuarios le han dado una nota media de 8 mientras que en IMDb la nota llega hasta el 9.
Somos muchos los que vemos reflejados en la primera temporada (8 episodios) de Stranger Things el cine que veíamos en los años 80. En esta serie podemos ver muchas similitudes con E.T., el extraterrestre (1982), Los goonies (1985), Alien (1979), El resplandor (1980), Cuenta conmigo (1986), Encuentros en la tercera fase (1977), Ojos de fuego (1984) ó Poltergeist (1982). Pero a los que unos gusta o otros les parece una copia mal hecha, porque como era de esperar, también son muchas voces las que se alzan en contra de esta serie.
Stranger Things tiene varios puntos fuertes: su argumento, su reparto y su banda sonora.
La trama está llena de aventuras y de sucesos extraños que sólo algunos son capaces de ver y de entender: los niños y adultos con problemas personales. En cuanto a los niños, la amistad está por encima de todo, van juntos en bicicleta a todos lados, se comunican entre ellos con los walkie talkie y son capaces de entender y comprender toda la fantasía que hay a su alrededor de manera natural. Personalmente el que más me ha gustado es el todavía desdentado Dustin porque es con el que más me he divertido. Muchos han alabado la vuelta de Winona Ryder… no es una actriz que me guste y tampoco me parece que haga un buen trabajo en esta serie. También nos encontramos en el reparto con el actor Matthew Modine.
La banda sonora nos hace retroceder con su aire retro y con la similitud con Blade Runner (1982) además de incorporar grandes canciones de la época como Should I stay or should I go de The Clash o Africa de Toto.
Netflix ya ha anunciado que se rodará una segunda temporada.