viernes, 5 de octubre de 2018
The Square
El director sueco Ruben Östlund ("Fuerza Mayor")dirige "The Square"en 2017.
La película gira en torno a la vida de Christian ( Claes Bang), mánager de un museo de arte contemporáneo en Estocolmo.
Christian , que es un hombre divorciado y con dos hijos,se encarga de una exhibición titulada "TheSquare" en la que hay una instalación que fomenta valores humanos y altruistas.
Él no lo imagina,pero cuando contrata a una agencia de relaciones públicas para difundir el evento, esta promoción en las redes sociales despierta una gran conmoción social.
Dicho esto, me permitireís un momento de abstración.Estamos en un momento maravilloso a nivel de talento cinematográfico. Lo digo por las grandes satisfacciones que nos están dando cineastas en este caso europeos de la talla de Haneke, Lars Von Trier,y sí, incluyo a Östlund porque en mi opinión son auténticos cirujanos sociales de una Europa moderna que hace aguas por todos lados a nivel ético y moral.
En "The square" el director pone la lupa en el ámbito del arte moderno y nos lleva de la mano de un submundo a menudo tan vacío como petulante. Es un microcosmos que sirve de muestra para asomarnos a un mundo lleno de contradicciones y de dilemas morales ante los que el individuo se muestra a menudo egoísta e hipócrita.
El museo en concreto, acoge la instalación de "el cuadrado" un espacio donde las personas no sólo pueden sentirse a salvo y seguras,sino que además,pueden recibir la ayuda de otras personas.
Es un maravilloso punto de partida y aunque Cristian ,que es el anfitrión de ceremonias en la inaguración ,defiende un discurso inagural utópico,éste es totalmente opuesto a las acciones que él o su equipo ejercen fuera de todo escaparate.
Es evidente que su equipo carece de escrúpulos a la hora de difundir la exposición y que únicamente parece interesado en cumplir el objetivo de lograr esos "dos segundos de atención" que al parecer prestamos a los estímulos nuevos cuando estamos sobreexpuestos y saturados de contenidos por los mass media o las redes sociales.
El mismo Cristian se muestra indiferente a la mendicidad y la pobreza que constantemente se muestra en su ciudad pero luego se vale de una oratoria donde la solidaridad es la clave de todo el entramado artístico.Tampoco muestra comprensión ni compasión ante la protesta lícita o no de un niño que ha recibido una carta suya al parecer por error.
Se muestra un mundo carente de empatía,escucha,visión,todos ciegos ante el sufrimiento ajeno( como en la película "A ciegas" basada en la obra "Ensayo sobre la ceguera "de José Saramago ) todos se muestran autómatas que sólo reaccionan cuando sienten que algunas de sus propiedades están en peligro o alguien interfiere en el logro de sus amorales y personales objetivos.
El director así no sólo hace una crítica al arte contemporáneo superficial y de contenido vacío bajo una retórica pomposa llena de palabras que en realidad no dicen nada, sino que además,se despacha a gusto contra una sociedad idiotizada por el abuso de los móviles,inmune al dolor ajeno, repleta de individualidades egoístas que sólo son capaces de establecer relaciones líquidas y funcionales.
Cristian no es excepción,en la relación que se muestra con una mujer ( Elisabeth Moss)él se muestra egoísta y totalmente indiferente a ahondar en un profundo vínculo emocional.Manipula a todo aquel que se cruza en su camino de forma tan elegante y sofisticada que dan ganas hasta de darle las gracias y es capaz de hacer cualquier cosa si alguien o algo se interpone en su camino.
No es un hombre abrupto ni tosco, es un hombre que ejerce el poder desde su pose de aparente indefensión,con ese halo de gentleman moderno y culto,que se sabe influyente y está acostumbrado a conseguir lo que quiere sin necesidad de perder las formas o alzar la voz.
Los jóvenes encargados de la campaña publicitaria no son tampoco excepción.Tan preocupados de estar en el ojo de huracán no miden las consecuencias de sus actos,pasan por encima de cualquier límite que pueda establecer la ética o la moral y se lanzan salvajes como alimañas al mundo de las redes intentando poner al museo en el protagonista del vídeo viral del momento.
The squire es una sinfonía de secuencias inconexas y sin embargo con un hilo narrativo coherente que parece ser llevado por Christian.
Si Haneke nos enfrenta al lado más pertubador de la condición humana ( el miedo,la enfermedad,la vejez,la soledad....etc....etc......) y Lars Von Trier nos sacude con el rostro más perverso y también débil del ser humano,aquí Östlund nos deja un cara a cara con el ciudadano burgués europeo,blanco,de clase alta,tan absorto en su realidad que se aisla de los dramas ajenos,que se desvincula emocionalmente de los otros,que vive en una farsa continua donde todo parece producto de un escaparate absurdo carente de todo sentido.
¿ es ésta queridos cinéfil@s la sociedad postmoderna que estamos construyendo desde los países supuestamente más avanzados?
si es así ,tendríamos que hacérnoslo mirar a conciencia y tomar ejemplo de otras sociedades tal vez menos prósperas a nivel tecnológico o económico pero tal vez, mucho más evolucionadas a nivel emocional,ético y moral.
Por lo demás,The squire,que para algunos ha supuesto un timo o una obra presuntuosa y vacía,a mí, personalmente me ha parecido estimulante y transgresora,osadamente incisiva ,por ser un dardo envenado a una sociedad en declive,la nuestra,poniendo el foco en el mundo del arte a modo de pupila de un ojo que por más que utilice lentes no deja de estar ciego a la hora de discernir lo verdaderamente significante en la vida del ser humano.
Porque tal cual decía el Principito " solo se ve bien con el corazón,lo esencial es invisible a los ojos"
Buen fin de semana,
Troyana
viernes, 28 de septiembre de 2018
Una chica cortada en dos
Nota. Una anterior versión de este artículo fue publicada en Boquitas Pintadas en 2008.
Cuando una
pareja está formada por un hombre maduro y poderoso y una chica joven,
pobre y hermosa, las malas lenguas se suelen cebar con ella: que si es una
lagarta, un zorrón, que sólo busca lo que busca... Yo jamás he estado de
acuerdo con eso y procuro, en tales casos, preguntarme también qué busca él,
porque quizás sus pretensiones no son tan nobles, quizás no es el pobre viejo
que ha caído rendido ante los encantos irrechazables de una mala pécora con el
símbolo del dólar en las pupilas.
Mira tú por
dónde, el bueno de Claude Chabrol, que cuando estrenó esta peli, en 2007, era ya un señor mayor y poderoso
(tenía setenta y ocho años y más de cincuenta películas a sus espaldas), estaba más o menos de acuerdo conmigo y en Una chica
cortada en dos, nos mostraba los destrozos mentales, equivalentes
a los de una sierra mecánica, que puede causar un cabronazo con años, dinero,
prestigio y aburrimiento en el alma de una jovenzuela enamoradiza, frágil y
bellísima, una Monroe (el parecido es evidente) de nuestros días, una de esas
chicas a las que el ser tan hermosas y seductoras no trae más que complicaciones.
En contra de
lo que se dice, aquí, la muchacha, que, como todo bicho viviente, quiere medrar
en su trabajo, no corre con la blusa desabrochada tras los hombres con corbata
que toman las decisiones importantes. Es al revés: son los mandamases los que
babean tras ella y quieren exhibirla a su lado en público y disfrutarla en
privado. ¿Cómo sospechan ustedes que acontecerá en la vida real?
El argumento
está basado en un suceso que ocupó los periódicos neoyorquinos en el siglo XIX:
un riquísimo arquitecto de Manhattan murió a manos del marido de su amante, una
actriz de varietés. Chabrol transforma al arquitecto en escritor y a la
cabaretera, en presentadora de la tele. Como veis, pocos cambios se necesitan:
la historia, siglos después, permanece intacta.
Ya digo que
Chabrol trata con un poco más de simpatía a su protagonista, pero, en realidad,
no perdona a nadie: ella tampoco es un ángel, aunque el verdadero
demonio, the real enemy, es, para Chabrol, la alta burguesía de provincias.
Se ensaña verdaderamente con ella, hace de sus miembros un retrato
caricaturesco, deliberadamente exagerado, vacuo y teatral. Al respecto debemos
recordar que, para los franceses, "provincias" es todo lo que no es
París, incluida la tercera ciudad más poblada el Estado, Lyon, que es
donde se desarrolla esta historia.
A pesar del
color rosa del cartel, esta es una película negra, pero de pesimismo,
casi desagradable, que supera el discurso habitual, repetitivo y cansino sobre
las apariencias, mediante el simple recurso de instalarse en ellas con una
puesta en escena artificial, distante, irónica, cruel. Sólo cabe un
poquitito de esperanza en la media sonrisa final de la muchacha, pues,
gracias a la magia, sobrevive al serrucho que la parte en dos.
Ficha técnica (www.filmaffinity.com):
- Título original
- La fille coupée en deux
- Año
- 2007
- Duración
- 115 min.
- País
Francia- Dirección
- Claude Chabrol
- Guion
- Claude Chabrol, Cécile Maistre
- Música
- Matthieu Chabrol
- Fotografía
- Eduardo Serra
- Reparto
- Ludivine Sagnier, Benoît Magimel, François Berléand, Mathilda May, Caroline Sihol, Marie Bunel, Valeria Cavalli, Etienne Chicot, Thomas Chabrol
- Productora
- Coproducción Francia-Alemania; Alicéléo / France 2 Cinema / Integral Film / Rhône-Alpes Cinéma
Noemí Pastor
viernes, 21 de septiembre de 2018
Cara de ángel
“No
suelo dar consejos a los actores. Están aquí para hacer su trabajo” (Otto
Preminger).
Esta
frase puede dar una idea equivocada de la manera en que Preminger dirigía sus
películas. La realidad es que manejaba con mano de hierro a los actores que
trabajaban bajo sus órdenes y que su mal genio durante los rodajes era
legendario.
Preminger nació en 1905 en lo que entonces era
una parte del Imperio Austro-húngaro y hoy es una zona de Ucrania. Desde muy
joven tuvo el deseo de ser actor y a ello se dedicó desde los dieciséis años,
aunque para contentar a su padre, fiscal general del Imperio Austro-húngaro, también
se licenció en Derecho.
Trabajó
con Max
Reinhardt, el legendario director austriaco que introdujo el
expresionismo en el cine y el teatro; un expresionismo que llegaría a
convertirse en impronta del cine germano e influiría también en el cine negro
norteamericano.
Aunque
a Preminger
le apasionaba actuar, pronto empezó a quedarse calvo lo que limitó el tipo de
papeles que podía interpretar; ello hizo que se volcará en la dirección teatral
y también en la cinematográfica, con un éxito que justifico que, en 1935, Darryl
F. Zanuck le llamara a Los Ángeles para trabajar en la Twentieth
Century-Fox.
La
relación de Zanuck y Preminger fue turbulenta y determinó
en gran medida los vaivenes que sufrió la carrera estadounidense de Preminger,
hasta que en 1944 logró hacerse con la dirección de Laura, cuyo éxito
inmediato colocó al austriaco entre los directores más importantes del momento.
En Laura
sobresalía ya la capacidad de Preminger para combinar cine negro y
melodrama, lo mismo que logró en Cara de ángel (1952)
Si
en Laura
regaló al género uno de sus personajes femeninos más simbólicos y atrayentes,
el de la mujer soñada, en Cara de ángel, con Diane
Tremayne, le dio el de la mujer temida, la mujer-mantis que devora al
hombre objeto de sus anhelos.
Una
de las características fundamentales del género negro es, precisamente, la
figura de la “femme fatale”, el personaje femenino cuyos deseos o acciones desencadenan
la acción que muchas veces concluye con la destrucción del hombre u hombres que
han sido atraídos por el magnetismo de esa mujer. En Cara de ángel, esas
motivaciones, que tienen un contenido enfermizo, se imponen claramente a la
inercia del hombre objeto del deseo femenino.
Efectivamente,
en ningún ejemplo mejor que en Cara de ángel es mayor esa perdición
masculina, en cuanto a que el hombre objeto de las maquinaciones femeninas no
participa en ellas y solo es culpable de pasividad. Precisamente, esa es una de
las características más originales de esta película: el papel activo de la
mujer frente al pasivo del protagonista masculino.
Así,
el protagonista de la historia, Frank Jessup (Robert Mitchum), aunque
se siente inicialmente atraído por la belleza y el estatus económico de Diane,
pronto se da cuenta del peligro que entraña la joven tras su rostro angelical;
por ello, en un momento de la película, Jessup le dice a Diane:
“Todavía
no he conseguido saber lo que hay realmente detrás de tu bonita cara, pero lo
que sin duda he aprendido es a no ser un inocente comparsa. Es algo que acaba
haciendo daño”.
Sin
embargo, a pesar de ser consciente del peligro, Jessup es incapaz de
escapar de la órbita de Diane y se convierte, precisamente, en
ese inocente comparsa que no deseaba ser.
Frank Jessup, un antiguo piloto de
carreras cuya vocación fue truncada por la guerra, aparece al inicio de la
película como un modesto conductor de ambulancias que solo sueña con montar su
propio taller mecánico y que, atrapado en las redes de Diane, acabará trabajando
como chofer de la familia Tremayne.
Diane Tremayne odia a su madrasta (muy
bien interpretada por Barbara O´Neill), porque es su rival
en el amor paterno (Diane sufre un evidente complejo de Edipo) y porque es la dueña
de la fortuna sin la que ella y su padre un escritor sin ganas de trabajar,
estarían arruinados (y en el papel de padre, un perfecto, como siempre, Herbert Marshall).
Frank conoce el odio de la joven hacia su
madrastra y los planes que Diane teje contra ella, pero no hace
nada al respecto. Es un hombre sin verdadera voluntad, que no llegará a caer en
la trampa del enfermizo amor de Diane pero tampoco será capaz de
romper los lazos con ella, por mucho que sepa que debe temerla (“¿qué
hombre está seguro con una mujer como tú?”, le dirá); cuando lo intenté
realmente, sentenciará el destino de los dos.
Como
contraposición al peligroso desequilibrio de Diane y a la estulticia
de Frank,
en la película hay otro personaje femenino muy atractivo (interpretado por Mona
Freeman): el de Mary Wilton, la novia de Frank,
una joven con mucho más carácter e inteligencia que él. Ella sabe que Jessup
no la merece y no vacila en tomar las decisiones adecuadas al respecto. Es otro
de esos interesantes personajes femeninos característicos de las películas de Preminger.
Preminger, que decía "En cada película colaboro
con el guionista de 10 a 12 horas diarias”, contó para adaptar el
relato original, de Chester Erskine, en que se basó Cara de ángel, con la
colaboración del grandísimo guionista Ben Hecht, que no apareció
acreditado en los títulos (el guion lo firmaron Frank Nugent y Oscar
Millard) debido al boicot al que en aquellos años le sometió Gran
Bretaña para castigar su apoyo al movimiento sionista en lo que era el Mandato
británico de Palestina.
Y
también contó con la omnipresente música de Dimitri Tiomkin y la
magnífica fotografía en blanco y negro de Harry Stradling en la que la
herencia expresionista germana de Preminger está perfectamente
matizada por el realismo norteamericano (la casa oscura y sombría en contraste
con el exterior luminoso propio de Beverly Hills, por ejemplo).
Con
todos estos elementos, Preminger construye un sólido,
sobrio y sombrío relato sobre la turbiedad de las relaciones entre cuatro
personas: padre, madrastra, hija y chofer, donde los personajes fuertes son las
dos mujeres, que se imponen a la debilidad de carácter de los dos hombres.
En
esta historia no hay cabida para la pasión, y mucho menos para un amor que no
sea una manifestación enfermiza de poder. Precisamente, la frialdad del relato es
su máxima cualidad y la que le aleja del melodrama hasta llevarlo al puro
género negro. Unos años antes, con similar argumento y con la actriz fetiche de
Preminger,
la hermosa Gene Tierney, el director John M. Stahl solo habría logrado un
vistoso, aunque exitoso, melodrama: Que
el cielo la juzgue.
En
Cara
de ángel destaca también la parte del metraje dedicado al procedimiento
judicial, un terreno en el que Preminger, quizá por sus estudios
legales, se siente evidentemente cómodo y en la que se advierten ya algunas de
las características que convertirán otra película del director, Anatomía
de un asesinato (1959) en una de las mejores películas judiciales que
se han rodado. En este caso, el juicio y todas las escenas en las que aparece
el cínico abogado defensor de Diane, interpretado por Leon
Ames, contienen una sutil crítica del sistema judicial norteamericano.
Cara
de ángel fue la
primera de las cuatro películas que Jean Simmons rodó para la RKO
Pictures, la compañía de Howard Hughes. Simmons, una juvenil
estrella británica, había llegado a Estados Unidos acompañando a su novio, y
pronto marido, el también actor británico Stewart Granger. En Estados Unidos, Hughes
se hizo con el contrato de Simmons y convirtió a la actriz en
objeto de deseo. Al parecer, Jean Simmons no se avino a las
intenciones del magnate y Hughes le zancadilleó impidiéndole
que protagonizase Vacaciones en Roma, de William Wyler, la película que
convertiría en estrella a Audrey Hepburn.
Jean
Simmons, sea por
la persecución de Hughes (ella siempre negó el acoso del millonario) o por su propia
personalidad, no llegó nunca a ser una estrella rutilante al modo de otras de
Hollywood, pero si fue una gran actriz, como supo demostrar en todas las
películas en las que actuó, destacando Horizontes de grandeza, esta vez sí
con William
Wyler (1958), El fuego y la palabra (1960), de Richard
Brooks (su segundo marido) o Espartaco (1960), de Stanley
Kubrick.
Como
mera curiosidad, comentar que, en Cara de ángel, Jean Simmons utilizó una
peluca, al igual que había hecho Barbara Stanwyck al encarnar a otra
de las pérfidas más peligrosas del cine negro, la Phyllis Dietrichson de Perdición.
Se ve que a las malas les sienta bien la peluca.
De
Mitchum
poco se puede decir, más allá de lo que demostraron sus más de cincuenta años
de carrera. Su gran baza fue dejar que los personajes que interpretaba llenaran
su inexpresividad. Adicto, camorrista y mujeriego en la vida real, en el cine
supo construir personajes inolvidables… Como predicador psicópata, soldado
Allison, sheriff degradado o ex detective perseguido y alcanzado por su pasado…
es uno de los grandes del cine.
Y,
además, Mitchum fue uno de los pocos que hizo frente al déspota Preminger.
En las primeras escenas de Cara de ángel, Mitchum tenía que
abofetear a Jean Simmons. Preminger ordenó repetir varias
veces la escena y, antes las quejas doloridas de Simmons, el director le dijo
que quería verla llorar de dolor. Entonces, Mitchum le dio un
terrible bofetón a Preminger mientras le preguntaba: “¿Así está bien?”. Preminger
intentó que Hughes despidiera a Mitchum, pero no lo consiguió porque
en aquellos momentos Mitchum era un valor seguro en las
taquillas.
Otto
Preminger fue un
hombre de personalidad muy compleja y contradictoria. Según los que le
conocieron, era encantador en la vida social y un tirano en su faceta profesional
(son palabras de Kirk Douglas que, en su autobiografía, completa la descripción
diciendo que profesionalmente “actuaba como el sádico comandante nazi que
interpretaba en Stalag 17”). En sus películas se atrevió a afrontar
temas socialmente rechazados en su época (la drogadicción, el racismo…). Cuando
le pareció oportuno se enfrentó a los poderosos (sus peleas con Zanuck,
el vulnerar “la lista negra de Hollywood” al incluir a Dalton Trumbo en los
créditos de Éxodo…), y también fue el primer director que dio tratamiento
de estrellas a actores negros en su película Carmen Jones (por ella,
la actriz Dorohy Dandridge fue la primera actriz negra nominada al Óscar
como actriz principal)…
Otto
Preminger tuvo un
triste final: se arruinó para financiar la que fue su última película, El
factor humano (1979), que resultó un gran fracaso. Murió de un ataque
al corazón en 1986, después de haber pasado sus últimos años enfermos de alzheimer.
Los amantes del género negro le recordaremos siempre por dos películas inolvidables: Laura y Cara
de ángel, la del final impactante en las colinas de Beverly
Hills.
Yolanda
Noir
domingo, 16 de septiembre de 2018
Agnes Jaoui
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| También quiero ser Agnes Jaoui |
Agnes Jaoui es una de esas pocas directoras de las que
recuerdo el nombre y procuro ir a ver sus películas cuando se estrenan. Ya os
he dicho que tengo memoria de pez y, hasta que no he visto por lo menos tres
películas que me han gustado, no retengo los nombres de los directores. Es una
vergüenza para una Zinefila, pero qué le vamos a hacer, son naturalezas…
Esta mujer, además de todo, me da bastante envidia: es
actriz, guionista, directora y cantante. Si llega a bailar bien, la saco de mi
lista de favoritas por pura envidia.
Es francesa de origen judío tunecino. No sé si ese dato
aporta gran cosa a su biografía, pero me ha parecido tan exótico que lo he
incluido. Sus padres eran escritores y ella ya apuntaba maneras desde
jovencilla, estudió música y empezó a actuar cuando estaba en el instituto.
Su pareja durante muchos años ha sido Jean-Pierre Bacri,
protagonista y coguionista de todas sus películas, incluso ahora, que ya no son
pareja, siguen trabajando juntos (¡qué ejemplo para la humanidad!).
Mi descubrimiento de esta directora llegó con la película Para todos los gustos (Le goût des autres, 2000) que me
encantó. Como casi todas sus películas, es una película coral, con varios
personajes e historias que se entrecruzan. Jean-Pierre Bacri interpreta a un
empresario de éxito con escasa educación que está a punto de cerrar un trato
con unos iraníes y se ve obligado a llevar guardaespaldas durante unos días.
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| Para todos los gustos |
Su mujer es una decoradora que se dedica solo a decorar su propio hogar, repleto de flores, lazos y volantes. Por casualidad, el empresario descubre que su profesora de inglés es actriz y queda deslumbrado por su interpretación. Intenta acercarse a ella y su círculo de amigos artistas donde no pega ni con cola. A la vez seguimos a su chofer, al guardaespaldas, a una camarera (la propia Agnes Jaoui) que inicia una relación con el guardaespaldas… El amor, el desamor, los prejuicios, los listos que no lo son tanto y los tontos que lo son menos. Todos los personajes tienen luces y sombras y, además, la película tiene unos toques de humor deliciosos.
Su siguiente película, Como
una imagen (Comme une image),
ganó el premio al guion de Cannes en 2004.
También es sobre un grupo de personas relacionadas con el arte. En esta
ocasión Jean-Pierre Bacri da vida a un famosos escritor, más bien déspota y
egocéntrico del que el resto de personajes desea atención, afecto, ayuda,
reconocimiento. Las pequeñas mezquindades que todos cometemos en algún momento,
la desesperación por no cumplir con los cánones de belleza establecidos (que
tan bien conocemos todas…), el deseo de fama, la ambición.
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| Como una imagen |
Su siguiente película es la única que no he visto, Háblame de la lluvia (Parlez- moi de la pluie, 2008). La
verdad es que no sé por qué. Tuvo peores críticas, pero ya sabéis que yo soy
incondicional y cuando alguien me gusta me trago todo lo que hace. La de cosas
que les he perdonado a Almodovar y a Woody Allen… Se me pasaría. En esta Agnes
Jaoui protagoniza a Agathe, una feminista que se ha metido en
política y que vuelve a su pueblo para colaborar con su hermana en la gestión
de asuntos de la madre fallecida. Dos amigos (uno de ellos Jean-Pierre Bacri,
cómo no) deciden hacer un documental sobre ella como parte de una serie de "mujeres
de éxito". De nuevo todo gira en torno a las relaciones, según dicen las
críticas. A ver si la veo en Filmin.
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| Háblame de la lluvia |
Un cuento francés (Au bout du
conte) se estrenó en 2013. Esto de acompañar a una directora que
además interpreta sus películas resulta muy interesante. Ves cómo va cambiando:
físicamente, en los aspectos de la vida que le preocupan, en los papeles que
elige. Creo que es una mujer cada vez
más sabia. Esta película incluye personajes jóvenes, que experimentan el amor
por primera vez. Con múltiples detalles de cuentos populares. Así, una joven
espera a un príncipe azul; un muchacho pierde un zapato cuando a las 12 ha de
abandonar un baile; una muchacha vestida de rojo se pierde en el bosque y un
hombre que parece un lobo le muestra el camino…
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| Un cuento francés |
Por lo demás también son un grupo de personajes que se
enfrentan a una crisis en su vida e intentan salir adelante como pueden, con
más o menos gracia. Bacri aquí interpreta a un profesor de autoescuela
obsesionado porque una bruja predijo su muerte para una fecha que está muy
cerca. Agnes Jaoui es una mujer recién divorciada a la que le cuesta asumir roles que
habitualmente ejercía su marido. Se pasa media película vestida de hada porque
da clases de teatro a un grupo de niños. Está fantástica varita en ristre.
Y, por último, este año he visto Llenos de vida (Place
publique). Los años siguen pasando para los actores y las historias. En
esta ocasión Jean-Pierre Bacri es un famoso presentador de televisión
divorciado de Hélène (Agnes Jaoui) y
casado con una mujer más joven de la que sufre unos celos enfermizos. Chóferes, vecinos, famosos, camareras. Cada
uno con sus historias y sus preocupaciones. Quizás un poco más amarga, en
algunos aspectos y personajes, no en todos. Jaoui no da la sensación de estar
de vuelta de todo, pero sí parece percibir esa sensación a su alrededor. Una
vez más muestra especial cariño por los personajes que parecen más tontos y
luego resultan no serlo. Hay varios secundarios geniales, como la camarera que
quiere hacerse selfies con todos los
invitados.
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| Llenos de vida |
Si no conocéis a Agnes Jaoui, apuntad el nombre. En mi
opinión, merece mucho la pena.
Laura Balagué (Mona Jacinta)
Laura Balagué (Mona Jacinta)
viernes, 7 de septiembre de 2018
Mujer lesbiana judía busca...Dos recientes pelis que hablan de ellas.
El verano va agotándose y zinéfilas vuelve, y, además, en esta ocasión vuelve sobre una película que nos presentó hace nada nuestra compañera Troyana, que no es otra que Disobedience, una sencilla historia de amor dentro de una comunidad ultrarreligiosa. Troyana nos presentó la película y justo por aquellos días yo acababa de ver una historia filmada en Francia, los gustos y los colores, que presentaba unas pocas coincidencias, pero las suficientes para poder hacer una serie de comparaciones entre ambos trabajos que coinciden en el tiempo, en el tema y en la tradición religiosa de las protagonistas.
Haciendo tímidas manitas (Disobedience)
Ronit ha dejado atrás las marcadas tradiciones de su comunidad y a punto está de trasgredir la norma, sin quererlo, de tocar, ella, mujer y, por tanto, impura, a su hermano nada más llegar. ¡Cosa impensable, por Jehová bendito! Y allá está Esti, con su peluca, porque, como mujer debe ocultar su cabeza por impura, que intenta ser una buena esposa aunque se muere de ganas (McAdams está soberbia) de abalanzarse sobre Ronit desde que vuelve a verla.
Celebrando 3 años de convivencia, Nathaniel y su novio se muestran orgullosos de Simone (Les gôuts et les couleurs)
Tú a Londres y yo a París.
Dos pelis filmadas prácticamente en la misma época , europeas, que cuentan un par de historias que, casualmente, tienen el trasfondo común de las relaciones homosexuales fememinas tan mal vistas por las familias de sus protagonistas, añadiendo, además, que pertenecen a la misma religión, y, sin embargo difieren en que si la británica es un drama, la francesa es una comedia; la británica se debe al corsé asfixiante de una comunidad religiosa hasídica (judía ortodoxa) mientras la francesa narra las vicisitudes de la hija de una familia algo más liberal en lo religioso por abrir la puerta de su armario y romper con los tabúes. Este segundo film opta por tratar la historia con el desenfado habitual que tienen los franceses a la hora de contar sus historias para el cine.
Disobedience con spoiler espolvoreado
Como decía arriba, Troyana nos obsequió con un estupendo artículo sobre esta película dirigida por el chileno Sebastián Lelio que narra con exquisita sobriedad la vuelta a casa de Ronit (Rachel Weisz) tras la muerte de su padre, su reencuentro con Dovid su, digamos, hermanastro, porque así parece que se criaron, que resulta que se ha casado con Esti (Rachel McAdams) que lanza furtivas miradas a su ahora cuñada lo cual nos indica, de una manera tan sutil, que su historia de amor en el pasado fue el desencadenante de la huida de Ronit del hogar paterno desde Londres a Nueva York.
Haciendo tímidas manitas (Disobedience)
Ronit ha dejado atrás las marcadas tradiciones de su comunidad y a punto está de trasgredir la norma, sin quererlo, de tocar, ella, mujer y, por tanto, impura, a su hermano nada más llegar. ¡Cosa impensable, por Jehová bendito! Y allá está Esti, con su peluca, porque, como mujer debe ocultar su cabeza por impura, que intenta ser una buena esposa aunque se muere de ganas (McAdams está soberbia) de abalanzarse sobre Ronit desde que vuelve a verla.
Los gustos y los colores, otra comedieta de Netflix.
Simone (Sarah Stern) es una eficiente economista parisina nacida en el seno de una familia hebrea mixta ya que el padre es sefardí y la madre, askenazí. La única chica entre de los tres hijos que conforman la familia Benloulou. Simone lleva tres años de relación de pareja con Claire (Julia Piaton) sólo que sus padres siguen creyendo que son "compañeras de piso". Simone está fuera del armario hasta en su trabajo pero no con sus padres y su hermano mayor. Su otro hermano, Nathaniel es el único que lo sabe, pero aún así Simone no se atreve a decir nada en casa porque cree que mataría de un disgusto a su padre, que ya sufre demasiado al saber que Nathaniel es abiertamente gay.
Simone está a punto de dar la patada a la puerta de su armario familiar cuando aparece Wali (Jean Cristophe Folly), un cocinero francés de familia senegalesa por el cual se siente atraída, cosa que nunca antes le había pasado con un varón. A partir de este punto Simone va dando bandazos. Comienzan los problemas confesando su infidelidad y no sabiendo muy bien qué hacer con su vida. Menos mal que se acaban de inventar esto del poliamor, a ver si cuela, y nos intentan hacer creer que es capaz de vivir la vida loca con su mujer rubia y su novio moreno.
Celebrando 3 años de convivencia, Nathaniel y su novio se muestran orgullosos de Simone (Les gôuts et les couleurs)
Mujer judía lesbiana busca:
Seguramente estéis pensando en qué tienen que ver un serio drama anglosajón con una comedia francesa ligera y algo inconexa. Realmente, poco, pero ha sido la casualidad que traten un tema como es el de la homosexualidad femenina en el seno de familias de religión hebrea. Es cierto que en el caso de la británica, el ambiente de la comunidad ortodoxa es una pieza clave mientras que en la comedia francesa sirve como contraposición a las otras tradiciones religiosas "del libro" de las que provienen la novia cristiana y el novio musulmán, como por ejemplo es el hecho de que el cocinero senegalés no pruebe el cerdo y Simone, sí, cosa que, curiosamente, Esti no haría, Ronit quizá sí.
Hay otro punto clave que une a las dos pelis y es la decisión que han de tomar sus protagonistas. Mientras en Disobedience se presenta como algo que es posible, gracias, sobre todo a las determinaciones que toman sus personajes, (Significativo es el abrazo que acaba fundiendo a Dovid con las dos mujeres), la chapuza final de la comedia dirigida por Myriam Azizi se carga la peli dándole un final incomprensible, poco creíble y precipitado después de tanta diatriba. Mejor lo resolvió Paco León en "Kiki, el amor se hace" donde nos explica que es el poliamor. Porque está claro que nos quieren meter esta posibilidad de esilo de vida como sea.
Al final, ambas historias se centran en decidir sobre su vida. Tanto Esti en Londres como Simone en París resuelven un final que queda, como ya he dicho, natural en la primera y forzada e irreal en la segunda.
Al final, ambas historias se centran en decidir sobre su vida. Tanto Esti en Londres como Simone en París resuelven un final que queda, como ya he dicho, natural en la primera y forzada e irreal en la segunda.
Seguro que alguno le está dando a la cabeza pensando en otros títulos con equívocos lésbicos dentro de comunidades hebreas como "Yentl" o "Besando a Jessica Stein", pero ni son actuales ni están centradas en esta Europa en la que vivimos.
Hasta otro rato,
Juli Gan
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