Desconozco las oscuras razones de mi escueta capacidad de reacción ante lo supuestamente cómico (no sé si soy rara, o tengo un sentido del humor defectuoso). La verdad es que me siento eufórica cada vez que resuenan mis propias carcajadas zinéfilaz, por lo excepcional de semejante acontecimiento.
Como resultado de un profundo esfuerzo reflexivo, aquí van unos cuantos dardos contra el aburrimiento.
La pícara puritana
Enredos de un matrimonio en proceso de divorcio provocado por las mentiras e infidelidades de ambos. Cary Grant e Irene Dunne en estado de gracia, guión disparatado, repleto de diálogos irónicos y situaciones llevadas al límite. No puedo parar de reírme con la pareja, con las zancadillas y venganzas, con el perrillo y el juego del escondite, con él, detrás de la puerta y en la misma habitación que el amante, mientras ella atiende al candidato a esposo y, sobre todo, con la actuación musical interrumpida por la rotura de una inoportuna silla.
Arsénico por compasión
Cary Grant desesperado, el policía con pretensiones de guionista, el arcón bajo la ventana, el “loco” de la familia entonando el grito de guerra a toque de trompeta, el psiquiatra, el juez, las tías “angelicales y caritativas”, TODO. Puedo verla una y otra vez, su efecto es inmediato.
Bienvenidos al norte
El protagonista busca un puesto de trabajo en el sur, cerca del mar y la playa, para hacer feliz a su mujer. Para conseguirlo utilizará todas las tretas a su alcance. Imposible olvidar esa entrevista con el inspector, esa llegada a su destino y la primera jornada vivida allí. Actores que dan vida a personajes peculiares, inmersos en situaciones desbordantes, resultan arrebatadores, con su cargamento de tics, en su mundo de fraternidad y compañerismo.
Un funeral de muerte
Preparativos para el funeral del patriarca. Poco a poco va llegando la familia, amigos y otros “invitados”. Un frasco de pastillas y unas fotografías que revelan un pasado desconocido, transformarán tan triste acontecimiento en un cúmulo de despropósitos. Buena dosis de humor negro.
El libro de la selva
En el apartado de la animación, sin dudarlo, ésta es mi favorita, la que me acompaña desde la más tierna infancia. Baloo es mi héroe, ese cuerpazo en movimiento al ritmo sabrosón de la melodía, plátano en mano y tutú adherido a las caderas. El cónclave de buitres indecisos o la serpiente de mirada penetrante aspirante a la suprema maldad.
Cuéntanos esa escena tronchante o esa película infalible.
LU



































